POLITICA
Javier Milei se arrodilló y se persignó al entrar a la Catedral para participar del Tedeum

El presidente Javier Milei participó este lunes del Tedeum por el 216° aniversario de la Revolución de Mayo en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, donde protagonizó un gesto religioso al arrodillarse y persignarse antes del inicio de la ceremonia encabezada por el arzobispo porteño, Jorge García Cuerva.
El mandatario ingresó poco antes de las 10 acompañado por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei; el jefe de Gabinete, Manuel Adorni; y el canciller Pablo Quirno. Tras saludar a García Cuerva y a otros cardenales presentes, se tomó unos segundos para arrodillarse y hacer la señal de la cruz antes de dirigirse al lugar asignado para la misa patria.
La ceremonia reunió a gran parte del Gabinete nacional y a dirigentes oficialistas, en medio de las tensiones internas que atraviesa el Gobierno. Entre los presentes estuvieron además el asesor presidencial Santiago Caputo, el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y la senadora Patricia Bullrich. La ministra Sandra Pettovello no participó debido a un viaje oficial al Vaticano.
Antes de llegar a la Catedral, Milei y sus ministros se reunieron en la Casa Rosada y luego caminaron por la avenida Rivadavia hasta el templo, como ocurrió en las celebraciones de los dos años anteriores. Durante el trayecto saludaron a las personas que se acercaron a la Plaza de Mayo. La vicepresidenta Victoria Villarruel estuvo ausente y, según trascendió desde su entorno, no recibió invitación formal de la Presidencia para asistir al acto.
El mensaje de García Cuerva
Durante la homilía, García Cuerva hizo un llamado a la unidad y cuestionó el clima de enfrentamiento político y social. “Basta de arengar la polarización”, expresó ante la mirada del Presidente, que permaneció sentado en una butaca ubicada en el centro de la nave principal.
El arzobispo también pidió recuperar la memoria histórica y criticó “la ostentación, el despilfarro y el derroche”. “Argentina, toma tu camilla; es decir, no te olvides de tu historia, de los próceres que te ayudaron a caminar y de ese pueblo fiel que supo ponerse a los demás al hombro”, sostuvo durante su mensaje.
La alocución se extendió por poco más de 15 minutos. Finalizado el oficio religioso, Milei saludó con un abrazo al arzobispo y a representantes de otros credos antes de retirarse junto a sus funcionarios. Luego se dirigió hacia Plaza de Mayo para entonar el Himno Nacional Argentino frente al Cabildo junto a la banda de Granaderos.
Reunión de Gabinete tras el Tedeum
Después de la ceremonia, Milei encabezó una reunión de Gabinete en la Casa Rosada que se extendió por más de una hora. Según fuentes oficiales, durante el encuentro no se abordaron las disputas internas que en las últimas semanas involucraron a Caputo, Menem, Bullrich y Adorni.
Como precisó , el Presidente condujo gran parte de la reunión y realizó una exposición sobre criterios de gestión y toma de decisiones. Se trató además del primer encuentro en el que se vieron cara a cara el titular de la Cámara Baja y el asesor presidencial tras el caso “Periodista Rufus”.
El presidente Javier Milei participó este lunes del Tedeum,García Cuerva hizo un llamado a la unidad y cuestionó el clima de enfrentamiento político y social,“Periodista Rufus”,Javier Milei,25 de Mayo,Conforme a,,»Crítica, pero componedora». El Gobierno evitó responderle a García Cuerva y rescató fragmentos de la homilía,,Sin laudo. Milei reunió al Gabinete para intentar aplacar tensiones, pero sin menciones a la interna,,Sin Villarruel. Milei llegó al Tedeum del 25 de Mayo en medio de internas en el oficialismo,Javier Milei,,Sin laudo. Milei reunió al Gabinete para intentar aplacar tensiones, pero sin menciones a la interna,,Minuto a minuto. Tedeum del 25 de mayo, en vivo: el mensaje de la Iglesia con Javier Milei en la Catedral,,»Crítica, pero componedora». El Gobierno evitó responderle a García Cuerva y rescató fragmentos de la homilía
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Duro mensaje del arzobispo de Buenos Aires en el Tedeum: «Basta de arengar la división y la polarización»

El arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, envió un duro mensaje en el Tedeum en la Catedral Metropolitana: “Basta de arengar la división y la polarización”. “Nos faltan dirigentes que se animen al diálogo y a la reconciliación», dijo García Cuerva en la tradicional misa por el 25 de Mayo.
El presidente Javier Milei participó de la ceremonia junto a los ministros, en medio de la interna oficialista y sin la vicepresidenta, Victoria Villarruel, que no fue invitada por la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.
García Cuerva reclamó: “Basta de arengar la división y la polarización porque ‘nadie se salva solo’, como nos decía Francisco. Y por último, pero no menos importante, el actor de la esperanza, que como un motor interno, anima cotidianamente a tantos argentinos que todos los días hacen enormes esfuerzos y siguen apostando por un futuro mejor».
El arzobispo de Buenos Aires advirtió: “Lo que nos falta es una clase dirigente que con la fuerza de ese pueblo se anime al diálogo, al encuentro, a la reconciliación; y que lo haga por los que no pueden más, por los que perdieron las ganas de seguir, por los que sufren la parálisis de la falta de trabajo, de educación, de oportunidades».
Jorge García Cuerva advirtió sobre los “odiadores” y el “terrorismo de las redes”, en plena tensión entre Martín Menem y Santiago Caputo
García Cuerva advirtió además sobre los “odiadores” y el “terrorismo de las redes”, en plena escalada de tensión entre el titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, y el asesor presidencial, Santiago Caputo, que se recalentó a partir de mensajes en X.
El arzobispo de Buenos Aires planteó: “Odiadores de aquella época, sentados en la casa de Cafarnaúm, haters de hoy, sentados frente a una computadora de su escritorio, o cómodamente instalados delante de una pantalla para hacer terrorismo de las redes, descalificando, difamando. Qué vigencia tienen las palabras del Papa León cuando decía en febrero de este año: ‘Los invito a abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo’“.
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García Cuerva reclamó: “Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas».
El arzobispo de Buenos Aires destacó: “Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz. Y así como aquellos escribas no lo detienen a Jesús en su deseo de sanar al paralítico, los violentos de hoy no tienen que detener a los hombres y mujeres que en nuestra Argentina quieren dar una mano, y hacer algo por la Patria con esfuerzo silencioso y paciente, sin estridencias, sin cámaras, pero con el compromiso de un pueblo que no se resigna a vivir mal, sin justicia, sin paz”.
Jorge García Cuerva, Javier Milei
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La reedición del triángulo de hierro: la sugestiva foto con la que Milei volvió a fortalecer su núcleo de poder

La imagen fue demasiado precisa para ser casual, involuntaria. Javier Milei salió al balcón de la Casa Rosada junto a Karina Milei y Santiago Caputo en el cierre de una jornada cargada de simbolismo político y religioso por el 25 de Mayo, pero la escena tuvo una dimensión más profunda que una postal institucional: funcionó como una demostración pública de poder y, sobre todo, como un mensaje interno después de semanas de tensión expuesta dentro del oficialismo.
La foto reeditó de manera explícita el “triángulo de hierro” sobre el que Milei construyó su llegada y su ejercicio del poder: él, su hermana y el asesor presidencial que se consolidó como uno de los principales arquitectos políticos y comunicacionales del Gobierno. Esa estructura, en los últimos meses, mostró fisuras por la consolidación del armado territorial de Karina Milei, el crecimiento partidario de La Libertad Avanza y la confrontación, primero soterrada y después pública, con el dispositivo político de Santiago Caputo.
En el 25 de Mayo, Javier Milei exhibió una señal de orden interno: incorporó a Santiago Caputo a la caminata oficial hacia la Catedral Metropolitana para el Tedeum y luego apareció con él y con Karina Milei en el balcón de la Casa Rosada. En paralelo, la vicepresidenta Victoria Villarruel quedó afuera del esquema protocolar y político de la jornada.
Pero la señal no empezó en el balcón.

Comenzó varias horas antes, cuando Milei tomó una decisión política cargada de intención: incorporar a Santiago Caputo a la caminata oficial desde la Casa Rosada hasta la Catedral Metropolitana para participar del Tedeum.
El dato no fue menor. En los dos 25 de Mayo anteriores encabezados por Milei como presidente, Caputo no integró esa recorrida ceremonial. Esta vez sí, y ocurrió en medio del momento más delicado de la interna libertaria.
La decisión tuvo todavía más peso político porque el sistema de invitaciones y la organización protocolar de la Presidencia dependen directamente de Karina Milei, la otra terminal de poder involucrada de manera indirecta en las tensiones de las últimas semanas.
Por eso, dentro del oficialismo, la presencia de Caputo en la caminata se interpretó como una validación presidencial explícita. Milei no solo defendió públicamente a su asesor: también decidió exhibirlo dentro del núcleo ceremonial del poder presidencial en la fecha patria más relevante del calendario político.
Y hubo otro dato igual de elocuente: en paralelo a la incorporación de Caputo, la Secretaría General de la Presidencia dejó afuera del dispositivo protocolar a la vicepresidenta Victoria Villarruel, que no participó de la caminata oficial ni del esquema político organizado alrededor del Presidente durante la jornada patria.
La exclusión de Villarruel volvió a mostrar que la relación entre ambos continúa fracturada y reforzó el valor político de la presencia de Caputo. Mientras la vicepresidenta permanecía marginada del círculo presidencial, el asesor al que sectores del karinismo venían cuestionando reapareció integrado en el corazón de la escena institucional.
Fue un acto político calculado y a la vista de todos. Y la foto del balcón funcionó como el cierre visual de esa secuencia.
El episodio que dejó la interna expuesta
La crisis interna terminó de explotar con el episodio de la cuenta “PeriodistaRufus”, desde donde se difundieron mensajes que agitaron la interna libertaria y golpearon, en particular, al universo político ligado a Santiago Caputo. El episodio generó una situación incómoda para el oficialismo porque el propio Martín Menem —uno de los principales alfiles políticos de Karina Milei— reconoció en un grupo interno que una persona de su equipo había compartido contenido vinculado a esa cuenta.
El episodio dejó al descubierto algo que en la Casa Rosada venían intentando mantener encapsulado: la existencia de dos sistemas de poder dentro del oficialismo.
Por un lado, el esquema político y territorial articulado por Karina Milei junto a Menem y los armadores provinciales de La Libertad Avanza: un dispositivo concentrado en el partido, la expansión nacional del oficialismo y la construcción electoral del mileísmo.
Por el otro, el universo de Santiago Caputo: estrategia presidencial, narrativa política, control comunicacional, arquitectura de poder e influencia sobre el ecosistema digital libertario.
Las tensiones entre ambos sectores no eran nuevas. Pero hasta entonces habían logrado mantenerse lejos de la superficie pública. La crisis “Rufus” modificó ese equilibrio: por primera vez, la interna salió del subsuelo y empezó a discutirse abiertamente dentro y fuera del Gobierno.
En ese contexto, Milei decidió intervenir personalmente.
“Santiago es como un hermano para mí. Y Martín Menem lleva adelante una tarea como presidente de la Cámara de Diputados enorme, fenomenal, extraordinaria”, dijo el Presidente días atrás, cuando habló públicamente por primera vez sobre la crisis interna.
Después agregó una frase que funcionó casi como una definición sobre el funcionamiento interno del oficialismo: “Lo que yo entiendo es que el periodismo llama internas a discrepancias en la forma que puede pensar una persona y otra. Si todos pensáramos igual, significa que no está pensando nadie”.
La intervención presidencial tuvo una lógica clara: evitar una ruptura.
Milei no negó por completo las tensiones, pero rechazó la idea de una fractura definitiva. Validó de forma simultánea a Caputo y a Menem, y dejó en claro que no estaba dispuesto a desprenderse de ninguno de los dos polos de poder que sostienen hoy el funcionamiento político de su administración.

Gestos de contención y reordenamiento del oficialismo
En paralelo, el Presidente desplegó otros movimientos para descomprimir el escenario interno. Uno de ellos fue la reunión que mantuvo en la Quinta de Olivos con Agustín Romo, uno de los dirigentes más representativos del ecosistema digital libertario y una figura con llegada directa al universo político ligado a Santiago Caputo.
El encuentro fue leído dentro del oficialismo como otro gesto de contención presidencial. Milei buscó ordenar un esquema que en las últimas semanas había mostrado señales de descoordinación y agresividad interna, en particular en redes sociales, donde la disputa entre distintos sectores libertarios dejó de ser subterránea y se transformó en una pelea visible.
La preocupación en la Casa Rosada no pasa solo por la existencia de diferencias políticas: todos los gobiernos las tienen. El problema aparece cuando esas diferencias empiezan a erosionar el principal activo simbólico del mileísmo: la idea de cohesión absoluta alrededor del Presidente.
Milei construyó buena parte de su liderazgo sobre una lógica de verticalidad, centralización y lealtad total. La irrupción pública de la pelea perforó parcialmente ese esquema y mostró algo inusual en el universo libertario: dirigentes y sectores oficialistas que disputan poder de manera pública.
La escena del balcón terminó por cristalizar esa necesidad de recomposición.
En la lógica del mileísmo, las imágenes no son solo imágenes. Funcionan como mensajes de autoridad, señales internas y demostraciones de alineamiento político. Mucho más en un gobierno hiperpersonalista, donde la cercanía física con el Presidente se transformó en un indicador concreto de influencia.
Por eso la reconstrucción visual del “triángulo de hierro” tuvo tanta repercusión dentro del oficialismo.
No fue una foto espontánea. Fue una demostración de equilibrio.
La exhibición del “triángulo de hierro”
Milei decidió volver a exhibirse de manera simultánea con Karina Milei y Santiago Caputo después de semanas de desgaste interno, operaciones cruzadas y versiones sobre desplazamientos o reconfiguraciones dentro del poder libertario.
La secuencia completa adquirió un valor político evidente: primero, el Presidente intervino públicamente para bajar la tensión; después, definió a Caputo como “un hermano”; más tarde, lo incorporó a una ceremonia de la que no había participado en años anteriores; y finalmente apareció junto a él y Karina Milei en el balcón de la Casa Rosada.
Todo eso ocurrió en menos de dos semanas.
La pregunta que empezó a circular en la Casa Rosada durante los últimos días fue hasta dónde estaba dispuesto a llegar Milei para contener una interna que empezaba a generar preocupación incluso dentro del propio oficialismo.
Detrás de la pelea visible aparece una discusión más profunda: cómo se organiza el poder libertario en una etapa distinta de la gestión.
El gobierno de Milei nació como una estructura reducida, centralizada y personalista. Pero la consolidación de La Libertad Avanza como fuerza nacional empezó a producir algo inevitable en cualquier proceso de acumulación política: competencia interna por influencia, territorialidad y cercanía presidencial.
Karina Milei administra el armado político, la expansión territorial y la verticalidad partidaria. Es la jefa política del oficialismo y la principal administradora de los accesos al Presidente.
Caputo ocupa otro lugar: es el estratega presidencial, el diseñador narrativo del Gobierno y el principal intérprete político de Milei. No tiene estructura partidaria propia ni volumen territorial, pero concentra influencia sobre la comunicación, el discurso presidencial y buena parte de la toma de decisiones más sensible de la Casa Rosada.
Ambos cumplen funciones distintas, pero complementarias.
Y Milei parece haber llegado a una conclusión: necesita a los dos.
Por eso evitó elegir entre uno u otro. Hizo lo contrario: los volvió a mostrar juntos.

Mientras tanto, Villarruel volvió a quedar afuera de la escena principal del poder libertario, en una postal que también funcionó como mensaje político hacia el interior del oficialismo: el núcleo de confianza presidencial sigue siendo reducido y el acceso a ese círculo depende exclusivamente de Javier Milei.
La foto del balcón terminó por ser mucho más que una escena protocolar del 25 de Mayo. Fue la representación visual de una decisión política: preservar el delicado equilibrio interno del poder libertario y reconstruir públicamente el núcleo original de conducción del Gobierno después de la mayor crisis interna que atravesó hasta ahora el “triángulo de hierro”.
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Video: así fue el momento del abrazo entre Javier Milei y Jorge Macri antes del Tedeum

El presidente Javier Milei y el jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, protagonizaron este lunes una de las imágenes políticas más comentadas del Tedeum por el 25 de Mayo: ambos se saludaron con un abrazo en el ingreso a la Catedral Metropolitana, en una escena que contrastó de manera marcada con lo ocurrido un año atrás, cuando el mandatario había evitado saludar al alcalde porteño.
El gesto se produjo antes del comienzo de la ceremonia religiosa encabezada por el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, cuando Milei y Jorge Macri intercambiaron un abrazo y un saludo protocolar ante las cámaras.
La imagen tomó relevancia política porque en la ceremonia de 2025 el Presidente había dejado con la mano extendida al jefe de Gobierno porteño durante su ingreso al templo. Aquella secuencia se viralizó rápidamente y generó repercusión nacional, especialmente por el contexto político de tensión que atravesaban tanto la relación entre la Casa Rosada y el PRO como el vínculo entre Milei y la vicepresidenta Victoria Villarruel.
Tras ese episodio, Milei había publicado en redes sociales la frase “Roma no paga traidores”, lo que alimentó las especulaciones sobre el destinatario del mensaje y profundizó las interpretaciones acerca de una posible ruptura política con distintos sectores aliados.
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En esta ocasión, en cambio, el saludo entre el Presidente y Jorge Macri mostró una escena de mayor cercanía institucional. El abrazo se dio en medio de un contexto político distinto, luego de meses atravesados por negociaciones, tensiones y acuerdos entre La Libertad Avanza y el PRO.
Desde el macrismo ya habían intentado relativizar el episodio ocurrido en el Tedeum anterior. La diputada porteña Laura Alonso sostuvo que Jorge Macri “quedó mal ubicado” en aquella ceremonia y aseguró que el enojo presidencial no habría estado dirigido hacia él.
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Según explicó la legisladora en declaraciones radiales, el jefe de Gobierno quedó ubicado entre Villarruel y Milei en el momento del ingreso a la Catedral. Alonso afirmó además que la relación entre Jorge Macri y el Presidente “es 10 puntos” y remarcó que el vínculo institucional entre la Ciudad y la Nación atraviesa un buen momento.
El nuevo gesto de acercamiento ocurrió además en un escenario político donde el PRO y La Libertad Avanza mantienen una dinámica de convivencia y competencia simultánea. En el macrismo consideran central preservar identidad política propia en la Ciudad de Buenos Aires, aunque sin romper los canales de diálogo con el oficialismo nacional.
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La relación entre ambos espacios atravesó momentos de fuerte tensión tras las elecciones legislativas porteñas de mayo de 2025, en las que La Libertad Avanza logró imponerse en la Ciudad y relegó al PRO al tercer lugar en su principal bastión político.
A partir de entonces, Jorge Macri comenzó a impulsar una estrategia enfocada en fortalecer el armado territorial del PRO y reconstruir competitividad electoral en la Ciudad, mientras mantiene negociaciones y acuerdos con sectores del Gobierno nacional.
Javier Milei, Jorge Macri, tedeum, 25 de mayo
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