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ECONOMIA

Fiebre mundialista VIP: cuánto valen los viajes a ver la final en avión privado y por qué son un boom de último momento

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La demanda de vuelos ejecutivos hacia Nueva York se disparó tras la clasificación de Argentina a la final del Mundial 2026
(Flyzar)

La clasificación de la Argentina a la final del Mundial 2026 disparó una demanda sin precedentes para viajar a Nueva York. Luego del triunfo de la Selección Nacional ante Inglaterra el miércoles por la tarde, el equipo argentino deberá medirse en el último partido de la Copa del Mundo frente a España. En ese escenario, un segmento del mercado turístico y de aviación privada armó propuestas para quienes buscan llegar al MetLife Stadium el domingo 19 de julio con una experiencia a medida, que va desde el vuelo hasta la entrada al partido.

Una de las propuestas más completas del mercado la lanzó Oliver Jets, con un paquete VIP desde Buenos Aires a Nueva York a USD 35.000 por persona. El precio incluye el vuelo de ida y vuelta en un avión ejecutivo Bombardier Global 5000, traslados terrestres en destino y la entrada para la final. La empresa aclaró que las condiciones estarán vigentes solo hasta las 00:00 del viernes 17 de julio, dado el alza constante en el valor de los tickets y la fuerte demanda. Pasada esa fecha, no garantiza disponibilidad ni estabilidad de tarifas.

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El Bombardier Global 5000 es una aeronave de largo alcance diseñada para vuelos intercontinentales, con cabina orientada a viajes corporativos y privados de alta gama.

En tanto, quienes prefieran contratar solo el vuelo tienen otras dos alternativas activas.

Miles de hinchas buscan llegar al MetLife Stadium de Nueva Jersey para ver a la selección argentina enfrentarse a España el domingo 19 de julio
Miles de hinchas buscan llegar al MetLife Stadium de Nueva Jersey para ver a la selección argentina enfrentarse a España el domingo 19 de julio

Por un lado, la empresa argentina de vuelos ejecutivos Flyzar ofrece un avión privado con capacidad de hasta 14 pasajeros para el trayecto de ida y vuelta Buenos Aires–Nueva York–Buenos Aires, con un precio aproximado de USD 200.000 por la aeronave completa. Esto es, aproximadamente, unos USD 15.000 por persona.

Por su parte, Welojets cotiza el tramo desde Buenos Aires a partir de los USD 130.000, con aviones de 10 pasajeros en adelante. A ese valor se suman las tasas aeroportuarias en Nueva York, que según la empresa rondan los USD 15.000 adicionales por el evento. La firma también opera vuelos desde Madrid, donde los precios parten de los 90.000 euros. Según reconocieron desde Welojets, la disponibilidad se achica con rapidez: “Ya no nos están quedando aviones disponibles”, señalaron desde la empresa ante la consulta de Infobae.

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Más allá del traslado, acceder al partido representa el mayor desafío presupuestario de la experiencia. Los tickets para la final Argentina-España en la reventa oficial oscilan entre USD 7.000 y USD 39.000 según la ubicación. Los asientos más económicos corresponden a los sectores superiores del estadio; los más caros, a las zonas de hospitalidad con servicios adicionales dentro del recinto. La capacidad limitada del MetLife Stadium presiona los precios al alza.

La magnitud de la demanda quedó reflejada en las plataformas de turismo. Según datos de Despegar, las búsquedas de vuelos hacia Nueva York crecieron un 6.000% en las horas posteriores al pitazo final del partido ante Inglaterra, frente a las dos semanas anteriores. “El Campeonato del Mundo tiene una capacidad única para unir a los argentinos y convertir un evento deportivo en una experiencia que no se olvida”, señaló la empresa en un comunicado.

De hecho, la fiebre mundialista fue tal, que el miércoles por la noche, justo después del triunfo del seleccionado local sobre el combinado inglés, Aerolíneas Argentinas lanzó dos vuelos especiales para llevar hinchas a Nueva York. La demanda fue tal que los 540 pasajes (270 butacas por avión) disponibles se agotaron en solo 12 horas.

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El alojamiento suma otra presión al presupuesto. Una habitación para dos personas por tres noches en un departamento ronda los $998.000, mientras que la opción más económica en hoteles se ubica cerca de los $778.000, con variaciones según la zona de la ciudad.



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Murió Carlos Miguens, el empresario que presidió Quilmes durante una década y que también apostó por la minería y la energía

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Carlos Miguens Bemberg, expresidente de Cervecería y Maltería Quilmes y cofundador de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), murió este domingo a los 77 años

Carlos José Miguens Bemberg, heredero de la dinastía empresarial más ligada a la identidad industrial argentina, murió este domingo a los 77 años a causa de un cáncer. Hijo del arquitecto Carlos Miguens y de la célebre cineasta María Luisa Bemberg, presidió durante más de una década Cervecería y Maltería Quilmes, la empresa que su tatarabuelo Otto Peter Friedrich Bemberg erigió en 1860 como la destilería Franco Argentina y que se convertiría en la cervecera más reconocida del país.

Su paso por la conducción de Quilmes dejó una marca: bajo su liderazgo, la compañía expandió plantas en Argentina, Chile y Bolivia, y consolidó un dominio de mercado que pocas empresas de consumo masivo lograron en la historia local.

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Miguens Bemberg fue el miembro de la familia que con mayor fuerza se opuso a la venta del negocio, pero la mayoría familiar se impuso. Primero, la brasileña Brahma —luego fusionada con Antarctica para formar AmBev— ingresó como accionista por USD 600 millones. Luego, en 2006, el gigante belga-brasileño InBev se quedó con la totalidad de la empresa por USD 1.200 millones.

“Fue algo muy traumático porque me tocó a mí, como presidente de la compañía, firmar el certificado de defunción de una empresa que había sido argentina por muchas generaciones, de nuestra familia”, declaró años después, según recogió El Cronista en una entrevista que le realizó en 2024.

Lejos del retiro, Miguens Bemberg reorientó el peso del holding familiar hacia sectores de mayor riesgo y largo plazo. El mismo año de la venta de Quilmes, el grupo ingresó al sector energético junto a Merrill Lynch y otros socios —entre ellos Eduardo Escasany y, por un tiempo, Nicolás Caputo— para formar Sadesa y adquirir las centrales Piedra del Águila y Central Puerto, que hoy constituyen el núcleo del negocio familiar.

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A esa apuesta se sumó la minería: a través de Black River Mine Inc., controló el 43% de Patagonia Gold e impulsó el yacimiento Calcatreu, en las cercanías de Ingeniero Jacobacci, Río Negro, con una inversión de USD 40 millones sobre reservas estimadas en más de un millón de onzas de oro y plata combinadas.

El grupo conservó también participación en la citrícola San Miguel, la mayor procesadora industrial de limones del mundo -basada en Tucumán-, donde la familia Miguens Bemberg figura entre los principales accionistas junto a la familia Otero Monsegur. En 2023, el holding sudafricano African Pioneer Group ingresó como socio minoritario, lo que le abrió al grupo una puerta de entrada al mercado africano en medio de un proceso de reconversión de la compañía.

Con más de 135 años de historia en el país y hoy bajo el control del gigante belga-brasileño AB InBev, Cervecería y Maltería Quilmes opera con más de 5.000 empleados directos, 10 plantas productivas, 2 malterías, una bodega, una chacra de lúpulo y una fábrica de tapas, además de una red de 6.000 proveedores pyme y 135 distribuidores que abastecen más de 300.000 puntos de venta en todo el país.

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ECONOMIA

Estiman en USD 58 millones la demanda de dólares de los argentinos que a última hora asistirán a la final del Mundial

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El banderazo argentino en Times Square, a pocas horas del Estadio de la final
EFE/ Angel Colmenares

La consultora económica Qualy estimó que a último momento entre 4.000 y 5.000 argentinos podrían haber viajado exclusivamente para asistir a la final del Mundial 2026 entre las selecciones de la Argentina y España, en que la Scaloneta intentará conseguir la cuarta estrella para la Argentina y ganar dos mundiales consecutivos, algo que no sucede desde los triunfos de Brasil en los Mundiales de 1958 (Suecia) y 1962 (Chile).

La estimación surge de combinar la capacidad máxima del estadio, la evidencia disponible sobre disponibilidad y precios de entradas y supuestos explícitos sobre la participación argentina en el estadio y la proporción de asistentes que ya se encontraban en Estados Unidos y de suponer que hay plazas aéreas disponibles – directas y vía otros destinos – para transportar a esos viajeros. De ese modo, estimó una demanda adicional de USD 58 millones para asistir a la final.

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En primer lugar, el análisis lista una “restricción de oferta” en la capacidad del MetLife Stadium en East Rutherford, New York/New Jersey, de 82.500 espectadores. En segundo lugar considera la disponibilidad de entradas, que se encuentran prácticamente agotadas.

La única oferta disponible proviene mayormente del mercado oficial de reventa de FIFA y del mercado secundario. A partir de esos datos se calcula un “precio de equilibrio” en base al sistema de “Dynamic Pricing Tickets” que instrumentó la FIFA para este mundial, un mecanismo mediante el cual el organizador del evento —la propia FIFA— vende entradas oficiales cuyo precio varía en función de la demanda, de manera similar a cómo funcionan las tarifas aéreas o los precios de los hoteles: desde aproximadamente US$8.000, y valores en el “mercado secundario” que oscilan entre 7.000 y más de 10.000 dólares para las ubicaciones más económicas.

Jul 15, 2026; New York, NY, USA; A Kalshi sports betting advertisement featuring Argentina players Nicolas Otamendi (19), Lionel Messi (10) and Rodrigo De Paul (17) at Times Square. Mandatory Credit: Kirby Lee-Imagn Images
Jul 15, 2026; New York, NY, USA; A Kalshi sports betting advertisement featuring Argentina players Nicolas Otamendi (19), Lionel Messi (10) and Rodrigo De Paul (17) at Times Square. Mandatory Credit: Kirby Lee-Imagn Images

De ese modo se configuran de un lado una oferta “completamente inelástica” y una demanda superior a la capacidad disponible. De rsultas, los precios surgen de un mecanismo de racionamiento. Como además no existe información pública sobre la nacionalidad de los compradores, Qualey construyó un modelo por escenarios. Uno bajo en que la participación de argentinos dentro del estadio es del 8%, uno “central”, en que se amplía al 12% y otro “alto” en que llega al 16 por ciento.

“Estos porcentajes reflejan que una parte importante de las localidades está vendida o asignada a la FIFA, a los sponsors, a las federaciones, a compradores corporativos, a clientes (neutrales o no) que ya tenían comprada su plaza. Además, no todos los argentinos que asistan serán viajeros incrementales, un porcentaje de los mismos ya estaba siguiendo el torneo en Estados Unidos y tenía entrada para la final, o la acaba de adquirir. Para el cálculo supusimos que de los argentinos que compraron entradas para la final el 55% ya estaba en EE.UU. Por lo tanto, el 45% viaja específicamente para la final”, dice un pasaje del informe.

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Así se llegó a la estimación final, teniendo siempre en cuenta la capacidad del estado. En el escenario bajo habrá 6.600 argentinos presentes en el Estado, delos cuales 3.000 (esto es, poco menos de la mitad, serán “incrementales”, esto es, los que se suman a último momento, los que determinan la demanda adicional de divisas. En el escenario central los argentinos serán unos 9.900, con 4.500 de ellos habiéndose sumado a último momento, y un escenario alto, con 13.200 argentinos alentando en el MetLife, de los cuales 5.900 se sumaron sobre la hora.

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ECONOMIA

Ese dorado objeto de deseo: historia, materiales y diseño de la Copa del Mundo, que gane quien gane seguirá en Zurich

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La Copa del Mundo actual, obra de Silvio Gazzaniga, mide 36,5 centímetros y contiene cinco kilos de oro de 18 quilates y dos capas de malaquita (Créditos foto: Reuters).

Esta tarde, a las 16 horas (hora argentina), el seleccionado nacional y España van a disputar una nueva final de la Copa del Mundo en Nueva York, Estados Unidos. Se trata de la edición número 24 desde la primera que tuvo lugar en 1930 en Uruguay. Y sería la número 27, si no fuera por el hecho de que lo que debían ser las Copas de 1942 y 1946 no se jugaron, pues se estaba desarrollando la Segunda Guerra Mundial. Pero pase lo que pase hoy (esperemos el resultado que todos deseamos -anuló mufa-), ninguno de los dos seleccionados va a regresar a su país con ella. Va a seguir en Zurich, Suiza.

La Copa del Mundo es uno de los grandes símbolos del fútbol global. Desde la primera edición en Montevideo, el trofeo acompañó los cambios del deporte y de la historia política del siglo XX. Uruguay, anfitrión en 1930, alzó la copa y repitió el logro veinte años después en Brasil. A lo largo de las décadas, el trofeo atravesó guerras, dictaduras y episodios de robo, y se transformó en un objeto de leyenda.

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Las primeras ediciones del Mundial reflejaron las tensiones políticas y sociales de su tiempo. En 1934, la Italia de Benito Mussolini organizó el torneo y el equipo local se consagró campeón con la ayuda de cuatro futbolistas argentinos nacionalizados: Luis Monti, Raimundo Orsi, Enrique Guaita y Atilio Demaría. Mussolini, según la crónica, amenazó en el vestuario con fusilar al plantel si no conseguían la victoria. Monti ya había jugado la final de 1930 para Argentina, que perdió ante Uruguay. Francia fue sede de la edición de 1938, con Italia otra vez campeón, en un contexto internacional cada vez más inestable.

Robo copa Jules Rimet
Imagen de la primera Copa del Mundo, Copa Jules Rimet, luego de la recuperación tras haber desaparecido en Londres. (Foto créditos: Reuters)

Pero en la historia de la Copa Mundial existieron solo dos trofeos oficiales. El primero, la Copa Jules Rimet, homenajeó al presidente de la FIFA, Jules Rimet, y fue obra del escultor Abel Lafleur. Medía 35 centímetros de altura, pesaba 3,8 kilos y representaba a la diosa Nike sosteniendo una copa octogonal. La base, confeccionada en lapislázuli, llevaba placas de oro con los nombres de los campeones. La FIFA dispuso que quien ganara el torneo tres veces, se quedaría con el trofeo para siempre.

Brasil alcanzó ese logro tras sus títulos de 1958, 1962 y 1970. En México, el equipo liderado por Pelé brilló con un contundente 4-1 sobre Italia en la final. Inglaterra, anfitrión en 1966, ganó ese año, pero la Jules Rimet desapareció antes del torneo y un perro llamado Pickles la encontró entre arbustos. Ya en poder de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), la copa fue robada en 1983 y nunca reapareció.

El robo de la Copa Jules Rimet en Brasil marcó uno de los capítulos más oscuros de la historia del trofeo. Un grupo de delincuentes ingresó a la sede de la CBF en Río de Janeiro y se llevó la copa que Brasil había ganado en propiedad. El detective Miguel Murilo condujo la investigación y logró identificar a los autores materiales del robo: José Luiz Vieira (“Bigote”) y Francisco Rocha (“Barba”). Ambos señalaron como autor intelectual al argentino Juan Hernández, un reconocido fundidor y vendedor de oro en Río de Janeiro. Murilo interrogó a Hernández, quien nunca admitió el delito, aunque fue condenado a prisión.

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El detective relató que le dijo a Hernández que para los brasileños era una bofetada que un argentino hubiera convertido la copa en lingotes de oro, y que en ese momento Hernández esbozó una sonrisa, lo que consideró lo más cercano a una confesión. Todo indica que el trofeo fue fundido y vendido poco después del robo; nunca se recuperó ninguna de sus partes. La CBF encargó una réplica, mientras la base original quedó en manos de la FIFA.

A partir del triunfo brasileño de 1970, la FIFA organizó un concurso para crear un nuevo trofeo. El escultor italiano Silvio Gazzaniga diseñó la Copa del Mundo actual: dos figuras humanas alzan el planeta. El trofeo mide 36,5 centímetros, pesa 6,17 kilos, contiene cinco kilos de oro de 18 quilates y su base, de 13 centímetros de diámetro, lleva dos capas de malaquita, una piedra semipreciosa de tonos verdes. El diseño remite a paisajes naturales y a la forma curva de la tortuga Manuelita, creación de María Elena Walsh. En la base metálica se imprimen los nombres de los campeones desde 1974.

La FIFA conserva el trofeo original en su sede de Zurich. El equipo campeón recibe una réplica de bronce enchapado en oro, llamada “Trofeo del Ganador de la Copa Mundial”. Esta política busca evitar nuevos robos y preservar la pieza auténtica, tras la amarga experiencia con la Jules Rimet. La copa actual no solo es símbolo de triunfo, sino también de arte y riqueza material.

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En la tabla histórica, Brasil lidera con cinco títulos (1958, 1962, 1970, 1994, 2002). Alemania e Italia suman cuatro conquistas cada uno (Alemania: 1954, 1974, 1990, 2014; Italia: 1934, 1938, 1982, 2006). Argentina (1978, 1986, 2022), Francia (1998, 2018) y Uruguay (1930, 1950) acumulan dos, pese a ello en su camiseta celeste tienen bordadas cuatro estrellas. Inglaterra (1966) y España (2010) integran el grupo selecto de campeones. Desde 1974, los nombres de los ganadores se inscriben en la base de la copa.

Los equipos campeones reciben una réplica bañada en oro, mientras el trofeo original nunca sale de la sede de la FIFA en Zurich. (Créditos foto: Reuters).
Los equipos campeones reciben una réplica bañada en oro, mientras el trofeo original nunca sale de la sede de la FIFA en Zurich. (Créditos foto: Reuters).

El diseño de Gazzaniga se destaca por su combinación de materiales nobles. El oro de 18 quilates aporta valor y resistencia, mientras la malaquita proporciona identidad y una conexión visual con la tierra. La política de réplicas permite que cada campeón conserve un recuerdo físico de su logro, sin que el trofeo central abandone jamás Zurich.

El recorrido de la Copa del Mundo incluye amenazas de dictadores, robos, desapariciones y la intervención de escultores célebres. Desde la diosa Nike de la Jules Rimet hasta las figuras humanas que sostienen el planeta en la versión actual, la copa ha sido testigo de episodios dignos de novela policial y de las mayores alegrías del fútbol. Hoy, mientras Argentina y España buscan el título en Nueva York, el trofeo más deseado seguirá bajo resguardo suizo.



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