ECONOMIA
Predicciones de Goldman Sachs sobre el Mundial 2026: España, Francia y Argentina suman el 59% de probabilidades de ganarlo

EFE/ Juan Ignacio Roncoroni
El banco de inversión norteamericano Goldman Sachs también se prendió al juego de los pronósticos sobre los resultados del Mundial de Fútbol 2026 que se disputará en Estados Unidos, Canadá y México a partir del próximo jueves.
Un modelo que incluye distintas variables y fue construido por equipo liderado por el economista jefe de la institución, el alemán Jan Hatzius, proyectó que España tiene un 26% de probabilidad de ganarlo, en tanto Francia aparece con chances del 19% y la Argentina con 14 por ciento. Los tres principales candidatos reúnen así el 59% de probabilidades. Les siguen en orden de probabilidades Brasil (8%) e Inglaterra (5%), con lo que la probabilidad acumulada llega al 72 por ciento.
El ejercicio incluye la regresión estadística de 50.000 simulaciones y, por caso arrojó que para Inglaterra el desenlace más probable es ser eliminada por Brasil en cuartos de final. El modelo excluye los empates en las rondas de eliminación directa porque “quema” las simulaciones de Monte Carlo en las que ambos equipos marcan la misma cantidad de goles, mecanismo que favorece de forma mecánica al equipo con una media de gol apenas superior.
La proyección sitúa a la selección española en primer lugar tanto por su jerarquía estadística como por variables complementarias: tiene el ranking “Elo” más alto, una capacidad goleadora destacada y una secuencia inicial de partidos y probables enfrentamientos muy favorable.
REUTERS/Heiko Becker/File Photo
Una comparación simple entre los ratings Elo y la clasificación FIFA, también coloca a España como campeón y a Francia y la Argentina como segundo y tercer mayores candidatos. La mayor parte del análisis se basa en las clasificaciones Elo de las selecciones nacionales (el sistema de puntaje Elo, nombre debido a su creador, el físico húngaro-americano Arpad Elo, fue originalmente usado en el ajedrez y luego extendido a los juegos competitivos de “suma cero”) y en un modelo de regresión basado en los resultados de cada equipo ante distintos rivales a lo largo de “toda la historia de los partidos internacionales obligatorios desde 1978”.
El ranking Elo a este sábado 6 de junio asigna 2.155 para la selección española, 2.113 a la argentina, 2.062 a la francesa, 2020 a la inglesa y 1.988 a la brasileña. El Top 10 se completa con las de Portugal, Colombia, Países Bajos, Ecuador y Alemania. Ese ranking computa, para la selección de fútbol argentina, un total de 1.109 partidos disputados, de los que ganó 610, empató 271 y perdió 228. Entre todos ellos, convirtió 2.112 y recibió 1.136 goles.
Goldman Sachs integró a sus análisis cuatro variables: talento goleador, impulso, mentalidad y geografía. En el apartado de la mentalidad, notó sobre la selección argentina: “Encontramos que los campeones mundiales vigentes suelen rendir por debajo de lo esperado, mientras que los equipos que juegan su primer Mundial suelen rendir por encima, y que es más difícil marcarle a los equipos europeos, en igualdad de condiciones. Además, las grandes naciones futbolísticas suelen recibir un impulso en los Mundiales, con la notable excepción de Inglaterra”. Ese “bajón del campeón” conspira, en el modelo, contra las probabilidades de la Argentina. Ese “bajón” es una característica observada en los Mundiales de las últimas dos décadas: la tendencia estadística a obtener malos resultados en la edición siguiente.
Solo dos países ganaron dos Mundiales de Fútbol consecutivos: Italia en 1934 y 1936 y Brasil en 1958 y 1962. La suerte de los “campeones vigentes” fue variada en las décadas posteriores y se revirtió fuertemente en las últimas décadas. Argentina tras ganar en 1978, perdió el partido inaugural en España 1982 y fue eliminado en primera ronda. Italia ganó el mundial 1982 en España, pero en el Mundial 1986, tampoco pasó la primera ronda. La Argentina ganó ese Mundial, en México) y llegó a la final del siguiente, pero perdió con Alemania.
La tendencia se acentuó en las competencias siguientes. Francia ganó el Mundial 1998, en su propio país, pero en 2022 (Japón-Corea) fue eliminado en primera ronda. Italia ganó el Mundial 2006, en Alemania, pero fue el inicio de un sendero descendente que la dejó fuera de varios Mundiales, incluido el que se jugará este año. España ganó el Mundial 2010, en Sudáfrica, pero en 2014, en Brasil, perdió 5 a 1 en el partido inaugural, contra la entonces Holanda, a la que había derrotado en la final del Mundial previo, y fue eliminado en primera ronda. Alemania ganó ese Mundial (final contra la Argentina) y en 2018, en Rusia, fue eliminado en primera ronda. Francia ganó en 2018, en Rusia, y si bien llegó a la final del siguiente, en Qatar, la perdió contra la Argentina.
El informe de Goldman Sachs se detiene bastante en el caso de Inglaterra, que en los Mundiales habitualmente rinde por debajo de su ranking Elo. Entre las razones figuran su historial de decepciones en torneos de FIFA y obstáculos geográficos, como una probable visita a México en la altitud de la Ciudad de México y un cuadro de partidos descrito como “ligeramente desfavorable”.
Goldman Sachs reconoce algunas debilidades de su propio modelo predictivo. Por caso, menciona la relevancia atribuida a los cinco partidos competitivos más recientes de cada país, que pueden variar mucho en la calidad del rival y en su importancia, y un modelo de “talento de gol” que parece tener en cuenta la nacionalidad, pero no la convocatoria.
Goldman reconoce también que su modelo ampliado es “en gran medida, ciego” ante factores no ofensivos, la salud, el momento individual de los futbolistas y la experiencia de los entrenadores. Entre los ejemplos que cita aparecen la profundidad del mediocampo y los laterales de Francia y Portugal, el peso de un buen arquero en una tanda de penales, la reciente lesión de Lamine Yamal, la posibilidad de que varios jugadores franceses del PSG lleguen muy forzados por su larga campaña en la Liga de Campeones y la competitividad de Lionel Messi y Cristiano Ronaldo tras años fuera de la élite europea, amén de un posible “efecto Ancelotti” (por Carlo, el DT italiano) en Brasil.
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La Argentina proyecta exportaciones mineras por USD 18.500 millones para 2030: los límites del boom y la gran apuesta del sector



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ECONOMIA
Todo el año hubo viento de cola para la Argentina, pero ahora empezó a soplar también de frente

A lo largo de 2026, el Gobierno se benefició del fuerte aumento de los precios internacionales de productos que exporta. La guerra en el Golfo Pérsico generó un fuerte salto del petróleo, que siete meses después del inicio volvió a ubicarse arriba de los 100 dólares el barril. La soja también operó en alza y subió más de 20%, llegando hasta los USD 480 por tonelada.
La consecuencia es que los términos de intercambio de la Argentina subieron al mayor nivel de la historia. Las exportaciones superarán este año por primera vez los USD 100.000 millones y la balanza comercial podría arrojar un superávit inédito que según las últimas estimaciones del sector privado podría llegar a los 28.000 millones de dólares.
Este viento de cola que tuvo la economía local también se reflejó en fuertes compras del Banco Central. La entidad ya lleva adquiridos USD 14.200 millones, aunque en septiembre aflojó sustancialmente.
La oferta de dólares permitió no solo abastecer a los importadores, al público que quiere atesorar y a las empresas que giran dividendos al exterior, sino también al propio BCRA para fortalecer el balance de la entidad.
Los precios internacionales están fuera del alcance del Gobierno, que se benefició de esta situación particular. De todas maneras, resultaron claves las inversiones en energía para que Argentina pasara de ser neto importador hace tres años a un exportador neto cada vez más relevante. Se espera que el complejo de energía y minería genere un superávit cercano a los USD 30.000 millones, del mismo orden que el sector agropecuario.
Este fuerte ingreso de dólares y la mayor robustez del Central también ayudaron para que el riesgo país descienda hasta los 400 puntos básicos a fines de julio pasado. Muchas empresas, bancos y provincias aprovecharon para colocar deuda en el exterior, sumando cerca de USD 22.000 millones a la oferta de divisas en lo que va de 2026.
Sin embargo, lo mismo que beneficio a la Argentina este año ahora también está generando dificultades. La suba del petróleo por encima de los USD 100 sumó inflación a la economía norteamericana, manteniéndose en niveles cercanos a 3,5% anual.
La Reserva Federal norteamericano decidió ayer la primera suba de tasas en tres años. Fue una respuesta a un fuerte aumento además de los rendimientos de los bonos del Tesoro de largo plazo. Los de 10 años pasaron a rendir 5% anual, niveles que no se veían hace muchos años.
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Este aumento de los rendimientos perjudicó a los activos de riesgo e impactó negativamente sobre los mercados emergentes. Hubo consecuencias directas también para los bonos argentinos, que cayeron luego de haber alcanzado un pico de precios a mediados de julio.
La consecuencia directa de esta situación fue el aumento del riesgo país a los 500 puntos básicos. Si se agrega a la tasa de 5% anual que pagan los bonos norteamericanos, la consecuencia es que si Argentina quisiera financiarse en los mercados internacionales debería pagar una tasa superior al 10% anual en dólares.
Este viento de frente que empezó a soplar desde Estados Unidos está pasando factura a la política de endeudamiento del Tesoro argentino. En las dos últimas licitaciones no se colocaron bonos en dólares en el mercado local para no convalidar un incremento de las tasas. Y se optó por deuda en pesos de corto plazo, que vence en su totalidad durante la gestión de Javier Milei.
Se dan así dos situaciones simultáneas. Argentina se beneficia del viento de cola del fuerte alza de las materias primas que exporta, pero al mismo tiempo también sopla viento de frente por el aumento de tasas norteamericanas, que aumenta la aversión al riesgo de los inversores internacionales.
Luis Caputo,Di Tella
ECONOMIA
Presupuesto 2027: el Gobierno asume un escenario complicado para volver a colocar deuda en los mercados internacionales



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