ECONOMIA
El fetiche de la Carta Orgánica del Banco Central

Algunos datos de la historia monetaria argentina:
- El país que experimentó mayor depreciación de su moneda en el siglo XIX.
- Solo superado por Hungría y Brasil en el sigloXX (por la inflación a partir de 1945).
- Solo superado por Zimbabue, Venezuela, Sudán y Sudán del Sur en lo que va del siglo XXI (hasta 2025).
Somos, sin lugar a dudas, los campeones mundiales de la depreciación monetaria. La tuvimos con Rivadavia y con Rosas; con Mitre y Avellaneda; con Perón y con Aramburu; con Videla y con Alfonsín; con Kirchner y con Macri.
A lo largo de 200 años probamos todos los remedios y todas las recetas institucionales inventadas en otras latitudes para preservar la estabilidad monetaria. Nada funcionó.
El régimen más exitoso duró solo 15 años, de 1900 a 1914. ¿Por qué? La estabilidad monetaria requiere que la emisión de moneda se ajuste a la demanda del sector privado y no a las necesidades financieras del sector público.
El régimen más exitoso duró solo 15 años, de 1900 a 1914
Darle al Estado el monopolio exclusivo de emitir moneda es poner al zorro dentro del gallinero. La única manera de evitar que el Estado abuse de ese poder es que los gobiernos respeten las leyes que restringen su accionar.
Dos siglos de historia demuestran que no hay ley, norma ni Constitución que pueda disciplinar al Estado argentino. La Argentina padece anomia institucional crónica.

¿Qué significa esto? Que los gobiernos violan impunemente cualquier ley que restringe su accionar cuando lo consideran políticamente expeditivo. El Congreso y el Poder Judicial han sido cómplices del atropello. La excusa siempre es la misma: emergencia económica. Como si ningún otro país las tuviera.
Desde la creación del Banco de Buenos Aires en 1822, el Banco Nacional en 1826, la Casa de la Moneda en 1836, el Banco de la Provincia de Buenos Aires en 1854, el Banco Nacional de 1872, el Banco de la Nación Argentina de 1891, y el Banco Central de 1935, la historia ha sido siempre la misma. Todas estas instituciones se crearon con las mejores intenciones y con límites legales a la injerencia estatal y/o al abuso de la emisión. Sin embargo, al poco tiempo, los límites probaron ser ineficaces.
Todas las instituciones se crearon con las mejores intenciones y con límites legales a la injerencia estatal y/o al abuso de la emisión. Sin embargo, al poco tiempo, los límites probaron ser ineficaces
Todas las reformas monetarias argentinas, desde 1822 hasta hoy, han sido impulsadas por un voluntarismo basado en la creencia fetichista de que unas palabras escritas bastan para impedir que un gobierno abuse del poder de emitir moneda.
El problema monetario argentino es, en el fondo, el mismo que enfrentaron Locke y Montesquieu: cómo diseñar instituciones que impidan que el Estado abuse de un poder que la sociedad le ha delegado.
No se trata de cualquier poder. Como decía Alberdi: “el dinero es el poder de los poderes, como el poder más grande, pues se compone del dinero de todo el mundo. El banco de Estado es la máquina que pone ese poder en las manos del gobierno”.
Advirtió también que “mientras el Gobierno tenga el poder de fabricar moneda con simples tiras de papel que nada prometen, ni obligan a reembolso alguno, el “poder omnímodo” vivirá inalterable como un gusano roedor en el corazón de la Constitución misma”. Por eso consideraba que “el único poder regaliano que la Nación soberana no puede delegar en su gobierno” es el de emitir moneda, porque es el único que la emite “cada vez que la necesidad no le deja otro medio de obtener plata prestada”.
Esta advertencia es particularmente válida en países que no lograron imponer límites efectivos al poder del Estado, como es el caso de la Argentina. La solución no pasa por diseñar (o copiar) leyes perfectas. El problema de fondo es de naturaleza política y moral, no de ingeniería jurídica.
¿A qué viene todo esto? El Gobierno impulsa la modificación de la Carta Orgánica del BCRA, aprobada en 2012 durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Es cierto que es una mala Carta Orgánica que debe ser modificada, pero sería un grave error creer que un pedazo de papel que diga que el principal objetivo del BCRA es preservar la estabilidad de precios va a poner fin a nuestra historia inflacionaria. En Argentina, las leyes que imponen límites al Gobierno tienen muy corta vida. Basta ver la experiencia del último medio siglo.
Sería un grave error creer que un pedazo de papel que diga que el principal objetivo del BCRA es preservar la estabilidad de precios va a poner fin a nuestra historia inflacionaria
Como no me canso de repetir, la independencia de facto del BCRA es una quimera. No importa lo que diga la ley, la Carta Orgánica o la Constitución, incluso si fuera reformada.
Además, la estabilidad monetaria ya es un mandato constitucional. El artículo 75, inciso 19, de la Constitución dice que le corresponde al Congreso “proveer lo conducente a la defensa del valor de la moneda”. ¿Qué significa esto? Algo muy simple: el Congreso no debe aprobar presupuestos deficitarios sin financiamiento genuino. Obviamente, nuestros legisladores no han cumplido su deber y no han pagado costo alguno por su incumplimiento.
¿Realmente alguien cree que una Carta Orgánica es un freno al Leviatán argentino? Terminemos con el voluntarismo ingenuo que nos ha llevado recurrentemente al fracaso. Solo con realismo podremos erradicar la inflación. Si hay una lección que aprender de 200 años de historia, es que es necesario divorciar al Estado de la moneda.
El autor es economista e historiador. Esta columna fue publicada en el blog del libro Dolarización: Una solución para la Argentina
ECONOMIA
El FAL y el nacimiento de un nuevo inversor institucional argentino

La Ley de Modernización Laboral estableció que los empleadores privados deberán realizar una contribución mensual equivalente al 1% de las remuneraciones computables en el caso de las grandes empresas y del 2,5% para las micro, pequeñas y medianas empresas

La CNV habilitó dos grandes vehículos para administrar estos recursos: Fondos Comunes de Inversión Abiertos destinados al FAL y Fideicomisos Financieros FAL
- Cada empleador puede elegir la entidad habilitada y el vehículo en el que se administrarán sus recursos.
- El régimen contempla portabilidad entre vehículos y administradores y,
- cuando una empresa no realiza la elección correspondiente, existe un mecanismo de asignación de oficio.

La regulación establece criterios de seguridad, liquidez, diversificación, transparencia y preservación del capital
- empresas y proyectos que busquen financiamiento, y
- ahorro dispuesto a financiarlos.
- Financiarse a plazos mayores.
- Emitir más obligaciones negociables.
- Estructurar proyectos de infraestructura.
- Desarrollar crédito de largo plazo.
- Reducir progresivamente la dependencia del financiamiento bancario o del capital propio.
- Los aportes ingresan todos los meses.
- Los recursos se invierten.
- Las inversiones generan rendimiento.
- Ese rendimiento se reinvierte.
- Nuevos aportes vuelven a ingresar al mes siguiente.

El FAL alinea el crecimiento del mercado de capitales con el crecimiento del empleo registrado
- Uno que recibirá recursos todos los meses.
- Uno cuyo patrimonio podrá crecer junto con el empleo formal.
- Y uno que puede ayudar a transformar ahorro argentino en financiamiento para la economía argentina.
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ECONOMIA
El palo de hockey de la economía argentina

La economía tradicional suele trabajar con rendimientos decrecientes: incorporar una unidad adicional de capital genera un aumento de producción, pero cada vez menor
- El umbral de declive. Por debajo de determinada escala, la economía no genera suficientes recursos para sostener la acumulación de capital.
- El piso de estancamiento, una zona en la que la economía puede sobrevivir, pero todavía no tiene los incentivos suficientes para iniciar una expansión autosostenida.
- El umbral de despegue. Superado ese punto, los rendimientos crecientes hacen que la inversión genere condiciones para nuevas inversiones. ¿Y Bellman?

La mayor escala atrae proveedores y capital. Los proveedores reducen costos

- Escenario A: continuidad del programa de Milei: Simplemente imaginemos que un segundo gobierno mantiene durante varios años una combinación de equilibrio fiscal, estabilidad monetaria, desregulación, apertura, reformas pro-inversión y expansión de sectores exportadores. Si el crecimiento pasara gradualmente de 4% a 5%, luego a 6% y finalmente a 7% a medida que se acumulan inversiones y aparecen efectos de escala, Argentina podría acercarse al umbral de despegue. Si se toma el PBI de 2027 como 100, una trayectoria ilustrativa de ese tipo llevaría el índice hacia 210 unidades en 2040. Esto implica que, si se materializara esa trayectoria, la acumulación podría comenzar a generar una dinámica de rendimientos crecientes.
- Escenario B: triunfo opositor (¿Kicillof?) y regreso a la tasa histórica de crecimiento. Parte de una hipótesis diferente: un cambio de régimen económico y una evolución del PBI similar a la observada por Argentina durante los últimos 15 años. Entre 2011 y 2025, el crecimiento promedio anual del PBI argentino fue de aproximadamente 0,8%. Si esa tasa se mantuviera durante todo el período 2027-2040, y nuevamente hacemos 100 al PBI de 2027, el resultado sería muy diferente al escenario de crecimiento acelerado: en 2040 el nivel del PBI sería aproximadamente 110 unidades. Es decir, después de 13 años, la economía habría aumentado apenas alrededor de un 10% respecto del punto de partida, contra 110% en el escenario anterior.
El contraste entre el escenario A y el B es enorme. Una diferencia aparentemente pequeña en la tasa de crecimiento anual, sostenida durante muchos años, termina produciendo diferencias extraordinarias
El umbral puede ser el punto de transición hacia un proceso endógeno, donde, en una economía que lo atraviesa, el crecimiento empieza a generar las condiciones para producir más crecimiento

El énfasis permanente del presidente Milei acerca de la importancia de la inversión en capital humano podría anunciar su intención de fusionar ambos enfoques para obtener un resultado mucho más potente aún
ECONOMIA
Daniel Schteingart, de Fundar: “2025 fue el primer año en 30 donde el PBI creció y el empleo formal privado cayó”

“No es casualidad que el gobierno de Alberto Fernández terminara con el menor desempleo desde 1991, pero también con la mayor inflación desde 1991″

“En el corto plazo, la variación de la pobreza y la informalidad a nivel nacional está muy condicionada por lo que ocurre con la economía en su conjunto y, por lo tanto, por políticas que dependen fundamentalmente del gobierno nacional”

“Para bajar sustancialmente la informalidad se necesitan varias cosas al mismo tiempo. La primera, sin la cual todo lo demás es imposible, es crecer durante bastante tiempo”
- Porque genera los dólares que la Argentina necesita para que el resto de la economía pueda crecer sin chocar recurrentemente con la falta de divisas. Es una condición de posibilidad, aunque no suficiente: hoy exportamos bastante más y, sin embargo, la economía está planchada.
- Porque esos sectores pueden generar mucho más empleo indirecto si traccionan un entramado denso de proveedores industriales y de servicios: ingeniería, metalmecánica, químicos, transporte, software o construcción.

“Hacen falta políticas horizontales: simplificar la contratación y la registración, reducir los costos de formalización para trabajadores de bajos salarios y empresas chicas, mejorar la fiscalización y, sobre todo, aumentar la productividad”

“El Indec prevé que entre 2025 y 2040 Neuquén va a pasar de ser el 1,5% de la población argentina al 1,6%: no es un cambio para nada titánico”

“La historia es, simultáneamente, de progreso en términos absolutos y decadencia en términos relativos, y eso no es necesariamente una contradicción”
- Argentina no está ni cerca de ser uno de los peores países del mundo: en la enorme mayoría de los indicadores de desarrollo estamos de mitad de tabla para arriba, comparado con la media mundial y regional. Somos más ricos, educados, democráticos, vivimos más años, reportamos más satisfacción con la vida y somos cívicamente más tolerantes que gran parte de los países. En ese sentido, no somos un país de mierda.
- Contrariamente a lo que creemos, las condiciones de vida de Argentina tendieron a mejorar en el largo plazo. Me peleo bastante con el discurso nostálgico de que hace 50 o 100 años vivíamos mejor. En casi todo, vivíamos peor. Hoy somos más ricos, democráticos, culturalmente tolerantes, vivimos más años, tenemos mucha menos mortalidad infantil, más años de escolarización y menos hacinamiento que entonces.
- La más triste, es que aun cuando progresamos, otros países lo hicieron de forma mucho más rápida que nosotros y nos fueron pasando. Así, la Argentina se fue cayendo de los rankings de casi cualquier indicador de desarrollo, y se fue volviendo cada vez más irrelevante a nivel global. Chile, España, Polonia o Corea del Sur son ejemplos de países que unas décadas atrás vivían peor que nosotros y hoy nos superaron en la mayoría de las métricas de desarrollo, no porque nosotros retrocediéramos, sino porque ellos avanzaron más rápido. Por eso el “todavía” del título: si la tendencia de las últimas décadas sigue, Argentina un día va a dejar de ser un país de mitad de tabla para arriba, y va a empezar a pelear el descenso.

“A pesar de nuestras quejas recurrentes, Argentina da relativamente bien en los rankings mundiales de felicidad”
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