INTERNACIONAL
ISIS terror leader at large after US strike kills top commander amid rising Africa threat: analyst

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Abu-Bilal al-Minuki, ISIS’s shadow commander in West Africa, was killed May 16 using what an extremism analyst describes as one of the hardest forms of intelligence to detect, after decades being shielded by «deep local networks» across the region.
While the killing dealt one of the biggest blows to ISIS’s global network in years, disrupting operations in northeastern Nigeria, the terror group’s top leader, Abu Hafs al-Hashimi al-Qurashi, remains at large as Africa becomes the movement’s global epicenter.
«There is no single ISIS ‘headquarters’ in Nigeria; ISWAP (Islamic State West Africa Province) operates dozens of small, shifting camps scattered across the Lake Chad islands and the Borno bush,» Dr. Omar Mohammed, Senior Research Fellow at the GW Program on Extremism, told Fox News Digital.
«Al-Minuki would have had no smartphones, relying instead on courier-based communications and constant movement between these small camps,» he said.
TRUMP TARGETS ISIS IN NIGERIA AMID WARNINGS SAHEL REGION IS BECOMING ‘EPICENTER OF TERRORISM’
Abu-Bilal al-Minuki, ISIS’s shadow commander in West Africa, was killed May 16. (Pictures from History/Universal Images Group)
President Donald Trump’s explicit reference to «sources who kept us informed» points directly to human intelligence, or HUMINT — the hardest form of intelligence for a target to detect or counter, Mohammed explained.
The precision strike successfully penetrated defenses that had been held for years.
«He would have utilized deep local networks the Nigerian military has struggled to penetrate for over a decade,» Mohammed added.
MS NOW GUEST SUGGESTS TRUMP STRIKE IN NIGERIA WAS RACIALLY MOTIVATED VIOLENCE
«His operational security would have been severe,» Mohammed said. «But two things eventually undo even careful targets: time generates patterns, and human sources are extremely difficult to defeat.»
«Despite severe operational security, al-Minuki was ultimately compromised through persistent human intelligence,» he noted. «Al-Minuki knew he was marked.»
ISIS FIGHTERS STILL AT LARGE AFTER SYRIAN PRISON BREAK, CONTRIBUTING TO VOLATILE SECURITY SITUATION

ISIS caliph Abu Hafs al-Hashimi al-Qurashi is believed to have fled to Somalia’s semi-autonomous Puntland region. (Carolyn Van Houten/The Washington Post)
The Nigerian army described the strike as «a meticulously planned and highly complex precision air-land operation» carried out Saturday between midnight and 4 a.m. in Metele, located in Borno State in northeast Nigeria.
U.S. Africa Command, or AFRICOM, placed the strike in northeastern Nigeria, with Nigerian army communications pointing specifically to the Metele region.
Despite the tactical success, the current ISIS «caliph,» or overall leader, remains on the run, according to reports.
Al-Qurashi was «named following his predecessor’s death in Syria,» Mohammed claimed.
«He is deliberately faceless, with analysts describing this line of leaders as the ‘caliphs of the shadows,’» Mohammed said, noting al-Qurashi assumed leadership after Turkish authorities killed his predecessor in 2023.
While al-Qurashi’s exact location is unknown, reports indicate he traveled from Syria or Iraq through Yemen to Somalia’s semi-autonomous Puntland region.
«This is where the financial hub also sits, meaning the entire center of gravity of the organization — leadership, finance, operational direction — has been quietly relocating to Africa for years,» Mohammed said.
RUSSIAN MERCENARIES REPLACE WESTERN FORCES AS ISIS SURGES ACROSS AFRICA’S SAHEL REGION

«Africa has transitioned from a peripheral theater to the operational and financial center of global ISIS activity,» Dr. Omar Mohammed, Senior Research Fellow at the GW Program on Extremism, explained to Fox News Digital. (Jaron Willis/AFRICOM)
Data from the Armed Conflict Location & Event Data Project confirms this regional shift, showing more than two-thirds of all Islamic State global activity now takes place in Africa.
«Africa has transitioned from a peripheral theater to the operational and financial center of global ISIS activity,» Mohammed explained. «Africa is no longer a peripheral theater. It is the main one. Funding is overwhelmingly local and extractive — taxation, ransom, smuggling — which is precisely why these networks are so resilient.»
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«Al-Minuki, for example, rose through ISWAP and operated across the Lake Chad Basin and into the wider Sahel,» he noted.
«Still, staking out al-Minuki is the most significant blow to ISIS’ global leadership architecture since the al-Baghdadi raid in 2019, executed in the theater that has quietly become the group’s beating heart,» Mohammed said before adding the strike was «not a one-off kinetic moment.»
iraq, isis, africa, terrorism, syria
INTERNACIONAL
La vida efímera del rock progresivo: la cultura de masas con voluntad de gran arte

Antes de que existiesen internet y las plataformas de streaming, comprar un disco de vinilo era como hacer una apuesta. A veces conocíamos el álbum o el grupo, pero otras veces no sabíamos nada y simplemente nos dejábamos seducir por las carátulas. Si el disco nos gustaba o no, si era bueno o malo, solo lo averiguaríamos al llegar a casa.
Yo tuve suerte con mi primera compra de un disco de rock progresivo en la mítica tienda de discos Madrid Rock. Fui a dar, casi por pura casualidad, con Selling England by the Pound, considerado el mejor álbum de Genesis y uno de los mejores del género progresivo en general. Han pasado casi cuatro décadas de aquella tarde, pero no he olvidado la impresión que me produjo aquella música extraña, compleja y bellísima cuando llegué a casa y pude reproducirla en mi tocadiscos.
La crítica cultural que el semiólogo Umberto Eco calificó de “apocalíptica”, y que encarnaba ejemplarmente el filósofo alemán Theodor W. Adorno, estableció una demarcación muy rígida entre el arte serio y la cultura de entretenimiento.
No obstante, Adorno era un observador agudo, y no pasó por alto que algunos fenómenos culturales se sustraían a esa dicotomía. Diagnosticó, por ejemplo, el envejecimiento de la vanguardia musical del siglo XX que él mismo había defendido siempre. También lamentó su transformación en una producción mecanizada y rutinaria de herméticas composiciones destinadas al reducido público de los festivales de música contemporánea. Entretenida no sería aquella música, pero tampoco era ya muy seria.
En cambio, no previó la posibilidad de que brotasen obras genuinas, originales y estéticamente ambiciosas en el campo de la cultura de masas, un terreno que él juzgaba incurablemente estéril para el gran arte.

¿Hubiera sabido reconocer Adorno el valor estético de un género musical que surgió en el Reino Unido en el año de su muerte y que alcanzó su efímero apogeo poco después? En 1969 vio la luz el álbum seminal de King Crimson, titulado In the Court of the Crimson King, considerado por muchos el primer disco de rock progresivo. Este álbum contenía ya los principales ingredientes del género: una estética musical más bien fría, incluso sombría, cierto barroquismo y gigantismo en las composiciones, una vocación vanguardista y experimental, y la inequívoca ambición de elevar el rock a la categoría de gran arte.
Para todo hay un precedente, y este género se inspiró en la psicodelia, el pop y el rock británicos de la década de 1960. Pero en lo sustancial fue un estilo completamente nuevo que aspiraba conscientemente a derribar la barrera entre el arte serio y la cultura de masas. Lo hacía, sin embargo, partiendo de esta última, es decir, de la cultura juvenil y de la música compuesta e interpretada con guitarras y bajos eléctricos, sintetizadores y baterías.
Nada, o muy poco, tienen que ver con cualquier otra cosa compuesta antes o después los extensos y complicadísimos temas concebidos por la constelación de grupos que emergieron entonces. Muchos de ellos han caído en un relativo olvido: son pocos quienes hoy recuerdan a Soft Machine, Van der Graaf Generator, Camel, incluso a Jethro Tull y Emerson, Lake & Palmer. Pero los más importantes –Genesis, Yes, Pink Floyd y King Crimson– se ganaron un puesto en la historia del rock por su brillante producción durante un breve periodo que ni siquiera abarca toda la década de los 70.
Cada una de aquellas bandas se aproximaba a diferentes corrientes musicales de una época especialmente creativa: King Crimson orbitaba hacia el rock duro y el jazz experimental, Genesis se inclinaba hacia el glam y el pop, Yes entroncaba con el glam y el rock –pero no con el pop– y Pink Floyd lindaba con el rock y el pop, pero no con el glam.
Estos parentescos más o menos lejanos no rebajan la originalidad de la música progresiva. Tampoco explican las atmósferas misteriosas e insólitas que fueron capaces de crear unos músicos que parecían abordar la composición de un álbum de rock con la misma ambición con la que Mahler componía sus sinfonías.

Ciertamente, el rock progresivo era cultura de masas, y los conciertos de estas bandas llenaban teatros y estadios. Pero la autoexigencia y el ascetismo de este género musical parecían contagiarse de algún modo a las personalidades de sus intérpretes. Estos –a excepción, quizás, de Peter Gabriel, líder de Genesis– transmitían una imagen de profesionalidad bastante alejada del histrionismo y el divismo de otras estrellas del rock de la época.
Esta relativa austeridad personal se correspondía con el intelectualismo y la abstracción de unas composiciones musicales que se inspiraban en la literatura y la mitología (como en Genesis), se alejaban de los temas sentimentales y eróticos omnipresentes en el rock y el pop, y se atenían a un tono emocional más bien frío (o gélido, como en Pink Floyd y King Crimson) incluso cuando eran exuberantes (como en Yes).
Su éxito no duró mucho. El denso material de aquellos temas, que con frecuencia ocupaban toda una cara de un disco de vinilo, fue desmembrándose en elementos más fáciles de digerir por el público. Así, el rock progresivo terminó diluyéndose en las corrientes que ejercían una mayor fuerza de atracción desde las posiciones contiguas del campo musical, como el pop y el rock.
Para confirmarlo basta con observar la evolución de estos grupos. Peter Gabriel abandonó Genesis en 1975, y bajo el liderazgo de Phil Collins el grupo derivó lentamente hacia un estilo pop que le cosecharía sus mayores éxitos en los años 80 y primeros 90. Algo similar sucedió con Yes, cuyas composiciones pop de la década de 1980 apenas guardan relación con sus primeros álbumes. King Crimson siempre eludió esa vía, pero desde finales de los 70 su sonoridad cambió para aproximarse sucesivamente a las heterogéneas exploraciones estéticas de su inquieto líder, Robert Fripp.
Pink Floyd tal vez sea el grupo que mejor supo mantener su personalidad original cuando concluyó la era dorada del género progresivo. Pero su supervivencia –que atravesó incluso una traumática ruptura de Roger Waters con el resto de la banda– exigió también el pago de un tributo a la comercialidad, como muestran álbumes muy exitosos como The Wall (1979) o A Momentary Lapse of Reason (1987).

El punk, que irrumpió al final de la década, probablemente contribuyó también a la liquidación de un género cuyo virtuosismo e impronta universitaria resultaban demasiado exquisitos para un público juvenil que demandaba una música más simple, airada e irreverente.
Visto en perspectiva, el rock progresivo puede considerarse como una vía muerta, algo así como el ars subtilior de la cultura popular del siglo XX. No obstante, el oyente que se asoma a esta música a medio siglo de distancia de su fugaz apogeo siente la extraña nostalgia que a veces provocan las imágenes de ciencia ficción retrofuturista: una nostalgia de mundos que nunca existieron ni existirán, pero que podrían haber existido.
Y es que en aquella música inigualable se anunció durante un breve periodo de tiempo la reconciliación de la alta cultura con el arte de masas, o el surgimiento de una cultura popular que aspiraba a estar a la altura del gran arte, y que lo logró en sus mejores frutos.
Fuente: The Conversation
INTERNACIONAL
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INTERNACIONAL
Los nuevos ataques de Irán y EE.UU. entorpecen la recuperación del tráfico marítimo en el Golfo

La reanudación de los ataques por parte de las fuerzas de Irán y Estados Unidos amenazó la incipiente recuperación del comercio en el golfo Pérsico, donde el tráfico por el estrecho de Ormuz había alcanzado recientemente los niveles más altos desde el inicio de la guerra.
Los ataques de los últimos tres días demostraron que ambos países están dispuestos a usar la fuerza militar para hacerse con el control del estrecho, lo que ha llevado a muchos operadores navieros a seguir cautelosos con esta vía marítima, un punto de estrangulamiento crucial para los envíos de petróleo y gas desde el Golfo.
“El transporte marítimo se encuentra, literalmente, en medio del fuego cruzado mientras EE.UU. e Irán se disputan el control del estrecho de Ormuz», dijo Michelle Wiese Bockmann, analista de Windward, una empresa de inteligencia marítima. “Esto no ayuda mucho a recuperar la confianza en que se pueda garantizar la seguridad para sacar de allí a los barcos varados”.
El sábado, Baréin, un aliado de Estados Unidos en la región, dijo que había sido atacado por drones iraníes, en lo que parece una represalia por los ataques que las fuerzas estadounidenses lanzaron contra Irán el viernes. El ataque de Estados Unidos fue, a su vez, una respuesta a que Irán disparara el jueves contra un buque de carga, el Ever Lovely, que navegaba por el estrecho.
Los ataques se produjeron aproximadamente una semana después de que Estados Unidos e Irán firmaran un acuerdo de paz preliminar que incluía una cláusula para reabrir el estrecho.
Pero la vía navegable aún no ha vuelto a la normalidad. Tras el ataque iraní al Ever Lovely, la Organización Marítima Internacional, una agencia de las Naciones Unidas, suspendió una operación para evacuar a cientos de barcos varados en el golfo Pérsico.
El sábado, la agencia británica Maritime Trade Operations elevó su evaluación del nivel de amenaza en el estrecho de Ormuz a “sustancial”, citando los ataques a buques. La organización, dirigida por la Armada británica y que actúa como servicio de vigilancia y emergencia para la navegación comercial, dijo que había recibido informes de que un buque petrolero en el estrecho había sido alcanzado por un “proyectil no identificado” el sábado, y señaló que no hubo heridos ni daños medioambientales.
Harry Vafias, director ejecutivo de Stealth Gas, una empresa de servicios de transporte marítimo, dijo el sábado que, de sus tres buques atrapados en el golfo Pérsico desde hace más de tres meses, uno había podido salir del Golfo en los últimos días. Pero los otros dos siguen atrapados y les resulta demasiado difícil salir en este momento. Dijo que “la situación en Ormuz parece estar empeorando de nuevo”.
En las últimas semanas, Irán ha intentado establecer un control formal sobre el tráfico marítimo en el estrecho, algo de lo que antes no disponía. Irán ha exigido a los operadores de buques que obtengan su permiso antes de atravesarlo, y ha amenazado a los barcos que no lo han hecho.
Irán atacó el buque portacontenedores cuando este navegaba por el estrecho cerca de Omán.
Desde hace casi dos meses, el Comando Central de Estados Unidos ha estado ayudando a los barcos comerciales a atravesar el estrecho por rutas cercanas a la costa de Omán, y esta semana dijo que ha facilitado el paso de más de 500 buques desde principios de mayo.
“La agresión injustificada contra la navegación comercial por parte de las fuerzas iraníes violó claramente el alto al fuego”, dijo el Comando Central de Estados Unidos en un comunicado el viernes. Añadió que seguía coordinando y prestando apoyo para garantizar un paso seguro a los buques comerciales que transitan por el estrecho.
Antes del ataque de Irán, el tráfico marítimo por esta vía había ido aumentando. El miércoles pasaron 73 barcos y el jueves 54, según datos de Kpler, una empresa de análisis marítimo. Era demasiado pronto para saber qué efecto habían tenido los últimos ataques en el número de barcos que cruzaban el estrecho. El viernes transitaron al menos 34 buques y el sábado al menos 10, pero ese recuento estaba incompleto y se esperaba que aumentara, según Kpler.
Esas cifras de tráfico eran superiores a los minúsculos totales diarios registrados durante la guerra, pero seguían estando muy por debajo de los aproximadamente 130 barcos que transitaban a diario antes del conflicto.
Las últimas cifras incluyen los barcos iraníes y aquellos que han obtenido permiso de Irán para atravesar el estrecho; los buques que transitan con ayuda de Estados Unidos; y los barcos que formaban parte de la evacuación organizada por la Organización Marítima Internacional, la agencia de las Naciones Unidas.
Arsenio Dominguez, secretario general de la OMI, dijo el viernes que desde el martes se habían evacuado 115 buques, con unos 2500 tripulantes. Del total, 51 salieron el jueves y 16 el viernes.
La OMI dijo que el barco atacado el jueves no formaba parte de la evacuación de su organización, y Dominguez dijo que necesitaba “información adicional” para determinar si el barco formaba parte de la operación del Comando Central de Estados Unidos. Un vocero se negó a confirmar si el Ever Lovely había formado parte de su iniciativa.
La operación de evacuación de las Naciones Unidas atrajo a operadores de buques que no querían tratar con Irán y que no querían correr el riesgo de seguir adelante con la ayuda de Estados Unidos y convertirse potencialmente en blanco de un ataque iraní, dijo un experto en transporte marítimo.
Tras los ataques iraníes y estadounidenses, lo más probable es que esos operadores de buques eviten ahora el estrecho hasta que la situación parezca más segura, lo que podría retrasar el retorno a los niveles de tráfico previos a la guerra.
“Los riesgos seguirán siendo elevados para el transporte marítimo”, dijo Noam Raydan, investigador principal del Washington Institute for Near East Policy. “Irán no está dispuesto a detener sus ataques contra buques ni sus amenazas, y esto seguirá exigiendo una respuesta por parte de EE. UU.”
Wiese Bockmann, de Windward, dijo que, poco después de los ataques de Estados Unidos, los barcos empezaron a apagar los sistemas que transmiten su ubicación.
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Peter Eavis cubre el negocio de trasladar productos por todo el mundo.
Jenny Gross escribe sobre negocios y economía para The New York Times y está basada en Londres.
The New York Times, data-cc, data-cc-nyt
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