CHIMENTOS
La emoción de María Belén Ludueña y Jorge Macri tras llevar a casa a su hijo Vito por primera vez

La llegada de Vito, el primer hijo de María Belén Ludueña y Jorge Macri, se convirtió en una celebración compartida tanto puertas adentro como en las redes sociales. Y, finalmente, los flamantes padres pudieron celebrar el momento de volver a su hogar juntos.
El esperado alta médica llegó este lunes y, con él, el momento de emprender el regreso a casa. En una de las fotos más recientes, se ve a Vito recostado en el huevito, vestido de blanco y cubierto por una manta tejida, listo para su primer viaje fuera del sanatorio. “Está todo bien y ya nos dieron el alta. ¡Listo para conocer casa!”, escribió Ludueña junto a la imagen, transmitiendo alivio y entusiasmo en partes iguales. Otra escena muestra a ambos padres en el hall del sanatorio, sonrientes y atentos a cada movimiento de su bebé, mientras ajustan el cinturón de seguridad antes de salir rumbo al hogar.
La periodista no dejó pasar la oportunidad para agradecer al personal del Sanatorio Otamendi por la atención recibida durante el nacimiento de Vito. “Muchísimas gracias a todo el equipo por su profesionalismo y, sobre todo, por el amor con el que nos trataron a mí y a Vito”, expresó, sumando un mensaje de reconocimiento y gratitud a quienes la acompañaron en este proceso tan esperado.

El nacimiento de Vito se produjo el jueves pasado en el Sanatorio Otamendi de la ciudad de Buenos Aires, luego de una cesárea programada. Horas después del parto, la pareja compartió la primera foto juntos: María Belén, aún en la camilla, sonríe visiblemente emocionada mientras sostiene a su hijo recién nacido sobre el pecho, envuelto en una manta blanca y con un pequeño gorro tejido. A su lado, Jorge Macri, con barbijo quirúrgico y cofia, acaricia delicadamente al bebé y mira a cámara, completando el retrato familiar. La imagen, cargada de ternura y cercanía, transmite la intimidad de las primeras horas y el instante preciso en que la pareja se convierte en familia de tres.
El mensaje que acompañó esa primera postal fue tan directo como emotivo: “¡Bienvenido Vito! ¡Somos muy felices por tu llegada! Te amamos. ¡Muchas gracias a todos por el cariño!”. Las reacciones no tardaron en llegar: la publicación se llenó de expresiones de afecto, felicitaciones y buenos deseos para la familia. Amigos, colegas y seguidores celebraron el nacimiento y acompañaron con mensajes de alegría la llegada de Vito, quien desde el primer día recibió el calor de una comunidad virtual atenta a cada detalle.

En los días previos al parto, Ludueña había compartido en sus historias escenas de la vida cotidiana, reflejando la calma y la intimidad familiar antes del gran acontecimiento. Una de las imágenes más entrañables la mostró en el ascensor del edificio, abrazada a Jorge Macri y luciendo una panza avanzada, bajo el abrigo otoñal característico de Buenos Aires a fines de abril. “La última foto de dos”, escribió la periodista, anticipando la inminente llegada de su hijo y retratando la mezcla de expectativa y emoción que atravesaba a la pareja.
La llegada de Vito marca el cierre de una etapa de espera y el inicio de una aventura familiar que Ludueña y Macri eligieron compartir con sus seguidores. Cada imagen y cada mensaje publicado en redes sociales refleja la felicidad, la ternura y el compromiso de la pareja en estos primeros días como padres. La reacción de la comunidad virtual no se hizo esperar: los mensajes de felicitaciones y buenos augurios siguen multiplicándose, acompañando a la familia en este nuevo comienzo.

Con el regreso a casa, la rutina se transformará y la familia de tres comenzará a escribir su propia historia, marcada por la emoción del primer hijo, la complicidad de la pareja y el deseo de crecer juntos. Mientras Vito se adapta a su nuevo mundo, Ludueña y Macri celebran el inicio de una etapa llena de desafíos, ilusiones y momentos inolvidables, compartiendo cada paso con quienes los acompañan desde cerca y desde lejos.
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CHIMENTOS
El desgarrador llanto de Manuel en Gran Hermano al conocer la muerte de su perra, Ámbar: “Te voy a extrañar toda la vida”

La casa de Gran Hermano Generación Dorada (Telefe) se detuvo este martes ante uno de los momentos más tristes y humanos de la temporada. Manuel Íbero, uno de los participantes más queridos por el público y sus compañeros, recibió la noticia de la muerte de su perrita Ámbar, compañera inseparable y uno de los grandes amores de su vida. La escena, captada por las cámaras del reality, conmovió a todos y dejó en evidencia el peso de las emociones personales incluso en el contexto de aislamiento del juego.
La historia de Manu y Ámbar era conocida por quienes siguen el programa. Desde su ingreso, el joven contó más de una vez cuánto significaba para él su mascota: “Es lo mejor que me pasó en la vida, mi mejor compañera”, había dicho, recordando que Ámbar llegó como regalo de cumpleaños durante la pandemia y se transformó en su cable a tierra en los tiempos más difíciles.
La noticia del fallecimiento de Ámbar fue comunicada a Manuel por la producción de Gran Hermano, a pedido de su familia. En el reality, las reglas sobre romper el aislamiento son estrictas, pero situaciones de este nivel de impacto personal suelen ameritar una excepción. Manu fue llamado al confesionario y luego al SUM, donde finalmente le informaron lo sucedido. A partir de ese momento, el dolor fue imposible de contener.
Las cámaras registraron a Manuel saliendo del SUM completamente desbordado por la emoción. “Falleció Ámbar”, alcanzó a decir entre lágrimas, y fue recibido en el antebaño por Emanuel Di Gioia y Yanina Zilli, quienes lo abrazaron en un intento de consolarlo. Pronto se sumaron más compañeros, entre ellos Grecia Colmenares, que también rompió en llanto al ver el sufrimiento de Manu. La tragedia, en medio del juego, se volvió un hecho compartido y generó una ola de empatía y contención dentro de la casa.
Visiblemente afectado, Manuel se recostó en una reposera y, entre sollozos, habló de lo que significaba su perra para él: “Te voy a extrañar toda la vida, Ámbar, te voy a extrañar toda la vida”, repitió, incapaz de contener el llanto. “No quiero estar sin vos, pero gracias. Te amo, te amo y te voy a amar siempre”, expresó, poniendo en palabras el vacío y la gratitud por los años compartidos.

La perrita, que apenas tenía seis años, murió mientras dormía y no sufrió, pero Manu lamentó profundamente no haber podido acompañarla en sus últimos momentos. “Tenía que estar yo, no la pude despedir tampoco. De todas las cosas que podía pensar acá, lo único que no pensé fue en esto”, se sinceró con sus compañeros, en un testimonio que caló hondo en quienes lo rodeaban y también en la audiencia.
La pérdida de una mascota es, para muchos, uno de los dolores más profundos. Los vínculos que se construyen con los animales de compañía están hechos de rutinas, silencios y gestos cotidianos que, al desaparecer, dejan un hueco difícil de explicar. En el caso de Manuel, el aislamiento del reality potenció la angustia: no poder estar cerca de los suyos, ni despedirse de Ámbar, volvió todo aún más duro.
Sus compañeros intentaron acompañarlo de distintas maneras. “Hoy es un día medio difícil para Manu, él siempre hablaba de su perrita y la noticia de hoy lo afectó muchísimo, es entendible, pobre”, comentó Eduardo Carrera, reflejando el sentimiento general de la casa. “Fue una muerte natural la muerte de la perrita de Manu y estamos todos afligidos”, agregó, mostrando cómo la noticia alteró el clima habitual del juego.

La repercusión traspasó las paredes de Gran Hermano y llegó a las redes sociales, donde la noticia generó una ola de mensajes de apoyo y solidaridad para Manu. Zoe Bogach, expareja de Manuel y también participante del reality, compartió en TikTok su dolor por la muerte de Ámbar: “No entiendo qué pasó. Quisiera saber qué pasó. Más allá de todo, yo amaba a esa perra, de verdad. ¡Me duele mucho! ¡Dios!”. Zoe recordó el vínculo que tenía con la mascota incluso después de separarse de Manu y confesó estar muy angustiada.
En medio del dolor, Manu intentó recomponerse y, aunque agradeció el apoyo de sus compañeros, no pudo evitar volver a quebrarse al recordar los momentos vividos con Ámbar. “Gracias por todo lo que me enseñaste”, se lo escuchó decir, dejando en claro que el amor por su perrita va mucho más allá de cualquier juego, competencia o pantalla de televisión.
CHIMENTOS
El horóscopo de hoy: miércoles 6 de mayo

ARIES (del 21 de marzo al 20 de abril)
Revisarás amistades, proyectos y metas futuras. Algunas conexiones perderán fuerza y otras se volverán más significativas. Es tiempo de preguntarte con quién querés crecer de verdad.
TAURO (del 21 de abril al 20 de mayo)
La retrogradación toca profesión, vocación e imagen pública. Podrías replantearte objetivos laborales o la forma en que querés ser reconocido. Se redefine tu ambición.
GÉMINIS (del 21 de mayo al 21 de junio)
Cambian creencias, ideas y formas de mirar la vida. Podrías sentir deseo de estudiar, viajar o ampliar horizontes internos. Viejas verdades se caen para abrir paso a nuevas.
CÁNCER (del 22 de junio al 22 de julio)
Es una etapa profunda para sanar miedos, dependencias o temas emocionales guardados. También revisarás recursos compartidos y vínculos intensos. Soltar control será liberador.
LEO (del 23 de julio al 22 de agosto)
Las relaciones entran en un proceso de transformación. Algunas dinámicas deberán cambiar para que exista más verdad y equilibrio. El amor pide autenticidad.
VIRGO (del 23 de agosto al 21 de septiembre)
Rutinas, trabajo y salud necesitan renovación. Viejos hábitos ya no sostienen tu bienestar. Este tránsito te impulsa a construir una vida diaria más consciente.
LIBRA (del 22 de septiembre al 22 de octubre)
La retrogradación moviliza amor, creatividad y expresión personal. Podrías reconectar con talentos dormidos o revisar vínculos afectivos. Lo que nace del alma cobrará fuerza.
ESCORPIO (del 23 de octubre al 21 de noviembre)
Hogar, familia y raíces emocionales serán el foco. Viejos patrones familiares salen a la luz para ser transformados. Sanar el pasado abrirá nuevas bases.
SAGITARIO (del 22 de noviembre al 22 de diciembre)
Tu mente cambia de frecuencia. Habrá revisión de ideas, comunicación y entorno cercano. Decir tu verdad será importante, pero también escuchar otras miradas.
CAPRICORNIO (del 23 de diciembre al 21 de enero)
Se movilizan dinero, autoestima y valor personal. Podrías revisar cómo generás recursos y cuánto reconocés tus talentos. Es tiempo de fortalecerte desde adentro.
ACUARIO (del 22 de enero al 21 de febrero)
Lo sentirás con intensidad personal. Plutón en tu signo retrogradando inicia una profunda revisión de identidad. Estás dejando atrás una vieja versión de vos mismo.
PISCIS (del 22 de febrero al 20 de marzo)
El proceso será interno, espiritual y emocional. Necesitarás más silencio, descanso e introspección. Algo invisible se acomoda para prepararte a renacer más adelante.
horóscopo
CHIMENTOS
Carmen Barbieri en “Lo de Pampita”: “Interrumpí un embarazo porque podía morir”

Carmen Luz Barbieri -nacida en Buenos Aires el 21 de abril de 1955-, se consolidó como actriz y figura destacada en el humor dentro del teatro, el cine y nuestra televisión. Proveniente de una familia con tradición en la comedia, su padre fue el capocómico Alfredo Barbieri, y la artista también incursionó como directora teatral en el género de revista y condujo varios programas de televisión.
Actualmente, Carmen está al frente de Con Carmen, un magazine diario en El Nueve donde combina actualidad, espectáculos y entretenimiento, consolidándola nuevamente como una de las figuras fuertes de la televisión.
Por el lado más íntimo, Barbieri manifestó públicamente su fe católica, a la que recurrió con mayor intensidad durante los problemas de salud de su hijo Federico, quien en 2020 logró superar un cáncer de intestino. En 2021, tras ser internada por COVID-19, relató haber visto una aparición de la Virgen de Guadalupe durante su hospitalización.
Acá, los momentos más destacados de la entrevista:
—Bienvenidos a un espacio donde la verdad no se puede evitar. Hoy recibo a una persona que admiro con todo mi corazón, con una gran carrera, una artista de raza, Carmen Barbieri.
—Hola, chiquita, te amo.
—Muchos proyectos nos tocó compartir además.
—Sí, por suerte. Te cuento lo que me dijo Fede: “¡Mamá, no hay que contar tanto!”.
—Hablando de Fede y su actual relación con Evelyn Botto, ¿te gustaría ser abuela?
—Sí, me gustaría, pero no lo vuelvo loco con “¡Ay, quiero ser abuela!“ Si viene, soy la mujer más feliz del mundo. Y si no viene, también soy la mujer más feliz del mundo… Quiero que tenga una relación como la está teniendo ahora con Evelyn, pero que sea consciente, que no haga sufrir a las mujeres, siempre le digo: “Las mujeres sufrimos mucho por los hombres”.
—¿Lo has retado por eso?
—Mucho. Las últimas veces me enojé.
—¿De dónde sale ese gen?
—Del abuelo, mi papá (Alfredo Barbieri), y de su papá (Santiago Bal)… Viene por todos lados (risas). Pero ahora Fede tiene 36 años. Ya es un hombre.
—Dijiste que lo ves chapando, enamorado a full.
—Sí, sí, lo veo que está bien, que está con una mujer… -ojo, que todas las otras también eran bellas, inteligentes y divinas: las quería; yo me encariño mucho con las chicas-, pero ahora, Evelyn es una mujer muy viva, con la cabeza muy abierta y muy inteligente. La quiero mucho. Bueno, Dios dirá. Y espero que sigan amándose.
—¿Cómo es Carmen en el sexo?
—¿En el sexo? Uy, hace tanto… (ríe).
—¿Hace cuánto?
—Hace mucho.
—No, dale, ¿cuánto?
—Será, qué sé yo… nueve, diez años.
—¡Diez años, Carmen!
—No sé… sí, no me acuerdo.
—Pero, ¿por qué?
—Porque estoy grande y el sexo tiene que ser con alguien muy especial. Que me mueva el piso, pero no por lindo ni porque tiene plata, ni porque…
—Pero no le pongas tanta presión. Te podés divertir también.
—No, tiene que ser alguien que me haga divertir. Alguien que tenga humor y que me mueva el piso, si no… siempre fui así, me parece (ríe). Tenía que ser muy inteligente, tener un humor maravilloso ¡y cantar bien!
—¡¿Cantar también?!
—Por lo menos no desafinar (risas). Ojo, el sexo no fue tan importante en mi vida como el amor, como la previa, el beso, la mirada, como ese gesto de amor que una vez tuvo alguien que salí después de Santiago. Sí tuve dos o tres amores cortos, pero uno de ellos tuvo un gesto genial porque no era del ambiente. Yo hablaba de Tita Merello ¡y él no sabía quién era! Y yo me enojaba, le decía que no hablábamos el mismo idioma…Salimos siete meses nada más. Yo lo llamaba Trapito porque me lo levanté en la calle y le puse Trapito, ¿viste? Un día me dice: “Vamos a ir a un lugar que te va a encantar”; agarró y se metió para el Gran Buenos Aires; yo dije: “Ay, acá me la da, me corta en mil pedazos con un hacha” (se ríe).
—Un loco, claro.
—Porque hacía poco que salíamos, cuatro meses, cinco. El vendía insumos médicos. Llegamos al lugar todo oscuro, un chalet todo cerrado. Se para en uno con todas las persianas bajas y me dice: “Bajá”. Y de golpe se abren todas las persianas y aparecen payasos y globos.
—¡Ay, no, era un amor!
—¡Me morí de amor, claro! ¿Y sabés lo que me dijo? “Bueno, ahora vas a poder hablar tu idioma. Ellos hablan como vos”. ¡Oooooh! Te amo, Trapito, sabés que te amo.
—No te quedaste con Trapito.
—No, se casó, tiene hijos, está todo bien.
—Era otro destino el de Trapito.
—Trapito era bárbaro. Te lo cuento y me emociono. Era para enamorarme de de Trapito, peeeeero… yo me niego mucho al amor de pareja.
—¡Abri tu corazón, Carmen, ya esta!
—Vamos a ver… Tengo un candidato y es del ambiente. No es actor, es de la parte de atrás, de las cámaras. Hablo mucho con él, es buena gente.
—Acompañar tantos años a Santiago Bal, ¿fue difícil?
—Sí, fue difícil acompañarlo en esta vida de amor. Pero nunca nos peleábamos, nunca hubo gritos… hasta que un día se cayó todo: somos muy mediáticos. Yo armé una familia, vos me vas a entender. Armé una familia con todo el amor de mi vida, porque lo que quería era tener todos unidos. Los hijos de otras mujeres de Santiago quería que estuviesen en casa, tenían sus habitaciones. Quería que las madres de esos hijos festejaran los cumpleaños y venían… Julieta (hija de Silvia Perez) dice que yo soy su segunda mamá… Había armado una casa tan linda y una familia tan linda y de golpe se vino abajo. No podía creerlo. Mirá que yo iba a análisis. Mi psiquiatra me decía: “Cada vez que entrás me pongo el cinturón de seguridad”, porque yo le decía: “¡Lo voy a matar, lo voy a matar!”.
—Leí que hasta hasta lo planeaste…

—¡Sí, lo soñaba!
—¿Cómo era en tu cabeza esa fantasía de matarlo?
—Con un paraguas (risas). ¡Le clavaba un paraguas acá! (se toca la garganta). Y después entendí que sí, claro que lo quería matar, pero acá adentro (se toca el pecho).
—Querías matar al sentimiento.
—Y lo maté. Me costó un año y medio, pero lo logré.
—¿Lo pudiste matar?
—Acá adentro, sí.
—Sí, pero ¿ese sentimiento se va de adentro del cuerpo?
—Y sí. ¿Qué?, ¿no se te fue a vos?
—Yo creo que entran todos los amores adentro del cuerpo.
—Sí, tenés razón. Pero el mío era tan fuerte, el dolor era tan grande, porque luché tanto por ese hombre: para que viviera, para que disfrutara de los hijos y después, de golpe, se vino todo abajo, que no podía seguir adelante. Es decir, no veía una vida sin Santiago Bal. Y tuve mucha ira… por eso cuando desde mi programa le hablo al televidente, le digo: “No tengan tristeza porque estamos pasando un momento muy malo en nuestro país y el argentino está sufriendo mucho. No tengan tristeza y no tengan ira, no se enojen”, porque la ira es tan mala, porque te transforma en un monstruo que no sos. Sufrís tanto, tenés tanto dolor que decís cosas o hacés cosas que hieren mucho a otra gente y no te das cuenta. El dolor te transforma en un monstruo.
—Yo a Fede lo tuve a los treinta y cuatro años y a los treinta y nueve quedo embarazada otra vez de Santiago. Y al segundo mes ya tenía dieciocho de presión. “No llegás ni al quinto mes”, me dijo el médico que siempre me atendió, que sí quería que yo tuviese otro chico. Me dice: “Te doy un consejo, no te arriesgues. No solamente podés perder el bebé, podés perder la vida”.
—¿Y cómo te tomaste esa decisión?
—Fue horrible. Tuve que interrumpir el embarazo. Eso lo conté hace poco a Fede. Dice: “Ay, ¿yo tendría un hermano?”. “Sí, pero tuve que interrumpir porque me podía morir no solamente el bebé, sino yo también”. Así que, bueno, tuve que interrumpir ese embarazo. Me hubiera encantado tener otro hijo.
—Te quedaste con las ganas.
—Sí, claro. Y no intenté más, porque…
—Por salud.
—Sí, además estaba grande, treinta y nueve años; pero igual hoy está bárbaro. A los cuarenta y pico, cincuenta, tenés un hijo,genial.
—Contaste que le dabas muchos disgustos a tu padre, el gran Alfredo Barbieri…
—Sí, muchos, especialmente con un amor que tuve, que fue Jorge Porcel.
—¿Es verdad que lo quiso matar? ¡Que le disparó!
—¡A mí me quería matar! Pero no, es mentira.
—Leí que le disparó el auto. ¿Eso es cierto o es una anécdota?
—No, no, hay cosas que se inventaron (rísas).
—Ah, pensé que era verdad…
—Mi papá no sabía manejar un arma, nunca tuvo un revólver. Sí tenía una navajita así, chiquita. Una vez le dijo a Julio de Grazia, un gran actor amigo mío y de papá: “Lo voy a matar con esto”, esa navajita. Y Julio le dice: “Con eso no le vas a llegar ni a un órgano”, algo así. En broma, obvio. Pero mi papá no podía creer que yo estaba con un hombre tan grande: me llevaba dieciocho años Porcel. Y encima era un compañero de trabajo de él.
—¿Estaba enojado por tu reputación?
—No, ¡porque era gordo! (ríe) Un día, Porcel le preguntó: “¿Alfredo, por qué no me querés?” Mi papá piensa, no encontraba las palabras y le dijo: “¡Porque sos gordo!” (ríe), en broma, por supuesto. Siempre dicen los padres que quieren para nosotros lo mejor, ¿no?
—¿Te hubiera gustado formar una familia con Porcel?
—Sí, claro. Con los hombres que yo amé siempre quería formar una familia.
—Sos una romántica.
—Sí, con cada amor que tuve -que no fueron muchos, pero fueron grandes amores- me hubiese gustado haber formado una familia. Tener un hijo. Vos hiciste bien (ríe).
—Bueno, vos también tuviste.
—Pero es un hijo solo, con un hombre solo. Me hubiera gustado de cada amor que tuve, tener un hijo, porque los amé.
—En varias entrevistas de tus amores dijiste: “Este es el amor de mi vida”, y después: “Este es el gran amor de mi vida…”
—No, yo te voy a decir cómo dije: Porcel fue el amor de mi vida. Y Santiago pasó a ser el hombre de mi vida. Por eso lo elegí como papá. Por eso con Santiago tuve un hijo y no tuve con otros, que amé también, pero no fueron esos amores como para decir: “Con este voy a tener un hijo”.
—Ahora, ¿qué tiene que tener un hombre para conquistar a Carmen?
—Ay, humor. Y un poco de guita, porque ya me estoy cansando de mantener a los hombres (rísas).
—A ver, ¿cuánto necesitamos? ¿Un básico?, que pueda sacarte a comer.

—Que no lo tenga que mantener. No necesito nada para mí. Yo sola me compro, me mantengo.
—Que se pague su alquiler.
—Sí, su alquiler, su comida (ríe). Que se pague su ropa, sus viajes, si no… todo pagaba yo. No siempre, pero casi… que no se enojen.
—Pero si viene sin un mango, pero hay mucho amor, ¿lo descartamos?
—No, sin un mango no quiero (ríe). Pero no porque quiero plata para mí. Yo soy mi dueña. Mi mamá me decía “¿Por qué no dejás que te mantengan?» No, no y no.
—¿Y si te ponemos en unas App de citas que son para famosos?
—No me gusta, ya me pusieron.
—¿Y tuviste match?
—Sí, ¡pero no creían que era yo! Entonces, al otro día yo salía en la tele y decía: “Soy yo”, ponele… “Juan Carlos, la que hablaba con vos”. Y no, después me volvían loca. Así que le digo: “Chicos, sáquenme esta aplicación porque no quiero nada”.
—¿No querías ni charlar? Si estás en tu casa aburrida la noche.
—No, tengo miedo, soy miedosa.
—Ay, ¿qué te va a pasar!
—¡No lo conozco! Prefiero que me presentes vos un hombre.
—Ah, voy a pensar, ¿eh?
—Pero no, ¿vos sabés que estoy sola y estoy bien?
—Porque podés elegir bien.
—Y vos, ¿estás sola ahora?
—Más o menos…
—¿Más o menos?
—Es que no sé cuándo sale esta nota (ríe)
—Yo tendría que decir más o menos. Me encantaría decir: “Mmm, más o menos”.
—Lo mío cambia de una semana a la otra, entonces como que…
—Está muy bien.
—…no sé qué día sale esta entrevista.
—Qué sé yo. Nunca se sabe…
—Nunca se sabe.
—Está bien eso que dijiste: “Más o menos”.
—Más o menos, sí.
—Voy a empezar a decir “más o menos” yo también.
Fotos: Candela Teicheira
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