POLITICA
El fiscal Pedro Simón, un abogado “exitoso” con antecedentes políticos

SANTIAGO DEL ESTERO.– Pedro Eugenio Simón nació el 14 de abril de 1965 en la localidad de Los Juríes, en el interior santiagueño, en una familia dedicada a la agricultura, con importantes extensiones de campo y muy ligada ideológicamente al peronismo.
Esta semana sorprendió con un extenso informe que describe el desvío de fondos desde la AFA a empresas ligadas a Pablo Toviggino, mano derecha de Claudio “Chiqui” Tapia. Le sumó un pedido de detención para ambos dirigentes y la inhibición de sus bienes.
Simón estudió derecho en la Universidad Católica de Santiago del Estero (UCSE), de donde egresó como abogado en 1988.
En 2005 ingresó a la Legislatura de Santiago del Estero como candidato de la lista del Partido Justicialista. Acompañaba por entonces a José “Pepé” Figueroa, el candidato “bendecido” por la intervención federal comandada por Pablo Lanusse, quien había sido enviado a la provincia por Néstor Kirchner, tras la caída del poderoso matrimonio Juárez.
Como toda figura pública, el fiscal recoge en la provincia adhesiones y críticas por su accionar.
Simón es soltero, vive en la capital santiagueña y obtuvo un magíster en Derecho Administrativo por la Universidad Austral en 1999. Entre sus pasiones están las competencias de triatlón y de Ironman.
“Es una investigación compleja que llevó cuatro meses de análisis de documentación de gran volumen y diversa, los informes de la ARCA, los bancos y ya reúne unas 10.000 fojas”, explicó Simón, acerca del expediente que involucra a los conductores de la AFA, en diálogo con .
Los conocedores del mundo tribunalicio explican que el fiscal llegó a su cargo sin una extensa carrera judicial, pero con un “exitoso paso por el ejercicio libre de la profesión”.
Entre los casos que manejó se destacó una investigación que terminó con el descabezamiento de la brigada de la Policía Federal por el robo de diez kilos de cocaína.
El fiscal Simón mantiene una suerte de “guerra fría” con su colega en el mismo edificio, la doctora Indiana Garzón, quien estuvo en carpeta durante el kirchnerismo para ser promovida para reemplazar al procurador general interino, Eduardo Casal.
Tres años atrás, el entonces gobernador de Santiago del Estero, Gerardo Zamora, presentó una denuncia contra Silvio Robles, un estrecho colaborador del presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, Horacio Rosatti. Fue a raíz de una filtración de chats sobre el reparto de fondos provinciales.
En ese momento, en pocas horas, el fiscal Simón estampó su firma digital con la petición al juez federal de esta provincia Guillermo Daniel Molinari, quien hizo lugar a todo lo requerido por el gobernador Zamora y dispuso que se le pidiera a Robles su teléfono celular, con la finalidad de peritarlo y determinar si los chats que trascendieron días atrás eran ciertos.
Robles presentó, luego, una denuncia contra el juez de Santiago que pidió su celular.
El magistrado, en tanto, envió la causa a la Justicia Federal porteña en Comodoro Py, luego de declararse incompetente para seguir investigando el caso.
Ahora, el fiscal apuntó a Toviggino, quien tiene en Gerardo Zamora -hoy senador nacional-a uno de sus principales aliados políticos.
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POLITICA
Un frágil pacto de gobernabilidad, entre la necesidad y la desconfianza

Se percibe en el Gobierno un aire renovado después de haber dado vuelta la página tóxica que tuvo a Manuel Adorni como protagonista. En la semana que termina hubo un regreso a la normalidad, con las reuniones de mesa política y de Gabinete, donde el clima fue claramente diferente. Los funcionarios que transmitían una sensación de asfixia empezaron a hablar otra vez de proyectos, expectativas y gestión. Cuesta entender cómo se demoró tanto este reseteo.
Dentro de ese contexto se produjo un cambio sustancial a partir de una definición obvia pero determinante: la identificación de la reelección presidencial como el principal objetivo de todo el gobierno. Este planteo permite ordenar desde las iniciativas económicas hasta la estrategia electoral, porque la única variable independiente pasa a ser el futuro político de Javier Milei; el resto, está supeditado a ese mandato superior.
Esto abrió las compuertas a un profundo replanteo en la relación con los gobernadores, que volvieron a transformarse en actores centrales del diseño del poder en la Casa Rosada. Dos fotos grupales en ocho días, una en la asunción de Diego Santilli y otra el 9 de Julio en Tucumán, demuestran que hay una aproximación diferente en este vínculo, que estuvo marcado por oscilaciones constantes desde que La Libertad Avanza llegó al poder.
Tanto el gobierno nacional como los gobernadores admiten que hay una nueva sintonía en las últimas semanas que apunta a lograr compromisos legislativos en el Congreso, pero también entendimientos electorales con vistas al año próximo. Es una suerte de nuevo acuerdo de gobernabilidad, aunque signado por necesidades y desconfianzas mutuas. Nada formal ni escrito; todo verbal y volátil. Milei no llegó al poder para los grandes consensos. La idea de la Moncloa es de la casta, aunque él de a poco se va convirtiendo también en un clásico.
El menú de las conversaciones es muy diverso, pero se sustenta en un giro muy profundo que operó en el corazón del poder nacional a partir de un diagnóstico compartido. Ese análisis marca que el Gobierno necesita blindar el proyecto de reelección de Milei en una economía más sólida, que dé garantías de previsibilidad. De ahí el anuncio que hizo Luis Caputo el lunes para asegurar la financiación de los pagos de la deuda de este año y el próximo. De la misma fuente deriva el énfasis en los proyectos económicos que impulsa en el Congreso, como la reforma del Banco Central, el RIGI II, inocencia fiscal, propiedad privada y ahora también una versión criolla del shutdown norteamericano. Todo este paquete apunta a los mercados.
Pero el diagnóstico también incluyó un plano político. En él se identificó que el oficialismo llegará a los comicios con chances de éxito, pero sin grandes excedentes de capital electoral, y con una carencia de figuras propias competitivas en varias provincias, lo cual lo expondría a una seguidilla de derrotas antes de la cita nacional.
Esta presunción modeló una idea mucho más pragmática y aperturista en la relación con los gobernadores, que incorporó una novedad absoluta: por primera vez Karina Milei y los Menem habilitaron la posibilidad de avanzar en entendimientos con otras fuerzas si LLA no tiene la potencia necesaria para ganar en determinados distritos. Significa un viraje del purismo violeta que habían promovido el año pasado, en detrimento de la línea de Santiago Caputo, más proclive a un pacto con los gobernadores. No quiere decir que se bajen de la meta de una construcción nacional propia, pero sí que hay más realismo en las conversaciones.
La idea de un pacto de gobernabilidad con una docena de mandatarios provinciales, con el objetivo de dar una señal de estabilidad a los mercados y galvanizar el plan económico, fue expuesta por Luis Caputo en una reunión clave de la mesa política hace tres meses. En esa ocasión fue Karina la que puso reparos en abrir una conversación tan ambiciosa, porque entendía que el apuro podía comprometer el plan del armado nacional de LLA.
Sin embargo, tímidamente empezó a involucrarse en las primeras reuniones con los más cercanos, como Rogelio Frigerio y Alfredo Cornejo. Ahora la situación cambió, y el rango de acción se amplió a ese ramillete de gobernadores que desde el Argentina Week viene mostrándose en la órbita del Gobierno. “Estamos todos muy finitos de imagen y de plata. A todos nos conviene acordar”, grafica una figura clave del Gobierno.
Las necesidades mutuas
Esta aproximación actúa sobre una realidad que se ha ido consolidando en los últimos años y que el politólogo Marcelo Leiras definió como un sistema político “confederal”. Desde hace tiempo los gobiernos nacionales no tienen mayorías propias en el Congreso ni controlan políticamente un conjunto amplio de provincias. Eso los posiciona en una situación de debilidad estructural y en la necesidad de gestionar alianzas.
Esas alianzas antes se articulaban con los partidos políticos nacionales, pero ante su desgajamiento ese lugar lo ocuparon los gobernadores, que se transformaron en actores esenciales para garantizar gobernabilidad. Y si antes los gobernadores eran ordenados desde una lógica partidaria, ahora eso se quebró y todos disfrutan de una autonomía inédita y se mueven sólo en función de sus necesidades. Como señala Andrés Malamud, “se produjo una desnacionalización de los partidos nacionales, y ahora todos los partidos son provinciales, con excepción de LLA”.
Sin embargo, al mismo tiempo los jefes territoriales tienen dificultades económicas estructurales, ya que son pocos los distritos que se autoabastecen y la mayoría necesita de los fondos nacionales. Este es un talón de Aquiles que fuerza a los mandatarios a peregrinar por los despachos de los ministros en Buenos Aires para negociar partidas, obras o ayuda en especias. Leiras calificó a este mecanismo “la paradoja de las debilidades cruzadas”, porque las provincias operan con gran autonomía política, pero al mismo tiempo tienen una subordinación fiscal a la Nación.
A esta paradoja se llegó después de un largo proceso de redefiniciones en la relación entre la Nación y las provincias. Malamud destaca que en 1983 los gobernadores no tenían reelección y no podían desdoblar su calendario electoral como lo hacen hoy. Esto les dio mayor independencia política. También fue clave la reforma constitucional de 1994, que les otorgó a las provincias el control sobre los recursos naturales del suelo y del subsuelo, concretamente petróleo, gas y minería, los sectores que actualmente más crecen y que les otorgó a las provincias andinas y patagónicas un margen de maniobra que antes no tenían.
Alejandro Querol /
Pero al mismo tiempo, nunca se rediscutió la ley de coparticipación de 1988, tal como estableció la constitución reformada, por lo cual la Nación se quedó con un grado de discrecionalidad muy grande en la distribución de los fondos coparticipables, un mecanismo que utilizaron todos los gobiernos.
A partir de todas estas variaciones, la relación entre la Casa Rosada y las provincias oscilaron fuertemente en las últimas décadas. Frente a gobiernos débiles, los gobernadores fueron actores determinantes, como ocurrió con Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde. La famosa “liga de gobernadores” se transformó en el poder real en ese turbulento cambio de siglo, y de ciclo. Pero después con los Kirchner, los mandatarios fueron totalmente subordinados a la lógica del poder central.
Hoy rige un delicado equilibrio producto de las debilidades mutuas. Ni Milei tiene tanto caudal como para avanzar por su cuenta con las reformas que propone, ni los gobernadores cuentan con el margen suficiente como para tener éxito en sus territorios sin un mínimo entendimiento con los libertarios. Están enlazados por necesidades compartidas, con un agravante: en muchos distritos el Presidente y los gobernadores tienen un electorado solapado, con lo cual la ruptura no es una buena opción para ninguno de ellos. De hecho a Milei siempre le fue mejor en el interior que en el AMBA.
Al mismo tiempo varios de los mandatarios peronistas buscan huir del clima enrarecido que emana de la disputa bonaerense entre Cristina Kirchner y Axel Kicillof, por lo cual el componente partidario dejó de ser un corsé para sus movimientos. No sienten que deban tributar nada a nivel nacional. Tampoco tienen vocación por un armado propio.
La consecuencia directa de todos estos procesos ha sido la absoluta territorialización de los gobernadores, que desde hace tiempo sólo buscan conservar su hegemonía local, sin interés en involucrarse en el debate nacional. No es casual que todas las figuras que disputaron el poder central en los últimos años sean derivados del AMBA, desde la Cristina bonaerense, hasta Mauricio Macri, Daniel Scioli, Sergio Massa, Alberto Fernández, Axel Kicillof y Milei. Los gobernadores hace tiempo se alejaron de ese juego. Apenas la candidatura tardía de Juan Schiaretti y la fallida postulación de Juan Manzur. Ahora trata de asomar otra vez Sergio Uñac. El nuevo diseño del poder robustece a los caciques en su terruño, pero los desacopla de Buenos Aires. Una división de roles que hasta ahora sirvió para estabilizar el sistema político, pero no para fortalecerlo.
Las desconfianzas mutuas
Las conversaciones de los gobernadores con Karina Milei, Santilli, Luis Caputo y los Menem tienen varios capítulos. Algunos son clásicos, como la demanda por fondos. El balance del primer semestre fue negativo por la merma en la recaudación, a pesar de que tuvo un leve repunte en mayo (y un posterior desplome en junio). Según datos de la consultora Politikon Chaco, los giros a las provincias tuvieron un descenso del 5,3% respecto del mismo período de 2025, por una caída del 2,8% de las transferencias automáticas y del 61,8% de las discrecionales. En valores constantes, unos $2000 millones menos.
Hernán Zenteno
Pero el diálogo se intensificó especialmente en las últimas semanas por la aceleración que le imprimió el Gobierno a la reforma electoral. Si bien consta de varios ítems gravitantes (financiamiento de los partidos, cambios en las campañas, ficha limpia), la discusión central está en el sistema de votación, en particular en la continuidad o no de las PASO. El Gobierno asume que no tiene los votos en el Senado para su eliminación, y ahora giró hacia la suspensión. En cualquier caso implicaría un golpe para el peronismo, que en su desorden interno sería el principal beneficiario de unas primarias que le permitieran definir sus candidatos.
Los gobernadores no tienen mucho conflicto con el tema, porque la mayoría ya las desactivó en sus distritos. Según un relevamiento del politólogo Pablo Salinas, apenas siete provincias tienen vigentes las PASO (Buenos Aires, CABA, Catamarca, Chaco, Mendoza, Entre Ríos y Santa Fe), de las cuales las cinco primeras las suspendieron en 2025. Aplicando un mínimo de coherencia, estarían para acompañar a la Casa Rosada en su intento.
Distinto es el tema de las colectoras o adhesiones, que permiten, por ejemplo, que un candidato a presidente lleve dos listas de legisladores separadas, que después se distribuyen las bancas por el sistema D´Hont (es una diferencia con la ley de lemas, en el que la lista ganadora se lleva todas las bancas). Sería un esquema ideal para Milei, porque lo habilitaría a colgar debajo de su postulación a presidente una boleta de legisladores de LLA junto a otra de la UCR o del Pro. Como marca un gobernador importante, “al peronismo le sirven más las PASO porque necesita ordenar arriba, definir su candidato a presidente; en cambio a LLA le resultan más útiles las colectoras, porque le posibilitan ordenar abajo, en el tramo legislativo. Si sacan las PASO e introducen las colectores sería un escenario ideal para el oficialismo”.
La idea de las colectoras, que según el Gobierno fue aportada por gobernadores radicales y según los gobernadores es una propuesta del Gobierno, encuentra resistencias políticas y también operativas. Por ejemplo: ¿cómo sería el diseño de la Boleta Única con un botón para votar lista completa (otro de los cambios en análisis) y al mismo tiempo colectoras? Da la impresión de que el tema se propagó demasiado rápido y que todavía no maduró del todo en el Gobierno.
Pero este tema lleva al otro aspecto gravitante en la relación con los gobernadores: la desconfianza. Porque en el sistema de colectoras, el que decide qué listas acepta que adhieran es el candidato de arriba, en este caso el presidencial. ¿Cómo harían las otras fuerzas para estar seguros de que no serán rechazados en el momento de cerrar las listas? ¿Alcanza con una promesa verbal cuando el año pasado varios gobernadores quedaron desairados a último momento por los armadores libertarios?
Opciones de cooperación política con los gobernadores hay muchas, porque el Gobierno podría liberarles la elección provincial a cambio del apoyo nacional; o podría compartir la fórmula de gobernador y vice con una figura propia, o derivar su gente a las listas legislativas. Algunos mandatarios inclusive le propusieron a la Casa Rosada llevar un candidato a vicepresidente del interior, para armar un esquema de mayor compromiso federal.
Pero el problema es siempre la desconfianza. Los gobernadores deberían apoyar la reforma política del Gobierno ahora, a cambio de un entendimiento electoral a nivel provincial el año que viene, y que a su vez requiera un compromiso después para la elección nacional. Es decir, hay al menos tres etapas desfasadas temporalmente. Unirlas es sólo posible con un compromiso del que hoy todos dudan.
“A vos te parece que podemos avanzar en un acuerdo así, cuando Milei ni siquiera nos dedicó media hora para hablar la otra noche en Tucumán”, se quejó un gobernador aliado. El fugaz paso del Presidente después de haber reunido a 13 mandatarios desilusionó a varios. Tampoco se acercó a saludar el día de la asunción de Santilli. Así todo es más complicado.
fue expuesta por Luis Caputo en una reunión clave de la mesa política hace tres meses,pic.twitter.com/GCrmdIJ3Iw,March 9, 2026,Jorge Liotti,Conforme a
POLITICA
La Embajada de Francia repudió los dichos de la vicegobernadora de Mendoza contra el equipo galo

La Embajada de Francia en Argentina repudió los dichos de la vicegobernadora de Mendoza, Hebe Casado, quien se había referido al seleccionado de fútbol galo como un “equipo africano flojo de modales” luego del partido de ese combinado contra Paraguay por los octavos de final del Mundial 2026.
En las últimas horas, el embajador Romain Nadal compartió en su X un mensaje de rechazo a la discriminación, acompañado de una imagen con el tuit que había publicado días atrás la funcionaria mendocina.
“El orgullo por nuestros colores nunca puede convertirse en una excusa para discriminar. Toda forma de racismo, antisemitismo o discriminación por origen, religión o condición merece el mismo y absoluto rechazo”, fue parte del texto que el diplompatico publicó en sus redes.
“Como argentinos alentamos con pasión a nuestra Selección, campeona del mundo y ejemplo de talento, humildad, integración y respeto. Competir sí. Discriminar, nunca. El deporte debe unir, no dividir”, concluyó el mensaje.
La publicación estuvo acompañada con una imagen que muestra el escrito de Casado y donde además se explica el motivo del rechazo. “Negar alidad de los jugadores franceses por su color de piel o su origen familiar es discriminación”, indicó la sede diplomática.
La justificación de Casado
El mensaje de Casado se dio luego del partido que Francia le ganó a Paraguay por 1 a 0 en los 16avos de final del Mundial 2026. La vicegobernadora del radical Alfredo Cornejo acusó a los futbolistas galos de “flojos de modales” por no saludar a sus rivales y le apuntó al referente Kylian Mbappé, de quien expresó: “No lo aguanto”.
En particular, el futbolista francés había salido a festejar el triunfo apenas terminado el partido sin responder al apretón de manos ofrecido por el arquero paraguayo Orlando Gill, motivo por el cual había sido criticado.
“Es parte del folclore futbolero. No tiene que ver con racismo”, se justificó en su momento, en diálogo con LA NACIÓN, la número dos de Cornejo.
Y añadió: “Si hay algo que deben aprender de la Argentina el resto de los países es que fuimos los primeros en abolir la esclavitud y eso permitió el mestizaje de razas, culturas y religiones. Debemos ser el país menos racista del mundo”, dijo la mendocina, que relató que no recibió ninguna denuncia ni presentación en su contra, más allá de los reclamos en las redes sociales de ciudadanos y dirigentes políticos.
“Racistas son los que consideran que ser africano es malo”, agregó la funcionaria provincial.
los dichos de la vicegobernadora de Mendoza,Francia le ganó a Paraguay,se justificó en su momento,Selección de Francia,Mendoza,Francia,Conforme a,Selección de Francia,,Los cuatro mejores. Así quedó el cuadro de semifinales del Mundial 2026,,Figura por primera vez. Lamine Yamal desafía a Francia y aclara: «Si ganamos el Mundial, nadie se va a acordar si hice goles»,,Imparable. España igualó el invicto de Argentina y quedó a un paso del récord histórico
POLITICA
La última barrera para desterrar al peronismo

Cuando le preguntan quién será su mayor rival en 2027, Javier Milei se muestra tajante: “Compito contra mí mismo”. Se acostumbró desde que llegó al poder a hacer política en el vacío, con enemigos impotentes a los que manipula a gusto. Los ningunea cuando se siente sólido y los agranda cuando una realidad adversa lo obliga a buscar culpables de un complot destituyente.
La premisa que expresa Milei asume que su éxito electoral depende únicamente de ejecutar el programa de reformas en curso. Es una manera de resaltar la ausencia de alternativas a la reformulación de la economía argentina que él plantea. Pero esconde también una duda íntima que carcome a los habitantes de la cúpula libertaria: ¿alcanza la estabilidad macro para ganar elecciones?
La maquinaria reeleccionista actúa en dos planos. En la superficie presiona para cambiar el régimen electoral del país de modo de facilitar los pactos con aliados posibles y obstaculizar una tregua en la disputa destructiva del peronismo de raíz kirchnerista. Debajo del radar enfrenta el desafío de la reactivación económica. Milei sabe por su propia experiencia que, si el clima social es adverso, el descontento puede encontrar el cauce electoral menos pensado.
Milei y el ministro Luis Caputo se aferran a su promesa emblemática de que vienen los “mejores 18 meses de la historia argentina” sobre la base de indicadores que no se traducen en optimismo masivo. Celebran que en el primer trimestre de 2026 hubo un “récord de PBI” en términos netos, obtenido gracias a un crecimiento fenomenal de la refinación de petróleo (19%, respecto a la era pre libertaria) y la intermediación financiera (18%). Esas cifras conviven con una baja pronunciada de la industria, la construcción y el comercio, sectores clave para el empleo. En el análisis mes a mes siguen la lógica del serrucho. La inversión bajó 10,4% de enero a marzo y la recuperación del salario después de siete meses de caída es aún tenue.
La última edición del sondeo de Atlas Intel para Bloomberg, uno de los estudios más consultados por el mercado, detecta un pesimismo dominante respecto de la economía del país para el segundo semestre: el 49% cree que va a empeorar, contra un 41% que espera una mejora. La brecha es aún más amplia cuando se pregunta por el mercado laboral (49% vs. 34%) y sobre la situación familiar (43% vs. 32%). El manejo de las expectativas es un termómetro vital para un gobierno que todavía no tuvo una “fiesta” que ofrecer al electorado, sino que vive de la ilusión de atravesar el desierto y llegar a la tierra prometida.
La distracción que ofreció el Mundial de Fútbol le sirvió al Gobierno para pensar mecanismos de reactivación. Caputo trabaja en un programa para impulsar el crédito hipotecario con ayuda del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) de la Anses, que maneja el dinero de los jubilados. La paulatina suba del dólar en el último mes también puede ayudar a mover la perilla de la actividad, aunque demore el “derrumbe” de la inflación con el que se obsesiona Milei.
En la reunión de Gabinete posterior al Tedeum del 9 de Julio, Milei exudó confianza frente a sus ministros. Hizo hincapié en la necesidad de cambiar la Carta Orgánica del Banco Central, una medida que hace juego con el plan financiero que había presentado Caputo días antes. Quiere regar la confianza de los mercados en que no habrá riesgos de impago durante el año electoral y en que la emisión monetaria para asistir al Tesoro es historia antigua. El riesgo país en el umbral de los 400 puntos genera euforia en el área presidencial.
Milei consumió la mayor parte del tiempo que pasó con los ministros describiendo el proyecto de paper que escribió con Demian Reidel en el que sostiene con un modelo matemático el camino de crecimiento que traerá el proyecto de reformas que promueve. Presume de tener ideas revolucionarias. Volvió a fantasear con ganar el Nobel de Economía, aunque el documento quedó envuelto en una discusión sobre cuánta inteligencia artificial usaron para redactarlo.
El dato que sorprendió a algunos de los presentes es que Reidel mantiene su acceso privilegiado al Presidente después de haber sido desplazado de la dirección de la empresa pública Nucleoeléctrica Argentina en medio de una investigación de sobreprecios en la contratación de servicios. “Es muy fiel a sus amigos”, resumió un asistente. Recordó lo que le costó emocionalmente a Milei desprenderse de Manuel Adorni, a pesar del daño que le produjo a la imagen del Gobierno el trimestre de revelaciones sobre su patrimonio no declarado.
La trampa electoral
La salida de Adorni fue una bisagra. Funcionó como la señal de que Milei había aceptado al fin rendirse a una gestión política profesional para ganar con los manuales tradicionales aquello que en 2023 obtuvo a golpe de instinto y errores ajenos.
Diego Santilli asumió como jefe de Gabinete con la prioridad de negociar con los gobernadores afines un pacto de conveniencia mutua. Podría titularse “sigamos todos”. Es una construcción aún declarativa, a la que le falta desarrollar el costo económico. Hay voluntad de un buen número de provincias de no enfrentar en las urnas a los libertarios, pero la urgencia de fondos en medio del ajuste condiciona la evolución de las conversaciones.
El cambio de las reglas electorales se asume como un eje central de ese gran acuerdo, aunque todavía nadie sabe muy bien cuánto piensa invertir el Gobierno en esa empresa.
La reforma que incluía la eliminación de las PASO fue ideada en noviembre, después del triunfo de La Libertad Avanza (LLA) en las legislativas nacionales. En ese momento bullía la fantasía del fin del peronismo –derrotado una vez más– y parecía impensado que pudieran surgir desafíos a Milei desde el centroderecha. La lógica consistía en darle la lapicera a Karina Milei para que hiciera y deshiciera las listas de un nuevo oficialismo, mientras se les quitaba a los rivales una herramienta institucional para saldar sus diferencias.
Siete meses después no está tan claro que a Milei le convenga esa jugada. Crece la duda de si no será pagar un costo (medido en asistencia financiera a los gobernadores que apoyen) a cambio de un beneficio incierto.
El peronismo nunca necesitó las primarias para ordenar su oferta. Aun en los peores momentos supo encontrar formas de disciplinamiento. En septiembre pasado, necesitó un apagón en media ciudad de La Plata para ganar el tiempo que requería terminar la lista de unidad entre el sector de Axel Kicillof y La Cámpora en Buenos Aires. Las PASO han servido mucho más a los sectores que se enfrentaron al peronismo, como ocurrió en 2015 en las elecciones que llevaron a Mauricio Macri a la Presidencia. ¿Y si ahora fuera Milei quien necesitara contener rebeldías, desde el PRO a la díscola por naturaleza Patricia Bullrich?
El remedio de las listas colectoras que desde antes de asumir viene conversando Santilli con los gobernadores también genera dudas en el propio gobierno. Se trata de un sistema que les permite a los aliados presentar listas propias de legisladores, atadas de alguna forma a una única boleta presidencial (que en el oficialismo sería la de Milei). La historia indica que los modelos de sumas de votos siempre fueron impulsados por el peronismo, experto en sacarles provecho a esas transgresiones institucionales.
“No me gusta, pero no encontramos un sistema mejor”, dijo Bullrich esta semana cuando le preguntaron por las colectoras. Sonó a confesión. ¿No era Milei el presidente que se atribuía el “avance histórico” que implicó la boleta única? ¿Cómo encaja ese alarde de transparencia con la vocación de “encontrar” un sistema que pueda ajustarse a las necesidades coyunturales del oficialismo?
El miedo a la unidad peronista
La ansiedad por los cambios en el código electoral refleja una inquietud instalada en el corazón del Gobierno. Todas las encuestas que llegan a la Casa Rosada muestran a Milei con niveles de aprobación cercanos al 40% y un rechazo firme por encima del 50%. No hay rivales con una validación mucho mejor, pero cifras como esa ponen la reelección en el terreno de la incertidumbre.
Si hubiera un candidato de unidad del peronismo, capaz de captar el descontento con el programa de Milei, la Argentina podría encaminarse al cara o ceca que están viviendo casi todos los países de la región. Elecciones polarizadas que se definen en balotaje por uno o dos puntos de diferencia (en las que ganan a menudo los que desafían a quien está en el poder).
Lo que necesita el Gobierno es blindar un 40% propio y garantizarse la dispersión opositora, suficiente para ser reelegido sin segunda vuelta (si supera al segundo por 10 puntos). La estabilidad cambiaria que haría viable ese escenario es muy sensible a la probabilidad de que una opción estatista y heterodoxa regrese al poder.
La guerra abierta que Cristina y Máximo Kirchner le plantean a Kicillof facilita por el momento los planes del mileísmo.
Es una disputa de liderazgo que por ahora no incluye una discusión programática. Los Kirchner han convertido a Kicillof en el traidor más extraño del mundo: lo acusan de pensar igual. Son los mismos que eligieron para competir en su nombre a figuras que parecían ajenas a ellos, desde Daniel Scioli a Alberto Fernández, pasando por Martín Insaurralde y Sergio Massa.
El jefe de La Cámpora se coloca en un extremo antes de negociar. Sus banderas son “Cristina libre” y la renegociación de la deuda privada.
Kicillof hace silencio sobre los dos puntos. Entiende que la ofensiva en su contra es porque no se deja ser elegido por Cristina.
Las encuestas lo ubican como el opositor mejor posicionado para enfrentar a Milei, pero con una paradoja: Cristina tiene números muy similares, a pesar de que está presa e inhabilitada de por vida para ejercer cargos públicos. ¿Máximo propone postularla para tensar al sistema o para forzar a Kicillof a negociar?
El gobernador de Buenos Aires esquiva la trampa. Construye su camino con la única premisa de combatir a Milei. Se niega a escuchar a los que le piden dar señales de racionalidad económica. Suele decir que no tiene que sobreactuar, que gobernó sin déficit la mayor parte de su mandato provincial y que tiene acordados los pagos de deuda con los bonistas.
La interna pierde densidad en esa batalla de familia. A diferencia de otras épocas, este peronismo no pelea por incorporar nuevos votantes sino por repartirse los escombros de una estructura que estalló. Hay gobernadores que se acercan a Milei y dirigentes sin tierra que ansían una renovación, pero les falta quien la lidere fuera de algún outsider de laboratorio.
Es una ventaja competitiva para Milei. Las alternativas de sus rivales no incorporan a su prédica los signos de época, como el orden fiscal y el valor de la estabilidad. Nadie le da, en su diálogo con la sociedad, un sentido al esfuerzo social que significó el ajuste libertario. Tampoco ofrecen una figura avasallante, audaz, que reclame la confianza para probar algo nuevo en lugar de un viaje nostálgico.
Esa foto no está tallada en piedra. Milei dice que compite solo contra sí mismo, pero gobierna condicionado por dos variables que no controla: una oposición que un día podría dejar de pelearse y una economía que todavía no derrama prosperidad. Para ganar precisa de toda la ayuda que pueda darle la política tradicional que tanto despreciaba. Todo sea por cumplir su sueño de ponerle un punto final a la Argentina peronista.
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