CHIMENTOS
Sol Pérez en Lo de Pampita: “Era la tercera en discordia en todas las relaciones”

La presentadora argentina Sol Pérez se convirtió en madre el 4 de abril del año pasado con la llegada de Marco, fruto de su matrimonio con Guido Mazzoni. La conductora agradeció a su pareja, según sus propias palabras: “Gracias porque me diste lo más lindo que voy a tener en la vida. Es todo para mí, todo”.
Durante su visita a Lo de Pampita, la también abogada y modelo habló abiertamente sobre el terrible accidente que provocó la muerte de su abuela Norma, de 82 años, ”una segunda madre para mí, porque vivía con nosotros”.
Reconocida además por su paso como “chica del tiempo” en Sportia y su participación en Bailando por un sueño en 2017 y 2018, actualmente se desempeña como panelista de Gran Hermano y se incorporó al noticiero de Telefe, en el rubro espectáculos. Honesta y frontal, en la charla con Pampita Sol no esquiva ningún tema: desde el sexo durante la maternidad hasta su mediática pelea con Javier Milei, poco antes de que llegara a la presidencia.
Acá, los momentos más destacados de la entrevista:
—Hola, una vez más en Lo de Pampita, hoy me acompaña Sol Pérez, una amiga de muchos años.
—Hola, Caro.
—Puedo decir que te vi crecer, ¿no?
—Sí, literal.
—¿Te acordás esas primeras veces en la tele? ¿Cómo era estar en pantalla, la repercusión, la familia…?
—Sí, yo creo que a mi familia le costó un montón. Porque una cosa es cuando todo es lindo, cuando uno empieza a hacer trabajitos muy chiquititos, todo es hermoso… Pero después, cuando ya todo se hace mucho más global, es difícil, ya no lo manejás vos. Ojo, no hay que creerse ni lo bueno ni lo malo, eso lo aprendés con los años… Cuando dicen un montón de cosas, algunas ciertas y otras… te diría que la gran mayoría, no son verdades.
—¿De cuál te acordás, que decís: “Esto no era nada, nada verdad”?
—Un montón. Que choqué en Panamericana y mi mamá me llama por teléfono y menos mal que la atendí, porque nada que ver. Otra vez dijeron que había maltratado un equipo de maquillaje y peinado, y nada, cero: laburo con Alan y con Camilo hace más de diez años. Siempre tengo muy buena relación con toda la gente del canal. O ser la tercera en discordia: se separaba alguien y yo era la tercera en discordia en todas las relaciones.
El recuerdo de la abuela Norma…
—Quiero hablar de la relación que tenías con tu abuela Norma, lo de un accidente que tuvo hace años, y que la persona se dio a la fuga, ¿no? ¿Fue así?
—Fue todo muy raro. En ese momento, mi abuela tenía 82 años y se iba a hacer estudios todo el tiempo. Y me dice: “Bueno, me voy a hacer estudios a la mañana”. Yo me fui a trabajar -hacía el clima en Sportia- y mi abuela se fue a hacer los estudios. Cuando vuelvo suena el teléfono y yo no atendía, todavía había el fijo… Hasta que digo: bueno, voy a atender y me dicen que tuvo un accidente. Yo digo “accidente”, pero no es un accidente. Cruzó la calle y se la llevó puesta este hombre, que venía a mucha velocidad, porque como quedó el auto, fue impresionante. Supuestamente falleció en el acto, pero nosotros creemos que no. Y cuando fuimos a la comisaría, una de las cosas que nos dijeron fue: “Igual ya estaba grande tu abuela”.
—¡Una bestialidad!
—Yo la miré como diciendo: “Vos no tenés ni idea quién era mi abuela. O sea, estás grande vos al lado de mi abuela”. Mi abuela jugaba al tenis todos los fines de semana, iba a aquagym, hacía los cursos de Internet porque ella quería aprender a mandar mails, o sea, le sobraba vitalidad. Así que fue superduro, porque cuando pasan esas muertes, vos no estás preparado, y creo que nunca estás preparado. Al principio no podía ni hablar del tema. Me había quedado una parálisis en la cara porque lloraba todo el tiempo.
—El que no ha vivido esos dolores, creo que no sabe lo que es, porque el recuerdo está tangible todo el tiempo.
—00 Y después está como cada uno tramita el duelo y tenemos que seguir viviendo todos juntos en la misma casa, una habitación cerrada que nadie quiere abrir y cuando abrís te sentás a llorar… Y claro, no puede ser el cementerio vivo en tu casa. Pero todo eso lleva meses.
Sexo y maternidad…
—¿Cómo es el sexo en la maternidad con la cama compartida?
—¡Y… casi imposible!
—No digas eso.
—Sí, pobre Guido, casi imposible. Nos intentamos organizar. Encima yo quiero buscar otro bebé… Cuando Marco duerme la siesta, Guido está trabajando. Generalmente, Guido se queda un rato más en casa a la mañana y yo voy a trabajar.
—¿Sale mañanero? (risas).
—Imposible. No, vamos buscando horarios cuando Marco ya está dormido a la noche. Pero justo estábamos hablando en el auto y le digo: “mirá, Gui, le digo, no todos los viernes, pero un viernes al mes, por lo menos, tenemos que tener un plan para nosotros”. Es como que vas perdiendo eso de la pareja, de ir a cenar…
—Volver a ser novios un ratito.
—Tenemos cero de noviazgo. Es como todo: Marco, Marco, Marco, todo Marco.
—Claro, a veces decís “hoy lo hacemos y cuando llega el horario te mirás y decís: no, mejor mañana”, porque están muertos.
—Claro, te vas durmiendo porque le das de comer, lo bañás, le ponés el pijamita, toma la memi, lo hacés dormir…
—Sí, total. Pero a ponerse las pilas porque si no la hermanita no va a llegar más (risas).

La pelea con Milei
—Hace unos años te peleaste con Milei. Vos eras chiquita, pero ya con carácter, ¿no?
—Sí, tenía un carácter… Hoy lo veo con otros ojos…
—Pero eso también marcó tu carrera.
—Sí, me ayudó un montón.
—¿Te ayudó?
—Totalmente, sí. Yo, Caro, a vos te hice una que no la recordás, pero fue tremendo.
—Pero no tuvimos nunca problemas.
—Problemas no, pero porque siempre fuiste una genia total. Era mi primer trabajo de panelista y vos estabas de conductora, espléndida. Y te dicen: “Tenemos que pasar de tema”. Claro, yo no sabía ni qué era pasar de tema. Y vos te fuiste a vender algo y yo estaba re enojada. Y vos me dijiste: “¿Qué pasa, Sol, que estás enojada?”. “No, es que yo quiero seguir debatiendo el tema”. (Ríen) No, pero sos divina. Eso me lo acuerdo, porque otra dice: “Volámela a esta piba, no entiende nada”.
—No, porque además todas estábamos aprendiendo a llevar un programa adelante. Yo no había tenido nunca un programa propio, imaginate. Estaba igual que ustedes. Pero volviendo al tema Milei, ¿te acordás de ese momento?
—Sí, sí.
—Quién iba a imaginar que Milei iba a ser presidente…
—No, tremendo. Yo lo felicito porque la verdad que la campaña que hizo fue impresionante, pero cambió totalmente.
—¿Se acordará de esa pelea con vos?
—¡Ay, espero que no!
—¡Esperemos!
—Pero, bueno, yo siento que sí, que mi carácter me ayudó mucho porque decía todo lo que pensaba. Pero hoy no lo haría.
—No, no, para mí hay que hacerlo: no hay que perder esa esencia.
—Sí, pero a veces hay que tener un poco… Tenés que darte cuenta que a veces no da. Ya siento que no tengo tantas ganas de pelear, ¿viste?
—Es que ahora sos mamá. Ella ahora es mamá.
—Como que quiero ir a disfrutar, no tengo ganas de ir a discutir.
El primer Martín Fierro de Sol, que se volvió polémica
—Te llevo a aquella polémica que se generó en un Martín Fierro por un vestido…
—Sí, no estaba preparada para eso.
—¿Para la devolución? Tu primer Martín Fierro, la ilusión de ir por primera vez…
—Sí, fue horrible. Lo que no me gustó de las personas que me hicieron el vestido fue que después aprovecharon todo eso para colgarse, pegarme a mí también y pegar un programa de televisión. Aparte, yo me lo puse con toda la ilusión del mundo el vestido. Estaba haciendo teatro en ese momento con Carmen y me iba directamente. Entonces, después me vestía ahí en el camerín, me puse el vestido. Para mí estaba bien. Llegué y ya no había casi nadie en la alfombra roja…
—Porque venías del teatro. Y esa noche hermosa te fuiste a dormir y al día siguiente…
—Al día siguiente me mataron. Pero aparte dijeron “tenía el pelo que parece que sale de un albergue transitorio”. Yo tenía veintipico de años. O sea, ¿vos no tenés una hija, una amiga, una hermana para decirle eso a una mujer? Un horror. Fue todo un montón.
—No sé si es malicia, es como que hay una una comedia también cuando se critican los looks, ¿no?
—Sí, igual siento como que hoy no se dicen las cosas que se decían en ese momento, como que también era otra televisión… Directamente era en mi contra, era como: “¡No tiene cuerpo para eso!”.
—¿Y lloraste?
—Yo no, mi mamá, pobre.
Los comienzos de romance con Guido Mazzoni
—Estuve leyendo cómo te chamuyó Guido, chamuya medio raro, ¿no?
—¿Medio? (risas). Pasa que cuando él me decía esos chamuyos yo no me los creía, pensé que me hacía un chiste. No pensé que una persona podía chamuyar así. Ponele, me llegó a decir: “Me gustaría que me muerdas y hacer un molde y colgar la dentadura en la cama”. Cosa que vos decís: eso no lo dice nadie, estás loco. O después me decía: “Estás más buena que el sándwich del recreo largo que tenía en el colegio”. Y yo me reía porque me causaban gracia las barbaridades que ponía. Digo, este chico claramente es gracioso, no me está chamuyando. Pero, claro, cuando empecé a ver su forma de ser, me enamoró por completo. Es muy divertido, ¿viste? No se hace problema por nada. Y yo era todo lo contrario. Mi vida era trabajo, trabajo, todo el día enojada o peleando por algo. Estaba como muy enojada con la vida, hasta mi energía era otra. Siento que era otra persona, ¿viste?
—¿La primer cita dónde fue?
—Yo lo invité a cenar a mi casa, porque él me invitaba a cenar después de entrenar, cuando entrenábamos a la noche me decía: “Bueno, vamos a comer acá a la vuelta”. Y yo iba así toda horrible, que recién terminaba de entrenar, pero destrozada. Pero él… nada. Ni un beso. Entonces, yo tenía una amiga que entrenaba ahí también y le digo: “Che, ¿me podés averiguar a ver qué onda? Porque estoy remando en dulce de leche y este pibe capaz que está en otra”. Y me dice: “No, no…”
—Se estaba tomando su tiempo.
—Pero me dice: “No quiere como involucrarse sentimentalmente, porque ustedes tienen una relación profesor-alumna de gimnasio y como que a él también le servía que yo vaya al gimnasio de él”. Entonces, como que no quería, capaz que teníamos algo y no funcionaba y yo dejaba de entrenar. Y él me dice: “Y a mí me servía que vos vengas a entrenar, porque está bueno tenerte en el gimnasio…
—¿Y cuándo fue todo más fuerte que ya se descontroló?
—Ahí yo dije: “Bueno, nene, ya está, te invito a cenar a casa”. O sea, más indirecta que esa.

—Lo avanzaste vos entonces.
—Sí, más indirecta que esa no había. Nos conocimos en en julio y en octubre nos pusimos de novios, un 10 de octubre. Y en diciembre nos fuimos a vivir juntos.
—Bueno, Sol, me alegro tu recorrido y verte seguir creciendo y creciendo.
—Gracias, igualmente.
—Y lo que más me alegro es la familia divina que tenés.
—¡Ay, muchas gracias!
—Creo que ese es el regalo más grande que uno tiene en la vida.
—Gracias, Caro.
—Así que disfrútenlo mucho, me encanta.
Fotos: Adrián Escandar
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¿Está bien o es cualquiera? Daniela Celis se hizo una sanación de útero para vivir a pleno el amor con Nick: “Sentía asco en el cuerpo”

Sin dudas, la maternidad genera todo tipo de cambios en la mujer, ya sean emocionales, anímicos y físicos. Y fue este último el que, según manifestó la propia Daniela Celis en el verano, más le afectó ya que le costaba sentirse cómoda con sus nuevas curvas.
Y si bien para sus compañeros de streaming es una diosa y tiene un cuerpo hermoso, la ex participante de Gran Hermano hizo saber sus inseguridades post parto. A fin de sentirse mejor y amigarse con la imagen que le devuelve el espejo, Pestañela tomó una determinación.
¡Se sometió a una curación mediante un ritual! Luego de realizarlo, y apostando nuevamente al amor en medio de un gran presente profesional, Celis dialogaba con sus colegas del streaming de Telefe cuando, en charla con Fede Popgold se animó a revelar que “De repente mi cuerpo estalló”.
“Necesitaba saber qué estaba pasando conmigo. Hay algo que me daba asco. Sentía asco en el cuerpo, en todos lados. Como que no sabía qué me estaba pasando. Yo no soy así. Estaba baja de energía, muy mala”, detalló la ex de Thiago Medina.
EL RITUAL QUE LE VOLVIÓ LA SEGURIDAD Y FEMENEIDAD A DANIELA CELIS
A lo que Daniela, tratando de explicar los síntomas que la llevaron a buscar ayuda, continuó: “Lo que me hice, chicos, es una sanación de útero… . vieron cuando hacen como reiki o esas cosas, o los chacras. Me siento otra después de eso”.
“Dejé de llorar y volví a recuperar mi energía», remató Celis, quien actualmente se muestra feliz, sonriente, mostrando su lado sensual y apostando nuevamente al amor tras comenzar una relación con Nick Sicaro, el músico e influencer que pasó también por la casa de GH y que busca volver.
Daniela Celis
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Malena Guinzburg: “Quiero dedicarme a esto toda la vida”

A los desafíos del teatro de elenco se suma el nombre propio de una figura ya consolidada: Malena Guinzburg sigue ampliando su camino en los escenarios argentino. Ahora forma parte del elenco de “Casual”, comedia que explora vínculos y contradicciones actuales en la cartelera porteña. Hija de Jorge Guinzburg, reconocida por su trabajo en stand up y en el grupo Las Chicas de la Culpa, Malena cruza con naturalidad la frontera entre el humor individual, la actuación en grupo y la televisión, impulsando una voz propia en el mundo del espectáculo.
El estreno de “Casual” marcó un nuevo desafío para Guinzburg, que alterna las funciones en el Multiteatro de Buenos Aires con giras, televisión y sus proyectos con Las Chicas de la Culpa. La comedia, escrita por Federico Viescas y dirigida por Pablo Fábregas, aborda identidades y vínculos en la era digital a través de descubrir los secretos de un celular. Con un elenco que integran Carlos Belloso, Diego Gentile, Mica Lapegüe, Claudio Martínez Bel, Julián Ponce Campos y Lucas Wainraich.
Con funciones semanales a cuesta y una reciente nominación al Martín Fierro con Las Chicas…, la artista conversa sobre temores, aprendizajes y autenticidad en diálogo con Teleshow.

—En “Casual” das un salto importante al teatro de elenco tras muchos años de stand up. ¿Cómo viviste este proceso y qué aprendizajes te dejó?
—Fue un cambio enorme para mí. Ya el primer desafío fue modificar totalmente mi manera de actuar: dejar de ser yo misma, como en el stand up, y pasar a aprenderme una letra, a componer un personaje con cuarta pared. Sentí muchos miedos e inseguridades, sobre todo por compartir escenario con actorazos como Diego Gentile y Carlos Belloso. Una semana antes de estrenar lo agarré a Pablo Fábregas, al director, y llorando le dije: “Soy malísima”. Y me respondió: “Dejá de hinchar las bolas, divertite”. Me animó a disfrutar y hoy estoy muy feliz. Quiero que la vea todo el mundo y ahora siento mucho orgullo.
—¿Te planteaste en algún momento posponer tu carrera como humorista por este desafío?
—Soy medio cagona evidentemente. Tuve el temor de alejarme un poco del stand up, que venía funcionando bien y donde quería armar otro unipersonal, pero las ganas de hacer algo nuevo ganaron siempre. El proyecto, la obra, el elenco y el director me gustaban mucho más que cualquier miedo. Además, sigo con Las Chicas de la Culpa, así que el deseo pesó más que la inseguridad.
—¿Sentís que esta experiencia abre nuevas puertas en tu carrera actoral?
—Ojalá. Me divierto mucho. Al principio dudaba si hacer seis funciones por semana, repitiendo el mismo texto, me iba a aburrir. Pero no me faltaron ganas ni un solo día, siempre encontré cómo hacerlo de una forma nueva. Ahora quiero dedicarme a esto toda la vida.

—La trama de “Casual” gira en torno a los secretos y lo privado en la vida actual. ¿Te identificás con esta temática?
—Creo que, como todos, tengo algunos secretos. Mi Depende quién encuentre mi celular, tal vez pueda ver cosas que preferiría que no. Mi novio tiene mi clave, no oculto nada grave, pero me daría vergüenza que vean charlas tontas, como mis preguntas al ChatGPT por un grano o alguna playlist de música y que me digan “qué grasa”. Son esas “microvergüencitas” que uno no quiere mostrar. Eso sí: en mi vida de pareja no reviso celulares ni oculto nada, pero reconozco que soy algo chusma, incluso con los amigos.
—¿Creés que hoy el celular es literalmente nuestra extensión, como muestra la obra?
—Totalmente. Si alguien analiza tu celular puede saber todo: en qué gastás, qué hacés, cuánto tiempo pasás con cada cosa. Es como la caja negra de quiénes somos.
— Y en el Instagram de tu novio, ¿no mirás si alguna chica le pone un corazoncito, por ejemplo?
—No, igual, la verdad que mi novio casi no usa las redes sociales. Cero, cero, cero. Las usa por laburo nada más. No me da esa ni esa chance. A ver, tampoco me quiero hacer la recontrasuperada en la vida. Tal vez si yo viera que sí pasa eso de: “Che, siempre te pone corazones”, no haría ningún escándalo, pero miraría para ver quién es, ¿entendés?

—Con Las Chicas de la Culpa saltaste del teatro al horario central de los domingos en El Trece. ¿Cómo fue esa adaptación del humor al formato televisivo?
—Entendimos desde el comienzo que eran dos cosas distintas.En el teatro somos muy zarpadas, podemos hablar de todo sin filtro. En la televisión, los domingos a las 21 horas, ni siquiera es después del horario de protección al menor, así que tuvimos que armar un código propio y empezar a filtrar. Ahora también sumamos entrevistas, lo que cambió mucho la dinámica. De a poco encontramos nuestro estilo, nos divertimos e incluso vemos el impacto en la calle; mucha gente nos habla del programa, más allá de los números.
—Siguen manteniendo la “picardía” propia pese a los nuevos límites. ¿Cómo lo logran?
—Obvio, nadie nos puede quitar la esencia. Nuestro humor tiene eso picante y natural. Aunque en tele no podemos hacer lo del teatro, tratamos de conservar la chispa.
—¿Recibiste alguna reacción inolvidable por algún chiste o situación en teatro?
—En el teatro somos cuidadosas, no nos metemos con el público porque puede ser un caos, sobre todo con mil personas en el Nacional. Lo que sí pasa es que a veces decimos cosas muy graciosas en el teatro, pero si las subís a redes pueden tomarse mal porque salen de contexto. Ya nos pasó: subimos un recorte y alguien, un famoso, se ofendió. No te voy a decir quién es porque nadie se enteró. Nos llamó directamente y lo bajamos enseguida. Es el riesgo de que el humor, fuera de su entorno, pierda sentido.
—¿Cómo lidian con esos riesgos en la era digital?
—Simple: mucho cuidado al elegir qué subimos. Sabemos que el lenguaje de las redes es distinto y hay cosas que solo funcionan cuando todos están en la misma sintonía. Con humor negro, sobre todo, hay que estar atentos a no herir.

—Hablando de tu papá, Jorge Guinzburg, ¿cómo vivís el peso del apellido y tu propia independencia profesional?
—Siento que hice mi propio camino. Ya van más de 20 años trabajando y toda mi carrera fue sin mi viejo, que falleció en 2008. Eso no quita que me llene de orgullo cuando lo recuerdan con cariño en el medio. No busqué nunca imitarlo ni podría hacerlo, pero no reniego de mi apellido, al contrario: estoy muy orgullosa.
—¿Te inspiran algunos consejos o miradas de Jorge en tu faceta de entrevistadora?
—No busco copiarlo ni repaso sus entrevistas, pero sí me acuerdo de consejos sobre escuchar al entrevistado, que es lo básico para una buena charla. Viéndolo trabajar aprendí mucho y lo valoro.
—Con un ritmo tan intenso de compromisos, ¿cómo manejás tu vida personal y la exposición?
—Por suerte puedo salir a la calle y hacer mi vida normal. Me gusta tener contacto con el público, recibir el cariño de quienes agradecen que los hagas reír. Lo difícil es el poco tiempo libre; entre “Las Chicas de la Culpa”, las funciones de “Casual” y las grabaciones para tele, no tengo un día de descanso. Es más, ahora termino esta entrevista y tengo una reunión.

—El grupo Las Chicas de la Culpa es famoso por su trabajo en equipo y amistad. ¿Esa unión es real fuera del escenario?
—Es así, somos muy amigas y eso hace posible el éxito. Tuvimos diferencias, claro, pero las resolvimos. Venimos de una gira espectacular por Europa y hasta nos tomamos vacaciones juntas. Ahora estamos nominadas al Martín Fierro por la televisión y ya alquilamos una habitación para prepararnos juntas. Para que podamos divertirnos y decirnos lo que nos decimos en el grupo tiene que haber verdadera amistad.
—En las giras y funciones internacionales, ¿qué diferencias notaste con el público y el humor local?
—En Ámsterdam y Londres el público era latino, pero en España el 80% eran españoles, algo que nos sorprendió y nos encantó. El humor es universal, todos nos reímos de lo mismo aunque algunos públicos sean más tímidos. Como pasa acá también: en algunos lugares en el interior tardan un poco en soltarse, pero después es igual.
—¿Tienen que ajustar mucho el lenguaje o los códigos del humor dependiendo del público?
—Sí, con Las Chicas de la Culpa nos pasa seguido que alguna palabra no se entiende afuera. Entonces preguntamos: “¿Esto se entiende?”, y buscamos adaptarnos sobre la marcha. A veces, como público, te perdés alguna palabra, pero el contexto hace que todos nos entendamos.
—¿Cómo vivís la nominación al Martín Fierro? ¿Tenés algún discurso preparado para la ceremonia?
—No, nunca prepararía un discurso. Estar nominada ya es muy lindo, es un reconocimiento. El lunes iremos a divertirnos, a celebrar y ojalá ganemos, porque siempre está bueno ganar.
Fotos: Rosario González del Cerro
malena guinzburg
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La cuenta pendiente que atormenta al hijo de Mario Pergolini: “Nunca pude hacerlo”

Tomás Pergolini atraviesa uno de los momentos más sensibles de su vida personal y decidió compartirlo públicamente. Durante una emisión de su programa de streaming en Vorterix, el hijo mayor de Mario Pergolini recordó con profunda emoción a su abuela Beatriz, quien falleció el pasado 7 de mayo, y dejó una confesión que conmovió a todos.
Lejos de ocultar el dolor, Tomás abrió su corazón frente a cámara y habló del vínculo especial que mantenía con ella. Entre recuerdos, anécdotas familiares y lágrimas contenidas, reveló cuál es la deuda emocional que siente que nunca pudo saldar.
“Siempre me tuvo muy presente y eso a mí me enternece muchísimo”, comenzó diciendo sobre Beatriz, a quien describió como una mujer frontal, intensa y con una personalidad imposible de pasar desapercibida.
Con una mezcla de emoción y ternura, también recordó la manera en la que su abuela expresaba el cariño que sentía por él. “Ella decía muy descaradamente que yo era su favorito delante de todos sus otros nietos”, contó entre risas, dejando ver la conexión especial que compartían.
Sin embargo, el momento más fuerte de su relato llegó cuando habló de aquello que hoy le genera culpa. “Me quedó una mini deuda pendiente, nunca le cociné”, confesó con la voz quebrada y al borde del llanto. La frase impactó de lleno entre quienes seguían el programa y rápidamente comenzó a viralizarse en redes sociales.
Es que Tomás viene desarrollando desde hace tiempo una fuerte pasión por la gastronomía e incluso comenzó a estudiar cocina de manera profesional en el IAG. Según explicó, cocinar siempre fue algo que lo conectó con los recuerdos familiares y especialmente con su abuela, autora —según él mismo contó— de “los mejores canelones y las mejores papas fritas” que probó en su vida.
En medio del dolor, también compartió las palabras que le dijo un amigo para intentar aliviar esa sensación de culpa que lo acompaña desde la despedida. “Por más que no le hayas cocinado, ella va a vivir siempre en tu comida porque fue quien te despertó las ganas de cocinar”, recordó emocionado.
La reflexión terminó de quebrarlo y dejó uno de los momentos más íntimos y sinceros que se vieron en el streaming en los últimos días. Además, Tomás aprovechó para hacer una profunda reflexión sobre el duelo y los vínculos familiares. “Siempre va a quedar algo por hacer. Siempre vas a lamentar no haber estado más o no haber hecho algo más”, expresó con honestidad.
A pesar del dolor, también destacó que pudo despedirse emocionalmente de ella y quedarse con el amor compartido durante tantos años. “Sé que hasta el último momento pensé en ella y ella pensó en mí, y eso es algo muy lindo”, cerró.
Mario Pergolini, Tomás Pergolini
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