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ECONOMIA

Matías Surt, de Invecq Consultora: “Este tipo de cambio real no es compatible con los niveles de productividad de la economía”

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«-el núcleo ortodoxo del orden fiscal y monetario-, pueden ayudar a hacer menos costosa la desinflación en tiempo y en pérdida de PBI y empleo»

La inflación retomó en abril el sendero de la desaceleración y el Gobierno sostuvo una hoja de ruta macroeconómica basada en la reducción del índice de riesgo país, impulsada por la mejora de la nota de la deuda según evaluadoras internacionales; la acumulación de reservas en el Banco Central; el crecimiento de las exportaciones, y la disminución de la deuda pública a partir de la consolidación del superávit fiscal.

Matías Surt, economista y socio director de Invecq Consultora Económica, analizó en diálogo con Infobae el alcance de esas señales y los puntos de tensión que siguieron abiertos, como el caso Adorni, los altibajos de los sectores industriales orientados casi exclusivamente al mercado interno y la evolución del consumo de las familias, en un contexto de expectativas concentradas en el corto plazo.

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Surt es máster en Economía (Ucema) y profesor de Macroeconomía en la Universidad de Buenos Aires, la Universidad del CEMA y el Instituto Universitario CIAS. En la entrevista, expuso su visión sobre la coyuntura y las proyecciones inmediatas para la actividad, el consumo y los principales precios de la economía.

— En un proceso de estabilización, ¿una política de ingresos es necesaria o alcanza con orden fiscal y monetario? ¿En qué condiciones funciona y en cuáles fracasa?

— Del estudio teórico y empírico de programas de estabilización se aprende que las políticas de ingreso pueden hacer más eficientes los procesos desinflacionarios. Eficientes en el sentido de ayudar a cambiar expectativas, a quebrar la inercia y, en definitiva, a coordinar mejor la dinámica de precios. Son componentes heterodoxos que, asegurado lo esencial -el núcleo ortodoxo del orden fiscal y monetario-, pueden ayudar a hacer menos costosa la desinflación en tiempo y en pérdida de PBI y empleo.

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“De ninguna manera el componente heterodoxo de ingresos puede sustituir al orden fiscal y monetario: hacerlo es una garantía de fracaso”

Ahora bien, de ninguna manera el componente heterodoxo de ingresos puede sustituir al orden fiscal y monetario: hacerlo es una garantía de fracaso y hay muchos antecedentes. Son los experimentos de los “poetas”, como los definió Rüdiger Dornbusch en un paper de referencia sobre el tema. Acá diríamos experimentos de “voluntaristas” que creen que se puede salir de un proceso inflacionario tan arraigado y en aceleración como el que tenía Argentina en 2023 solo con controles de precios y coordinación de salarios, y sin medidas drásticas de orden.

Dicho eso, el programa del Gobierno no tuvo ausencia total de este tipo de componentes heterodoxos, pero quizás no sean completos y con seguridad no se los reconoce ni se los define de esa manera por parte del equipo económico.

Matias Surt
«S habla de incorporar políticas de ingresos o los ‘pactos sociales’”, pero es mucho más difícil hacerlo cuando el problema inflacionario tiene asociado un fenómeno de distorsión de precios relativos. Y ese era el caso de Argentina en noviembre de 2023»

El control cambiario y el crawling peg de la primera etapa fue un componente heterodoxo que, junto con la normalización del comercio exterior, tuvo el objetivo de “controlar” indirectamente o disciplinar a una porción importante de la canasta de precios: los transables. Es incompleto porque la mayor proporción de la canasta de consumo son servicios, y ahí el control cambiario y la apertura no son eficientes para disciplinar o coordinar esos precios.

También hubo algún tipo de control de salarios, cuando se topeaban las paritarias para fijar una pauta por debajo del 2% mensual. Y no hay que olvidar la intervención directa sobre las prepagas en abril de 2024. No constituyó una cosa completa y consistente como para llamarla política de ingresos, pero que son componentes heterodoxos, lo son.

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Un tema no menor, que creo que generalmente se pasa por alto cuando se habla de incorporar políticas de ingresos o los “pactos sociales”, es que es mucho más difícil hacerlo cuando el problema inflacionario tiene asociado un fenómeno de distorsión de precios relativos. Y ese era el caso de Argentina en noviembre de 2023. No creo que hubiera sido posible o eficiente implementar una política de ingresos cuando todavía no había una estructura de precios relativos que hiciera funcionar correctamente a los mercados.

“No creo que hubiera sido posible o eficiente implementar una política de ingresos cuando todavía no había una estructura de precios relativos que hiciera funcionar correctamente a los mercados”

Y una vez que se la tiene, para que el acuerdo sea duradero tiene que haber un consenso social de que esa es una estructura de precios relativos aceptable, que se puede “congelar” en ese momento. De lo contrario, se romperán los acuerdos al intentar mejorar la posición relativa de cada actor. No es sencillo.

— Si la inflación baja, ¿qué distorsiones de precios relativos quedan más expuestas (tarifas, tipo de cambio, salarios, tasas) y cuál es el principal riesgo de un rebrote?

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— El principal riesgo de un rebrote inflacionario es que golpee aún más los ingresos, impidiendo la recuperación del mercado interno que el Gobierno necesita para llegar mejor posicionado a las elecciones del año que viene. No veo riesgos reales de rebrote o espiralización permanente; sí aceleraciones temporales como la que vimos de mayo 2025 a marzo 2026.

Hay distorsiones aún en tarifas de servicios públicos. Hoy hay una porción de la demanda que paga el 100% del costo eléctrico y otra porción (mayoritaria) que paga, en promedio, el 40%; con el gas de red, algunos el 100% y otros el 50%; y el transporte público, en la zona del 30% para todos.

Las tasas activas vinculadas al consumo están muy distorsionadas. Nadie podría decir que tarjetas de crédito a tasas promedio del 90% o los créditos personales al 65% son precios relativos “alineados” o de una macro saneada. Porque, con cualquier expectativa de inflación que tomes, están hablando de tasas reales de entre 30% y 50%. Imposible.

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SURT 216
«Las tasas activas vinculadas al consumo están muy distorsionadas»

Y sobre el tipo de cambio, el debate es infinito. Yo sigo pensando que este tipo de cambio real (TCR) no es compatible con los niveles de productividad actuales de la economía argentina. Quizás sí con la productividad del futuro, cuando se hayan hecho y madurado todas las reformas que están en agenda o en ejecución. Pero esa será la productividad del futuro y el TCR está hoy. El sector externo está volando, por buenos volúmenes y acelerado por precios internacionales que nos favorecen.

Eso se traduce en una cuenta corriente de la balanza de pagos casi equilibrada, que puede permitir un TCR que está debajo del de equilibrio. Pero los precios son volátiles, y al stock de reservas del BCRA le falta mucho para estar en una posición saludable. Además, el TCR es relevante también como precio relativo de la actividad y, por ende, del equilibrio interno.

—En materia fiscal, ¿la mejora se sostiene por recorte de gasto, por cambios en ingresos o por recuperación de la actividad? ¿Qué dos rubros son decisivos?

—El superávit primario se sostuvo por un control estricto sobre el gasto que, luego de caer 30% real en 2024, no rebotó (a diferencia de lo que pasó el año pasado en las provincias, por ejemplo). Los recursos no están ayudando; de hecho, por eso el superávit primario fue menor en 2025 que en 2024 y para 2026 fue revisado a la baja por el FMI respecto de la proyección original.

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“Los precios son volátiles, y al stock de reservas del BCRA le falta mucho para estar en una posición saludable”

Dado un superávit primario más bajo, el financiero también se ajusta, bordeando el equilibrio y yendo a déficit si la deuda con intereses capitalizables se hubiera emitido con cupón. El FMI lo estimó en un déficit de 0,8% del PBI. De todos modos, sigue siendo el pilar del programa y el compromiso del Gobierno es total.

Dicho eso, y pensando en la salud de las finanzas públicas a mediano y largo plazo y en la necesidad de generar espacio fiscal para una reforma tributaria, el gran pendiente es la reforma previsional que comprenda los parámetros fundamentales del sistema: edad, tasa de sustitución, tasa de contribución y ratio de activos aportantes sobre pasivos, en relación al “régimen general” y a los más de 200 “regímenes especiales”.

— ¿Cómo evalúa el esquema cambiario y la estrategia de reservas del Banco Central de la República Argentina?

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— El cambio en la estrategia de acumulación de reservas internacionales me parece el giro más importante del programa económico en los últimos meses, y al que le asigno la mayor parte de la baja del índice de riesgo país.

Con respecto al régimen de flotación entre bandas, creo que quedó algo desdibujado, porque hay una sola banda relevante, que es el techo. No hay “bandas”: hay una banda superior; la inferior es irrelevante por el punto de partida y la evolución que se le puso. Y la superior quizás podría estar más alta pensando en el año electoral que viene, para evitar tocarla con tanta facilidad como el año pasado y obligar a la política monetaria nuevamente a sobrerreaccionar con tasa de interés.

Matias Surt
«El cambio en la estrategia de acumulación de reservas internacionales me parece el giro más importante del programa económico en los últimos meses»

— ¿Qué riesgo ve más relevante: atraso cambiario, volatilidad o insuficiencia de reservas?

— El mayor riesgo es político. Si nuevamente, y nada parece indicar lo contrario, el año que viene hay algún grado considerable de probabilidad de que gane un candidato que propone desandar todo lo hecho en este período y volver a un esquema macroeconómico populista, la volatilidad será enorme. Dado ese riesgo, cuanto más bajo sea el nivel del TCR y cuanto más bajas sean las reservas internacionales, mayor será la vulnerabilidad y la volatilidad.

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Y obviamente hay un punto en donde todo se hace medio endógeno, porque la magnitud del riesgo político (que tiene existencia y vida propia) no es independiente del desempeño de la economía de acá hasta las elecciones.

— Qué define la fortaleza macro: ¿el valor de la moneda, la acumulación de reservas o el crecimiento del comercio exterior? ¿Cuál priorizaría y por qué?

Una macro fuerte es una macro que no es vulnerable. Es medio tautológico, pero quiero decir una macro que permite una buena tasa de crecimiento económico con baja inflación, sin acumular desequilibrios fiscales, financieros y externos. Y que el núcleo de esa macro que permite crecer con baja inflación y sin acumular desequilibrios no sea puesto en tela de juicio en cada campaña electoral. No estamos ahí todavía. Ni por los desequilibrios ni por la puesta en tela de juicio de los componentes esenciales.

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“El mayor riesgo es político”

Necesitaríamos una mejor condición fiscal y haber resuelto el problema de stock del Banco Central de la República Argentina. El BCRA sigue teniendo reservas netas negativas bajo metodología del FMI o apenas positivas contándolas de otra manera. Pero estamos lejísimos de tener el 20% o el 30% del PBI en reservas internacionales como tienen los bancos centrales fuertes de la región.

— ¿Qué debería ocurrir para que el crecimiento de sectores como energía, minería y agro se traduzca en más empleo y mejor ingreso real en el resto de la economía?

— Varias cosas. Primero, tiempo. Son todos sectores que estuvieron subdesarrollados durante muchísimos años, aún la agroindustria que es el corazón competitivo de la economía argentina, pero que no es todo lo que podría ser. Y tienen períodos de planificación, inversión y maduración largos. En la minería es clarísimo, pero en las economías regionales de la agroindustria también: son ciclos largos. Solo se pondrán en marcha a full cuando haya mayor seguridad de que no se volverán a distorsionar sus precios relativos con cierres de exportaciones o encarecimiento de insumos con cepos y brechas; y se haya avanzado en las reformas pro competitividad y en acuerdos comerciales para contar con mercados externos.

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Aun así, con el crecimiento de base que podemos descontar, hay un aporte fenomenal de estos sectores a los 47 millones de argentinos, aunque nunca hayan visto ni vean un poroto de soja, cobre o una perforación petrolera. Son todos sectores exportadores, que generan dólares para sostener el salario actual y futuro de toda la economía.

Matias Surt
“Hay un aporte fenomenal a los 47 millones de argentinos, aunque nunca hayan visto ni vean un poroto de soja, cobre o una perforación petrolera”

— ¿Cómo cree que serían los salarios hoy, que están golpeados, sin Vaca Muerta, los futuros proyectos mineros o la cosecha de todos los años?

— Seguro que muchas de esas actividades estarían creciendo a una tasa mayor y más rápido con más infraestructura, con políticas de reentrenamiento laboral como las que hace el primer mundo y, en definitiva, con mejores bienes y servicios públicos. Eso quizás es lo que le falta a la política nacional, provincial y local para ayudar a acelerar la transformación estructural.

Y me parece importante bajar a los niveles de gobierno subnacionales porque no todo está en la Nación. A mí me preocupa, por ejemplo, la proliferación de distintas “políticas industriales” en las provincias energéticas y mineras que pueden agravar la heterogeneidad regional de la actividad, poner mayor rigidez al proceso de reconversión de empresas e incrementar costos innecesariamente con las regulaciones de “compre provincial”, “contrate provincial”, etc.

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“Mejores bienes y servicios públicos. Eso quizás es lo que le falta a la política nacional, provincial y local para ayudar a acelerar la transformación estructural”

Además, me parecen insólitas en un país federal. ¿Se imaginan a Santa Fe exigiendo que el 70% de la cosecha de soja la hagan empresas santafesinas? ¿O que el 60% del maíz cordobés sea transportado por camioneros cordobeses? En lugar de facilitar que una empresa que puede estar pasándolo mal en algún gran conurbano sea proveedora de los sectores ganadores, las regulaciones provinciales buscan limitarlo.

O los cuellos de botella en servicios públicos para el desarrollo de Añelo, por ejemplo, que tiene una población que crece enormemente año a año, pero la política decide que la coparticipación de ingresos provinciales a los municipios siga haciéndose con los porcentajes de la década del 90. Parece que en lugar de facilitar el derrame y la flexibilidad se buscara llenar de rigideces una transformación virtuosa.

SURT 216
«Parece que en lugar de facilitar el derrame y la flexibilidad se buscara llenar de rigideces una transformación virtuosa»

— ¿La mejora de la calificación de la deuda soberana debería impactar en la economía real (tasas de interés, crédito, inversión, empleo)?

— De forma muy indirecta. Es mejor que ocurra, por supuesto, pero no es algo que tenga impacto directo y rápido. Hay otros factores, que mencionamos, que prevalecen. El impacto más claro sería si esta mejora habilita el regreso al mercado internacional y, de esa manera, se conservan en el BCRA las reservas compradas en los últimos meses.

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— ¿Qué condición falta para que se vea en la calle?

— Un poco lo que ya charlamos. Tengamos en cuenta que lo que vemos en la calle es un agregado: ahí adentro ya está el efecto positivo de estas cosas buenas. El tema es que los efectos negativos están primando. Sin tirar por la borda el corazón del programa, el Gobierno podría buscar un mejor esquema cambiario, menores tasas de interés activas y algo más de obra pública a través de la aceleración de licitaciones.

“El Gobierno podría buscar un mejor esquema cambiario, menores tasas de interés activas y algo más de obra pública”

— ¿Cómo influye desde ahora la dinámica política y las expectativas electorales hacia 2027 en decisiones de inversión, consumo y dolarización? ¿Qué variable reacciona primero?

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— Mal, como comentaba anteriormente. Dado el estado actual, no veo cómo la dinámica política, que comenzará a intensificarse en los próximos meses, no complicará esas decisiones. La única forma posible sería que la elección se dirima entre candidatos que comparten el núcleo del esquema macroeconómico, con matices menores, y que las diferencias fuertes estén en el resto de la agenda política. No es el escenario de base.

— ¿Cuál es su escenario base para 2027 en tres variables: inflación, nivel de actividad y resultado fiscal? ¿Qué supuesto es el más frágil?

— Este año esperamos que cierre con una tasa de inflación del orden del 30%, un crecimiento económico muy dispar con promedio de 2,5% y equilibrio financiero, sin contabilizar los intereses capitalizables. El 2027 es difícil de proyectar por lo político, pero creo que pueden ser posibles algunos puntos menos de inflación (no muchos menos) con una tasa de crecimiento similar. Y el equilibrio financiero el Gobierno lo va a buscar como sea. Quizás la mayor fragilidad esté en la inflación, por la volatilidad cambiaria que puede llegar a haber.

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Matias Surt
«El 2027 es difícil de proyectar por lo político, pero creo que pueden ser posibles algunos puntos menos de inflación (no muchos menos) con una tasa de crecimiento similar»

— ¿Qué variable explica más el “bolsillo” en 2027: salario real, empleo registrado, crédito o precios regulados? Ordene esas cuatro por importancia.

— Bueno, por definición “el bolsillo” es el salario real, ¿no? Después está la discusión práctica respecto de cómo medimos el salario real para que refleje fielmente la capacidad de compra de los individuos y ahí entra el debate sobre los ponderadores del IPC. Si medimos la evolución del salario real con los ponderadores de 2004, el último dato disponible muestra un bolsillo del asalariado registrado 5% más bajo que en noviembre 2023.

SURT 216
«El último dato disponible muestra un bolsillo del asalariado registrado 5% más bajo que en noviembre 2023»

Si lo medimos con los ponderadores de 2017/2018, que considero más fieles que los de 2004, ese bolsillo en realidad está bastante más flaco: bajó 11%. Para los asalariados públicos esa misma cuenta es menos 17% o menos 22%, y para la media de los jubilados es inferior: 10% entre los que tienen bono y 3% en los que no.

SURT 216
«Para los asalariados públicos la caída real es de entre 17% y 22 por ciento»

— ¿Qué va a pasar con esas variables de acá a 2027?

— Tiendo a pensar que los privados y públicos encontrarán un piso en estos meses y, con la baja de la inflación que estamos viendo, recuperarán muy lentamente algo de poder adquisitivo: nada espectacular, un cero coma algo por mes. Y eso se puede frenar por la volatilidad nominal electoral.

Los jubilados de la mínima con bonos no van a recuperar porque el bono fijo en $70.000 se sigue licuando. Y el resto tiene, en el mejor de los casos (si la inflación se fuera a 0% mañana), un 5% de recuperación (que es la inflación con lag que reciben de los últimos dos meses). A partir de ahí, nada más, porque la fórmula vigente consiguió topear las jubilaciones en términos reales.

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— Si tuviera que elegir dos reformas o decisiones para mejorar crecimiento y empleo en 2027–2028, ¿cuáles serían y cuál es el principal riesgo de implementación?

— Una reforma previsional y tributaria, que idealmente condicione un acompañamiento provincial. El principal riesgo de implementación es la impopularidad que las reformas previsionales suelen tener. Acá, en Uruguay en 2023 o en Francia. Y pensando en la tributaria también: muchos creen que una reforma tributaria implica bajar impuestos y listo, pero dadas las condiciones argentinas es más complejo.

“Si queremos tener un buen sistema tributario, hay impuestos que bajar, pero quizás otros que deban subir”

Si queremos tener un buen sistema tributario, hay impuestos que bajar, pero quizás otros que deban subir; hay alícuotas por armonizar, gasto tributario por reducir y evasión por combatir.

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Fotos: Maximiliano Luna

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ECONOMIA

La suba de precios de la energía por Guerra podría hacer subir hasta 2.5% la inflación anual

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Un informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) analiza tres posibles escenarios inflacionarios para los países de la región

12/07/2026 – 19:12hs

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Las tensiones geopolíticas a nivel global volvieron a encender las alarmas sobre la estabilidad de los precios internos en América Latina. Un reciente informe técnico elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) advirtió que el incremento de los precios energéticos a causa de la escalada de la guerra en Medio Oriente podría aportar hasta 2,5 puntos porcentuales adicionales a la inflación anual de la Argentina durante este año.

El reporte del organismo de Naciones Unidas expuso que, dependiendo de la magnitud del conflicto bélico y su correlato en los mercados de commodities, el encarecimiento de la energía agregará a la inflación anual de 2026 un piso de 0,3 y un techo de 4,6 puntos porcentuales en el promedio de los países de la región, ubicándose el impacto estimado para la plaza argentina en un rango fluctuante que va desde los 0,9 hasta los 2,5 puntos.

Para dar sustento técnico a las proyecciones, los economistas de la CEPAL estructuraron tres escenarios predictivos basados en una metodología de análisis provista por el banco de inversión internacional Goldman Sachs. Este modelo matemático pondera el peso específico que los productos energéticos poseen dentro de las canastas de consumo representativas de cada sociedad y asume de forma estandarizada un coeficiente de traspaso o pass-through del 60% desde las variaciones de los precios internacionales de los combustibles hacia los precios finales que abonan los consumidores en los surtidores y boletas de servicios públicos.

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En el primer escenario planteado por la entidad, que supone una suba moderada del 25% interanual en el precio internacional de la energía en 2026, se estima que el índice general de inflación en la Argentina sumaría unos 0,9 puntos porcentuales adicionales. Para el segundo escenario, de carácter intermedio y que contempla un aumento del 38% en las cotizaciones de los combustibles, el impacto proyectado sobre los precios locales asciende a 1,4 puntos porcentuales. Finalmente, en la tercera hipótesis de máxima fricción internacional, que prevé un fuerte salto del 67% en el valor del barril de petróleo crudo, el efecto de arrastre sobre el indicador de inflación doméstica se consolidaría en la cifra tope de 2,5 puntos porcentuales de recargo anual.

A pesar de la rigidez de los modelos matemáticos, el organismo multilateral aclaró de forma taxativa que el impacto efectivo sobre los ciudadanos dependerá en última instancia del grado real de traspaso hacia las cadenas internas de comercialización, así como de la efectividad de las medidas de mitigación que decida implementar cada administración. Por este motivo, la presión inflacionaria real podría resultar sustancialmente menor en aquellos países que dispongan de mecanismos de amortiguación fiscal, subsidios dirigidos o fondos de estabilización energética que logren contener la indexación por debajo del supuesto técnico del 60% fijado en la investigación de base.

Al profundizar en la situación específica del mercado local, el informe de la CEPAL puntualizó que en los próximos meses el impacto del aumento del precio del petróleo en la inflación argentina quedará supeditado a tres variables críticas: la evolución de las cotizaciones internacionales en las bolsas de comercio, el nivel en que el Gobierno permita que tales variaciones se trasladen a las tarifas y combustibles domésticos, y el alcance de los denominados efectos de segunda ronda, es decir, el encarecimiento derivado en aquellos bienes y servicios de la economía real para los cuales los hidrocarburos funcionan como un insumo logístico o estructural relevante. Complementariamente, el reporte advirtió que un petróleo alto también afectará el índice de precios local por una vía indirecta, traccionando un encarecimiento generalizado en el costo de los productos importados terminados y un alza en las tarifas de los fletes internacionales de comercio exterior.

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ECONOMIA

El petróleo sube más de 3% tras la reanudación de los ataques de EEUU contra Irán y la amenaza de cierre del estrecho de Ormuz

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Antes del conflicto, por el Estrecho de Ormuz transitaba el 20% del suministro global de petróleo y gas natural licuado

El precio del petróleo se disparó más de un 3% este domingo tras la reanudación de las hostilidades entre Estados Unidos e Irán y el anuncio de Teherán de cerrar el estrecho de Ormuz, el paso marítimo por donde circula aproximadamente el 20% del comercio mundial de crudo y gas natural licuado. El Brent para entrega en septiembre subió un 3,75%, a USD 78,86, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) para entrega en agosto escaló un 3,65%, hasta USD 74,02 al momento de cierre de esta nota.

La escalada se produce apenas semanas después de que los mercados habían celebrado un principio de acuerdo entre las partes que llevó al Brent a su piso más bajo en tres meses —USD 70,38 el 2 de julio— y que generó expectativas de una distensión duradera.

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Ese escenario, sin embargo, se derrumbó este fin de semana. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, confirmó en su red Truth Social que el alto el fuego acordado el mes pasado “ha terminado”, aunque aclaró que su país accedió a continuar las conversaciones diplomáticas a pedido de Irán. «Estados Unidos les ha dejado claro, sin lugar a dudas, que el alto el fuego ha terminado“, escribió Trump.

Los movimientos en el precio del petróleo reaccionaron a la quinta ronda de ataques ordenados por Trump contra Irán, en el marco de una escalada por el control del estrecho de Ormuz. Según el Comando Central de Estados Unidos (Centcom), la ofensiva buscó degradar la capacidad iraní de atacar a marineros civiles y buques comerciales que transitan esa vía estratégica.

La presencia militar estadounidense en el estrecho escaló tras los ataques del IRGC contra embarcaciones comerciales
La presencia militar estadounidense en el estrecho escaló tras los ataques del IRGC contra embarcaciones comerciales

La agencia estatal iraní reportó explosiones en Bandar Abbas, Sirik, Jask y Qeshm, localidades distribuidas a lo largo del corredor marítimo. Centcom sostuvo que los ataques fueron una respuesta directa a acciones del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) contra un buque comercial, y afirmó que aviones estadounidenses derribaron un misil de crucero iraní y un dron de ataque.

Según un funcionario estadounidense citado por el Financial Times, la jornada incluyó una segunda tanda de bombardeos luego de que más temprano se atacaran sistemas de misiles y de defensa aérea iraníes, además de pequeñas embarcaciones del IRGC en puntos cercanos al estrecho. Ambas ofensivas del domingo siguieron a una serie intensa de acciones del sábado por la noche, en las que Washington afirmó haber golpeado cerca de 140 objetivos, lo que confirmó el colapso del frágil cese del fuego que mantenían ambas partes.

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A pesar de la intensidad de los bombardeos, Washington descartó este domingo que el estrecho esté bloqueado. «Irán no controla el estrecho. El tráfico está fluyendo“, señaló Centcom, que afirmó tener fuerzas posicionadas para mantener esa situación. Trump fue más directo en declaraciones a la cadena NBC: “El estrecho está abierto. Anoche los bombardeamos hasta el cansancio. Son personas muy, muy malvadas y enfermas”.

El estrecho de Ormuz, ubicado entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán, es el cuello de botella más sensible del sistema energético mundial. Antes del conflicto, por ese canal transitaba una quinta parte del suministro global de petróleo y gas natural licuado. Su cierre —o la amenaza latente de cierre— es suficiente para mover los mercados de forma inmediata.

Al momento del cierre de esta nota, el Brent cotizaba a USD 78,38 y el WTI, a USD 73,63. Ambas referencias acumulan una suba de más del 10% respecto de un año atrás, aunque en el último mes habían retrocedido un 8,46%, de acuerdo con datos de contratos por diferencia (CFD) que rastrean el mercado de referencia para este commodity.

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El tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz concentra la atención de los mercados energéticos globales
El tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz concentra la atención de los mercados energéticos globales

Durante la etapa más intensa de las hostilidades previas, el Brent llegó a promediar cerca de USD 120 por barril, un 70% por encima de los valores anteriores al inicio de la crisis.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estimó que el precio promedio del petróleo durante 2026 podría ubicarse entre un 20% y un 25% por encima del registrado en 2025. El organismo advirtió además que los efectos sobre fertilizantes —la urea, por ejemplo, subió un 82%— y sobre combustibles para hogares, empresas y sectores estratégicos podrían tardar meses en trasladarse plenamente a los precios finales de los alimentos y el transporte.

Para Argentina, la reanudación del conflicto tiene una lectura diferente a la del resto de la región. Si bien el país importa parte del crudo que luego procesa, la dependencia es cada vez menor por la producción local en Vaca Muerta. A su vez, cuenta con un saldo exportador, por lo que la suba de los precios internacionales mejora directamente el valor de sus exportaciones energéticas.

Según los últimos datos disponibles, la balanza energética argentina cerró el primer semestre de 2026 con un superávit de USD 6.987 millones, el mayor registrado en la historia del país para ese período. Tal como consignó un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el número casi duplica el resultado del mismo período de 2025, cuando el saldo positivo había sido de USD 3.736 millones. El salto interanual fue del 87 por ciento.

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En mayo, Argentina alcanzó un récord histórico de 903.700 barriles diarios de producción de petróleo, con el 69% proveniente de Vaca Muerta
En mayo, Argentina alcanzó un récord histórico de 903.700 barriles diarios de producción de petróleo, con el 69% proveniente de Vaca Muerta

Las exportaciones de combustibles y energía alcanzaron más de USD 8.118 millones en la primera mitad del año, un crecimiento del 52% frente a los USD 5.345 millones del mismo período de 2025. La energía representó más del 15% del total exportado por Argentina en lo que va del año, una participación máxima en dos décadas. Por el lado de las importaciones, la caída fue del 29% en dólares, con niveles mínimos desde 2007.

Sin embargo, hay un dato del informe de la BCR matiza el rol de los precios internacionales en ese resultado: el 79% del crecimiento del superávit corresponde a un aumento en las cantidades exportadas, no en los precios. Solo el 21% restante se explica por la suba de las cotizaciones internacionales, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec). Vaca Muerta produce más, y eso es lo que mueve el negocio.

Con precios internacionales nuevamente en alza, las proyecciones del sector se recalibran. Antes de la primera fase del conflicto, el sector esperaba exportaciones energéticas por más de USD 11.100 millones para todo 2026, con importaciones de unos USD 3.000 millones. Con el Brent promediando en torno a USD 82, la estimación subió a USD 11.300 millones, unos USD 3.100 millones más de lo previsto a principios de año, según datos de la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos (CEPH) relevados en una nota anterior de Infobae.



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ECONOMIA

La Argentina y un superávit comercial energético histórico para un primer semestre

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La balanza comercial energética de Argentina alcanzó el mayor superávit de la historia entre enero y junio, según aseguró la Bolsa de Comercio de Rosario

12/07/2026 – 19:38hs

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La matriz productiva y el sector externo de la República Argentina consolidaron una profunda transformación estructural durante la primera mitad del año. La balanza comercial energética del país alcanzó un superávit superior a los 6.987 millones de dólares entre enero y junio de 2026, convirtiéndose de manera oficial en el mayor registro histórico para un primer semestre. De acuerdo con un informe técnico detallado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), la cifra alcanzada representa un crecimiento exponencial del 87% en comparación con el mismo período del año anterior, un avance en el flujo de divisas donde más del 70% del salto exportador se fundamenta de forma directa en el alza real de los niveles de producción local.

El extraordinario desempeño de las ventas externas se encuentra impulsado principalmente por el desarrollo sostenido de la cuenca neuquina. El reporte puntualizó que la extracción de recursos no convencionales en el yacimiento de Vaca Muerta ya explica más del 68% del petróleo crudo y el 67% de todo el gas producido en el territorio nacional en lo que va del año. Con este panorama de alto rendimiento en los pozos, los analistas de la BCR afirmaron que se proyecta para este año un crecimiento del 16% en la extracción total de crudo del país, un incremento que llevaría a consolidar la mayor producción petrolera de la historia argentina y quebraría de forma definitiva el máximo productivo histórico que se mantenía vigente desde el año 1998.

Al analizar los factores comerciales que determinaron el salto exportador, el estudio técnico reflejó que el 79% del incremento de las ventas al exterior se explica por mayores cantidades físicas de barriles y metros cúbicos enviados a los mercados internacionales. El 21% restante de la mejora responde al alza coyuntural que registraron los precios de referencia a nivel global, una valorización derivada de la volatilidad geopolítica internacional marcada por el recrudecimiento del conflicto entre Estados Unidos e Irán y el cierre temporal del estratégico Estrecho de Ormuz, un canal neurálgico para el transporte de hidrocarburos a escala planetaria.

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Mayor peso en las exportaciones totales y mínimos de importación

La evolución del sector energético alteró de manera positiva la composición interna del comercio exterior argentino, devolviéndole al rubro un protagonismo comercial que había perdido hacía décadas. En lo que va del año, las ventas externas totales de combustibles y energía escalaron hasta alcanzar los 8.118 millones de dólares, lo que representa un incremento neto del 52% interanual. Gracias a esta dinámica, la energía representa actualmente más del 15% del total de las exportaciones generales de la Argentina, una participación de doble dígito en la torta comercial del país que no se visualizaba en las estadísticas oficiales desde hacía dos décadas.

En la vereda opuesta, la contracara de este proceso de autoabastecimiento se reflejó en una drástica reducción de las erogaciones fiscales destinadas a la compra de insumos en el exterior. Las importaciones de combustibles y lubricantes registraron una caída del 29% durante el primer semestre, ubicándose en niveles mínimos nominales que no se reportaban desde el año 2007. De este modo, la incidencia del gasto energético sobre el total de las compras que la Argentina realiza en el exterior se redujo a apenas el 3%, consolidándose como la cifra de participación importadora más baja desde 1999, lo que descomprime de forma notable la demanda de divisas sobre las reservas del Banco Central.

Proyecciones récord para el cierre del año y el impacto de la infraestructura

Las perspectivas para la segunda mitad del año y el próximo período contable mantienen la misma tendencia favorable para las cuentas públicas. El informe de la Bolsa de Comercio de Rosario proyectó que, al cierre del presente ejercicio, las exportaciones anuales de combustibles y energía podrían superar con comodidad el techo de los 14.400 millones de dólares, calculando que la balanza energética consolidada de todo el 2026 marcará un récord histórico absoluto al situarse por encima de los 12.000 millones de dólares de saldo a favor.

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En paralelo, el estudio hizo especial hincapié en el potencial económico que aportarán las obras de infraestructura que se encuentran en su etapa final de ejecución. Al respecto, se puntualizó que para el mes de noviembre se espera la puesta en marcha operativa del nuevo oleoducto VMOS, una obra estratégica que conecta a la localidad rionegrina de Allen con la terminal marítima de Punta Colorada, permitiendo evacuar inicialmente unos 190.000 barriles adicionales de petróleo por día con destino directo a los barcos de exportación. En este marco normativo y de desarrollo, desde la BCR estimaron que con la plena operatividad de los nuevos proyectos de infraestructura aprobados bajo los incentivos del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), las exportaciones totales de energía podrían escalar por encima de los 18.500 millones de dólares durante el próximo año.



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