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POLITICA

El Senado inició el debate sobre cambios en salud mental: se invitará a expositores

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Un plenario de comisiones del Senado inició esta tarde el debate para modificar la normativa vigente de salud mental que envió el Ejecutivo libertario. Durante el convite, la oposición reclamó la presencia de un lote de expositores que, con aval oficialista, desliza un trámite lento para el proyecto en cuestión.

El plenario estuvo a cargo de la mileísta y presidenta de la comisión de Salud, Ivanna Arrascaeta (San Luis). La disertante que aterrizó por el Gobierno fue la directora de abordaje integral de salud mental, Liliana González. “Después de 15 años de sancionada la ley, podemos concluir que, de esta forma, no funciona adecuadamente”, aseguró.

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La funcionaria explicó que el texto es fruto de decenas de diálogos con “pacientes, familiares, ONGs, las 24 jurisdicciones” y, además, con “todos los casos de dominio público” sobre la mesa.

Según González, los cambios apuntan a “evitar casos trágicos de suicidios y severas agresiones a terceros por la imposibilidad de recibir el tratamiento adecuado”. De allí la necesidad de las internaciones involuntarias y el “concepto de prevención, rehabilitación y recuperación como el primer nivel de atención”.

Tras ello, explicó conceptos más puntuales para evitar diagnósticos imprecisos y subjetivos. En particular, puso especial énfasis en la “conformación de un equipo interdisciplinario, que debe tener psiquiatras” para “diagnosticar cuadros orgánicos de salud mental”.

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La directora de abordaje integral de salud mental del Ministerio de Salud, Liliana González

La idea del Gobierno es que, ante el apuro para tomar una decisión y, en caso de que un médico clínico se encuentre ante una situación de ese estilo, en 24 horas aparezcan lineamientos de dicho equipo. Otro punto que mencionó, ante sistemas ambulatorios, es que un juez pueda seguir todo -tras la intervención inicial en un caso grave- por seis meses.

En tanto, González dejó en claro la importancia de las familias, con expedientes donde no aparecen para retirar a internados, y de la no eximición del derecho a cuidados, con responsables que muchas veces intentan desligarse con la excusa de haber pagado una obra social.

Otros datos que dio la funcionaria: hay 6.632 camas de salud mental, o 14,5 cada 100.000 habitantes. Para la OCDE, lo adecuado son 60. En Italia, esa cifra da 9; en Alemania, 135. Anticipándose a las preguntas del kirchnerismo sobre el presupuesto destinado, deslizó: “Se reclama el 10%, pero ningún gobierno pudo alcanzarlo”.

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Observaciones

“Son 18 las provincias que rechazan la modificación de la ley”, dijo la cristinista y médica Lucía Corpacci (Catamarca), que fue la primera que solicitó la presencia del Consejo Federal de Salud. “Los citaron a un encuentro, comentaron la ley y, a los tres días, la presentaron en el Congreso”, advirtió.

Corpacci no olvidó mencionar el embrollo actual sobre el financiamiento -en general- del sistema sanitario y puntualizó en el hospital Laura Bonaparte. Coincidió en ello su colega de interbloque Fernando Salino. En ese sentido, sumó: “Fue cruento”.

La primera reunión plenaria para debatir cambios a la vigente ley de salud mental se realizó en el Salón Azul de la Cámara alta

Por su parte, la jefa libertaria en la Cámara alta, Patricia Bullrich, reflexionó que “esta ley propone mecanismos ágiles, no burocráticos, para resolver más rápido situaciones urgentes”. Y conjeturó: “Analicen desde la vida de la gente que sufre, que muere o que hoy no tiene mecanismos frente a situaciones terribles. Ahí está el sentido de esta reforma”.

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González estuvo acompañada por Hernán Rizzuti, de la Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina, quien remarcó que el proyecto ayudará “especialmente a los -casos- más vulnerables”.

Novela diplomática

Durante la mañana, la comisión de Acuerdos logró dictaminar las demoradas listas de ascensos diplomáticos de 2024 y 2025, la cuales derivaron en un hervidero en la Cancillería. Como contó Infobae, algunos nombres quedaron en el camino.

Eran 43 los postulantes que aguardaban el aval para la suba de categoría. Del total, 27 consiguieron ingresar al despacho de mayoría, ya listo para una eventual sesión. Ello no quita que, en el recinto, alguno se caiga.

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De hecho, en Cancillería continuaba anoche la novela por estos pliegos, con un enojo más que elevado de un importante funcionario sobre las presiones para la nómina 2026, aún no enviada por la Casa Rosada.

Las autoridades de la comisión de Acuerdos: Juan Carlos Pagotto (LLA), Maximiliano Abad (UCR) y Martín Goerling (PRO)

La comisión de Acuerdos, que maneja el oficialista Juan Carlos Pagotto (La Rioja), pudo ser completada en las últimas horas: el radical Maximiliano Abad (Buenos Aires) ya es su vice, mientras que el jefe del PRO en la Cámara alta, Martín Goerling (Misiones), aterrizó en la secretaría.

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POLITICA

Milei contra el sistema: gol del sistema

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En su agonía como político, Manuel Adorni esbozó una definición de sí mismo que sobrevive como el epitafio de una época. “Yo soy un pedazo de Milei”, le dijo a Alejandro Fantino en una charla que salió al aire el 7 de mayo. Su salida del poder le hace honor involuntario a esa idea que pronunció para darse importancia. Con él fuera se cierra la fase antisistema del gobierno libertario.

La resolución de la crisis mostró una faceta ya conocida de Milei: es habitual que priorice tener razón a lograr sus objetivos, pero se rinde al pragmatismo cuando ve muy cerca la pared. Al entregar a Adorni hizo algo más. Aceptó el consejo de quienes le piden desde hace tiempo que se allane a las leyes de la política, que busque acercarse a quienes quieren ayudarlo y trate de tranquilizar el clima social.

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Le toca convertirse en la contracara del León que venía a poner patas arriba el sistema. Al borde del rugido, decía en febrero de 2024, en los inicios de su presidencia: “Los que hablan de consenso son unos corruptos. ‘Viva el consenso’ es ‘viva la corrupción, viva el toma y daca, viva la entrega de cargos a cambio de plata’. Nosotros no estamos dispuestos a hacer política de esa manera mugrosa”.

Diego Santilli llega con el ímpetu de un domador. Dejemos que Milei explique por qué lo eligió: “Gran parte del trabajo tiene que ver con trabajar con los gobernadores. Se requiere músculo político y él es un gran trabajador, conoce bien el oficio, tiene mucho oficio político”. Al decirlo parecía corroborar que un pedazo de él se iba con Adorni.

Adorni: «Yo soy un pedazo de Milei»

Una comitiva de 13 jefes provinciales respondió al llamado de Santilli para darle sentido a su jura como ministro coordinador. Posaron en la foto como quien dice “acá estamos”.

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Muchos de ellos habían sufrido en silencio a Adorni cuando intentaba enseñarles las normas de la nueva era. Los recibía -como les pasó también a empresarios e inversores- repantigado en el sillón y dispuesto a recitarles el pliego de condiciones. “Tienen que entender que ahora las cosas cambiaron”, era una frase que a menudo le atribuían los que salían de la Casa Rosada con las manos vacías.

Los gobernadores, en la jura de SantilliCaptura

En Santilli, en cambio, encuentran un lenguaje común. Su ascenso les abre la esperanza de obtener lo que necesitan para gobernar en paz y blindar el territorio que les toca en las elecciones del año que viene. Imaginan un pacto de asistencia mutua y no agresión, que todavía no se concretó pero que huelen en el aire.

La promesa de sosiego es explícita. Al dialoguismo existencial de Santilli se suma la vocación del nuevo vocero, Adrián Ravier. Es el antiAdorni: habla pausado y sin altanería, lee en lugar de improvisar y esquiva los temas que desconoce.

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Adrián Ravier encabezó su primera conferencia de prensa como nuevo vocero del gobierno de Javier MileiPresidencia

Semejante transformación no altera las dinámicas internas del gobierno libertario, cruzadas por la pelea entre Karina Milei y Santiago Caputo, los dos “hermanos” del Presidente. Continuidades.

La sombra del Pro

El nuevo esquema, de afianzarse, acomoda a La Libertad Avanza (LLA) al electorado que hoy representa. El Milei de 2021 y 2023 fue un fenómeno transversal, plebeyo, rupturista, que basó su éxito en gran medida a que pisó fuerte en zonas de raíz peronista. Al cabo de dos años en el poder, la radiografía de sus apoyos resultó mucho más nítida. El voto libertario de las legislativas de octubre guarda una correlación casi perfecta con el de Juntos por el Cambio en sus mejores épocas.

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Después de quedarse con el votante del Pro, ¿por qué no “ser” el Pro? El Gabinete ya tiene mayoría clara de exfuncionarios del gobierno macrista. Solo Sandra Pettovello y Mario Lugones sobreviven de la generación inicial de ministros que venían de fuera de la profesión política.

La crisis de Adorni y las fragilidades de la economía alimentaron la esperanza de algunos sectores empresariales y partidistas de construir una alternativa electoral que “preserve el rumbo liberal”. Al entronizar a Santilli, el Presidente busca revertir la situación: en lugar del “mileísmo sin Milei” alumbra un “macrismo sin Macri”.

Es un modelo clásico en el que la estridencia queda reservada a Milei. “Seremos el Pro con guitarra eléctrica”, bromea un diputado libertario de larga experiencia.

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Milei, en 2024: "El consenso es corrupción"
Milei, en 2024: «El consenso es corrupción»

El discurso presidencial ya no registra inflexiones que popularizó Adorni en sus días dorados, como “los amarillos fracasados” para aludir al Pro. Milei concentra sus críticas en la figura de Macri, a quien esta semana acusó de haber estafado a los argentinos con el llamado reperfilamiento de la deuda pública del tramo final de su mandato, en 2019.

La dinámica de la etapa que arranca conduce a un tablero político otra vez dominado por la polarización. Con el oficialismo libertario, ampliado por la anuencia de gobernadores aliados, de un lado, y el peronismo de matriz kirchnerista, del otro (si puede salir airoso de la guerra civil entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner).

El abrazo de despedida a Adorni, con Santilli en el medioCaptura

Llegar a un escenario como ese requiere una delicada ingeniería de pactos. Las provincias acumulan demandas insatisfechas desde hace tiempo. Ahogados por el ajuste, casi todos los gobernadores necesitan fondos y ansían un repunte de la actividad que no convierta en una carga la opción de acercarse a Milei. Ellos tienen la llave para la reforma electoral, decisiva para el objetivo libertario de quitarle a la oposición una herramienta para ordenarse como es el sistema de primarias obligatorias.

Los datos de la economía son previsibles, pero desconcertantes. ¿Es un modelo ganador de elecciones? La baja de la inflación y el dólar bajo control funcionan como bandera de éxito para Milei. Pero los “mejores 18 meses de la historia” que prometió el ministro Luis Caputo no terminan de empezar.

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En los últimos días se conoció una batería de datos que llaman a la prudencia:

-La recaudación de junio cayó un 7,1% interanual después del celebrado repunte del mes pasado.

-La última cifra oficial sobre morosidad bancaria registró un alza, con 7 millones de personas excluidas de la posibilidad de recibir préstamos.

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-El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) volvió a caer en abril respecto del mes anterior y sigue en modo serrucho. La construcción, el comercio y la industria manufacturera revirtieron lo que parecía un repunte.

-Por cuarto trimestre consecutivo se redujo la inversión, pese al RIGI y los esfuerzos del Gobierno por incentivarla.

Este último indicador sugiere que la confianza persiste como un déficit estructural argentino que la fe de Milei por los mercados no consigue revertir.

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Santilli se propone aplicar las herramientas de la política tradicional para completar lo que la motosierra no es capaz.

La incógnita que se impone es si tendrá margen de maniobra para ceder a los pedidos de los aliados. El ministro Caputo ha sido hasta ahora el verdadero jefe de Gabinete en lo que refiere a la vinculación con los gobernadores. ¿Estará dispuesto a abrir la mano para aceitar los acuerdos electorales? Hasta el año pasado Milei alardeaba de navegar contra la corriente y de haberse animado a ajustar sin miedo a perder votos. Se percibía Ulises atado al mástil para no oír el canto de las sirenas del gasto público.

Karina Milei, con legisladores de LLA

El manual de la vieja política dice otra cosa. Que se gana si la gente siente que su situación personal está mejorando. Si hay que abrir la billetera, se abre. Ofrece también la coartada ética para que un dogmático como Milei acepte doblegarse: para que la revolución en marcha se afiance, es necesario blindar cuatro años más de mandato. Hay que conjurar a toda costa el miedo al péndulo, al regreso a una Argentina de corte estatista, porque eso puede alimentar una corrida cambiaria antes de las urnas.

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La continuidad del ajuste pide precisión. El Gobierno jura que no gastará más de lo que ingresa. La caída de la recaudación lo pone en el brete de recortar más. Y eso aumenta la prevención de los eventuales aliados.

La vara moral

Milei juró una y otra vez que él solo va a “hacer lo que hay que hacer”. Es la base de lo que llama “la moral como política de Estado”, un concepto que concibió como un eslogan para retratar lo que a su juicio es la superioridad del capitalismo de libre empresa.

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Aquel lema se convirtió en caricatura con el caso Adorni. Con la compra de casas y departamento, con las refacciones de nuevo rico, con la mentira en sede parlamentaria sobre los bienes que ocultó en sus declaraciones juradas y los favores que les pedía a sus empleados para darse los gustos de la infancia sin dejar rastro, como tener el monitor de videojuegos más moderno.

Gisela Kocsis, funcionaria de la Casa Rosada que compró sommiers y ropa de cama para Manuel Adorni cuando él era vocero presidencial

Adorni será pronto una anécdota en la política nacional. Su renuncia con una carta victimista ofrecía un abrazo de oso al que Milei se rindió, literalmente, el día de la despedida. El Presidente convalidó la tesis de que su ministro le hacía el favor de alejarse porque sufría una “carnicería mediática” planificada para debilitar las reformas libertarias.

No reprochó sus dobleces. No cuestionó que hubiera admitido evadir impuestos, que escondiera parte de su patrimonio, que hiciera uso de los privilegios de tener a su cargo empleados a tiro de decreto a los que pedirles prestada la tarjeta de crédito.

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El fin del ciclo de Adorni habla sobre todo de los estándares de Milei. Actuó igual que con José Luis Espert, a quien aún defiende mientras la Justicia se dispone a indagarlo por los pagos que recibió de un empresario que confesó haber lavado dinero en Estados Unidos. Del mismo modo que nunca se despegó de Mauricio Novelli y Hayden Mark Davis, los tecnobros que idearon el criptoactivo tóxico $LIBRA. Ni a su exabogado Diego Spagnuolo lo repudió cuando se difundieron las grabaciones en las que describía con desparpajo un sistema de coimas con el dinero para los discapacitados.

Quedó claro que Milei decidió dar vuelta la página de Adorni. La duda que persiste es si se tomó el tiempo de leerla.




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Javier Milei felicitó a Keiko Fujimori y anunció una nueva etapa en la relación bilateral con Perú

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Javier Milei se comunicó hoy, de manera telefónica, con Keiko Fujimori para felicitarla por su victoria en las elecciones presidenciales de Perú y anunció, además, el inicio de una nueva etapa en la relación bilateral entre ambos países.

El mandatario argentino afirmó que las dos naciones “vuelven a encontrarse en el camino de la libertad” y subrayó en X que el Perú se suma al bloque de países de la región que, según sus palabras, decidieron “plantarse frente al socialismo”.

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Fujimori, de 51 años, ganó la segunda vuelta del 7 de junio frente al candidato de izquierda Roberto Sánchez por un margen de apenas 49.641 votos —50,135% contra 49,865%— sobre un total de más de 18 millones de sufragios. El resultado, confirmado con el 100% de las actas escrutadas, la convierte en la primera mujer en alcanzar la presidencia del Perú y pone fin a tres derrotas presidenciales consecutivas. El Jurado Nacional de Elecciones (JNE) tiene previsto oficializar el resultado el 3 de julio.

Más allá de esta comunicación, Milei ya había felicitado a la presidenta electa el pasado 30 de junio, también a través de sus redes sociales. “El pueblo peruano se suma a Colombia y ha enviado un mensaje claro: la región quiere volver al camino de la libertad y la seguridad”, indicó en ese momento. Luego añadió que “los peruanos rechazaron la debacle comunista que planteaba Roberto Sánchez y le dijeron nunca más al socialismo totalitario”.

Fujimori respondió a su par argentino y lo hizo utilizando la misma vía. “Muchas gracias, presidente Javier Milei, por su saludo y sus palabras”. A su vez, adelantó los lineamientos de la relación bilateral que proyecta para su gestión. “El Perú inicia una nueva etapa con la firme voluntad de fortalecer los lazos de amistad y cooperación con Argentina, sobre la base del diálogo, el respeto mutuo y una agenda común que impulse el desarrollo, la libertad y la prosperidad de nuestros países”.

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En la publicación de hoy, a su vez, el mandatario destacó la necesidad de “abrir una nueva etapa entre la Argentina y el Perú, dos naciones hermanas que vuelven a encontrarse en el camino de la libertad”. “Coincidimos en la necesidad de más libertad, crecimiento económico y lucha contra el crimen organizado transnacional”, agregó. Y concluyó: “El Perú se suma al bloque de países que en la región decidimos plantarnos frente al socialismo y trabajar juntos en la defensa de la libertad”.

Para Milei, la victoria de Fujimori se inscribe en una dinámica más amplia que el gobierno argentino viene promoviendo. Junto con Bolivia (Rodrigo Paz) y Colombia (Abelardo de la Espriella, presidente electo), presenta a Perú como parte de un bloque de países que, según su narrativa, se orientan hacia la libertad económica y el rechazo al socialismo.

La victoria de Fuerza Popular representa el retorno del fujimorismo al Poder Ejecutivo peruano por primera vez desde el año 2000, cuando el gobierno de Alberto Fujimori colapsó tras el escándalo de los denominados “vladivideos”, una serie de grabaciones de video secretas realizadas entre 1998 y 2000 por orden de Vladimiro Montesinos, asesor de inteligencia y hombre de confianza del entonces presidente peruano, que registraban pagos a congresistas, jueces, empresarios, dueños de medios de comunicación y militares para asegurar su lealtad al gobierno fujimorista.

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Fujimori asumirá el cargo el 28 de julio, fecha en que relevará al presidente interino José María Balcázar. La Constitución Política del Perú establece que la presidenta de la República es, a la vez, jefa de Estado y jefa de Gobierno, con atribuciones que abarcan desde la conducción de la política exterior y la conformación del gabinete ministerial hasta la dirección del Sistema de Defensa Nacional. El mandato tendrá una duración de cinco años.

South America / Central America

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De Saratoga a la Argentina

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Hay aniversarios que se celebran con fuegos artificiales y discursos, y hay otros que conviene celebrar leyendo despacio la letra torcida de un documento de 1818. Ese es el caso de la historia de los Stearns, una familia de granjeros de Holden, un pueblito del condado de Worcester, Massachusetts, que peleó por la independencia de Estados Unidos, que cumple hoy 250 años.

Ciento cincuenta años antes de la independencia

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La historia de los Stearns en América no empieza con la Revolución: empieza en 1630, apenas diez años después del desembarco del Mayflower, cuando los primeros Stearns cruzaron el Atlántico a bordo del Arbella, la nave insignia de la llamada Flota de Winthrop. Saleiron de Inglaterra huyendo de la persecución religiosa de la Iglesia anglicana. El gen de la disidencia y la fe profunda venía de fábrica en esta familia, ciento cincuenta años antes de que un descendiente suyo tuviera que decidir entre la lealtad a un rey o a una idea todavía por nacer: la de una nación libre.

El «Arbella», la nave insignia de la llamada Flota de Winthrop

El padre que ya había peleado contra otro imperio

Antes de que existiera Estados Unidos, ya existía un Stearns, Increase, dispuesto a tomar las armas. El padre de nuestra historia había combatido en la Guerra Franco-India, el conflicto colonial entre británicos y franceses (con sus respectivas alianzas indígenas) que asoló la frontera norteamericana entre 1754 y 1763. Formó parte, según la tradición familiar documentada, del socorro al fuerte William Henry, en el lago George —el mismo episodio, con su sitio y su masacre, que Fenimore Cooper inmortalizó en El último de los mohicanos y que Hollywood volvió a contar en la pantalla grande.

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El fuerte William Henry, hoy
El fuerte William Henry, hoy

Veinte años más tarde, ese mismo hombre se alistó de nuevo, esta vez por la causa patriota: el 14 de marzo de 1777 se enroló en el Regimiento 15 de Massachusetts, al mando del coronel Timothy Bigelow. Massachusetts fue el estado que más tropas aportó al Ejército Continental de George Washington. Fue con esa unidad, incorporada a la Brigada del general John Glover, que el Stearns padre llegó a Saratoga. Y ahí, el 19 de septiembre de 1777, en la batalla de Freeman’s Farm, el Regimiento 15 no fue tropa de reserva: peleó en primera fila. Sin tiendas de campaña, durmiendo bajo refugios improvisados de ramas y tablas, la brigada de Glover encabezó el combate y sufrió allí más de trescientas bajas hasta que, tras una segunda batalla en Bemis Heights el general británico Burgoyne rindió su ejército completo. La victoria de Saratoga no fue una batalla más: fue el hecho de armas que convenció a Francia de reconocer la independencia americana y firmar la alianza militar que resultaría decisiva para ganar la guerra. En algún punto de esa campaña el padre fue herido —y esa herida es la que empuja a su hijo, todavía adolescente, a tomar su lugar en las filas.

La rendición del ejército británico tras la batalla de Saratoga, en un cuadro de John Trumbull que se encuentra expuesto en el Capitolio de Estados Unidos
La rendición del ejército británico tras la batalla de Saratoga, en un cuadro de John Trumbull que se encuentra expuesto en el Capitolio de Estados Unidos

El hijo que reemplazó a su padre a los dieciséis años

En enero de 1778, con apenas dieciséis años, Increase Stearns (h) se presentó ante el coronel Bigelow para alistarse como sustituto de su padre herido. Bigelow lo aceptó y lo mandó a incorporarse al mismo Regimiento 15, dentro de la Brigada de Glover, en la compañía del capitán John Pierce. Así lo relata el propio Stearns, de puño y letra, en la declaración jurada que presentó cuarenta años después para reclamar su pensión de veterano: un trámite burocrático que, sin proponérselo, se convirtió en un relato vívido de la guerra.

Una de las páginas de la carta de Increase Stearn (h)
Una de las páginas de la carta de Increase Stearn (h)

De ahí en más, el joven Stearns marchó con el grueso del Ejército Continental desde el campamento de Valley Forge —el invierno en que la tropa de Washington estuvo a punto de disolverse por hambre y frío, y donde el oficial prusiano Barón Von Steuben hizo de las milicias una fuerza militar profesional, hasta Nueva Jersey, donde el 28 de junio de 1778 se libró la batalla de Monmouth. Esa es, de todas las que peleó, la batalla en la que Increase Stearns hijo combatió más cerca del propio Washington y de Lafayette: ese día la brigada de Glover formó parte del ala izquierda, y fue precisamente el cuerpo principal del ejército —donde marchaba Stearns— el que tuvo que sostener la línea después de que la vanguardia se replegara en desorden. Se conserva incluso el registro de otro soldado del mismo regimiento, William Wyman, confirmando su presencia ese día bajo el mando de Bigelow. Monmouth fue el último gran choque frontal entre los dos ejércitos en el norte, y probó algo decisivo para el curso de la guerra: que la disciplina aprendida en Valley Forge había convertido a los granjeros y artesanos del Ejército Continental en una fuerza capaz de resistir, campo a campo, a las tropas regulares británicas; después de esa batalla, los ingleses evacuaron Nueva Jersey y desplazaron el grueso de su esfuerzo militar hacia el sur.

La batalla de Monmouth, del 28 de junio de 1778
La batalla de Monmouth, del 28 de junio de 1778

Dos meses después, en la isla de Rhode Island, la brigada de Glover volvió a ser decisiva: apostada detrás de un muro de piedra en Quaker Hill, resistió el avance británico que perseguía a las tropas americanas en retirada y disuadió a los ingleses de lanzar un asalto mayor, permitiendo que el general Sullivan retirara a su ejército de la isla sin ser destruido. El propio Sullivan, en su parte de guerra, elogió a la brigada por haber actuado “con gran firmeza”.

Un castigo, una injusticia y una vida entera para repararla

Pero el documento que se conserva no es solo un relato de gloria militar. Es, sobre todo, el testimonio de una injusticia. En enero de 1780, Stearns y una veintena de compañeros, apostados cerca de West Point, reclamaron —con razón, según ellos— que su tiempo de servicio había vencido y pidieron la baja. Al no ser escuchados, decidieron marchar por su cuenta hacia Boston para presentar el reclamo ante el gobierno de Massachusetts.

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Y aquí aparece un detalle que dice tanto de la época como del episodio mismo: esos soldados no pensaban apelar al Congreso Continental ni al gobierno de Estados Unidos —una entidad que, en 1780, todavía era poco más que una alianza de circunstancia entre trece estados soberanos, sin Constitución, sin ejecutivo propio, regida apenas por unos Artículos de Confederación. Pensaban apelar a Massachusetts, el estado al que sentían pertenecer antes que a cualquier otra cosa.

Fueron interceptados cerca de Danbury, Connecticut, y devueltos al campamento. Un consejo de guerra investigó lo ocurrido y exigió que se identificara a los cabecillas de la protesta. Nadie habló. Ninguno de los soldados delató a sus compañeros, a pesar de que negarse a hacerlo significaba, con toda seguridad, cargar con el castigo. Al no obtener esa información, el tribunal condenó a los cuatro más jóvenes a cien latigazos cada uno, ejecutados de inmediato. Increase Stearns —el menor de todos, con apenas dieciocho años— fue uno de los castigados. Y aun así, ni en el momento ni cuarenta años después, al escribir su declaración de pensión, dio un solo nombre.

Cumplida la pena, volvió al servicio y sirvió con honor hasta su baja regular, en marzo de 1780. Casi cuarenta años más tarde, ya con la salud de su esposa quebrada y doce hijos a cargo, le escribió al Secretario de Guerra pidiendo que ese castigo —“más severo de lo común, considerando mi edad en aquel momento”— no lo excluyera del beneficio de la ley de pensiones de 1818. Un antiguo oficial, Joel Pratt, atestiguó que Stearns “sirvió su tiempo honorablemente” y que todos los hombres de aquel episodio eran, en su memoria, “buenos y fieles soldados”. La pensión, finalmente, le fue concedida: 50 dólares con 91 centavos era (1300 dólares de hoy), según la Corte de Worcester, todo lo que este veterano poseía en el mundo —un carro, una yunta de bueyes, tres cerdos, dos mesas, ocho sillas y poco más.

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La tumba de Increase Stearn (padre), muerto en 1880
La tumba de Increase Stearn (padre), muerto en 1880

De Massachusetts, a Buenos Aires

Los Stearns no se detuvieron ahí. Ciento sesenta años después de que el joven Increase recibió aquellos cien latigazos por no delatar a sus compañeros, un tataranieto suyo, Louis Agassiz, volvió a calzarse el uniforme: desembarcó en el norte de África para combatir contra las tropas alemanas del Afrika Korps de Rommel. El Coronel Louis Agassiz Stearns, descansa hoy en el Cementerio Nacional de Arlington, el camposanto militar donde Estados Unidos honra a quienes murieron sirviendo bajo su bandera y a héroes que sobrevivieron el frente de combate. Y la posta, otra vez, pasó de padres a hijos: los suyos pelearon en el Pacífico contra Japón, en esa misma guerra, mientras que su hija, agente del FBI en plena guerra, se enamoraba de un chileno de padres asturianos, con el que se mudó a la Argentina para empezar una nueva vida.

Una carta casi ilegible ya, escrita con la letra apurada de un adolescente que a los dieciséis años cambió el arado por el mosquete, es hoy el hilo que une a los Estados Unidos de 1776 con Buenos Aires: los descendientes de aquel soldado raso viven, 250 años después, en la Argentina. Hoy, mientras Estados Unidos celebra un cuarto de milenio de independencia, vale la pena recordar que esa gesta no la hicieron solo los nombres que figuran en los libros de historia, sino también unos improvisados 35.000 milicianos que pusieron su cuerpo en la primera línea de batalla contra un enemigo superior en número y capacidad, que pasaron un invierno a la intemperie en Valley Forge y, cuando la injusticia les cayó encima, no dejaron nunca de reclamar lo que por derecho les correspondía. Hoy se celebra una vocación de servicio, que generación tras generación siempre estuvo del mismo lado de la historia: el de quienes empuñaron las armas contra la tiranía, no para someter a nadie sino para que otros pudieran ser libres.



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