POLITICA
El Gobierno ajusta la letra chica del “Súper RIGI” y pone en marcha una negociación con gobernadores

El Gobierno trabaja en la letra chica del “Súper RIGI” y prepara negociaciones con gobernadores por beneficios fiscales. Se trata del nuevo régimen de incentivo a las inversiones que Javier Milei anunció esta semana, que apunta a sectores que no tienen desarrollo local a gran escala. El presidente lo enviará al Congreso la semana que viene.
En el Ejecutivo apuntan a promover inversiones en segmentos como inteligencia artificial, data centers, infraestructura nuclear, defensa y autos eléctricos, aunque remarcan que los detalles técnicos siguen abiertos y que la definición final dependerá también de la ingeniería política para aprobarlo en el Congreso.
Los primeros detalles los dio este viernes el ministro de Economía, Luis Caputo, que confirmó que el esquema prevé una alícuota de Ganancias del 15%, contra el 25% del RIGI vigente; una amortización acelerada de 60% el primer año, 20% el segundo y 20% el tercero; exención de aranceles de importación para bienes vinculados a la producción y arancel cero para las exportaciones.
El titular del Palacio de Hacienda no detalló, en cambio, un esquema nuevo de liberación de divisas ni precisó el monto mínimo de inversión, que dijo que todavía se está terminando de definir. En la Casa Rosada advierten que la baja impuestos nacionales en línea con los provinciales obligará a abrir una nueva ronda de conversaciones con gobernadores.
La razón es que el Gobierno no sólo busca ampliar beneficios federales, sino también fijar condiciones sobre tributos locales para las provincias que adhieran, un terreno mucho más sensible que el del régimen actual. Caputo explicitó parte de esa tensión cuando aseguró que las provincias adheridas no podrán cobrar más de 0,5% de Ingresos Brutos y que también se buscará limitar tasas municipales sobre ventas que el Gobierno considera impuestos encubiertos.
Esa definición introduce una discusión directa con las provincias, porque ya no se trata sólo de adherir a un régimen nacional, sino de aceptar topes concretos sobre la carga tributaria local. En el Ejecutivo descuentan que ese punto va a requerir negociación política fina y respaldo de legislaturas provinciales para darle una forma completa a los proyectos de inversión.
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En la Casa Rosada reconocen que todavía no definieron si lo enviarán a Diputados o al Senado y aseguran que la estrategia legislativa quedará atada a la próxima reunión de mesa política. La apuesta oficial es presentar el “Súper RIGI” como una herramienta para atraer inversiones en sectores nuevos, como el refinamiento y laminado de cobre, las fábricas de autos eléctricos, la producción de paneles solares y turbinas eólicas, la cadena de valor del uranio, los fertilizantes y los data centers para inteligencia artificial.
En Balcarce 50 vinculan esa búsqueda con la secuencia de contactos que Milei viene acumulando con empresarios tecnológicos, como con Elon Musk por litio, satélites y eventuales desarrollos industriales. En octubre de 2025 presentó junto a OpenAI y Sur Energy el proyecto Stargate Argentina, un mega data center de inteligencia artificial en la Patagonia por hasta US$25.000 millones, estructurado dentro del esquema vigente.
RIGI, Gobierno, Gobernadores
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Ensayos de rebelión en la granja libertaria

Karina Milei es la arquitecta de la paz libertaria. Sin experiencia previa en las manualidades del poder, ella se encargó de administrar con premios y castigos una estructura de gobierno basada en la obsecuencia. Creó un búnker confortable para que su hermano, el Presidente, pudiera dedicarse a estabilizar la economía argentina sin contaminarse con las miserias de la política. Algo de ese orden crujió esta semana.
Patricia Bullrich puso en palabras la angustia que recorre a buena parte del oficialismo por el daño que asume Milei con la defensa a ultranza de Manuel Adorni ante la sucesión de revelaciones sobre su mejora patrimonial desde que es funcionario público. “Tiene que explicar los gastos que hizo de inmediato”, urgió en televisión el miércoles.
Milei estaba en California, donde se desentendía de la crisis que afecta a su jefe de Gabinete. Había volado hasta ahí para dar un discurso de media hora; un refrito del llamado a salvar a Occidente que pronunció en Davos en enero. La reunión más relevante que difundió fue con el cantante Lionel Richie. El desafío de Bullrich lo sacó de esas nostalgias ochentosas.
“¡Ni en pedo se va Adorni!”, dijo, en un diálogo televisivo en el que se lo notó, de a ratos, desencajado. Quiso minimizar la divergencia con su exministra y ahora senadora: “Ya lo habíamos hablado. Ella espoileó lo que va a hacer Manuel”. No ahondó en detalles. Habían tenido una conversación, es cierto. Pero el intercambio no terminó en un acuerdo. Fue un llamado telefónico antes de que él volara a Estados Unidos y mientras Bullrich estaba en Chile, de visita para reunirse con el presidente José Antonio Kast.
Aquel cruce de los Andes ya había despertado suspicacias en el aparato de detectar traiciones de Karina Milei. ¿Por qué una senadora va a reunirse mano a mano con un presidente aliado? ¿Por qué, justo después de publicar un video con aires de campaña sin pedir autorización al comando libertario?
“Patricia es como un baqueano con olfato fino para oler la tormenta”, la define un legislador oficialista que mira con preocupación la dinámica en que el caso Adorni metió a Milei y los suyos.
La senadora les ha dicho a interlocutores variados que no piensa rendirse mansamente a la obediencia. No al menos cuando encuestas recientes la ubican con mejor nivel de imagen que el propio Milei. Se mueve como si se sintiera autorizada a desafiar el régimen verticalista que custodia Karina. “Yo avanzo por el bien del Gobierno y de estas ideas. Ellos que hagan lo que quieran”, es una muletilla que le atribuyen quienes la frecuentan.
En esta hora de relativa debilidad frente a la opinión pública, los hermanos Milei no pueden ir contra ella. Pero se encuentran ante un dilema: ¿pueden naturalizar la “crítica constructiva” de Bullrich sin desatar una rebelión en la granja libertaria?
La hermana presidencial ya lidia con la engorrosa disputa de espacios de poder con el asesor Santiago Caputo, a quien le atribuye algunos de los males que la aquejan (en especial los audios clandestinos que motivaron la causa por supuesta corrupción en el área de Discapacidad). Esa interna derrama hacia los tribunales y hacia el territorio de la comunicación.
Esta semana Karina Milei alentó a su hermano a armar una cumbre de influencers fanáticos de su gobierno que reclutaron los diputados Lilia Lemoine y Sergio Figliuolo, alias Tronco. Aspiran a reavivar en redes sociales la mística en huelga de los tuiteros que responden a Caputo, como Daniel “Gordo Dan” Parisini y su troupe. “¿Cuándo arranca el Mundial?”, puso Parisini en uno de sus últimos tuits, en los que usó su habitual ironía para algo más que el servilismo del poder. El autoproclamado “brazo armado” del mileísmo también deja traslucir que hace falta un respiro.
Milei vive del elogio y tarda más que su hermana en desterrar a los infieles. A la larga suelen converger. Con Victoria Villarruel convivió amablemente el primer semestre de gobierno. Cuando ya había sido sentenciada por Karina, se subió a un tanque con la vicepresidenta como si el idilio entre ellos permaneciera intacto. Al mes ya la había declarado “traidora” y “parte de la casta”.
Una tensión similar con Bullrich -libertaria por adopción- sería temeraria en estos días. Ella misma se encargó de describir su papel en La Libertad Avanza (LLA) como el de un dirigente que aporta valor propio a un proyecto en el que no abundan las figuras, más allá de Milei. ¿Pero quién le dijo que eso es lo que buscan los hermanos?
Karina mantiene la idea de conformar una fuerza leal en todo el país, con la menor cantidad de pactos posible y con una toma de decisiones centralizada. Por eso empuja la eliminación de las PASO, instrumento maldito para quien está en el poder. Bullrich ya le avisó que no hay votos para eso y que pueden proponer modelos electorales intermedios. Otro cortocircuito en curso.
Javier delega el armado partidista, pero fantasea con una aparente unidad nacional detrás de su proyecto. A su juicio, únicamente los defensores de viejas prebendas lo resisten. En California llegó incluso a expresar la ilusión de un consenso casi absoluto: “El sueño americano no está muerto. Está renaciendo en Estados Unidos con Donald Trump y en Argentina, donde 48 millones de argentinos eligieron poner fin a un siglo de decadencia y volver a abrazar las ideas que supieron llevarnos a la grandeza”. El disenso, en es burbuja, suena a traición a la patria.
Aquel discurso, cuya primera versión se escribió en enero, empieza a oler a naftalina. Los empresarios que fueron a escuchar a Milei en el Instituto Milken estaban informados del bache de popularidad que atraviesa el gobierno libertario.
Aunque el Presidente lo niega y lo atribuye a “mentiras” del “periodismo basura que vive de la pauta”, esta semana lo advirtió con precisión quirúrgica el semanario The Economist, en un artículo titulado “Javier Milei está en serios problemas”.
“Los votantes ahora tienen dos grandes quejas: escándalos de corrupción y una economía en dificultades. En sus dos primeros años en el cargo, sus políticas redujeron la inflación mensual al 1,5%, aproximadamente una décima parte de su nivel anterior, pero desde entonces fue aumentando gradualmente. La economía se contrajo drásticamente en febrero. El Sr. Milei no se enfrenta a la reelección hasta octubre de 2027 y un auge energético podría ayudarle, pero necesita tomar las riendas de la situación”, señala el texto de la publicación más influyente en el mundo de los negocios. En otros tiempos cada vez que aludían a él en esas páginas, Milei lo celebraba con una expresión sobradora: “Fenómeno barrial”. Esta vez prefirió el silencio.
La argumentación de The Economist es una suerte de bullrichismo anticipatorio, cuando le marca al Presidente la necesidad de enfrentar y resolver los escándalos que afectan a su gestión.
El caso Adorni ha sido el de mayor impacto porque resulta muy gráfico para colarse en las sobremesas del ciudadano común. Es la historia del hombre que pregonaba la austeridad y se exhibía como el azote de los privilegiados que vivían del Estado, atrapado ahora en una secuencia interminable de novedades sobre bienes y ocio de alto nivel.
Milei bancó a Adorni a muerte, fue al Congreso a vitorearlo como a un héroe y expresó una confianza sin fisuras en su honestidad. No consideró necesario exigirle que diera una explicación urgente a la sociedad acerca de dónde salió la plata para adquirir dos casas, un auto y pagar viajes al exterior con dólares en efectivo. A simple vista, una bonanza incongruente con los bajos ingresos de los que Adorni alardeaba en público.
Las revelaciones en capítulos hicieron enmudecer a los ministros, incapaces de justificar con el micrófono abierto conductas que no podían avalar en privado. “Esto no da para más”, decía un funcionario de primera línea a principios de semana. Palabras similares se oían en casi todos los despachos libertarios. Algunos daban un paso más: “Se tiene que ir ya”. La corrosión afecta a un grupo construido en el vértigo del poder, sin lazos de amistad preexistentes y con un débil espíritu de equipo. Pero, ¿quién se lo dice a Karina?
Adorni había ensayado una vuelta de página con su presentación en el Congreso y la conferencia de prensa que dio el lunes, en la que se atuvo a leer unos párrafos autoexculpatorios sin explicar el origen de su patrimonio. El plan fracasó con estrépito a raíz de la declaración judicial del contratista Matías Tabar, que reveló un pago en efectivo de 246.000 dólares para las refacciones de la casa que compraron los Adorni en 2024 en el country Indio Cua, en Exaltación de la Cruz.
El shock fue inmediato. El Presidente tranquilizó en privado a Adorni y se fue a California. Karina se quedó en Buenos Aires. Los hermanos parecen seguir atados al eslogan de la campaña porteña de 2025: “Adorni es Milei”.
El supuesto spoiler de Bullrich al que aludió el Presidente sería de otra película. Adorni se mantuvo ayer en la tesitura de que aún no puede explicar su patrimonio porque eso sería “obstruir” a la Justicia, a pesar de “la carnicería mediática” que dice sufrir. Se inventa una prohibición que lo convierte en una víctima de la burocracia: no solo lo acusan injustamente de enriquecimiento ilícito sino que le impiden demostrar su inocencia. ¡Maldito Estado! “La fenómena Pato”, como la llamó Adorni, deberá seguir esperando por las aclaraciones que exigió.
Los hermanos Milei asumen el riesgo de no cerrar el capítulo. La erosión de la imagen del Gobierno aparece en las encuestas asociada al repunte de la inflación en el primer trimestre del año, a los problemas salariales y al contexto recesivo en sectores de la economía intensivos en mano de obra. La extensión en el tiempo del escándalo Adorni pone en juego la confianza en la palabra presidencial en un momento crítico. Justo cuando es de enorme relevancia alimentar la paciencia social a la espera de indicadores positivos del segundo trimestre del año. Milei necesita que le crean que «lo peor ya pasó» y que la Argentina está en el punto de despegue.
Guillermo Francos, en la estela de Bullrich y herido por cómo trabajó Adorni para desplazarlo de la Jefatura de Gabinete, lo explicó así: “Sería bueno que aclare su situación. Esto empioja mucho la relación del Gobierno con la ciudadanía”.
Milei se enfurece con los reclamos. “No voy a ejecutar en el altar del ego de ustedes, periodistas, a una persona honesta”, dijo el miércoles. Sin miedo a las contradicciones, acusó a la prensa de “violentar” el principio de presunción de inocencia. “Actúan de fiscales, de jueces, dictan sentencias y hacen juicios sumarísimos”, denunció. Cinco segundos después se las agarró con el contratista Tabar: “Es un militante kirchnerista y que justamente es muy dudoso todo su prontuario”. El constructor, cabe aclararlo, se comportaba en sus redes como un simpatizante del gobierno libertario y un furioso antiperonista.
Como prueba definitiva de inocencia, Milei se refirió a los detalles estéticos de la obra de Indio Cua que habían incendiado la conversación social: “Hablaban de unas cascadas y se vio que eran dos cañitos de agua”. Todo este lío por apenas un chorro.
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El caso Adorni desanima a la tropa digital de Milei y profundiza el desconcierto en el sector de Santiago Caputo

A sabiendas del plan de ajuste que planeaba -y prometía- Milei en 2023, desde lo alto de Las Fuerzas del Cielo temían que algún día los ciudadanos de a pie empezaran a insultarlos en la calle. Ahora empezaron a vivirlo en carne y hueso, con frecuencia. “Hambreadores”, le dijeron hace unos días espontáneamente a un referente violeta. El comentario, si bien lo hirió, no lo preocupó tanto como las críticas y, peor, el silencio de los tuiteros propios en las redes sociales.
En el mundillo violeta menos afín a Karina Milei y el dúo de los Menem notan, últimamente, una merma en la defensa “inorgánica” de Milei en el territorio virtual. “Es como si La Cámpora se distanciara de Cristina Kirchner”, se espejó un sargento mileista que parece sentirse a las puertas del propio desencanto.
El pesar se potenció con la orden de moderar el perfil que bajó desde la cúpula del Gobierno el lunes, frente a las nuevas revelaciones en el caso Adorni (los 245 mil dólares para refacciones en su casa del country Indio Cua). La instrucción de “no decir nada” incrementó la preocupación a partir de la disminución de la defensa de la tropa digital. Muchos libertarios sienten que están siendo, de alguna manera, negligentes con los propios.
“A veces hay que aparecer igual”, dijo uno de los dirigentes que publicaron, al menos, mensajes encriptados. La mayoría se limitó a hablar de otros asuntos, siempre distintos del caso Adorni que hace más de dos meses acorrala al Gobierno en un único tema de conversación. Esto a pesar de los denodados intentos por correr el eje de parte los expertos en comunicación. Sacaron al ruedo contenidos disruptivos o novedosos, pero sólo les sirvieron para reenfocar el ojo público por unos pocos días. Siempre surgieron de la causa judicial datos sobre nuevas propiedades o supuestas prácticas para engrosar el patrimonio del ministro coordinador, que volvieron a complicar el panorama.

Además de tragar sapos con el tema de la corrupción interna, reniegan de la consecuente pelea interna en el Gabinete, donde varios ministros, desconcertados con la banca a Adorni, bregan por deshacerse de él lo antes posible mientras los Milei lo sostienen.
Varios funcionarios, además, respaldaron secretamente a Patricia Bullrich cuando reclamó anteayer, en A24, que Adorni presente “de inmediato” su declaración jurada, para aclarar su situación. No quisieron disimular su satisfacción por lo que leyeron como una forma de desafiar a Karina Milei. Si bien están lejos de considerar a la primera senadora libertaria una líder, festejaron el atrevimiento de la ex ministra de Seguridad.
Hay quienes vieron el tuit de Santiago Caputo, la madrugada posterior a las declaraciones de Bullrich, como una manera de contener. “Nunca pierdan de vista que lo que está en juego es la salvación de una nación luego de un siglo entero de oscuridad y empobrecimiento”, escribió el asesor de Milei.
“A Santiago no le gusta el ruido interno. Dice lo mismo que Toto (por Luis Caputo), que si hay ruido en la gestión, la economía no aguanta”, retrataron en sus cercanías, a pesar de que fueron protagonistas de numerosas peleas -las más rutilantes, con los Menem-. “No hay que olvidar que tenemos un proyecto que es más importante que cualquier otra cosa”, insistieron.
Otros interpretaron el tuit que escribió Caputo como una manera de anticipar el anuncio que hizo Milei desde el avión presidencial al regreso de Estados Unidos sobre el proyecto para crear un “súper RIGI” con el objetivo de atraer inversiones al país y generar puestos de empleo. Esa es la línea que decidió seguir el Gobierno oficialmente hoy al mediodía, cuando Adorni, después de hablar de su situación personal y política en el streaming Neura, anoche, se limitó en su esperada conferencia de prensa en la Casa Rosada -la segunda de la semana- a referirse a la medida oficial sin dejar lugar a otras consultas de los periodistas acreditados.
Manuel Adorni,Karina Milei
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De qué operaron a Máximo Kirchner

Máximo Kirchner fue operado este viernes por la mañana en el Hospital Italiano de La Plata debido a un cuadro de “cistoadenoma parotídeo bilateral”, según informó oficialmente la institución médica a través de un parte difundido durante el mediodía.
El referente de La Cámpora permanece internado en observación y, de acuerdo con el comunicado firmado por el director general del hospital, Roberto Martínez, presenta una evolución favorable tras la cirugía. “Se encuentra en postoperatorio inmediato con buena evolución, quedando internado para controles y seguimiento”, indicaron desde el centro médico.
El cuadro por el que fue intervenido Máximo Kirchner afecta las glándulas parótidas, ubicadas a ambos lados del rostro, delante de las orejas y encargadas de producir saliva. El cistoadenoma parotídeo es un tipo de tumor benigno que suele desarrollarse en estas glándulas. En el caso del diputado, el diagnóstico fue bilateral, lo que significa que comprometía ambos lados.
Aunque generalmente se trata de lesiones no cancerígenas, este tipo de cuadros suele requerir intervención quirúrgica para evitar complicaciones o crecimiento de la masa. Hasta el momento no trascendieron mayores detalles médicos sobre la operación ni el tiempo estimado de recuperación.
Horas antes de ingresar al quirófano, el diputado compartió un mensaje en su cuenta de Instagram donde confirmó públicamente la intervención. “Cuando lean esto, seguramente los médicos ya habrán comenzado la cirugía que tenía programada hace un tiempo y que por distintas razones venía postergando”, escribió.
En el mismo texto, también hizo referencia a la situación judicial de su madre, Cristina Fernández de Kirchner, quien actualmente cumple prisión domiciliaria tras la condena en la causa Vialidad. Según contó el propio legislador, la exmandataria tenía intención de acompañarlo durante la operación, pero él le pidió especialmente que no asistiera al hospital. “Cristina quiso venir, me hubiera gustado, pero le sugerí especialmente que no lo haga”, explicó.
Luego vinculó esa decisión al contexto político y judicial que atraviesa la exmandataria. “No quiero que les pida nada a los que, abusando del poder que ostentan, la han encerrado a pesar de su inocencia”, sostuvo.
Además, cuestionó duramente las condiciones de detención de su madre y aseguró que existe una persecución política impulsada desde distintos sectores de poder. “A ella no le conceden permisos ni autorizan salidas como lo hace este mismo Poder Judicial con más de la mitad de los condenados por delitos de lesa humanidad o narcotráfico. Le reservan persecución y restricciones”, remarcó.
“Ella no merece el show que montarían con su traslado si le concedieran el permiso. Pero tampoco millones de argentinos y argentinas merecen esta realidad agobiante e injusta, una consecuencia previsible de las políticas impulsadas por este gobierno y de quienes contribuyeron a convertir esas ideas en sentido común. Abrazo. Nos estamos viendo…PD: Después de tantas operaciones de prensa…”, concluyó.
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