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Son amantes hace más de 30 años: él dejó a su familia, pero ella todavía no puede abandonar a su marido

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Se conocieron estudiando Ciencias Políticas en Córdoba en 1970. Fueron novios apasionados, los separaron los miedos y las presiones familiares. Se reencontraron 25 años después, y desde entonces viven un amor clandestino que sobrevive al tiempo, a los matrimonios y a la culpa.

Alberto todavía recuerda el instante exacto en que se enamoró de Noelia. Ella estaba sentada detrás suyo en una clase de Ciencias Políticas en Córdoba, en 1970. “Mi padre quería que fuera médico, abogado o ingeniero, porque eran los destinos en aquella época. Y como yo quería fundar un partido político con un amigo, me boché en los tres ingresos, entonces al viejo no le quedó otro remedio, y me fui a estudiar Políticas”, relata Alberto para describir el milagro de cruzarse con su alma gemela: “Y ahí la encontré a ella, que empezaba”, revela entre suspiros. “Por eso, fue el destino, porque si yo hubiera empezado un año antes no la hubiera conocido”.

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Hacía tres meses que la miraba en silencio. “Ahí la conocí y le eché el ojo, pero tardé en acercarme”, dice volviendo 56 años atrás con la mirada. Le gustaba cómo hablaba, cómo se reía, cómo se acomodaba el pelo mientras tomaba apuntes. Ella nunca había tenido novio. Y él tampoco. “Yo no tenía experiencia de novia, tenía algunos arrimes que había hecho, pues ya tenía casi 20 años. Claro. Pero nada más. La vida era muy distinta en aquella época”, detalla con su tono pintoresco.

Ese día, sin pensarlo demasiado, se dio vuelta de golpe y soltó lo primero que le salió: “Petisa, ¡me gustás una barbaridad!”. Noelia lo miró sorprendida y respondió, casi riéndose: “¡No digas disparates!”.

Durante el noviazgo, buscaban cualquier excusa para verse. La biblioteca de la casa de Noelia fue escenario de muchos de sus momentos más íntimos. (Foto ilustrativa generada con IA).

Pero el disparate ya había empezado. “Desde ese día no pudimos dejar de vernos”, recuerda Alberto, hoy de 75 años. “Nos escapábamos ‘teóricamente’ para estudiar juntos en la casa de ella. En realidad estudiábamos poco. Como al mes caí en la cuenta de que ella no le había dicho a la madre y al padre que éramos novios. Y nos escondíamos en la biblioteca de la casa y chapábamos como unos locos, mientras pensaban que estábamos estudiando”, cuenta con una picardía que a su edad se siente una obra de arte.

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Hasta tenían una técnica para que no los descubran: la madre de Noelia iba a chequearlos “tupido”, vivían en una típica casa antigua y cuando se acercaba podían percibirla: “Usaba tacos la vieja. Entonces taconeaba en el piso de pinotea. Claro. Y la escuchábamos, entonces nos separábamos”, relata haciendo la mímica con sus manos, y con la misma cara de niño desentraña: “Pero bueno, hasta que un día nos descubrieron”.

“Ella era preciosa”, dice y apurado se retracta: “Ahora sigue siendo bonita con 74 años, tiene un año menos que yo”. Y de repente, se desata con una catarata de elogios, de aquí y del más allá: “Es del mismo signo que yo; soy de Sagitario y ella también. Nacimos con 10 días de diferencia. Pero es preciosa. Realmente era preciosa. A mí me gustaba mucho. Mucho. Era simpática. Noooo, era muuuy agradable. Cantaba como los dioses, tocaba la guitarra como los dioses, todavía lo hace, ¿eh?”, y en lo que resta del cuento termina casi todas sus frases con su adorable “¿eh?”, como quien habla de lo obvio conocido.

Noelia se vestía con minifaldas en una época en la que eso llamaba la atención. “Hay un acontecimiento en el servicio militar. Me fue a ver, y fue con un vestido muy corto. Y claro, la alegría que me dio a mí, la abracé en el medio del playón y la di vuelta y todo el mundo le vio el culo”, recuerda con una tierna carcajada. El servicio militar puso un paréntesis a la relación. Pero todos los sábados Noelia obligaba al padre a llevarla a la visita en el cuartel.

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“Luego de cuatro meses, me trasladaron a una unidad equidistante entre mi casa y la de ella (solo unas cuadras) y todo recuperó la intensidad habitual”. Alberto, hijo de un exmilitar devenido comerciante, sentía que no podía creer que una chica así estuviera enamorada de él. Y así, el sentimiento creció de modo exponencial. Más allá de ir a clase, no había modo de que no pasaran un día sin verse.

“En mi familia causó sensación. Creo que mi padre la quiso más que yo”, exagera Alberto. En cambio, en la de Noelia no lo vivían con felicidad. “No era lo que ellos querían para la nena. Tenía que meterse con un tipo de otro target. Yo era un ‘hijo de milico’”, cuenta con mucho de orgullo y algo de decepción. “Esperaban a alguien de otro nivel social, a uno más importante. Yo era un pibe común”.

Nunca les prohibieron la relación de frente. Fue peor: la desgastaron lentamente. No los dejaban quedarse solos, vigilaban los horarios, encontraban excusas para interrumpirlos. “El padre era un viejo vago, ¿eh? Pero cuidarle a la nena era otra cosa”, se descarga Alberto. Aun así, el vínculo crecía. Porque ningún encuentro es casualidad, las almas saben reconocerse. La vida es mucho más mágica de lo que percibimos.

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Una discusión aparentemente menor terminó exponiendo diferencias más profundas. El miedo al cambio y las presiones familiares marcaron el final de la relación. (Foto ilustrativa generada con IA).
Una discusión aparentemente menor terminó exponiendo diferencias más profundas. El miedo al cambio y las presiones familiares marcaron el final de la relación. (Foto ilustrativa generada con IA).

No hacía falta tener sexo para sentir que estábamos profundamente unidos”, asegura Alberto. “Ella era muy religiosa. Había prometido que su primera vez iba a ser después de casarse. Y yo la respeté”, explica con ternura. “Jamás nos dejaron solos, nunca, nunca, nunca. Para evitar que nos despidieramos en el zaguán, me llevaban a mi casa”. Hasta que recuerda el momento de más unión: “La vez que estuvimos más tiempo juntos fue cuando me fui de vacaciones con ellos a Mar del Plata. Juntos es una forma de decir, porque ella dormía en la habitación de los padres y yo en el living, por supuesto”. Nunca tuvieron intimidad. Y por más amor verdadero, Alberto se sincera: “Una sola vez corrimos un riesgo en Mar del Plata que nos dejaron solos en el departamento por accidente. Y nos apretamos muchísimo pero pudo más la promesa que habíamos hecho. No pasó nada. En algún momento habíamos hablado de eso, porque estábamos los dos muy calientes en serio. Pero ella por inclinación, por educación, qué sé yo, había dicho que su primera noche después de casada se la dedicaba a la Virgen”. Y con la esperanza de la juventud perdida dice: “Si se supone que nos quedaban juntos 50 años más, ¿cuál era el problema?”.

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El noviazgo duró poco más de dos años. “Veinticinco meses clavados”. Hasta que una discusión mínima hizo explotar todo. El 31 de julio de 1972, la madre de Noelia criticó una ropa que Alberto se había comprado. Ella, que lo había acompañado a comprarla y elegido con él, por no enfrentarla, dijo que también le parecía horrible. “Fue una pavada, pero yo venía acumulando bronca”, reconoce. “Me di cuenta de que siempre iba a elegir no enfrentarlos”.

Esa noche habló con su padre y le pidió permiso para que Noelia se fuera a vivir con ellos. Cuán audaz se pone uno cuando tiene la certeza de que es amado. “Mi viejo me dijo: ‘Que venga. Dormirá con tus hermanas hasta que se casen’”. Al día siguiente, Alberto fue a buscar a su novia lleno de ilusión. Mientras caminaba hacia la casa de Noelia, no podía creer que la vida sea tan generosa con él: su mundo era perfecto. Le propuso irse juntos. Empezar otra vida.

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Pero Noelia no pudo. “Tuvo miedo”, resume Alberto en dos palabras que parecen un réquiem. “Y me fui, lisa y llanamente”. Así se terminó.

Alberto lloró toda la noche. Dejó la facultad para no verla todos los días. Se fue de su casa una semana. Entró en una tristeza que, según cuenta, le cambió la vida. “Yo seguí funcionando, trabajando, haciendo cosas. Pero nunca dejé de amarla”.

Pasaron los años. Conoció a otra mujer, se puso de novio, construyó una casa, se casó y tuvo un hijo. Aprendió otro oficio. Armó una vida. Pero Noelia seguía apareciendo, inesperadamente, en pequeños gestos cotidianos. “Muchas veces levantaba el teléfono para llamar a alguien y marcaba automáticamente el número de ella”, relata dejando ver otros tiempos que parecen imposibles: cuando nos sabíamos los números de memoria.

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Pasaron más de dos décadas sin verse. “En el ’95 ya el recuerdo me rompía todo”, acepta con nostalgia. Hasta que un día de 1996 ya no soportó la incertidumbre. Esperó el cumpleaños de Noelia y llamó a la escuela donde imaginaba que trabajaba. “No, hoy no viene porque es el cumpleaños”, respondieron del otro lado. Alberto no podía estar más feliz: ya sabía dónde estaba.

Tuvo que esperar otro año entero para volver a tener una excusa. ¿Por qué la razón busca pretextos? ¿Acaso no sabe que el amor no entiende de orgullo? “Pues yo no sabía si ella conservaba el sentimiento, si conservaba muchos recuerdos, no sabía si se había casado, si no se había casado, no sabía nada”, se redime Alberto. A veces hay que actuar sin saber. Luego el corazón te guía.

Esperé todo un año más, pero las ganas eran las mismas: “Quería saber qué había pasado con ella, necesitaba las cosquillas en el estómago”. La segunda vez sí atendió. Noelia se quedó helada, hizo un silencio terrible. “Cuando escuché su voz fue un terremoto”, declara.

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Tras más de dos décadas sin verse, volvieron a encontrarse. Ambos habían formado otras familias, pero descubrieron que sus sentimientos seguían intactos. (Foto ilustrativa generada con IA).
Tras más de dos décadas sin verse, volvieron a encontrarse. Ambos habían formado otras familias, pero descubrieron que sus sentimientos seguían intactos. (Foto ilustrativa generada con IA).

Hablaron “cuatro palabras” porque ella estaba trabajando, estaba tomando examen. Alberto la volvió a llamar dos días después y coordinaron encontrarse un día en la semana.

La cita fue unos días después. “Fue un golpe”. Se veían recién después de 26 años. Ella estaba casada, tenía dos hijos y “un matrimonio que no le daba nada”. Él seguía casado también. Pero apenas se vieron entendieron que nada había cambiado. “Sentí exactamente lo mismo que a los 20”, cuenta con melancolía. “Y ella tenía una tristeza en la cara que me destruyó”.

Empezaron a verse a escondidas. Primero para hablar. Después para besarse. “Y tanto fue el cántaro a la fuente que al final nos encontramos con el tiempo suficiente”, explica Alberto, hasta que deja a un lado sus metáforas: “Una vez que nos encontramos, chau, se pudrió todo”, dice para describir que, finalmente, tuvieron la intimidad que nunca habían podido tener de jóvenes. Sus cuerpos se conocieron desnudos por primera vez. “Fue lo más hermoso que nos pasó”, se abre Alberto. “Y ya no pudimos dejarlo”. Tenían 46 y 45 años.

Durante años sostuvieron una relación clandestina. Hoteles alejados, bares discretos, caminos secundarios, códigos por teléfono. “La tristeza la perdió a partir del momento en que nos empezamos a encontrar. Y después que nos dimos el primer beso, fue mejor todavía. Ya no volvió a ponerse triste. Y después que empezamos a tener sexo menos”, manifiesta con ganas de seguir redoblando la apuesta infinitamente. Ella borraba los mensajes. Él aprendía a interpretar si estaba sola según cómo contestaba. “Lo más frecuentemente que lo hicimos fue una vez por mes. Y lo máximo que estuvimos juntos seguidos fueron cuatro horas”, se queja. “Siempre corriendo, siempre escondidos”.

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El deseo contenido era tal que Alberto afirma sin pudor: “Gastamos todos los hoteles alojamientos”. El remordimiento no tardó en llegar, aunque no de manera rotunda: “Lo que me daba culpa era saber que yo quería a alguien que no era mi mujer. Eso me daba mucha pena”, confiesa. “Durante varios meses nos vimos en lugares escondidos de miradas indiscretas. Ambos estábamos en falta”.

Cuando la esposa de Alberto encontró una carta de amor en el bolsillo de un pantalón, la verdad explotó. “Me preguntó qué significaba y yo le dije: ‘A vos te quiero mucho. Pero a ella la amo’”. La verdad sin empatía es crueldad.

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Llegó la separación. “Me fui al día siguiente. Un domingo”. Pero no fue el comienzo de la vida que soñaba. Fue otro laberinto. Al otro día, desde su trabajo, llamó a Noelia y le confirmó que se había ido. Ella no creía que lo haría. Y como, en algún momento Alberto le había dicho que cuando estuviera solo iría a su casa, golpearía la puerta y le contaría todo al marido, sucedió lo inesperado. “Dejó de hablarme”.

Ella nunca dejó a su marido. “Pensé que cuando me separara ella iba a animarse. Pero desapareció”, se lamenta sin poder disimular algo de bronca. “Tenía miedo de que yo fuera a contarle todo al esposo. Terror al cambio”, define Alberto.

Volvieron a encontrarse tiempo después. Y siguieron. Siempre a medias. Siempre siguen. “Desde aquel momento han pasado 24 años. Recuperamos nuestro contacto. La madre, que me había odiado, ahora nos sirvió de pantalla mientras vivió. Me pidió perdón por su conducta pasada. Comprendió”. Alberto trató de todo para que Noelia se separara. Ya no sabe más qué hacer: “Nunca intenté hablar con el esposo. Tengo la idea de que, si lo hiciera, ella me negaría como Pedro negó a Jesús. Y él, que supone la verdad, aceptaría lo que la esposa dijera, solo por jodernos a los dos”, sentencia. Noelia quiso cortar con Alberto varias veces. Por culpa. Por religión. Por miedo. Por costumbre. No lo logra. “Es como si su culpa fuera superior al amor y deseo”, se lamenta él, y explota con otra de sus analogías: “No pongo en duda su amor… Pero nunca entendió que no se puede hacer una buena tortilla sin romper algunos huevos. Amar es jugarse, es valor, es coraje. Resulta más fácil ser cobarde y permanecer quejándose en un lugar que no la hace feliz”.

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Alberto intentó rehacer su vida con otras mujeres. Tuvo parejas largas. Pero ninguna logra ocupar el lugar de Noelia. “Ella es el gran amor de mi vida”, dice sin dudar. “La mujer que más quise… y quiero”.

Hoy, con más de 70 años, siguen hablando todos los días. Entre mates, recuerdos y conversaciones interminables, mantienen vivo un amor que nunca terminó de irse. (Foto ilustrativa generada con IA).
Hoy, con más de 70 años, siguen hablando todos los días. Entre mates, recuerdos y conversaciones interminables, mantienen vivo un amor que nunca terminó de irse. (Foto ilustrativa generada con IA).

Hoy hablan todos los días. A veces se ven para tomar mate. A veces discuten. A veces se ríen como dos adolescentes. Él asegura que sigue enamorado como aquel primer día en la facultad.

Noelia ya no quiere tener relaciones sexuales. Dice que siente el pecado en su espalda. Que están grandes. Que él merece otra oportunidad. Pero tampoco puede dejarlo ir. Alberto estalla de frustración: “Y yo, ¿qué catzo hago con mi amor?”.

Hace poco, en medio de una de esas conversaciones eternas, él volvió a preguntarle por qué seguían haciendo todo tan difícil. Noelia no respondió. Entonces él entendió algo que le dolió y lo alivió al mismo tiempo: hay amores que no saben vivir juntos, pero tampoco sobreviven separados.

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Y desde hace 56 años, el de ellos sigue siendo uno de esos.

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Escribinos y contanos tu historia: amoresverdaderos@artear.com

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@cynthia.serebrinsky

Amores Verdaderos es una serie de historias reales, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.

Sumario, Amores verdaderos, Pareja, Amor

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Juicio por Loan Peña: “Pedí 7 veces la detención de Laudelina, me quería dirigir la investigación”, declaró el ex comisario Maciel

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El juicio por la desaparición de Loan Danilo Peña retomó este miércoles 16 de septiembre sus audiencias en Corrientes con la declaración de dos especialistas que participaron de las pericias y de la recolección de pruebas durante la investigación.

En la jornada número 28 del debate declararon Pablo Andrés Noeda, biólogo de la División Laboratorio Químico de la Policía Federal Argentina, y Roberto Antonio Quiroz, perito criminalístico de la Unidad Especial de Pericias de la Policía de Corrientes. Previamente, Walter Maciel continuó con su declaración.

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La audiencia se realizó después de una semana marcada por los testimonios de tres acusados centrales: Laudelina Peña, Antonio Benítez y Walter Maciel. Los imputados expusieron ante el tribunal sus versiones de los hechos y mantuvieron acusaciones cruzadas sobre lo ocurrido.

Declara Roberto Antonio Quiroz

A preguntas de la Fiscalía, el testigo aclaró que comenzó su labor como perito a partir del 17 de junio de 2024. “Tuvimos pocos días de intervención y, en mi último turno, hallamos una cinta color rojo. Lo comunicamos y nuestro trabajo era hacer la geolocalización, hacer fotos del material y con testigos métricos, si es que el caso lo requería”, declaró.

Luego aclaró que, durante el rastrillaje, se encontró el elemento “cerca de un montículo” y en horas avanzadas de la tarde. E indicó que entre cuatro y cinco agentes custodiaban la zona de rastrillaje.

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La respuesta de la abogada de Laudelina Peña, Mónica Chirivín

“Quiero que quede expresa constancia del hostigamiento que ha recibido mi asistida (Laudelina Peña) y quien le habla durante toda la declaración del señor Maciel”, declaró Mónica Chirivín. Y solicitó la convocatoria del fiscal Castillo, en relación a las declaraciones del imputado.

Por otro lado, el abogado Marcelo Hanson solicitó un careo entre Maciel y el testigo Mariano Hernán Duarte.

Cuarto intermedio

La acusación de Maciel contra la abogada de Laudelina Peña

En un pasaje de su declaración, Walter Maciel apuntó directamente contra la abogada defensora de Laudelina Peña, Mónica Chirivín: “En Buenos Aires me llegó un mensaje de un preso. Un preso me dice ‘soy fulano, te manda saludos la doctora Chirivin, que hagas lo que ya sabes’. Esto lo guardé todo el tiempo que estuve detenido. Esto es real y este detenido existe”.

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“Quiero saber a qué se refiere con que haga lo que yo sé. El detenido está identificado”, añadió. Y solicitó agregar el hecho como prueba al expediente.

“Soy inocente”

“Resulta que fui el primero en estar en el lugar y cuando veo que están mintiendo descaradamente me da un calor. Hay abogados que, hasta el día de hoy, quieren implantar teorías del delito que no tienen asidero ni pruebas. Y nos quieren desprestigiar en todos los aspectos”, criticó Maciel.

Y afirmó: “Voy a ser juzgado por ustedes y la sentencia que me corresponda conforme a derecho, lo voy a aceptar. Y espero que sea mi absolución porque considero que soy inocente”.

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Las sospechas de Maciel

“Después de escuchar varios testimonios, yo no estaba equivocado: la única persona que me hizo dudar y sospeché desde un primer momento es Laudelina. Porque no me miraba a la cara, me quería dirigir la investigación, todo el tiempo pendiente del teléfono”, acusó Maciel.

Luego, ante la pregunta de las personas presentes, recordó: “Me fui para el campo y me enfoqué en pedir los refuerzos. No puedo especificar porque no vi porque me focalicé en recargar personal”.

El rol del fiscal

“A las 17.29, automáticamente le comunico la situación a mi jefe directo y, 17.30, le pongo en conocimiento al fiscal Juan Carlos Castillo. El fiscal me dice que lo mantenga al tanto”, recordó Maciel.

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Y apuntó: “Yo tendría que haber denunciado en ese momento porque el fiscal no se abocó y no dirigió la investigación nunca, ni siquiera habló o tomó compromiso con la madre (de Loan). Siete veces pedí la detención de Laudelina Peña y no la detuvo porque iba a ser testigo de sus actuaciones, habiendo tantos testigos. Es uno de los responsables del escándalo jurídico que hubo en la primera etapa”.

El día de la desaparición de Loan

Maciel relató que esa jornada, y dijo que, durante la mañana, lo pasó a buscar un móvil policial y se quedó en la dependencia policial “recibiendo las novedades del servicio” y “dándole el visto bueno al libro de guardias”. Luego indicó que se retiró varias veces: “Fui primeramente a controlar, supervisar e instalar el servicio porque había un intercolegial nacional de atletismo”.

“Mi día de trabajo ese día me quedé un poco más tarde porque había sido invitado a compartir un almuerzo con una vecina, en honor a San Antonio de Padua, ya que me pidió la custodia de la procesión. De ahí me retiré a mi domicilio particular, donde permanecí hasta el momento donde nos enteramos del hecho que nos tiene a todos concurridos aquí”, afirmó, en relación al final de su jornada laboral. Y negó haber tenido contacto con alguno de los imputados.

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También señaló que llegó al lugar de los hechos entre las 16.50 y 17.10: “Se tardó mucho porque el camino era muy feo, hay lugares donde no podes ir fuerte porque rompes la camioneta”. Y señaló que, al llegar, estaba presente Catalina Peña (abuela de Loan), quien le indicó que “se perdió el nenito”.

Continúa la declaración de Maciel: “Ya no voy a aceptar otro careo”

“El día de mi indagatoria hubo exaltaciones y manifestaciones, soy el único imputado que permitió que estén todos presentes porque no tengo nada que esconder. Y resulta ser que llega el día de la fecha y no tengo la posibilidad del careo. Entonces, teniendo en cuenta que desistió y ya no voy a aceptar otro careo”, apuntó Walter Maciel.

Luego, ante preguntas del Ministerio Público Fiscal, Maciel relató cómo fue su jornada el día de la desaparición de Loan y puntualizó: “No se dimensionó ni se tuvo en cuenta la magnitud del lugar donde acontenció el hecho”.

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Comienza la audiencia

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Loan Peña,Juicio,Niño,Familia,Collage

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Maná creó una fundación ecológica en 1996: ya liberó más de 8 millones de tortugas marinas y plantó 800.000 árboles

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Maná es una de las bandas de rock en español más reconocidas del mundo pero, además, lleva más de 30 años colaborando con la conservación ambiental del planeta. En 1996, sus miembros crearon una fundación con la que restauran bosques y protegen distintas especies.

Se trata de Selva Negra, una fundación mediante la cual ya liberaron más de 8 millones de crías de tortugas marinas y plantaron más de 800 mil árboles, a través de diferentes programas de conservación ambiental.

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Cómo nació la fundación ecológica de Maná

El proyecto ecológico Selva Negra fue creado el 26 de enero de 1996 por los integrantes de Maná. Con esta organización, los músicos mexicanos buscaban materializar las iniciativas ambientales que la banda venía promoviendo desde hacía tiempo.

La iniciativa de Maná protege tortugas en las costas mexicanas. (Imagen ilustrativa generada con IA)

TNS

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Juicio a “Pity” Álvarez, en vivo: “Era una persona con grave afectación”, declaró el psiquiatra que evaluó al cantante tras el crimen

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Por primera vez desde que comenzó el juicio en su contra por el homicidio de Cristian Maximiliano Díaz, “Pity” Álvarez no estará presente en una de las audiencias. El músico no se presentará este miércoles ante el Tribunal Oral en lo Criminal y Correccional N°29, que tenía previsto iniciar la novena jornada del debate a las 12, aunque todavía no comenzó.

“Pachi”, histórico jefe de seguridad de Álvarez, contó a Infobae que el cantante iba a venir pero que a último momento le manifestó que se sentía mal.

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Minutos después, desde la defensa explicaron con mayor detalle qué había ocurrido durante la mañana y señalaron que debieron pedir autorización al tribunal para que Álvarez pudiera ausentarse. “Está encerrado en la habitación y no quiere salir”, explicó uno de sus abogados.

El letrado señaló que en una audiencia anterior el tribunal les había indicado que, en caso de que Álvarez no se presentara, debían justificar su ausencia con un certificado médico.

Su falta se produce en la novena audiencia del juicio, que comenzó el 10 de agosto pasado. Hasta ahora, Álvarez había concurrido a todas las jornadas, aunque el tribunal ya había autorizado que pudiera retirarse cuando su presencia no resultara indispensable.

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Para este miércoles están previstas las declaraciones de cuatro testigos: dos policías que intervinieron en las horas posteriores al crimen y dos profesionales del Cuerpo Médico Forense que evaluaron al músico.

Declara por zoom la licenciada Adela Beatriz Ahuad, psicóloga del Cuerpo Médico Forense

Entra a declarar el psiquiatra del Cuerpo Médico Forense, Esteban Toro Martínez

El psiquiatra Esteban Toro Martínez, integrante del Cuerpo Médico Forense desde 2003, comenzó a declarar ante el tribunal. Ante las preguntas del fiscal Sandro Abraldes, repasó su trayectoria profesional: contó que se recibió de médico en 1992, con diploma de honor de la UBA, y que al año siguiente ingresó como residente al Hospital Borda, donde trabajó durante diez años en psiquiatría. Se especializó en psiquiatría clínica y psicofarmacología y luego en medicina legal.

Toro Martínez explicó que en 2018 estuvo a cargo de una pericia sobre Álvarez cuando el músico se encontraba detenido. El objetivo, señaló, era determinar el estado de sus facultades mentales al momento del hecho y establecer si el consumo problemático de sustancias había tenido incidencia. Posteriormente, en 2021, participó de una nueva evaluación interdisciplinaria junto a psiquiatras y psicólogos.

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Sobre la metodología utilizada en 2018, explicó que entrevistó a Álvarez junto a un perito de la Defensoría General. “El método es el de la entrevista psiquiátrica”, señaló. Al referirse al diagnóstico, el psiquiatra señaló que Álvarez era “una persona con grave afectación” y que existían pericias anteriores que daban cuenta de trastornos de personalidad, una grave adicción a sustancias y antecedentes de descompensaciones. Sin embargo, aclaró que no había evidencia de episodios psicóticos.

Consultado sobre la conducta de Álvarez antes, durante y después del crimen, la definió como “una conducta dirigida” y explicó que el músico llevó adelante una secuencia “con intervención de la voluntad”.

Finalmente, al ser interrogado sobre la capacidad de Álvarez, Toro Martínez aclaró que no recordaba la literalidad del informe, pero explicó que la conclusión de los especialistas fue que no habían encontrado insuficiencias que afectaran su capacidad de comprensión ni su conducta respecto de los hechos investigados.

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Se discute el estado de salud de “Pity” Álvarez

Al comenzar la audiencia, el abogado Javier Baños se refirió a la ausencia de “Pity” Álvarez y señaló: “El imputado se había descompensado, no sé absolutamente nada más”.

Luego tomó la palabra el presidente del tribunal, Gustavo Goerner, quien explicó que el letrado Sebastián Queijeiro se había comunicado previamente para informar la situación.

El juez recordó que el músico ya había sido autorizado a no permanecer en las audiencias cuando su presencia no fuera indispensable y señaló que, como este miércoles no se requiere que esté en la sala, quedará representado por sus defensores como si estuviera presente.

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Arranca la audiencia sin el músico en la sala

/sociedad/policiales/2026/09/16/juicio-a-pity-alvarez-quienes-son-los-cuatro-testigos-que-declararan-en-la-novena-audiencia/

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