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POLITICA

El Gobierno ensaya leves gestos, rendido en el altar de la micro

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El Gobierno ensayó esta semana un giro limitado en su política económica para reactivar el consumo y los ingresos. Quienes trabajan al lado de Javier Milei se pusieron un plazo: para marzo del año que viene tiene que notarse una mejora en el bolsillo. La Casa Rosada se rindió en el altar de la micro. Entró en crisis la narrativa. Milei sigue pensando que su modelo no necesita ningún impulso, anclado en su dogma. Pero, al menos, deja hacer.

El ministro de Economía, Luis Caputo, preparó con Santiago Caputo, el asesor presidencial, el anuncio sobre el fondeo a los bancos para ampliar los créditos hipotecarios. Ambos le dieron forma al discurso que, claro, choca con lo que públicamente sostiene Milei, aquello de que la justicia social es una aberración. El ministro no solo dijo que era justicia social facilitar el acceso a la vivienda sino que argumentó que la medida tendría un rol multiplicador. Habló así: “Alguien que accede a un crédito hipotecario para tener una primera nueva vivienda también tiene que comprar diferentes cosas, desde una cama, un sillón, hasta un televisor. Entonces, todo eso motoriza otros sectores de la economía”. Keynesianismo light.

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En el Gobierno refuerzan que la nueva narrativa hay que leerla también en función de la llegada del papa León XIV. Y refuerzan que esa visita adelantó la estrategia. La Casa Rosada quiere mostrar otro perfil ante el temor a que el mensaje papal se convierta en una caja de resonancia en contra del modelo.

Milei se muestra en público en otro plan, como si no se hiciera cargo de esas decisiones. No habló en ninguna de las intervenciones de estos días del tema ni tampoco celebró la política pública de su Gobierno. Se mueve como ajeno al resto. La actitud impacta porque deja latente, y abona, la pregunta de hasta dónde está metido en la gestión.

La Casa Rosada vinculó la nueva narrativa económica con la llegada del papa León XIV y busca evitar que su mensaje se convierta en una crítica al modelo.

Las contradicciones llegan al límite de que en la Casa Rosada niegan lo que hacen. Trabajan bajo una premisa: que se note pero que no se diga. El esfuerzo del cierre de la semana estuvo concentrado en desmentir el levantamiento del cepo a los salarios cuando, en rigor, reconocen que desde el Gobierno promueven subas salariales.

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El cambio tensiona el modelo. En la admisión de que con la macro no alcanza, el Gobierno pone en juego mucho más que el discurso. Las herramientas a disposición son más bien escasas si el objetivo es mantener inamovible el superávit fiscal. Sin ingresos, el ajuste es interminable y la reactivación no se notará. Quienes conocen los próximos pasos del Gobierno sostienen que marzo es el límite autoimpuesto para tomar medidas y que se noten en la economía doméstica. Hasta ahora, las apuestas del Gobierno parecen escasas, o de poca expansión. “Están probando”, analiza un economista que trata seguido al Presidente.

En esa lógica, el trazo grueso que ideó el Gobierno implica, en primer lugar, la reactivación vía mejoras salariales a través de sumas fijas no remunerativas o bonos para los salarios más bajos. “La mejora tiene que estar ahí, porque te tracciona el consumo y recaudas vía IVA”, explican la decisión, que se relaciona con el trascendido de garantizar un básico de $860.000 en mano. Esa versión salió de un sector del Gobierno. Se abrió una cacería para detectar filtraciones. La ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, mandó a desmentir la decisión que habían comunicado de manera extraoficial desde la secretaría de Trabajo, que conduce Julio Cordero. Lo cierto es que más allá de las idas y vueltas, en los hechos, en las negociaciones que se llevaron adelante en el último tiempo, el grifo se abrió. Es el caso de los trabajadores metalúrgicos. El Gobierno homologó en tiempo récord el acuerdo paritario. Apenas 13 días después de haberlo firmado, el miércoles pasado la secretaría de Trabajo habilitó la suba que incluye un 6% no remunerativo durante agosto, septiembre y octubre, y otro 6% no remunerativo y no acumulativo para noviembre y diciembre. Además, estableció una suma extraordinaria de $1.600.000 para los trabajadores propios de las empresas siderúrgicas. A partir del 1° de enero, los porcentajes acordados serán incorporados a los salarios básicos de convenio. Es el esquema que el Gobierno quiere replicar en la mayoría de las negociaciones. Ya sucedió con plásticos, ferroviarios o la construcción.

A eso se suma que el Gobierno tiene la expectativa de una baja de la inflación, que vuelva a empezar con 1, y Caputo no levantó el techo del 2% que había fijado en la negociación salarial, con lo cual estiman que ese relajamiento también se verá, aunque lentamente, en el bolsillo.

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Impacto limitado

El Gobierno se ató de pies y manos. No puede tocar las cuentas públicas, por lo cual es poco probable que avance con una recomposición de haberes jubilatorios vía bono, que dejó congelado desde marzo de 2024. El impacto de las medidas es acotado. En cuanto a los salarios básicos, solo un gremio está por debajo del monto de 1.070.000 brutos que dejó trascender Trabajo. A abril de 2026 solo Maestranza estaba por debajo de esa cifra, en $990.934, y acaba de cerrar su negociación paritaria con dos sumas extraordinarias. Una en septiembre por $80.000 no remunerativa y otra en diciembre por $30.000. El giro oficial es acotado y muy paulatino.

Luis Caputo anunció fondeo a los bancos para ampliar los créditos hipotecarios y defendió la medida como una vía para motorizar la economía.

Algo similar sucede con los créditos hipotecarios. El universo alcanzado es de apenas 18.000 familias, según el cálculo que informó Caputo. Solo se destinará el 2% del Fondo de Garantías de Sustentabilidad para los bancos. “Es una primera etapa, se puede ampliar”, sostienen en la Casa Rosada. El monto establecido por Economía equivale a cerca del 23% del stock vigente de préstamos hipotecarios. El nuevo fondeo representa más de 1,3 veces lo colocado hasta ahora en el año. En 2025 se otorgaron unos 44.000 créditos hipotecarios y en el primer semestre de este año alrededor de 12.000. Es apenas un leve impulso comparado con el escenario de hace un año. Está destinada a la clase media alta con ingresos registrados, un universo acotado. El monto máximo será de US$200.000. Pero para financiar a las familias según el cálculo que mostró el ministro el promedio del crédito sería de US$75.000.

Desorden interno: cada cual atiende su juego

Milei insiste en que no necesita nada para que su plan lo lleve a la reelección. Eso transmitió en la reunión de Gabinete del lunes pasado en la Casa Rosada. Fue su regreso a Balcarce 50 después del encierro de Olivos. “Está convencido de que no necesita ningún impulso, lo repite todo el tiempo”, dice un dirigente que lo escuchó. El desorden comunicacional de esta semana llegó a ubicar a Santiago Caputo afuera del Gobierno. No estuvo en ese encuentro y sus enigmáticos posteos en X abonaron la versión. Un día después, el martes, la siempre confusa conferencia de prensa del portavoz Adrián Ravier agravó la situación cuando informó que el asesor había sido corrido de la comunicación digital que asumiría ahora Santiago Oría. No pasó ni una hora que Ravier volvió a desmentir a Ravier. “No hubo ni hay ningún cambio en el organigrama de comunicación del Poder Ejecutivo, ni designación alguna, ni traspaso de responsabilidades entre áreas”, se desdijo, cuando ya la molestia había cruzado a todas las tribus internas.

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La comunicación está fuera de control. Milei endurece su postura y el resto trata de aflojarla. La crisis del modelo se refleja en la crisis de la narrativa. Los límites del plan los corre Patricia Bullrich. A sus ya habituales diferenciaciones esta semana dijo que la economía está “áspera”, que hay que mejorar el salario y que “un buen político sabe lo que le pasa a la gente”. Se cruzó con Milei en la reunión de gabinete, pero fue en buenos términos. “Un amable intercambio”, lo describió la senadora ante un allegado. Es que el Presidente responsabiliza a la oposición de hacer una campaña en su contra y no deja margen para evaluarse a sí mismo. “Yo no hablo desde la oposición sino desde lo que necesitamos para ganar”, fue la intervención de Bullrich. Ella insiste con que el vínculo social determina una elección. Milei aborrece esos consejos.

Píldora de la empatía

La crisis de los endeudados terminó copando la agenda interna del Gobierno. Milei dedicó la mayor parte de su encuentro con los legisladores libertarios del martes a victimizarse. Expresó que el endeudamiento no lo generaron sus políticas, sino que era parte de una campaña opositora. “No hay que tragarse la píldora de la empatía”, lanzó, a modo de aviso interno. Le hablaba a los propios. “Cuando uno pregunta qué es la empatía, van a contestarles con ideas populistas. Y al populismo no se le gana haciendo populismo”, insistió. Volvió a hablar de los mercados repugnantes, como ya lo había hecho en público, para adoctrinar a su tropa, pero poco permeó. No hay demasiadas espadas parlamentarias que se animen a ponerse en contra del que más sufre, por más bajada de línea que haga Milei. Se inmoló el diputado Bertie Benegas Lynch, cuando dijo que los televisores que compraron para el mundial se dejaron de pagar porque la selección perdió. Puertas adentro, Milei insiste. “La morosidad es otro ejemplo donde los kirchneristas tienen la posibilidad de exacerbar la división política y romper a la sociedad”, les dijo a sus legisladores mientras describía casos de lo que llamó campaña en su contra. “Necesito que la dirigencia entienda”, los apuró.

Javier Milei negó que la morosidad y el endeudamiento respondan a sus políticas y atribuyó la presión sobre el tema a una campaña opositora.

Uno de los asistentes describió que se lo notó irritado ante la crítica. “No soporta que lo desafíen. Eso pasó el 1° de marzo en el Congreso. Fue con un texto escrito y al primer desafío se descontroló”. Milei les dijo que la morosidad hoy en la Argentina no es un problema relevante. Y puso de ejemplo a los bancos. Dijo que está alrededor del 11% e insistió con el mundial como respuesta a todo. Fue más allá. “Este año tuvimos mundial y muchas familias tomaron deuda para comprar televisores. Lo mismo sucedió con las casas de apuestas, que también explican parte de la mora en el período de mundial”, agregó. Los mandó a leer el libro La economía en una lección, de Henry Hazlitt, que dice básicamente que nada de lo que se anunció esta semana para reactivar la economía sirve. Contradicciones en lo más alto del poder.

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Cuando terminó de hablar consultó si alguien tenía una pregunta. Levantó la mano Lilia Lemoine, como si estuviera todo orquestado. En el dibujo del poder, la escena se componía de Milei y la mesa chica karinista. Estaban Diego Santilli, Martín Menem y Juan Bautista Mahiques. Faltó Santiago Caputo, como el día anterior, y faltó la secretaria de Legal y Técnica, María Ibarzabal, de su riñón, que debería ser nexo con los legisladores cuando se requieren modificaciones a los proyectos. El asesor recién apareció en escena nuevamente el miércoles, para asistir al ministro de Economía.

Las diferencias internas se reflejan en las iniciativas oficiales. Bullrich relanzó el debate de la reforma electoral, pero Santilli todavía no tiene cerrado el acuerdo con los gobernadores que habilite un debate en serio. “No saben qué quieren”, protestó una espada parlamentaria sobre la discusión electoral. En principio buscan reinstalar agenda en un momento complejo, donde todavía en el Senado se acumulan proyectos sin tratar. El plan de incorporar colectoras se fue apagando en medio de las encuestas que muestran sostenidas bajas en la imagen presidencial. “Alguna herramienta tenés que dejar, sobre todo para los aliados”, promueven en el Senado. Pero las listas colectoras tienen la dificultad de que solo se promoverían dos opciones. Una lista colgada de Milei, que sería la oficial y puramente violeta, y la paralela, con un mix de todo el resto de los partidos que se quieran colgar. Cómo hacer para que esos espacios se pongan de acuerdo es una vía aún inexplorada. “Nada está resuelto”, reflejan en Balcarce 50.

Karina Milei no deja de mandar señales contrapuestas. Mientras abre el diálogo con Mauricio Macri, siembra candidatos en la ciudad. Después de que la semana pasada Luis Caputo y ella misma recorrieran el territorio porteño junto a la jefa del bloque de los legisladores de La Libertad Avanza, Pilar Ramírez, el viernes lo subió a Santilli. Fueron al barrio chino. Todavía parece difícil que se resigne fácilmente a dejarle la ciudad a los Macri, que es lo que busca el jefe del Pro.

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Contraataque acotado

El Gobierno prepara el contraataque para frenar el intento opositor de avanzar con una salida para los casi 6 millones de morosos. Las opciones no incluyen tomar la iniciativa, más bien resistir. La oposición pidió una sesión especial para el 9 de septiembre con la fortaleza de contar en su convocatoria con un amplio abanico político. El pedido lleva 48 firmas, entre ellas, la del nuevo jefe de bloque de Argentina Federal, el ex gobernador de Misiones Oscar Herrera Ahuad, espacio estrenado esta semana, que votó con el Gobierno la reforma de la carta orgánica del Banco Central y la inocencia fiscal. Abarca a los misioneros y a los salteños. También firmaron los cordobeses que responden a Martín Llaryora y los catamarqueños, además de Lourdes Arrieta, que va y viene en su relación con el oficialismo. El número de 133 diputados que votaron en la sesión de esta semana a favor de abrir el debate, se podría ampliar a 139.

La oposición pidió una sesión especial para tratar una salida para casi 6 millones de morosos y el oficialismo prepara maniobras para frenar el debate. (RS Fotos)

Los libertarios trabajan en dos líneas. Como contraataque convocaron para el próximo miércoles a la comisión de Finanzas. Apuestan a convencer a entre 6 y 8 legisladores. La firma de Herrera Ahuad con la oposición les complica el panorama. Buscan sólo ganar tiempo. Están invitando a las apuradas a expertos que hablen del tema. La otra opción es que el mismo 9 convoquen a una sesión, una hora antes, tengan quórum y desactiven la iniciativa opositora. No tienen tema. No hay dictamen de nada. El camino es que logren dictaminar esta semana en la comisión de Salud por la trazabilidad de los medicamentos, un reclamo de los familiares de las personas fallecidas por el fentanilo contaminado y llevar eso al recinto. La otra, que apuren inviolabilidad de la propiedad privada, sin mucho margen de acción.

El otro tema que persigue a la Casa Rosada es la emergencia en discapacidad. La convocatoria para el 9 de septiembre incluye en primer lugar del temario la prórroga de la ley que nunca cumplió el Ejecutivo. El tema volverá a la agenda pública. El Gobierno dejó de pagar los fondos para los prestadores que desde mañana suspenderán los tratamientos. A la Casa Rosada se le viene encima este debate. Al apuro para mostrar algún alivio de bolsillo por la llegada del Papa se suma que en la agenda de León XIV está una visita al Cottolengo Don Orione. Todavía se están ultimando detalles pero será sin dudas un mensaje al Gobierno.

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En paralelo, la CGT está gestionando una audiencia con el Papa. Aún no tuvieron novedades, pero en Azopardo confían en que podría haber voluntad de Roma para realizarla. Se da en momentos en los que crece la tensión del sindicalismo con la Casa Rosada por la falta de diálogo. La CGT abandonó el viernes la reunión del consejo del salario ante la confirmación de la suma irrisoria de aumento que se negociaba, que llevaba el mínimo de $376.600 a 468.000 hasta abril del año que viene. El Gobierno quiere inyectar los salarios de convenio, pero no el mínimo vital y móvil, que está atado a los programas sociales y que le generaría mayores desembolsos por parte del Tesoro. Pasado mañana la comisión directiva de la CGT volverá a reunirse para evaluar los pasos a seguir, pero apuran una marcha para insistir con el endeudamiento familiar. Sin paro a la vista.

La foto peronista

En el peronismo empiezan a consolidarse opciones. La foto que dejó esta semana el principal partido opositor es la de dos candidatos en la cancha: Axel Kicillof y Sergio Massa. El ex ministro de Economía reapareció en un acto en Rosario, en la presentación de un libro del diputado del Frente Renovador Diego Giuliano, que aspira a la gobernación. Congregó a todas las tribus internas del distrito, menos al axelismo. Estuvieron Germán Martínez, postulado también por un sector del peronismo, y Juan Monteverde, de Ciudad Futuro, candidato con altas chances en Rosario, además de los sectores más kirchneristas, representados en La Cámpora. “La unidad es lo más importante”, dijo Massa. Trabaja en esa alternativa. Sabe que su candidatura presidencial crece al calor de las diferencias entre Kicillof y Cristina Kirchner, en una apuesta similar al 2023, cuando terminó siendo el candidato de unidad.

Sergio Massa reapareció en la presentación de un libro del diputado del Frente Renovador Diego Giuliano en Entre Ríos.

Por el otro lado, el gobernador bonaerense forzará una interna, pero es consciente de que en el peronismo, sólo Juan Grabois podría acceder a competir. Sería una interna que no le sirve a nadie. Casi que no contrapone modelos. En La Plata trabajan por la PASO, pero tienen la sospecha de que llegado el momento, no habrá competencia. Cristina Kirchner no generó hasta ahora un candidato propio pero forzó, eso sí, al resto, a frenar los apoyos a Kicillof ante la incógnita de cómo termina el escenario en el peronismo. Toda la dirigencia con peso territorial está paralizada. Por ahora no logró bajarlo. Es el éxito que puede mostrar Kicillof. Un año y medio después de apostar a su plan presidencial, sigue siendo candidato. Massa, con poco, se las rebusca para estar entre los candidateables. Todo puede cambiar con un pronunciamiento en Naciones Unidas que vuelva a poner a Cristina en carrera.

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En algo coinciden Milei y el peronismo. Sin opciones intermedias que se destaquen, el camino parece ser la vuelta de la polarización.

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POLITICA

Axel Kicillof cerró un acto con olor a candidatura y un mensaje a la interna: “No me interesa una construcción a control remoto”

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El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, cierra este sábado el acto del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) en Avellaneda con una convocatoria a organizar una alternativa nacional frente al gobierno de Javier Milei y dejó una definición dirigida hacia la discusión interna del peronismo: “No me interesa una construcción a control remoto”.

Ante militantes y dirigentes llegados desde distintos puntos del país, Kicillof buscó mostrar al MDF como una estructura en expansión territorial y con capacidad para articular debates programáticos. “Este no es un acto convencional. Hoy no vinimos solamente a hablar. Vinimos miles y miles de compañeros y compañeras a escucharnos, a reflexionar y a darnos fuerza. Hoy vinimos a construir”, afirmó.

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El encuentro se realizó en la sede de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Villa Domínico y reunió a dirigentes y militantes de distintas provincias. Kicillof es el orador de cierre de una jornada que comenzó con diez plenarios temáticos y que el MDF presentó como un encuentro federal, con el objetivo de ampliar su despliegue fuera de la provincia de Buenos Aires.

La actividad tuvo lugar en medio de nuevas tensiones dentro del Partido Justicialista bonaerense. En los días previos, la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, había cuestionado a Kicillof y lo acusó de dividir al PJ.

Según relató, esos encuentros estuvieron colmados de participantes y expresaron una voluntad de construir desde las bases. “Después de tanta sospecha, era más simple: las nuevas canciones se componen colectivamente”, dijo, antes de añadir que ese proceso debe desarrollarse “de abajo para arriba”.

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Kicillof recordó el lanzamiento del espacio en Los Hornos y explicó el sentido del nombre elegido. Señaló que el término “movimiento” remite a una tradición de luchas, derrotas y triunfos del peronismo, mientras que la palabra “derecho” refiere a los derechos que, según planteó, están en riesgo bajo la actual administración nacional.

También mencionó la creación de espacios sectoriales del MDF y de un centro de estudios llamado Derecho al Futuro. “Cientos y cientos de reuniones, de encuentros. Y esto, compañeros y compañeras, recién empieza”, sostuvo.

El Movimiento Derecho al Futuro presentó en Avellaneda diez comisiones de trabajo sobre distintas temáticas

El gobernador reivindicó las recorridas por otras provincias

En uno de los tramos centrales de su discurso, Kicillof enumeró sus visitas recientes a Tierra del Fuego, Chaco, Corrientes, La Pampa, Córdoba y Misiones. El objetivo, indicó, fue reunirse con estudiantes, trabajadores, empresarios, productores, comerciantes, dirigentes políticos y organizaciones sociales.

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El gobernador afirmó que encontró inquietudes similares en cada distrito: economías regionales afectadas, obras detenidas, comercios cerrados, sectores productivos sin horizonte y administraciones provinciales condicionadas por la falta de asistencia nacional.

“Para construir una alternativa nacional primero hay que escuchar a la Argentina”, afirmó Kicillof. En ese sentido, planteó que el encuentro de Avellaneda tuvo una impronta federal y cuestionó la idea de que cada provincia pueda resolver por sí sola problemas de alcance nacional.

“No me interesa una construcción a control remoto”

Kicillof vinculó las recorridas territoriales con la necesidad de elaborar una propuesta política con presencia en todo el país. “Una alternativa nacional no se construye desde una oficina”, sostuvo ante los asistentes.

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Luego lanzó una frase que concentró buena parte de la lectura política del acto: “No me interesa una construcción a control remoto. Tenemos que escuchar, tenemos que sumar, tenemos que organizar en todos los rincones de nuestra República Argentina”.

El gobernador bonaerense sostuvo que una propuesta opositora requiere planificación, participación y respaldo mayoritario. “No se va a salir de esta situación tan dramática ni con jugadas mágicas ni con improvisaciones”, expresó.

Kicillof junto a Verónica Magario, vicegobernadora de la provincia

“Cuenten conmigo”

En el tramo final de su discurso, Kicillof sostuvo que la oposición debe ofrecer una salida política frente al deterioro económico y social que atribuyó al Gobierno. Planteó que el desafío no consiste únicamente en enumerar los problemas, sino en construir una propuesta que convoque a quienes todavía no encuentran una opción.

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El gobernador afirmó que esa alternativa debe evitar “el odio” y “la nostalgia” y recuperar expectativas, en particular entre los jóvenes. Mencionó demandas como empleo, ingresos suficientes, acceso a los estudios, vivienda y la posibilidad de desarrollar un proyecto de vida. También pidió revisar las frustraciones que, según dijo, llevaron a parte de ese electorado a respaldar a Milei.

Kicillof definió al peronismo como la “columna vertebral” de esa construcción, aunque consideró que deberá sumar a sectores sociales y políticos ajenos a esa tradición. Rechazó que esa mayoría pueda surgir de acuerdos entre dirigentes y remarcó que debe construirse “desde abajo”, con participación pública.

plenario federal Avellaneda

Al referirse a una eventual reelección de Milei, advirtió sobre las consecuencias de otros cuatro años de su gestión y llamó a no esperar que el malestar económico resuelva por sí mismo el escenario político. “No cuenten conmigo para esperar sentado”, afirmó.

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Luego reforzó esa definición con una frase que funcionó como señal de proyección nacional: “Cuenten conmigo para que el año que viene la Argentina tenga una alternativa que nos deje terminar con este modelo, pero sobre todo, que nos permita empezar una etapa distinta”.

Críticas al programa económico de Milei

El mandatario centró buena parte de su intervención en críticas al gobierno de Javier Milei, al que acusó de desatender a las provincias y de aplicar un programa que afecta a la producción, el empleo, la obra pública, la educación y la salud.

“Con Milei la Argentina no solo no va bien, es exactamente al revés. En Argentina se está produciendo una verdadera catástrofe”, afirmó. También sostuvo que el país atraviesa un proceso de mayor precarización, endeudamiento de los hogares y deterioro de las condiciones de vida.

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Kicillof cuestionó el discurso oficial sobre el equilibrio fiscal y la estabilidad. “No hay estabilidad si las familias no llegan a fin de mes. No hay orden si los hogares están tapados de deuda”, planteó.

El gobernador advirtió, además, sobre el impacto social de la crisis y mencionó el crecimiento de los suicidios como un indicador que, según afirmó, no debería naturalizarse. En ese marco, describió al modelo libertario como “ignorante, entreguista e insensible”.

Hacia el cierre, dirigió un mensaje a pequeños y medianos empresarios, comerciantes e industriales afectados por la caída de la actividad. “El problema no sos vos, el problema es Milei”, concluyó.

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POLITICA

Axel Kicillof criticó duramente a Milei y aseguró que el desafío será cambiar el rumbo económico

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Al canto “¡Axel presidente!» el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, lanzó su proyecto federal de cara a las elecciones presidenciales de 2027 con fuertes críticas a Javier Milei y aseguró que el principal desafío para el futuro será “cambiar el rumbo económico”.

“Con Milei a la Argentina no solo no le va bien, se está produciendo una verdadera catástrofe. El desafío que tenemos por delante es el de cambiar el rumbo económico”, manifestó Kicillof en el marco del plenario federal de Movimiento Derecho al Futuro que se llevó a cabo en Avellaneda.

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“Hablan del equilibrio, de la estabilidad y el orden, pero no hay estabilidad si las familias no llegan a fin de mes, no hay orden si los hogares están tapados de deudas y no hay estabilidad si los negocios están vacíos y al trabajador le aumenta todo menos el ingreso. Con Milei el país está cada vez más desequilibrado, con menos derechos, menos trabajo y más endeudamiento y especulación”, afirmó el gobernador bonaerense.

Kicillof durante el acto en Avellaneda

A su vez, el mandatario provincial le apuntó al Presidente por no recorrer las provincias ni inaugurar a lo largo de su gestión ni “una obra, ni una escuela, ni un hospital”.

“Es un gobierno nacional que abandonó a las provincias, a su gente. Abandonó la idea misma de una Argentina integrada. Estamos acá porque nosotros pensamos y hacemos exactamente lo contrario”, sumó Kicillof, mientras la militancia presente cantaba “¡el que no salta votó a Milei!“.

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Además, resaltó que si bien el orden económico y social es importante, el país no se puede ordenar mediante la destrucción del aparato productivo, del sistema científico, y la educación y salud pública.

Kicillof durante el acto en AvellanedaPrensa Axel Kicillof

“Este modelo que aplican desespera, angustia y desintegra y esa desintegración está golpeando en todos lados: en los barrios familias, escuelas y trabajos”, señaló. Y agregó: “Este modelo está rompiendo los lazos sociales. Tanta desprotección está haciendo crecer el peor problema de todos: está haciendo crecer los suicidios. Nadie puede permanecer indiferente, nadie puede acostumbrarse a esa situación”.

Por otro lado, y en un mensaje enviado a la interna peronista, aseguró que no le interesa una construcción dirigida a “control remoto”.

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“No puede haber una solución provincial a una tragedia nacional, por eso, no me interesa una construcción a control remoto. Tenemos que escuchar, sumar y organizar en todos los rincones de nuestra República Argentina”, afirmó.

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Advierten que la ley por Malvinas incluye amenazas a la libertad de expresión y riesgos de censura

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El proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que el gobierno de Javier Milei envió al Congreso generó cuestionamientos por las posibles limitaciones a la libertad de expresión y de prensa y los riesgos de censura que podrían derivarse de algunos de sus artículos. La iniciativa incorpora nuevos delitos vinculados con la “desinformación masiva”, la “manipulación de la opinión pública”, la influencia extranjera y las operaciones clandestinas, con penas que parten de cinco años de prisión y, en algunos casos, llegan hasta 20. Constitucionalistas y dirigentes de la oposición consultados por Infobae advirtieron sobre tipos penales abiertos, márgenes de discrecionalidad y un eventual efecto intimidatorio que podría favorecer la autocensura.

Hay riesgos claros de censura previa a través de lo que se llama el efecto intimidante”, afirmó el constitucionalista Andrés Gil Domínguez, quien cuestionó la combinación entre definiciones que considera indeterminadas y sanciones penales elevadas. “El miedo a un tipo penal de estas características. Vos empezás a cuidar lo que vas a decir”, explicó.

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El principal punto de controversia está en el artículo 111 del proyecto, que propone incorporar un nuevo artículo 225 bis al Código Penal. La norma establece entre cinco y doce años de prisión para quien, actuando por cuenta, orden o financiamiento total o parcial de un Estado extranjero, una organización o un agente extranjero, procure alterar procesos electorales o “manipular la opinión pública mediante campañas coordinadas de desinformación masiva”. La pena aumenta a ocho a quince años cuando la conducta se comete mediante amenazas, sobornos, coerción o utilización de estructuras criminales.

La discusión sobre la libertad de expresión también abarca el artículo 88, que contempla como infracción contra la Seguridad Nacional determinadas conductas vinculadas con un Estado u organización extranjera que interfieran, mediante medios “clandestinos, engañosos o coercitivos”, en el proceso decisorio de las autoridades argentinas. El artículo 90 convierte al Consejo de Seguridad Nacional en autoridad de aplicación de ese régimen y el artículo 97 le permite tomar medidas urgentes frente a una amenaza considerada “grave e inminente”, incluso antes de que se inicie formalmente un procedimiento sancionatorio.

Desde el Gobierno aclararon que la aplicación de esos artículos solo apunta respecto de “quien actúa por cuenta y orden de un Estado u organización extranjera para generar campañas de desinformación masivas en el territorio” y resaltaron que la iniciativa “no tiene nada que ver con perseguir al periodismo”.

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“Se deberá demostrar que la campaña fue masiva, y que se actuó por cuenta y orden de un Estado extranjero o con su financiamiento”, destacaron.

El proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional deberá discutirse en Diputados (RS Fotos)

Las dudas sobre la definición de desinformación

Más allá de las aclararciones oficiales, el cuestionamiento central apunta a quién determinará qué constituye “desinformación”, cuándo una campaña busca “manipular la opinión pública”, qué convierte un mecanismo de comunicación en “engañoso” y cuáles serán los parámetros para definir una amenaza a la Seguridad Nacional. Esas preguntas adquieren relevancia por la escala de las sanciones: una interpretación sobre esos conceptos puede abrir una investigación por delitos cuyo mínimo es de cinco años de prisión.

La figura del artículo 111 exige expresamente una conexión con el exterior. El imputado debe actuar por cuenta, orden o con financiamiento total o parcial de un Estado, organización o agente extranjero. Ese elemento restringe el universo de conductas alcanzadas. Sin embargo, para los especialistas consultados por Infobae, la norma no define qué condiciones convierten información falsa o controvertida en una “campaña coordinada de desinformación masiva” ni qué elementos permiten demostrar que una persona procuró “manipular la opinión pública”.

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Gil Domínguez señaló que esa falta de precisión entra en tensión con uno de los principios centrales del derecho penal.

“Es un tipo penal abierto, indeterminado, que va en contra de lo que es el principio de legalidad penal, que los tipos penales tienen que ser taxativos, cerrados”, sostuvo.

El constitucionalista cuestionó además la relación entre la conducta descripta y la magnitud de la pena prevista.

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Penas previstas y efecto intimidatorio

“Esto de manipular la opinión pública a través de desinformación masiva, con un nivel de penas muy elevado, es casi la misma pena que el homicidio”, señaló.

La comparación requiere una precisión. El homicidio simple tiene actualmente una escala de ocho a 25 años de prisión. La figura agravada incluida en el proyecto tendría entre ocho y 15 años. Ambas comparten, por lo tanto, un mínimo de ocho años, aunque sus máximos son diferentes. El Código Penal vigente establece, además, entre cinco y 10 años para la extorsión y entre cinco y 15 para el secuestro extorsivo. Las comparaciones permiten dimensionar las escalas de castigo, aunque se trate de delitos de naturaleza distinta.

Para Gil Domínguez, el problema constitucional excede la proporcionalidad de las penas.

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Me parece que es un tipo penal que desde el punto de vista formal es inconstitucional. Y desde el punto de vista sustancial, afecta a lo que es la libertad de expresión de un sistema democrático”, afirmó a Infobae.

Su principal advertencia está relacionada con el efecto que una norma penal puede producir antes de cualquier condena. “No es porque te está prohibiendo expresarte, sino porque te genera el daño a expresarte. El daño a criticar. El daño a ser opositor”, sostuvo.

El constitucionalista identifica ese fenómeno como un efecto intimidatorio: la posibilidad de enfrentar una investigación o una pena modifica anticipadamente aquello que una persona está dispuesta a decir, investigar o publicar.

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De allí surge su referencia directa a la censura previa. “Es censura previa, a través de lo que se llama el efecto intimidante”, insistió.

Para un medio o un periodista, el interrogante tiene una dimensión particular. La actividad periodística supone recibir información de fuentes de distinta procedencia, mantener contactos internacionales, publicar investigaciones que pueden afectar intereses políticos, económicos o diplomáticos y difundir datos cuya veracidad puede ser controvertida por las personas involucradas. La discusión jurídica que abrirá el Congreso será hasta dónde puede llegar una figura penal relacionada con la desinformación sin condicionar esas actividades.

El constitucionalista Félix Lonigro, también consultado por Infobae, planteó una advertencia en la misma dirección. “Es grave porque, leyendo un proyecto de ley que tiene que ver con la defensa de soberanía nacional, uno se encuentra con esta sorpresa que pareciera nada que ver con el tema de la soberanía”, sostuvo.

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Lonigro cuestionó la posibilidad de que una autoridad determine qué información desinforma.

“¿Entonces a quién se pretende castigar? A los que de pronto, con algún tipo de información o simplemente el que critica, dando datos que al Gobierno le parece que desinforman”, afirmó. “Por ese motivo te podrías ligar una denuncia penal por incumplimiento de este artículo”, agregó.

Para Lonigro, el problema reside en “una descripción insólita, de una conducta ambigua” que puede otorgar al Gobierno “un instrumento para perseguir, para condicionar la libertad de expresión”.

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El constitucionalista relacionó además esa preocupación con la evolución de las garantías de expresión frente al poder político en la Argentina y recordó la eliminación de la figura del desacato. “Eso es un retroceso”, afirmó.

También cuestionó la graduación de las penas: “Que a este proyecto de figura delictiva le pongan una pena de cinco a doce años […] es una cosa inexplicable”.

Durante la conversación con Infobae, Lonigro comparó esa escala con la prevista para la defraudación contra la administración pública. Esa figura establece actualmente una pena de dos a seis años de prisión, mientras que el delito propuesto para las campañas de desinformación tendría un mínimo de cinco. Y recordó que Cristina Kirchner, por en la causa Vialidad, recibió ese máximo.

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El capítulo incorpora además otros delitos relacionados con información y operaciones de inteligencia extranjera.

El artículo 109 prevé entre cinco y 15 años para determinadas conductas relacionadas con la transmisión o entrega de secretos a un Estado extranjero, un servicio de inteligencia extranjero o una persona que actúe por cuenta de ellos. La escala se eleva a ocho a 20 años durante un conflicto armado, una agresión extranjera o cuando la conducta se realice en beneficio directo de un Estado enemigo.

El artículo 110 establece entre tres y 10 años de prisión para quien, con conocimiento de su naturaleza y finalidad, proporcione deliberadamente recursos, documentación, identidades, instalaciones, medios técnicos u otro apoyo material relevante a una operación clandestina de inteligencia desarrollada por cuenta de un Estado extranjero.

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Esas figuras contienen requisitos específicos que las diferencian del ejercicio periodístico: exigen conocimiento sobre la operación clandestina, colaboración material y vinculación con actividades de inteligencia extranjera. Sin embargo, la inclusión en el mismo capítulo de una figura construida alrededor de la “desinformación” y la “manipulación de la opinión pública” reforzó las advertencias sobre la necesidad de delimitar con precisión cada conducta.

Otro de los constitucionalistas consultados por Infobae, Diego Armesto, se refirió al uso reiterado de la palabra “amenaza” en el proyecto.

“Hay cosas que hacen ruido, porque con la modificación del Código Penal se permite un cierto grado de discrecionalidad al funcionario o al Ejecutivo”, sostuvo. “La amenaza es un concepto muy ambiguo. ¿Qué es amenaza para un funcionario, para un abogado o para un periodista?”, agregó.

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Armesto marcó una diferencia con la noción de “agresión”, que considera más concreta y susceptible de comprobación objetiva.

“La agresión es más concreta. Vos la podés comprobar. Acá habla mucho de amenazas”, afirmó a Infobae.

Para el especialista, la cuestión adquiere importancia porque la determinación inicial quedará dentro del Poder Ejecutivo.

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“Queda en cabeza del funcionario o el Poder Ejecutivo o del organismo que crean como órgano de aplicación. Entonces eso abre un cierto margen de discrecionalidad que puede afectar otros derechos”, advirtió.

Fotografía de archivo del cartel de bienvenida a las Islas Malvinas en el muelle en Stanley (Islas Malvinas). EFE/Felipe Trueba/Archivo

Ese organismo es el Consejo de Seguridad Nacional, que el proyecto convierte en órgano rector del nuevo sistema y cuya presidencia corresponderá al Presidente. La iniciativa le concede facultades para requerir información de organismos públicos y le asigna la aplicación del régimen sancionatorio del Título IV.

Las sanciones administrativas incluyen multas de entre 30.000 y 180.000 UVA, revocación de autorizaciones, permisos, habilitaciones, concesiones o contratos, impedimentos para contratar con el Estado, pérdida de beneficios fiscales e inhabilitación para intervenir en sectores vinculados con la Seguridad Nacional.

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Además, ante una amenaza “grave e inminente”, el artículo 97 permite restringir operaciones de cambio, transferencias y pagos, bloquear temporalmente activos, suspender permisos y concesiones y adoptar otras medidas antes de la apertura formal del procedimiento sancionatorio.

El proyecto establece mecanismos de defensa y revisión judicial. El investigado deberá poder conocer los hechos esenciales de la imputación, presentar un descargo, ofrecer pruebas y obtener una resolución fundada. La norma admite restricciones de acceso cuando exista información clasificada o cuando su difusión pueda comprometer la Seguridad Nacional, derechos de terceros o investigaciones en curso.

Las sanciones y medidas urgentes podrán ser recurridas judicialmente. Sin embargo, la interposición de esos recursos no suspenderá automáticamente los efectos del acto impugnado.

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Las objeciones también fueron planteadas en el Congreso.

El diputado Nicolás Trotta (Unión por la Patria), vicepresidente de la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara baja, expresó a Infobae su preocupación por el alcance del proyecto y advirtió que la amplitud y falta de precisión del nuevo tipo penal podría transformarlo en “una herramienta de censura y persecución” contra opositores, periodistas y medios de comunicación. Cuestionó además que esas disposiciones hayan sido incorporadas dentro de una iniciativa vinculada con Malvinas y sostuvo que podrían derivar tanto en “censura previa” como en mecanismos posteriores de “persecución e intimidación”.

Trotta anticipó que trabajará para que esos artículos sean rechazados durante el debate parlamentario y adelantó que buscará que la Comisión de Libertad de Expresión analice específicamente el capítulo. Señaló que la comisión, presidida por La Libertad Avanza, sólo realizó este año su reunión constitutiva y que la oposición ya organizó encuentros informales con entidades periodísticas. “Vamos a pedirle primero a la presidencia que convoque” para discutir estas disposiciones y, si eso no ocurre, los diputados opositores impulsarán una nueva reunión por su cuenta, afirmó.

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La diputada Mónica Frade, de la Coalición Cívica y que también integrante de la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara baja, cuestionó la iniciativa en declaraciones realizadas a Infobae.

“El proyecto encubre intereses que nada tienen que ver con el título del Proyecto, ni la soberanía, ni la defensa de Malvinas. Introduce un nuevo tipo penal, el de la ‘desinformación’, además de resultar un instrumento de control político, profundizará la autocensura en un contexto de ataque sistemático a periodistas y opositores”, afirmó.

Frade vinculó además sus objeciones con el artículo 18 de la Constitución: “Sus tipos penales vagos y abiertos afectan la garantía de defensa. Es un proyecto inconstitucional”.

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La palabra utilizada por la diputada, “autocensura”, coincide con una de las consecuencias que los constitucionalistas consultados observan ante la amenaza de sanciones penales elevadas: la decisión de limitar preventivamente una expresión para evitar la posibilidad de ser investigado.

A esas objeciones se sumaron públicamente otros dirigentes opositores. El diputado de la Coalición Cívica Maximiliano Ferraro advirtió que la norma podría convertirse en una herramienta penal de “persecución política” y cuestionó la amplitud del nuevo delito relacionado con la desinformación. El radical Pablo Juliano también expresó reparos sobre la posibilidad de que acusaciones políticas sobre operaciones o intentos de desestabilización puedan transformarse, a partir de una interpretación amplia de la nueva figura, en denuncias penales.

El Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) planteó una advertencia institucional sobre el artículo. La organización reclamó una delimitación taxativa de expresiones como “manipular la opinión pública” y “desinformación”, y pidió incorporar garantías específicas para proteger opiniones, informaciones y críticas comprendidas dentro de la libertad de expresión.

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Frente a esos cuestionamientos, fuentes oficiales explicaron a Infobae que el proyecto fue diseñado dentro del funcionamiento institucional previsto por la Constitución y que las decisiones que adopte el Poder Ejecutivo o el Consejo de Seguridad Nacional estarán sujetas al control judicial. En el Gobierno rechazan que el nuevo organismo pueda actuar como un poder independiente o sin límites y sostienen que las medidas previstas forman parte de un régimen administrativo sancionatorio, con procedimientos, derecho de defensa y posibilidad de revisión ante la Justicia. La posición oficial es que, en última instancia, será el Poder Judicial el que podrá controlar y eventualmente revertir las decisiones que adopte la administración.

Las mismas fuentes señalaron que las facultades incorporadas al proyecto buscan responder a amenazas externas que cambiaron de naturaleza y que ya no se limitan a una agresión militar convencional. Según explicaron, los nuevos riesgos incluyen operaciones clandestinas, acciones de influencia extranjera y otras amenazas denominadas “no cinéticas”, que pueden afectar decisiones estratégicas, procesos institucionales o intereses nacionales sin recurrir a un enfrentamiento armado. Para el Gobierno, ese cambio obliga a actualizar las herramientas legales disponibles y a establecer mecanismos de coordinación entre distintos organismos del Estado.

Desde la Casa Rosada sostienen además que esas atribuciones deben analizarse junto con los controles democráticos e institucionales vigentes. Señalan que las medidas administrativas podrán ser discutidas judicialmente, que el Congreso tendrá la posibilidad de modificar y precisar el proyecto durante su tratamiento y que varias de las herramientas incorporadas tienen antecedentes en legislaciones de otros países, particularmente en materia de seguridad nacional.

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El proyecto se encuentra ahora en manos del Congreso, que deberá definir el contenido definitivo de esas figuras. El debate incluirá la precisión con la que quede definido el concepto de desinformación, los requisitos para acreditar una campaña coordinada, la prueba del vínculo con un Estado, organización o agente extranjero, la proporcionalidad de las penas, las facultades del Consejo de Seguridad Nacional y las salvaguardas para evitar afectaciones sobre periodistas, medios, dirigentes y ciudadanos.

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