ECONOMIA
Novena caída consecutiva en la recaudación impositiva, pero el IVA da señales de recuperación

A esta altura ya no es sorpresa para nadie: otra vez la recaudación impositiva cayó en términos reales -es decir, restando la inflación- en la comparación interanual. Abril marcó una merma de 3,7% en comparación con el mismo mes de 2025, y ya van nueve meses consecutivos de caída.
Los críticos del programa económico suelen señalar este dato como una prueba de que el equilibrio de las cuentas fiscales -el pilar de la gestión Milei- se encuentra en peligro y que cada vez habrá mayor necesidad de «motosierra» para compensar los menores ingresos por cobro de impuestos.
Pero, del otro lado del mostrador, la caída en la caja de ARCA es una situación que el propio gobierno intenta dar como obvia, dado que el principal rubro de caída fue el de la recaudación por impuestos al comercio exterior.
La explicación oficial es que hace un año, al regir el incentivo exportador para el campo, hubo un gran volumen vendido, y eso hace que en la comparación interanual ahora se note una caída. Además, por la política de apertura comercial, también hubo una menor entrada por aranceles.
Las cifras son elocuentes al respecto: el año pasado, las retenciones a la exportación más lo aranceles sumaban el 8,5% del total de la «torta» tributaria, mientras ahora sólo aportan un 6,6%.
De todas formas, el gran movimiento que se está constatando en la zona portuaria de Rosario, epicentro del complejo sojero del país, hace suponer que en los próximos meses las retenciones dejarán una mejora en la caja de ARCA. En los últimos días llegó a contarse más de 15.000 camiones por jornada, una cifra que más que triplica los días de movimiento intenso del año pasado.
Una luz en el túnel del IVA
El dato más positivo en la recaudación de abril es una recuperación del IVA, el impuesto por excelencia vinculado con el comercio y la producción. Todavía sigue siendo negativo en la comparación interanual, pero la caída fue de apenas 1%, casi a tono con la inflación, a diferencia de lo que se había visto en los meses anteriores.
En otras palabras, las cifras del IVA comercial -sin considerar de comercio exterior que se cobra en la Aduana- podría estar indicando una incipiente recuperación del consumo. Una situación que va en línea con la reivindicación que se hace desde el gobierno en el sentido de que ya se está notando una recuperación, después del bajón de la actividad ocurrido en el verano.
La mayoría de los consultores que hacen relevamientos propios de precios estiman que el IPC de abril estuvo en torno de 2,4%, una mejora notoria después del impactante 3,4% de marzo. Se quebraría así una saga de 10 meses con inflación en alza. Y la expectativa es que en los próximos meses se consolide la tendencia desinflacionaria.
El IVA es uno de los motores de la recaudación, con un 34% del total recaudado. Si bien en los momentos de inflación alta registra subas nominales -porque está vinculado a los precios-, suele reflejar una caída en consonancia con las caídas reales de salario. En las últimas semanas hubo firmas de convenios por parte de los gremios más numerosos, lo que podría implicar una recuperación en el consumo, con la correspondiente suba en el aporte del IVA al fisco.
La otra mejora notoria en la recaudación de abril es la del impuesto a los combustibles, una consecuencia natural de las subas de precios, por el impacto del encarecimiento del petróleo en el mercado internacional.
Con una suba nominal de 74%, este impuesto tuvo un crecimiento real de 31,8%, lo que lo está transformando en uno de los rubros de mayor aporte a la caja fiscal. El gobierno ha manejado el tema con cautela, por temor a un contagio del costo de transporte a los precios y, por consiguiente, está realizando de manera gradual el ajuste de la alícuota.
Caja de la Anses sigue «flaca»
En contraste con los datos auspiciosos que llegan del IVA, no hay buenas noticias en los tributos asociados a la seguridad social, lo cual podría interpretarse como el impacto que la apertura comercial está teniendo sobre el empleo industrial, y la dificultad para la creación de puestos de trabajo en el segmento formal.
Es así que el sistema de seguridad social apenas tuvo una mejora nominal de 26.6% en un año. Cuando se lo compara con la inflación de 32,1, esto implica una caída real de 4%. Esto implica un agravamiento respecto de lo que se venía registrando en los últimos meses en la caja de la Anses.
Los analistas creen que será difícil ver una recuperación en este rubro. Ocurre que, además de la dificultad para que la pérdida de empleo en blanco sea compensada por nuevas tomas de personal, también tendrá su efecto la nueva legislación laboral.
El nuevo marco normativo -cuya vigencia acaba de recibir una confirmación judicial con el fallo de la Cámara de Apelaciones en lo Contencioso Administrativo y deja sin efecto la cautelar planteada por la CGT– implica una disminución en el monto de los aportes patronales, que irán a la conformación de un Fondo de Asistencia Laboral.
Ese instrumento tendrá la función de financiar a los empresarios con dificultades para pagar indemnizaciones por despido. Pero, además, cumplirá una función importante en el plano fiscal, porque el propio ministro Luis Caputo aseguró que una porción del dinero que constituya ese fondo será destinada a la compra de bonos emitidos por el Tesoro.
Sigue la motosierra
La conclusión de la recaudación de abril es que, a pesar de algunos datos que permiten suponer una mejora, todavía el gobierno sigue dependiendo de profundizar el recorte del gasto público para no poner en riesgo su objetivo de superávit fiscal primario.
En marzo pasado, Caputo destacó que durante el primer trimestre hubo una reducción real de 5% en el gasto. Pero se trata de una política cada vez más difícil de sostener, porque una vez realizado el primer gran recorte sobre la base de «licuación inflacionaria» y del recorte a la nómina del gasto público, lo que queda es un gasto más rígido a la baja y el ahorro depende de una mayor «sintonía fina».
Para colmo, el principal componente del gasto, el pago de jubilaciones y pensiones, que asciende a casi la mitad del presupuesto total, viene creciendo por el propio efecto inflacionario: en marzo, la masa jubilatoria recibió un aumento nominal de 2,9% -el IPC de enero-.
Esto implica que, en los próximos meses, por lo menos hasta junio, las jubilaciones seguirán variando por encima de la inflación -y muy probablemente por encima de los ingresos tributarios-. Dado el «delay» con el que se aplica el ajuste indexatorio, el 3,4% del IPC de marzo recién se hará sentir en las jubilaciones de mayo.
Pero, además, hay economistas críticos que sostienen que el resultado fiscal ya estaría en terreno negativo si el gobierno aplicara los desembolsos pendientes, y por los cuales tuvo fallos en contra a nivel judicial. Es, entre otros, el caso de la ley de financiamiento universitario, cuya legitimidad fue confirmada por un fallo de cámara tras la apelación del gobierno. Hablando en plata, ponerse al día con ese pago supondría desembolsar el triple del superávit primario obtenido en marzo.
El gobierno tuvo un alivio al renegociar con el Fondo Monetario Internacional una meta de superávit de 1,4% del PBI para este año. En la revisión anterior, realizada en octubre, se había planteado un objetivo de 2,2%, pero en vista del impacto generado por el conflicto en Medio Oriente, el FMI recalculó a la baja la mayoría de las metas de crecimiento previstas en la región.
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ECONOMIA
Brasil llega a las elecciones del domingo con una paradoja que desvela a analistas e inversores

El Estado brasileño arrastra déficits fiscal persistentes y una deuda que se acerca al tamaño de toda su economía

El equipo de Lula defiende hoy un ajuste gradual para preservar las políticas sociales

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ECONOMIA
¿Por qué cae el salario real pese al dólar más barato? La principal razón de la estanflación

Para comprender este fenómeno poco habitual, se identifican dos períodos similares de la economía argentina donde los precios internacionales subieron significativamente: 2007 y 2021-22


Los altos precios internacionales no ampliaron el margen fiscal

Si bien compró reservas y le puso un piso al tipo de cambio nominal, el dólar multilateral se abarató un 15% real desde noviembre de 2025

La situación del ingreso disponible de las familias se vio agravada por partida doble: el aumento de la participación del pago de servicios regulados en el presupuesto de los hogares y el incremento de la carga de servicios financieros

La pérdida local de motores del crecimiento se vio agudizada por el shock internacional
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ECONOMIA
Brasil: sin margen fiscal

Brasil llega a las elecciones presidenciales con una incipiente crisis fiscal que promete ser uno de los principales desafíos para el próximo gobierno. Después de casi cuatro años de gestión de Lula, el déficit consolidado de las finanzas públicas se aproxima al 10% del PBI, según los datos del Banco Central de Brasil.
El deterioro es evidente frente al déficit de 4% que dejó Bolsonaro en 2022, aún después de la pandemia.
Parte del deterioro de los últimos años se explica por el resultado primario. Lula recibió una economía que llevaba más de un año registrando superávit primario. Pero desde inicios de su gestión, lo revirtió y este año apunta a un déficit de 0,7% del PBI.

Pero el principal factor de presión sobre las cuentas públicas está en los intereses de la deuda.
Brasil enfrenta una combinación de elevado endeudamiento con altas tasas de interés en moneda local, catapultando la carga de intereses de la deuda pública.

La tasa de interés sobre la deuda local supera actualmente el 14% anual, un nivel similar al observado durante los últimos meses del gobierno de Dilma Rousseff, antes de su impeachment. Pero esta vez, con una inflación cercana al 4%, la tasa de interés real se ubica alrededor del 10 por ciento.

Esta combinación tiene un impacto directo sobre la dinámica fiscal.
El pago de intereses alcanza actualmente casi 9% del PBI y constituye una de las principales fuentes del déficit.

Según los últimos datos oficiales, correspondientes a 2024, los intereses de la deuda se convirtieron en el segundo mayor componente del gasto público brasileño, por encima del gasto destinado a educación, salud, seguridad y defensa.

La deuda pública
El persistente déficit fiscal también se refleja en la evolución del endeudamiento público.
En 2013, la deuda pública era equivalente a 60% del PBI, hoy llega al 100% del PBI.

La casi totalidad de la deuda pública de Brasil es en moneda local (96,3 por ciento).
Medida en dólares, la deuda ronda los USD 1,8 billones (1,8 billones). De ese total, aproximadamente una quinta parte vence durante los próximos doce meses.
Lula recibió una economía que llevaba más de un año registrando superávit primario. Pero desde inicios de su gestión lo revirtió
El próximo presidente asumirá con unos USD 360.000 millones de deuda que deberán ser refinanciados durante su primer año de gestión.

A este cuadro se suma un problema adicional: la deuda pública ya empieza a ser una carga para la economía y se refleja en la desaceleración del crecimiento económico. Pese al buen desempeño de las materias primas agrícolas y de los precios de la energía, el crecimiento del PBI de Brasil se ubica en su menor nivel de los últimos cinco años.
El crecimiento del PBI de Brasil se ubica en su menor nivel de los últimos cinco años
Esto agrega presión a una dinámica de deuda/PBI ya deteriorada. El desafío del próximo gobierno, por lo tanto, será doble: corregir el resultado fiscal y, al mismo tiempo, relanzar la tasa de crecimiento.

El real en juego
El equilibrio cambiario luce cada vez más frágil y pone al real en zona de riesgo. La estrategia del Banco Central de sostener tasas de interés reales en torno al 10% ha funcionado hasta ahora como un dique de contención: garantiza el apetito por los títulos en moneda local y ancla transitoriamente la cotización de la divisa.
Pero a estos niveles la tasa Selic del Banco Central sirve más para sostener el carry y retener los capitales que para frenar la inflación. El costo lo paga el Tesoro.
La estrategia del Banco Central de sostener tasas de interés reales en torno al 10% ha funcionado hasta ahora como un dique de contención
Cerca de la mitad de la deuda pública interna está indexada a la Selic, y el resto se renueva en plazos cortos, de modo que la tasa que fija el Banco Central termina siendo, en los hechos, la tasa de la deuda.

Pero el costo es creciente, la carga de intereses ya es 10% del PBI y acelera la dinámica explosiva de la deuda pública, ya en el 100% del PBI. Es una trampa clásica de tasa: el Banco Central sube la tasa para estabilizar el mercado cambiario, pero la mayor carga de intereses aumenta el déficit fiscal, reiniciando el ciclo que pide más tasa.
El Gobierno puede insistir, pero todo carry tiene un límite y lo decide el mercado.

Los amortiguadores
Hasta ahora la economía pudo contar con dos grandes colchones para mantener bajo el riesgo país:
- Las reservas internacionales que se mantienen estables en torno a los USD 360.000 millones. Sus oscilaciones de los últimos años respondieron sobre todo a efectos de valuación: más de un cuarto de las reservas está invertido en otras monedas o en oro, de modo que el precio del metal y los movimientos del dólar mueven el stock sin que entre ni salga un solo dólar.
- En 2022 la caída del precio de los Tesoros.
La única venta significativa de reservas fue a fines de 2024, cuando el Banco Central volcó miles de millones de dólares al mercado para frenar una crisis de confianza en el real.

Segundo, el saldo comercial que apunta a cerrar el año cerca de los USD 87.000 millones, el segundo más alto de la serie después del récord de 2023. Lo explican sobre todo los mayores precios internacionales de las materias primas.

El desafío para el próximo ciclo presidencial
El margen de maniobra para la próxima administración no es elevado. A pesar de las cuantiosas reservas y del saldo comercial, pretender aliviar la carga de intereses recortando la tasa de referencia sin implementar antes un ajuste fiscal desataría una salida inmediata del carry trade local.
Sin ancla fiscal ni premio por tasa, la demanda de deuda soberana caería en picada y trasladaría toda la presión sobre el tipo de cambio, materializando una devaluación del real que reavivaría el frente inflacionario.
Difícilmente haya margen para seguir procrastinando un ajuste fiscal que permita bajar la tasa de interés sin poner en riesgo la estabilidad cambiaria
Difícilmente haya margen para seguir procrastinando un ajuste fiscal que permita bajar la tasa de interés sin poner en riesgo la estabilidad cambiaria.
Con un déficit fiscal de 10% del PBI, un stock de deuda llegando a 100% del PBI y una economía que se estanca ante elevadas tasas de interés, la dinámica de las cuentas del Estado será el principal desafío que enfrentará quien gane las elecciones. La salud de la moneda estará en juego.
Los autores son máster en Economía de la Universidad de Tilburg, en Holanda, y en Management de la Universidad Luiss, Italia, y director de la consultora Econométrica, respectivamente
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