POLITICA
Reforma electoral: una jugada de coyuntura que intenta cambiar el foco político y abre fisuras en el frente oficialista

El proyecto de reforma electoral -29 páginas, siete capítulos, cambios en varias leyes- fue enviado por el Gobierno al Congreso apenas 24 horas después de que Javier Milei lo anunciara desde Israel como una ofensiva sobre la “casta”. La consigna presidencial y las reacciones iniciales de los propios aliados indican que la iniciativa fue precipitada por la coyuntura y remitida al Senado sin consensos previos o tratativas avanzadas con los propios socios del oficialismo. No alcanzó para opacar otros temas de estas horas: nuevas declaraciones ante la Justicia que alimentan las sospechas en el caso Adorni y números preocupantes de la economía.
Milei anticipó primero y acompañó después la motorización del multiproyecto con argumento retomado: terminar con “privilegios” de la política. El texto incluye cambios legislativos que podrían provocar apoyos y rechazos cruzados -en rigor, ya asoman esas señales-, lo cual aparece como un dato significativo por una cuestión básica: este tipo de proyectos necesita mayoría absoluta de votos en las dos cámaras del Congreso para ser convertidos en ley. Y eso, salvo que se intenten interpretaciones forzadas de las normas, no asoma sencillo. Requiere apoyos del PRO, de la franja radical que lo acompaña, de provinciales y de representantes de gobernadores del PJ que juegan con Olivos. Y no todos actuarían en sintonía para apoyar cada punto de la iniciativa.
La interpretación más difundida en medios legislativos dice que la inclusión de Ficha Limpia fue incluida para lograr apoyos de aliados como el PRO al nuevo intento de eliminar las elecciones primarias. También, que en el articulado sobre Boleta Unica de Papel se abriría la posibilidad de enganchar comicios provinciales a las elecciones nacionales, como un guiño a gobernadores. Los ejemplos son de mínima parciales y hasta contradictorios.
El PRO y radicales de diferente alineamiento nacional impulsaron o se mostraron partidarios de proyectos como Ficha Limpia. Pero muchos de ellos no apoyan la derogación de las PASO, algunos por razones de fondo y otros por necesidades prácticas para dirimir candidaturas en coaliciones. Al revés, existen jefes provinciales que ven bien eliminar las primarias -entre otras razones, porque les da más poder para definir listas-, pero no adhieren a una ley de Ficha Limpia.
Para completar, los jefes provinciales definen pegar o no sus listas locales a las nacionales en función de la conveniencia local. Es decir, según las consideraciones sobre el mejor camino para asegurar reelecciones o mantener el dominio de las legislaturas. El extendido período electoral del año pasado estuvo marcado por una docena de adelantos o desenganche de comicios provinciales, en casi todos los casos con éxito de los gobernadores. La idea de pegar listas locales a la BUP en el proyecto de Olivos no cambiaría sustancialmente el panorama.
Lo dicho: las primeras señales de socios, aliados y dialoguistas son por lo menos de recelo frente a la movida oficialista. Por supuesto, eso no cierra el tema. Al revés, abre el camino de una compleja negociación, si el objetivo real del Gobierno es la sanción del proyecto, además de su necesidad de instalar temas propios en la agenda pública. En lo inmediato, la tensión legislativa pasa por otro lado: la presentación de Manuel Adorni en Diputados, el jueves de la semana que viene. La expectativa y los preparativos de oficialistas y opositores para recibir al jefe de Gabinete mantienen casi paralizado al Congreso. Esta semana, la conducción violeta decidió postergar la convocatoria para tratar la Ley Hojarasca en el recinto de la Cámara baja, a pesar de tener asegurado el dictamen de comisión.

El intento de modificar el foco de atención llega en un momento realmente complejo para el oficialismo. En el Gobierno, confiaban en que el peor tramo del caso Adorni estaba cediendo, pero en el plano judicial surgen novedades que al parecer no eran previstas sobre las operaciones inmobiliarias. Y a la vez, circulan trascendidos sobre avances con las medidas de prueba que apuntan a viajes de la familia Adorni o parte de ella.
A eso se suma el impacto en las filas violetas. Los funcionarios se muestran públicamente alineados con la decisión presidencial, motorizada por Karina Milei, de cerrarse en la defensa del jefe de los ministros. Trascienden, sin embargo, cuestionamientos con un argumento que suele aparecer en casos como éste: no cuestionan directamente al funcionario, sino que destacan la necesidad de “cuidar” a Milei. Varios relevamientos específicos -es decir, sobre el impacto del caso Adorni en la imagen presidencial- anotan costos en términos de imagen. Se habla de cinco o seis sondeos de ese tipo. No valen, claro, proyecciones mecánicas al lejano terreno electoral.
Para completar, Victoria Villarruel salió por primera vez a disputar el discurso anticasta. Tiene que ver, dicen fuentes del Congreso, con un estado de saturación por jugadas domésticas, no únicamente públicas sino también en la actividad casi rutinaria del Senado. Supera incluso a Patricia Bullrich que, por lo demás, acaba de recibir una carga del mileismo. Y se expresó en la movida que realizó el martes, en el marco del primer aniversario del fallecimiento del papa Francisco.
La vicepresidente resolvió no asistir a la misa en Lujan y prefirió asistir a otra celebración religiosa, en el barrio porteño de Almagro. El mensaje fue que no quería quedar en primera fila con Adorni, que fue flanqueado por Martín Menem y Diego Santilli. Como era de esperar, a metros pero con cuidada frialdad de las dos partes, se encontraba la comitiva encabezada por Axel Kicillof. Villarruel dijo, sin hacer precisiones y con obvia intención, que en Luján estaba “lo peor de la casta política”.
Los temas no se mueven de manera lineal, ni exclusivamente en función de la voluntad del oficialismo. El caso Adorni suma declaraciones ante Gerardo Pollicita y versiones sobre avances con diferentes medidas de prueba. Este miércoles, el impacto fue producido por Pablo Martín Feijoo, hijo de una de las jubiladas que figura como vendedora -mediante hipoteca- del departamento de Caballito. Dijo que el funcionario le debe US$ 65.000 por fuera del monto de la escritura: un compromiso no documentado. Una novedad.
En cambio, no hubo sorpresa con el EMAE de febrero. Lo había anticipado Luis Caputo. Marca una significativa caída de la actividad –2,1% interanual y 2,6% respecto de enero-, que el Gobierno considera parte de una realidad “pasada”, que promete revertir a partir de este segundo trimestre. La frase repetida es que “no hay que mirar por el espejo retrovisor”. Se verá si lo que viene borra el hecho de tomar con liviandad tales registros.
En ese contexto, el Gobierno siente la necesidad de modificar el clima por partida doble y lo antes posible. En principio, la reforma electoral tiene por delante un trámite legislativo denso y difícilmente veloz.
Diplomacy / Foreign Policy,Middle East
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El Gobierno ultima los detalles de la presentación de Adorni y se concentra en los próximos pasos de su agenda legislativa

El Gobierno busca usar la exposición de Manuel Adorni en Diputados como punto de partida para relanzar la gestión después de semanas de tensión política. El jefe de Gabinete prepara una presentación técnica -sin confrontación en el arranque- y en Nación sostienen que el objetivo es atravesar la sesión con orden para después retomar la agenda de anuncios, conferencias de prensa y reformas legislativas.
El ministro coordinador mantuvo esta semana una serie de reuniones con sus equipos de comunicación y sigue en contacto permanente con su entorno más cercano. En Nación aseguran que también hay coordinación con el equipo del asesor Santiago Caputo, que sigue de cerca el armado discursivo y el diseño político de la exposición. “Adorni se juega el cargo, pero estamos confiados”, expresan.
La trastienda tiene dos planos. El primero es institucional: el oficialismo quiere que el funcionario exponga la marcha del Ejecutivo, responda sobre gestión y evite quedar encerrado desde el inicio en la discusión judicial. El segundo es político: La Casa Rosada espera que la tensión con la oposición se concentre hacia el final, cuando llegue el turno de Unión por la Patria, y no descarta capitalizar una escena de ruptura si el debate escala.
En Balcarce 50 miran como antecedente la exposición de Guillermo Francos en el Senado, cuando se retiró tras denunciar insultos en el recinto. Cerca de Adorni sostienen que no buscarán forzar una situación de ese tipo desde el comienzo, pero admiten que el oficialismo está preparado para que el cierre derive en un cruce fuerte con el kirchnerismo. “Creemos que se van a alinear las cosas al final”, sintetizan.
El jefe de Gabinete dispone de una hora para exponer su informe, los bloques tienen en conjunto 240 minutos para pedir aclaraciones o ampliaciones y el tiempo se distribuye de manera proporcional, con un mínimo de cinco minutos por bloque. En este caso, la exposición quedó atravesada por las denuncias contra Adorni por presunto enriquecimiento ilícito.
En el entorno del funcionario aseguran que, en principio, no responderá cuestiones judiciales y que el argumento será que toda la documentación fue presentada en la Justicia. La línea de defensa que preparan en Nación es separar el plano judicial de la rendición de cuentas administrativa y concentrarse en la gestión, los proyectos enviados al Congreso y los indicadores macroeconómicos.
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Milei estará presente durante un tramo de la exposición, pero no durante toda la sesión. En el oficialismo advierten que el debate puede extenderse hasta ocho horas si se completan todas las rondas de preguntas y respuestas. La presencia del presidente buscará mostrar respaldo político a Adorni sin quedar atado a la totalidad del intercambio parlamentario.
La Casa Rosada quiere que la exposición funcione como cierre de una etapa defensiva y como inicio de una nueva secuencia de gestión. En Nación aseguran que después del paso por Diputados buscarán reactivar las conferencias de prensa del jefe de Gabinete, ordenar anuncios de medidas y acelerar el avance de las reformas en el Congreso. “Todo depende de cómo salga del recinto”, agregan.
Gobierno, Manuel Adorni
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Alerta meteorológica sobre el clima social

Javier Milei dice que a él le gusta acelerar en las curvas. Y que lo hace aun cuando la pista se pone resbalosa. Es una verdad a medias. El Presidente ya ha demostrado en varias ocasiones que sabe pisar el freno cuando en el tablero de conducción las luces rojas pasan al bordó, sobre todo en materia económico-financiera. Al límite, pero ha sabido frenar.
La mezcla de audacia extrema con moderación acotada es celebrada, sobre todo, por los siempre pragmáticos inversores, banqueros y grandes empresarios, que comulgan ideológicamente con el Presidente, pero que privilegian la viabilidad y sostenibilidad en el tiempo de las políticas promercado antes que las batallas para tener razón, que tantas veces obnubilan al libertario. En ese punto han aparecido algunos interrogantes y han ampliado el radio de consultas.
Las dudas radican en cuánta sensibilidad y qué capacidad de reacción efectiva tiene el conductor cuando acelerar y frenar se vuelven operaciones aparentemente contradictorias, pero que deben realizarse, casi en simultáneo, en circuitos paralelos: el económico, el político y el social. La realidad nunca es unidimensional y el dogma no tiene respuestas para todo. Menos, todo el tiempo.
La determinación para sostener el rumbo económico de manera inalterable en ciertos aspectos, aun cuando empiezan a expandirse sus efectos negativos, o la actitud siempre beligerante para afuera y extremadamente tolerante hacia adentro frente a los escándalos por presuntos hechos de corrupción que tocan a la cima del poder asoman como los focos de duda, que inquietan a los grandes tomadores de decisiones económico-financieras. La sustentabilidad del proyecto mileísta es la gran pregunta que se hacen. Milei lo sabe. Se lo planteó el polémico tecnomagnate Peter Thiel en su controladísima y publicitada visita a la Casa Rosada.
En ese plano, el área metropolitana bonaerense, donde se da la mayor concentración social del país y, al mismo tiempo, los mayores efectos negativos de la política económica, empieza a estar bajo la lupa. Su condición de caja de resonancia con altísima visibilidad obliga a esa mirada (o a esa escucha).
Las señales que surgen de las encuestas, de los grupos focales y de la percepción cotidiana que tienen los referentes políticos y, sobre todo, sociales o religiosos con inserción en ese territorio justifican las prevenciones.
Caída de ingresos, pérdida o temor a la pérdida del empleo, endeudamiento personal y prolongación del esfuerzo sin mejoras a la vista asoman como las causas de un malestar creciente, que se agudiza con escándalos como el incremento del patrimonio inmobiliario y los gastos suntuarios que no logró explicar ni justificar aún el jefe de Gabinete, Manuel Adorni. O, en menor medida, con la disputa a cielo abierto que se da en el oficialismo. También impactan los recortes en sectores que generan alta sensibilidad social, como la asistencia a discapacitados o los fondos para las universidades.
Las modificaciones en el humor social que se registran en el conurbano bonaerense, además, impactan por su magnitud en las encuestas nacionales respecto de la imagen presidencial y de la gestión de gobierno y profundizan la caída que se viene registrando en los últimos dos meses. Pero no es un fenómeno acotado sino extendido. En el AMBA sólo se profundizan algunas opiniones y sentimientos negativos, hoy superiores a las emociones positivas que despierta el oficialismo.
La extensión del fenómeno se puede ver en casi todas las encuestas de opinión y quedó reflejada en el último Índice de Confianza del Consumidor (ICC), que realiza Poliarquía para la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), el cual mostró la tercera caída mensual. Se presume que se verá lo mismo en el próximo índice de Confianza en el Gobierno, que ya lleva cuatro meses a la baja.
En el caso del ICC se dio la particularidad de que en el último mes la mayor caída porcentual se dio en el interior del país (10,57), aunque es allí donde la confianza se mantiene más elevada (45,3%). En el Gran Buenos Aires se partía de mucho más abajo: con una caída de solo 1,53%, la confianza solo alcanza al 36,82%. Al mismo tiempo, en los sectores de ingresos más altos fue donde menos cayó el índice (1,8%), mientras que fue muy pronunciada la baja en los hogares de menores ingresos (12,6%).
La persistencia de la mala percepción de la marcha de la economía y de la gestión parece ser clave para la agudización de las emociones negativas. Así surge de los grupos focales realizados por la consultora Trespuntozero.
“Hay una sensación generalizada de imposibilidad: aunque uno se esfuerce, no logra salir adelante. Se registra una tensión constante entre la penuria y la resistencia activa: se rechaza la idea de la resignación, pero se reconoce que el margen se va achicando. El enojo le empieza a ganar a la angustia, y el clima comienza a parecerse al que llevó a Milei al poder”, señala Shila Vilker, directora de la consultora que hizo el estudio cualitativo. El universo de consultados incluyó a trabajadores formales e informales y desempleados, con hijos y sin hijos a cargo.
Una de las particularidades que surgió en esos grupos y llamó la atención de los encuestadores fue la dificultad para conciliar el sueño que se expuso espontáneamente y se registró sin diferencia de edades y segmentos.
“De noche la cabeza da vueltas con preocupaciones económicas”, es una de las conclusiones del informe. Y se destaca la mención extendida al “consumo de alcohol y ansiolíticos como auxiliares para dormir, así como la decisión de recurrir a la atención psicológica”. A eso, Vilker agrega: “Aparece en la narrativa el concepto de que la crisis atraviesa el cuerpo y lo afecta. Eso no lo habíamos visto en focus anteriores”.
Cuando se le pregunta por las consecuencias de ese estado de ánimo, la consultora dice que “hay más clima de implosión que de explosión”, aunque el avance del factor enojo abre interrogantes.
En eso coincide el sociólogo y antropólogo Pablo Semán, que realiza de forma sostenida trabajos de campo en los sectores populares, especialmente, en el área metropolitana.
“La caída de planes, de asistencia alimentaria, de empleo de todo tipo y los programas nacionales pisados hacen que la situación en los barrios sea muy complicada. Domina la angustia y parece que la situación va a implotar. Pero es terreno fértil para cualquier cosa”, explica el investigador.
“Hacia afuera parece salir en forma de hurtos, robos más violentos, violencia intrabarrios, junto con el comercio y el consumo de sustancias tóxicas. El problema es que en muchos lugares se está rompiendo la cadena de contención que había entre vecinos, referentes barriales e intendentes”, agrega Semán.
Al respecto, explica: “Los intendentes, mayoritariamente, no tienen plata y muchos tampoco saben bien qué pasa. Los referentes no quieren pegarles a los intendentes, pero tampoco reciben nada como para dar y los vecinos no reciben nada de ellos. Así, los referentes se quedan sin capital y sin influencia, y los intendentes rezan para que no pase nada. La caída de la recaudación y de la coparticipación los está matando”.
La baja de los ingresos municipales por reducción de la actividad económica y, en consecuencia, de la coparticipación ha potenciado un círculo vicioso que se traduce en aumento de tasas para tratar de compensar por precio lo que las comunes pierden por cantidad, lo cual aumenta el malestar de los contribuyentes que cumplen con sus obligaciones. Una combinación explosiva.
Con esa pintura coinciden a grandes rasgos intendentes bonaerenses de diverso signo (camporistas, kicillofistas, cristinistas, macristas y radicales), aunque también destacan algunos matices.
“Los que se la rebuscan mejor, paradójicamente, son los de los municipios más grandes, porque, aunque tienen más demanda, también tienen más recursos. Y, sobre todo, los que pusieron plata a plazo fijo. Ahora están aguantando con eso, pero no les sobra nada”, dice un estrecho asesor del intendente de uno de los dos distritos más grandes del conurbano.
Para completar el cuadro, el director del Observatorio de la deuda social de la UCA, Agustín Salvia, señala: “Hoy tenemos menos inflación y eso es un beneficio. Pero hay más trabajo informal, aumentó la precarización laboral y hay más dependencia de los programas sociales que antes”.
El especialista agrega que, si bien se registra una caída de la pobreza, “hay más pobreza crónica estructural. Y los niveles de pobreza están solo un punto abajo de los que teníamos en 2023”.
La referencia temporal de Salvia parece explicar el humor que se registra en algunos sectores sociales donde las demandas continúan sin ser satisfechas o donde se agravaron las penurias por efectos del programa económico que afectó fuertemente a rubros dadores de mano de obra intensiva. Un clima que para Vilker empieza a asemejarse al que hizo posible el acceso de Milei al Gobierno. Pero sin un Milei que lo capitalice. No es un dato menor.
La compleja situación en los grandes conglomerados urbanos también es expuesta por la Iglesia católica. “La demanda de alimentos en los comedores de Cáritas ha crecido en los últimos meses. También, registramos dificultades para acceder a otras cosas básicas, como medicamentos, y reclamos por la falta de trabajo”, dijo a LN+ el arzobispo de Luján, Jorge Scheinig, en la previa a la misa por el aniversario del papa Francisco a la que asistieron funcionarios de los gobiernos nacional y bonaerense, y dirigentes de diversos partidos políticos.
El pedido de paciencia social reclamado con impaciencia por Milei, como agudamente señaló el politólogo Vicente Palermo, parece demostrar que en la Casa Rosada hay o empieza a haber conciencia del clima social crecientemente adverso. Tanto como exhibir las dificultades de forma y de fondo que tiene el Gobierno para hacerle frente a esa realidad.
La iracundia mileísta con la construcción constante de enemigos y la intolerancia a sus contradictores nunca deja de alcanzar nuevos picos. Un camino que lo lleva a refugiarse en su núcleo duro, mientras las encuestas muestran una caída de los neutrales y un aumento de los disconformes.
El show pirotécnico que promete protagonizar pasado mañana Adorni y la bancada oficialista en la Cámara de Diputados, con el apoyo presencial de Milei, difícilmente ayude a sumar nuevos amigos. Justo cuando necesita conseguir voluntades para algunos proyectos de ley cruciales como la reforma electoral.
Las preguntas que emergen sobre la sustentabilidad del programa libertario reparan en esos asuntos aun entre quienes celebran los logros macroeconómicos del Gobierno y valoran la moderación en ciertos aspectos como el cambiario o el financiero, con la baja de tasa y de encajes bancarios para tratar de dinamizar una microeconomía golpeada.
De todas maneras, también aparecieron recientemente algunas voces de alerta para el mediano plazo, aún de quienes coinciden en que si se atravesaran con éxito las turbulencias y desequilibrios actuales las perspectivas a futuro son excepcionalmente favorables. Eso sí, con varios perdedores, en el camino.
Al llamado de atención que viene haciendo uno de los economistas más apreciados por la Casa Rosada, como es Ricardo Arriazu, por la alta velocidad de destrucción y la lenta capacidad de construcción de la transformación en marcha, se le han sumado otras expresiones más críticas.
Entre ellas, la del economista Roberto Frenkel, que advirtió que si no hay modificaciones, entre otras en el tipo de cambio, “esto no es sostenible ni durable”. En la misma línea se expresó su colega Martín Rapetti, cuya consultora esta semana le dio una alegría al Gobierno al difundir una recuperación de la actividad en marzo, después de la sonora caída que exhibió el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) en febrero. Rapetti también puso en cuestión la viabilidad del modelo si no se introducen cambios y advirtió que aún con esa recuperación de marzo el nivel de actividad del trimestre será negativo y el del año bastante menor que el estimado por el Ministerio de Economía.
Con todos esos datos no parece difícil explicar el alerta sobre el clima social. La pregunta que se hacen cada vez más actores es si los atiende, los entiende y cómo los procesa el Gobierno. Parece hora de activar más radares.
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Se recalienta la interna peronista: Máximo Kirchner rechazó el frente anti Milei y chocó con Axel Kicillof

La interna del peronismo sumó un nuevo capítulo de cara a las elecciones de 2027. Máximo Kirchner volvió a marcar distancia de la estrategia que impulsa Axel Kicillof y rechazó la posibilidad de conformar un frente electoral amplio cuyo único objetivo sea enfrentar al presidente Javier Milei.
Desde La Cámpora, el espacio que lidera el diputado nacional, dejaron en claro que no están dispuestos a avanzar en una alianza con sectores que acompañaron al oficialismo en el Congreso.
La postura marca una diferencia cada vez más visible con el gobernador bonaerense, que viene promoviendo la idea de ampliar la base política con dirigentes por fuera del peronismo tradicional.
“No tenemos que pensar en espacios que sean simplemente anti Milei, ni anti nada. Tenemos que acostumbrarnos otra vez a pensar de manera más positiva y a construir no en contra de alguien, sino a favor de los intereses de la mayoría”, planteó el hijo de Cristina Kirchner en una reciente recorrida por Santa Fe.
La Cámara de Casación ordenó ejecutar el patrimonio de Cristina Kirchner y sus hijos por la causa Vialidad
El mensaje apunta directamente a la estrategia del mandatario provincial, quien en las últimas semanas dejó trascender que está dispuesto a dialogar con distintos sectores políticos con el objetivo de construir una alternativa competitiva frente al oficialismo. “Cualquiera que esté en contra de Milei a mí me sirve”, habría sido la definición que transmitió en su entorno.
La diferencia de enfoques expone una disputa más profunda dentro del peronismo, que no solo atraviesa el debate sobre alianzas, sino también la conducción del espacio y el armado electoral en la provincia de Buenos Aires.
En ese contexto, desde el kirchnerismo duro también cuestionan los acercamientos del gobernador con dirigentes que no forman parte del núcleo del peronismo, como ocurrió con reuniones recientes con referentes que tuvieron vínculos con el macrismo. Para La Cámpora, esos movimientos generan ruido interno y debilitan la coherencia del espacio.
Al mismo tiempo, la organización que responde a Kirchner ya proyecta su propio armado en territorio bonaerense. No descartan impulsar un candidato propio para la gobernación en 2027, lo que abre un escenario de competencia directa con el sector que responde a Kicillof.
Entre los nombres que circulan aparecen dirigentes cercanos al kirchnerismo, e incluso el propio Máximo Kirchner figura como una opción posible, aunque sin definiciones públicas por el momento. También se mencionan intendentes alineados con el espacio que podrían disputar ese lugar.
La relación entre el diputado y Kicillof atraviesa su momento más delicado desde la derrota electoral del peronismo en 2025. Desde entonces, se profundizaron los reproches cruzados, especialmente por la decisión del gobernador de desdoblar las elecciones en la provincia de Buenos Aires, una jugada que en el kirchnerismo atribuyen como uno de los factores que facilitaron el avance legislativo del oficialismo.
Interna en el peronismo: Máximo Kirchner no asistió a la asunción de Axel Kicillof en el PJ bonaerense
A eso se suma la falta de diálogo entre ambos sectores. Según trascendió, la última conversación directa entre Kirchner y Kicillof fue la noche de la derrota electoral, lo que refleja el nivel de distanciamiento actual.
En paralelo, dentro del peronismo comenzaron a activarse distintos espacios que buscan reagrupar a la oposición con vistas a 2027. Sin embargo, la falta de consenso sobre la estrategia y los liderazgos deja abierto un escenario de fragmentación.
La discusión recién empieza, pero ya deja en evidencia que el camino hacia las próximas elecciones estará atravesado por una fuerte puja interna, donde no solo se definirá la estrategia electoral, sino también quién conducirá al peronismo en la etapa que viene.
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