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INTERNACIONAL

La crisis y sanciones de Donald Trump limitan las opciones de los cubanos que quieren salir de la isla

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Los cubanos que desean abandonar su país tienen cada vez menos opciones para hacerlo, ya que la campaña de Donald Trump para restringir el suministro de combustible a la isla está impactando directamente los servicios aéreos y los procesos administrativos.

Mientras que los aproximadamente 10 millones de habitantes de Cuba sufren apagones en todo el país y una grave crisis económica, los traficantes de migrantes y las agencias de viajes ofrecen paquetes turísticos a otros destinos de América Latina. Pero las aerolíneas están cancelando rutas porque no pueden repostar, y el precio de los boletos en las compañías regionales está aumentando.

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Al mismo tiempo, el papeleo avanza a paso de tortuga, ya que las oficinas del gobierno reducen su horario para ahorrar energía. Incluso aliados de larga data, como Nicaragua, están cerrando sus puertas en medio de una campaña estadounidense para evitar la acumulación de personas en su frontera.

“Los que no se van son los que no tienen la posibilidad”, dijo Ángel Fernández Hernández, de 36 años, un cocinero que buscó boletos de avión a Guyana, pero se encontró con que no podía pagarlos. “Yo mismo tengo una grave situación con mi mujer y mi hija, me haría falta poder irme, pero no me alcanza el dinero para los tres”.

Aunque históricamente EE.UU. ha acogido a los solicitantes de asilo cubanos, Trump endureció agresivamente la política migratoria tras las medidas más cautelosas de administraciones anteriores. Además de reforzar su base electoral, reducir las opciones de salida de la población también aumenta la presión sobre el gobierno de La Habana, al que el presidente estadounidense espera derrocar tras 67 años de régimen de partido único.

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La captura por parte de EE.UU. de Nicolás Maduro, el principal aliado de Cuba en Venezuela, a principios de año cortó su principal fuente de importaciones energéticas. Luego, Trump amenazó con aranceles punitivos a cualquier país que enviara petróleo a la isla, lo que llevó a México a detener los envíos.

Además de eliminar opciones de vuelo y alargar los tiempos burocrátricos, la crisis de combustible también ha paralizado el transporte público. Esto dificulta aún más que quienes desean emigrar puedan reunir el dinero suficiente, ya que muchos venden sus pertenencias más valiosas para financiar su salida.

La captura por parte de EE.UU. de Nicolás Maduro, el principal aliado de Cuba en Venezuela, a principios de año cortó su principal fuente de importaciones energéticas. Foto EFE

“La mayoría de esos trámites son manuales. El atraso tecnológico en Cuba y la falta de energía, muchas veces dificulta a las personas reunir el dinero”, dijo Rafael Cristo, de 37 años, un podcaster cubano que lleva dos años viviendo en Brasil.

A menudo, los paquetes —que pueden incluir el boleto de avión, transporte, alojamiento e incluso empleo en el destino final— cuestan más de US$1.000 por persona. Mientras tanto, el salario promedio en Cuba ronda los US$20 al mes al tipo de cambio no oficial.

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Espera eterna

Desde enero, el padre de Cristo espera un certificado de nacimiento y otros documentos oficiales requeridos por la embajada brasileña, con la esperanza de reunirse con él en San Pablo. Cristo trabaja para la agencia de viajes de su hermano, que también ha ayudado a más de dos docenas de cubanos a reservar vuelos para salir del país este año.

La mayoría de esos clientes voló a Guyana, el país rico en petróleo ubicado en la costa norte de Sudamérica, que permite a los cubanos ingresar sin visa. Esto lo convierte en un punto de partida clave hacia otros destinos y en un lugar cada vez más demandado. “Son vuelos pequeños que se llenan muy rápido”, dijo Cristo. “Anteriormente las personas tenían más calma, buscaban cuando estaba más económico el boleto. La percepción ahora es que están queriendo comprar de inmediato la primera opción que exista”.

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Yosbel Reyes, de 49 años, voló a Guyana a principios de este mes, con escala en Trinidad y Tobago. Dejó atrás a una hija de 15 años y a un hijo de 16 que esperaba iniciar el servicio militar, asegurándoles que volvería pronto.

Reyes calculó que le tomaría al menos cuatro meses pagar los US$1.500 que pidió prestados a un amigo. Sin embargo, las ofertas salariales en Guyana rondaban los US$40 al día en construcción. Intentó encontrar un empleo mejor pagado como optometrista, pero enfrentó la barrera del idioma.

Una persona camina con una carretilla frente al monumento a José Martí en la Plaza de la Revolución, en La Habana (Cuba). Foto EFE

“Uno está buscando una vía de escape, pero cuando uno llega a estos lugares, te das cuenta de que la situación no es tampoco lo que uno espera”, dijo.

Mientras tanto, conseguir boletos hacia otros destinos se vuelve cada vez más difícil. Varias aerolíneas estadounidenses redujeron sus servicios a Cuba el año pasado, mientras que compañías canadienses y europeas suspendieron vuelos en febrero debido a la crisis de combustible. Iberia, de España, siguió ese camino con un anuncio este mes.

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Las disrupciones en la aviación global por la guerra en Irán tampoco ayudan, y las cancelaciones siguen aumentando. Casi una cuarta parte de los vuelos programados desde Cuba a principios de abril no despegaron, frente al 14% en enero, según datos de Cirium, una firma de análisis aeronáutico.

El destino europeo

España ha sido durante mucho tiempo el principal destino en Europa, debido a los vínculos históricos. Sin embargo, el padre Bladimir Navarro, sacerdote que recibe a migrantes cubanos, afirma que está viendo una leve disminución en las llegadas.

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En abril, su organización sin fines de lucro, Asociación Cobijo Cubano, alojaba a casi 200 personas en viviendas alquiladas. Muchos calificaban para migrar por descendencia española, gracias a un programa del gobierno que otorga ciudadanía a quienes cumplen ciertos requisitos.

Muchos otros isleños quedan fuera de esos programas. “Es un goteo constante, pero evidentemente está siendo más difícil salir por el tema económico”, dijo Navarro. “No hay combustible, pero los vuelos están haciendo escala en República Dominicana u otros países del Caribe. No se han parado, la gente busca rutas en América Latina”.

Una pareja que buscó su ayuda, y que habló bajo condición de anonimato por temor a represalias al volver a Cuba, tomaron la decisión de salir de La Habana en 24 horas tras ver publicaciones en redes sociales sobre la falta de combustible en febrero. Ya tenían pasaportes españoles, pero solo los habían usado como turistas. El riesgo de un cierre similar al de la pandemia cambió sus planes.

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Un hombre aguarda por clientes sobre su bicitaxi en La Habana (Cuba). Foto EFE

Volaron a Miami con sus tres hijos porque tenían familia allí, explicó la esposa. Luego decidieron viajar a España por temor a ser deportados de EE.UU. si se quedaban más tiempo. Reconoció que pocos en Cuba tienen los medios para salir así, y que la combinación de apagones e incertidumbre los empujó a Europa.

Ante el deterioro de las condiciones, políticos afines a Trump en Florida advierten que los migrantes no son bienvenidos en EE.UU. “No queremos ver llegar una armada masiva de gente”, dijo el gobernador Ron DeSantis el mes pasado.

Aunque el presidente estadounidense ejerce presión económica sobre el gobierno cubano, también teme una crisis humanitaria. Al explicar por qué permitió la llegada de un cargamento de petróleo ruso, Trump dijo que prefería “dejarlo entrar”, porque la población necesita energía para sobrevivir.

Sin embargo, a medida que los migrantes cambian sus rutas, las vías tradicionales se están cerrando.

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Nicaragua, que antes funcionaba como punto de tránsito, eliminó en febrero la exención de visa para cubanos. El mes pasado, Costa Rica cerró su embajada en La Habana, mientras que Ecuador retiró a su embajador y expulsó al personal cubano. México es una excepción, ya que mantiene ayuda humanitaria y permite solicitar asilo.

Brasil, en cambio, se ha convertido en el principal destino en América Latina, con un aumento de solicitudes de asilo de casi 90% el año pasado, hasta unas 42.000, según la agencia de migración de la ONU. Sin embargo, los datos del gobierno brasileño muestran que las llegadas de cubanos cayeron en los primeros meses de este año.

En enero y febrero, unos 2.400 cubanos ingresaron al país, frente a los 4.400 del mismo periodo de 2025.

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Es probable que el aumento de costos sea un factor clave. Alejandro Martí, un peluquero de 24 años, dijo que pagó unos US$1.000 para llegar a Surinam hace más de un año. Ahora, viajes similares superan los US$1.500.

Uno de estos operadores, conocido como El Zurdo, que se negó a revelar su identidad, advirtió que quienes retrasen su decisión podrían quedarse sin opciones. El número de vuelos podría reducirse aún más, debido tanto a la crisis de combustible como a la política de EE.UU.

Más allá del monto en dólares, el mecanismo de pago también es complejo. Los cubanos tienen acceso limitado al sistema bancario internacional por las sanciones de EE.UU., y la economía depende del efectivo. Muchos dependen de familiares en el exterior que pagan mediante plataformas como Pix en Brasil o Zelle en EE.UU.

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La isla ha perdido más de 2,75 millones de personas desde 2020, según el demógrafo Juan Carlos Albizu-Campos. Sin embargo, el endurecimiento del bloqueo y los cambios diplomáticos en la región están comenzando a frenar el flujo migratorio. “Pienso que, aunque la emigración no se va a terminar, sí se ralentizará”, afirmó.

Martí coincidió: “Todo el mundo migra para Estados Unidos. Ahora con Donald Trump, muchas personas vienen para Surinam, para Guyana, para Brasil, Uruguay o México. Los jóvenes en Cuba nunca van a tener un buen futuro”.

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INTERNACIONAL

Trump’s FDA boss resigning as admin taps next acting leader

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

Food and Drug Administration (FDA) Commissioner Marty Makary is resigning from his position Tuesday, a White House official told Fox News Digital. 

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The official said that Makary’s resignation has to do with «process at the FDA» and not a specific issue, and said there is «no bad blood» between President Donald Trump and the outgoing commissioner. Health and Human Services Secretary Robert F. Kennedy Jr. pushed for Makary’s resignation, according to the White House official. 

Kyle Diamantis, FDA deputy commissioner for Food, will serve as acting commissioner, Fox News Digital learned. 

TRUMP PICKS DR. MARTY MAKARY AS FOOD AND DRUG ADMINISTRATION COMMISSIONER

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Makary’s resignation follows an escalating clash with pro-life groups over the handling of a controversial abortion drug, a fight that could carry political consequences for Republicans heading into the midterms. (Andrew Harnik/Getty Images)

Makary’s resignation followed mounting pressure from pro-life advocates and administration critics who had grown frustrated with his handling of several high-profile FDA decisions and claims he has slow-rolled MAHA initiatives, according to media reports in recent weeks.

The Wall Street Journal reported on Friday that the president had reportedly already signed off on a plan to fire Makary, citing three familiar sources who cited Makary’s handling of abortion and drug policy. 

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«I’ve been reading about it, but I know nothing about it,» Trump said the same day after he was asked by reporters if Makary would be fired.

TRUMP CABINET SHAKEUP EXPANDS AFTER NOEM EXIT, BONDI FIRING — WHO’S UNDER PRESSURE NEXT?

The resignation comes one day before Makary was set to testify in front of the Senate Appropriations Committee Wednesday.

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Though Makary’s resignation is not attributable to a specific issue, according to the White House official, his tenure atop the FDA has put him at the center of fights over abortion drug mifepristone – otherwise known as the «abortion pill» – vaccine policy and drug approvals, frustrating pro-life activists and MAHA-aligned critics who argued the agency has moved too slowly to carry out Trump’s health agenda.

When Trump was elected, pro-life groups and voters were banking on the administration rolling-back Biden-era rules that allowed mifepristone to be prescribed online and shipped through the mail. But the FDA left those rules intact and last year, under Makary’s leadership, approved a new generic version of the pill.

«President Trump and Health and Human Services Secretary Kennedy must end this now, remove Commissioner Makary, stop the mail order abortion scheme, and pull these child-killing drugs from the market,» said Live Action president Lila Rose to Fox News Digital ahead of Makary’s resignation.

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ABORTION PILL MIFEPRISTONE STAYS AVAILABLE BY MAIL FOR NOW AS FDA FACES 6-MONTH REVIEW DEADLINE

FDA Commissioner Dr. Marty Makary speaking at a podium

«President Trump and Health and Human Services Secretary Kennedy must end this now, remove Commissioner Makary, stop the mail order abortion scheme, and pull these child-killing drugs from the market,» said Live Action president Lila Rose to Fox News Digital ahead of Makary’s resignation. (Photo by Andrew Harnik/Getty Images)

«What a mess Makary turned out to be,» a Trump administration official told Fox News Digital earlier in May, claiming the commissioners’ comments and actions have told «every pro-life advocate their concerns are an afterthought.»

«The arrogance is stunning,» they added of the FDA commissioner.

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TOP PRO-LIFE GROUPS REVEAL AGENDA FOR SECOND TRUMP ADMINISTRATION AMID ‘ABORTION FEARMONGERING’

President Donald Trump and Health and Human Services Secretary Robert F. Kennedy Jr. looking on as FDA Commissioner Dr. Marty Makary speaks in the White House Roosevelt Room

Makary’s exit follows a series of high profile departures this year, including former Homeland Security Secretary Kristi Noem and former Attorney General Pam Bondi. (Andrew Harnik/Getty Images)

Susan B. Anthony Pro-Life America President Marjorie Dannenfelser told the Wall Street Journal earlier in May that «Trump is the problem,» when it comes to the abortion issues falling off for the GOP in recent years. 

And if candidates want her group’s $160 million in the midterms and 2028 presidential election, she said they must commit «to pro-life action at the national level.»

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Makary’s exit follows a series of high profile departures this year, including former Homeland Security Secretary Kristi Noem and former Attorney General Pam Bondi.

Fox News Digital’s Paul Steinhauser contributed to this report.

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robert f kennedy jr, health care, white house, fox news

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INTERNACIONAL

El agujero en el hielo al final de la Tierra

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La ondulante masa del glaciar se extendía desde las colinas y volcanes del interior de la Antártida hasta el océano Austral, cubriendo una superficie del tamaño de Gran Bretaña.

Won Sang Lee, ataviado con un traje polar rojo, permanecía de pie sobre el hielo, observando a su equipo trabajar.

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Nueve científicos, ingenieros y guías, algunos de los cuales llevaban más de cinco años planeando esta misión con él.

Ahora, se encontraban en la fase final:

perforar el glaciar en deshielo para alcanzar la vasta cavidad oceánica que se extendía bajo él.

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Estaban cansados ​​y hambrientos.

Se mantenían en pie con té, galletas y barritas de proteínas.

Habían cruzado el océano más salvaje del mundo, sobrevolado en helicóptero el páramo helado del glaciar, y luego trabajado durante días azotados por vientos huracanados, todo por una oportunidad, una sola oportunidad, de perforar el hielo en las profundidades de la Tierra.

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Periódicamente, oían estruendos cuando el glaciar se movía y se agrietaba bajo sus pies.

Los científicos del equipo sabían que las corrientes cálidas estaban erosionando este glaciar, el Thwaites, desde abajo.

También sabían que, en algún momento de las próximas décadas, el Thwaites podría colapsar por completo, provocando que tanto hielo se desprendiera hacia el océano a lo largo de varios siglos, lo que podría elevar el nivel global del mar en más de 4,5 metros.

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En otros glaciares antárticos, el retroceso del hielo es demasiado gradual para notarlo.

«En Thwaites, se siente», dijo Lee, de 52 años.

«Desaparecerá tarde o temprano.

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No en escalas de tiempo centenarias o milenarias.

Imagen de un video que muestra un cable descendiendo unos 900 metros por un agujero perforado con agua caliente en el glaciar Thwaites, en la Antártida, enero de 2026. Un equipo de científicos, en una misión que llevaba años planificándose, viajó hasta los confines de la Tierra para averiguar por qué un glaciar del tamaño de Gran Bretaña se está derritiendo tan rápido. (Chang W. Lee/The New York Times)

Podría ocurrir durante nuestra vida o la de la próxima generación».

¿Y cuánto tiempo después podrían quedar inundadas las ciudades costeras del mundo?

Lee y su equipo pensaron que los datos de la caverna cubierta de hielo bajo el glaciar podrían proporcionar algunas pistas.

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Primero utilizaron chorros de agua caliente para derretir un agujero de treinta centímetros de ancho en el hielo de ochocientos metros de espesor.

Luego comenzaron a bajar un cable con instrumentos incorporados.

Por fin, el cable quedó desenrollado a la longitud correcta.

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El sol, que nunca se ponía, caía a plomo.

Peter Davis, uno de los oceanógrafos del equipo, se levantó para comprobar si los instrumentos de la boya habían llegado al océano, bajo el glaciar.

Davis se arrodilló en la nieve y conectó los instrumentos desde su computadora portátil.

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Tecleó un poco, escribió algo y se frotó las manos.

Permaneció en silencio durante un largo rato.

Luego levantó la cabeza.

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“Creo que podría estar atascado.”

Lee descubrió su pasión por observar la naturaleza cuando era niño en Seúl, Corea del Sur.

Recorriendo las montañas cercanas a la capital, siempre metía las manos en agujeros en el suelo, buscando oro, monstruos o quién sabe qué.

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Si un agujero parecía poco profundo, cavaba más hondo.

Todo esto aterrorizaba a sus padres, quienes temían que lo mordieran las serpientes.

Pero fue el comienzo de una fascinación por las rocas y el interior de la Tierra que lo llevó a estudiar geofísica.

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Solicitó convertirse en el primer astronauta de Corea del Sur y, cuando ese intento fracasó, una oportunidad laboral inesperada lo llevó al Instituto Coreano de Investigación Polar.

Won Sang Lee, científico jefe de la expedición, a bordo del buque de investigación Araon, 30 de enero de 2026. Un equipo de científicos, en una misión que llevaba años planificándose, viajó hasta los confines de la Tierra para averiguar por qué un glaciar del tamaño de Gran Bretaña se está derritiendo tan rápido. (Chang W. Lee/The New York Times)

La exploración antártica le atraía por la misma razón que la exploración espacial:

Difícil llegar allí, difícil realizar el trabajo.

Cada pizca de conocimiento se conseguía con mucho esfuerzo.

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Dos siglos después de que el ser humano avistara por primera vez el continente helado, aún existían muchas zonas donde ningún hombre había puesto un pie ni ningún barco había navegado, incluyendo Thwaites.

Incluso después de 15 viajes a la Antártida, Lee ansiaba conquistar lo desconocido, ir a lugares y hacer cosas que otros no podían.

Cosas como perforar un glaciar que se derretía rápidamente.

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Llevaba nueve años soñando con perforar el glaciar Thwaites, casi la mitad de su carrera como científico polar.

A principios de 2022, él y un equipo del British Antarctic Survey hicieron un primer intento, pero nunca lograron llegar al glaciar.

El denso hielo marino bloqueó el paso de su barco, el Araon.

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Lee dirigió otras expediciones y viajó a otros glaciares.

Pero el Thwaites seguía llamándolo.

Pocas naciones habían destinado los recursos que Corea del Sur tenía para su estudio.

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Lee estaba decidido a llevar a cabo este trabajo.

Quería demostrar que su país podía impulsar la ciencia polar a pesar de ser menos avanzado en este campo que Europa o Estados Unidos.

«Tenemos que darnos prisa porque llegamos tarde», afirmó.

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En diciembre pasado, cuando él y su equipo estaban a pocas semanas de partir hacia la Antártida, recibió una noticia impactante:

su padre había fallecido.

El padre de Lee había sido barbero y un ferviente defensor del trabajo de su hijo.

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«Sentía curiosidad por todo», comentó Lee.

De repente, tenía que organizar un funeral.

La idea de pasar ocho semanas en el fin del mundo le parecía absurda, incluso irresponsable.

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Lo invadieron emociones que no lograba procesar del todo.

Arrepentimiento, por ejemplo.

Su padre le había preguntado a menudo sobre su investigación en la Antártida.

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El buque de investigación Araon de la expedición permanece en medio del hielo marino mientras se delimita una zona segura antes de la extracción de muestras de hielo, en la Antártida, el 14 de enero de 2026. Un equipo de científicos, en una misión que llevaba años planificándose, viajó hasta el fin del mundo para averiguar por qué un glaciar del tamaño de Gran Bretaña se está derritiendo tan rápido. (Chang W. Lee/The New York Times)

¿Por qué no había compartido más con él, por qué no le había respondido con más paciencia?

Lee no estaba seguro de poder controlar sus sentimientos y, al mismo tiempo, liderar un equipo hacia Thwaites.

Pero su madre y su esposa le dijeron que sería un error quedarse en casa.

Creían que su padre habría querido que fuera.

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El 24 de diciembre, Lee voló a Nueva Zelanda.

Tres días después, él y sus compañeros de equipo observaron desde a bordo del Araon cómo la civilización se reducía a un punto diminuto en el horizonte, a sus espaldas.

3.

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Cuando el barco llegó a Thwaites la mañana del 8 de enero, el paisaje era una visión de belleza sobrenatural.

Equipo de perforación utilizado para alcanzar el agua de mar bajo el glaciar Thwaites en la Antártida, 30 de enero de 2026. Un equipo de científicos, en una misión que llevaba años planificándose, viajó hasta los confines de la Tierra para averiguar por qué un glaciar del tamaño de Gran Bretaña se está derritiendo tan rápido. (Chang W. Lee/The New York Times)

Los imponentes acantilados de hielo estaban bañados por un sol dorado y rodeaban al Araon por tres lados, como un abrazo.

El agua estaba milagrosamente libre de hielo marino, y el barco atracó frente al glaciar.

Por lo que Lee pudo comprobar, ningún otro barco había navegado jamás tan cerca del majestuoso frente de Thwaites.

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Sin embargo, ya existía un problema.

Finas nubes persistentes cubrían la superficie del Thwaites, lo que hacía demasiado peligroso que los helicópteros del Araon aterrizaran en el hielo.

Día tras día, el equipo de perforación permaneció atrapado a bordo del barco, donde contaban con una cafetera decente, un pequeño gimnasio y parrilla coreana los sábados, pero pocas distracciones más.

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Otros 30 científicos e ingenieros viajaban a bordo del Araon con los perforadores y aprovecharon la oportunidad para comenzar sus proyectos:

recolectar muestras del hielo marino, desplegar robots submarinos y sobrevolar Thwaites con un radar para escanear sus grietas y daños.

Como científico jefe de la expedición, Lee ayudó a decidir la ruta diaria del barco y qué proyectos de los equipos podían seguir adelante.

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Pero la perforación era la máxima prioridad, y el Araon debía abandonar la Antártida a principios de febrero, independientemente de si los perforadores habían terminado su trabajo o no.

Lee ansiaba pisar el hielo, aunque poco podía hacer salvo consultar el tiempo y rezar para que el hielo marino no se moviera e impidiera que el barco volviera a navegar hasta Thwaites.

Consideraba que afeitarse durante las expediciones traía mala suerte, y su creciente desaliño se convirtió en una especie de señal del paso lento de los días.

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Davis estaba decidido a no dejarse intimidar por los retrasos.

Taff Raymond (izquierda) y Won Sang Lee, científico jefe de la expedición, durante la instalación del campamento del equipo en el glaciar Thwaites, en la Antártida, el 19 de enero de 2026. Un equipo de científicos, en una misión que llevaba años planificándose, viajó hasta los confines de la Tierra para averiguar por qué un glaciar del tamaño de Gran Bretaña se está derritiendo tan rápido. (Chang W. Lee/The New York Times)
Won Sang Lee, científico jefe de la expedición, observa cómo se examina el agujero perforado en el glaciar Thwaites mediante una cámara conectada a un cable, en la Antártida, el 29 de enero de 2026. Un equipo de científicos, en una misión que llevaba años planificándose, viajó hasta el fin del mundo para averiguar por qué un glaciar del tamaño de Gran Bretaña se está derritiendo tan rápido. (Chang W. Lee/The New York Times)
Cañones formados por rupturas en el glaciar Thwaites en la Antártida, 16 de enero de 2026. Un equipo de científicos, en una misión que llevaba años planificándose, viajó hasta el fin del mundo para averiguar por qué un glaciar del tamaño de Gran Bretaña se está derritiendo tan rápido. (Chang W. Lee/The New York Times)
Imagen de un video que muestra un cable descendiendo unos 900 metros por un agujero perforado con agua caliente en el glaciar Thwaites, en la Antártida, enero de 2026. Un equipo de científicos, en una misión que llevaba años planificándose, viajó hasta los confines de la Tierra para averiguar por qué un glaciar del tamaño de Gran Bretaña se está derritiendo tan rápido. (Chang W. Lee/The New York Times)
Won Sang Lee, científico jefe de la expedición, a bordo del buque de investigación Araon, 30 de enero de 2026. Un equipo de científicos, en una misión que llevaba años planificándose, viajó hasta los confines de la Tierra para averiguar por qué un glaciar del tamaño de Gran Bretaña se está derritiendo tan rápido. (Chang W. Lee/The New York Times)
El buque de investigación Araon de la expedición permanece en medio del hielo marino mientras se delimita una zona segura antes de la extracción de muestras de hielo, en la Antártida, el 14 de enero de 2026. Un equipo de científicos, en una misión que llevaba años planificándose, viajó hasta el fin del mundo para averiguar por qué un glaciar del tamaño de Gran Bretaña se está derritiendo tan rápido. (Chang W. Lee/The New York Times)
Equipo de perforación utilizado para alcanzar el agua de mar bajo el glaciar Thwaites en la Antártida, 30 de enero de 2026. Un equipo de científicos, en una misión que llevaba años planificándose, viajó hasta los confines de la Tierra para averiguar por qué un glaciar del tamaño de Gran Bretaña se está derritiendo tan rápido. (Chang W. Lee/The New York Times)
Vista aérea desde un helicóptero del campamento de la expedición de investigación en el glaciar Thwaites, en la Antártida, el 19 de enero de 2026. Un equipo de científicos, en una misión que llevaba años planificándose, viajó hasta los confines de la Tierra para averiguar por qué un glaciar del tamaño de Gran Bretaña se está derritiendo tan rápidamente. (Chang W. Lee/The New York Times)
Taff Raymond (izquierda) y Won Sang Lee, científico jefe de la expedición, durante la instalación del campamento del equipo en el glaciar Thwaites, en la Antártida, el 19 de enero de 2026. Un equipo de científicos, en una misión que llevaba años planificándose, viajó hasta los confines de la Tierra para averiguar por qué un glaciar del tamaño de Gran Bretaña se está derritiendo tan rápido. (Chang W. Lee/The New York Times)

Con tan solo 38 años, estaba a cargo de preparar e instalar los instrumentos bajo la supervisión de Thwaites.

Todas las misiones polares tienen sus dificultades, comentó. La clave era no desanimarse.

«En el mejor trabajo de campo, uno simplemente avanza con sigilo y al final lo logra».

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El 18 de enero, el cielo nos sonrió.

Las nubes se disiparon y, tras 24 horas y aproximadamente 40 vuelos, los pilotos de helicópteros lanzaron más de 17 toneladas de equipo, combustible y alimentos sobre el glaciar.

Mientras los científicos transportaban cajas y bolsas de lona a la plataforma de aterrizaje, Davis rebosaba de energía acumulada.

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Lee se mostró más reservado.

El tiempo, admitió sin sonreír, «tenía mejor pinta de lo que pensábamos».

Un científico y dos guías fueron los primeros en sobrevolar el glaciar para inspeccionarlo en busca de grietas.

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Delimitaron un área de dos campos de fútbol de largo y 45 metros de ancho, donde parecía seguro acampar y trabajar.

Horas después, los guías se encontraban al borde del sitio cuando oyeron un sonido similar a un trueno.

El hielo a su alrededor se estaba rompiendo.

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Cada paso que los científicos daban más allá de los límites del campamento podría ser el último.

Sabían que era un riesgo que debían afrontar: esta parte del glaciar Thwaites se deslizaba hacia el mar a más de nueve metros por día, lo que provocaba que su superficie se estirara y se fracturara.

Pero, ¿era realmente necesario que el glaciar se lo recordara tan pronto y con tanta fuerza?

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Los guías, nerviosos, estrecharon los límites.

4.

El equipo trabajó durante ocho días para transformar su trozo de blancura absoluta en un lugar de perforación, para reemplazar el silencio amortiguado del glaciar con el traqueteo y el zumbido de los generadores.

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Una vez que amainaron los fuertes vientos, los ingenieros comenzaron a lanzar agua caliente a través de una larga manguera suspendida de una torre.

Con la pesada boquilla de latón de la manguera en su mano enguantada, un ingeniero trazó un pequeño círculo, derritiendo los primeros indicios de un agujero.

“¡Muy bien!”, exclamó.

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La manguera comenzó a descender y, durante dos días, el equipo trabajó sin descanso para profundizar el pequeño agujero centímetro a centímetro.

En la segunda tarde de perforación, Lee se sentó en una caja de aluminio bajo la carpa azul que albergaba los controles.

Apuntó la cámara de su teléfono a una pequeña pantalla LED que mostraba la profundidad del agua en el fondo del agujero.

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Cuando los números rojos descendieran, indicaría que la perforadora había derretido la base del hielo, provocando que el agua del agujero fluyera hacia el océano.

Lee quería capturar ese momento crucial.

Miró por la abertura de la tienda, hacia el brillante cielo despejado.

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«Es un día perfecto para celebrar algo», dijo.

Junto a él estaba Keith Makinson, oceanógrafo e ingeniero de perforación, quien sonrió ante su comentario pero no respondió.

Esta fase de la misión estaba a cargo de Makinson y otros dos ingenieros, y aún tenía mucho en qué pensar antes de poder celebrar, empezando por el hecho de que el equipo estaba perforando prácticamente a ciegas.

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El sensor que indicaba la profundidad a la que se encontraba la manguera dentro del agujero había dejado de dar lecturas fiables.

Ahora, los ingenieros solo podían calcular, contando las rotaciones de la rueda que guiaba la manguera, qué tan cerca estaban de perforar completamente el agujero.

Tras casi cuatro décadas perforando glaciares en la Antártida, Groenlandia y los Alpes, Makinson, de 59 años, estaba a punto de jubilarse y había acudido a Thwaites para un último trabajo, el más ambicioso de su carrera.

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Además, el pronóstico meteorológico volvía a ser incierto, lo que significaba que debían terminar pronto para tener tiempo suficiente para transportar todo de vuelta al barco.

En las 42 horas transcurridas desde que la manguera empezó a funcionar a toda máquina, Makinson y los otros dos ingenieros perforadores apenas habían dormido.

Combatían la confusión mental con tazas de té Yorkshire preparado con nieve derretida.

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Los demás dormían la siesta por turnos.

El momento crucial llegó sin previo aviso, debido al sensor averiado:

alrededor de las 16:20 del 30 de enero, los números rojos del LED cayeron repentinamente.

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La manguera había perforado el fondo del hielo.

El portal del equipo al reino oscuro bajo Thwaites estaba abierto.

“¡Por ​​fin!”, exclamó Lee. Soltó un profundo suspiro de alivio y luego sonrió de oreja a oreja.

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Makinson aún no estaba listo para relajarse.

Él y los demás ingenieros debían volver a subir la manguera a la superficie mientras seguían bombeando agua caliente para evitar que el agujero se congelara de nuevo.

Después, bajarían una cámara mediante un cable para inspeccionar el agujero en busca de obstrucciones.

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Luego, llegaría el momento culminante:

instalar los instrumentos que permanecerían bajo el glaciar.

Lee ya estaba pensando en el día que se avecinaba, el último de la misión.

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Un poco de descanso, un poco de ciencia y luego —el equipo había traído whisky para brindar por la victoria— “Thwaites Bar”.

Se rió y le dio una palmada en la espalda a Makinson.

Makinson intentó mostrar algo de entusiasmo.

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«Ya solo quedan unas pocas horas», dijo.

5.

Cuando la boquilla emergió del pozo ocho horas después, goteando y humeando en el aire frío, el tiempo volvió a correr.

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A menos que el equipo volviera a introducir la manguera, el pozo se sellaría en dos días.

Era el turno de Davis de ponerse manos a la obra.

Antes de instalar el amarre que dejarían bajo Thwaites, estaba bajando un cable con un pequeño conjunto de sensores para tomar mediciones preliminares.

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Se agachó en la nieve y accionó el cabrestante.

Bajo una tienda amarilla cercana, Yixi Zheng, una investigadora postdoctoral de 30 años, observaba en su computadora portátil cómo llegaban los datos.

Los dos científicos bajaron los sensores a través del agujero hasta el fondo marino antes de volver a subirlos.

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Repitieron este proceso cinco veces, creando cinco perfiles detallados de la temperatura y la salinidad del agua bajo el glaciar, además de la velocidad de las corrientes.

Fueron los primeros datos de este tipo recopilados en esta zona de Thwaites, y demostraron que el agua que baña la parte inferior del glaciar era inusualmente turbulenta y cálida.

Davis entró apresuradamente en la tienda amarilla para mirar la pantalla de Zheng.

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«Hay mucha actividad», dijo. «

Hay suficiente calor para provocar el derretimiento».

Incluso si no lograban nada más en Thwaites, estos datos por sí solos eran un «gran logro», dijo Zheng.

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Eran las 6 de la mañana del 31 de enero, un nuevo día.

El campamento se había enfriado durante la noche, aunque aún no había oscurecido.

La temperatura era de -8,4 grados Celsius, unos 17 grados Fahrenheit.

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Tras una semana y media de sol, nieve y viento, todos tenían la cara enrojecida y bronceada.

El plan original consistía en pasar ocho horas introduciendo la manguera de nuevo en el agujero para ensancharlo.

Pero, ante la falta de tiempo, el equipo decidió proceder directamente a desplegar el sistema de amarre principal:

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29 instrumentos, tendidos a lo largo de más de 1150 metros de cable, todos conectados a una torre que transmitiría datos desde la superficie del glaciar.

La primera pieza que se introdujo en el agujero fue una cadena oxidada de casi 86 kilos.

Se enganchó al extremo inferior del cable y serviría de ancla, manteniendo los instrumentos estables en el agua bajo el hielo.

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Mientras sus compañeros desenrollaban el cable, Davis y un ingeniero se arrodillaron en la superficie del agujero, conectando los instrumentos uno a uno al cable a medida que descendía.

Otro ingeniero supervisaba la carga —es decir, el peso que soportaba el cable— desde la carpa de control.

Era un trabajo lento y repetitivo.

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El cable desaparecía por el agujero con una lentitud que parecía incomprensible, aunque en realidad avanzaba a unos 6 metros por minuto.

Las manos de Davis volaban mientras apretaba las abrazaderas y las bridas.

«No podría haber pedido mejor tiempo», dijo.

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En un momento dado, un ingeniero notó que la lectura de carga había disminuido.

¿Se habrían atascado los instrumentos en algún punto del interior del agujero?

Poco probable, pensó Davis: las paredes no deberían ser tan estrechas. El equipo continuó.

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Lee intentó animar a todos. «¡El bar Thwaites abrirá a las 5 de la tarde!», exclamó, sin obtener respuesta.

Un silencio sepulcral se había apoderado del hielo.

Poco después de la 1 de la tarde, el cable se desenrolló hasta alcanzar la longitud deseada por el equipo.

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Era el momento para que Davis conectara los instrumentos y comprobara su ubicación.

Se arrodilló en la nieve y se quedó mirando la pantalla de su ordenador portátil.

Casi todos los sensores se encontraban a la misma profundidad en el agujero, aproximadamente a tres cuartas partes de su longitud a través del glaciar.

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Ninguno estaba en el océano.

Algo impedía que los instrumentos descendieran más, y probablemente llevaba así un tiempo.

El resto del cable simplemente se había acumulado encima.

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“Creo que la realidad es que casi con toda seguridad estamos atrapados”, dijo Makinson, el ingeniero de perforación, en voz baja.

Davis miraba fijamente a lo lejos, con la boca abierta.

Sabía que la investigación polar era arriesgada. Sin embargo, hasta el momento, nunca había conocido el fracaso. El pensamiento no dejaba de resonar en su cabeza: habían llegado tan lejos. Estaban tan cerca del triunfo. No podía terminar así.

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Sin embargo, hasta el momento, nunca había conocido el fracaso.

El pensamiento no dejaba de resonar en su cabeza:

habían llegado tan lejos. Estaban tan cerca del triunfo.

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Los ingenieros intentaron rebobinar el cable, pero no subió mucho.

Podrían intentar acelerar el motor para forcejear con el glaciar, pero entonces toda la estructura podría derrumbarse.

Alguien podría resultar herido.

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Davis se volvió hacia Lee. Era su equipo, su expedición.

“Won Sang, ¿cuál es tu preferencia?”

Lee no había dicho mucho mientras el trabajo del equipo se desmoronaba.

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Ahora, el final se hacía evidente.

—Detente —dijo—. Déjalo ahí.

Zheng sugirió que tal vez podrían perforar otro agujero para recuperar los instrumentos.

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—No tenemos agua —dijo Lee, interrumpiéndola.

Había dureza en su voz. Para obtener más agua caliente para la perforación, tendrían que derretir más nieve, y eso significaría horas de palear, horas que no tenían.

Zheng insistió. Quizás podrían retrasar su regreso al barco.

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El científico jefe lo había decidido.

La misión había terminado.

6.

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Tardaron otros dos días en empacar todo y llevarlo de vuelta al Araon.

Cuando Lee bajó del helicóptero, se emocionó profundamente. Después de todo lo que él y sus compañeros habían pasado, habían regresado sanos y salvos, y por eso estaba agradecido. Le hizo sentir que alguien allá afuera los protegía: su padre.

Después de todo lo que él y sus compañeros habían pasado, habían regresado sanos y salvos, y por eso estaba agradecido.

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Le hizo sentir que alguien allá afuera los protegía: su padre.

Durante todo el viaje había intentado no pensar en su padre.

Ahora, de repente, lo único que deseaba era compartir ese momento con él.

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Se apoyó contra la pared del hangar de helicópteros y lloró.

El Araon permaneció en Thwaites durante otra semana mientras los demás científicos finalizaban su trabajo.

El equipo de radar logró escanear el hielo más arriba del glaciar de lo que nadie había hecho jamás con un helicóptero.

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Otro equipo utilizó una máquina de su propia invención para recopilar los primeros datos submarinos detallados de una zona de Thwaites que se había deteriorado hasta convertirse en una sucesión de bloques gigantes, cada uno de 30 metros de altura y 1,6 kilómetros de ancho.

Los miembros del equipo de perforación no pudieron evitar preguntarse qué habría pasado si hubieran podido pasar uno o dos días más (o cuatro) en el glaciar.

Según Makinson, los ingenieros sin duda habrían ensanchado el pozo antes de bajar el amarre.

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Se saltaron ese paso y, como consecuencia, el pozo se volvió a congelar parcialmente, quizás incluso lo suficiente como para impedir el paso de una parte clave del amarre.

¡La cadena! La cadena oxidada al final del cable.

Pero tal vez era lo suficientemente voluminosa como para atascarse.

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Eso también explicaría por qué la lectura de carga de los ingenieros había disminuido.

Thwaites había agarrado la cadena con sus mordazas.

Makinson se había resignado a ello.

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«Me siento orgulloso de lo que hemos logrado», dijo, refiriéndose a los datos pioneros que Davis y Zheng recopilaron y al agujero que los ingenieros perforaron.

Con casi exactamente 1000 metros, o 3280 pies, era el más profundo jamás perforado en el extremo flotante de un glaciar.

No era una mala manera, pensó Makinson, de culminar una carrera.

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En cuanto al amarre atrapado, bueno, él ya había lidiado con contratiempos en el hielo.

Dos semanas después de regresar del glaciar, al joven científico aún le costaba superar las emociones de aquel día.

El estrés acumulado y la tensión mental.

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El golpe de euforia por haber logrado asegurar el amarre, seguido de la decepción instantánea al darse cuenta de que no lo habían conseguido.

Esos sentimientos probablemente eclipsarían sus recuerdos más felices del viaje durante un tiempo, comentó.

Lo único que podían hacer ahora era esperar que, a medida que el calentamiento del océano erosionara la base del hielo, los instrumentos varados algún día se descongelaran, cayeran al mar y comenzaran a recopilar datos, liberados por los mismos procesos que estaban destruyendo el glaciar.

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Con sus colegas, Lee se mostraba optimista de que los instrumentos saldrían de lo que él llamaba «hibernación«, aunque en privado no estaba tan seguro.

Como líder, sentía que debía mantener una actitud positiva para motivar a su equipo.

Pero perder el rumbo también le había afectado.

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Tras regresar al barco desde el glaciar, había roto su propia regla y se había afeitado.

Esta vez, el aspecto desaliñado no le había servido de mucho.

«No quiero volver a fracasar en el futuro», dijo.

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Lee ya estaba pensando en volver a perforar en Thwaites, probablemente dentro de cuatro años.

El glaciar no se estaba volviendo más seguro ni más accesible.

Cada vez más hielo perdía su agarre sobre la roca madre y se desmoronaba.

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Poco podía hacer al respecto, y también ante el clima adverso.

Pero durante las dos semanas que pasaron en el glaciar, él y sus colegas habían demostrado que podían con casi todo lo demás.

Esto, pensó, era razón suficiente para intentarlo de nuevo.

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Lee había aprendido hacía mucho tiempo sobre la ciencia polar que el fracaso era parte del proceso.

Lo que más satisfacción le producía como investigador, según él, era ver «progreso en cada paso».

Incluso sus fracasos no eran verdaderos fracasos, siempre y cuando lo impulsaran hacia adelante.

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Pero no siempre era fácil comunicar esto, ni a los funcionarios gubernamentales ni al público.

Lee se arrepentía de no haberle contado más sobre su trabajo. Si tuviera la oportunidad, ¿qué le contaría ahora sobre lo sucedido en Thwaites?

Pensó un momento y luego sonrió.

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Se dio cuenta de que su padre ya conocía la historia de aquella expedición.

Era una historia familiar de su infancia en las montañas de los alrededores de Seúl:

Cavó un hoyo. Miró hacia abajo.

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Luego metió la mano dentro.

c.2026 The New York Times Company

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INTERNACIONAL

EXCLUSIVE: SPLC’s ‘far-left’ ‘anti-racism’ curriculum found in classrooms as early as kindergarten: watchdog

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

EXCLUSIVE: As the liberal activist organization Southern Poverty Law Center (SPLC) faces federal fraud charges, an education watchdog warns that the group continues to integrate its «far-left content and materials» into classrooms as early as kindergarten in more than 40 states across the U.S.

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Nicole Neily, president of Defending Education, which was once labeled an «extremist» group by SPLC, told Fox News Digital that «unbeknownst to parents, the Southern Poverty Law Center has been poisoning pupils’ minds around the country for years with its toxic curriculum.»

Defending Education published a new exposé detailing how an SPLC education program called «Learning for Justice» (formerly «Teaching Tolerance») has been integrated into K-12 lesson plans and materials in 169 school districts in 42 states, plus Washington, D.C. According to the watchdog, the program reinforces «far-left cultural and political ideologies,» including «anti-racism, Black Lives Matter, gender ideology and queer theory, white privilege, white supremacy, whiteness, and transgenderism.»

Neily said that due to SPLC’s integration in schools, «issues such as queer theory, white privilege, and anti-racism have supplanted traditional coursework in history, social studies, and other core classes,» which she said is «teaching children to view themselves and others through the lens of identity politics, and that America is forever stained by its original sin.»

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CRITICS SAY K-12 ETHNIC STUDIES PUSH TEACH STUDENTS ABOUT CISHETERONORMATIVITY, BLACK PANTHER PARTY

Angry parents and community members protest after a Loudoun County School Board over critical race theory. (Evelyn Hockstein via Reuters)

According to Neily, the materials «intentionally sow division and mistrust between students at a formative stage of their development,» adding that «it is deeply disappointing that administrators and educators believe this is an appropriate use of finite classroom time and resources.»

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The SPLC did not respond to requests for comment on Defending Education’s report.

The report reveals that SPLC’s website and documents can be found on school district webpages, in teacher professional development and trainings, classroom lessons, district-wide curricula, Social Emotional Learning, social justice standards, and district antiracism and equity policies and resources.

SPLC’s Learning for Justice program, which the report says is focused on «education for liberation,» encourages the implementation of a set of anchor standards and «age-appropriate learning outcomes» divided into the domains of identity, diversity, justice and action.

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Under the action category, students are encouraged to commit to join with «diverse people to plan and carry out collective action against exclusion, prejudice and discrimination» and to be «thoughtful and creative in our actions in order to achieve our goals.»

Defending Education said the New York State Education Department added «equity revisions» to its NY Social Emotional Learning Benchmarks that aligned the benchmarks with SPLC’s social justice standards.

The report also notes that the Smithsonian’s National Museum of the American Indian lists Learning for Justice as a recommended resource in certain lesson materials. It further points to guidance and curriculum resources from the California Department of Education and Illinois State Board of Education, as well as Chicago Public Schools, that include or reference the standards.

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CHICAGO SCHOOLS BLASTED BY PARENTS’ RIGHTS WATCHDOG OVER ‘APPALLING’ LGBT AGENDA REVEALED IN UNEARTHED DOCS

Opponents of Critical Race Theory attending a Loudoun County School board meeting in Ashburn

Opponents of Critical Race Theory attend a packed Loudoun County School board meeting in Ashburn, Virginia, on June 22, 2021, which erupted into chaos and led to two detentions. (Evelyn Hockstein/Reuters)

According to the report, Learning for Justice materials are also incorporated into curriculum and lesson plans for younger students in several districts. The report cites examples, including Cambridge Public Schools in Massachusetts, integrating the Social Justice Standards into junior kindergarten through fifth-grade physical education, and Yonkers Public Schools in New York, using the standards in pre-kindergarten project-based learning units. It also points to Princeton Public Schools in New Jersey updating its early childhood curriculum using the framework.

Rhyen Staley, director of research at Defending Education, posited that the «amount of influence the SPLC’s programming and content has had on district policies, learning standards, curriculums, and lessons is a real concern for families who value a bias-free learning environment.»

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«No organization that labels concerned parents as ‘extremists’ and members of ‘hate groups’ should have its biased content used in K-12 schools,» said Staley, adding that «district leaders should end the use of this organization’s materials and ideas.»

SPLC, an Alabama-based organization that describes itself as a «beacon of hope» for «fighting White supremacy,» was indicted late last month on federal fraud charges from a years-long alleged covert paid informant program that Justice Department officials said allocated millions of dollars in donations to a network of informants affiliated with or closely tied to White supremacist and neo-Nazi groups.

The 11-count indictment accuses the Southern Poverty Law Center (SPLC) of wire fraud, false statements to a federally insured bank and conspiracy to commit concealed money laundering. According to the Justice Department, the SPLC sent some $3 million to its paid informants between 2014 and 2023, including people affiliated with the United Klans of America, the National Socialist Party of America and the Aryan Nations-linked Sadistic Souls Motorcycle Club, among others.

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NEO-NAZIS, ‘SADISTIC’ BIKERS AND CHARLOTTESVILLE ORGANIZER: 5 OF THE MOST SHOCKING SPLC INFORMANTS

Split image of Acting Attorney General Todd Blanche and SPLC interim CEO Bryan Fair speaking at podiums.

Acting Attorney General Todd Blanche, left, and SPLC interim President and CEO Bryan Fair are shown in a split image as the Justice Department pursues charges against the Southern Poverty Law Center. (Nathan Posner/Anadolu via Getty Images; USA TODAY Network via Imagn Images)

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SPLC has denied all allegations of wrongdoing, with a spokesperson defending its work monitoring White supremacist groups and other violent extremist organizations — including via the paid informant program — telling Fox News Digital that their use has «saved lives.»

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Fox News Digital reached out to the New York State Education Department, Smithsonian National Museum of the American Indian, California Department of Education, Illinois State Board of Education, Chicago Public Schools, Cambridge Public Schools, Yonkers Public Schools and Princeton Public Schools for comment.

Fox News Digital’s Breanne Deppisch and Preston Mizell contributed to this report.

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