ECONOMIA
El “Jano económico” argentino: dos caras, un mismo cuerpo
En la mitología romana, Jano era el dios de las dos caras: una miraba hacia el pasado y la otra hacia el futuro. Hoy la economía argentina encarna esa figura bifronte. Una cara, moderna y ambiciosa, mira hacia afuera: los mercados globales, las materias primas y la inversión extranjera. La otra, fatigada y preocupada, mira hacia adentro: el mercado doméstico, las pymes y el conurbano bonaerense.
Esta dualidad no es un accidente coyuntural, sino el reflejo de una transición estructural: de una economía proteccionista y cerrada a otra que se abre al comercio, estabiliza variables macroeconómicas y busca una inserción competitiva en el mundo.
La cara orientada hacia afuera se muestra más dinámica. En 2025, el PBI creció alrededor del 4,4%, impulsado principalmente por minería (litio y cobre), petróleo y gas de Vaca Muerta, agro y ganadería, y servicios de economía del conocimiento. Argentina pasó de un déficit de USD 5.000 millones en 2022 a un superávit de USD 7.815 millones en 2025, y se proyecta que será aún mayor en 2026.
Transición estructural: de una economía proteccionista y cerrada a otra que se abre al comercio, estabiliza variables macroeconómicas y busca una inserción competitiva
El litio atrae inversiones millonarias, el agro apunta a cosechas récord y las exportaciones de software y servicios continúan en expansión. Provincias como Neuquén, Catamarca, Jujuy y Santa Cruz atraviesan un ciclo de ingreso de divisas, empleo calificado y obras de infraestructura. Esta cara respira globalización: precios internacionales de materias primas, contratos con grandes empresas estadounidenses y chinas, y un superávit comercial que fortalece las reservas.
La cara orientada hacia adentro, en cambio, muestra desgaste. En el AMBA y en el centro industrial (Córdoba, Rosario), la industria manufacturera, el comercio minorista y la construcción siguen deprimidos. El consumo masivo no repunta plenamente, las ventas en supermercados acumulan caídas y el empleo formal privado se resiente. La actividad crece en los sectores exportadores, pero el traslado al resto de la economía es lento y todavía no se percibe con fuerza. Es la conocida economía a dos velocidades, o recuperación en “K”: una rama asciende y la otra se arrastra.

¿Por qué, en una economía que deja atrás el proteccionismo, estabiliza la inflación (cerró 2025 en 31,5%, la más baja en ocho años), unifica y estabiliza el tipo de cambio y reduce las tasas de interés reales, la mejora del mercado doméstico demora tanto?
La respuesta tiene raíces teóricas. Arthur Lewis, en su modelo de economía dual (1954), describió la coexistencia entre un sector moderno (capital-intensivo, alta productividad, orientado a exportaciones) y un sector tradicional (exceso de mano de obra, baja productividad, orientado al consumo interno). El primero absorbe recursos y crece; el segundo tarda más en modernizarse. En Argentina, el sector moderno se concentra en el interior productivo; el tradicional, en el AMBA.
En Argentina, el sector moderno se concentra en el interior productivo; el tradicional, en el Área Metropolitana de Buenos Aires
A esto se suma la “enfermedad holandesa” (Dutch Disease), conceptualizada por Corden y Neary (1982). Un boom de recursos naturales genera entrada de dólares que aprecia el tipo de cambio real, encarece los costos de la industria manufacturera y reduce su competitividad. Los sectores no transables (servicios internos) también sufren por la reasignación de recursos hacia el boom. Argentina lo vivió históricamente y lo enfrenta otra vez: Vaca Muerta y el litio aportan divisas, pero afectan de manera transitoria a parte de la industria local.

La estabilización macroeconómica -déficit cero, desinflación y apertura- resulta costosa durante la transición. Cuando se corrigen distorsiones acumuladas por décadas (subsidios, regulaciones, emisión), el ajuste impacta primero en el consumo interno y en sectores que dependían de protección.
La “destrucción creativa” de Schumpeter entra en acción: cierran o se reconvierten empresas poco competitivas, mientras aparecen otras en clústeres exportadores. El crédito recién comienza a fluir, los salarios reales se recuperan con lentitud y la confianza de los consumidores tarda en consolidarse. Por eso el mercado doméstico reacciona después: la macro puede ordenarse antes de que la microeconomía termine de reacomodarse.
La macro puede ordenarse antes de que la microeconomía termine de reacomodarse
¿Qué debería ocurrir para que Jano oriente sus dos caras hacia un mismo horizonte?:
- Un derrame productivo. Los dólares de Vaca Muerta y el litio deben impulsar no solo exportaciones “puras”, sino también cadenas de valor: petroquímica, baterías de litio, gas natural licuado, procesamiento agroindustrial y software aplicado a la industria. Hace falta un plan de industrialización inteligente, como sugieren ejecutivos de Evonik: aprovechar la riqueza shale para desarrollar proveedores locales y clústeres.
- Reconversión laboral y regional. Programas de capacitación a escala para trasladar mano de obra del AMBA hacia sectores de mayor productividad, junto con infraestructura que conecte el interior con puertos y centros urbanos. La apertura comercial debería ser gradual y selectiva, con salvaguardias temporales y acuerdos que abran mercados para productos de valor agregado.
- Institucionalidad estable. Mantener el ancla fiscal y monetaria es una condición necesaria, pero no suficiente. Se requiere previsibilidad regulatoria, reducción de costos internos (energía, logística, impuestos) y mejoras sostenidas en capital humano para elevar la productividad. Si el dinamismo exportador logra contagiar al mercado interno, Jano dejará de ser una figura dividida. Si no, se profundizarán brechas regionales y sociales que pondrán en tensión la sustentabilidad política del modelo. La Argentina de 2026 crece, pero todavía a dos velocidades. La oportunidad es convertir esa dualidad en sinergia: que el impulso externo también se traduzca en recuperación puertas adentro.
- El autor es Analista Económico y director de la consultora Focus Market
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ECONOMIA
A cuánto podría llegar el dólar en agosto sin la intervención del Gobierno, según el nuevo techo de la banda cambiaria
La inflación registrada en junio definió el nuevo techo para la banda cambiaria de agosto. Con los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), ya es posible establecer hasta qué valor puede avanzar el dólar mayorista durante el mes corriente antes de que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) deba intervenir en el mercado de cambios.
El sistema actual establece que el límite máximo para la cotización mayorista del dólar, que obliga al BCRA a intervenir si se supera, se actualiza cada mes tomando como referencia el Índice de Precios al Consumidor (IPC) difundido por el Indec. Sin embargo, la actualización no es inmediata: existe un desfase de dos meses entre la publicación del índice y su incorporación a la banda cambiaria.
En la práctica, esto implica que la inflación de junio —publicada en julio— determina el tope de la banda para agosto. El mecanismo funcionó de igual manera en períodos anteriores: la inflación de abril determinó el límite de junio, y la de mayo, el de julio.
El nuevo techo del dólar
Según el Indec, la inflación de junio alcanzó el 1,9 por ciento. Este porcentaje, aplicado sobre el techo de julio, fijado en $1.845,28, lleva el máximo permitido para la banda a $1.879,97 para finales de agosto. El ajuste representa una suba de poco más de $34 respecto al valor anterior.
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Si se compara con el ajuste previo, el incremento de agosto resulta más moderado. En abril, la inflación fue del 2,6%, lo que elevó el límite de la banda de mayo ($1.764,15) primero a $1.806,45 en junio y después a $1.845,28 en julio, un incremento de poco más de 42 pesos. La desaceleración en el índice de precios de junio se traduce en un aumento más contenido en el valor máximo que puede alcanzar el tipo de cambio.
Si el dólar mayorista superara los $1.879,97 al cierre de agosto, correspondería que el BCRA intervenga en el Mercado Libre de Cambios (MLC) para mantener la cotización dentro del rango establecido. Considerando el valor actual del dólar mayorista, sería necesario un incremento de $384,97 para alcanzar el techo previsto para el mes próximo. El objetivo de este esquema es evitar movimientos bruscos en el tipo de cambio y sostener la estabilidad en el mercado cambiario, por lo que el Gobierno buscaría contener una escalada de esa magnitud.
El dólar comenzó agosto en alza
Con un volumen negociado de USD 513 millones en el segmento de contado, el dólar mayorista cerró el lunes con una suba de diez pesos, equivalente al 0,7%, y alcanzó los 1.495 pesos. En lo que va de 2026, el tipo de cambio oficial muestra un alza de solo 40 pesos, es decir, 2,7%, mientras la inflación acumulada en ese periodo habría superado el 18 por ciento. El 28 de julio, el dólar mayorista registró un máximo nominal de $1.498 al cierre.
El Banco Central fijó el límite superior de la banda cambiaria en 1.848,23 pesos, lo que ubica al dólar mayorista a 353,23 pesos o un 23,6% por debajo de ese tope.
Con el comienzo de agosto y la presión sobre el segmento mayorista, la cotización al público también subió cinco pesos o 0,3%, situándose en $1.515 para la venta según la cotización de referencia del Banco Nación. Por su parte, el dólar blue descendió cinco pesos, hasta los 1.555 pesos.
A diferencia de lo ocurrido con el mayorista, todos los contratos de dólar futuro cerraron con leves retrocesos entre 0,2% y 0,5%, con un volumen negociado superior a los USD 1.000 millones, de acuerdo con datos de A3 Mercados. La posición más negociada, con vencimiento a fines de agosto, disminuyó tres pesos o 0,2%, y se ubicó en 1.512 pesos.
ECONOMIA
Cepo más flexible: las empresas aceleraron el giro de dividendos y utilidades al exterior en el primer semestre
La flexibilización del cepo cambiario de abril de 2025 le permitió a las empresas girar dividendos que se fueran generando desde inicios de ese año. Aquella decisión, que en la práctica permitió un mayor acceso al mercado cambiario para las personas jurídicas, empezó a impactar con más fuerza recientemente.
Según se desprende del balance cambiario divulgado por el Banco Central de la República Argentina (BCRA), las empresas giraron al exterior un total de USD 1.015 millones al exterior solo en junio. Se trató de una cifra récord que no se registraba desde el 2010 y en lo que va del año la cifra supera los 2.600 millones de dólares.
Los sectores que lideraron en junio ese giro de utilidades y dividendos a sus casas matrices fueron Energía (por un total de USD 165 millones), alimentos, bebidas y tabaco (USD 135 millones), minería (USD 125 millones) y entidades financieras” (USD 112 millones).
En buena medida los dólares se obtienen directamente en el mercado cambiario oficial. Eso significa que para el giro de utilidades las empresas no tienen que acudir a otros mecanismos como la compraventa de bonos argentinos para acceder al contado con liquidación.

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Esa mayor demanda de dólares es lo que en buena medida estaría explicando la suba del tipo de cambio oficial de junio, cuando subió más de 5%, pasando de $ 1.430 a 1.500 pesos. En julio la suba fue casi imperceptible, finalizando 1.520 pesos.
El año pasado las empresas habían quedado habilitadas acceder al mercado oficial de cambios para girar dividendos a accionistas no residentes, pero únicamente respecto de utilidades correspondientes a ejercicios iniciados a partir del 1 de enero de 2025.
Para los dividendos correspondientes a ganancias de ejercicios anteriores que no quedaron liberados automáticamente, el Gobierno mantuvo mecanismos específicos, como la posibilidad de utilizar bonos BOPREAL para canalizar esas obligaciones.
Esta modificación fue considerada uno de los cambios más relevantes del relajamiento del cepo porque resolvió una de las principales preocupaciones de las empresas multinacionales que operaban en Argentina: la imposibilidad de repatriar utilidades generadas bajo el nuevo régimen.
Otro de los datos destacados del balance cambiario es que la compra de dólares por parte del público llegó a poco más de USD 2.000 millones en junio. De ese monto, USD 800 millones quedaron depositados en los bancos, es decir alrededor del 40% del total.
Los compradores fueron 1,5 millones de personas, una cifra que se mantiene relativamente estable en lo que va del año. Y el acumulado del primer semestre arroja USD 13.500 millones adquiridos para atesoramiento. Esta cifra no impidió, sin embargo, que el Central compre alrededor de USD 11.300 millones ese primer semestre, cifra que aumentó en cerca de USD 2.000 millones adicionales en julio.
Desde la consultora LCG destacaron que la cuenta corriente cambiaria arrojó superávit en junio de USD 857 millones y lo hizo por tercer mes consecutivo. “Aun cuando en la segunda mitad del año la estacionalidad (cada vez menor) de las exportaciones podría volver más modesto el resultado de la cuenta corriente, esperamos que el año cierre con un superávit menor, en torno a 0,1% del PBI”, explicaron. “La posibilidad de las empresas de remitir utilidades y dividendos y el rojo por servicios (básicamente turismo) seguirán siendo los factores que pongan un límite a la mejora”, sumaron los analistas.
Una de las principales incógnitas para los próximos meses es a qué ritmo podrá comprar dólares el Central, pero se estima que será un volumen sustancialmente menor. Ayer, en el arranque del mes fueron solo USD 18 millones, mientras que las reservas brutas llegaron a 49.376 millones de dólares.
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ECONOMIA
Tras 19 subas mensuales consecutivas, la mora dejó de crecer en junio: cómo siguen los problemas de deuda de los argentinos



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