DEPORTE
Sir Kenny Dalglish confirma que padece cáncer

Sir Kenny Dalglish, una de las mayores leyendas de la historia del Liverpool y del fútbol británico, ha confirmado públicamente que está recibiendo tratamiento contra un cáncer.
El exjugador y exentrenador escocés, de 75 años, comunicó la noticia después de que la información trascendiera de forma involuntaria a través de las redes sociales. En su mensaje, Dalglish explicó que su intención era mantener la situación en el ámbito privado, pero decidió confirmar su diagnóstico una vez que este se hizo público.
“Actualmente estoy recibiendo tratamiento por un cáncer”, señaló el histórico exfutbolista, quien también aprovechó para agradecer la atención recibida por parte de los profesionales sanitarios que lo están atendiendo.
«Evidentemente, no pretendía hacer público este asunto, así que agradecería que se respetara la privacidad de mi familia y la mía.Como siempre, gracias al maravilloso personal médico, que ha demostrado un cuidado y una discreción increíbles, no solo para mí, sino también para muchos, muchos otros. Son un orgullo para sí mismos», indicó.
Tras conocerse la noticia, el Liverpool emitió un comunicado oficial mostrando su total respaldo a quien es considerado una de las figuras más importantes de la historia del club. La entidad de Anfield trasladó todo su cariño y apoyo a Dalglish y a su familia, al tiempo que pidió respeto para su privacidad durante este proceso.
Dalglish defendió la camiseta del Liverpool entre 1977 y 1990, conquistando numerosos títulos nacionales e internacionales y convirtiéndose en uno de los jugadores más queridos por la afición. Posteriormente también dirigió al conjunto ‘red’ desde el banquillo, ampliando aún más su legado dentro de la institución.
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La euforia de los hijos de una leyenda del rock tras ver en vivo el triunfo de Argentina ante Suiza: “¡Increíble!”

La selección argentina avanzó a las semifinales del Mundial 2026 luego de vencer en tiempo extra a Suiza por 3-1. El combinado nacional dirigido por Lionel Scaloni, que sigue en camino para defender la corona en la Copa del Mundo, contó con unos hinchas inesperados en la victoria frente a los europeos en Kansas City: Castor Hetfield y Marcella Hetfield, hijos de James Hetfield, líder de la banda Metallica, y la argentina Francesca Tomasi.
Los jóvenes de 26 y 24 años, respectivamente, disfrutaron del triunfo albiceleste para clasificar a las semifinales en el estadio junto a su madre. Tanto Castor como Marcella vivieron el partido con la camiseta titular de la Selección y reflejaron en redes sociales su impresión por la locura de los fanáticos argentinos por el pase a la siguiente ronda de la Copa del Mundo.
“Gracias mamá y gracias a dios”, escribió la joven de 24 años en una publicación que estuvo acompañada por fotos con su hermano y Francesca Tomasi en el estadio de Kansas. La propia mujer argentina comentó en el posteo: “¡Una noche increíble con unos chicos increíbles! Los quiero».
Por su parte, en su cuenta de Instagram, Tomasi subió una serie de fotos de la victoria del elenco conducido por Lionel Messi. “¡Qué emoción estar en otro partido tan reñido! ¡Argentina es experta en hacer sufrir a sus aficionados hasta el último momento! No hay nadie con quien prefiera ver el partido que con Marcella y Castor”, comentó con un video de los jugadores celebrando.
Tanto Marcella como Castor sumaron en sus redes diferentes videos de los hinchas albicelestes festejando la clasificación y cantando por la Selección. “¡Vamos Argentina!”, escribió el joven de 26 años.

La separación de James Hetfield, líder de Metallica, y Francesca Tomasi se oficializó en 2022, después de 25 años de matrimonio (se casaron en 1997). La presentación ante los tribunales se hizo por diferencias irreconciliables. El inicio de la relación entre el músico y la argentina se produjo durante la gira de la banda del Black Álbum en 1992, donde la mujer rosarina trabajó como asistente de vestuario de la banda.
La expareja tuvo tres hijos: Cali Tee, nacida el 13 de junio de 1998; Castor Virgil, nacido el 18 de mayo de 2000; y Marcella, nacida el 17 de enero de 2002. Hetfield, en 2017, brindó una entrevista con Joe Rogan, en la que habló sobre el deterioro de su vida familiar durante ese matrimonio. La argentina ayudó al cantante en su lucha contra las drogas y sus rehabilitaciones.
“Perder a mi familia era lo que más me asustaba. Ese fue el fondo al que llegué: que mi familia se iba a ir por culpa de los comportamientos que yo traía de la carretera. Mi mujer me echó de casa y eso me aterró”, dijo. En esa misma conversación agregó: “Me dijo: ‘Ya no vas solo al terapeuta a hablar de esto. Tienes que ir a algún lugar y resolver todo esto’. Y eso fue lo que hice”.

Tras la separación, James Hetfield anunció su compromiso con Adriana Gillett después de una propuesta de matrimonio bajo el agua, durante un nado con tiburones ballena, un paso que marcará el segundo casamiento del vocalista y guitarrista de Metallica tras su divorcio de 2022. La relación entre ambos comenzó en 2023 y la noticia se conoció a través de Instagram. Hetfield tiene 62 años y Gillett, 45 años.
El músico sostuvo bajo el agua un cartel plastificado con la pregunta: “¿Adriana Gillett, quieres casarte conmigo?”. La respuesta de Gillett llegó con un pulgar hacia arriba. Hetfield compartió la imagen en su cuenta con una frase breve: “¡Dijo que sí!”. Ella publicó las fotografías en su propio perfil e incluyó una imagen adicional junto a uno de los tiburones ballena presentes durante el encuentro.
Gillett definió el momento como “La MEJOR sorpresa de cumpleaños”. También escribió: “Nadar con tiburones ballena en viernes 13 con la propuesta más única, especial y romántica que una Piscis podría imaginar. En un mar lleno de peces, nos encontramos el uno al otro. Gracias a Dios por unirnos”.
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El conmovedor relato de un exfutbolista italiano en el gol de Julián Álvarez contra Suiza: “¡Es un pandemonium!”

La selección argentina avanza en el Mundial 2026 con triunfos sufridos. Tras vencer por 3-2 a Cabo Verde y Egipto, el combinado liderado por Lionel Messi se impuso por 3-1 en tiempo extra contra Suiza y no solo los relatores albicelestes explotaron de emoción. Daniele Adani, ex defensor italiano y hoy comentarista de la cadena Rai, regaló una emocionante reacción en el tanto de Julián Álvarez que encaminó la clasificación para las semifinales.
Lele se convirtió en una de las voces más celebradas por los argentinos durante el Mundial de Qatar por sus relatos sobre Lionel Messi y el título del equipo. Adani, en una entrevista con Infobae en 2022, argumentó que su identificación con Argentina se relaciona con su vínculo con el fútbol del país, su admiración por el capitán y una devoción declarada por River Plate.
Durante la transmisión de Rai Sport Italia, el exfutbolista explotó de emoción durante su comentario al gol de Julián Álvarez a los 111 minutos del encuentro. “No lo puedo creer, no lo podemos creer. Es un pandemonium aquí. Increíble lo que ha sucedido. Increíble lo que hizo Julián Álvarez”, comenzó el italiano tras el 2-1 a favor de la Albiceleste.
Inmediatamente, comentó: “Primero lo intentó Messi, luego el balón va a la izquierda y Julián, desde esa nueva posición, un poco escorado, coloca el balón en la escuadra, preciso y puntual como un reloj suizo”.
Antes del inicio del partido en Kansas City, Daniele Adani publicó en su cuenta de Instagram el marco del estadio con los hinchas argentinos desde la zona de prensa, en un video que estuvo acompañado por la canción “El Baile de la Gambeta”. Horas más tarde, una vez consumada la clasificación del elenco dirigido por Lionel Scaloni, Lele viajó en avión con hinchas argentinos y compartió en sus redes los festejos de los albicelestes.
El italiano compartió en sus redes el viaje con los hinchas albicelestes
Lele Adani se volvió furor en Argentina en Qatar 2022. Durante las transmisiones de la cadena italiana, sus comentarios durante los goles de la Albiceleste se viralizaron en el país durante la Copa del Mundo y lo instalaron como un comentarista capaz de combinar euforia, precisión y referencias muy específicas a la cultura futbolera argentina.
“Es un placer acompañar con el relato al mejor jugador del mundo y Argentina. El que quiere al fútbol está junto a este juego, el juego de Messi, a la Selección, que va por más”, le comentó a Infobae en 2022 el ex futbolista que jugó en Inter, Fiorentina y Lazio.
Esa conexión quedó expuesta en uno de los momentos más delicados del torneo para el equipo de Lionel Scaloni: el gol de Messi a México en la fase de grupos, después de la derrota en el debut ante Arabia Saudita. En aquella narración, Adani irrumpió con una arenga encendida sobre la zurda del capitán, el origen rosarino del ídolo y de Ángel Di María y el valor del tanto que destrababa el partido.
El comentarista atribuye el origen de su lazo con Argentina a Matías Almeyda, a quien definió como “un hermano” y la persona que lo ayudó a conocer en profundidad el fútbol albiceleste. A partir de esa relación, viajó a Buenos Aires, asistió a partidos de River y empezó a seguir no solo al club de Núñez, sino también a la historia de los torneos continentales y de otras instituciones del país.
“Tengo una amistad, un hermano que me dio la vida, que se llama Matías Almeyda. Él me ayudó a conocer el fútbol. Yo viajé a Buenos Aires, fui a ver los partidos de River, su historia, la tradición. En aquel momento, como diez años atrás, yo empecé a amar un poquito más todos los días. Después a nivel profesional empecé a profundizar: la Copa Libertadores, la Sudamericana. El fútbol argentino, toda la historia, todos los clubes, me gusta muchísimo”, contó en diálogo con Infobae.
Tras retirarse, Adani tuvo un breve paso como asistente técnico en Italia, pero consolidó su perfil en los medios. Lleva casi una década como comentarista televisivo y durante la pandemia sumó otra vidriera con Bobo TV, el proyecto en redes sociales encabezado por Christian Vieri.
La identificación de Adani con el fútbol argentino, de todos modos, tiene un punto central y explícito: River Plate. El ex defensor dijo que siguió de cerca la historia del club, desde La Máquina de las décadas del 30 y 40 hasta el ciclo de Marcelo Gallardo, y aseguró que no se pierde ningún partido.
“Quiero a River muchísimo. Yo festejé el 9 de diciembre de 2018 con todos los hinchas de River por la Copa Eterna. Yo estuve antes en el Monumental, que no se jugó, y después en Madrid. Lloré por River. No me pierdo ningún partido. Conozco todo de la historia, de La Máquina de los años 30 y 40, de las figuras más importantes. De lo que ha sido el Muñeco. Espero que Martín Demichelis haga un buen trabajo. Amo a River, sigo todos los días a River”.
En sus redes sociales, suele mostrar escenas de su vida cotidiana en Doha, imágenes con la camiseta de River y videos vinculados con Diego Maradona. Durante el Mundial, esa mezcla de biografía italiana, fervor por Argentina y conocimiento minucioso de sus símbolos futbolísticos fue la que lo volvió una figura inesperadamente cercana para el público argentino, algo que volvió a aparecer en la edición de 2026.
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La selección argentina tiene ese “qué se yo”

La selección argentina, como dice el viejo tango de Piazzolla y Goyeneche, tiene ese “qué sé yo”. Sufre y sufre, pero va. Se tambalea, parece quedar al borde del abismo, obliga a sus hinchas a mirar el reloj con el corazón en la garganta y, aun así, encuentra la manera de seguir caminando. No siempre domina ni juega como quiere. No siempre logra que el partido transite por los lugares que imaginó. Pero cuando el escenario se vuelve incómodo, cuando la lógica empieza a resquebrajarse y el fútbol deja de ofrecer certezas, aparece algo que la sostiene. Aura, historia y un pueblo futbolero detrás.
El fútbol moderno pretende explicarlo todo. Los mapas de calor, los goles esperados, las presiones exitosas, la altura de los bloques y la cantidad de pases progresivos intentan traducir el juego a un idioma comprensible. Y claro que sirven. Permiten analizar por qué un equipo ataca mejor, dónde recupera la pelota o cuáles son sus problemas defensivos. Pero hay partidos —y equipos— en los qué esas herramientas no son suficientes.
¿Cómo se explica la mentalidad ganadora? ¿Cómo se explica el hambre de gloria? ¿Cómo se explica este deporte en un país cuya idiosincrasia es profundamente futbolera y competitiva?
Todo eso, y mucho más, es lo que le otorga al jugador argentino un estatus de jerarquía alrededor del mundo. Es lo que explica que nuestros futbolistas lleguen a otras ligas, compitan desde el primer día y, al poco tiempo, terminen convirtiéndose en referentes o capitanes. Hay una forma de vivir el juego, de asumir la presión y de entender la competencia que parece venir incorporada.
Y eso también está en esta Selección. No como una fórmula exacta ni como una verdad científica, sino como una marca cultural. Una manera de jugar, de resistir y de no aceptar la derrota mientras todavía quede una pelota por disputar. Es un poco la insignia que nos envidia el mundo entero.
Ese “qué sé yo” no reemplaza al fútbol. Pero muchas veces lo completa. Y hasta ahora le alcanzó. Le alcanzó con el corazón, con las individualidades y con una cuota grande de rebeldía. No siempre desde la brillantez, pero sí desde la convicción.
Argentina volvió a encontrar dificultades para jugar. Otra vez cedió espacios entre líneas con demasiada facilidad y, justamente por ahí, llegó el gol de Dan Ndoye. No es la primera vez que le sucede en este Mundial. Como tampoco es la primera vez que le cuesta cerrar los partidos cuando consigue ponerse en ventaja. O, quizá, simplemente ese sea el libreto de esta Selección. La receta, discutible o no, con la que termina sufriendo cada clasificación.
No fue una gran noche de Lionel Messi. Tampoco encontró respuestas por el lateral derecho, un sector que volvió a exponer algunas de las carencias del equipo. Argentina no lograba imponerse desde el juego y el partido empezaba a entrar en ese terreno incómodo que tanto le gusta a Suiza.
Entonces apareció la pelota parada. Bendita pelota parada. Esa que Walter Samuel trabaja obsesivamente y que ya le dio más de una solución a este equipo. Se sabía que era una de las principales debilidades del conjunto helvético y Argentina la aprovechó para romper el cero y golpear donde más daño podía hacer.
Cuando Suiza atravesaba su mejor momento llegó la jugada que cambió el partido. La expulsión de Breel Embolo por doble amarilla, tras una simulación por una inexistente falta de Leandro Paredes en la mitad de la cancha, dejó a los europeos con diez futbolistas. Una decisión que seguramente generará debate entre quienes desconfían del VAR, pero que, desde el reglamento, fue correcta. Y terminó modificando por completo el desarrollo del encuentro.
Ya en el tiempo suplementario, el partido fue prácticamente todo argentino. Con más empuje que claridad. Suiza resistía con una zaga central de enorme nivel, sostenida además por los buenos ingresos desde el banco, mientras todavía encontraba fuerzas para lanzar algún contraataque valiente. Murió de pie. Pero no le alcanzó.
Cuando el partido pedía un héroe, irrumpieron la calidad, la jerarquía y la locura de Julián Álvarez. La Araña decidió reencontrarse con el gol con un zapatazo inmejorable al ángulo. Un desahogo para él y para todo un pueblo argentino que ya empezaba a rezar para no volver a jugarse la clasificación desde los doce pasos.
Y cuando todo estaba perdido para los suizos, volvió a aparecer el hambre de Julián. Un déjà vu de lo ocurrido frente a Egipto. Presionó, robó una pelota que parecía perdida, Thiago Almada condujo el ataque y Lautaro Martínez aprovechó el barro para sentenciar la clasificación. Mojaron los dos nueves. Difícil imaginar una noticia mejor para Lionel Scaloni a las puertas de una semifinal.
Argentina no entra en pánico. No le teme a la adversidad. No se desespera cuando el reloj empieza a correr en su contra. Es un equipo que aprendió a convivir con la incomodidad, a aceptar que los partidos de un Mundial rara vez se juegan exactamente como fueron planificados. Pragmático como pocos. Nunca se enamora tanto de una idea como para olvidarse del objetivo.
La Scaloneta está jugando por debajo del nivel que gran parte del mundo del fútbol imaginaba antes del torneo. Le está costando reencontrarse con la fluidez de otros tiempos y por momentos deja dudas futbolísticas. Sin embargo, sostiene algo que fue sagrado en aquel proceso de Qatar y que sigue siendo el mayor patrimonio de este grupo: el alma por sobre el botín.
Parte de esa fortaleza se explica en el vínculo que construyó el grupo. Con los años, este plantel dejó de ser solamente un conjunto de grandes futbolistas y se transformó en una familia. Hay una confianza interna que se nota en los festejos post partido. Rodrigo De Paul lo resume muy bien en El método Scaloni: uno por la familia deja la vida. Esa unión no garantiza jugar bien, pero sí explica por qué Argentina rara vez se entrega.
El gran ejemplo de esto es Lionel Messi. No tuvo su noche más fina. Se lo vio más cansado que de costumbre y lejos de esa influencia permanente a la que acostumbró durante tantos años. El orden táctico helvético también lo apagó. Sin embargo, volvió a encontrar otra manera de ayudar desde el pase. El centro preciso para que Alexis Mac Allister encontrara el gol de cabeza fue una muestra más de que su incidencia está más viva que nunca. Y quizá esta clasificación envuelva un valor enorme de este grupo: hace tiempo que le demostraron al Diez que ya no necesita cargar el Mundial sobre sus hombros. Ellos también están dispuestos a correr, sufrir y, si hace falta, morir por él.
Ahora el destino vuelve a poner a Inglaterra del otro lado. Una semifinal de Mundial. Imposible no dejar que la memoria viaje. Imposible no pensar en la historia, en las heridas, en los fantasmas y en los héroes que construyeron uno de los capítulos más intensos del fútbol argentino. Y de nuestros capítulos más oscuros como sociedad.
Messi tendrá una definición más para escribir en su carrera. Quizá la última. Y si alguna vez heredó algo de Diego, ojalá sea, por encima de cualquier comparación imposible, la capacidad de disfrutar estos escenarios. Porque hay partidos que trascienden el resultado y Argentina volverá a jugar uno de esos.
Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo. Seguimos y vamos con el corazón. Contra todos.
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