POLITICA
Máximo Kirchner lanza un perfil nacional: recorrerá el país como delegado de CFK y asumirá un rol electoral

Hubo tres hechos que cambiaron los movimientos de Máximo Kirchner en el tablero político de la Argentina. El primero fue la condena y la detención de su madre en San José 1111, donde está aislada de la vida de las mayorías hace poco más de un año. El segundo fue el final de su ciclo al frente del PJ Bonaerense. El tercero fue el veloz y profundo deterioro de su relación, y la de Cristina Kirchner, con Axel Kicillof.
Ese encadenamiento de situaciones le abrió el camino a un mayor protagonismo en la discusión nacional del peronismo y en la organización política del kirchnerismo. Su discurso en Parque Lezama, cuando se conmemoró un año de la prisión de CFK, puede ser tomado como un quiebre en la lógica interna del mundo K. Ese día Kirchner terminó de erigirse como el líder de una línea del peronismo que tiene una jefa detenida y un jefe en la calle.
En las últimas semanas amontonó recorridas y actos en Entre Ríos, Santa Fe, Carmen de Areco y La Rioja, donde estuvo el fin de semana. En 48 horas tuvo tres actos y ocupó un rol protagónico en una cumbre de unidad armada por el gobernador riojano, Ricardo Quintela. Kirchner no está jugando la partida nacional como el jefe de La Cámpora, sino como líder del kirchnerismo y dueño de un poder real que le fue delegado por su madre, imposibilitada de ejercerlo libremente. Es un escalón más arriba que el de la conducción de la organización que fundó pasado el 2003.

Nacido en La Plata y criado en El Calafate, Kirchner construye la imagen de un dirigente nacional con el suficiente peso para ser candidato en la provincia de Buenos Aires el año que viene o para jugar en un cargo a nivel país. Casi ninguna candidatura se puede anticipar con tanto tiempo. Lo seguro es que el legislador va a estar parado en la línea de largada para ser una opción en cualquier rol que el kirchnerismo quiera pelear en la batalla electoral.
Con CFK presa e inhabilitada para competir por cargos públicos, el sector que ella lidera necesita construir un perfil que pueda representar la identidad cristinista en la cancha electoral. Hasta aquí, ese segundo nombre siempre ha sido Eduardo “Wado” de Pedro, pero la salida de Kirchner al territorio federal modifica ese orden y lo coloca como el nombre capaz de representar con claridad el sentir cristinista.
El último fin de semana, Kirchner absorbió gran parte del protagonismo de la cumbre peronista en La Rioja. La ausencia de Kicillof, que estaba invitado pero no quiso quedar entrampado en lo que consideraba que era una foto de unidad forzada, le dio mayor peso a sus apariciones. Quintela le brindó un lugar preponderante en los actos y después aseguró que la unidad para enfrentar a Milei tiene que ser total. Para eso necesita, sí o sí, que haya algún tipo de acuerdo entre el gobernador bonaerense y los Kirchner. Por ahora, ese anhelo del riojano es muy difícil de cumplir. La relación está muy desgastada y lo político está enredado con lo personal.
Durante sus discursos en el norte, Kirchner planteó, implícitamente, sus diferencias con el gobernador bonaerense, la necesidad de una discusión profunda en el peronismo sin que los cuestionados se ofendan y una postura definida de la fuerza política respecto a la renegociación de la deuda que un eventual gobierno peronista debería hacer con el FMI. Se mostró dispuesto a negociar, pero con el cuchillo entre los dientes. Si el año que viene hay unidad en el peronismo, nadie llegará al final sin rayas en la piel. Son las consecuencias de una discusión nacional que es cada vez más horizontal.
El vínculo con el Fondo es un tema central para el cristinismo. La semana pasada Kirchner presentó un proyecto que busca colocar al Congreso como un filtro ineludible para aprobar una operación crediticia impulsada por el Gobierno nacional. La iniciativa le fija un techo legal a la deuda externa e instruye al Poder Ejecutivo a exigirle al propio FMI una revisión del excedente que hoy carga el país. Es un tema que el legislador repite a menudo y está en la primera línea de temas a acordar. Sobre todo después del fracaso del Frente de Todos respecto a ese posicionamiento.

Para él y los dirigentes que lo rodean, la libertad de CFK es parte del proyecto político que se pone en discusión el año que viene. Y ahí residen gran parte de las diferencias con el resto de las vertientes, a las que no les interesa levantar con asiduidad el cartel de “Cristina Libre”. El sector K está apoyado sobre una postura que no negocia. Sin la ex presidenta libre, no hay legitimidad plena para un eventual gobierno peronista. En el resto de las tribus no creen que sea así, pero no confrontan. Cada cual atiende su juego.
“La proscripción no opera sobre una persona, opera sobre lo que muchos y muchas queremos votar”, dijo la semana pasada durante una entrevista con C5N. Sin CFK en condiciones reales de competir, el kirchnerismo debe moldear un nombre propio que pueda representar esas ideas con claridad y que sea una carta para cualquier negociación que asome en el futuro con el resto de las vertientes. Ese camino conduce al apellido Kirchner.
El legislador no habla de candidaturas, sino de un armado político que tenga un programa consistente con la línea que el kirchnerismo está dispuesto a negociar. Por eso cree que puede haber un debate con otras tribus sobre el contenido de la unidad, pero que ese consenso tiene un límite y son aquellos peronistas que apoyaron las políticas libertarias en el Congreso. El pragmatismo tiene condiciones.
Kirchner está teniendo cada vez más incidencia en los vínculos políticos y territoriales del ecosistema peronista. Es el representante de un espacio político que tiene una conductora con limitaciones muy marcadas para aceitar las negociaciones cruzadas entre los dirigentes y hacer crecer el clamor de sus seguidores, pero es también la cara más visible de la discusión política en la que se cruzan la calle con las redes sociales. El rostro de un esquema político vertical y que juega al límite dentro de la compleja reorganización del peronismo.

En los meses que le restan al año va a viajar a distintas provincias. Seguirá tallando un perfil con matices electorales y un rostro que adapta la conducción política de Cristina Kirchner a una realidad que a ella la supera. El soporte logístico de esas visitas seguirá siendo, como hasta ahora, La Cámpora. Son sus dirigentes los que arman la bajada al territorio. En esos menesteres estuvo inmiscuido este fin de semana Pablo “Tato” Giles, secretario de Organización de La Cámpora, que acompañó a Kirchner en La Rioja y que es uno de los dirigentes en ascenso dentro de la agrupación.
A su lado también estuvieron las dos caras de las puntas generacionales de La Cámpora. La actual secretaria general, Lucía Cámpora, y el senador “Wado” de Pedro, de la línea fundadora del espacio político. Cuando estuvo en María Teresa, Santa Fe, lo acompañó Florencia Carignano, cuando viajó a Entre Ríos, se encontró con Tomás Ledesma y, cuando estuvo en Carmen de Areco, lo esperó el intendente Iván Villagrán, que lo pidió como candidato a la presidencia de la nación. Los nombres de la agrupación que conduce son el nexo con las localidades a las que va y las caras reconocidas de una primera línea política que se ha ido modificando en el tiempo.
Kirchner va a viajar por distintas provincias como lo podría hacer CFK si estuviera libre. Va a suplir a su madre en ese aspecto y va a llevar el mensaje de ella a cada lugar que vaya. Va a mantener la idea de que tiene que ser la candidata del peronismo en el 2027. Pero si eso no ocurre, será él el que esté sentado en la mesa chica donde la voz de su madre tenga peso en la definición.
Tal vez sea candidato, tal vez no. Las circunstancias serán las que contextualicen la definición de ese armado que lideran junto a su madre. Mientras tanto, se constituirá al frente de un espacio que necesita una conducción terrenal y un rostro visible para discutir el entramado político y económico de un nuevo dispositivo electoral con eje en el peronismo.
Máximo Kirchner
POLITICA
Venta de tierras: el kirchnerismo en el Senado busca restituir la ley de 2011 y el tope de 15% a extranjeros

A horas del fallo de la Corte Suprema de Justicia que dejó -sin resolución de fondo- sin vigencia el artículo 154 del mega Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 70/2023, senadores kirchneristas y justicialistas presentaron un proyecto para restituir de forma inmediata la plena vigencia de la Ley de Tierras Rurales (26.737), que ponía un límite de 15% para manos extranjeras.
La iniciativa fue rubricada por la plana mayor del bloque: su jefe, el formoseño José Mayans, la cristinista Juliana di Tullio (Buenos Aires) y el titular de la bancada Justicia Social Federal -dos integrantes-, el puntano Fernando Salino. “El suelo no es una mera mercancía sujeta a las leyes de la oferta y la demanda, sino un recurso natural estratégico, finito y estrechamente ligado a la seguridad nacional”, argumentaron los legisladores.
El movimiento no sorprende. Sí resulta llamativo que, a sabiendas de una medida cautelar que podía ser frenada -o no- una vez que lo agarrara la Corte Suprema -como ocurrió-, el bloque kirchnerista no haya planteado esta cuestión cuando se aprobó en la Cámara alta, semanas atrás, la fileteada ley de inviolabilidad de la propiedad privada. Es decir: en medio de un momento de debilidad mileísta, el peronismo no aprovechó y se quedó con una victoria hoy efímera. Ahora, busca remendar eso y, de paso, criticar al máximo tribunal de Justicia de la Nación.
Vale recordar que, en la previa de una sesión muy compleja y de derrota casi total para La Libertad Avanza (LLA) en el Senado, el oficialismo tuvo que quitar por completo el capítulo de venta de tierras a extranjeros. Y, durante el cónclave en el recinto, se cayeron también las modificaciones a la ley de Manejo del Fuego, lo que significó la vigencia de las prohibiciones -por décadas- impulsadas años atrás por Máximo Kirchner.

La otra duda que queda es que, si bien se refiere a un solo artículo, la Cámara alta ya rechazó por completo el DNU 70/23 y el tema se encuentra en cómoda siesta en Diputados. De hecho, estas normas tienen un tratamiento particular a través de la bicameral de Trámite Legislativo. “Es necesario destacar que la ley 26.737 no proscribía la inversión extranjera productiva, sino que fijaba límites razonables y concordantes con la legislación comparada de países centrales como los Estados Unidos, Brasil, Francia o Australia”, fundamentaron los senadores.
Mayans, di Tullio y Salino agregaron: “Es precisamente ante la falta de una definición judicial sobre el fondo de la constitucionalidad de la norma que este Congreso de la Nación debe asumir de manera urgente e impostergable su rol institucional como garante del dominio público y de la legalidad constitucional. No corresponde al Poder Judicial legislar sobre la conveniencia política del régimen de propiedad de las tierras, pero es responsabilidad insoslayable de este Poder Legislativo reparar la vulnerabilidad a la que ha quedado el territorio nacional”.
La norma a la que refieren las filas cristinistas y filo K establecía que personas o empresas de una misma nacionalidad no podían concentrar más del 30% de ese cupo extranjero. Además, se limitaba a 1.000 hectáreas en la zona núcleo -o una superficie equivalente, según la ubicación- la tierra a poseer por un mismo titular extranjero.
Más allá de las novedades de las últimas horas, lo cierto es que la Cámara alta se encuentra sin actividad la corriente semana y se espera no demasiada para la próxima, debido a viajes diversos de legisladores por el mundo. La sumatoria de millas suele dilatar los tiempos parlamentarios. Además, se añadiría otro inconveniente: avisar con tiempo posibles ausencias para que la vicepresidenta y titular del Senado, Victoria Villarruel, habilite con justificación cambios en las comisiones. Tiempo atrás se hartó y cerró esa canilla.
POLITICA
¿Serrucho o caída consolidada?: el fantasma económico que merodea al Gabinete mientras Milei polariza

Llegó octubre. En la política y en los mercados crecen las dudas sobre la sustentabilidad del programa económico y el Gobierno se juega sus últimas cartas del año preelectoral. Con ese ánimo, la mesa política proyectó, el martes por la tarde, el sprint final del período legislativo. El balance del encuentro fue escueto: el Ejecutivo ya sacó varios proyectos relevantes y ahora solo restaría surfear el debate sobre la morosidad, empujar la Ley de Defensa de la Soberanía Nacional y sacar adelante la “ley de leyes”, el Presupuesto. El oficialismo, además, dejó de procrastinar la reforma electoral. Diego Santilli se mostró confiado para cosechar los votos, aunque otros en el Gobierno comenzaron a barajar un 2027 más áspero, con las PASO en el calendario. Con ese horizonte, el gabinete se dispuso a hacer las valijas para ir a buscar unos días de oxigeno en París.
En ese mismo instante, sin embargo, en el Palacio de Tribunales se gestaba un plot twist. En su acuerdo, los tres jueces de la Corte Suprema firmaron más de 400 fallos, entre ellos uno que había llegado al máximo tribunal en mayo de 2024: el amparo impulsado por el Centro de Ex Combatientes Islas Malvinas La Plata (CECIM), que la Cámara Federal de esa ciudad había hecho lugar meses atrás anulando el artículo 154 del DNU 70/2023. Esa norma -el “mega decreto” de Javier Milei, influenciado por Federico Sturzenegger, que por entonces ni siquiera era ministro- derogaba la Ley de Tierras y liberaba la venta de campos a extranjeros sin tope alguno.
Horacio Rosatti, Ricardo Lorenzetti y Carlos Rosenkrantz resolvieron por unanimidad revocar esa sentencia de Cámara. No se expidieron sobre la cuestión de fondo pero alegaron falta de legitimación del centro de excombatientes para promover una acción colectiva: para los tres jueces, el amparo estuvo mal encuadrado desde el inicio y nunca debió tramitarse como tal.
A primera vista, el fallo benefició al Gobierno. Milei lo entendió así: primero replicó un mensaje en X del empresario Martín Varsavsky festejando la sentencia y luego, en su participación virtual en el 62° Coloquio IDEA, subrayó que “lo que decide la Corte es lo que decide la Corte”.

La consecuencia política del fallo hoy tiene derivaciones impredecibles. Milei y su comitiva no habían abordado todavía el avión Tango cuando distintos bloques de Diputados ya se estaban organizando para derogar todo el DNU 70/2023. La narrativa es perfecta para la oposición más dura: hay que voltear el primer DNU de Milei para salvar a la Nación.
Plot twist
Sin que estuviera previsto, el Gobierno se ve empujado a defender aquel mamotreto de 366 artículos de diciembre de 2023, que había sido la primera acción política disruptiva de Milei. El contexto resulta mucho más incómodo. Con su giro malvinero, Milei había ganado terreno en la agenda nacionalista, pero bastó una trifulca infantil ayer en la Cámara baja para que Juan Grabois volviera a tildar al Gobierno de vendepatria. Lo más riesgoso es que, en un momento de alta sensibilidad económica, la oposición podría asestar a la Casa Rosada una derrota con un tema sensible. Al mejor estilo 2025.
La duda ahora es si la oposición dura en Diputados -desde el PJ hasta la izquierda pasando por diputados como Maximiliano Ferraro o Esteban Paulón– podrá juntar efectivamente los votos para derogar el DNU 70/2023.

Martin Menem -que se quedó en Argentina e improvisó un viaje a La Rioja por la muerte del senador Juan Carlos Pagotto– empezó a pergeñar la resistencia. Buscará una diagonal con los diputados dialoguistas a través de la cajoneada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. La idea es incluir en esa norma (que tiene media sanción del Senado) nuevos artículos para regular la extranjerización de la tierra. Es decir, canalizar la cuestión allí y vaciar de voluntades la derogación completa del DNU del 2023. El plan implicaría fijar nuevos topes a la extranjerización en un proyecto que, en su redacción original, buscaba la liberalización total. Se verá como cae la idea en Sturzenegger y, sobre todo, en Milei.
La otra pregunta que quedó flotando en el aire es por qué la Corte trató este tema ahora. La agenda de casos que se trata cada martes está en cabeza del titular del máximo tribunal, que en este caso es Rosatti. Pero cualquiera de los otros miembros puede proponer temas o frenarlos. Es decir, el fallo fue corporativo: más allá de quién lo impulsó, ninguno lo frenó y los tres lo firmaron, sin desconocer sus efectos políticos.
En el considerando 9, los cortesanos recordaron que el 70/2023 nunca fue tratado en Diputados a la luz del control parlamentario de los DNU previsto por la Constitución Nacional. Fue una forma sutil de decirle a la política que se haga cargo de sus propios temas. Y, de paso, de recordarle el poder que tiene el máximo tribunal para manejar los tiempos y mover el avispero.
Serrucho o caída
El fallo de la Corte sumó un frente inesperado en un momento en donde el Gobierno necesita previsibilidad política. Tras el desplome de la actividad en julio, el crecimiento de la pobreza del primer semestre y la escalada del riesgo país, el temor del ala política del Gobierno es que la economía abandone la lógica del serrucho para mostrar una caída consolidada. “La mayor preocupación está puesta en el EMAE de agosto. La política y los mercados nos están midiendo el aceite. Esperamos que dé para arriba, no queremos que se verifique una recesión”, reconoció un importante colaborador del ala política.
La posibilidad de una recesión técnica asomó en el último informe del JP Morgan sobre la Argentina. El banco más grande de los Estados Unidos, que siempre había sido auspicioso sobre el programa económico libertario, recortó dramáticamente sus expectativas, con natural impacto en banqueros e inversores.
Pero para Milei no habrá recesión, ni hay correcciones que hacer, ni la suba del riesgo país, que viene en una escalada casi ininterrumpida desde mediados de julio, tiene algo que ver con las dudas que los datos flojos de la economía real le imprimen a la sostenibilidad del modelo ortodoxo actual.

El ala política jamás manifestara sus inquietudes en voz alta, pero espera que medidas mínimas ayuden a la reactivación. “Javier ya habilitó que se vayan reanudando obras de infraestructura. Y también se va a dejar que los gobernadores tomen deuda para hacer su obra pública. (Axel) Kicillof incluido”, deslizó un colaborador oficial.
La otra preocupación que circuló en la Casa Rosada tuvo que ver con las declaraciones que dejó el Presidente en sus últimas entrevistas. En la sede de gobierno hicieron especial hincapié en que Milei no puso en duda la confiabilidad del INDEC cuando dijo que “los indicadores están arrojando cualquier cosa” en alusión a los datos desestacionalizados (más allá de que hay voces técnicas en el Gobierno que desaconsejan insistir con la “tendencia-ciclo” con la que machaca el jefe de Estado). “No se entendió lo que quiso decir”, justificaron al primer mandatario en Balcarce 50. Y se ocuparon especialmente de dotar de sentido la cifra de “30.000 terroristas” deportados en los últimos dos años. Adrian Ravier busco una pirueta discursiva: “Son posibles terroristas o personas que pueden amenazar la seguridad nacional de alguna manera. O, en todo caso, personas que por distintas razones no ingresan”.
Ningún intento por dotar de sentido a la palabra presidencial y al revoleo de cifras en el que está enfrascado Milei le puede seguir el ritmo. Anoche en IDEA soltó: “Si no hubiéramos enfrentado el intento de siete golpes de Estado, 40 leyes intentando romper el equilibrio fiscal y la gente tratando de hacer actos terroristas en la calle, la inflación estaría empezando con cero”.
Milei encuentra, rumiando conspiraciones en su contra, la explicación a todos los problemas. “No es que miente, él se arma esa historia en su cabeza”, admitió un colaborador que trabaja en la Casa Rosada.
Más allá de sus cavilaciones, el Presidente apeló a una narrativa que se perfila como una estrategia de campaña: la polarización, ya no por orientación económica, sino bajo la lógica del bien y el mal; la prosperidad y el terror. Milei habla del kirchnerismo como un “tren fantasma” y Toto Caputo describe a Kicillof como el “anticristo”. A quienes piden una corrección del dólar los llama “momias”. Son los vientos de Halloween.

La retórica oficial encierra un dilema: si el Gobierno sube prematuramente a Kicillof al ring por conveniencia electoral, también aumenta -bajo su propia lógica- el riesgo político en el mercado. Al gobernador bonaerense también le sirve que Milei lo ubique como su rival principal. Si la polarización entre ellos se consolida y ambos mantienen un piso alto, complican la proliferación de candidatos en sus respectivos espectros.
Patricia Bullrich mira con especial atención esta dinámica y la potencialidad de Milei en las encuestas. Los pedidos de la mesa política para que ella no saque los trapitos al sol tienen poco efecto. Ayer mismo metió el dedo en la llaga sobre el fallo de la Corte. “Hay un tema de aprendizaje. Si nosotros teníamos un DNU y ese decreto aún estaba en la Justicia, quizás haber llevado adelante la ley de propiedad privada con el capítulo de tierras fue apresurado”, dijo sobre el debate que atraveso los meses posteriores al Mundial.
Puertas adentro, la senadora intensifica cada vez más los cuestionamientos al rumbo económico. Ya no reclama medidas: pide una corrección más de fondo y un golpe de timón para atender la reactivación. “Yo hoy no tengo claro cómo sigue esto. Si en el Gobierno todo sigue igual, no sé cuál va a ser la capacidad de reelección de Javier”, le dijo a su mesa chica en las últimas horas. Hay quienes la escucharon, incluso, reclamar cambios en el equipo económico. “Ella cree que este es el equipo de la estabilización. Que están amesetados por formación”, dijo un importante referente de su entorno a Infobae.

En la gestión hay roces concretos. El debate por los fondos para Discapacidad todavía no está saldado. En los últimos días, hubo varios intercambios entre el equipo de Caputo, la secretaria Legal y Técnica, María Ibarzabal, y los colaboradores de Martín Menem. Participaron, además, diputadas como Silvana Giudici y Laura Rodríguez Machado, que negociaron con PRO el dictamen de un nuevo proyecto de Discapacidad para evitar la prórroga de la emergencia que impulsa la oposición. Fuentes parlamentarias reconocieron que en el Palacio de Hacienda no están conformes con ese dictamen que logró LLA la semana pasada, debido a su costo fiscal. Tampoco cayó simpático el texto en el Ministerio de Salud -que conduce Mario Lugones– por el impacto que el nuevo nomenclador tendría en las cuentas de las obras sociales.
Lejos de los problemas domésticos, Milei y parte del gabinete transitan su estadía en París. En la ciudad de las luces, cada uno activará sus armas de seducción. Karina Milei continuará desplegando su nueva faceta de brazos abiertos con los gobernadores. “Se la ve tratando de hacer cierres políticos que ahora son más difíciles de hacer. La duda sobre la reelección de Milei crece en todos los actores”, advirtieron en el bullrichismo.
Santilli, por su parte, se tiene fe para cosechar los apoyos que faltan para suspender las PASO y avanzar con el Presupuesto. “Después del viaje habrá más claridad. Esto es ‘El Colo in Paris’”, bromearon en el ala karinista en alusión a la serie de Netflix protagonizada por Lily Collins. Fuera de programa, el jefe de gabinete ahora tiene que trabajar también en el blindaje del DNU fundacional de Milei. Se verá que piden los gobernadores a cambio. Y si el champagne, el vino y los canapés aceleran entendimientos políticos que hasta acá no maduraron.
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POLITICA
En medio de los cruces y las críticas, Milei y Bullrich volverán a encontrarse en la reunión de Gabinete

Javier Milei y Patricia Bullrich siguen sin retomar el diálogo directo después de las diferencias que se abrieron en septiembre y en el Gobierno crece el malestar por las últimas diferencias públicas de la jefa del bloque de La Libertad Avanza en el Senado. Ambos mantienen contacto dentro de los canales generales del oficialismo, pero no volvieron a conversar personalmente en los últimos días.
En este contexto, este lunes habrá reunión de gabinete. Allí podrían reencontrarse el Presidente y la exministra de Seguridad, que es la referente del espacio en la Cámara Alta del Congreso.
El distanciamiento se prolongó además por una cuestión de agenda. Las últimas dos reuniones de Gabinete previstas por el Gobierno fueron suspendidas en la previa de los viajes presidenciales y el encuentro que debía funcionar como primer cara a cara después del conflicto por Discapacidad nunca se concretó.
Puertas adentro, el clima se endureció. Funcionarios cercanos a la conducción cuestionan que Bullrich continúe haciendo públicas diferencias sobre decisiones del Ejecutivo después de que distintos integrantes de la mesa política le pidieran que los desacuerdos se procesen internamente. Milei evita responderle en público, pero en su entorno aseguran que transmite su disgusto por esos movimientos.
La preocupación del oficialismo tiene un límite concreto: la Casa Rosada no quiere abrir una ruptura con la presidenta de su bloque en el Senado. Bullrich conserva un rol central en la negociación de proyectos y en el vínculo con aliados de la Cámara Alta, donde el Gobierno necesita ampliar su base para aprobar reformas. Por eso, la decisión sigue siendo contener la discusión pública pese al deterioro de la relación.
El episodio que abrió la última escalada fue el Presupuesto 2027 y los cambios sobre Discapacidad. Bullrich aseguró que no había sido informada del contenido de esos artículos pese a integrar la mesa política, cuestionó públicamente la coordinación interna y apuntó contra Economía por haber enviado modificaciones que no habían sido anticipadas a la conducción parlamentaria.
La senadora profundizó después esa posición al contradecir públicamente al jefe de Gabinete, Diego Santilli, sobre si el tema había sido discutido previamente. El Gobierno terminó admitiendo problemas de coordinación y abrió una negociación para modificar el esquema, pero en sectores de Balcarce 50 cuestionaron que la disputa se trasladara a los medios.
A ese episodio se sumó el video que Bullrich publicó con una canción de Lali Espósito, horas después de sus críticas por Discapacidad. Milei eligió bajar públicamente el tono y sostuvo que no veía un problema en la elección de la artista. Dentro del Gobierno, sin embargo, el gesto fue incorporado a la secuencia de señales que algunos funcionarios interpretan como una búsqueda de diferenciación política.
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