ECONOMIA
Mercado Pago, Ualá y otras billeteras virtuales, ahogadas por la morosidad récord

La morosidad en Argentina volvió a encender señales de alerta. Según un informe de la consultora 1816, elaborado en base a datos de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU), en febrero se registró un nuevo aumento en el nivel de incumplimiento de créditos, con un dato particularmente preocupante: el fuerte deterioro en billeteras virtuales y entidades no bancarias.
«Volvió a subir la irregularidad del crédito de las entidades financieras en el mes de febrero«, señala el reporte, que mide la mora como los atrasos superiores a 90 días.
En términos generales, el informe muestra que la morosidad total del sector privado pasó de 6,4% a 6,7% en apenas un mes. Pero el foco está puesto en los hogares, donde el deterioro es más marcado.
Familias en rojo: niveles récord de morosidad
El segmento de créditos a familias volvió a empeorar y ya acumula más de un año de deterioro sostenido. De acuerdo con el informe, la mora en este segmento subió de 10,6% en enero a 11,2% en febrero.
La morosidad de familias y empresas con entidades financieras se profundizó en febrero.
Pero el dato más relevante es la tendencia de fondo: «La mora de familias subió por decimosexto mes consecutivo y alcanzó su valor más alto desde el año 2004«, advierte la consultora.
Este fenómeno se da en un contexto económico contradictorio: mientras algunos indicadores macro muestran crecimiento, amplios sectores de la población enfrentan dificultades para sostener sus compromisos financieros.
«El diagnóstico a esta altura parece bastante claro: la economía crece de manera muy heterogénea«, sostiene el informe, que remarca el contraste entre sectores dinámicos como energía o minería y otros más intensivos en empleo, como comercio, industria y construcción, que siguen debilitados.
La mora es de casi 30% en billeteras virtuales y créditos no bancarios
El punto más crítico del informe aparece al analizar el comportamiento de las entidades no financieras, donde se incluyen fintech, billeteras virtuales y otorgantes de crédito por fuera del sistema bancario tradicional.
Allí, la situación es sensiblemente más delicada: «También volvió a subir la mora en los créditos a hogares de entidades no financieras, que alcanzó el 29,9% en febrero«, destaca el documento.
El salto es significativo: implica una suba de más de dos puntos porcentuales en apenas un mes y deja a este segmento con niveles de incumplimiento casi tres veces superiores a los del sistema bancario.
Aunque estas entidades representan cerca del 17% del total del crédito a familias, su peso viene creciendo en los últimos años, lo que amplifica el impacto del deterioro.

Se dispararon las irregularidades en créditos de entidades financieras y no financieras a familias.
Un fenómeno generalizado, no de casos aislados
Otro punto clave del informe es que el aumento de la mora no responde a problemas puntuales de algunas entidades, sino a una tendencia extendida en todo el sistema.
«Es indiscutible que la irregularidad continúa siendo un fenómeno macro y no algo que pueda explicarse por las políticas de crédito de algunos bancos«, subraya la consultora.
De hecho, el deterioro se verificó en 28 de las 30 principales entidades financieras del país, lo que confirma el carácter sistémico del problema.
Tasas altas y presión sobre los ingresos
El informe también vincula el aumento de la morosidad con el nivel de tasas de interés, que se mantienen elevadas pese a cierta estabilidad en la tasa de referencia del Banco Central.
Actualmente, los préstamos personales presentan niveles muy exigentes para los ingresos de los hogares: «Las tasas de los préstamos personales […] rondan el 70%, lo que equivale a una TEA cercana al 100%«, detalla el reporte.
En el caso de las entidades no financieras, el costo del crédito suele ser aún mayor, ya que incluye comisiones y cargos adicionales que elevan el costo financiero total.
A esto se suma un contexto de deterioro en los ingresos reales y aumento del desempleo durante 2025, lo que limita la capacidad de pago de los hogares.
Mercado Pago, golpeado por la morosidad récord
La morosidad en Argentina escaló a niveles alarmantes durante 2025. Mercado Pago triplicó su ratio de irregularidad en apenas 12 meses, según datos oficiales de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU).
La billetera virtual más grande del país pasó de registrar una mora del 5,5% en enero de 2025 a alcanzar el 14,7% en enero de 2026. Un salto que encendió las alarmas en el sector financiero.
La fintech de Marcos Galperin no está sola en esta crisis. El deterioro de la capacidad de pago golpeó con fuerza a todo el sistema. El último Informe Sobre Bancos del BCRA reveló que la mora en créditos a hogares pasó de 2,67% a 10,6% en un año, el nivel más alto en casi dos décadas.
Los números reflejan un círculo vicioso. Los argentinos piden créditos porque los ingresos no alcanzan para cubrir gastos básicos. Pero después, tampoco pueden pagar esas cuotas.
Dónde se ubica Mercado Pago en el mapa financiero
Las entidades no bancarias enfrentan la peor situación. La morosidad en ese segmento se acercó al 25% a principios de 2026.
Mercado Pago quedó en un escalón intermedio. Con 14,7% de irregularidad, se ubicó más cerca de los bancos privados tradicionales que de las financieras no bancarias, aunque sin librarse del problema generalizado del sistema.
Voceros de la compañía consultados por Infobae sostuvieron que el ratio está «en línea con el de los principales bancos privados» al observar el segmento de personas físicas. Pero hay matices importantes.
La mayor parte de la cartera de Mercado Pago está dirigida a consumidores individuales y familias. Es decir, al segmento más golpeado por la crisis. Ese es el público que más sufre el deterioro del poder adquisitivo.
Un relevamiento privado con datos a diciembre 2025 permite dimensionar las diferencias. Tarjeta Naranja registró la mora más alta del sector: 35,7%. Un nivel que duplica al de Mercado Pago.
Mercado Libre, el unicornio dueño de Mercado Pago, cerró 2025 con 17,5% de irregularidad. Cencosud alcanzó 25,5% y Credicuotas Consumo llegó a 25,4%.
El caso Ualá sorprendió a la City y la explicación de la empresa
Hace algunas semanas, un posteo que se viralizó en redes generó alerta en la City: según el análisis de un usuario, en base a las cifras del BCRA, la morosidad en Ualá llega al 40% de su cartera. Un dato que luego fue aclarado por la billetera digital dirigida por Pierpaolo Barbieri.
La publicación, realizada por el analista Igor Ayuso, hizo mención al supuesto deterioro significativo en el repago de créditos otorgados por la fintech, en el que se observa cómo crecen las dificultades de los hogares para pagar sus obligaciones financieras
La publicación aludía a un supuesto deterioro significativo en el repago de créditos otorgados por fintech en un contexto en el que crecen las dificultades de los hogares para afrontar sus obligaciones financieras.
Pero donde el impacto resulta más fuerte es en el ecosistema fintech. El caso de Ualá concentra actualmente la atención del mercado. No solo por el nivel de mora, sino por su composición.
El posteo del usuario Igor Ayuso, quien basó su informe en datos del BCRA, en el segmento bancario de Ualá los impagos rondan el 43%. Pero en el negocio no financiero el número escala hasta un 63%. Ese dato encendió las alarmas en redes y parte del mercado.
Qué dijeron desde Ualá
Desde Ualá relativizaron la magnitud del dato. Señalaron que la firma discontinuó a mediados del año pasado la originación de créditos bajo el esquema peer-to-peer y transfirió su cartera de mejor calidad a su banco, que actualmente canaliza los préstamos.
Desde la empresa sostienen que, al depurar la información reportada al regulador, se ubicaría en torno al 18% en enero y 17% en febrero.
«Esto implica que en esa cartera residual de la PSP quedan principalmente clientes en mora, sin el ingreso de nuevos créditos que compensen con pagadores en situación. Esto distorsiona significativamente el indicador», advirtieron fuentes del unicornio.
En concreto, la firma que conduce Pierpaolo Barbieri dijo que no hay que mezclar peras con manzanas. «Los valores presentados al BCRA desde las entidades financieras suelen aplicar la práctica de write-off, mediante la cual, luego de determinado tiempo de incobrabilidad, eliminan de sus balances los créditos impagos».
«Ualá recién comenzará a implementar este mecanismo en 2026, por lo que esos casos continúan reflejados en su cartera». Es decir, los incobrables (que pasado determinado tiempo salen de las cifras bancarias) aún persisten en empresas como el unicornio.
«Si se aplicara el mismo criterio que utiliza el resto del sistema, permitiendo una comparación homogénea, el indicador de mora a febrero del banco Ualá 2026 se ubicaría en torno al 17%, un nivel intermedio respecto de los valores observados en banca retail y fintechs», aclararon.
Igualmente, desde Ualá reconocieron el momento complejo: «Desde mediados de 2025, la industria en su conjunto experimentó un deterioro en la calidad de cartera crediticia. Esto derivó en un endurecimiento generalizado de las políticas de crédito y en una menor originación».
«Como resultado, se produce un doble efecto: por un lado, a medida que se cancelan los créditos en mejor situación, aumenta el peso relativo de los casos en mora dentro del stock; por otro, el contexto de tasas elevadas reduce la demanda de crédito por parte de perfiles de menor riesgo», concluyen.
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ECONOMIA
A cuánto llegarán el dólar y la inflación en 2026, según los principales analistas de mercado

Los analistas y consultoras que el Banco Central (BCRA) convoca cada mes en su Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), compartieron sus expectativas respecto al futuro de la inflación y el dólar. En ambos casos hicieron correcciones en relación a lo que habían anticipado en los meses anteriores.
De acuerdo con los expertos, la inflación de 2026 cerrará en 30,5 por ciento. El dato representa un incremento de 1,4 puntos porcentuales respecto a lo que el mismo grupo había estimado un mes atrás. Es, además, la primera vez en el año que la proyección anual supera el umbral del 30 por ciento.
El grupo de analistas que históricamente mostró mayor precisión en sus estimaciones -denominado Top 10- es todavía más pesimista en su proyección: anticipa que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de 2026 será de 33%, es decir 2,5 puntos por encima de la mediana general y 1,2 puntos más que lo que el mismo grupo proyectaba el mes anterior.
El REM también releva las expectativas de inflación mensual para los próximos meses. Según esos datos, el ritmo de suba de precios continuaría desacelerándose de forma gradual durante el resto del año. Tras el 2,6% proyectado para abril y el 2,3% para mayo, los analistas estiman que el IPC llegaría al 2,1% en junio y al 2% en julio. Desde agosto en adelante, la baja sería más pronunciada: 1,8% para ese mes, 1,9% para septiembre y 1,8% para octubre.
En cuanto al IPC núcleo —que excluye los precios regulados y los estacionales— las proyecciones siguen una trayectoria similar, aunque con valores levemente distintos según el período. Para 2026 en su conjunto, la mediana del REM ubica la inflación núcleo en 30,3%, mientras que el Top 10 la proyecta en 32,1 por ciento.
En materia cambiaria, los analistas corrigieron a la baja sus pronósticos respecto al relevamiento anterior. Para diciembre de 2026, la mediana del conjunto de participantes del REM ubica el tipo de cambio nominal mayorista en $1.676 por dólar. Un mes atrás, la estimación para ese mismo período era de $1.700, lo que implica una corrección de 24 pesos.
El Top 10 proyecta un tipo de cambio bastante más bajo para el cierre del año: $1.611 por dólar, lo que significa una diferencia de $65 respecto a la mediana general.
La tendencia de revisiones a la baja se observa también en los meses intermedios. Para mayo, la mediana se ubica en $1.410, frente a los $1.449 que se proyectaban en el REM anterior. En junio se espera $1.437, en julio $1.460, en agosto $1.500 y en septiembre 1.533 pesos. En todos los casos, los valores son menores a los que los mismos analistas pronosticaban un mes atrás, con correcciones que oscilan entre los $28 y los 44 pesos.
Los especialistas también redujeron sus estimaciones sobre la tasa de interés mayorista de Argentina (Tamar), que mide el promedio ponderado de los depósitos a plazo fijo de 30 a 35 días de $1.000 millones o más en bancos privados. Para diciembre de 2026, el conjunto de participantes del REM proyecta una Tamar de 22% nominal anual, 1,4 puntos por debajo de lo que se anticipaba en el relevamiento de marzo. Eso equivale a una tasa efectiva mensual de 1,8 por ciento.

En este caso, el Top 10 diverge en sentido contrario: proyecta una Tamar de 23,52% para el cierre del año, 1,52 puntos por encima de la mediana general.
Más allá de la inflación y el dólar, el REM releva otras variables con proyecciones al cierre de 2026. En materia de actividad económica, el conjunto de analistas espera que el Producto Bruto Interno (PBI) crezca 2,8% en promedio respecto a 2025. Es la estimación más baja del año y representa una caída de 0,5 puntos frente al relevamiento anterior.
En comercio exterior, las estimaciones son más favorables. Los analistas proyectan exportaciones de bienes por USD 96.056 millones para todo 2026, una cifra que en caso de concretarse sería un récord histórico. Las importaciones, por su parte, se estiman en USD 79.550 millones, lo que arrojaría un superávit comercial de USD 16.506 millones al cierre del año.
Finalmente, en materia fiscal, la mediana del REM anticipa un superávit primario del Sector Público Nacional no Financiero (SPNF) de $15,9 billones para 2026.
North America
ECONOMIA
Cuál es la provincia que concentró el 60% de la creación neta de empleo privado en los últimos 15 años

Entre diciembre de 2011 y diciembre de 2025, el empleo privado formal en Argentina creció apenas 96.052 puestos de trabajo a nivel nacional. Detrás de ese número se esconde un dato que revela la magnitud de la transformación productiva que atraviesa el país: Neuquén explicó por sí sola el 60,8% de ese crecimiento neto. Ninguna otra provincia se acerca a ese protagonismo.
Los datos surgen de estadísticas del Ministerio de Capital Humano en base al Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA). En ese período, Neuquén pasó de 90.642 a 149.028 trabajadores registrados en el sector privado, una ganancia neta de 58.386 puestos. El dato forma parte de un análisis del economista jefe de PwC Argentina, José María Segura, quien en la edición de abril de la publicación Economic GPS señaló que “Neuquén es quizás el caso más elocuente” del proceso de cambio estructural que experimenta la economía argentina.
Segura precisó que, en 15 años, la provincia patagónica “explicó el 58% del crecimiento neto del empleo privado registrado a nivel nacional”. La leve diferencia con el 60,8% que arrojan las estadísticas mencionadas se debe a las diferentes metodologías de cálculo utilizados, pero ambos números apuntan en la misma dirección: ninguna jurisdicción del país generó empleo formal a una escala remotamente comparable a la de Neuquén.
La explicación central del fenómeno neuquino está en el desarrollo de Vaca Muerta, que convirtió a la provincia en el corazón de la producción de petróleo y gas no convencional de Argentina. El boom de inversiones asociado a ese fenómeno traccionó la demanda de empleo en la provincia de forma sostenida durante más de una década.
Segura enmarca este proceso en una transformación más profunda de la estructura productiva del país. Según su análisis, “la minería, la energía —impulsada por el desarrollo de petróleo y gas no convencional—, el agro y los servicios financieros consolidan su rol como motores de actividad”, mientras que sectores históricamente ligados a la demanda interna “muestran un rezago”. El mapa del empleo, escribe, “se está redibujando a lo largo de la cordillera, lejos de los centros urbanos tradicionales”.
El contraste con otras provincias es marcado. Buenos Aires, la jurisdicción con mayor cantidad de trabajadores registrados del país, sumó 37.572 puestos en el mismo período, con una variación de apenas 1,9%. Santa Fe incorporó 13.882 empleos y Córdoba, 12.822. Río Negro, que también tiene exposición a la actividad energética por su cercanía con Neuquén, sumó 13.120 puestos y explica el 13,7% del crecimiento total.
En el otro extremo, nueve provincias registraron caídas absolutas en el empleo privado formal durante el período: CABA perdió 42.941 puestos, Santa Cruz 9.020 y San Luis 5.512. También cayeron San Juan (-5.492 empleos), Chubut (-3.513), Formosa (-4.077), La Rioja (-1.958), Tierra del Fuego (-2.361) y Tucumán (-495).
El análisis de Segura advierte que esta redistribución geográfica del empleo no es neutral. Los datos de desocupación por aglomerado del cuarto trimestre de 2025 muestran que las ciudades vinculadas a la energía y la minería registran tasas de desempleo sensiblemente menores al promedio nacional, mientras que los aglomerados donde se concentra la actividad industrial y de la construcción —en particular el AMBA y su cordón urbano— “muestran un deterioro relativo”.
Este proceso no solo enfrenta restricciones económicas, sino también geográficas y sociales. Como señala el economista, el desplazamiento entre sectores “implica que familias enteras consideren relocalizarse, con todo lo que eso supone en términos de arraigo, infraestructura y calidad de vida”. Y hay indicios de que esa tensión ya opera en la práctica: en ciertas zonas y sectores, “las empresas enfrentan dificultades para cubrir posiciones calificadas y evalúan recurrir a trabajadores del exterior para sostener sus proyectos”.

La objeción más frecuente al modelo económico actual es su capacidad para generar empleo masivo. Sin embargo, José María Segura indicó que “no debería abstraerse del análisis la creación de empleo indirecto que, por ejemplo, conlleva la construcción de infraestructura asociada”.
El economista de PwC agrega una variable que el debate público suele ignorar: la demografía. La tasa de natalidad en Argentina viene cayendo de forma sostenida, los hogares sin hijos menores ya son mayoría y el promedio de hijos por mujer se ubica por debajo del nivel de reemplazo poblacional. En ese escenario, la presión sobre el mercado laboral para absorber nueva oferta de trabajadores sería menor que en el pasado.
Para Segura, el caso neuquino es la mejor evidencia de que el mercado, con tiempo, tiende a equilibrarse. “La evidencia sugiere que con el tiempo el mercado ajusta”, escribe, aunque advierte que “el factor clave aquí es el tiempo y la paciencia o no que tenga la sociedad para transitar el proceso”.
En esa línea, el análisis concluye que el desafío principal de Argentina no es tanto la cantidad de empleos que el nuevo modelo productivo puede generar, sino la capacidad del sistema educativo, institucional y territorial de “formar el capital humano y favorecer los flujos migratorios que esa transformación demanda”. La Argentina que viene, según Segura, “parecería tener menos un problema de empleo que un problema de empleabilidad”.
South America / Central America
ECONOMIA
¿Cuál es el costo de la transición?

La transición económica que atraviesa Argentina bajo la presidencia de Javier Milei no puede entenderse únicamente como un cambio de políticas: es, en esencia, un cambio de modelo económico. Y como toda mutación de este tipo, implica costos inevitables en el corto plazo, aun cuando prometa beneficios más estructurales en el mediano y largo plazo.
Durante años, el funcionamiento de la economía estuvo sostenido por un entramado de controles, subsidios y distorsiones de precios relativos. En ese contexto, muchas decisiones a nivel microeconómico -desde la fijación de precios hasta la asignación de capital- no respondían a señales genuinas del mercado, sino a incentivos artificiales. Empresas rentables en ese entorno no necesariamente lo eran por eficiencia, sino por capacidad de adaptarse a regulaciones, aprovechar brechas o capturar transferencias implícitas.
El actual programa apunta a corregir ese andamiaje: equilibrio fiscal, menor emisión monetaria, desregulación y liberalización de precios. Pero ese sinceramiento tiene un correlato inmediato: expone fragilidades acumuladas.
La macroeconomía puede ordenarse relativamente rápido en términos conceptuales, pero la micro necesita tiempo y capital para adaptarse
Aquí aparece el núcleo del problema: la macroeconomía puede ordenarse relativamente rápido en términos conceptuales, pero la microeconomía necesita tiempo y capital para adaptarse.
Un caso concreto ayuda a ilustrarlo. Pensemos en una pyme industrial que durante años operó con energía subsidiada, acceso intermitente a importaciones y una demanda interna sostenida artificialmente por políticas expansivas. En el nuevo esquema, enfrenta tarifas más altas, costos financieros más elevados en términos reales, apertura parcial a la competencia externa y un consumidor con menor poder adquisitivo. El resultado inmediato no es eficiencia automática, sino tensión: caída de márgenes, necesidad de inversión y riesgo de salida del mercado.

Este fenómeno no es nuevo en la historia económica. Rudigger Dornbusch, el economista del MIT, al analizar programas de estabilización en América Latina, señalaba que los costos de transición suelen ser subestimados políticamente y sobreestimados socialmente en su duración. Es decir, el ajuste duele más de lo esperado al principio, pero también puede generar condiciones para una recuperación más sólida si se sostiene en el tiempo.
El punto crítico, entonces, no es negar el costo, sino entender su naturaleza. No se trata solo de un “ajuste” en el sentido clásico. Es una reasignación de recursos. Sectores menos productivos pierden peso, mientras que aquellos con mayor eficiencia potencial -o capacidad de adaptarse- encuentran nuevas oportunidades.
Sectores menos productivos pierden peso, mientras que aquellos con mayor eficiencia potencial -o capacidad de adaptarse- encuentran nuevas oportunidades
En ese marco, la promesa de una macroeconomía más estable no debe subestimarse. La previsibilidad, si se sostiene, tiene efectos profundos: permite planificar inversiones, reducir el horizonte de incertidumbre y reconstruir el crédito. Los precios, al reflejar condiciones reales, mejoran la asignación de recursos. Y la competencia, lejos de ser únicamente una amenaza, se convierte en un mecanismo de disciplina y mejora continua.
Hay una tensión evidente: los beneficios de la estabilidad son graduales, mientras que los costos del ajuste son inmediatos. Esa asimetría define el clima económico y social de la transición.
La respuesta no pasa únicamente por la reducción de costos -una estrategia defensiva y limitada-, sino por un cambio más profundo en la lógica empresarial. Replantear modelos de negocio, invertir en productividad, incorporar tecnología y diferenciarse en términos de valor agregado dejan de ser opciones para convertirse en condiciones de supervivencia.
También implica un cambio cultural: pasar de una economía donde el éxito muchas veces dependía de “leer” al Estado, a otra donde depende de entender al cliente y competir en calidad y eficiencia.
En definitiva, la transición actual expone una verdad: no todas las estructuras económicas heredadas son sostenibles en un entorno de mayor disciplina macroeconómica. El desafío no es evitar ese proceso, sino gestionarlo.

Si el programa logra sostener estabilidad, el terreno que emerja será más exigente, pero también más fértil para quienes logren adaptarse. La historia muestra que las economías que logran atravesar estas transiciones no son las que evitan el costo, sino las que consiguen transformarlo en una inversión hacia un nuevo equilibrio.
La pregunta, entonces, no es si el costo existe -porque es evidente-, sino quiénes estarán en condiciones de capitalizar las oportunidades cuando ese costo deje de ser transición y pase a ser pasado.
El autor es Analista económico y director de Focus Market
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