ECONOMIA
Sin margen para seguir recortando gastos: ¿es sostenible el equilibrio fiscal?

El ministro de Economía, Luis Caputo, reconoció recientemente que ya casi no hay margen para seguir comprimiendo el gasto público, por lo que la preservación y consolidación del equilibrio o superávit fiscal, piedra basal del plan económico, depende crucialmente de una recuperación del nivel de actividad económica que trascienda los sectores energético, agroindustrial y minero y ensanche las bases de sustentabilidad del “cambio de régimen” que inició el gobierno de Javier Milei.
“Tenés que recaudar más porque seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil. Estamos en un nivel de gasto de 15 puntos del Producto Bruto Interno (PBI)… es el nivel de gasto que había en los 90 y es 10 puntos menos de lo que fue el pico hace ocho años”, explicó Caputo.
He ahí la pregunta sobre la sostenibilidad del ajuste y el equilibrio fiscal, pues gran parte del gasto (jubilaciones, pensiones, asignaciones familiares) está indexada a la inflación. El gobierno anunció algunos recortes por $2,5 billones, pero su apuesta en adelante es a una mejora de la actividad y aumento del empleo formal.
El economista Jorge Vasconcelos ha mostrado en recientes informes la estrechísima relación entre el IVA-DGI (y en particular, la recaudación del IVA) y la evolución del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE), tomando en cuenta la “tendencia ciclo” que despeja efectos estacionales o extraordinarios.
Tambien Caputo, al exponer en el “Summit 2026” del IAE Business School, la escuela de negocios de la Universidad Austral, dijo basarse en los datos de la “tendencia ciclo”.
Argentina tuvo déficit fiscal en 113 de los últimos 124 años. En ese período atravesó 22 crisis económicas, 20 de ellas de origen fiscal
“La fiesta recién empieza”, aseguró el ministro, al explicar que si bien Vaca Muerta y la energía arriman el grueso de dólares que sustentan el aumento de reservas y la actual estabilidad cambiaria, el crecimiento será mucho más amplio gracias a que esos sectores hoy más beneficiados por el RIGI y la inversión local y extranjera permitirán el “equilibrio general” en que muchos más sectores puedan crecer.
Desde que Milei es presidente, enfatizó Caputo, incluso la exportación de Manufacturas de Origen Industrial (MOI) creció 20% en cantidades.

En cualquier caso, la sostenibilidad fiscal sigue siendo clave y pilar del modelo oficial, heredero de un historial poco envidiable. Caputo recordó en el IAE que la Argentina tuvo déficit fiscal en 113 de los últimos 124 años, que en ese período atravesó 22 crisis económicas y que 20 de ellas fueron de origen fiscal.
En cuanto a la etapa más reciente, en un seminario fiscal del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la Universidad de Buenos Aires, Julián Folgar, profesor de la UBA y economista del Banco Mundial, mostró el “sube y baja” del gasto público, con una etapa de “expansión” fiscal (2005-2015) y otra de obligada contracción (2015/2025), que incluye el ajuste más explícito y decidido iniciado a fines de 2023.

La experiencia de las últimas dos décadas, subrayó Folgar a Infobae, muestra la importancia de una política de gasto prudente y sostenible. “Cuando las expansiones del gasto se concentran en partidas rígidas (como salarios y jubilaciones) los ajustes posteriores tienden a recaer de manera desproporcionada sobre componentes más flexibles -como la inversión pública, las transferencias o ciertos programas-, independientemente de que hayan sido o no los principales responsables del aumento inicial. Esto puede afectar funciones relevantes del Estado y sugiere que la mejor forma de evitar ajustes costosos es prevenir expansiones difíciles de sostener en el tiempo”.
Cuando las expansiones del gasto se concentran en partidas rígidas (como salarios y jubilaciones) los ajustes posteriores tienden a recaer de manera desproporcionada sobre componentes más flexibles (Folgar)
Los datos sugieren que a partir del “cuidado de cuentas” iniciado a fines de 2023 hay una oportunidad de consolidación. Desde entonces, las prestaciones deshicieron un tercio de su expansión previa, forzando al resto del gasto a ajustarse más que proporcionalmente, algo que a su vez impulsa reacciones de los sectores afectados.

Ahí entra en juego la “sostenibilidad” del ajuste y el equilibrio o superávit fiscal. El grueso de la corrección se basa en la reducción de subsidios (antes amplios e indiscriminados, ahora focalizados en un grupo más reducido) y los cambios a la indexación de los haberes jubilatorios. Y del lado de los ingresos hubo una pérdida significativa al dejarse de lado el “Impuesto PAIS” que había pergeñado la gestión de Alberto Fernández, y una ganancia por la restitución del impuesto a las ganancias personales que había prácticamente condenado la gestión ministerial de Sergio Massa como parte de su “plan platita” para la elección presidencial 2023.
Ampliando el campo del gasto para incluir provincias y municipios, Marcelo Capello, vicepresidente y director de estudios fiscales del Ieral, cree que la meta anunciada por Milei de alcanzar un gasto público equivalente a 25% del PIB (objetivo del “Pacto de Mayo”, firmado en julio de 2024) luce difícil de cumplir.
“A pesar de que bajó 11 puntos del PIB desde 2015 a 2025, aun se ubica en 32% del PIB. Si bien todavía podría haber recortes adicionales en subsidios a energía y transporte, o en el gasto corriente provincial, también es cierto que debería mejorar el nivel de inversión pública, y otros gastos como las transferencias a universidades”, dijo a este medio.
A futuro, agrego, “para bajar impuestos a nivel provincial existe margen para bajar el gasto, pero en el nivel nacional más bien deberá tratarse de una eliminación de impuestos distorsivos (retenciones, impuesto al cheque) compensado con la eliminación de algunos gastos tributarios y mejor recaudación en los impuestos más tradicionales”.
Los analistas coinciden en que a nivel más fino de gasto cabe monitorear ítems como obra pública y transferencias a provincias, sujetos a límites fácticos, como el deterioro de la infraestructura, y políticos, como las demandas de los gobiernos provinciales.
A nivel más fino de gasto cabe monitorear ítems como la obra pública y transferencias a las provincias
El cuadro general dependerá de cuestiones extra-fiscales, como el nivel de actividad. Hoy la economía funciona a “dos velocidades”, con sectores como energía, agroindustria y minería que crecen más que el resto, pero no “derraman” recaudación (de impuestos como el IVA), ni empleo (del que dependen las contribuciones a la seguridad social) suficientes para ensanchar la sustentabilidad del equilibrio fiscal.
“El grueso o gran parte de la consolidación tiene carácter estructural. Puede haber ítems que afectan la magnitud de la consolidación, por presiones de algunos puntos más o menos”, admitió Folgar.
Fiscalmente, cabe recordar que la obra pública no cayó desde muy alto: corrupción incluida, en el descontrol fiscal que se inició en 2008, los gastos corrientes consumieron más del 90% del presupuesto total.
También el informe de la calificadora Standard & Poor’s, que mejoró la calificación crediticia e impulsó un rally de acciones y una importante reducción del índice de riesgo país, apuntó, además de a la obvia cuestión de las reservas, la “deuda pública neta” y la capacidad de pago del país, a la sostenibilidad fiscal.
“El firme compromiso con un ancla fiscal ha sido la piedra angular del programa económico del presidente Milei, mientras que el tipo de cambio ya sea como un crawling peg o en una banda, también ha sido un ancla secundaria para reducir la inflación. Más allá del programa de estabilización, la administración ha aprobado legislación económica para sentar las bases para un crecimiento más alto, a pesar de no contar con mayorías en el Congreso. Esto incluye compromisos con políticas fiscales, cambiarias y estabilidad regulatoria para las grandes inversiones en el marco del programa RIGI”, dice un pasaje del informe en que S&P anunció la mejora de la nota crediticia del país.
Junio podría mostrar déficit primario y financiero (como ocurrió en igual mes de 2024 y 2025), debido al pago de aguinaldos y los pagos por importación de GNL y subsidios energéticos.
Pero la cuestión de fondo sigue siendo la recuperación del nivel de actividad, para apuntar con más recursos (ya no tantos recortes) el resultado fiscal.
Junio podría mostrar déficit primario y financiero (como ocurrió en igual mes de 2024 y 2025), debido al pago de aguinaldos y los pagos por importación de GNL y subsidios energéticos
Hasta un sector tan interesado en el recorte de impuestos como el campo reconoce “las complejidades del equilibrio fiscal”, como se tituló un informe del CREA (Consorcios Regionales de Experimentación Agrícola) que se enfocó en los cambios de los últimos dos años.
A comienzo de su mandato, precisa el informe, el Gobierno recortó y “licuó” el gasto público del 19,6% del PBI al 15% del PBI, con reducciones en casi todas las partidas: gastos en infraestructura (1,2% del PBI), jubilaciones (0,6% del PBI), programas sociales (0,6% del PBI), subsidios (0,6% del PBI), salarios públicos (0,6% del PBI, 19% empleados públicos) y transferencias a provincias (0,6% del PBI). Así logró un superávit primario del 1,8% del PBI en 2024 y en 2025 siguió reduciendo el gasto más lentamente (0,44% del PBI), con algún recupero en prestaciones sociales (0,21% del PBI): jubilaciones (0,6% del PBI) y un poco más de recorte en subsidios energéticos (0,5% del PBI), manteniendo un superávit del 1,39% del PBI.
Ya en 2026, no ayudó que en los primeros cinco meses del año la recaudación del IVA cayera del 2,8 al 2,5% del PBI; la Seguridad Social del 2,2 al 2% y los impuestos al comercio exterior (aranceles y retenciones) del 0,6 al 0,4% del PBI, menos que compensados por mejoras muy leves en la recaudación de Ganancias y el mantenimiento (siempre en porcentaje del PBI) de los impuestos al cheque y a los combustibles. En la sumatoria, una caída del aporte de estos tributos del 8,4 al 7,7% del PBI, una pérdida de 0,7 puntos. Con el gasto ya duro de bajar, mantener la virtud fiscal depende cada vez más de la recuperación de la economía, como lo reconoció el propio ministro Luis Caputo.
Caputo,IAE
ECONOMIA
El fabricante de Nike y Adidas cierra su última planta en la Argentina y despide a sus 150 trabajadores

Grupo Dass, la firma de capitales argentinos y brasileños y uno de los principales jugadores de la industria del calzado local, cerró de forma definitiva su planta de Eldorado, en la provincia de Misiones, y despidió a los 150 trabajadores que aún quedaban en el establecimiento. La empresa comunicó al sindicato del sector que la producción cesará entre el 17 y el 25 de julio, y garantizó el pago del 100% de las indemnizaciones correspondientes.
Según pudo saber Infobae, la decisión responde a una adaptación al nuevo escenario comercial: con la apertura de las importaciones, resulta más conveniente y rentable traer el producto terminado desde el exterior que fabricarlo en el país. Nike y Adidas, las dos marcas para las que Dass producía en Eldorado, ya abastecen el mercado local desde las ocho plantas que el grupo opera en Brasil, donde los costos son más competitivos. La falta de pedidos de ambas marcas para la producción local dejó a la fábrica misionera sin actividad sostenible.
El grupo, no obstante, no abandonará su presencia en la Argentina. Sí cambiará su perfil de operaciones. Según comentaron fuentes del sector a este medio, el grupo continuará en el país como representante e importador de Fila, Umbro y Asics —marcas cuyas licencias administra— y concentrará su actividad en las funciones comerciales y logísticas. Coronel Suárez y Cañuelas serán los dos centros logísticos desde los que operará la firma.
La Unión de Trabajadores de la Industria del Calzado (UTICRA) atribuyó el cierre a la apertura de importaciones, la caída del consumo interno y la ausencia de políticas de apoyo a la industria nacional. Infobae pudo confirmar que, desde la perspectiva de la compañía, el cierre no es el resultado de una crisis financiera sino de una reconversión estratégica: importar se volvió más rentable que producir.
El desenlace en Eldorado es el capítulo final de un proceso de retracción que Dass inició en enero de 2025, cuando cerró su planta de Coronel Suárez —donde fabricaba zapatillas Adidas— y despidió a unos 360 operarios. En ese momento, la empresa había prometido consolidar toda su producción en Misiones. Un año después, en enero de 2026, la planta misionera ya acusaba el impacto: 43 empleados fueron desvinculados y el sindicato advirtió que la producción comprometida llegaba solo hasta junio de ese año. “No sabemos con cuánto personal llegarían a esa fecha ni qué pasará después de junio”, señalaron entonces fuentes de UTICRA a Infobae. La respuesta llegó esta semana con el cierre total.

El caso de Dass no es aislado en un sector que atraviesa una de sus contracciones más pronunciadas de los últimos años. John Foos, la marca argentina fundada en los años ’80, cerró su planta de Beccar, en el partido de San Isidro, para importar calzado terminado desde distintos países de Asia. La empresa redujo su plantilla de casi 400 trabajadores en 2023 a unos 50 a comienzos de 2026, antes de cesar por completo la fabricación local.
En mayo, Gomas Gaspar, una fábrica de suelas con más de treinta años de actividad en el barrio de San Vicente, en la ciudad de Córdoba, también cerró sus puertas y dejó sin trabajo a 40 operarios, quienes además reclaman sueldos atrasados e indemnizaciones impagas.
Los datos oficiales reflejan la magnitud del retroceso. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), la fabricación de calzado y sus partes registró una caída interanual del 30,9% en noviembre de 2025. El organismo vinculó esa baja con “la menor demanda local y el ingreso de productos importados”. La producción nacional de calzado alcanzó su pico en 2015, con 125 millones de pares, y desde entonces no dejó de contraerse.
ECONOMIA
Panorama Financiero | Caputo calmó al mercado, pero la economía real todavía no arranca

El Gobierno consiguió una primera respuesta positiva a su plan financiero, pero el verdadero examen empieza ahora: que la calma del mercado se convierta en una economía con más movimiento. Luis Caputo aseguró que tiene cubiertas necesidades por u$s19.200 millones en lo que queda de 2026 y presentó el esquema para afrontar 2027. La reacción fue favorable y el riesgo país bajó a la zona de 412 puntos, su nivel más bajo desde 2018.
El dato no es menor porque despeja, al menos por ahora, una de las dudas que más inquietaban a la City: cómo iba a financiar el Gobierno los próximos vencimientos en dólares sin reabrir una tensión cambiaria. Con ese frente más ordenado, el mercado cambió de foco. La pregunta ya no pasa solo por la deuda, sino por algo más difícil: si la estabilidad financiera puede bajar a la economía real.
Caputo despejó dudas por la deuda y consiguió aire financiero
El programa que presentó Economía buscó justamente eso: mostrar que el Gobierno no llega improvisando al tramo más sensible del calendario financiero. Para este año, el equipo económico afirmó que ya tiene cubiertas las necesidades previstas. Y para 2027, el mensaje fue que existe una hoja de ruta diseñada con distintas fuentes de financiamiento para evitar sobresaltos.
Ese anuncio le devolvió aire al oficialismo en el frente financiero. Bonos, riesgo país y expectativas cambiarias reaccionaron mejor porque el mercado leyó que el Gobierno logró ganar tiempo y previsibilidad. Después de varios meses en los que la discusión pasaba por los dólares y por la posibilidad de un nuevo episodio de tensión, Caputo consiguió mover la conversación hacia otro terreno.
Pero ese logro tiene un límite claro. Ordenar la deuda y sostener la calma del dólar sirve para estabilizar la macro, no para garantizar por sí solo que la economía se reactive. Y ahí es donde hoy aparecen las mayores dudas.
Industria, construcción y recaudación muestran que la actividad sigue débil
El problema es que esa mejora financiera convive con una actividad todavía frágil. En los últimos datos, la industria cayó más de 3% mensual y la construcción retrocedió en una magnitud similar. La recaudación, además, mostró en junio una baja real de 7,6%, otra señal de que el movimiento económico sigue sin afirmarse de manera amplia.
Eso importa porque no se trata de una debilidad aislada en un solo sector. La industria, la construcción y el comercio siguen mostrando un comportamiento flojo, en un contexto donde tampoco aparece un crédito más dinámico que pueda empujar inversión o consumo. La macro se ordenó más rápido que la calle.
En ese punto está la discusión que empieza a dominar esta nueva etapa. Para el mercado ya no alcanza con mostrar un programa financiero blindado, inflación en descenso y una situación cambiaria menos tensa. Ahora quiere ver si esa estabilidad logra convertirse en algo más concreto: más actividad, más consumo y una recuperación menos dependiente de sectores puntuales como energía o minería.
La mejora del mercado todavía no llega con fuerza al bolsillo
Esa fragilidad se ve directamente en los hogares. Un relevamiento privado mostró que el 61% de los argentinos asegura que sus ingresos se terminan antes del día 20, mientras que el 86,1% siente que su salario pierde frente a la inflación. Solo el 13% dice que puede cubrir todos sus gastos y, además, ahorrar.
Es un dato relevante porque marca la distancia entre la mejora financiera y la percepción cotidiana. Aunque la inflación haya bajado y algunos segmentos del salario real hayan mostrado una leve recuperación, el bolsillo sigue muy exigido. La sensación dominante no es la de alivio, sino la de ingresos que todavía corren desde atrás.
Ahí aparece el verdadero examen para el Gobierno. La estabilidad financiera ya consiguió una primera validación del mercado. Pero el foco pasa ahora por una señal mucho más concreta: si esa calma empieza a traducirse en actividad y en una mejora sostenida del poder de compra.
Porque el riesgo país puede bajar, los bonos pueden mejorar y la deuda puede verse más ordenada. Pero si la industria sigue floja, la construcción no repunta y la mayoría de los hogares siente que no llega a fin de mes, el orden macroeconómico seguirá siendo una condición necesaria, aunque todavía insuficiente, para consolidar una recuperación más amplia.
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ECONOMIA
Mercados: bajan las acciones y los bonos argentinos, que se acoplan a la tendencia externa

Los mercados internacionales operan con cifras negativas este martes y las acciones y los bonos argentinos se acoplan a la tendencia.
A las 12:20 horas, el índice S&P Merval de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires pierde 0,5% en pesos, en los 3.250.000 puntos, detrás de la corrección bajista que experimentan los principales índices de Nueva York.
Los ADR y acciones de compañías argentinas que son negociados en dólares en Wall Street ofrecen mayoría de bajas, aunque moderadas. Destacan en esta tendencia Bioceres (-5%) y Satellogic (-3%).

Los bonos soberanos en dólares -Bonares y Globales- restan un 0,3% desde sus cotizaciones más altas del año, mientras que el riesgo país de JP Morgan se mantiene estabilizado en los 409 puntos básicos, dada la relación con la tasa de los bonos del Tesoro de los EEUU, que suben unos tres puntos básicos.
Por la mañana, el riesgo país tocó los 407 puntos, un mínimo desde el 24 de abril de 2018 (403 puntos).
Juan Manuel Franco, economista jefe de Grupo SBS, afirmó que “el Gobierno presentó ayer su programa financiero para 2026 y 2027 y destacó la ratificación de hace algunos meses atrás afirmando que uno de los objetivos será ‘reducir la dependencia de Wall Street’ asegurando que buscan refinanciar a la menor tasa posible, por lo que es opcional la emisión internacional”.
Asimismo, desde Cohen Aliados Financieros evaluaron que “tras el pico de marzo, sin la presión de los precios de los combustibles y los alimentos, la inflación comenzó a ceder nuevamente, los salarios reales dejaron de caer y el ingreso disponible de las familias mejoró luego de cinco meses de caída. Esto mejora las perspectivas para el consumo al tiempo que fortalece la imagen del Gobierno”.
“A pesar de este contexto favorable, el crédito siguió cayendo y la actividad no logra despegar, con un panorama muy claro de ganadores -las actividades primarias- y perdedores -las actividades urbanas-, en tanto que, del lado de la demanda, el repunte de las exportaciones es compensado por el estancamiento del consumo y la caída de la inversión. Esto último impacta en un mercado laboral que pierde calidad de empleo, con una informalidad cada vez mayor”, añadieron desde Cohen.
Las acciones estadounidenses caen después de que los resultados trimestrales de Samsung (-6,9%) provocaran una nueva ola de ventas en las acciones de semiconductores y los precios del petróleo subieran ligeramente.
El promedio industrial Dow Jones baja un 0,2% tras una jornada récord en Wall Street. El S&P 500 y el Nasdaq Composite en un 0,6% y un 1,4%, respectivamente.
“La volatilidad persistió en el mercado tecnológico tras los enormes beneficios que Samsung registró en el segundo trimestre. El aumento vertiginoso de la demanda de inteligencia artificial contribuyó a multiplicar por 19 el beneficio operativo de Samsung en el segundo trimestre; sin embargo, la preocupación por sus planes de inversión en IA y la demanda futura inquietó a los inversores, lo que provocó una mayor presión vendedora en todo el sector de los semiconductores”, informó Yahoo Finance.
El retroceso de las acciones tecnológicas lastra los mercados el martes, tras el repunte del día anterior que elevó el Dow Jones a un máximo histórico por encima de los 53.000 puntos.
Mientras tanto, los precios del petróleo suben 2,5% tras los informes de ataques iraníes contra buques mercantes en el Estrecho de Ormuz. El tráfico a través de esta vía marítima crucial se había ido recuperando gradualmente, aunque los mercados siguen atentos al riesgo de que se rompa el frágil acuerdo de paz entre Estados Unidos e Irán. Los futuros del crudo Brent del Mar del Norte para septiembre alcanzan los USD 73,80 por barril, mientras que los del crudo WTI alcanza en los EEUU los USD 70,24 en la posición a agosto.
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