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POLITICA

Javier Milei, el presidente de la conversación cansada

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Se suele mirar a las redes sociales como un territorio secundario de la política: un espacio de exageración, ruido, vanidad y desahogo. Y en muchos casos esa visión tiene fundamento. Pero con Javier Milei conviene hacer una excepción. No porque las redes reemplacen a la política real, sino porque en su caso fueron bastante más que un escenario de amplificación: fueron el territorio central de su construcción. Primero como personaje, después como diputado, más tarde como candidato y finalmente como presidente.

Milei creció en televisión, es cierto. Hizo del panelismo una escuela de instalación, de choque y de reconocimiento. Pero desde que llegó a la Casa Rosada dejó de exponerse al debate en los términos en que lo hacía antes. Ya no discute: emite. Y como tampoco cuenta todavía con una red territorial clásica —gobernadores, intendentes, una estructura propia extendida— entender cómo funciona su imagen y sobre todo su narrativa, sigue siendo indispensable para entender su poder. En su caso, mirar la conversación digital no es una moda metodológica. Es analizar una de las fuentes originales de su legitimidad.

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Entre enero y abril en la consultora Methodo analizamos más de 326 millones de menciones en Facebook, X, Instagram y YouTube. El primer hallazgo es simple, pero no por eso menor: Milei mantiene la centralidad, pero pierde volumen. Sigue siendo, por lejos, el principal organizador de la conversación política argentina, aunque ya no con la misma potencia expansiva. En el primer trimestre de 2024 reunió 39 millones de menciones. En el primero de 2026, 18 millones. En dos años perdió más de la mitad del volumen de conversación que había logrado en el arranque de su presidencia.

No significa que haya dejado de importar. Significa algo bastante más sutil: importa de otro modo. Sigue en el centro, pero ya no irradia con la misma fuerza. Su conversación ya no crece: se defiende para sostenerse. Y eso es relevante porque el mileísmo fue, desde el principio, una experiencia de intensidad. No solo una oferta electoral sino también una forma de energía. Una máquina de atención. Cuando esa intensidad baja, aunque siga siendo superior a la del resto, lo que aparece ya no es solo un dato de comunicación. Aparece una señal política.

A eso se suma un segundo elemento. En abril de 2026, la conversación sobre Milei mostró 44% de positividad y 56% de negatividad: el peor saldo desde que asumió. El dato, por supuesto, podría leerse de manera lineal. Todo gobierno acumula desgaste. Todo oficialismo que ajusta, confronta y decepciona empieza a pagar costos. Pero acá también conviene ir un paso más allá. Porque aun en ese contexto, el nivel de positividad que conserva sigue siendo llamativo. No hay fervor, pero tampoco intemperie. Hay malestar, hay rechazo, hay fatiga, pero todavía persiste una afinidad o necesidad en una parte nada despreciable de la sociedad.

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Eso no ocurre en el vacío. Ocurre con una economía que volvió a incomodar, una inflación que ya no puede administrarse solo como herencia narrativa y una secuencia de escándalos que empiezan a dejar marca. Lo interesante es que ese desgaste no produce, al menos por ahora, una transferencia clara hacia otro lado. Y ahí aparece uno de los rasgos más importantes del momento.

Axel Kicillof Fabián Marelli

La oposición sigue sin capitalizarlo. Cristina Fernández de Kirchner registra 2 millones de menciones y 60% de negatividad. Axel Kicillof, 1,8 millones y también 60% de negatividad. Mauricio Macri, en cambio, muestra una novedad menor: después de mucho tiempo encerrado en una conversación de círculo rojo, volvió a ser advertido por fuera de ese perímetro, más por su separación y por esa vieja condición de celebrity que por razones políticas. No es un retorno grande, pero sí una visibilidad algo más fresca, como si hubiera dejado de existir solo en la sección política para empezar a asomar también en las de sociedad o espectáculo. Los outsiders, por su parte, no están mal ponderados en la relación entre imagen positiva y negativa, pero generan un volumen tan bajo que la sociedad prácticamente no los advierte: el mejor posicionado es Dante Gebel, que tras su última gira mediática apenas supera las 200.000 menciones.

Dante Gebel, un fenómeno todavía muy incipienteCaptura A24

Ese dato ayuda a leer mejor el fenómeno Milei. El oficialismo se desgasta, pero enfrente no aparece una fuerza que absorba con claridad ese desgaste y lo convierta en alternativa. El sistema político argentino parece hoy más apto para registrar malestar que para producir reemplazo.

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El cuadro se vuelve todavía más nítido cuando se observa de qué se habla alrededor de Milei. Allí ya no aparece una agenda de transformación, sino una conversación organizada por tres grandes núcleos.

El primero es la gravitación de Donald Trump, con 7 millones de menciones. Ese volumen empieza a sugerir algo más que afinidad ideológica. Para una parte de la conversación pública, el Gobierno argentino aparece cada vez más ligado a la validación política y simbólica que llega desde Washington. No solo en términos de alineamiento exterior, sino también como dependencia narrativa. El mileísmo todavía conserva centralidad local, pero una parte del país empieza a leerlo como un oficialismo que mira demasiado hacia afuera para sostener su autoridad hacia adentro.

El segundo núcleo es la secuencia de escándalos. $LIBRA, ANDIS, corrupción y, de manera más visible, el caso Adorni. Este último es particularmente revelador porque no se trata de un funcionario lateral, sino de una de las caras más expuestas del dispositivo narrativo oficial. Y ahí se produjo una reversión de imagen de positiva a negativa de una velocidad inhabitual. En términos de volumen, un movimiento semejante solo se había visto antes en Alberto Fernández. La diferencia es que, en el caso del vocero presidencial, ocurrió muchísimo más rápido. Eso no habla solo de él. Habla también de una conversación pública que empezó a castigar con menos paciencia y de un gobierno al que ya no le resulta tan sencillo blindar a sus propios intérpretes.

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Manuel Adorni, en el Congreso de la NaciónSantiago Oroz –

El tercer núcleo, y probablemente el más profundo, es el económico. Inflación, reforma laboral, pobreza, jubilaciones, salarios y desempleo componen, en conjunto, un volumen de conversación que muestra hasta qué punto el malestar material dejó de ser un ruido de fondo para convertirse en experiencia cotidiana. Ese cambio tiene una importancia especial en redes, donde durante años predominó la exhibición aspiracional: la vida mejorada, la imagen deseable, el éxito aunque fuera transitorio o prestado. Cuando la economía se mete también ahí, cuando atraviesa ese espacio donde las personas suelen disimular sus carencias y exagerar sus logros, el problema dejó de ser técnico para pasar a ser anímico.

Por eso el dato más interesante de esta etapa no es solamente que Milei esté peor. Es que el mileísmo empieza a enfrentar una combinación más corrosiva: menos volumen, más negatividad, malestar económico íntimo y una sospecha moral que ya no parece ser un episodio aislado. Todo eso convive, además, con una oposición que no enciende y con outsiders que todavía no existen como posibilidad perceptible.

La Argentina, entonces, no da muestras de estar encaminándose a una conversación de relevo sino más bien a un diálogo sobre el desgaste.

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Milei sigue siendo el centro de la escena pero empieza a tener problemas en torno a su gravitación. Central es aquello que obliga a mirar, gravitante es aquello que todavía logra ordenar el deseo. Lo que empieza a insinuarse en la conversación pública es que Milei conserva la primera, pero ya no está claro que mantenga intacta la segunda.

Tal vez esa sea hoy la mejor definición disponible del momento político argentino: una centralidad herida. Un presidente que sigue ocupando el centro del tablero, pero ya no con la misma capacidad de contagiar, expandir o prometer. Una sociedad que lo sigue mirando, aunque cada vez más desde la incomodidad, la sospecha o el cansancio. Y una oposición que, frente a esa erosión, no encuentra la manera de parecerse al futuro.

La política argentina, mientras tanto, todavía no termina de registrar ese cambio de clima. La conversación digital, en cambio, empieza a decir algo bastante más incómodo: el “libertarismo” no terminó, pero empezó a perder esa característica tan propia como decisiva que alguna vez tuvo de sobra. El entusiasmo.

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El autor es politólogo y CEO de la consultora Methodo




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POLITICA

Las repercusiones en Brasil del discurso de Milei durante el acto de Flávio Bolsonaro: “Es inadmisible”

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El presidente del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil, Edinho Silva, y el titular del Supremo Tribunal Federal, Luiz Edson Fachin, repudiaron este sábado el discurso de Javier Milei durante su visita a San Pablo, en el que utilizó duros términos para referirse tanto al presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva como al juez Alexandre de Moraes, en el acto de lanzamiento de la campaña presidencial de Flávio Bolsonaro.

Silva sostuvo que el discurso de Milei es “inadmisible” y que “no está a la altura del cargo que ocupa”, mientras Fachin calificó como “irrespetuosa” la referencia del argentino a un magistrado de la Corte, a la vez que reafirmó la autonomía del Poder Judicial y deploró expresiones incompatibles con la civilidad entre Estados.

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La reacción se produjo después de una jornada en San Pablo que incluyó una condecoración para Milei con la Orden del Ipiranga, en el grado de Gran Cruz, por parte del gobernador Tarcísio de Freitas en el Palacio dos Bandeirantes, antes de que ambos se trasladaran al acto partidario. Luego, Milei fue protagonista del lanzamiento de la candidatura de Flávio Bolsonaro como candidato presidencial del Partido Liberal.

Silva centró su respuesta en la soberanía institucional brasileña y en el límite que, a su juicio, Milei cruzó durante su discurso. “Brasil es un país democrático y soberano. Nuestra democracia permite el debate de ideas en el que las posturas contradictorias pueden y deben alimentar las discusiones sobre el futuro del país, especialmente en el contexto de una disputa electoral como la que estamos viviendo”, afirmó el dirigente del PT.

Edinho Silva afirma que el discurso del mandatario extranjero cruza un límite institucional en plena campaña brasileña (REUTERS/Jean Carniel)

Durante su discurso en la Convención Nacional del Partido Liberal en San Pablo, Javier Milei lanzó ataques directos contra Luiz Inácio Lula da Silva, utilizando términos como “ladrón”, “presidiario” y “totalitario” para referirse al mandatario brasileño. Milei sostuvo que “en Brasil hoy tienen el Riesgo Lula y se refleja claramente en el mercado accionario”, y señaló que la amenaza proviene de “alguien que está dispuesto a hacerle frente y convertirse en la voz de esa mayoría silenciosa que ya sufrió abusos”.

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“Che, los micrófonos estos, ¿quién los mandó a tocar? ¿El ladrón?“, dijo Milei en un momento en el que había problemas con el sonido del lugar.

En su intervención, el libertario remarcó: “Confiamos en Flávio Bolsonaro para lograr parar a la basura socialista”. También advirtió que el socialismo es “siempre y en todo lugar el camino al totalitarismo”.

Tras ese planteo, Silva delimitó qué tipo de crítica considera legítima y cuál rechaza cuando proviene de un mandatario extranjero. “Ninguna autoridad pública en Brasil está exenta de críticas, siempre y cuando se realicen de la manera y en el momento adecuados. Sin embargo, es inaceptable que un jefe de Estado extranjero venga a nuestro país y se dirija a sus poderes constituidos de manera irrespetuosa”, declaró.

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El detonante fue la intervención de Milei en la convención del PL que oficializó la candidatura presidencial de Flávio Bolsonaro. Desde el escenario, el presidente argentino insultó a Moraes al referirse a la imposibilidad de visitar a Jair Bolsonaro, quien cumple una condena de 27 años de prisión en régimen de arresto domiciliario por el intento de golpe de Estado y conspiración, tras perder las elecciones de 2022.

“La basura calva no me permitió visitar a mi amigo encarcelado injustamente”, sostuvo Milei desde el escenario en el acto del PL en referencia al magistrado y recordó que Lula había recibido a dirigentes extranjeros durante su propia detención.

Luiz Edson Fachin reafirma la autonomía del Poder Judicial brasileño ante cuestionamientos realizados en territorio nacional (REUTERS/Jean Carniel)

Silva también vinculó ese episodio con una crítica más amplia sobre el desempeño institucional del mandatario argentino. “No sorprende que el actual presidente de Argentina se comporte de esta manera. Después de todo, ha habido muchas situaciones recientes en las que ha demostrado que no está a la altura del cargo que ostenta”, afirmó.

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En el oficialismo brasileño ya existía una línea roja previa a la intervención del presidente argentino: evitar ataques personales contra Lula. En octubre próximo serán las elecciones presidenciales en Brasil. Una encuesta de Genial/Quaest ubicó a Lula con 55% de expectativa de reelección frente al 25% de Flávio Bolsonaro.

Milei viajó a Brasil para respaldar la candidatura del senador del Partido Liberal para las elecciones presidenciales del 4 de octubre. En el Palacio do Planalto interpretaron ese apoyo explícito como una injerencia en la política interna brasileña, en el marco de un vínculo bilateral que ya atravesaba uno de sus puntos más bajos.

Edinho Silva habló como presidente nacional del PT y presentó la respuesta como una defensa simultánea de Lula y de los poderes del Estado brasileño. Lo que reveló fue que, para el oficialismo, el problema no fue solo el tono de Milei sino el hecho de que un jefe de Estado extranjero atacara a las instituciones del país en plena disputa electoral.

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En su declaración, Silva sumó además una crítica sobre el uso del tiempo y de los recursos públicos por parte del presidente argentino durante la visita. “El actual inquilino de la Casa Rosada habría aprovechado mejor su tiempo y los recursos de los contribuyentes argentinos si hubiera dedicado el día de hoy a trabajar y resolver los problemas de su país”, dijo.

La Orden del Ipiranga en grado de Gran Cruz se entrega antes del acto partidario que desata la polémica (REUTERS/Alexandre Meneghini)

El dirigente cerró su mensaje con una diferenciación entre el gobierno de Milei y la relación histórica entre ambos países. “Sentimos pena por Argentina, un país amigo de Brasil y con un pueblo excepcional”.

Por su parte, el presidente del Supremo Tribunal Federal, Luiz Edson Fachin, expresó en un breve comunicado que había tomado conocimiento de la declaración de Milei sobre un ministro de la Corte y la calificó de irrespetuosa.

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“He tomado conocimiento de la declaración del Presidente de Argentina sobre un ministro del Supremo Tribunal Federal. Se trata de una referencia irrespetuosa hacia un magistrado de la más alta Corte del país, realizada en territorio brasileño, por un acto jurisdiccional llevado a cabo conforme a la Constitución y las leyes de la República Federativa de Brasil. Al reafirmar la plena autonomía del Poder Judicial brasileño, la Presidencia del STF deplora manifestaciones incompatibles con la civilidad que debe caracterizar las relaciones entre los Estados».

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El partido de Lula respondió a las críticas de Javier Milei: “No está a la altura de su cargo”

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Tras el duro discurso político en el que Javier Milei apuntó contra Luiz Inácio Lula da Silva, el partido del actual presidente brasileño salió en respuesta. Edinho Silva, titular del Partido de los Trabajadores (PT), sostuvo que el jefe de Estado “no está a la altura de su cargo” y que tuvo un comportamiento “inadmisible”.

Milei arremetió contra Lula durante su paso por la convención del Partido Liberal en San Pablo, a donde viajó para apoyar la candidatura presidencial de Flavio Bolsonaro. En el Arena Pacaembú, llamó a los ciudadanos a respaldar al hijo del exmandatario brasileño para frenar el avance de Lula, y habló de “zurdos de mierda”. Criticó fuertemente al “socialismo latinoamericano” en una exposición que duró 25 minutos.

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Flavio Bolsonaro junto a Javier Milei ap – AP

Ante ello es que Edinho Silva salió en defensa del presidente brasileño a través de un comunicado, donde acusó a Milei de faltarle el respeto a Lula y a las instituciones locales.

Brasil es un país democrático y soberano. Nuestra democracia permite el debate de ideas, en el que las posturas contradictorias pueden y deben alimentar las discusiones sobre el futuro del país, especialmente en el contexto de una disputa electoral como la que estamos viviendo”, expresó, y reportó el medio local O Globo.

Sostuvo que ninguna autoridad pública de Brasil está “exenta de críticas”, pero “siempre y cuando estas se realicen de la manera y en el momento adecuados”.

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Edinho Silva, presidente del PTPartido de los Trabajadores de

“Resulta inaceptable que un jefe de Estado extranjero visite nuestro país y se dirija a sus poderes constituidos de manera irrespetuosa. No sorprende que el actual presidente de Argentina se comporte así”, señaló.

Y sumó: “Al fin y al cabo, existen numerosas situaciones recientes en las que ha demostrado no estar a la altura del cargo que ostenta”.

Las críticas de Milei

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El Presidente evitó nombrar a Lula por su nombre de pila y lo llamó, con ironía, “Don Lula”, “el zurdo”, “ladrón” y “el presidiario”, mientras arremetía contra el modelo del Palacio del Planalto. “Los argentinos somos profetas de un futuro distópico. Hemos vivido las consecuencias de tomar el camino del socialismo hasta el final y hemos visto cómo los zurdos de mierda nos hundieron en la pobreza”, soltó a principios de su discurso.

Un desperfecto técnico interrumpió por segundos el sonido de los micrófonos y Milei aprovechó para volver a apuntar contra Lula: “Che, ¿los micrófonos estos quién los mandó a tocar? ¿El ladrón?”. Luego, redobló la apuesta y acusó a Lula de haber intentado torcer a su favor las elecciones de 2023, cuando enfrentó a Sergio Massa.

Además, apuntó contra el juez del Supremo Tribunal Federal (STF) brasileño, Alexandre de Moraes por no autorizar su visita a Jair Bolsonaro, condenado por el Supremo Tribunal Federal a más de 27 años de prisión por haber liderado un intento fallido de golpe de Estado para impedir la asunción de Lula en 2023.

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“Esa basura me impidió visitar a mi amigo injustamente encarcelado, a pesar de que sé que Lula se cansó de recibir a líderes extranjeros mientras estaba en prisión, incluido el nefasto expresidente argentino Alberto Fernández”, declaró.




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Intentaron robar en la casa de Daniel Scioli en Villa La Ñata: hay dos detenidos y uno es un excustodio

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El secretario de Turismo, Ambiente y Deportes, Daniel Scioli, fue víctima de un intento de robo en su casa de Villa La Ñata durante la madrugada del miércoles. Según la investigación, un grupo de hombres logró ingresar al predio de la propiedad, pero fue detectado por la custodia antes de alcanzar la vivienda donde descansaba el funcionario. La causa ya tiene dos detenidos, uno de ellos un expolicía bonaerense que hasta el año pasado integró el equipo de seguridad del exgobernador.

De acuerdo con el expediente judicial, el episodio ocurrió cerca de las 3 de la mañana del 22 de julio. Los sospechosos llegaron al domicilio ubicado sobre la calle Carlos Belgrano, en un Peugeot blanco, y descendieron con los rostros cubiertos por máscaras con estampas de payasos y guantes para evitar dejar rastros.

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La investigación sostiene que los acusados actuaron con una distribución previa de tareas. Tras ingresar al predio, uno de ellos se dirigió hasta el buzón ubicado en el acceso principal e introdujo la mano para accionar un botón oculto que habilitaba la apertura del portón. Para los investigadores, el conocimiento de ese mecanismo resulta un elemento clave de la causa.

La maniobra fue advertida por efectivos de la División Custodias y Traslados que se encontraban de guardia y monitoreaban el ingreso a través de las cámaras de seguridad instaladas en el puesto de vigilancia. Al salir al encuentro de los sospechosos, los policías les dieron la voz de alto.

Leé también: Javier Milei respaldó la candidatura de Flavio Bolsonaro y tildó a Lula da Silva de “ladrón y presidiario”

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Según el parte policial, uno de los acusados respondió apuntando a los efectivos con una pistola calibre 9 milímetros o similar. En ese momento, el portón volvió a cerrarse y los sospechosos quedaron dentro del perímetro del predio, aunque sin posibilidades de avanzar hacia la vivienda donde se encontraba Scioli.

Al advertir que habían sido descubiertos, desistieron del intento de robo, regresaron hasta la calle y escaparon a bordo del mismo vehículo en el que habían llegado. En ningún momento lograron ingresar a la casa.

Las cámaras de seguridad registraron la secuencia y las imágenes fueron incorporadas al expediente como parte de la investigación. Además, durante los procedimientos posteriores se secuestraron distintos elementos de interés para la causa, entre ellos una de las máscaras presuntamente utilizadas por los sospechosos.

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La investigación quedó a cargo de la Fiscalía de Benavídez y derivó en la detención de Brian Orona y Santiago Grandiselli, señalados como presuntos integrantes del grupo. De acuerdo con la pesquisa, Orona es un ex policía bonaerense que hasta el año pasado se desempeñó como custodio de Scioli, una circunstancia que, para los investigadores, explicaría el conocimiento que tenía sobre el sistema de acceso a la propiedad.

Desde el entorno del secretario minimizaron el episodio. Aseguraron que Scioli permanecía durmiendo cuando ocurrió el intento de robo y que al día siguiente continuó con su agenda oficial sin modificaciones. “Estaba durmiendo en la casa y a la mañana siguiente fue a trabajar normalmente”, señalaron fuentes cercanas al funcionario.

Daniel Scioli, intento de robo, seguridad

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