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Son amantes hace más de 30 años: él dejó a su familia, pero ella todavía no puede abandonar a su marido

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Se conocieron estudiando Ciencias Políticas en Córdoba en 1970. Fueron novios apasionados, los separaron los miedos y las presiones familiares. Se reencontraron 25 años después, y desde entonces viven un amor clandestino que sobrevive al tiempo, a los matrimonios y a la culpa.

Alberto todavía recuerda el instante exacto en que se enamoró de Noelia. Ella estaba sentada detrás suyo en una clase de Ciencias Políticas en Córdoba, en 1970. “Mi padre quería que fuera médico, abogado o ingeniero, porque eran los destinos en aquella época. Y como yo quería fundar un partido político con un amigo, me boché en los tres ingresos, entonces al viejo no le quedó otro remedio, y me fui a estudiar Políticas”, relata Alberto para describir el milagro de cruzarse con su alma gemela: “Y ahí la encontré a ella, que empezaba”, revela entre suspiros. “Por eso, fue el destino, porque si yo hubiera empezado un año antes no la hubiera conocido”.

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Hacía tres meses que la miraba en silencio. “Ahí la conocí y le eché el ojo, pero tardé en acercarme”, dice volviendo 56 años atrás con la mirada. Le gustaba cómo hablaba, cómo se reía, cómo se acomodaba el pelo mientras tomaba apuntes. Ella nunca había tenido novio. Y él tampoco. “Yo no tenía experiencia de novia, tenía algunos arrimes que había hecho, pues ya tenía casi 20 años. Claro. Pero nada más. La vida era muy distinta en aquella época”, detalla con su tono pintoresco.

Ese día, sin pensarlo demasiado, se dio vuelta de golpe y soltó lo primero que le salió: “Petisa, ¡me gustás una barbaridad!”. Noelia lo miró sorprendida y respondió, casi riéndose: “¡No digas disparates!”.

Durante el noviazgo, buscaban cualquier excusa para verse. La biblioteca de la casa de Noelia fue escenario de muchos de sus momentos más íntimos. (Foto ilustrativa generada con IA).

Pero el disparate ya había empezado. “Desde ese día no pudimos dejar de vernos”, recuerda Alberto, hoy de 75 años. “Nos escapábamos ‘teóricamente’ para estudiar juntos en la casa de ella. En realidad estudiábamos poco. Como al mes caí en la cuenta de que ella no le había dicho a la madre y al padre que éramos novios. Y nos escondíamos en la biblioteca de la casa y chapábamos como unos locos, mientras pensaban que estábamos estudiando”, cuenta con una picardía que a su edad se siente una obra de arte.

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Hasta tenían una técnica para que no los descubran: la madre de Noelia iba a chequearlos “tupido”, vivían en una típica casa antigua y cuando se acercaba podían percibirla: “Usaba tacos la vieja. Entonces taconeaba en el piso de pinotea. Claro. Y la escuchábamos, entonces nos separábamos”, relata haciendo la mímica con sus manos, y con la misma cara de niño desentraña: “Pero bueno, hasta que un día nos descubrieron”.

“Ella era preciosa”, dice y apurado se retracta: “Ahora sigue siendo bonita con 74 años, tiene un año menos que yo”. Y de repente, se desata con una catarata de elogios, de aquí y del más allá: “Es del mismo signo que yo; soy de Sagitario y ella también. Nacimos con 10 días de diferencia. Pero es preciosa. Realmente era preciosa. A mí me gustaba mucho. Mucho. Era simpática. Noooo, era muuuy agradable. Cantaba como los dioses, tocaba la guitarra como los dioses, todavía lo hace, ¿eh?”, y en lo que resta del cuento termina casi todas sus frases con su adorable “¿eh?”, como quien habla de lo obvio conocido.

Noelia se vestía con minifaldas en una época en la que eso llamaba la atención. “Hay un acontecimiento en el servicio militar. Me fue a ver, y fue con un vestido muy corto. Y claro, la alegría que me dio a mí, la abracé en el medio del playón y la di vuelta y todo el mundo le vio el culo”, recuerda con una tierna carcajada. El servicio militar puso un paréntesis a la relación. Pero todos los sábados Noelia obligaba al padre a llevarla a la visita en el cuartel.

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“Luego de cuatro meses, me trasladaron a una unidad equidistante entre mi casa y la de ella (solo unas cuadras) y todo recuperó la intensidad habitual”. Alberto, hijo de un exmilitar devenido comerciante, sentía que no podía creer que una chica así estuviera enamorada de él. Y así, el sentimiento creció de modo exponencial. Más allá de ir a clase, no había modo de que no pasaran un día sin verse.

“En mi familia causó sensación. Creo que mi padre la quiso más que yo”, exagera Alberto. En cambio, en la de Noelia no lo vivían con felicidad. “No era lo que ellos querían para la nena. Tenía que meterse con un tipo de otro target. Yo era un ‘hijo de milico’”, cuenta con mucho de orgullo y algo de decepción. “Esperaban a alguien de otro nivel social, a uno más importante. Yo era un pibe común”.

Nunca les prohibieron la relación de frente. Fue peor: la desgastaron lentamente. No los dejaban quedarse solos, vigilaban los horarios, encontraban excusas para interrumpirlos. “El padre era un viejo vago, ¿eh? Pero cuidarle a la nena era otra cosa”, se descarga Alberto. Aun así, el vínculo crecía. Porque ningún encuentro es casualidad, las almas saben reconocerse. La vida es mucho más mágica de lo que percibimos.

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Una discusión aparentemente menor terminó exponiendo diferencias más profundas. El miedo al cambio y las presiones familiares marcaron el final de la relación. (Foto ilustrativa generada con IA).
Una discusión aparentemente menor terminó exponiendo diferencias más profundas. El miedo al cambio y las presiones familiares marcaron el final de la relación. (Foto ilustrativa generada con IA).

No hacía falta tener sexo para sentir que estábamos profundamente unidos”, asegura Alberto. “Ella era muy religiosa. Había prometido que su primera vez iba a ser después de casarse. Y yo la respeté”, explica con ternura. “Jamás nos dejaron solos, nunca, nunca, nunca. Para evitar que nos despidieramos en el zaguán, me llevaban a mi casa”. Hasta que recuerda el momento de más unión: “La vez que estuvimos más tiempo juntos fue cuando me fui de vacaciones con ellos a Mar del Plata. Juntos es una forma de decir, porque ella dormía en la habitación de los padres y yo en el living, por supuesto”. Nunca tuvieron intimidad. Y por más amor verdadero, Alberto se sincera: “Una sola vez corrimos un riesgo en Mar del Plata que nos dejaron solos en el departamento por accidente. Y nos apretamos muchísimo pero pudo más la promesa que habíamos hecho. No pasó nada. En algún momento habíamos hablado de eso, porque estábamos los dos muy calientes en serio. Pero ella por inclinación, por educación, qué sé yo, había dicho que su primera noche después de casada se la dedicaba a la Virgen”. Y con la esperanza de la juventud perdida dice: “Si se supone que nos quedaban juntos 50 años más, ¿cuál era el problema?”.

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El noviazgo duró poco más de dos años. “Veinticinco meses clavados”. Hasta que una discusión mínima hizo explotar todo. El 31 de julio de 1972, la madre de Noelia criticó una ropa que Alberto se había comprado. Ella, que lo había acompañado a comprarla y elegido con él, por no enfrentarla, dijo que también le parecía horrible. “Fue una pavada, pero yo venía acumulando bronca”, reconoce. “Me di cuenta de que siempre iba a elegir no enfrentarlos”.

Esa noche habló con su padre y le pidió permiso para que Noelia se fuera a vivir con ellos. Cuán audaz se pone uno cuando tiene la certeza de que es amado. “Mi viejo me dijo: ‘Que venga. Dormirá con tus hermanas hasta que se casen’”. Al día siguiente, Alberto fue a buscar a su novia lleno de ilusión. Mientras caminaba hacia la casa de Noelia, no podía creer que la vida sea tan generosa con él: su mundo era perfecto. Le propuso irse juntos. Empezar otra vida.

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Pero Noelia no pudo. “Tuvo miedo”, resume Alberto en dos palabras que parecen un réquiem. “Y me fui, lisa y llanamente”. Así se terminó.

Alberto lloró toda la noche. Dejó la facultad para no verla todos los días. Se fue de su casa una semana. Entró en una tristeza que, según cuenta, le cambió la vida. “Yo seguí funcionando, trabajando, haciendo cosas. Pero nunca dejé de amarla”.

Pasaron los años. Conoció a otra mujer, se puso de novio, construyó una casa, se casó y tuvo un hijo. Aprendió otro oficio. Armó una vida. Pero Noelia seguía apareciendo, inesperadamente, en pequeños gestos cotidianos. “Muchas veces levantaba el teléfono para llamar a alguien y marcaba automáticamente el número de ella”, relata dejando ver otros tiempos que parecen imposibles: cuando nos sabíamos los números de memoria.

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Pasaron más de dos décadas sin verse. “En el ’95 ya el recuerdo me rompía todo”, acepta con nostalgia. Hasta que un día de 1996 ya no soportó la incertidumbre. Esperó el cumpleaños de Noelia y llamó a la escuela donde imaginaba que trabajaba. “No, hoy no viene porque es el cumpleaños”, respondieron del otro lado. Alberto no podía estar más feliz: ya sabía dónde estaba.

Tuvo que esperar otro año entero para volver a tener una excusa. ¿Por qué la razón busca pretextos? ¿Acaso no sabe que el amor no entiende de orgullo? “Pues yo no sabía si ella conservaba el sentimiento, si conservaba muchos recuerdos, no sabía si se había casado, si no se había casado, no sabía nada”, se redime Alberto. A veces hay que actuar sin saber. Luego el corazón te guía.

Esperé todo un año más, pero las ganas eran las mismas: “Quería saber qué había pasado con ella, necesitaba las cosquillas en el estómago”. La segunda vez sí atendió. Noelia se quedó helada, hizo un silencio terrible. “Cuando escuché su voz fue un terremoto”, declara.

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Tras más de dos décadas sin verse, volvieron a encontrarse. Ambos habían formado otras familias, pero descubrieron que sus sentimientos seguían intactos. (Foto ilustrativa generada con IA).
Tras más de dos décadas sin verse, volvieron a encontrarse. Ambos habían formado otras familias, pero descubrieron que sus sentimientos seguían intactos. (Foto ilustrativa generada con IA).

Hablaron “cuatro palabras” porque ella estaba trabajando, estaba tomando examen. Alberto la volvió a llamar dos días después y coordinaron encontrarse un día en la semana.

La cita fue unos días después. “Fue un golpe”. Se veían recién después de 26 años. Ella estaba casada, tenía dos hijos y “un matrimonio que no le daba nada”. Él seguía casado también. Pero apenas se vieron entendieron que nada había cambiado. “Sentí exactamente lo mismo que a los 20”, cuenta con melancolía. “Y ella tenía una tristeza en la cara que me destruyó”.

Empezaron a verse a escondidas. Primero para hablar. Después para besarse. “Y tanto fue el cántaro a la fuente que al final nos encontramos con el tiempo suficiente”, explica Alberto, hasta que deja a un lado sus metáforas: “Una vez que nos encontramos, chau, se pudrió todo”, dice para describir que, finalmente, tuvieron la intimidad que nunca habían podido tener de jóvenes. Sus cuerpos se conocieron desnudos por primera vez. “Fue lo más hermoso que nos pasó”, se abre Alberto. “Y ya no pudimos dejarlo”. Tenían 46 y 45 años.

Durante años sostuvieron una relación clandestina. Hoteles alejados, bares discretos, caminos secundarios, códigos por teléfono. “La tristeza la perdió a partir del momento en que nos empezamos a encontrar. Y después que nos dimos el primer beso, fue mejor todavía. Ya no volvió a ponerse triste. Y después que empezamos a tener sexo menos”, manifiesta con ganas de seguir redoblando la apuesta infinitamente. Ella borraba los mensajes. Él aprendía a interpretar si estaba sola según cómo contestaba. “Lo más frecuentemente que lo hicimos fue una vez por mes. Y lo máximo que estuvimos juntos seguidos fueron cuatro horas”, se queja. “Siempre corriendo, siempre escondidos”.

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El deseo contenido era tal que Alberto afirma sin pudor: “Gastamos todos los hoteles alojamientos”. El remordimiento no tardó en llegar, aunque no de manera rotunda: “Lo que me daba culpa era saber que yo quería a alguien que no era mi mujer. Eso me daba mucha pena”, confiesa. “Durante varios meses nos vimos en lugares escondidos de miradas indiscretas. Ambos estábamos en falta”.

Cuando la esposa de Alberto encontró una carta de amor en el bolsillo de un pantalón, la verdad explotó. “Me preguntó qué significaba y yo le dije: ‘A vos te quiero mucho. Pero a ella la amo’”. La verdad sin empatía es crueldad.

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Llegó la separación. “Me fui al día siguiente. Un domingo”. Pero no fue el comienzo de la vida que soñaba. Fue otro laberinto. Al otro día, desde su trabajo, llamó a Noelia y le confirmó que se había ido. Ella no creía que lo haría. Y como, en algún momento Alberto le había dicho que cuando estuviera solo iría a su casa, golpearía la puerta y le contaría todo al marido, sucedió lo inesperado. “Dejó de hablarme”.

Ella nunca dejó a su marido. “Pensé que cuando me separara ella iba a animarse. Pero desapareció”, se lamenta sin poder disimular algo de bronca. “Tenía miedo de que yo fuera a contarle todo al esposo. Terror al cambio”, define Alberto.

Volvieron a encontrarse tiempo después. Y siguieron. Siempre a medias. Siempre siguen. “Desde aquel momento han pasado 24 años. Recuperamos nuestro contacto. La madre, que me había odiado, ahora nos sirvió de pantalla mientras vivió. Me pidió perdón por su conducta pasada. Comprendió”. Alberto trató de todo para que Noelia se separara. Ya no sabe más qué hacer: “Nunca intenté hablar con el esposo. Tengo la idea de que, si lo hiciera, ella me negaría como Pedro negó a Jesús. Y él, que supone la verdad, aceptaría lo que la esposa dijera, solo por jodernos a los dos”, sentencia. Noelia quiso cortar con Alberto varias veces. Por culpa. Por religión. Por miedo. Por costumbre. No lo logra. “Es como si su culpa fuera superior al amor y deseo”, se lamenta él, y explota con otra de sus analogías: “No pongo en duda su amor… Pero nunca entendió que no se puede hacer una buena tortilla sin romper algunos huevos. Amar es jugarse, es valor, es coraje. Resulta más fácil ser cobarde y permanecer quejándose en un lugar que no la hace feliz”.

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Alberto intentó rehacer su vida con otras mujeres. Tuvo parejas largas. Pero ninguna logra ocupar el lugar de Noelia. “Ella es el gran amor de mi vida”, dice sin dudar. “La mujer que más quise… y quiero”.

Hoy, con más de 70 años, siguen hablando todos los días. Entre mates, recuerdos y conversaciones interminables, mantienen vivo un amor que nunca terminó de irse. (Foto ilustrativa generada con IA).
Hoy, con más de 70 años, siguen hablando todos los días. Entre mates, recuerdos y conversaciones interminables, mantienen vivo un amor que nunca terminó de irse. (Foto ilustrativa generada con IA).

Hoy hablan todos los días. A veces se ven para tomar mate. A veces discuten. A veces se ríen como dos adolescentes. Él asegura que sigue enamorado como aquel primer día en la facultad.

Noelia ya no quiere tener relaciones sexuales. Dice que siente el pecado en su espalda. Que están grandes. Que él merece otra oportunidad. Pero tampoco puede dejarlo ir. Alberto estalla de frustración: “Y yo, ¿qué catzo hago con mi amor?”.

Hace poco, en medio de una de esas conversaciones eternas, él volvió a preguntarle por qué seguían haciendo todo tan difícil. Noelia no respondió. Entonces él entendió algo que le dolió y lo alivió al mismo tiempo: hay amores que no saben vivir juntos, pero tampoco sobreviven separados.

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Y desde hace 56 años, el de ellos sigue siendo uno de esos.

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Escribinos y contanos tu historia: amoresverdaderos@artear.com

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@cynthia.serebrinsky

Amores Verdaderos es una serie de historias reales, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.

Sumario, Amores verdaderos, Pareja, Amor

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Tres hombres golpearon a un joven a la salida de un boliche en Neuquén y creen que eran policías

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Un grave episodio de violencia se produjo la madrugada del domingo en la localidad de Centenario, cuando tres hombres, que se presumen forman parte de la Policía de Neuquén, propinaron una brutal golpiza a un joven a la salida de un boliche local. El caso quedó grabado y motivó la intervención de la justicia, que continúa con las tareas para identificar a los responsables.

Todo sucedió después de que la víctima y un amigo suyo fueran expulsados de un local bailable cerca de las 5:30 por el personal de seguridad. Según la denuncia, el joven declaró haber recibido un golpe en el estómago, que lo dejó en posición fetal sobre la vereda, cubriéndose el rostro con las manos.

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De acuerdo con el denunciante, él intentó identificar a quien lo agredió; sin emabrgo, no logró conseguirlo, puesto que lo derribaron y continuaron las agresiones: golpes de puño, patadas en la cabeza, tórax, espalda y brazos.

La secuencia quedó registrada por las cámaras de seguridad de la zona, por lo que se puede observar cómo uno de los agentes sujetaba al joven del pantalón para impedir que se levantara, mientras los otros dos continuaban agrediéndolo. Además, dos efectivos más presenciaron la escena sin intervenir.

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De la misma manera, permitió conocer que el ataque cesó cuando varios jóvenes que salían del boliche se detuvieron a observar, lo que llevó a los efectivos a suspender la golpiza. Incluso, algunos de ellos intentaron alejarlos para que no presenciaran la escena.

Según la información obtenida por LM Neuquén, el segundo joven denunció que también fue reducido y golpeado por el personal de seguridad mientras era conducido hacia la salida. Fuera del local, la agresión continuó, aunque no pudo precisar si los atacantes eran policías, seguridad privada o ambos.

Respecto al ataque que sufrió su amigo, ratificó que había visto a tres agentes policiales mientras golpeaban a su amigo, quien permanecía tendido en la vereda. Tras la agresión, ambos fueron trasladados al Hospital Natalio Burd, donde recibieron atención médica y presentaron certificados que documentan las lesiones sufridas.

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Luego de que la Fiscalía Genérica obtuviera acceso a la filmación, se inició una investigación para identificar a los responsables y determinar posibles sanciones. Asimismo, los jóvenes agredidos aseguraron que podrían reconocer a algunos de ellos a partir de ciertas descripciones físicas.

El momento en el que el joven quedó desplomado en el suelo, tras ser brutalmente golpeado

Entre las medidas ordenadas, se citó al propietario del boliche para obtener la nómina del personal de seguridad presente esa noche. Además, se solicitó a la Dirección de Servicios de Policía Adicional la identificación formal de los efectivos que cumplían funciones en el lugar.

Un adolescente de 16 años fue atacado por un grupo de menores a la salida de un boliche e investigan el ataque

A mediados de junio, otro violento ataque ocurrió a la salida de otro local bailable. La víctima fue un adolescente de 16 años que fue sorprendido por la espalda y agredido por un grupo de menores, quienes le propinaron una golpiza cuyas causas estaban bajo investigación.

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Fuentes policiales informaron a Infobae que el incidente ocurrió cerca de las 6 de la mañana del 17 de junio en las puertas de Steel, un boliche ubicado en el cruce de Paraguay y Ruta 7, en la primera rotonda de la ciudad. El hecho fue registrado en video por un testigo, donde se observa que al menos cinco jóvenes atacaron a la víctima luego de salir del local.

Sin intercambio previo de palabras, los agresores derribaron al adolescente y lo golpearon reiteradamente en la cabeza con puños y patadas, mientras permanecía indefenso en el suelo. En un momento, uno de los atacantes arrastró varios metros al joven y continuó golpeándolo en el rostro.

El registro audiovisual logró capturar el instante en que el atacante le dice a uno de sus acompañantes: “Dejalo, dejalo”, cuando este último intentaba sumarse a la agresión. Finalmente, una joven intervino en la escena y pidió a los agresores que cesaran la golpiza: “¡Soltalo, soltalo!”, se escucha en la grabación. Finalmente, algunos amigos del atacante lograron detenerlo, lo que permitió que la víctima pudiera levantarse por sus propios medios.

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El adolescente agredido no pudo identificar los motivos del ataque, según indicaron fuentes del caso. No obstante, el comisario inspector Néstor Catalán, coordinador de la Dirección Seguridad Confluencia, explicó a este medio que la policía no intervino en el momento, ya que no se presentó una denuncia de inmediato. Las autoridades tomaron conocimiento tras la difusión de los videos en redes sociales.

Tras conocerse que el joven sufrió una lesión en el cuello y un hematoma en el pómulo, los padres de los agresores se pusieron en contacto con la madre del adolescente agredido y manifestaron su disposición para colaborar en lo que se requiera. La investigación quedó a cargo de la Fiscalía de Delitos Juveniles.

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Square Enix comparte el cuidado que está teniendo al llevar el contenido de Final Fantasy VII a Final Fantasy XIV – Nintenderos

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¡Ya sabéis que ya está aquí este otro juego tras Final Fantasy VII Remake Intergrade, que ya ha llegado a Nintendo Switch 2Square Enix ha anunciado Final Fantasy XIV para Nintendo Switch 2.

Después de explicar por qué llegará a esta consola, así como compartir algunas especificaciones técnicas, ahora sabemos que Final Fantasy XIV ya está en Switch 2. Recordad que ya se confirmaron sus precios y más detalles de sus ediciones.

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Esta vez Square Enix ha compartido que la expansión Evercold, prevista para enero de 2027, incluirá la incursión para ocho jugadores Beyond the Lifestream, inspirada en Final Fantasy VII. Según Naoki Hamaguchi, director de la trilogía remake de FFVII, su equipo participó de forma muy activa en el desarrollo junto al guionista Kazushige Nojima, aportando tantas ideas que tuvieron que moderarse para no afectar al calendario de actualizaciones de Final Fantasy XIV.

Tanto Hamaguchi como Naoki Yoshida («Yoshi-P») pidieron a sus equipos mantener un enfoque realista para garantizar que el contenido pudiera completarse con la máxima calidad y sin retrasos. Habrá que ver cómo se transforma esto en el resultado final.

¿Qué pensáis vosotros de estas novedades confirmadas? No dudéis en dejarlo en los comentarios. Para terminar, también podéis encontrar nuestra cobertura completa sobre Final Fantasy aquí.

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Fuente.

Final Fantasy VII,Final Fantasy XIV

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La Anmat retiró del mercado un producto de una reconocida marca de crema antiinflamatoria tras un robo

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La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat) prohibió el uso, comercialización y distribución en todo el país de dos productos de la marca Átomo Desinflamante, de crema y gel analgésico y antiinflamatorio. Según explicó, en la medida publicada este jueves en el Boletín Oficial, la firma que los elaboró sufrió un robo de 9000 unidades.

A través de la Disposición 4753/2026, el organismo dispuso la restricción para los productos identificados como “Átomo Desinflamante Forte x 100 gr. Crema, Lote 00023, Vto. 05/28 (Certificado N° 45.531)» y “Átomo Desinflamante Clásico x 110 gr. Crema, Lote 00214, Vto 05/28, (Certificado N° 47.463)“.

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En la medida, la Anmat explicó que la firma Gramon Millet, que fabrica los productos de Átomo Desinflamante, informó sobre un robo en las instalaciones de Dalban Pharma, en la planta de Haedo. En ese episodio se llevaron diversos medicamentos y productos, entre los que se encontraban los dos de la marca antiinflamatoria.

Además, la firma destacó que los lotes afectados son 5740 unidades de Átomo Desinflamante Forte y 3360 de Átomo Desinflamante Clásico.

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Según precisó la empresa, los productos fueron robados como terminados y los lotes no tuvieron comercialización previa, con lo cual, en ambos casos, los remanentes de los productos se enviaron a destrucción. La Anmat, en tanto, solicitó a la firma que guarde unidades de contramuestra para el caso en que sea necesario verificarlas.

Gramon Millet, por su parte, presentó una copia de la denuncia policial realizada por la firma Dalban Pharma en la que relata que “ocurrió un robo en las instalaciones de la planta industrial de mercadería de terceros que contratan los servicios de preparado, empaque, acondicionamiento”. Además, se adjuntó un listado de los productos robados, entre los que estaban detallados los señalados.

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En este contexto, la Anmat dispuso la prohibición de elaboración y venta de los productos robadas para “proteger a eventuales adquiriente y usuarios” y preservar su salud.

Asimismo, un hecho similar ocurrió con el producto identificado como: “Zetrotrax, jarabe por 240 ml, lotes: EAIB6, EAIB7 y EAIB8″. En este caso, las instalaciones de Laboratorios Dalban, en la planta Haedo -que los elaboró- sufrió un robo y se prohibió su producción y venta a modo de prevención.

En tanto, la firma aclaró que los frascos aún no estaban en el envase secundario (estuchados), sino que estaban identificados con la etiqueta autorizada (nombre del producto, lote y vencimiento) y, en consiguiente, Laboratorios Dalban realizó el relevamiento de información y concilio el stock físico.

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