CHIMENTOS
La Maciel abandonó Gran Hermano en medio de un problema de salud

No pudo controlar sus emociones, ese torbellino que la atosigó internamente y la sumió en un cuadro irrecuperable. La Maciel se hundió en una desestabilización, que se activó tras el ingreso de unos agentes policiales a Gran Hermano para notificarle de una denuncia en su contra.
Aquel episodio, que ocurrió la semana pasada, terminó por transformarse en un gigante en su contra, más allá que al principio se mostró fuerte y consciente del origen de esa presentación en la justicia. Evidentemente, las secuelas se manifestaron en su alma.
Durante la emisión del lunes, que se caracterizó por la gala de eliminación de Martín en un duelo directo con Nazareno, Jéssica no logró superar las dudas en su cabildeos más profundos. Por eso cayó en las garras de un ataque de pánico, al menos por sus palabras.
De ese modo se la contempló durante el vivo de Telefe que estaba acompañada por sus amigos e ingresó en el confesionario. Santiago del Moro confirmó que solicitó la atención médica, con el objetivo de comprender qué le sucedía a su cuerpo.
LA MACIEL ABANDONÓ GRAN HERMANO
Unos minutos más tarde, el conductor del reality terminó por develar el desenlace de toda la circunstancia. “Le estabilizaron la presión, decidió retirarse de la competencia”, especificó el animador. Mientras que La Maciel le transmitió al resto de los participantes: “Mi familia me necesita, que no les gane el ego. Sigan jugando”.
Santiago aportó más detalles del episodio de Jéssica y explicó: «Se sintió mal, fue al confesionario y decidió irse». Así la casa se sumió en la tristeza, pero también con el entendimiento de la necesidad imperiosa de reencontrarse con su familia.
La Maciel, Gran Hermano
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No es falta de ganas: la razón psicológica por la que postergás todo (y cómo salir de ese hábito)

Postergar tareas importantes es una de las conductas más comunes y frustrantes. Aparece incluso cuando sabemos que algo es urgente o necesario, y aun así lo dejamos para después. Pero la psicología es clara: no se trata de pereza ni falta de disciplina, sino de cómo funciona nuestra mente frente al malestar.
Diversos estudios muestran que la procrastinación está fuertemente ligada a las emociones. Las personas tienden a evitar tareas que les generan ansiedad, miedo al fracaso o incomodidad, y buscan en cambio recompensas inmediatas, como revisar el celular o distraerse con contenido digital.
En ese sentido, el problema no es la tarea en sí, sino lo que sentimos frente a ella. Si algo parece complejo, aburrido o genera inseguridad, el cerebro prioriza el alivio inmediato antes que el beneficio a largo plazo. Esto explica por qué muchas veces dejamos para después justamente lo más importante.
Además, hay otro factor clave: la tendencia a elegir gratificación instantánea. Está comprobado que las personas suelen priorizar lo que da placer ahora, aunque eso implique consecuencias negativas después, como estrés o acumulación de pendientes.
Con el tiempo, este hábito puede afectar el bienestar general. La procrastinación no solo genera culpa y ansiedad, sino que también impacta en el descanso, la productividad y la autoestima.
Cómo evitar la procrastinación, según la psicología
- Dividir las tareas grandes en pasos pequeños y concretos
- Empezar por solo 5 minutos para reducir la resistencia inicial
- Identificar qué emoción genera esa tarea (miedo, aburrimiento, inseguridad)
- Eliminar distracciones inmediatas, como el celular o redes sociales
- Recompensarse después de avanzar, aunque sea poco
- Priorizar el progreso antes que la perfección
Los especialistas coinciden en que el cambio no pasa por forzarse más, sino por entender el origen del comportamiento. Cuando se reconocen las emociones que están detrás, es más fácil tomar decisiones distintas y romper el ciclo.
Procrastinar no es un defecto, sino una señal. Es la forma en la que el cerebro intenta protegerse del malestar, aunque lo haga de manera poco efectiva. Entender esto es el primer paso para cambiar el hábito y empezar a avanzar, incluso cuando cuesta.
Procrastinación
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Cecilia Ce, la sexóloga que revolucionó las redes y arrasa con su unipersonal: “Arranqué sin saber nada de actuación”

La sexóloga se encuentra presentando su unipersonal en Paseo La Plaza y se prepara para la gira por el país (Video: Prensa)
Desde su estreno en enero de 2026, Cecilia Ce, más conocida como la Lic. Ce, viene agotando funciones en el Paseo La Plaza con Encendé tu motor, su nuevo espectáculo, y la temporada sobre la emblemática calle Corrientes se extenderá hasta el 1 de mayo antes de dar inicio a una esperada gira nacional e internacional. El unipersonal, que llega tras el éxito arrollador de Beer & Sex Night —un show que durante cinco años llenó salas en Buenos Aires y llevó a la sexóloga de gira por Argentina, España, Uruguay y Chile—, propone un viaje lúcido, hilarante y profundamente caluroso por el mundo del sexo, el deseo y los vínculos.
Con una combinación única de humor, datos científicos y sensibilidad clínica, la sexóloga transforma el escenario en un “taller mecánico emocional” con su nuevo unipersonal Enciende tu motor, invitando a cada espectador a descubrir cómo funciona su propio motor: qué lo enciende, qué lo frena y qué lo conduce al placer real. El espectáculo sortea las curvas del humor y la realidad con una pregunta central: ¿Cómo vivimos el deseo? En ese recorrido, desarma mitos, cuestiona mandatos y habilita una mirada más libre y amorosa sobre la sexualidad.
Luego de los dos shows que tiene en Paseo la Plaza la licenciada se tomará un breve descanso y luego saldrá de gira por el país y en sus redes sociales está disponible toda la información para asistir a los shows. En diálogo con Teleshow, la licenciada repasa el fenómeno de su nueva obra, las reacciones del público y el desafío de poner en escena temas que todavía generan incomodidad y debate.
—¿Por qué se te ocurrió empezar a hacer contenido en redes? Porque vos venís del lado de la academia, del consultorio. ¿Cómo fue ese paso?
—Sí, pensá que hago contenido desde 2017, fui de las primeras. Empecé porque mi hermana mayor, que vivía en ese momento en San Pablo, me dijo: ‘Acá en Brasil hay muchos perfiles profesionales en Instagram’. Y pensé que podía ser una manera de hablar, y creo que también buscaba que me lleguen pacientes. Lo que pasó después fue que en el consultorio todos los pacientes me preguntaban lo mismo y era información que necesitaban entonces, pensé: ‘Esta información tiene que llegar a más gente y que no tengan que pagar una consulta’. Ahí empecé a subir el contenido que compartía en el consultorio para que le llegue a la gente. Y eso empezó a crecer, y bueno, acá estamos.
—Después de dar el paso de estar en las redes decidiste hacer teatro
—No fue nada planificado. Jamás dije: ‘Quiero escribir un libro, quiero ser influencer, quiero ser comunicadora, quiero hacer teatro’. El libro me llegó porque me escribieron de Planeta y Beer & Sex arrancó porque un chico en redes me propuso juntarnos a tomar una cerveza y hablar de sexo y lo tomé, la gente me dijo ‘si’, y armé un Beer & Sex para cuarenta personas en un bar, después vino la pandemia, los bares cerraban, y dije: ‘Bueno, teatro’. Arranqué teatro sin saber nada de actuación, nunca había pisado un escenario.
—¿Y cómo fue ese primer escenario?
—Aprendí a hacerlo con la práctica. Siempre digo que la motivación tiene que ser más grande que el miedo, me motiva más lo que hago que el miedo que me da, porque me da miedo todo, pero lo hago igual. En 2019 hice una charla TED en Rosario para diez mil personas. Ahí me puse una coach, que sigo teniendo, y práctica. Hacerlo.
—Te desenvolves con mucha naturalidad en el escenario, el público te hace preguntas, reaccionás, devolvés, hacés chistes
—Amo, pero es algo natural. No tengo formación, no soy standupera ni hago improvisación. Es como el atleta que compite y, en ese momento, la cabeza responde bajo estrés.
—¿Cómo nace la idea de cambiar el show y pasar a Enciendé tu motor?
—En realidad solo hubo un espectáculo anterior que estuvo cinco años en cartel. Era muy del contenido de mi primer libro. Llegó un momento en que me aburrí, sentí que tenía que comunicar otra cosa, evolucionar en el contenido. Así se cerró una etapa y este nuevo show está mucho más cerca de mi último libro. Quería algo más profundo, con distintos momentos, que no sea cien por ciento humor, aunque sigue siendo bastante, pero que me desarrolle más y tenga más recursos.

—Es una ESI con humor. Tocás temas tabú que no todos se animan.
—Sí, me gusta. Una chica me dijo: ‘Educa, entretiene y hotea’. Me parece una buena definición: todo lo que quiero.
—¿Qué tanto depende el show del público?
—No sé qué porcentaje, pero le doy lugar al público. Hay un segmento pensado para la interacción. Eso lo tomé de los standuperos, especialmente de Lucho Mellera. Sirve para subirlo a redes, porque si subo contenido de guion me lo quemo. La parte interactiva es diferente siempre, y la uso para mostrarlo. Si tengo poco tiempo, abro menos preguntas. Eso lo voy midiendo.
—¿Cómo fue el armado del guion?
—Lo escribí el año pasado. Siempre pienso en el mensaje central, acá era entender lo propio y lo diferente, la aceptación. Quería meter el modelo de frenos y aceleradores, que uso mucho en la clínica, y algo de estimulación porque es lo que la gente quiere. Escribo los borradores, y de cada charla tomó lo que funciona, lo que hace reír, y lo incorporo. Luego me siento y lo escribo. El proceso creativo es muy lindo, te vienen ideas todo el tiempo: en el auto, al dormir. Por ejemplo, la meditación de Messi se me ocurrió yendo a dormir. Tengo un equipo. Ensayo, ensayo, meme, meme, ¿qué ponemos acá? La pantalla ya es espontánea también. Hubo ensayo previo y después es arriba del escenario. A veces no sé qué viene, a veces sí, pero soy muy de lo espontáneo.
—¿Por qué no subís al público a contar sus problemas como hacían otros shows?
—Nunca lo hice. Eso lo hacía (Alessandra) Rampolla con Jey Mamón. Fui a verla y me dio mucha incomodidad, porque la gente contaba sus problemas y lo usaban para hacer chistes. Yo no voy a hacer eso. Sí, a veces alguien cuenta espontáneamente, pero ahora solo subo a alguien para el segmento de “garganta profunda”, quien quiere. Siempre aclaro que nadie va a subir a contar sus problemas porque como espectadora me muero de vergüenza.

—¿Diferenciás la licenciada de redes de la de consultorio?
—No. Me pasa que la gente me consulta en cualquier lado. El fin de semana me fui a un spa y respondí tres consultas. Cómo psicóloga la gente te suele tirar algo, imaginate como sexóloga, donde voy, alquiló un departamento y la dueña me hace una pregunta, voy a un curso de cocina y la chica me dice nada, voy a pádel y me dicen algo.
—¿No te molesta?
—No, no tengo problema con eso
—El otro día estuviste en Infobae en Vivo y hablaste del sexo virtual y de la “falta” de sexo en las nuevas generaciones ¿Por qué creés que tienen menos sexo o eligen no tenerlo?
—Algunas eligen, porque hoy podemos elegir, creo que hay muchas variables, nos faltan datos, eso también está bueno decirlo, si alguien quiere financiar una investigación yo estoy disponible. Esto lo está diciendo todo el mundo, pero nadie tiene los datos, lo escuchamos, lo sabemos, pero no está la investigación. Pero pasan muchas cosas al mismo tiempo: postpandemia, problemas de salud mental, problemas económicos. Tenes las parejas de treinta, cuarenta que no tienen sexo porque no dan más, llegan a casa agotados. Después tenés a la gente sola que no tiene sexo porque no se vinculan, porque no llega a una cita porque están agotados, porque los vínculos son cada vez más difíciles, interactuar por una red. Hoy vas a un boliche y nadie te encara, pero después lo hace por Instagram, eso agota. Después están los chicos que demoran el ingreso sexual porque se vinculan menos, porque los adolescentes pasan más tiempo adentro de casa. Los chicos tienen problemas de salud mental que deberían ser tema de agenda: suicidios, trastornos de alimentación, ansiedad, pornografía. Tenes una cita, sale mal y estás en Twitter siendo viral, hay algo muy tremendo que es el miedo a la burla, bullying virtual. Son muchas variables.
—¿Crees que hay menos tabú hoy a la hora de hablar de sexo?
—Sí, creo que sí. Hay menos tabú, hay más información. No podría haber hecho un espectáculo tanto tiempo si no hubiese cambiado el paradigma.
—¿Hay más espacio para que las mujeres hablen del placer, que antes era más tema masculino?
—Sí, cambió mucho. Cambió también porque los medios de comunicación cambiaron, porque uno lo puede escuchar y creo que sacarse el tabú también es ver cómo otras personas lo comunican, creo que eso ayuda a decir: ‘Ah, mirá, lo dijo y lo puedo decir’. Veo que se está hablando, voy a un programa y los conductores me preguntan, me cuentan, abre un espacio de aprendizaje de cómo comunicar.

—Te quedan dos fechas en Paseo La Plaza, ¿cómo te sentís con eso?
—Vamos a estar hasta el 1 de mayo, ya está casi todo vendido. Hicimos diecisiete funciones, tuvimos como diez mil espectadores en la primera temporada. Estamos recontentos, realmente lo pienso y me pongo a llorar porque no lo puedo creer. La gente sale contenta, recibo muy buen feedback. Decidimos cerrar la primera temporada con una gira: Córdoba, Montevideo, San José, Rosario, Chile, y fechas en San Isidro, Morón, Mendoza. Después volvemos la segunda mitad del año en cartel fijo.
—¿Cómo te preparás para la gira?
—Me encanta. Siempre viajé. Con el show anterior recorrí todo el país, desde Esquel hasta Salta, de Corrientes a Comodoro, en tres meses, en auto. Es hermoso, la gente es súper agradecida, llegar a lugares chicos es genial.
—¿Tenes alguna anécdota en pueblos chicos que el tema que tocas en los show?
—Obvio. En Misiones me levantaron una función porque el auditorio era del obispado. Después me pasó que era un silencio total la sala, cómo que la gente se asustó, no volaba una mosca, pero la gente escucha, solo que no puede manifestarlo, así que hay que remarla, sí. Si no hay feedback, es complicado, pero hay que seguir.
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No sos vos: la ciencia explica por qué posponés la alarma una y otra vez y no podés levantarte

Para muchas personas, el momento en que suena la alarma es el más difícil del día. Aunque hayan dormido varias horas, levantarse se siente como una lucha interna: el cuerpo pide seguir en la cama y la mente tarda en reaccionar. Pero la ciencia tiene una respuesta clara para esto.
El principal responsable es un fenómeno conocido como inercia del sueño. Se trata de un estado de transición entre el sueño y la vigilia en el que el cerebro todavía no está completamente activo. Durante ese período, es normal sentirse desorientado, lento y con una fuerte necesidad de seguir durmiendo.
Este estado puede durar entre 30 y 60 minutos, e incluso más en algunos casos. En ese tiempo, funciones como la memoria, la atención y la toma de decisiones funcionan de manera más limitada, lo que explica por qué tareas simples parecen mucho más difíciles apenas uno se despierta.
A esto se suma otro factor clave: el momento en el que suena la alarma. El sueño no es uniforme, sino que está compuesto por distintas fases. Si el despertador interrumpe una etapa profunda, como el sueño de ondas lentas, la sensación de cansancio será mucho más intensa.
Además, el cuerpo funciona con un reloj biológico interno, conocido como ritmo circadiano. Este sistema regula cuándo sentimos sueño y cuándo estamos más alertas. Si la alarma suena en un horario que no coincide con ese ritmo, despertarse se vuelve aún más difícil.
Incluso el hábito de usar el botón snooze puede empeorar la situación. Estudios recientes muestran que más de la mitad de las personas lo usan regularmente, lo que fragmenta el descanso y prolonga la sensación de somnolencia.
Qué cosas hacen más difícil levantarte a la mañana
- Dormir menos horas de las que el cuerpo necesita
- Acostarse en horarios irregulares
- Despertarse en medio de una fase profunda del sueño
- Usar repetidamente el botón snooze
- Tener un ritmo circadiano desordenado
- Exponerse poco a la luz natural al despertar
Los especialistas coinciden en que no se trata de poner más voluntad, sino de entender cómo funciona el cuerpo. Pequeños cambios, como mantener horarios regulares, evitar pantallas antes de dormir o exponerse a la luz natural al despertar, pueden ayudar a reducir esa sensación de pesadez.
Levantarse con la alarma no es solo una cuestión de actitud. Es un proceso biológico complejo en el que el cuerpo y el cerebro necesitan tiempo para activarse. Entenderlo no solo ayuda a dejar de culparse, sino también a encontrar formas más efectivas de empezar el día con más energía.
Alarma
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