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ECONOMIA

La pregunta que se hacen comerciantes y consumidores: ¿cuándo llega la recuperación?

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La estabilización macroeconómica suele producir una paradoja que desconcierta tanto a la opinión pública como a buena parte del sector empresario. Mientras los principales indicadores financieros muestran mejoras -desaceleración de la inflación, estabilidad cambiaria, reducción del déficit fiscal y del gasto público-, la economía real sigue exhibiendo señales de debilidad: la mora empieza a bajar, aunque desde niveles elevados; el endeudamiento de familias y empresas continúa siendo alto; caen el consumo masivo y las ventas minoristas; y numerosos comercios y pyme enfrentan crecientes dificultades para sostener su actividad.

Lejos de ser una contradicción, este comportamiento responde a una secuencia observada en numerosos procesos de estabilización en el mundo.

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La primera explicación proviene del economista estadounidense Irving Fisher, quien en su clásico trabajo The Debt-Deflation Theory of Great Depressions (1933) describió cómo la caída de la inflación modifica el peso real de las deudas.

Irving Fisher, quien en su clásico trabajo The Debt-Deflation Theory of Great Depressions (1933) describió cómo la caída de la inflación modifica el peso real de las deudas

En contextos de alta inflación, las obligaciones financieras tienden a licuarse con el paso del tiempo y las empresas pueden trasladar con rapidez sus mayores costos a los precios. Cuando la inflación se desacelera, ese mecanismo desaparece. Las cuotas dejan de perder valor real, los márgenes se achican y quienes no logran aumentar sus ingresos al mismo ritmo empiezan a tener más dificultades para cumplir con sus compromisos financieros. El resultado suele ser un aumento de la mora, tanto en hogares como en empresas.

El efecto macroeconómico

Al mismo tiempo, la reducción del déficit fiscal implica una menor inyección de recursos del Estado en la economía. El ajuste del gasto público recorta parte de la demanda agregada, especialmente en actividades vinculadas al mercado interno. Si ese menor impulso todavía no es reemplazado por inversión privada, la actividad económica puede atravesar un período de desaceleración.

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Las familias no consumen únicamente en función de su ingreso actual, sino también de las expectativas que tienen sobre sus ingresos futuros (Foto; EFE)

Esta dinámica también impacta en el consumo. Las familias no consumen únicamente en función de su ingreso actual, sino también de las expectativas que tienen sobre sus ingresos futuros. Aunque la inflación disminuya, si persiste la incertidumbre laboral o los salarios reales aún no muestran una recuperación sostenida, los hogares tienden a postergar compras importantes, aumentar el ahorro precautorio y restringir el consumo a bienes esenciales.

Existe, además, un fenómeno propio de las economías que salen de largos períodos de inflación elevada. Durante la alta inflación, consumidores y empresas adelantan compras porque saben que los precios aumentarán rápidamente. Cuando la estabilidad comienza a consolidarse, ese incentivo desaparece. El consumo deja de adelantarse y la demanda se normaliza, lo que provoca una caída estadística de las ventas minoristas durante los primeros meses del proceso.

Durante la alta inflación, consumidores y empresas adelantan compras porque saben que los precios aumentarán rápidamente. Cuando la estabilidad comienza a consolidarse, ese incentivo desaparece

A este escenario se suma un cambio estructural: la apertura comercial. Durante años, muchas empresas desarrollaron su actividad en un mercado relativamente protegido, con escasa competencia externa y elevados márgenes de rentabilidad. La apertura de la economía modifica esas condiciones.

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Aquí cobra relevancia el concepto de “destrucción creativa”, desarrollado por Josef Schumpeter. Según el economista austro-estadounidense, los procesos de mayor competencia eliminan empresas menos productivas y favorecen la aparición de otras más eficientes. Es un mecanismo que, aunque mejora la productividad agregada en el largo plazo, suele implicar elevados costos de transición para numerosas pequeñas y medianas empresas que no logran adaptarse al nuevo contexto competitivo.

Según el economista austro-estadounidense, Josef Schumpeter, los procesos de mayor competencia eliminan empresas menos productivas y favorecen la aparición de otras más eficientes (Foto: Reuters)

La consecuencia inmediata es una fuerte presión sobre los márgenes de rentabilidad. Empresas acostumbradas a trasladar aumentos de costos mediante subas de precios deben empezar a competir por eficiencia, productividad e innovación. No todas cuentan con el capital necesario para encarar esa transformación.

El resultado es una economía con comportamientos muy distintos según el sector que se observe.

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Mientras las actividades vinculadas al comercio exterior -como el agro, la energía, la minería o la economía del conocimiento- muestran una evolución favorable gracias al ingreso de divisas, mayores inversiones y altos niveles de productividad, los sectores dependientes del mercado interno -como el comercio, la construcción y la industria orientada al consumo local- siguen afectados por la debilidad de la demanda doméstica.

Mientras las actividades vinculadas al comercio exterior muestran una evolución favorable gracias al ingreso de divisas, mayores inversiones y altos niveles de productividad, los sectores dependientes del mercado interno siguen afectados por la debilidad de la demanda

Hoy suele denominarse a este proceso “economía dual”: distintos sectores crecen a velocidades muy diferentes dentro de un mismo país. La pregunta inevitable es cuánto tiempo puede durar esta situación.

La experiencia internacional muestra que estos procesos suelen atravesar varias etapas. Economistas como Alberto Alesina y Silvia Ardagna, en sus investigaciones sobre consolidación fiscal, sostienen que las estabilizaciones exitosas siguen una secuencia relativamente previsible:

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  1. mejora la macroeconomía;
  2. disminuyen el riesgo país y el costo del financiamiento;
  3. aumenta la inversión privada;
  4. comienzan a recuperarse el empleo y los salarios;
  5. repunta el consumo.

Es decir, la mejora visible en la vida cotidiana suele llegar bastante después del ordenamiento inicial. A eso se suma, además, la incertidumbre política que pueden introducir las elecciones presidenciales y su impacto sobre las decisiones de inversión.

La historia reciente ofrece varios ejemplos:

  • Chile, tras las reformas de mediados de los años ochenta, el consumo tardó entre dos y tres años en mostrar una recuperación sólida.
  • Israel, luego del plan de estabilización de 1985, la inflación cayó rápidamente, pero la demanda interna necesitó aproximadamente dos años para consolidarse.
  • Perú, durante la década de 1990, la estabilización monetaria fue mucho más veloz que la recuperación del consumo, un proceso que demandó entre dos y cuatro años.

Necesario, pero no suficiente

Sin embargo, existe una condición indispensable: que la inversión privada reemplace efectivamente el impulso que antes ejercía el gasto público. Si esa inversión no llega, o se concentra únicamente en sectores intensivos en capital y con escaso impacto sobre el empleo, la economía puede prolongar durante varios años un esquema dual, en el que conviven excelentes indicadores macroeconómicos con un consumo débil y dificultades persistentes para buena parte de las empresas orientadas al mercado interno.

En definitiva, la estabilización es una condición necesaria para el crecimiento, pero no suficiente. La recuperación sostenible del consumo no suele ser el punto de partida de un programa económico, sino su etapa final. El verdadero desafío consiste en que la mejora de la macroeconomía logre traducirse en inversión productiva, generación de empleo, aumento de la productividad y, finalmente, una recuperación genuina del poder de compra de los hogares. Solo entonces la estabilidad dejará de percibirse exclusivamente en los indicadores financieros para reflejarse también en la economía cotidiana.

El autor es Analista Económico y director de la consultora Focus Market

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ECONOMIA

Una familia porteña necesita más de $1,7 millones para no ser pobre: qué pasa si alquila

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Según datos oficiales, los ingresos mensuales requeridos para cubrir necesidades básicas en la Ciudad crecieron considerablemente en octubre


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Cuánto necesita ganar una familia para no ser pobre en CABA

  • Indigencia: $949.701. Es el ingreso mínimo necesario para cubrir la Canasta Básica Alimentaria
  • Pobreza: $1.724.966. Es el ingreso mínimo para cubrir la Canasta Básica Total, que incluye alimentos y otros bienes y servicios esenciales
  • No pobres vulnerables: desde $1.724.966 hasta $2.192.165
  • Sector medio frágil: desde $2.192.165 hasta $2.740.206
  • Clase media: desde $2.740.206 hasta $8.768.660
  • Sectores acomodados: ingresos familiares desde $8.768.660 mensuales

Cuánto cuesta la canasta de consumo en Buenos Aires

Cuánto necesita una persona que vive sola para no ser pobre

Cuánto cambia el costo de vida si hay que pagar alquiler

Cómo se mide quién es pobre y quién pertenece a la clase media



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ECONOMIA

El petróleo se encamina a la caída semanal más grande desde la pandemia

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Los precios del petróleo se encaminaban a una fuerte caída semanal después de que las derrotas del Partido Republicano del presidente estadounidense Donald Trump en las elecciones de medio mandato avivaron las esperanzas de una distensión en la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.

Tras las ganancias iniciales en una sesión con altibajos este viernes, los contratos futuros del crudo Brent del Mar del Norte para enero se pactaban apenas sobre los 98 dólares el barril. Los futuros del WTI (West Texas Intermediate) estadounidense se pactaban en torno a USD 90 el barril con entrega en diciembre.

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Evolución del precio del crudo Brent en el último mes (Fuente: Oil Prices)

El contrato del Brent va camino de registrar esta semana una caída del 16%, lo que supondría su mayor descenso porcentual semanal desde el inicio de la pandemia de COVID-19 y el mayor en términos absolutos según los datos de LSEG, que se remontan a 1988. El WTI se encamina a un descenso superior al 13% en la última semana.

La baja del precio del petróleo se produce en un contexto de drásticas pérdidas de las acciones tecnológicas que sacudieron a los mercados financieros.

“Una posible distensión en el conflicto con Irán podría dar lugar a un aumento de las exportaciones de crudo desde la región, con indicios de un incipiente exceso de oferta de crudo reforzados por el hecho de que las primas al contado de los crudos de referencia de Oriente Medio han vuelto a los niveles alcanzados antes del conflicto”, señaló Reuters.

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Los precios del petróleo cayeron un 8% solo el miércoles, tras la victoria aplastante de los demócratas en las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos, situándose en mínimos de dos meses.

Sin embargo, los precios repuntaron ante el aumento de los ataques a petroleros en el Golfo Pérsico y el Estrecho de Ormuz, lo que reavivó las preocupaciones sobre los flujos de suministro procedentes de la región.

Los datos de la agencia británica de seguridad marítima UKMTO indicaron que los ataques a buques petroleros siguen produciéndose a un ritmo cercano al récord.

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Evolución del ADR de YPF en Wall Street en el último mes.

La drástica caída de los precios del crudo tuvo alto impacto negativo en la cotización de las acciones argentinas del sector. El ADR de YPF en Wall Street se desplomó un 24% en el último mes, a la zona de los 38 dólares, un piso desde el 17 de marzo, Este activo cotizaba a USD 35,39 justo antes del inicio de las hostilidades entre EEUU e Israel contra Irán el 28 de febrero de este año.

Vista Energy, otra de las compañías con fuerte presencia en el yacimiento de Vaca Muerta, y cuyas acciones son negociadas directamente en Wall Street, cayó 13,5% en el último mes, ahora en los USD 57,15, un piso desde el 18 de febrero de este año.

“El resultado electoral de medio término en Estados Unidos redujo la probabilidad percibida de una escalada inmediata en Medio Oriente, pero abrió una etapa de mayor fricción legislativa para la administración republicana. Esa combinación favoreció a los bonos y a buena parte de las bolsas, mientras castigó a energía y a los segmentos más exigentes en valuación”, evaluaron desde Vector Investments.

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Bautista Aboy, Portfolio Manager de Mills Capital, consideró que “los demócratas obtuvieron una victoria contundente en las elecciones de medio término, recuperando el control de ambas cámaras del Congreso y limitando significativamente la capacidad de Donald Trump para avanzar con su agenda legislativa durante los próximos dos años. El resultado superó las expectativas en varios estados tradicionalmente republicanos, como Texas, Kansas y Carolina del Sur, en un contexto marcado por el descontento con el costo de vida, la inflación y la guerra con Irán”.

“En el corto plazo, los mercados parecen recibir favorablemente la posibilidad de una menor expansión fiscal y una reducción de los rendimientos de los Treasuries. No obstante, una mayor confrontación política y las potenciales restricciones al desarrollo deinfraestructura de inteligencia artificial podrían incrementar la volatilidad y acentuar las diferencias de desempeño entre sectores”, agregó Bautista Aboy.

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ECONOMIA

Alimentos, salud y vivienda: cuánto aumentaron los gastos básicos en CABA

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El impacto de los aumentos en servicios y alimentos básicos se sintió con fuerza en los hogares porteños durante el último año. Qué pasó en octubre


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Vivienda y servicios públicos: la electricidad y el gas encabezaron los aumentos

Alimentos: las verduras aumentaron casi 69% en doce meses

  • Carnes y derivados: 37,5%
  • Pescados y mariscos: 31,1%
  • Azúcar, repostería y postres: 30%
  • Pan y cereales: 25,7%
  • Aceites, mantecas y otras grasas: 24,8%
  • Leche, productos lácteos y huevos: 23,1%

Salud: cuánto aumentaron los medicamentos y los servicios médicos

Transporte: los pasajes de tren aumentaron 64,1% interanual

Educación: los precios subieron 33,9% en un año

Bienes y servicios: cuál tuvo los mayores aumentos



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