INTERNACIONAL
La noche en que una función de ópera en Berlín puso al mundo al borde de la guerra nuclear

La ópera tiene amantes y detractores. Los amantes son, como todos, apasionados. Los detractores esgrimen alguna tontería como la que afirma que es un género anticuado y vetusto, que lo es. También la guerra es anticuada y vetusta y sigue allí. Ahora, que un tipo esté dispuesto a desatar una guerra, probablemente atómica, porque le gusta la ópera, esa sí que es una tontería grande como una catedral.
Sin embargo, hace 65 años, a partir del domingo 22 de octubre de 1961, estuvimos a punto de ir a la guerra nuclear porque a Allen Lightner, el más alto cargo civil de la misión diplomática de Estados Unidos en la Alemania dividida y en el Berlín dividido, se le ocurrió ir junto a su esposa a escuchar ópera al sector Este de la ciudad. Eso era un desafío para las fuerzas de ocupación soviéticas que frenaron a Lightner, a su mujer y al auto del diplomático ni bien sus ruedas pisaron el sector ruso.
Cinco días después, el viernes 27, treinta tanques de Estados Unidos se enfrentaron con treinta tanques soviéticos a poco más de 30 metros de distancia, cara a cara, cañón a cañón, a ver quién pestañeaba primero. El mundo se paralizó, estuvimos así de ir a la guerra, tuvo que intervenir un espía ruso para calmar las aguas y el fantasma de la guerra huyó, se agazapó en espera de otra oportunidad.
También es posible que, además de gustarle la ópera, Lightner fuese un provocador. Lo era. La historia es una muestra, quién sabe si simpática, del ardiente mundo de lo que se llamó Guerra Fría. Todo sucedió a dos meses de instalado el Muro de Berlín que, en principio, fue de alambres de púas y bolsas de arena. Muro, lo que se dice muro de cemento y piedra, se construyó después. En aquella ciudad dividida, los berlineses del Este tuvieron prohibido pasar al Oeste y los del Oeste ni pensaban en pasar al Este. Quienes lo hacían necesitaban un permiso oficial y presentar sus documentos a la policía de la RDA, la República Democrática Alemana, dominada por la URSS a cargo de Nikita Khruschev. Convoyes militares estadounidenses y patrullas de la policía oriental en la frontera del muro. (Foto: National Archives and Records Administration)
Khruschev quería Berlín para la URSS porque vigente estaba la idea que afirmaba que quien dominara Berlín dominaría Europa. Y había pensado en otorgar cierta independencia, figurada y figurativa, a la RDA que presidía entonces Walter Ulbricht, un comunista alemán que en 1933 había huido de los nazis y había ido a parar a los brazos de oso del dictador José Stalin. Por orden de Khruschev, Ulbricht había dispuesto que el muro en formación y crecimiento, alambres y arena, estuviese bajo vigilancia de la policía militarizada de la RDA, conocida como Volkspolizei y mucho más conocida como “vopos”, uniformados todos de un verde demasiado similar al de la destruida Whermacht de Adolf Hitler, y con unos cascos en forma de pequeña palangana. Eran los “vopos” los que pedían papeles a los occidentales que querían pasar al sector Este.
Pasar hacia el lado comunista no era para todos. Estaba reservado solo para militares o civiles empleados por las fuerzas aliadas, empleados de las embajadas, extranjeros, trabajadores permanentes de la República Federal Alemana, la occidental y funcionarios de la RDA. Para los aliados, aceptar la autoridad de los “vopos” para pedir papeles o cualquier otra cosa, implicaba el reconocimiento de cierta soberanía del sector oriental de Berlín, y eso era inaceptable: solo hablaban con autoridades o tropas soviéticas.
En ese ambiente volátil, a Lightner se le ocurrió aquel domingo ir a la ópera de Berlín para ver y escuchar a una compañía de teatro lírico experimental checoslovaca. Poner en peligro la paz del mundo por apostar a una compañía experimental checa es tener un par de narices de acero. Pero el tipo estaba empeñado en pasar un domingo musical. Le pidió a su mujer, Dorothy, que lo acompañara, treparon ambos al Volkswagen familiar y encararon para el estratégico Checkpoint Charlie que fue desmantelado y demolido el 22 de junio de 1990, después de la caída del Muro, y hoy es un museo; pero en esa época, y por casi tres décadas, fue uno de los puntos clave de la Guerra Fría.
El Muro había dejado apenas tres pasos abiertos a lo largo de todo Berlín y con los debidos controles fronterizos, se trataba de una ciudad dividida en dos en un país también dividido en dos. Los aliados les dieron el nombre del alfabeto fonético militar que es casi universal. Al primero de los pasos lo llamaron Checkpoint Alfa: estaba en la autopista que conectaba a Berlín con la zona del Rhur. Al segundo lo llamaron Checkpoint Bravo, se alzaba en la autopista Dreilinden, que también conectaba la zona del Rhur, pero por el Este. El tercero, el Checkpoint Charlie, se instaló en la Friedrichstrasse, la avenida más céntrica y comercial de Berlín de antes de la guerra, ahora también dividida en dos.
Lightner puso su Volkswagen en marcha en la puerta de su residencia del distrito de Dahlem, una mansión que le había sido confiscada a un jerarca nazi, con plena conciencia de lo que iba a suceder: su vida no corría peligro; su noche de ópera, sí. Cuando dejó atrás el Checkpoint Charlie y Berlín Oeste y entró en Berlín Este, los “vopos” le salieron al paso, interceptaron el auto y le pidieron papeles, documentos, autorizaciones; Lightner se negó: solo se identificaría ante oficiales soviéticos. Los policías le dijeron que era domingo y que no iban a hallar disponible a ninguna autoridad rusa: o mostraba los papeles o regresaba. Lightner dijo que de ninguna manera, que tenía entradas para la ópera y que tenía decidido pasar.
La discusión siguió durante 45 minutos, hubo gritos, amenazas y desafíos. Los “vopos” tenían orden de disparar a cualquiera que quisiera entrar al Este sin papeles, como si se tratara de alguien que pretendía huir a Berlín Oeste, pero sabían que matar a un diplomático estadounidense podía desencadenar una guerra. Desde el teléfono de su auto, un adelanto técnico de la época, Lightner llamó al general Lucius Clay y le contó en qué lío estaba metido.

Un auto diplomático de los Estados Unidos rodeado de soldados americanos cruza hacia Berlín Oeste. (Foto: National Archives and Records Administration)
Clay era un héroe para los alemanes: había sido segundo del general Dwight Eisenhower durante la guerra y había enfrentado con éxito el bloqueo de Berlín ordenado por Stalin en 1948. Se había retirado en 1949, pero el presidente John Kennedy le pidió que regresara a Berlín como su enviado especial. Clay estaba en desacuerdo con la política apaciguadora de Estados Unidos frente al Muro, así que aquel domingo dijo a Lightner que siguiera adelante con su osada excursión hacia el peligro.
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Por su parte, Lightner no era solo un amante de la ópera. Como joven diplomático enviado a la Unión Soviética a fines de 1930, había huido con todos los documentos de la embajada estadounidense en Moscú cuando los nazis invadieron la URSS en 1941. Era un anticomunista fervoroso, que fue a parar a Londres para compartir con los británicos los refugios subterráneos durante los bombardeos alemanes. Su decisión de ir a la ópera formaba parte de un plan pergeñado y autorizado por Clay para saber hasta dónde se podía torcer el brazo a los soviéticos en Berlín.

Soldado estadounidense monitoreando los tanques soviéticos. (Foto: National Archives and Records Administration)
En pleno tira y afloje con la policía militarizada alemana, y cuando caía la tarde otoñal, uno de los “vopos” le advirtió al empecinado Lightner: “Va a tener que quedarse aquí toda la noche, hasta mañana, cuando aparezca algún oficial soviético, si es que aparece alguno”. Y Lightner, que a esta altura ya había olvidado a la compañía experimental checa de lírica, dijo: “Lo siento, voy a usar mi derecho como miembro de los aliados a entrar en cualquier sector de Berlín”. Apretó el acelerador, el Volkswagen pegó un salto, casi embiste a dos policías y fue a detenerse cerca de uno de los bloques de cemento colocados en forma escalonada, que impedían el paso veloz de cualquier vehículo. Los alemanes, armados hasta las cejas, volvieron a frenar el auto mientras desde el sector Oeste dos jeeps cargados con soldados del Grupo de Batalla 2, armados con fusiles M14 y bayoneta calada, todos a órdenes de Clay, estacionaron detrás del auto de Lightner y lo rodearon para protegerlo. Fue la primera vez desde el final de la Segunda Guerra Mundial que tropas estadounidenses entraron en territorio soviético.
Uno de los soldados americanos invitó a Dorothy Lightner a bajar del auto y a regresar con uno de ellos al Checkpoint Charlie. La mujer no quiso. “Órdenes del general Clay –le dijo el soldado– Nuestras órdenes dicen que su presencia no es necesaria aquí”. La mujer volvió al Oeste y Lightner, con siete soldados que custodiaban su auto, entró con suma lentitud unos 150 metros en Berlín Este, sin que los “vopos” atinaran a hacer algo. El Volkswagen después giró en U y regresó a Berlín Oeste, solo para volver a ingresar al Este y repetir el paseíto, siempre con los soldados de Clay dispuestos a disparar. Frente al Checkpoint Charlie se alistaron un par de tanques americanos y unos bulldozers dispuestos a arrasar en parte aquel precario muro de alambre de púas y arena si era necesario. No fue necesario.
Así fue como terminó todo. O casi todo. Faltaba lo mejor. En Washington algunas almas temblaban. Kennedy, que vivió toda su presidencia con el temor de un conflicto nuclear desatado por error o por tontería, que había seguido el incidente minuto a minuto, para usar un lenguaje de hoy, y que además conocía al tozudo Lightner, preguntó: “¿Qué es lo que está haciendo ese tipo?” Dean Rusk, su secretario de Estado, le contó el motivo del incidente y quiso calmarlo: “Es una cuestión de los vopos. No hay soviéticos metidos en esto”. Y Kennedy: “Decíle a ese tipo que no lo mandamos a Berlín para que vaya a la ópera”.

Los tanques americanos y soviéticos enfrentados en Check Point Charly en octubre de 1961. (Foto: National Archives and Records Administration)
Después, el presidente se dio un baño de realidad: habló con el general Clay para enterarse de qué era lo que pasaba. El militar le reveló que él mismo había dado las órdenes esa agitada noche; dijo a Kennedy que si los soldados del Oeste retrocedían, Estados Unidos perdería toda su credibilidad en Alemania. Era más o menos lo que Kennedy le había dicho a Khruschev cuatro meses antes, durante su encuentro en Viena, el día en que ambos se amenazaron con la guerra. Así que Kennedy debió elegir entre dos alternativas: o abdicaba de su estrategia política, o confiaba en el general Clay. Confió en Clay.
El miércoles 25 de octubre, otro auto, identificado ahora con la patente de las tropas de ocupación y con diplomáticos estadounidenses en su interior, ingresó a Berlín Este. Aquí, justo es decirlo, Lightner ya no tenía nada que ver. Y la ópera checa menos. El jueguito del domingo anterior volvió a repetirse con una variante: ni bien los “vopos” pararon el auto de los diplomáticos, Clay ordenó que diez tanques marcharan hacia la Friedrichstrasse con sus cañones apuntando a las fuerzas policiales del Este. Tres jeeps, cada uno con cuatro soldados con fusiles y bayonetas caladas, atravesaron el puesto fronterizo, se formaron frente al coche de los diplomáticos y se adentraron en Berlín Este. Esta vez sí había oficiales soviéticos junto a la policía militarizada alemana. Pero solo miraron.
El viernes 27, otro auto con civiles estadounidenses a bordo fue detenido por los vopos y volvieron las discusiones; los americanos, apoyados por diez tanques desde el otro lado, pedían a un oficial soviético para identificarse y los policías alemanes se negaban a convocar a uno. No fue un oficial soviético el que apareció en el escenario en el que se jugaba la paz del mundo: fueron diez tanques rusos T-54 con sus cañones apuntando a los tanques americanos.

El enfrentamiento de tanques en el Checkpoint Charlie en Berlín. (Foto: National Archives and Records Administration)
El jueguito había terminado. Entre las dos fuerzas de blindados había menos de treinta metros de distancia: eso era lo que separaba a la paz del primer enfrentamiento de la era nuclear entre soviéticos y americanos. Era un espectáculo que seguían, como en un partido de fútbol, las cámaras de los corresponsales de medio mundo. Desde Washington, y por teléfono, Kennedy y parte de su gabinete seguían en vivo aquel duelo entre matones de barrio. Kennedy y Clay volvieron a hablar. Los documentos oficiales recogieron el diálogo:
Kennedy: -¿Cómo andan las cosas por allí, general?
Clay: -Fantástico, señor presidente. Estamos iguales: diez tanques de cada lado. No, espere: los rusos han traído ahora veinte tanques más. Ahora son treinta. Eso prueba que tienen información exacta sobre nuestras tropas. Es el número de tanques que nosotros tenemos en Berlín. Así que vamos a traer nuestros restantes tanques también.
Kennedy: -¿Está nervioso, general?
Clay: -¿Nervioso? Aquí no hay nadie nervioso, señor. Si hay alguien nervioso probablemente sea alguien en Washington.
Kennedy: -Bueno, general: aquí hay un montón de gente nerviosa. Yo no soy uno de ellos.
¡El mundo entero estaba nervioso! Y Clay también. En algún momento pensó: “Dios mío, un subteniente soviético puede desatar la tercera guerra mundial…” La guerra dependía de una interpretación semántica, de un imbécil inquieto o con vocación de héroe, de un yerro o de un mal cálculo. Era raro que hubiera disparos, pero podía suceder. Ahora que ambas potencias se habían mojado las orejas, restaba solucionar el drama más agudo del conflicto: cómo retroceder con cierta dignidad. Kennedy y Khruschev dialogaban sin hablarse. El hermano del presidente, Robert Kennedy, que era fiscal general, algo así como ministro de Justicia, mantenía entonces una estrecha relación con Georgi Bolshakov, un ruso acreditado en la Casa Blanca como editor periodístico de una revista de novedades de la Unión Soviética. De periodista, nada: era un espía. Los Kennedy habían decidido llevar adelante un diálogo con Khruschev por encima de la CIA y de la KGB, del Departamento de Estado a cargo de Rusk y de la cancillería soviética a cargo de Andrei Gromyko y por encima de los jefes militares de los dos bandos. Era peligroso, pero así jugaban.
El mensaje de Kennedy a Khruschev, vía Bolshakov, propuso, palabras más o menos, que si la URSS retiraba sus tanques dentro de las veinticuatro horas, “los nuestros harán lo mismo media hora después”. En la mañana del 28 de octubre, los tanques soviéticos se retiraron. Primero, Khruschev tuvo que convencer al mariscal Iván Koniev, su viejo amigo y héroe de guerra de la URSS. Lo hizo con un argumento sencillo y realista: “Iván, creéme, nada de esto vale una guerra”. El mariscal hizo lo que le ordenaban, pero ubicó sus tanques detrás de los edificios de la Friedrichstrasse, fuera de la vista de los aliados, y con sus motores en marcha. Los tanques americanos hicieron lo mismo y el incidente se dio por terminado. Para evitar peligrosas repeticiones, el gobierno de Ulbricht decretó de inmediato que los únicos en no ser identificados por los vopos serían de ahora en más, el personal aliado que viajara a Berlín Este de uniforme. John Kennedy y Nikita Khrushchev reunidos. (Foto: Google)
El Muro de Berlín cayó en 1989, dos años antes del fin del comunismo en la URSS. Al año siguiente, el Checkpoint Charlie fue desmantelado y demolido. Ulbricht, el obrero comunista que se hizo político y presidió la República Federal Alemana, fue desalojado del poder en 1971 por Erich Honecker. Murió en agosto de 1973, a los ochenta años, cerca de Berlín.
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Lucius Clay, el general que defendió Berlín, siguió en funciones en Alemania hasta el asesinato de Kennedy en 1963. Murió en Massachusetts, en abril de 1978, una semana antes de cumplir 80 años. Está enterrado en el cementerio de la Academia Militar de West Point. En su tumba hay una placa de piedra que donaron los berlineses. Dice: “Demos gracias al preservador de nuestra libertad”.
Allan Lightner, el hombre al que le gustaba la ópera, siguió en funciones en Berlín. Participó de unas cuantas operaciones secretas de la Guerra Fría, entre ellas, el intercambio del piloto americano Francis Gary Powers por el espía soviético Rudolf Abel, que Steven Spielberg hizo famoso en la película “Puente de espías”, protagonizada por Tom Hanks. Luego fue embajador en Libia entre 1963 y 1965 y profesor de la Escuela Nacional de Guerra de Estados Unidos entre 1967 y 1970. Murió en septiembre de 1990, a los ochenta y dos años.
Sumario, Segunda Guerra Mundial, Berlín, Alemania nazi
INTERNACIONAL
EXCLUSIVE: Former ‘Apprentice’ star picked by Trump to showcase America’s 250th anniversary through art

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WASHINGTON — Nearly two decades after hearing «You’re fired!» on NBC’s «The Apprentice,» Erin Scavino says President Donald Trump chose her to lead one of the federal government’s least-known offices as it helps tell America’s story to celebrate the nation’s 250th anniversary.
Scavino, director of the State Department’s Art in Embassies program, told Fox News Digital in an exclusive interview inside the Art Museum of the Americas that she never imagined she’d go from reality TV to overseeing one of the Trump administration’s signature America 250 cultural initiatives.
She said she views her appointment as part of Trump’s broader effort to elevate American culture alongside American history ahead of the nation’s 250th anniversary.
WHITE HOUSE TOUTS TRUMP’S ‘BOLD VISION’ FOR TOWERING INDEPENDENCE ARCH FOR AMERICA 250
Erin Scavino, director of the U.S. Department of State’s Art in Embassies program, oversees the «Passport to Patriotism: 250 Years of Diplomacy» exhibition celebrating America’s 250th anniversary. (Courtesy Art in Embassies)
«I was a day one hire by President Trump because just like we’ve seen with the Kennedy Center, he wanted to make the performing arts great again, and he also put me at Art in Embassies to make visual arts great,» Scavino said.
Although little known to most Americans, the Art in Embassies office has existed since 1964, placing American artwork in nearly 190 diplomatic properties around the world as a form of cultural diplomacy.
Scavino said the nation’s 250th anniversary offered an opportunity to introduce the program to a broader audience.
Opening July 30 at the Art Museum of the Americas, «Passport to Patriotism: 250 Years of Diplomacy» will bring together more than 30 contemporary American artists whose work explores patriotism, diplomacy, military service, immigration and national identity in what organizers describe as a celebration of the ideals that have shaped the U.S. since its founding.
The exhibition, presented through a partnership between the State Department’s Office of Art in Embassies and the American Arts Conservancy, will be free to the public through Oct. 18.
PRO-TRUMP ARTIST UNLEASHES POWERFUL MESSAGE ABOUT AMERICAN FLAG, TOUTS MASSIVE OLD GLORY PAINTING

Art in Embassies Director Erin Scavino unboxes a Romero Britto artwork ahead of the opening of the State Department’s «Passport to Patriotism: 250 Years of Diplomacy» exhibition. (Courtesy of Art in Embassies)
The exhibition spans dozens of contemporary works exploring patriotism through photography, painting, sculpture and fashion, with each gallery approaching the American story from a different perspective.
Among the featured works is «Gallantly Streaming» by acclaimed artist Barbara Ernst Prey, a sweeping interpretation of the American flag that anchors the exhibition’s exploration of national identity.
Internationally recognized pop artist Romero Britto also reimagines the Statue of Liberty in his signature bold palette for the exhibit, layering vibrant colors against the Stars and Stripes to celebrate what Scavino described as the enduring promise of the American dream.
The exhibit will feature a powerful series of photographs by Korina Marie Moore, whose images capture moments of military service through a deeply personal lens. Rather than focusing solely on combat, Moore’s photographs spotlight the men and women who serve — from sailors gathered around a U.S. Navy vessel to service members standing watch as the Statue of Liberty rises across New York Harbor and the solemnity of Arlington National Cemetery.
THE STORY BEHIND BETSY ROSS AND THE FIRST AMERICAN FLAG AS AMERICA CELEBRATES 250TH BIRTHDAY

A sketch of designer Kate Wasserbach Moore’s America250 couture gown, inspired by Betsy Ross’ American flag, created for the State Department’s «Passport to Patriotism: 250 Years of Diplomacy» exhibition. (Courtesy of Art in Embassies)
Visitors will also encounter an America 250 haute couture gown created specifically for the nation’s semiquincentennial celebration, inspired by Betsy’s Ross’ flag.
For Scavino, the exhibit represents the latest chapter in a career that unexpectedly led from «The Apprentice» to the Trump administration. Looking back on that journey, she said there has been one constant.
«The common thread throughout all of this is President Trump,» Scavino said. «That’s why I always thank him so much for these great opportunities.»
Scavino says the opportunity has opened her eyes to the people behind the offices.

President Donald Trump speaks during the wedding reception of Dan and Erin Scavino at Mar-a-Lago in Palm Beach, Fla., on Feb. 1, 2026. Erin Scavino told Fox News Digital Trump delivered remarks at the couple’s wedding and later called to say he enjoyed the celebration. (Al Drago/Getty Images)
«Every time you learn about someone’s job, you’re actually understanding a whole new universe,» she said. «That’s what’s really special about the State Department.»
«People often think [the State Department is] really serious, and yes, of course, there’s so much diplomacy and so many very serious things that are going on,» Scavino said. «But there are so many interesting components, like Art in Embassies.»
«This isn’t something that was created for me,» she added. «Art in Embassies has been around since 1964 under President Kennedy… Every time you learn about someone’s job, you’re actually understanding a whole new universe.»
Scavino said one of her goals was to create an exhibition that feels welcoming to visitors who might never consider themselves «art people.»

Korina Marie Moore’s photograph «Facing Liberty» depicts two U.S. service members looking toward the Statue of Liberty. The work is featured in the State Department’s «Passport to Patriotism: 250 Years of Diplomacy» exhibition. (Courtesy Art in Embassies)
«Art has become sort of a gatekeeping situation or something that’s only for the rich or the elite,» she said. «I wanted to say, ‘Hey, no. We want kids. We want grandparents. We want moms. We want families. We want dads. We want people all over the world to come to this museum because there is something for everyone.’»
Each artwork includes QR codes allowing visitors to hear directly from artists about their work and creative process, an effort Scavino said makes the exhibit more approachable.
«You don’t have to have your nose in the air saying, ‘Oh, that Monet’ or ‘That Degas,’» she said. «You’re going to see a flag. You’re going to see a sculpture. You’re going to hear Americans tell their stories.»
Scavino pointed to Romero Britto’s colorful Statue of Liberty piece, «Liberty for All,» as one example of the American dream reflected throughout the exhibit.

Romero Britto’s «Liberty for All» is featured in the State Department’s «Passport to Patriotism: 250 Years of Diplomacy» exhibition celebrating America’s 250th anniversary. (Courtesy of Art in Embassies)
«When I think about his hearts or his Statue of Liberty, it just makes me think about the American dream,» she said. «He is so patriotic and he loves this country.»
«There are so many stories that are often overlooked,» Scavino said. «We show pictures of loss. We show people that have lost their lives for this nation. We show people who are celebrating serving our country… I think that we have to honor those who have served.»
One of the exhibition’s most unexpected pieces isn’t a painting or sculpture — it’s a couture gown inspired by Betsy Ross’ American flag.
Scavino said the idea came while she was searching for a wedding dress ahead of her February wedding to fellow Trump administration official Dan Scavino at Mar-a-Lago, when she discovered designer Kate Wasserbach Moore, whose appreciation for American history sparked an unusual collaboration.

Erin Elmore, director of Art in Embassies at the State Department, arrives for her wedding to Dan Scavino, White House deputy chief of staff, at Mar-a-Lago in Palm Beach, Fla., on Feb. 1, 2026. (Saul Loeb/AFP via Getty Images)
«I cold-called her out of the blue and said, ‘Can you create a dress that looks like something one of the wives of our Founding Fathers would have worn and make it patriotic?’» Scavino recalled.
The finished design, featuring flowing red-and-white accents inspired by Betsy Ross’ flag, was created for the exhibition rather than the aisle, adding fashion to a collection that otherwise spans photography, painting and sculpture.
«To me, patriotic, red, white and blue, and also fashion—how much better does it get for a girl?» Scavino said.
Although Art in Embassies typically works overseas, Scavino said creating a major public exhibition in Washington had been one of her goals since taking over the office.
«I started with a dream because Art in Embassies is generally overseas,» she said. «I wanted to do something, to start a footprint here in the United States.»
That idea quickly gained momentum.
«The Art Museum of the Americas said yes,» Scavino recalled. «And the second surprise was that I unfortunately don’t have enough space for everyone. So many people generously wanted to participate.»

Kyler Steele’s photograph «Silence,» depicting rows of headstones at Arlington National Cemetery, is featured in the State Department’s «Passport to Patriotism: 250 Years of Diplomacy» exhibition celebrating America’s 250th anniversary. (Courtesy Art in Embassies)
For Scavino, the exhibition is ultimately less about individual works than the conversations they may inspire.
«What I love about art is it’s totally different from politics,» she said. «You can get in the door by talking about art… and maybe instead of tear down, we can come together.»
She said that’s especially important because, for many people overseas, an American embassy may be their first — and sometimes only — connection to the United States.
«Sometimes in these small nations that are so foreign to us, the only touchpoint they have to America is our embassy and our ambassador,» Scavino said. «So it is so much more important than I ever thought it would be.»
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Scavino hopes visitors leave with a deeper appreciation not only for the artwork, but for the stories it tells about the nation it represents.
«You only get to celebrate 250 years once,» she said. «So let art be a way of celebration.»
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INTERNACIONAL
El expresidente español Mariano Rajoy habló de la semifinal contra Francia y provocó un escándalo: “Es una buena selección, pero sin franceses”

El Gobierno francés calificó este domingo de “absolutamente inaceptables” y “aberrantes” las declaraciones del expresidente del Gobierno español Mariano Rajoy, quien afirmó que la selección francesa de fútbol tiene “un altísimo nivel, eso sí, sin franceses”.
Lo hizo en una columna publicada por El Debate tras la clasificación de España para las semifinales del Mundial en las que se enfrentará a Francia.
“Si esa declaración es exacta, es absolutamente inaceptable. No refleja en absoluto lo que es Francia”, afirmó el ministro de Interior, Laurent Nuñez, en una entrevista en la televisión BMF TV.
En Madrid también hubo una ola de repudio contra Rajoy.
El presidente del gobierno español, el socialista Pedro Sánchez, condenó las “declaraciones xenófobas” del anterior jefe de gobierno.“Hay quien todavía mide la pertenencia por el apellido, el lugar de nacimiento o el color de piel. Otros la medimos por el arraigo a un país y la voluntad de contribuir a él”, indicó en un mensaje en la red social X.
“España es de quien la ama y la trabaja. No de a quién la avergüenza con declaraciones xenófobas. Francia, nos vemos en semifinales. Que gane el mejor y que pierda el racismo”, agregó.
También hubo condenas del oficialista Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y el izquierdista Podemos.
“Un país de diversidad”
Desde París, el ministro Nuñez defendió que Francia es “un país de diversidad, donde todo el mundo puede desarrollarse y encontrar su lugar”.
Además, lamentó que este tipo de comentarios alimenten los ataques racistas contra los jugadores de la selección francesa, en particular contra su capitán, Kylian Mbappé, a quien la senadora paraguaya Celeste Amarilla le atacó por sus raíces africanas. El expresidente español, Mariano Rajoy (Foto: EFE)
“Creo que todavía nos queda mucho camino por recorrer para vivir todos juntos con cohesión. Francia es una República en la que todo el mundo tiene su lugar, sea cual sea su origen, sus convicciones o su religión, siempre que se respeten las reglas comunes de la República”, afirmó.
Añadió que declaraciones como esas “no ofrecen una imagen de esperanza” a muchos jóvenes franceses y confesó que le producen “desolación”.
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Nuñez enmarcó además la polémica en el debate sobre la identidad nacional y rechazó la visión de quienes oponen una supuesta “Francia histórica” o “Francia cristiana” -defendida por la extrema derecha- a una “nueva Francia” -tesis de la extrema izquierda-.
“Solo hay una Francia”, afirmó, “una República en la que todo el mundo debe poder encontrar su lugar”, insistió.
Por su parte, la ministra delegada encargada de la Francofonía, las Alianzas Internacionales y los Franceses en el Extranjero, Éléonore Caroit, condenó los ataques dirigidos contra la selección francesa.
Al respecto, aseguró: “Ya vengan de una senadora paraguaya o de un expresidente español, ya sean escandalosos o más insidiosos, todos los ataques racistas contra el equipo de Francia son inaceptables”.
“Todos los jugadores del equipo de Francia son franceses. Punto final”, afirmó la ministra.
Además, afirmó: “Estos comentarios aberrantes no les impedirán brillar en el terreno de juego. Toda Francia está detrás de sus Bleus”.
A las críticas se sumó el primer secretario del Partido Socialista (PS), Olivier Faure, quien rechazó las palabras de Rajoy y defendió que “la selección de Francia está formada únicamente por franceses”.

Francia ya está en semifinales del Mundial 2026 (Foto: Reuters)
“Francia no es una nación étnica. No tiene un color de piel ni una religión. Es una nación política unida en torno al lema de la República”, escribió Faure en sus redes sociales. Y añadió: “Por mucho que le disguste a la derecha racista”.
También el secretario general del Partido Comunista Francés, Fabien Roussel, reaccionó con dureza a las declaraciones de Rajoy: “Antes una senadora de Paraguay, ahora el expresidente del Gobierno de España: ¡no pueden evitar expresar un racismo burdo para intentar desestabilizar a nuestra magnífica selección de Francia!”, escribió en redes sociales.
(Con información de EFE)
Mundial 2026, Mariano Rajoy
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El régimen de Irán dijo que varios proyectiles impactaron objetivos militares en la isla de Qeshm, cerca del estrecho de Ormuz

La agencia estatal iraní IRNA informó este domingo que varios proyectiles lanzados por lo que describió como el “enemigo” impactaron en la isla de Qeshm, un enclave estratégico situado en el estrecho de Ormuz, en medio del recrudecimiento del enfrentamiento entre Irán y Estados Unidos. Según el régimen de Teherán, los ataques alcanzaron exclusivamente objetivos militares y no dejaron víctimas.
El gobernador del distrito de Qeshm, Hossein Amir Teymouri, declaró a IRNA que “entre 10 y 11 proyectiles enemigos impactaron la isla de Qeshm desde la tarde del domingo”. El funcionario agregó que “todos los objetivos eran militares” y aseguró que “no hubo víctimas”.
Horas antes, la propia agencia estatal había comunicado que varios misiles fueron disparados contra la isla durante la tarde, precisando igualmente que no existían reportes de fallecidos o heridos como consecuencia de los impactos.
La isla de Qeshm ocupa una posición clave en el estrecho de Ormuz, uno de los corredores marítimos más importantes para el comercio internacional de petróleo y gas. Su ubicación la convierte en un punto de alto valor estratégico dentro de la infraestructura militar y naval iraní en el golfo Pérsico.
Los impactos se produjeron en una jornada marcada por una nueva escalada militar entre Washington y Teherán. Durante este domingo, Estados Unidos lanzó nuevos bombardeos contra territorio iraní tras responsabilizar a la República Islámica de un ataque previo contra un buque que navegaba por el estrecho de Ormuz.

Después de esas operaciones, medios oficiales iraníes informaron de explosiones en distintos puntos del sur del país, entre ellos Bandar Abás, Sirik y la propia isla de Qeshm, además de reportes de ataques en la provincia de Juzestán, fronteriza con Irak.
El régimen iraní también informó de la muerte de un soldado en la ciudad costera de Jask y, posteriormente, reportó el fallecimiento de un trabajador del sector de telecomunicaciones en la provincia de Hormozgán, ubicada sobre la costa norte del estrecho de Ormuz.
En respuesta a los bombardeos estadounidenses, la Guardia Revolucionaria anunció el cierre del estrecho de Ormuz. En un comunicado afirmó que “el estrecho de Ormuz permanecerá cerrado hasta nuevo aviso y hasta el fin de las intervenciones estadounidenses en esta región”.
Además, el cuerpo militar sostuvo que había realizado disparos de advertencia contra una embarcación que, según su versión, intentó navegar por “una ruta no autorizada”. Teherán mantiene que únicamente reconoce un corredor marítimo específico para el tránsito de buques por esa vía.
La decisión iraní fue rechazada por el Mando Central de Estados Unidos (CENTCOM), que aseguró posteriormente que el tráfico marítimo continuaba desarrollándose con normalidad. El comando estadounidense sostuvo además que “Irán no controla el estrecho de Ormuz” y afirmó que las embarcaciones comerciales seguían transitando por la zona.
Una enorme columna de humo negro se eleva desde la isla de Qeshm cerca del Estrecho de Ormuz tras intensos bombardeos aéreos de EE.UU. en la última hora.
La nueva escalada se produjo semanas después de que Washington y Teherán firmaran un memorando destinado a abrir un período de negociaciones para buscar un acuerdo permanente que pusiera fin al conflicto iniciado el 28 de febrero tras la ofensiva militar de Estados Unidos e Israel contra territorio iraní.
En los últimos días, sin embargo, ambas partes intercambiaron nuevos ataques. Estados Unidos aseguró haber ejecutado alrededor de 140 bombardeos contra instalaciones iraníes, mientras el presidente Donald Trump afirmó que las fuerzas estadounidenses habían golpeado “muy duro” a Irán.
Tras los ataques estadounidenses, varios países del Golfo denunciaron incidentes relacionados con la ofensiva iraní. Kuwait informó daños en puestos fronterizos y en una plataforma petrolera; Qatar confirmó la interceptación de misiles y reportó tres personas heridas; Jordania indicó que tres proyectiles impactaron en su territorio sin causar víctimas, mientras Omán convocó al embajador iraní para expresar su protesta por los ataques.
En paralelo, el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, pidió que se “reanuden urgentemente las negociaciones” para intentar frenar la escalada militar, mientras el ministro de Exteriores de Pakistán, Ishaq Dar, instó públicamente a todas las partes a avanzar hacia una “desescalada” del conflicto.
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