CHIMENTOS
Nelly Láinez, la mujer que hizo reír al país mientras escondía una vida atravesada por la soledad y la pobreza

Hubo una época en la televisión argentina en la que bastaba verla aparecer para que el público empezara a reír antes de escuchar una sola palabra. Era algo que ocurría apenas entraba en escena: la energía atropellada, los ojos vivaces, esa mezcla extraña entre ternura y desparpajo que convertía a cualquier personaje suyo en alguien inolvidable. Así era Nelly Láinez, una mujer que pasó gran parte de su vida haciendo reír mientras escondía, detrás de cada carcajada, una historia marcada por la lucha, las pérdidas y la necesidad urgente de seguir adelante.
Nacida como Nélida Rotstein el 11 de enero de 1920, en una casona ubicada frente a Plaza Congreso, sobre la avenida Rivadavia, creció en una familia trabajadora que conoció el ascenso económico y, poco después, una caída brutal. Su padre, Jacobo Rotstein, un inmigrante judío polaco que había llegado a la Argentina escapando de las tragedias de Europa, trabajaba como plomero y había logrado construir cierta estabilidad. Pero una mala decisión financiera terminó arrastrando a la familia a la ruina. Perdieron casi todo. Incluso el piano de su madre, Raquel, profesora de música y mujer delicada de salud.
Aquella pérdida nunca terminó de cicatrizar en Nelly. Quizás por eso, detrás de sus personajes exagerados y de esas mujeres desesperadas por amor que interpretó durante décadas, siempre parecía asomar una tristeza íntima. Una soledad antigua.
La muerte de su padre, cuando ella apenas transitaba la adolescencia, terminó de empujarla a una vida de sacrificios. Mientras ayudaba en la mercería familiar, estudiaba piano, declamación y zapateo americano. No era una gran alumna. Lo suyo estaba en otro lado. En observar. En escuchar. En absorber los gestos de la calle como quien junta materiales para construir futuros personajes.

“¿De dónde puedo sacar yo mis personajes? Mis personajes tienen que ser todos auténticos. El imitador por lo general tiene que ser una persona muy, pero muy observadora. Sí, yo pienso que soy observadora”, decía años después, casi como una confesión de método.
Y observaba todo. A la verdulera del barrio. A la vecina gritona. Al hombre cansado del tranvía. A la mujer abandonada que fingía alegría. Todo terminaba, tarde o temprano, convertido en humor.
A los doce años, después de insistirle durante meses a su madre, logró presentarse en una prueba para Radio Porteña. Llegó recomendada por un comisario amigo de la familia y consiguió una mínima participación en un radioteatro policial. Su primera frase fue apenas una línea: “Adiós, adiós, el barco se va”. Nadie imaginaba que aquella niña de carácter fuerte terminaría convirtiéndose en una de las grandes figuras del humor argentino.
La radio fue su refugio y su verdadera escuela. Allí aprendió a modular emociones, a construir personajes y a sobrevivir. Trabajó con figuras históricas como Olga Casares Pearson, Narciso Ibáñez Menta y Armando Discépolo. Mucho antes de transformarse en una actriz cómica, hacía dramas intensos y escenas cargadas de tensión emocional. Pero el destino terminaría llevándola hacia otro lugar: la comedia popular.

Su incorporación a “La Cruzada del Buen Humor”, luego conocida como “Los Cinco Grandes del Buen Humor”, cambió su carrera para siempre. Allí comenzó a construir esa figura inolvidable de mujer nerviosa, verborrágica, desesperada por cariño y permanentemente rechazada. Un personaje que el público adoraba porque, en el fondo, hablaba de las pequeñas derrotas de todos.
Sin embargo, detrás de cámaras existía otra Nelly. Una mujer sencilla, profundamente doméstica, que disfrutaba más de una feria barrial que de una gala de estreno: “A mí me gusta cocinar. A veces hago churros que saltan hasta el techo y vuelven. No sé, debe ser por la presión que les encajo”, contaba entre risas, con ese humor natural que parecía brotarle sin esfuerzo.
Y agregaba, como si estuviera describiendo la vida más común del mundo: “Me gusta tejer. Leer no, leo poco porque me cansa mucho la vista. Me gusta la casa, me gusta el hogar, me gusta hacer las compras. Me gusta ir al mercado para ver la verdura. Siempre soñé con tener una huerta”.
Le fascinaba mezclarse con la gente. Escuchar conversaciones ajenas. Sentirse una más: “Preguntas me hacen como: ‘¿Ustedes también comen, los artistas?’, o expresiones como ‘con la plata que tiene, usted no tiene que venir a hacer las compras’. Pero a mí me gusta estar en contacto con la gente”, decía.

Tal vez ahí residía el secreto de su talento: jamás se sintió una estrella. Nunca dejó de ser aquella mujer del barrio de Constitución que caminaba mirando rostros para robarles un gesto y transformarlo después en un personaje.
El cine llegó relativamente tarde. Debutó recién a los 30 años en Fascinación, dirigida por Carlos Schlieper. Luego compartió pantalla con figuras enormes como Lolita Torres, Luis Sandrini, José Marrone y Juan Carlos Calabró.
Aunque el cine le dio popularidad, también la encerró durante años en un estereotipo cruel: el de la “solterona fea y rechazada”, blanco permanente de bromas y humillaciones. Pero Nelly lograba algo extraordinario: convertir esas caricaturas en seres humanos. Había dolor real en sus personajes. Y el público lo sentía.
“El cine me apasiona y me encanta. Es fascinante. Mientras vos dormís, el cine camina por vos”, reflexionaba con emoción. “¿Cuántas veces estoy en mi casa y al día siguiente camino por la calle y me dicen: ‘Uy, ayer la vi en una película’?”.

La televisión terminó de convertirla en un rostro imprescindible. Participó en Operación Ja-Já, Polémica en el bar y decenas de ciclos humorísticos, pero fue La tuerca la que la volvió inmortal. Su personaje de Isolina quedó grabado en la memoria popular con frases que todavía sobreviven en el imaginario argentino.
Paradójicamente, aquella mujer que hacía reír a millones padecía un terror profundo al escenario en vivo. El teatro la paralizaba. Solía bromear diciendo que actuar sobre las tablas implicaba “estar encerrada en un sótano tres horas para actuar cinco minutos”.
“He hecho cine, he hecho televisión, he hecho radio. No me falta nada por conocer… pero poco teatro he hecho”, reconocía.
La vida tampoco le ahorró golpes económicos. Hubo años en los que prácticamente desapareció de la televisión y tuvo que vender su Renault 6, su televisor, un tapado de piel e incluso un premio Martín Fierro para poder sobrevivir.

“Los tiempos están muy difíciles. Nosotros necesitamos trabajar y nos gusta trabajar. Y no están los tiempos como para decir: ‘Bueno, si no me pagan tanto, no lo hago’. ¿Qué vas a hacer?”, reflexionaba con una honestidad brutal. “Se necesita mucho más coraje para decir que sí cuando tenés ganas de decir que no”.
Aun así, nunca perdió el humor: “Pese a todo lo difícil que todo me resulta, sigo siendo alegre y voy a seguir siendo alegre porque pienso que mi vida es la de cumplir una misión de darle toda la alegría del mundo a la gente que la necesita”.
Y cuando le preguntaban si alguna vez había tenido que hacer reír estando destruida por dentro, respondía sin victimizarse: “Un ochenta por ciento. Y no es es difícil porque me sale de adentro. Lo hago de corazón. Pienso que es una necesidad hacerlo. Como si tuviera que pintar un cuadro y no me pudieras quitar los pinceles. Yo tengo que hacer eso. Para eso nací”. Esa definición quizás explique toda su carrera.
A comienzos de los años ‘90, cuando parecía olvidada por la industria, apareció Antonio Gasalla para devolverla al centro de la escena. La convocó para El mundo de Antonio Gasalla y El palacio de la risa, programas que le devolvieron popularidad y reconocimiento. Gasalla diría tiempo después: “Desde que se levantaba a la mañana tenía el humor bien puesto”.

En medio de una vida atravesada por los escenarios, las risas y las urgencias económicas, Nelly encontró el amor cuando ya creía que la soledad sería definitiva. Tenía 48 años cuando conoció a quien terminaría convirtiéndose en el gran compañero de su vida: el periodista y escritor Hugo Storni, cuyo verdadero nombre era Hugo Morales. Y como tantas historias improbables de otra época, todo comenzó con una carta.
Él vivía en Bahía Blanca y apenas conocía a Nelly por una fotografía publicada en una revista. Sin embargo, algo en esa imagen lo impulsó a escribirle. La actriz recordaría aquella situación años más tarde con una mezcla de humor y melancolía:
“Un día recibí una carta de un desconocido que vivía en Bahía Blanca… En ese momento yo vivía con mamá, que ya estaba muy enferma. Le conté que me había escrito un loco y ahí me llevé la sorpresa de mi vida: ‘Contestale’, me dijo. ‘No quiero que te quedes sola cuando yo falte’”.
Pero Nelly no respondió. Entre el trabajo y el deterioro de la salud de su madre, no encontraba tiempo ni energía para pensar en el amor. Además, aquella propuesta parecía demasiado extraña incluso para alguien acostumbrada a los personajes extravagantes.

“Por supuesto que no le contesté, porque entre cuidar a mamá y mi trabajo no tenía tiempo… Él me conocía solo por una foto que había visto en una revista”.
Poco después, su madre murió. Y el miedo que aquella mujer había intentado anticipar se volvió realidad: Nelly quedó sola. La actriz, que hacía reír a millones de personas, atravesó entonces uno de los momentos más dolorosos de su vida. La casa se volvió silenciosa. Las noches interminables. Y en medio de esa tristeza, comenzó a caminar sola por la Costanera porteña buscando alguna respuesta imposible.
“Mamá murió y yo, como ella tanto temía, me quedé sola. Estaba perdida. A la noche me iba a la Costanera, miraba al río y le decía: ‘Mandame un novio’. Pero el novio no aparecía”.
Hasta que ocurrió algo que parecía salido de una película. Según contó la propia actriz, un vidente le transmitió un mensaje inesperado. “No sabía qué hacer, hasta que un vidente me dijo: ‘Tu mamá dice que vayas a buscarlo’”.
Y entonces hizo algo completamente impulsivo. Algo que parecía impropio de aquella mujer llena de miedos e inseguridades: “Ahí no lo dudé más. Me tomé el tren a Bahía Blanca y fui a buscarlo”. Todo para encontrarse con ese hombre que apenas conocía a través de unas pocas palabras escritas en papel. La historia, contra todos los pronósticos, funcionó.
Nelly y Hugo compartieron 27 años juntos. Una relación atravesada por la compañía, la rutina cotidiana y esa clase de amor sereno que llega tarde, pero se vuelve imprescindible. Recién en 1993, después de un cuarto de siglo de convivencia, decidieron casarse formalmente.
Para entonces, ella ya había atravesado el esplendor de la fama, los períodos de olvido, las crisis económicas y el regreso triunfal de la mano de Antonio Gasalla. Y en todos esos momentos, Hugo estuvo ahí. Pero la felicidad tampoco duraría para siempre.
En 1995, apenas dos años después del casamiento, Hugo falleció y la actriz volvió a enfrentarse a la misma soledad que tanto había temido su madre décadas atrás. Permaneció viviendo sola en el departamento de Constitución que ambos compartían, rodeada de recuerdos, hasta 2001, cuando una cirugía de cadera obligó a su traslado a un hogar para ancianos.
Los últimos años de su vida transcurrieron entre problemas de salud y un progresivo aislamiento. Sin embargo, incluso entonces conservaba intacta esa mezcla de ironía y ternura que había marcado toda su existencia.
Murió el 31 de mayo de 2008, a los 88 años. Y quizás una de las imágenes más conmovedoras de su historia sea aquella de la mujer que caminaba de noche frente al río pidiéndole a su madre que le enviara un amor.
Porque detrás de la actriz cómica, detrás de los personajes atolondrados y las carcajadas televisivas, existía alguien profundamente sensible, vulnerable y necesitado de afecto. Una mujer que pasó la vida entera haciendo reír a los demás mientras buscaba, silenciosamente, no quedarse sola.
“He dejado toda mi vida. Desde chica que estoy metida en esto por vocación, por amor, por necesidad, por todo esto, como vos quieras llamarle”. Y quizás allí, en esa frase sencilla, esté resumida toda su existencia.
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CHIMENTOS
Carmen Barbieri preocupó a todos al revelar cómo está de salud: “Estoy muy mal de los bronquios”

A unos meses de la internación de Carmen Barbieri en la Clínica Zabala, se reveló que la conductora está con un delicado estado de salud. Así lo revelaron en el programa «Infama» (América), cuando le consultaron acerca de su ausencia en el casamiento de Andrea Ghidone, al cual había sido invitada. En comunicación telefónica con el ciclo de espectáculos, aseguró que está en cama y con cuidados médicos después de muchos días con fiebre alta.
“Me quisieron internar el lunes. Tengo una meningitis, broncoespasmo y una gripe, todo junto. Cuarenta grados de fiebre desde el domingo”, contó Carmen durante la charla. Sus palabras generaron preocupación por la combinación de problemas de salud que describió y por la intensidad de los síntomas que atravesó durante varios días. La conductora explicó que el cuadro la obligó a permanecer en reposo y a seguir las indicaciones de sus médicos.
La artista también dio detalles sobre cómo evolucionó en los últimos días y llevó algo de alivio al contar que algunos de los síntomas más fuertes comenzaron a ceder. “Después de una semana entera, estoy sin fiebre, sin dolor de cuerpo, sin escupir sangre”, expresó. Aunque aseguró que se siente mejor en algunos aspectos, dejó en claro que todavía atraviesa un proceso de recuperación y que su estado respiratorio continúa siendo motivo de preocupación.
La ausencia de Carmen en el casamiento de Ghidone llamó la atención entre los invitados, ya que la conductora tenía previsto acompañar a la bailarina en una fecha especial. Sin embargo, su estado de salud le impidió asistir. Desde su casa, explicó que el cuadro la dejó muy debilitada y que incluso llegó a estar mareada, una situación que requirió una evaluación médica para determinar si era conveniente que permaneciera internada.
CARMEN BARBIERI CONTÓ POR QUÉ EVALUARON INTERNARLA
Al explicar cómo fueron los días más difíciles de la enfermedad, Carmen Barbieri reveló que los profesionales que la atendieron analizaron la posibilidad de hospitalizarla. “Estaba muy mareada pero el doctor me dijo que no me querían internar porque me podía dar otro virus y ahí de nuevo, estaría internada como dos meses”, relató. La conductora hizo referencia así al temor de volver a atravesar una internación prolongada, aunque la decisión médica dependía de la evaluación de su cuadro en ese momento.
La preocupación principal, según explicó, está relacionada con las vías respiratorias. “Estoy muy mal de los bronquios, especialmente del aparato respiratorio”, aseguró. La frase dejó en evidencia que, pese a la mejoría que registró con la desaparición de la fiebre y otros síntomas, todavía necesita cuidados y seguimiento médico para recuperarse por completo.
El relato también recordó la internación que Carmen atravesó meses atrás en la Clínica Zabala, una experiencia que vuelve a cobrar relevancia ante este nuevo episodio de salud. La conductora continúa alejada de algunas de sus actividades habituales mientras se concentra en su recuperación y sigue las indicaciones de los profesionales que la atienden.
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Carmen Barbieri
CHIMENTOS
Rodrigo Lussich confirmó el final de su dupla con Adrián Pallares en Intrusos y dio sus motivos

El conductor anunció que dejarán de trabajar juntos el 31 de diciembre y aseguró que la decisión no responde a conflictos personales (Video: Blender at night/ Blender)
Rodrigo Lussich confirmó que dejará de conducir Intrusos (América TV) junto a Adrián Pallares desde el 31 de diciembre, cuando concluirá la dupla que ambos integran al frente del ciclo. El periodista sostuvo que el cambio no responde a un conflicto personal y explicó que la definición parte de una decisión del canal, en un contexto en el que busca desarrollar proyectos individuales.
La confirmación llegó durante una entrevista en Blender at Night, el ciclo del canal de streaming Blender conducido por José María Listorti, donde Lussich habló sobre sus expectativas laborales para 2027 y se refirió a las versiones que circulaban sobre el futuro de Intrusos. Sin precisar quién seguirá al frente del programa, aclaró que todavía no cuenta con información sobre la continuidad de cada integrante.
“Nosotros como dupla terminamos el 31 de diciembre con Adrián”, afirmó el conductor. Luego remarcó que la decisión no fue tomada de manera conjunta por él y Pallares: “No sé quién no sigue en Intrusos. No es una decisión nuestra, es una decisión del canal”. Rodrigo Lussich y Adrián Pallares asumieron la conducción de Intrusos en 2021, luego de la salida de Jorge Rial. En aquella etapa, estuvieron al frente del ciclo durante 2021 y 2022, hasta que el programa atravesó nuevas modificaciones.
Ambos volvieron a conducir el envío en 2025 y permanecerán juntos hasta el cierre de este año. Su salida como dupla coincide con una etapa de incertidumbre sobre el formato que tendrá el histórico programa de espectáculos en la próxima temporada.
En las últimas semanas, también habían surgido versiones sobre una posible llegada de Moria Casán a la conducción. Sin embargo, esa alternativa quedó descartada, ya que la actriz y conductora continuará con su programa en Eltrece.

Lussich, por su parte, evitó dar definiciones sobre quién ocupará el lugar que dejará la dupla en Intrusos. El periodista tampoco detalló si él o Pallares mantendrán un vínculo laboral con América TV una vez que finalice el año. Ante las especulaciones que suelen acompañar los cambios de conducción en televisión, Lussich insistió en que el final de la dupla no tiene relación con un deterioro de su vínculo con Pallares.
“Nunca nos peleamos con Adrián”, señaló. El conductor admitió que existieron discusiones vinculadas al trabajo, aunque las definió como situaciones puntuales y aseguró que siempre pudieron resolverlas fuera de cámara. “Hemos tenido discusiones, carajeos, pocos te diría. Con una mano los puedo contar y por cosas del laburo”, sostuvo. Según explicó, las diferencias no se trasladaron al aire ni derivaron en un quiebre entre ambos.

Lussich también contó que, cuando hubo intercambios más tensos, ocurrieron en espacios privados. “Nunca nos peleamos en un camarín. Nos hemos peleado dentro del auto mío, de él, con las ventanillas levantadas, pero discutido; peleados, peleados, nunca estuvimos”, relató.
Aunque atribuyó el cierre de la dupla a una decisión de América TV, Lussich expresó que también siente la necesidad de asumir una conducción en solitario. “Es una necesidad mía de conducir solo”, dijo al referirse a la etapa que proyecta para el próximo año.
El periodista sostuvo que Pallares respeta su postura, aunque interpretó que su compañero podría haber preferido mantener el esquema actual. “Yo termino la dupla el 31 de diciembre. Adrián me respeta y respeta mi decisión, pero me parece que si fuera por él, seguiría como estamos”, manifestó.

La declaración dejó en claro que el final del trabajo compartido no implica un distanciamiento personal. Ambos continuarán sus recorridos profesionales por separado, a la espera de que el canal defina cómo quedará conformada la conducción de Intrusos.
Durante la charla, el conductor también puso en duda que vuelva a encabezar un ciclo dedicado al mundo del espectáculo. Para Lussich, Intrusos representa el punto más alto dentro de ese formato televisivo.
“Seguramente no voy a hacer otro programa de chimentos”, afirmó. Luego argumentó que, después de conducir el histórico ciclo, no encuentra otro espacio que represente un desafío similar dentro del género: “Después de Intrusos, ¿qué hay más arriba? No hay nada, es la insignia”.

De todos modos, Lussich aclaró que sigue disfrutando de su trabajo en el programa y valoró la dinámica cotidiana con el equipo. “Intrusos particularmente es un programa que me gusta mucho hacer. Quiero mucho a la gente que trabaja ahí, a los chicos, a los productores, al equipo”, expresó.
También destacó su experiencia dentro de América TV. “Me gusta mucho trabajar en América, es un canal en el que se trabaja lindo, cómodo. Nosotros vamos a trabajar por separado a partir del año que viene”, agregó.
Consultado por sus próximos pasos, Lussich mencionó que le gustaría realizar un espectáculo teatral de humor con elementos de stand up político. El conductor aclaró que no tiene decidido si buscará un programa centrado exclusivamente en la actualidad política.

“Me gustaría hacer el año que viene un espectáculo de teatro de humor, de stand up político. Pero no sé si haría un programa periodístico de política, trataría de no encorsetarme tanto”, explicó.
Además, respondió a las versiones sobre un posible desembarco en C5N. “Por lo menos por ahora no voy a C5N, probablemente el año que viene…”, dijo, sin confirmar un acuerdo con la señal.
Por ahora, la única certeza es que Lussich y Pallares finalizarán su dupla el 31 de diciembre. América TV todavía no comunicó cuál será la estructura de Intrusos en 2027 ni los proyectos que asumirán sus actuales conductores.
CHIMENTOS
Cathy Fulop conmovió a Oriana Sabatini con una carta sobre su infancia, sus errores y una confesión demoledora

Cathy Fulop protagonizó uno de los momentos más emotivos de La Peña de Morfi, el ciclo de Telefe, al dedicarle una carta cargada de amor y reflexión a su hija Oriana Sabatini. A través de un video, la actriz venezolana le habló desde el corazón y recordó cómo vivió la maternidad, ahora que su hija también transita esa experiencia junto a su beba, Gia. Sus palabras estuvieron atravesadas por la emoción, los recuerdos y una confesión que resumió sus sentimientos como mamá: “No sé si hice las cosas bien”.
“Espero que esta carta la puedas guardar en tu corazón. Tú naciste de nuestro amor y esa es la palabra que te define, Ori, es amor”, expresó la conductora al comienzo del mensaje. Con esa frase, eligió poner el foco en el vínculo que construyeron desde el nacimiento de Oriana y en el deseo que la acompañó durante toda su crianza: que su hija creciera como una persona sensible, capaz de ponerse en el lugar de los demás.
“Desde que te tuve en mis brazos, quería que fueras una buena persona, sensible y con la capacidad de empatizar con el mundo”, recordó. La actriz repasó así una de las principales enseñanzas que intentó transmitirle a Oriana, en una carta que tomó un significado especial desde que la joven se convirtió en mamá. Verla al cuidado de Gia le permitió a Cathy volver sobre sus propios recuerdos y mirar su historia familiar desde una nueva perspectiva.
El momento más conmovedor llegó cuando habló de esa conexión entre madre e hija que vuelve a hacerse presente con la llegada de una nueva generación. “Hoy al verte con Gia, me hace acordar mis momentos con vos conectadas con ese hilo de amor que todo bebé tiene con su mamá. Sé que hay momentos en que sientes que no puedes más y sin embargo, se sigue adelante. Me emociona hasta las lágrimas porque me hace viajar en el tiempo”, dijo, conmovida por la posibilidad de ver a Sabatini atravesar una etapa que ella conoce muy bien.
EL MENSAJE DE CATHY FULOP SOBRE LA NUEVA ETAPA QUE ATRAVIESAN CON ORIANA SABATINI
En otro tramo de la carta, Cathy Fulop reconoció que su camino como madre también estuvo marcado por las dudas, los miedos y las equivocaciones. Lejos de presentarse como una mamá perfecta, habló desde la experiencia y le transmitió a su hija que cada familia construye su propia historia, con aprendizajes que llegan con el paso del tiempo. “Seguramente con mis aciertos, mis errores, mis miedos”, expresó, al reflexionar sobre todo lo que vivió durante la crianza de Oriana.
La actriz también destacó que la maternidad puede permitir comprender situaciones del pasado desde otro lugar. “Seguramente ahora puedas comprender muchas cosas, al verte cuidar a Gia siento una parte de la mamá que fui y que vuelve a vivir… Recuerda que no tienes que ser perfecta, tienes que construir con amor y paciencia”, le dijo. El mensaje apuntó a aliviar las exigencias que muchas veces pesan sobre las madres y a recordarle a su hija que no necesita tener todas las respuestas para criar.
La frase más fuerte de la carta llegó cuando Cathy puso en palabras una de las preguntas que pueden acompañar a cualquier madre al mirar hacia atrás. “Nunca te olvides, eres fuerte, valiente y más maravillosa de lo que puedas imaginar. No sé si hice las cosas bien pero parte de mi respuesta está en ti, verte cuidar a tu familia me llena de gratitud”, manifestó. Para ella, observar a Oriana construir su propia familia también es una manera de reconocer lo que sembró durante tantos años.
Finalmente, la actriz cerró el mensaje con una declaración de amor y agradecimiento por el vínculo que las une. “La vida me regaló el privilegio de ser tu mamá, gracias bebita por elegirme, enseñarme tanto y convertir mi corazón en el de una abuela profundamente feliz. Te amo hijita”, concluyó. La carta dejó una de las postales más sensibles de La Peña de Morfi: una madre que, al ver crecer a su hija y convertirse en mamá, encontró en Gia una nueva forma de revivir el amor que las une.
Cathy Fulop, Oriana Sabatini+
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