ECONOMIA
Por qué volvió a subir el riesgo país, pese a la mejora de la calificación de la deuda argentina

Tras acercarse a los 400 puntos básicos a principios de la semana, el riesgo país revirtió la tendencia bajista, quedó al borde de las 440 unidades y no logró escapar a la volatilidad mundial que se acrecentó en las últimas jornadas por el recrudecimiento del conflicto en Medio Oriente.
Si bien la Argentina recibió noticias positivas como la mejora en la calificación de la deuda soberana por parte de Moody’s y la aprobación de garantías por USD 250 millones de la CAF – Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe-, el deterioro del contexto internacional por las hostilidades en el Golfo Pérsico barrió con el aumento de las cotizaciones de los títulos argentinos.
El índice, elaborado por JP Morgan, experimentó una suba semanal de 20 unidades y cerró en 437 puntos. La variable en cuestión calcula la probabilidad de que una nación no pague sus obligaciones en moneda extranjera. Se expresa en puntos básicos y representa la brecha entre el rendimiento de los bonos soberanos de ese país y los bonos del Tesoro de Estados Unidos, considerados libres de riesgo. Un valor elevado indica mayores dudas sobre la capacidad de pago del país y suele dificultar el acceso al financiamiento y las inversiones.
La semana pasada, el indicador había tocado un mínimo desde abril de 2018 al ubicarse en los 403 enteros. Sin embargo, el agravamiento de la guerra entre Estados Unidos e Irán, sumado a la caída de las bolsas de Wall Street por un mal desempeño de las acciones de las principales empresas tecnológicas del mundo, potenciaron la aversión de los inversores y derivaron en una caída de las cotizaciones de los bonos argentinos.
En paralelo, el barril de petróleo volvió a superar los USD 100 por barril. Este viernes registraron una baja cercana al 3%, aunque se mantienen encaminados a cerrar la semana con un saldo positivo, impulsados por la inquietud ante posibles interrupciones en el suministro energético en el Mar Rojo y la posibilidad de una escalada en el conflicto en el Golfo Pérsico.
El Brent del Mar del Norte, con entrega en septiembre, retrocedía 3,04 dólares, equivalente a un 3%, hasta ubicarse en USD 97,65 por barril. En la jornada anterior, el precio superó la barrera de los USD 100 por primera vez desde mayo, luego de que los hutíes, aliados de Irán, afirmaron haber atacado dos buques petroleros saudíes en el Mar Rojo. Pese a la caída de hoy, el contrato apunta a un avance semanal cercano al 9 por ciento.
Un informe de GMA Capital remarcó que la mejora de la nota soberana por parte de Moody´s “fue uno de los hechos más relevantes de la semana”. La agencia subió la calificación de largo plazo desde Caa1 a B3, igualando los recientes ajustes realizados por Fitch y S&P Ratings. A diferencia de esas agencias, Moody’s sostuvo su perspectiva positiva, lo que podría habilitar futuras mejoras en la nota crediticia en un plazo de entre seis y veinticuatro meses.
“La reacción del mercado fue inmediata. En la rueda posterior al anuncio, el riesgo país cayó 11 puntos básicos, hasta 410 pbs, mientras que el Merval avanzó 3% medido en dólares. Al mismo tiempo, el tipo de cambio revirtió parte de la suba acumulada en las jornadas previas: retrocedió 0,2%, hasta $ 1.478, y luego se estabilizó en torno a ese nivel”, detallaron desde la ALyC.

No obstante, los analistas destacaron que el impulso fue transitorio ya que el deterioro del escenario global “terminó revirtiendo gran parte de la reacción inicial del mercado: el riesgo país volvió a ubicarse en torno a 440 pbs, mientras que el tipo de cambio recuperó las bajas posteriores al anuncio y cerró la semana con una suba de 0,2%”.
“La mejora de la calificación no alcanzó para desacoplar la deuda argentina de la dinámica internacional. No obstante, en la medida en que el proceso de estabilización macroeconómica continúe, una mejor calificación podría ampliar el universo de inversores con capacidad de comprar estos activos y favorecer una compresión adicional de spreads”, sumaron.
Más allá de las noticias de Moody’s y la CAF, el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) correspondiente a mayo arrojó la segunda caída intermensual seguida: 0,5 por ciento. A pesar de que la actividad económica mostró una variación interanual positiva de 0,2%, encadenó dos bajas consecutivas y profundiza la dinámica “en serrucho”: avances y retrocesos alternados, sin un crecimiento consolidado.
Reducir el riesgo país resulta clave para el gobierno de Javier Milei porque es una condición necesaria para recuperar el acceso a los mercados internacionales de crédito, cerrados para la Argentina desde 2018.
Para que esto ocurra, el indicador debería ubicarse por debajo de los 400 puntos, e idealmente perforar el umbral de los 300 puntos. Solo en ese escenario sería factible que el país vuelva a financiarse en el exterior a tasas que el equipo económico considere razonables. Si se emitiera un bono en el exterior con los niveles actuales, rondaría el 9% anual, una tasa demasiado elevada bajo la consideración de la administración libertaria.
Aunque el programa financiero oficial está diseñado para cubrir los compromisos de deuda hasta fines de 2027 mediante alternativas que no incluyen la búsqueda de fondos en plazas internacionales (salvo por las garantías de organismos multilaterales), la compresión del riesgo país permitiría reducir considerablemente el costo del endeudamiento externo. Esto ampliaría el margen de maniobra ante eventuales imprevistos y abriría la puerta a nuevas fuentes de financiamiento de cara al proceso electoral del año que viene.
ECONOMIA
Un dato clave de la balanza comercial anticipa que la industria nacional seguirá estancada

El difícil panorama de la industria manufacturera, que viene recortando su nivel de producción un 5,6% interanual según el último dato EMAE correspondiente a mayo, podría mantenerse e incluso agravarse, a juzgar por los datos de la importación de maquinaria.
Es el «lado oscuro» de la euforia que vive el Gobierno ante el saldo comercial récord: el holgado flujo de dólares no sólo se explica por el boom exportador del agro y el petróleo, sino también por el desplome en la importación. Y este punto es algo que los economistas suelen asociar con la recesión.
Es así que en junio se volvió a constatar una caída en la compra de bienes de capital y de piezas y accesorios. En el primer caso, la merma interanual fue de 8%, y en el segundo, de 9,4%.
Es, a esta altura, la tónica del año, en coincidencia con un bajo uso de la capacidad instalada en las fábricas -un 58% de promedio, con casos particularmente graves como la rama metalmecánica con 38%, la del plástico con 39% y la textil con 42%-.
Y las señales no son alentadoras. De hecho, relevamientos de economistas independientes, como la fundación FIEL, anticiparon que la producción industrial de junio volvió a caer un 1,7% respecto del mes previo. Los números rojos se dan en casi todas las ramas industriales, a excepción de la petrolera, la de metales básicos y la alimenticia.
La industria no compra insumos y anticipan que seguirá estancada
Tras el EMAE de mayo, muchos economistas siguen revisando a la baja los pronósticos de crecimiento de la economía. La última encuesta REM del Banco Central marcó expectativas de 3% de crecimiento, contra un 3,5% que se estimaba en diciembre. También el Fondo Monetario Internacional corrigió su previsión a la baja, desde un 4% a un 3%.
Y, no por casualidad, estas previsiones van en línea con una expectativa de caída de las importaciones: mientras a inicio de año los economistas preveían que el país compraría mercadería por u$s80.700 millones, ahora se espera que lo que pase por la Aduana no supere los u$s76.400 millones.
Pero la situación es peor de lo que muestran los números, porque mientras la importación de insumos para la industria sigue estancada, la única parte que se muestra dinámica es la de automóviles y productos de consumo final, que ya representan más del 20% del total importado en el año. Es por eso que ocurre el contraste entre las noticias sobre el desplome importador, al tiempo que se baten récords de compras «puerta a puerta» por servicios online como Shein o Temu.
En las últimas estadísticas de comercio exterior, hubo situaciones estacionales que «inflaron» las cifras de importación. En particular, el frío invernal hizo que fuera necesario importar combustibles, como el gas licuado de petróleo, por u$s794 millones. Pero, a diferencia de lo que ocurría hasta hace pocos años, cuando el país todavía era un importador neto de energía, ahora esa compra no es la norma sino la excepción.
Hablando en números, si no fuera por esa compra no habitual de gas, el saldo comercial de junio se habría ubicado cerca de los u$s3.000 millones, y las importaciones totales del mes no habrían superado los u$s6.000 millones.
Importación en el tobogán
Si bien un amplio superávit comercial tiene, a primera vista, una connotación positiva -dado que ayuda a equilibrar la cuenta corriente y ahuyenta el temor a un default de la deuda-, también deja en evidencia la nueva realidad de una economía con sectores ganadores y perdedores.
Una regla generalmente aceptada por los economistas es que, en Argentina, para que el PBI crezca un punto, se necesita que las importaciones suban 3%, dada la dependencia del sector industrial y del agro por insumos y maquinaria importada.
Tomando en cuenta ese dato, los indicadores estarían marcando una situación preocupante: los u$s35.531 millones que se importaron durante el primer semestre del año implican una caída de 4% respecto del año pasado.
Al comienzo, la explicación que se daba para explicar esa caída era que, como en los meses previos a la elección legislativa de octubre se había generado una expectativa devaluatoria, se habían concretado importaciones «por las dudas» cuyo objetivo era acumular stock aprovechando un tipo de cambio que se percibía bajo.
Sin embargo, ese argumento, que era entendible en el momento inmediatamente posterior a la elección, ya va perdiendo fuerza nueve meses después de realizada la elección. Tanto que los economistas creen que el bajón importador no es un accidente sino una tendencia estable en la economía.
A esta altura, la mayoría de las consultoras atribuyen el rezago industrial a un problema de caída en el consumo, más que a dificultades de competitividad.
¿Adiós restricción externa?
A diferencia de lo ocurrido en otras crisis de la industria, ahora no hay restricciones en el acceso a las divisas. Aunque claro, sigue vigente el debate sobre el atraso cambiario: después de todo, el tipo de cambio apenas subió un 2% en el primer semestre, mientras que la inflación acumulada en el período fue de 16,8%.
Pero el gobierno se defiende con el argumento de que ya no puede hablarse de atraso cambiario y que, precisamente, el boom exportador es la principal prueba en ese sentido. En realidad, la discusión es más de fondo, porque para el gobierno y sus economistas afines, se está produciendo un cambio de modelo, en el cual ya no rige el clásico problema de la «restricción externa».
La clave de ese cambio es Vaca Muerta, con su boom productivo que, según la proyección de Toto Caputo, hace que en pocos años el petróleo y el gas le disputen al campo el liderazgo de las exportaciones.
De esta manera, los economistas empiezan a ver algo inusual: pese a que haya ramas de la industria que sufran por problemas de competitividad, ya eso no es el sinónimo de déficit en la cuenta corriente ni de inestabilidad en el tipo de cambio. Por consiguiente, hay predicciones en el sentido de que ya no se producirán los tradicionales ciclos del «stop and go», que justificaban los planteos de regulaciones cambiarias, cuya máxima expresión se produjo en el «cepo» de la era kirchnerista.
En definitiva, el nuevo panorama hace que un dólar de $1.490 no implique una presión en el que todos los importadores salgan corriendo a acumular stock por temor a una devaluación inminente.
Es una situación que tiene un costado positivo -se atenúa el temor a las corridas cambiarias- pero también trae nuevos temores. Por ejemplo, que se instale la llamada «enfermedad holandesa», como denominan los economistas a la situación en que se da un equilibrio de tipo de cambio bajo, que no permite competir a la industria y genera alto desempleo.
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ECONOMIA
El recrudecimiento del conflicto entre EE.UU. e Irán amenaza con presionar al dólar en Argentina

Las dinámicas de los acontecimientos internacionales están afectando a nuestro mercado. La guerra entre Estados Unidos e Irán ha tomado una dinámica perversa y poco alentadora para el proceso de toma de decisiones. Primero estuvo el conflicto bélico, luego el ultimátum para acordar un cese del fuego, después un acuerdo que no traza una ruta clara de entendimiento y, finalmente, los incumplimientos, con lo cual se cae el cese del fuego y vuelve el conflicto armado.
En esta dinámica, que se repite n veces, pasamos del petróleo en u$s70 a u$s120, bajó a u$s70 y ahora se ubica en u$s100 el barril. Casi una montaña rusa que cambia el patrón de comportamiento de la economía en el mercado.
El daño colateral que genera esta suba en el precio del petróleo es un aumento en los combustibles que incide en los precios de los productos finales. Quien puede trasladar este costo no tiene problemas; quien no los puede trasladar porque el mercado no convalida mayores precios, lo paga con menos rentabilidad.
En este contexto, el mundo va a un escenario de menor crecimiento con un aumento de precios en la economía. Esto impacta en la tasa de interés que, sumada a la menor rentabilidad de las empresas, retroalimenta un escenario de menor actividad económica. La menor actividad económica genera menos ingresos fiscales y, como el gasto en el mundo es muchas veces inflexible a la baja (salvo en Argentina), los países tienen más déficit fiscal. Cuando salen a buscar este financiamiento están obligados a pagar tasas más altas, lo que complica el escenario para los Estados y los particulares.
Por otro lado, el mundo vive una transformación tecnológica con el avance de la Inteligencia Artificial. Necesitan inversión y, como las empresas tecnológicas no logran flujos de fondos libres de caja, la inversión la deben realizar emitiendo acciones o bien solicitando nuevo financiamiento, lo que demanda más dólares en el mercado y precipita una mayor suba de la tasa de interés. Todo esto contribuye a un escenario de incertidumbre.
¿Cómo se resuelve todo este conflicto? Tratando de terminar con la guerra, habilitando todos los pasos del mundo que están bloqueados o amenazados por ataques y permitiendo que la logística fluya para que oferta y demanda se encuentren rápidamente y los precios tomen rumbo a la baja. No queremos aburrirlos con la geopolítica, pero el estrecho de Ormuz, el mar Rojo, el mar Negro y muchos pasos en el mundo están trabados por conflictos bélicos que terminan afectando el precio de productos primarios, lo que genera un impacto negativo sobre la economía global.
Cómo la guerra sacude a la economía argentina y qué esperar del dólar
¿Cómo impacta sobre Argentina? La suba del petróleo nos beneficia como país exportador de ese producto y por la suba que genera en las materias primas agropecuarias. Sin embargo, la suba del petróleo nos impone un mayor costo de combustibles en el mercado interno, que se paga con menos actividad económica. Por otro lado, si sube la tasa en el mundo, Argentina se aleja de la posibilidad de financiarse en los mercados de deuda voluntaria. Lo mejor que nos podría pasar es que el petróleo vuelva a bajar a niveles de u$s70 y que en los próximos 90 días el combustible comience a bajar dando un respiro a los precios, permitiendo que el asalariado mejore su poder de compra.
La guerra, Argentina y el dólar
En los últimos días, una sucesión de buenas noticias impactó en el mundo financiero: Argentina fue calificada «B» por tres calificadoras, y esto impactó, a priori, en el mercado de capitales con una baja del riesgo país; luego, las turbulencias internacionales empalidecieron estos anuncios. En materia de acciones, Metrogas fue la estrella con la distribución de un importante dividendo en efectivo, mientras que en agosto se conocerá quién adquiere la empresa en un proceso que lleva adelante el Banco Citi. Las empresas petroleras volvieron a brillar porque subió el petróleo, y se volverán a apagar si baja, formando parte de la montaña rusa de los mercados globales.
El dólar en Argentina tuvo una baja motivada por grandes compras que realizó el Banco Central, pero el escenario de mayor riesgo asociado a la suba del petróleo y una actividad económica menguante podría ubicarlo por encima de $1.500 en breve. El dólar tendría que subir para copiar la evolución de la inflación. A fin de año estaba en $1.457, el combustible mostró una gran suba y los exportadores de granos pagan por debajo de la capacidad de pago a la soja; esto demora liquidaciones y cae la recaudación de derechos de exportación.
Este es un problema que se resuelve con:
- Baja de retenciones
- Baja del combustible
- Un tipo de cambio más alto
Parecería que las dos primeras opciones no están disponibles en este contexto, por lo que la suba del dólar es una opción.
La Ley de Inocencia Fiscal podría traer u$s50.000 millones al sistema
El aspecto más positivo de la semana es que llega al Congreso la reforma al proyecto de Ley de Inocencia Fiscal. Esto podría generar una lluvia de dólares: se habla de que podrían adherir contribuyentes que aporten u$s50.000 millones al sistema financiero. Si esta proyección se cumple en un 40%, me doy por satisfecho: subirían reservas y se abre, no una puerta, sino un portón para mayor financiamiento al sector productivo.
Si hay un cese del fuego entre Estados Unidos e Irán y se libera el estrecho de Ormuz, habrá más oferta de petróleo y todo puede cambiar para bien. Si el conflicto sigue escalando, estamos ante un problema serio. Lo mejor para Argentina es que el conflicto termine rápido; si eso no ocurre, habrá que repensar estrategias para morigerar el impacto de la guerra en el mercado interno. Para los inversores, lo mejor pasa por bonos en dólares (cortos, medianos o largos). Las acciones seguirán muy volátiles, recomendables solo para expertos o inversores bien asesorados.
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ECONOMIA
El Banco Central realizó una fuerte compra de dólares y supera los USD 13.000 millones en 2026

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) hilvanó 134 jornadas consecutivas con saldo comprador de divisas tras adquirir USD 345 millones este viernes. De esta manera, la autoridad monetaria superó los USD 13.000 millones comprados en lo que va de 2026.
Desde el comienzo de la cuarta etapa del programa monetario y cambiario en enero, el BCRA realizó adquisiciones por 13.101 millones de dólares. El equipo económico había fijado como objetivo anual un rango de entre USD 10.000 y USD 17.000 millones para 2026.
Entre enero y julio de 2026, la oferta de dólares aumentó gracias a las liquidaciones del sector agropecuario, energético y minero, junto con la colocación de deuda en mercados internacionales por parte de empresas y gobiernos provinciales. Estos flujos permitieron al Banco Central captar una parte considerable de los dólares disponibles.
En junio, el Banco Central decidió reducir su intervención para aliviar la presión sobre la divisa. Durante ese mes, la demanda de dólares creció y el tipo de cambio mayorista avanzó más de 5%, ubicándose por encima de la inflación por primera vez desde octubre de 2025.
En ese periodo, las compras oficiales alcanzaron los USD 1.418 millones, una cifra inferior a los USD 2.596 millones de mayo y solo superior al registro de enero, el más bajo del año. En julio, hasta ahora, las adquisiciones suman USD 1.936 millones, superando el total de junio. De hecho, esta semana sumó USD 492 millones a través de compras directas en el MLC y también mediante operaciones en bloque.
Cabe destacar que la entidad presidida por Santiago Bausili ya cumplió con el objetivo de acumulación de reservas para 2026. El primer trimestre presentó mayores dificultades debido a las necesidades de financiamiento del Ministerio de Economía.
Para sostener el ritmo de compras, la autoridad monetaria incrementó la emisión de pesos sin utilizar mecanismos de esterilización, mientras que el Tesoro absorbió parte del excedente a través de deuda en moneda local, con el propósito de mantener la estabilidad cambiaria y controlar la inflación.
En tanto, las reservas internacionales finalizaron en USD 49.183 millones, luego de un incremento diario de USD 499 millones que estuvo potenciado no solo por las compras del Central sino por la mejora en las cotizaciones de los activos que hacen al stock de la autoridad monetaria. Así, se ubicaron nuevamente en valores similares a los de principios de mes, antes del desembolso correspondiente a un importante vencimiento de deuda por 4.300 millones de dólares.
Con un volumen operado de 463,4 millones de dólares en el segmento de contado, el dólar mayorista avanzó ocho pesos, equivalente a un 0,5%, y alcanzó los $1.497, estableciendo así un nuevo máximo nominal.
Durante la última semana, el tipo de cambio oficial sumó 19 pesos, lo que representa un incremento del 1,3 por ciento. En lo que va de julio, la suba acumulada es de 15 pesos, o un 1 por ciento. “Es el aumento semana más importante desde la semana que finalizó el 19 de junio“, destacó Gustavo Quintana, operador de PR Corredores de Cambio.
En lo que va de 2026, el dólar mayorista se incrementó en 42 pesos, un 2,9%, cifra que se mantiene muy por debajo de la inflación estimada para el período, cercana al 18 por ciento.
El Banco Central definió un tope para las bandas cambiarias en $1.836,23, por lo que el tipo de cambio oficial se encuentra a 339,23 pesos, o 22,7%, por debajo de ese límite, margen que permite al BCRA continuar con compras en el mercado de contado.
El dólar para el público subió diez pesos, equivalente a 0,7%, y se ubicó en $1.520 para la venta en el Banco Nación, superando el récord anterior de $1.515 registrado el 22 de octubre durante las elecciones de medio término de 2025. En la última semana, el dólar minorista acumuló un alza de 20 pesos, o 1,3 por ciento.
El dólar blue retrocedió cinco pesos, o 0,3%, hasta los 1.545 pesos. En la última semana, esta cotización informal subió 15 pesos, equivalente a 1 por ciento. El jueves había llegado a un máximo intradiario de 1.560 pesos.
La tendencia al alza también alcanzó a los dólares financieros. El “contado con liquidación” se ubicaba cerca de los $1.600, con una suba de 0,7%, aproximándose al máximo de $1.610 del 21 de octubre del año pasado.
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