POLITICA
Elisa Carrió criticó al Gobierno, a Adorni y a Mauricio Macri: “La gente no quiere ir al pasado, pero el presente le resulta intolerable”

La dirigente emblema de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, se refirió hoy a la situación política y social del país. En una entrevista, la exlegisladora nacional analizó el presente del gobierno de Javier Milei, cuestionó al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, y expresó su desilusión respecto de la figura de Mauricio Macri.
“La gente está cambiando, pero no sé a dónde va. Yo creo que no quiere ir al pasado, pero tiene mucha angustia y el presente ya le resulta intolerable”, planteó la exdiputada nacional en declaraciones a Radio Mitre. En esta línea, agregó que “puede ser que esté pasando en el mundo esta moda de los extremos” y, para fundamentarlo, puso como ejemplo la “derrota espectacular” de Viktor Orbán en Hungría, y la “imprevisibilidad que ha generado (Donald)Trump” por la guerra en Medio Oriente.
“El lenguaje bestial, por ejemplo, de nuestro presidente cuando dice lo que les dice a los periodistas es una cosa que yo nunca he visto. Igual, me parece que es una moda que ha pasado, que la gente no puede seguir escuchando ese lenguaje bestial. Así que, por un lado, tenemos eso; por el otro lado tenemos la caída de la clase media”, consideró Carrió.
En relación al gobierno nacional, dirigió sus críticas hacia Adorni, a quien relacionó con la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y cuestionó el funcionamiento interno de Casa Rosada: “Adorni es Karina. Ellos tienen su grupo y lo van a mantener”, afirmó. Luego profundizó: “Casos como los de Adorni los vi siempre, llegan de una manera, al otro día se sienten importantes, al tercer día tienen unos trajes que no sabés cuánto valen, al otro día te miran por arriba. Te juro por Dios que es así. Viste que Adorni miraba por arriba a los periodistas. Al cuarto día te dicen: ‘No sos periodista’. Al quinto día ya quieren jugar al golf, al sexto día ya se quieren ir a Punta, al octavo ya quieren tener un departamento en otro lugar que no sea donde compraron. Esto es calcado”.

Consultada sobre Mauricio Macri, exaliado político en Juntos por el Cambio, Carrió respondió: “No pienso. Hay cosas que uno no tiene que pensar, porque no hay que ocupar el pensamiento en cosas que no son necesarias. Lo que sí tengo es una gran desilusión por cómo destrozaron Juntos por el Cambio, con lo cual fuimos a la experiencia de Milei. La ida a Milei es una responsabilidad de Macri. Entonces, yo prefiero no opinar más”, sostuvo.
En cuanto a la situación política, Carrió agregó que la fragmentación de la coalición opositora y la crisis social y económica actual general que, aunque hay movimientos políticos y reconfiguraciones ante las próximas elecciones, todavía no se puede anticipar la dirección que tomará la sociedad: “La gente está distinta desde hace un mes ahora; por lo menos en la calle, porque la angustia está llegando… No es lo mismo que hace tres meses, y no puedo decirte por qué”.
En este mismo sentido, Carrió se manifestó ayer en el canal de streaming “Gelatina”, donde apuntó contra Adorni, dijo que “es todo muy ridículo” y se preguntó: “¿A quién se le ocurre ir en un avión privado a Punta del Este?”. A su vez, aseguró que se trata de una “corrupción de Almodóvar”, en referencia al cineasta español. “El tipo se gastó un mes de estadía en Punta del Este, de estadía digo de gastos, de estadía, y de compra y de todos, en un pasaje”, se escandalizó.
Además, ante la pregunta sobre si el jefe de Gabinete es o no “corrupto”, respondió sin dejar margen de duda: “Pero obvio. Es el ascenso social por excelencia que yo lo vi en la Cámara de Diputados”.
POLITICA
Victoria Villarruel le respondió a un seguidor y aprovechó para chicanear a Adorni: “Que tengas una cascada de éxitos”

En medio de los cuestionamientos por el costo de las renovaciones en la casa de Manuel Adorni, la vicepresidenta Victoria Villarruel deslizó una chicana contra el jefe de Gabinete: ¡¡Feliz cumpleaños atrasado!! “¡¡Que tengas una cascada de éxitos este año!!”, escribió en X al usuario @gatin, que le había pedido un saludo.
El comentario de Villarruel hace referencia a la cascada que presuntamente habría construido Adorni en su casa en Exaltación de la Cruz.
Este lunes, el arquitecto a cargo de las renovaciones de esa casa, Matías Tabar, aseguró que el funcionario gastó más de US$245 mil dólares para acondicionar la pileta, instalar una cascada, colocar césped, equipar un quincho, entre otras refacciones.
La lista de renovaciones surge a partir de la declaración en Comodoro Py de Tabar, que aseguró que Adorni le pagó las refacciones en efectivo y sin factura en dos partes entre 2024 y 2025.
Una relación totalmente rota
La relación entre el presidente Javier Milei y Victoria Villarruel está completamente rota desde hace casi dos años. Mientras el jefe de Estado hace críticas directas a la Vicepresidenta, a quien acusa de traicionarlo, la titular del Senado acude a la ironía o chicanas como la de este lunes.
En esta ocasión, Villarruel usó una frase que hace referencia a uno de los temas más sensibles para el Gobierno: la investigación sobre el patrimonio del Jefe de Gabinete.
Ante las nuevas revelaciones en la investigación judicial por su patrimonio, el Gobierno negó que Adorni haya gastado US$245.000 en refaccionar su casa en el country de Indio Cuá. Cerca del funcionario aseguraron que ese no es el monto correcto y anticiparon la posibilidad de solicitar una pericia para esclarecer los hechos.
Victoria Villarruel, Manuel Adorni
POLITICA
Javier Milei, el presidente de la conversación cansada

Se suele mirar a las redes sociales como un territorio secundario de la política: un espacio de exageración, ruido, vanidad y desahogo. Y en muchos casos esa visión tiene fundamento. Pero con Javier Milei conviene hacer una excepción. No porque las redes reemplacen a la política real, sino porque en su caso fueron bastante más que un escenario de amplificación: fueron el territorio central de su construcción. Primero como personaje, después como diputado, más tarde como candidato y finalmente como presidente.
Milei creció en televisión, es cierto. Hizo del panelismo una escuela de instalación, de choque y de reconocimiento. Pero desde que llegó a la Casa Rosada dejó de exponerse al debate en los términos en que lo hacía antes. Ya no discute: emite. Y como tampoco cuenta todavía con una red territorial clásica —gobernadores, intendentes, una estructura propia extendida— entender cómo funciona su imagen y sobre todo su narrativa, sigue siendo indispensable para entender su poder. En su caso, mirar la conversación digital no es una moda metodológica. Es analizar una de las fuentes originales de su legitimidad.
Entre enero y abril en la consultora Methodo analizamos más de 326 millones de menciones en Facebook, X, Instagram y YouTube. El primer hallazgo es simple, pero no por eso menor: Milei mantiene la centralidad, pero pierde volumen. Sigue siendo, por lejos, el principal organizador de la conversación política argentina, aunque ya no con la misma potencia expansiva. En el primer trimestre de 2024 reunió 39 millones de menciones. En el primero de 2026, 18 millones. En dos años perdió más de la mitad del volumen de conversación que había logrado en el arranque de su presidencia.
No significa que haya dejado de importar. Significa algo bastante más sutil: importa de otro modo. Sigue en el centro, pero ya no irradia con la misma fuerza. Su conversación ya no crece: se defiende para sostenerse. Y eso es relevante porque el mileísmo fue, desde el principio, una experiencia de intensidad. No solo una oferta electoral sino también una forma de energía. Una máquina de atención. Cuando esa intensidad baja, aunque siga siendo superior a la del resto, lo que aparece ya no es solo un dato de comunicación. Aparece una señal política.
A eso se suma un segundo elemento. En abril de 2026, la conversación sobre Milei mostró 44% de positividad y 56% de negatividad: el peor saldo desde que asumió. El dato, por supuesto, podría leerse de manera lineal. Todo gobierno acumula desgaste. Todo oficialismo que ajusta, confronta y decepciona empieza a pagar costos. Pero acá también conviene ir un paso más allá. Porque aun en ese contexto, el nivel de positividad que conserva sigue siendo llamativo. No hay fervor, pero tampoco intemperie. Hay malestar, hay rechazo, hay fatiga, pero todavía persiste una afinidad o necesidad en una parte nada despreciable de la sociedad.
Eso no ocurre en el vacío. Ocurre con una economía que volvió a incomodar, una inflación que ya no puede administrarse solo como herencia narrativa y una secuencia de escándalos que empiezan a dejar marca. Lo interesante es que ese desgaste no produce, al menos por ahora, una transferencia clara hacia otro lado. Y ahí aparece uno de los rasgos más importantes del momento.
La oposición sigue sin capitalizarlo. Cristina Fernández de Kirchner registra 2 millones de menciones y 60% de negatividad. Axel Kicillof, 1,8 millones y también 60% de negatividad. Mauricio Macri, en cambio, muestra una novedad menor: después de mucho tiempo encerrado en una conversación de círculo rojo, volvió a ser advertido por fuera de ese perímetro, más por su separación y por esa vieja condición de celebrity que por razones políticas. No es un retorno grande, pero sí una visibilidad algo más fresca, como si hubiera dejado de existir solo en la sección política para empezar a asomar también en las de sociedad o espectáculo. Los outsiders, por su parte, no están mal ponderados en la relación entre imagen positiva y negativa, pero generan un volumen tan bajo que la sociedad prácticamente no los advierte: el mejor posicionado es Dante Gebel, que tras su última gira mediática apenas supera las 200.000 menciones.
Ese dato ayuda a leer mejor el fenómeno Milei. El oficialismo se desgasta, pero enfrente no aparece una fuerza que absorba con claridad ese desgaste y lo convierta en alternativa. El sistema político argentino parece hoy más apto para registrar malestar que para producir reemplazo.
El cuadro se vuelve todavía más nítido cuando se observa de qué se habla alrededor de Milei. Allí ya no aparece una agenda de transformación, sino una conversación organizada por tres grandes núcleos.
El primero es la gravitación de Donald Trump, con 7 millones de menciones. Ese volumen empieza a sugerir algo más que afinidad ideológica. Para una parte de la conversación pública, el Gobierno argentino aparece cada vez más ligado a la validación política y simbólica que llega desde Washington. No solo en términos de alineamiento exterior, sino también como dependencia narrativa. El mileísmo todavía conserva centralidad local, pero una parte del país empieza a leerlo como un oficialismo que mira demasiado hacia afuera para sostener su autoridad hacia adentro.
El segundo núcleo es la secuencia de escándalos. $LIBRA, ANDIS, corrupción y, de manera más visible, el caso Adorni. Este último es particularmente revelador porque no se trata de un funcionario lateral, sino de una de las caras más expuestas del dispositivo narrativo oficial. Y ahí se produjo una reversión de imagen de positiva a negativa de una velocidad inhabitual. En términos de volumen, un movimiento semejante solo se había visto antes en Alberto Fernández. La diferencia es que, en el caso del vocero presidencial, ocurrió muchísimo más rápido. Eso no habla solo de él. Habla también de una conversación pública que empezó a castigar con menos paciencia y de un gobierno al que ya no le resulta tan sencillo blindar a sus propios intérpretes.
El tercer núcleo, y probablemente el más profundo, es el económico. Inflación, reforma laboral, pobreza, jubilaciones, salarios y desempleo componen, en conjunto, un volumen de conversación que muestra hasta qué punto el malestar material dejó de ser un ruido de fondo para convertirse en experiencia cotidiana. Ese cambio tiene una importancia especial en redes, donde durante años predominó la exhibición aspiracional: la vida mejorada, la imagen deseable, el éxito aunque fuera transitorio o prestado. Cuando la economía se mete también ahí, cuando atraviesa ese espacio donde las personas suelen disimular sus carencias y exagerar sus logros, el problema dejó de ser técnico para pasar a ser anímico.
Por eso el dato más interesante de esta etapa no es solamente que Milei esté peor. Es que el mileísmo empieza a enfrentar una combinación más corrosiva: menos volumen, más negatividad, malestar económico íntimo y una sospecha moral que ya no parece ser un episodio aislado. Todo eso convive, además, con una oposición que no enciende y con outsiders que todavía no existen como posibilidad perceptible.
La Argentina, entonces, no da muestras de estar encaminándose a una conversación de relevo sino más bien a un diálogo sobre el desgaste.
Milei sigue siendo el centro de la escena pero empieza a tener problemas en torno a su gravitación. Central es aquello que obliga a mirar, gravitante es aquello que todavía logra ordenar el deseo. Lo que empieza a insinuarse en la conversación pública es que Milei conserva la primera, pero ya no está claro que mantenga intacta la segunda.
Tal vez esa sea hoy la mejor definición disponible del momento político argentino: una centralidad herida. Un presidente que sigue ocupando el centro del tablero, pero ya no con la misma capacidad de contagiar, expandir o prometer. Una sociedad que lo sigue mirando, aunque cada vez más desde la incomodidad, la sospecha o el cansancio. Y una oposición que, frente a esa erosión, no encuentra la manera de parecerse al futuro.
La política argentina, mientras tanto, todavía no termina de registrar ese cambio de clima. La conversación digital, en cambio, empieza a decir algo bastante más incómodo: el “libertarismo” no terminó, pero empezó a perder esa característica tan propia como decisiva que alguna vez tuvo de sobra. El entusiasmo.
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El autor es politólogo y CEO de la consultora Methodo
consultora Methodo,Patricio Hernández,Javier Milei,Conforme a,Javier Milei,,Minuto a minuto. Javier Milei y sus medidas: el regreso de Adorni a las conferencias de prensa y el avance de la causa judicial,,»Todos somos iguales ante la ley». La reacción de Milei contra los periodistas por la investigación sobre Adorni,,Malhumor social. Nervios en el círculo rojo de cara a 2027: ¿Y si Milei pierde?
POLITICA
La Corte de Formosa desestimó una denuncia contra periodistas por filmar en un pasillo a una diputada

El Superior Tribunal de Justicia de Formosa desestimó una denuncia presentada por la abogada y exdiputada provincial Gabriela Neme, quien se quejó de haber sido filmada por periodistas en los pasillos del edificio de Tribunales tras participar en una audiencia. La decisión, plasmada en la Resolución N.º 179/26, reafirmó la plena vigencia de la libertad de prensa en los espacios comunes del Poder Judicial provincial.
La demanda había sido impulsada por la ex legisladora Gabriela Neme, quien se molestó por ser abordada en un espacio común de los tribunales formoseños por un cronista y un camarógrafo. Los jueces resaltaron la libertad de prensa como principio.
El máximo órgano judicial de Formosa concluyó que no existió infracción alguna de parte de los comunicadores y ordenó el archivo de las actuaciones. El fallo fue firmado por la presidenta del STJ, Claudia María Fernández, junto con los ministros Marcos Bruno Quinteros, Guillermo Horacio Alucín y Ariel Gustavo Coll, quienes coincidieron en que la presencia de medios en dependencias judiciales no solo es legítima, sino inherente al ejercicio periodístico.
El caso tuvo su origen cuando Neme denunció que, al retirarse del edificio judicial tras una audiencia, fue captada en video por un periodista y un camarógrafo de Lapacho Canal 11 que se encontraban en un pasillo. Según detalla la resolución, ambos profesionales habían ingresado de manera formal: se registraron en la recepción e indicaron el motivo de su presencia, que era entrevistar a un funcionario judicial. La exlegisladora interpretó esa situación como una vulneración de sus derechos y presentó la denuncia.

Antes de pronunciarse sobre el planteo puntual, el STJ recordó que el artículo 101 del Reglamento Interno para la Administración de Justicia habilita a los periodistas a consultar expedientes bajo determinadas condiciones, lo que implica necesariamente el acceso a juzgados y tribunales. Sobre esa base normativa, el cuerpo judicial subrayó que no existe distinción entre medios públicos y privados: la libertad de prensa alcanza a todos por igual, en consonancia con el artículo 13 de la Constitución provincial.
Uno de los ejes del fallo fue la distinción entre los distintos tipos de espacios dentro de los tribunales. El STJ diferenció con claridad las salas de audiencias —que pueden estar sujetas a restricciones dispuestas por los magistrados en función de normas procesales— de los pasillos, mesas de entrada y áreas de circulación general. Sobre estos últimos, el tribunal fue categórico: son de libre tránsito y pueden ser utilizados por la prensa para el desarrollo de su actividad sin interferencias de ningún tipo.
El tribunal también delimitó el rol del Estado frente al trabajo de los comunicadores. En uno de los pasajes de la resolución, los jueces sostuvieron que “no es de incumbencia del Estado —en este caso, el Poder Judicial— determinar qué está bien y qué está mal en el ejercicio periodístico”, y precisaron que esa valoración corresponde a la audiencia de cada medio y, eventualmente, al ámbito judicial solo en casos concretos que lo ameriten.

El STJ también señaló que situaciones como la denunciada por Neme forman parte de prácticas habituales en dependencias judiciales y que nunca habían sido objeto de prohibiciones ni sanciones previas. Esa regularidad, sumada a la ausencia de norma que vedara la conducta de los periodistas, reforzó la conclusión del cuerpo colegiado: no había elementos que justificaran abrir una investigación administrativa.
Con esos argumentos, los magistrados resolvieron desestimar la denuncia y ordenar el archivo de las actuaciones. En el cierre de sus fundamentos, el tribunal sostuvo que el ejercicio de la libertad de prensa “se encuentra por encima de los inconvenientes coyunturales que puedan suscitarse para personas determinadas”, una formulación que deja en claro la jerarquía que el máximo órgano judicial formoseño otorga a ese derecho frente a molestias de carácter individual.
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