POLITICA
Máximo Kirchner lanza un perfil nacional: recorrerá el país como delegado de CFK y asumirá un rol electoral
Hubo tres hechos que cambiaron los movimientos de Máximo Kirchner en el tablero político de la Argentina. El primero fue la condena y la detención de su madre en San José 1111, donde está aislada de la vida de las mayorías hace poco más de un año. El segundo fue el final de su ciclo al frente del PJ Bonaerense. El tercero fue el veloz y profundo deterioro de su relación, y la de Cristina Kirchner, con Axel Kicillof.
Ese encadenamiento de situaciones le abrió el camino a un mayor protagonismo en la discusión nacional del peronismo y en la organización política del kirchnerismo. Su discurso en Parque Lezama, cuando se conmemoró un año de la prisión de CFK, puede ser tomado como un quiebre en la lógica interna del mundo K. Ese día Kirchner terminó de erigirse como el líder de una línea del peronismo que tiene una jefa detenida y un jefe en la calle.
En las últimas semanas amontonó recorridas y actos en Entre Ríos, Santa Fe, Carmen de Areco y La Rioja, donde estuvo el fin de semana. En 48 horas tuvo tres actos y ocupó un rol protagónico en una cumbre de unidad armada por el gobernador riojano, Ricardo Quintela. Kirchner no está jugando la partida nacional como el jefe de La Cámpora, sino como líder del kirchnerismo y dueño de un poder real que le fue delegado por su madre, imposibilitada de ejercerlo libremente. Es un escalón más arriba que el de la conducción de la organización que fundó pasado el 2003.
Nacido en La Plata y criado en El Calafate, Kirchner construye la imagen de un dirigente nacional con el suficiente peso para ser candidato en la provincia de Buenos Aires el año que viene o para jugar en un cargo a nivel país. Casi ninguna candidatura se puede anticipar con tanto tiempo. Lo seguro es que el legislador va a estar parado en la línea de largada para ser una opción en cualquier rol que el kirchnerismo quiera pelear en la batalla electoral.
Con CFK presa e inhabilitada para competir por cargos públicos, el sector que ella lidera necesita construir un perfil que pueda representar la identidad cristinista en la cancha electoral. Hasta aquí, ese segundo nombre siempre ha sido Eduardo “Wado” de Pedro, pero la salida de Kirchner al territorio federal modifica ese orden y lo coloca como el nombre capaz de representar con claridad el sentir cristinista.
El último fin de semana, Kirchner absorbió gran parte del protagonismo de la cumbre peronista en La Rioja. La ausencia de Kicillof, que estaba invitado pero no quiso quedar entrampado en lo que consideraba que era una foto de unidad forzada, le dio mayor peso a sus apariciones. Quintela le brindó un lugar preponderante en los actos y después aseguró que la unidad para enfrentar a Milei tiene que ser total. Para eso necesita, sí o sí, que haya algún tipo de acuerdo entre el gobernador bonaerense y los Kirchner. Por ahora, ese anhelo del riojano es muy difícil de cumplir. La relación está muy desgastada y lo político está enredado con lo personal.
Durante sus discursos en el norte, Kirchner planteó, implícitamente, sus diferencias con el gobernador bonaerense, la necesidad de una discusión profunda en el peronismo sin que los cuestionados se ofendan y una postura definida de la fuerza política respecto a la renegociación de la deuda que un eventual gobierno peronista debería hacer con el FMI. Se mostró dispuesto a negociar, pero con el cuchillo entre los dientes. Si el año que viene hay unidad en el peronismo, nadie llegará al final sin rayas en la piel. Son las consecuencias de una discusión nacional que es cada vez más horizontal.
El vínculo con el Fondo es un tema central para el cristinismo. La semana pasada Kirchner presentó un proyecto que busca colocar al Congreso como un filtro ineludible para aprobar una operación crediticia impulsada por el Gobierno nacional. La iniciativa le fija un techo legal a la deuda externa e instruye al Poder Ejecutivo a exigirle al propio FMI una revisión del excedente que hoy carga el país. Es un tema que el legislador repite a menudo y está en la primera línea de temas a acordar. Sobre todo después del fracaso del Frente de Todos respecto a ese posicionamiento.
Para él y los dirigentes que lo rodean, la libertad de CFK es parte del proyecto político que se pone en discusión el año que viene. Y ahí residen gran parte de las diferencias con el resto de las vertientes, a las que no les interesa levantar con asiduidad el cartel de “Cristina Libre”. El sector K está apoyado sobre una postura que no negocia. Sin la ex presidenta libre, no hay legitimidad plena para un eventual gobierno peronista. En el resto de las tribus no creen que sea así, pero no confrontan. Cada cual atiende su juego.
“La proscripción no opera sobre una persona, opera sobre lo que muchos y muchas queremos votar”, dijo la semana pasada durante una entrevista con C5N. Sin CFK en condiciones reales de competir, el kirchnerismo debe moldear un nombre propio que pueda representar esas ideas con claridad y que sea una carta para cualquier negociación que asome en el futuro con el resto de las vertientes. Ese camino conduce al apellido Kirchner.
El legislador no habla de candidaturas, sino de un armado político que tenga un programa consistente con la línea que el kirchnerismo está dispuesto a negociar. Por eso cree que puede haber un debate con otras tribus sobre el contenido de la unidad, pero que ese consenso tiene un límite y son aquellos peronistas que apoyaron las políticas libertarias en el Congreso. El pragmatismo tiene condiciones.
Kirchner está teniendo cada vez más incidencia en los vínculos políticos y territoriales del ecosistema peronista. Es el representante de un espacio político que tiene una conductora con limitaciones muy marcadas para aceitar las negociaciones cruzadas entre los dirigentes y hacer crecer el clamor de sus seguidores, pero es también la cara más visible de la discusión política en la que se cruzan la calle con las redes sociales. El rostro de un esquema político vertical y que juega al límite dentro de la compleja reorganización del peronismo.
En los meses que le restan al año va a viajar a distintas provincias. Seguirá tallando un perfil con matices electorales y un rostro que adapta la conducción política de Cristina Kirchner a una realidad que a ella la supera. El soporte logístico de esas visitas seguirá siendo, como hasta ahora, La Cámpora. Son sus dirigentes los que arman la bajada al territorio. En esos menesteres estuvo inmiscuido este fin de semana Pablo “Tato” Giles, secretario de Organización de La Cámpora, que acompañó a Kirchner en La Rioja y que es uno de los dirigentes en ascenso dentro de la agrupación.
A su lado también estuvieron las dos caras de las puntas generacionales de La Cámpora. La actual secretaria general, Lucía Cámpora, y el senador “Wado” de Pedro, de la línea fundadora del espacio político. Cuando estuvo en María Teresa, Santa Fe, lo acompañó Florencia Carignano, cuando viajó a Entre Ríos, se encontró con Tomás Ledesma y, cuando estuvo en Carmen de Areco, lo esperó el intendente Iván Villagrán, que lo pidió como candidato a la presidencia de la nación. Los nombres de la agrupación que conduce son el nexo con las localidades a las que va y las caras reconocidas de una primera línea política que se ha ido modificando en el tiempo.
Kirchner va a viajar por distintas provincias como lo podría hacer CFK si estuviera libre. Va a suplir a su madre en ese aspecto y va a llevar el mensaje de ella a cada lugar que vaya. Va a mantener la idea de que tiene que ser la candidata del peronismo en el 2027. Pero si eso no ocurre, será él el que esté sentado en la mesa chica donde la voz de su madre tenga peso en la definición.
Tal vez sea candidato, tal vez no. Las circunstancias serán las que contextualicen la definición de ese armado que lideran junto a su madre. Mientras tanto, se constituirá al frente de un espacio que necesita una conducción terrenal y un rostro visible para discutir el entramado político y económico de un nuevo dispositivo electoral con eje en el peronismo.
Máximo Kirchner
POLITICA
Macri, Lacunza y la apuesta por un electorado vacante entre Milei y el kirchnerismo que tensa la interna del PRO
La decisión de Hernán Lacunza de confirmar que está dispuesto a representar al PRO como candidato presidencial en las elecciones de 2027 forma parte de una estrategia política que Mauricio Macri comenzó a impulsar junto a un sector de la conducción del partido, convencido de que existe un electorado que hoy quedó políticamente vacante y que puede convertirse en el punto de apoyo para reconstruir una alternativa propia de cara al próximo turno presidencial. Más que la aparición de un nuevo postulante, el movimiento expone una discusión de fondo sobre la identidad del macrismo y sobre el lugar que deberá ocupar la principal fuerza de centroderecha en el escenario político que dejó la llegada de Javier Milei al poder.
Según pudo reconstruir Infobae, ese diagnóstico empezó a consolidarse hace más de dos meses durante una serie de conversaciones reservadas que Mauricio Macri mantuvo con quien fue el último ministro de Economía de su gobierno y que, con el paso de las semanas, se ampliaron a dirigentes de su máxima confianza, entre ellos Fernando De Andreis, María Eugenia Vidal, Humberto Schiavoni, Gabriela Michetti y otros referentes históricos del PRO. Lo que inicialmente fueron intercambios sobre la evolución de la economía, la actividad, el consumo, la construcción y los desafíos pendientes del programa económico oficial terminó derivando en una conclusión política compartida: antes de resolver con quién competir, el PRO debía responder una pregunta más profunda, vinculada con su propia identidad y con el electorado que pretendía representar.
La hipótesis que ordena esa estrategia parte de una lectura que ese sector del macrismo considera cada vez más visible en las encuestas. Sostienen que comenzó a consolidarse un segmento de votantes que acompaña buena parte de las reformas impulsadas por Javier Milei, que no quiere un regreso del kirchnerismo, pero que tampoco se siente plenamente identificado con el estilo político del Presidente ni con algunos aspectos de la implementación de su programa económico. Se trata, entienden, de un electorado de raíz mayoritariamente macrista, con una impronta más institucional y republicana, que comparte la necesidad de sostener el equilibrio fiscal, la estabilidad monetaria y las reformas estructurales, pero que reclama otra forma de ejercer el poder y una agenda capaz de complementar la estabilización con crecimiento, inversión, empleo y desarrollo.
El diagnóstico político no nació alrededor de una encuesta sino de la economía. Durante semanas, Macri y Lacunza intercambiaron análisis sobre la marcha de la actividad, el empleo, la construcción, el consumo y la inversión. La conclusión a la que llegaron no fue que el rumbo económico estuviera equivocado. Por el contrario. Entienden que el equilibrio fiscal, la desregulación y la estabilidad monetaria constituyen pilares que deben preservarse. La preocupación pasa por otro lado: creen que el modelo necesita una segunda etapa capaz de atender los sectores que todavía no logran recuperar dinamismo y ofrecer una agenda de crecimiento que complemente la estabilización. Según pudo reconstruir este medio, esa conversación fue el punto de partida de una discusión política más amplia sobre quién podía expresar esa mirada dentro del sistema político.
Fue esa lectura la que terminó derivando en una decisión política. Mauricio Macri impulsó la idea de mantener abierta la discusión presidencial dentro del PRO y alentó la disposición de Hernán Lacunza a representar al partido en una eventual candidatura si esa termina siendo la estrategia elegida. La construcción fue conversada y compartida con dirigentes como Fernando De Andreis, María Eugenia Vidal, Humberto Schiavoni, Gabriela Michetti y otros referentes que comparten la idea de que el PRO no puede resignar anticipadamente una candidatura presidencial ni limitar su estrategia a evitar un regreso del kirchnerismo.
La aparición pública de Lacunza no abrió esa discusión. Simplemente la volvió imposible de ocultar.
Desde hace meses conviven dentro del PRO dos diagnósticos distintos sobre el futuro del partido. No expresan diferencias ideológicas profundas ni visiones contrapuestas sobre el rumbo general del Gobierno. La discusión pasa por otro lado. Mientras un sector entiende que el desafío principal consiste en representar un espacio político que considera vacante, otro observa el escenario desde las responsabilidades de gestión y las necesidades del poder territorial.
Esa segunda mirada es la que predomina entre quienes gobiernan distritos o tienen responsabilidades ejecutivas. La prioridad, sostienen, pasa por construir un entendimiento político y electoral con La Libertad Avanza que permita preservar los gobiernos que hoy administra el PRO y consolidar nuevos espacios de poder en 2027. Esa lógica explica las conversaciones que impulsa Jorge Macri en la Ciudad de Buenos Aires, el trabajo político de Cristian Ritondo para fortalecer una candidatura de Diego Santilli a la gobernación bonaerense dentro de un frente común con los libertarios, la posición de los gobernadores Rogelio Frigerio, en Entre Ríos, e Ignacio Torres, en Chubut, y la de numerosos intendentes bonaerenses que observan ese acuerdo como la herramienta más eficaz para sostener sus distritos.
En el entorno de Mauricio Macri suelen resumir esa diferencia con una metáfora futbolera. Dicen que hoy el PRO está jugando en dos estadios distintos. En uno se juega el partido de la representación política: comprobar si todavía existe un electorado propio y ofrecerle una candidatura presidencial antes de definir cualquier alianza. En el otro se juega el partido de la representación territorial: preservar gobernaciones, intendencias y espacios de poder mediante un acuerdo con La Libertad Avanza. No consideran que una estrategia invalide a la otra. Lo que sostienen es que responden a prioridades diferentes. Mientras un sector organiza su estrategia mirando el mapa de los distritos que gobierna, el otro la construye mirando el mapa del electorado.
En esas conversaciones reservadas, según pudo reconstruir Infobae con distintos interlocutores, Lacunza suele recurrir a una paráfrasis de Jorge Luis Borges para sintetizar esa disputa. Toma el célebre verso de la Oda escrita en 1966 —“Nadie es la patria, pero todos lo somos”— y lo adapta a la vida partidaria: “Nadie es el PRO, pero todos lo somos”. La frase resume una de las ideas centrales de esa construcción: ningún dirigente, por importante que sea el cargo que ocupe o el territorio que gobierne, puede arrogarse la representación exclusiva del partido ni dar por saldada una discusión estratégica que definirá su papel en los próximos años.
La discusión excede largamente el nombre de quien finalmente encabece una eventual fórmula presidencial. En el fondo, lo que está en debate es si el PRO debe llegar a las elecciones de 2027 como una fuerza con vocación de disputar nuevamente la Presidencia o si su destino pasa por integrarse, desde una posición de socio político, a una coalición liderada por La Libertad Avanza. La disposición de Lacunza constituye el primer movimiento visible de esa estrategia y, al mismo tiempo, la confirmación de que Mauricio Macri decidió volver a intervenir activamente en la definición del futuro de su partido.
Queda un segundo capítulo que todavía no salió a la luz y que probablemente termine de definir el alcance de esa apuesta: cómo se traducirá ese diagnóstico en una propuesta política concreta. En las conversaciones reservadas que dieron origen a esta construcción aparece una coincidencia: el rumbo general de la política económica del Gobierno merece ser sostenido, pero también requiere una agenda complementaria para atender cuestiones vinculadas con la actividad, el empleo, el desarrollo productivo y la institucionalidad.
En ese punto, Lacunza empieza a delinear el perfil de la propuesta que estaría dispuesto a representar si el PRO decide competir con candidato propio. No se trata de una alternativa construida para confrontar con Milei, sino de una oferta que buscaría disputar un electorado que comparte buena parte de las reformas económicas, pero que reclama otro estilo político y una agenda más amplia para consolidarlas en el tiempo.
Esa diferencia también aparece cuando aborda una de las críticas más persistentes sobre su gestión como ministro de Economía: el reperfilamiento de la deuda en pesos dispuesto en 2019. En esas conversaciones desarrolla un argumento técnico que considera central para responder a quienes calificaron aquella medida como un default. Según esa mirada, la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central que impulsa el Gobierno parte de un principio similar: impedir el financiamiento monetario del Tesoro obliga, cuando no existen recursos suficientes, a priorizar el equilibrio fiscal aun cuando eso implique reprogramar obligaciones. Más que reabrir una discusión sobre el pasado, el planteo busca instalar un debate sobre las herramientas disponibles para sostener un régimen de disciplina fiscal permanente.
Detrás de ese razonamiento económico también aparece una definición política. En el sector que impulsa esta estrategia sostienen que el PRO no puede limitarse a resignar una candidatura presidencial con el único argumento de evitar un regreso del kirchnerismo. Entienden que esa posición puede resultar eficaz desde el punto de vista electoral, pero insuficiente para un partido que nació con vocación de gobierno y que, a su juicio, todavía conserva un electorado propio. La pregunta que intentan responder no es solamente con quién competir, sino qué proyecto ofrecer y qué identidad preservar.
Falta más de un año para la elección presidencial y nadie dentro del PRO puede asegurar hoy cuál será el desenlace de esa discusión. Mauricio Macri tampoco resolvió cuál será su propio papel en 2027. Pero la disposición de Lacunza terminó por sacar a la superficie un debate que hasta hace pocas semanas transcurría exclusivamente en conversaciones reservadas. Ya no se trata solamente de decidir si el partido competirá con candidato propio o integrará una coalición encabezada por La Libertad Avanza. La discusión es anterior: qué identidad quiere preservar, qué electorado aspira a representar y desde qué posición negociará el futuro de la centroderecha argentina.
POLITICA
Una nueva encuesta midió seis duelos políticos y hubo ganadores sorpresivos
POLITICA
El Gobierno reúne a la mesa política para terminar de definir los cambios en la ley de Propiedad Privada
El Gobierno reúne martes en la Casa Rosada a su mesa política para definir los cambios finales al proyecto de Ley de Propiedad Privada y ordenar el resto de la hoja de ruta legislativa, como la propuesta de reforma del Banco Central, tras el receso invernal del Congreso.
La intención principal del espacio será discutir el detalle de la normativa que impacta en la ley de Tierras, que se tratará nuevamente este jueves en el Senado. Como anticipó TN, el oficialismo acordó con la oposición aliada modificaciones clave en el capítulo para desregular la venta de tierras rurales a extranjeros. Para este martes por la tarde está prevista una conferencia de prensa en la Cámara Alta de Bullrich sobre las modificaciones en la iniciativa que lleva 16 borradores del texto.
La agenda de la mesa política
La reunión en Balcarce 50 está agendada desde las 13 y será encabezada por Karina Milei. La mesa la integran el jefe de Gabinete, Diego Santilli, y su segundo, Ignacio Devitt; el asesor Santiago Caputo; el ministro de Economía, Luis Caputo; la jefa libertaria en el Senado, Patricia Bullrich; el jefe de la Cámara de Diputados, Martín Menem; el secretario de Comunicación, Fabián Fernández, y el subsecretario de Gestión Institucional, Lule Menem.
Allí se cerrará el acuerdo con las fuerzas aliadas y los gobernadores dialoguistas de elevar del 15% al 25% el límite para la venta de tierras, uno de los puntos más resistidos del articulado de la ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada. El texto ya acumula 16 borradores.
El giro en la negociación pasaría de una propuesta original que buscaba eliminar casi por completo los límites y restricciones a la compra de tierras por parte de extranjeros, a fijar un tope mayor al vigente, que hoy es del 15% (artículo 8 de la Ley 26.737). El nuevo borrador establecería un límite del 25% “por provincia”, con autorización tanto del Poder Ejecutivo nacional como del gobierno provincial correspondiente. El texto también prevé la prohibición de compra por parte de personas jurídicas con participación estatal extranjera directa o indirecta, salvo autorización expresa de la provincia y la Nación, y establece que esa potestad no podrá delegarse en un funcionario con rango menor a secretario de Estado.
La estrategia de la senadora Bullrich se habría impuesto a la del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, autor de la redacción original, que había resistido los cambios. El antecedente inmediato es el cuarto intermedio del 16 de julio, cuando el oficialismo decidió postergar el tratamiento en el recinto por los reparos de Sturzenegger a las incorporaciones sobre la potestad de las provincias.

La reforma del Banco Central
Con la agenda legislativa como eje, el Ejecutivo deberá también definir los tiempos para otras iniciativas que buscará avanzar este mes: la reforma de la carta orgánica del Banco Central —considerada por el oficialismo como el proyecto central del semestre—, la reforma política para suspender las PASO y los proyectos de Inocencia Fiscal II, Zonas Frías y el paquete económico que acompañará los cambios en el BCRA.
Leer más: Ley de Tierras: los cambios que el oficialismo acordó con los bloques aliados para conseguir la media sanción en el Senado
Por eso Menem convocó para este martes a las 15 a los jefes de bloque aliados, con el fin de diseñar un cronograma de trabajo conjunto. El miércoles comenzará a discutirse la reforma del BCRA con un plenario de comisiones.
En el medio de los movimientos legislativos, el presidente Javier Milei viajará a Ecuador y Colombia entre este miércoles y el viernes. Al quedar a cargo del Ejecutivo, la vicepresidenta Victoria Villarruel no presidiría la sesión en el Senado por la ley de Propiedad Privada. Para ese mismo día se espera además una movilización en las afueras del Congreso y en otros puntos del país, convocada por la oposición más dura junto a organizaciones sociales, ambientales, de derechos humanos y sindicales.
Senado, propiedad privada, Karina Milei, Patricia Bullrich
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