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Son amantes hace más de 30 años: él dejó a su familia, pero ella todavía no puede abandonar a su marido

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Se conocieron estudiando Ciencias Políticas en Córdoba en 1970. Fueron novios apasionados, los separaron los miedos y las presiones familiares. Se reencontraron 25 años después, y desde entonces viven un amor clandestino que sobrevive al tiempo, a los matrimonios y a la culpa.

Alberto todavía recuerda el instante exacto en que se enamoró de Noelia. Ella estaba sentada detrás suyo en una clase de Ciencias Políticas en Córdoba, en 1970. “Mi padre quería que fuera médico, abogado o ingeniero, porque eran los destinos en aquella época. Y como yo quería fundar un partido político con un amigo, me boché en los tres ingresos, entonces al viejo no le quedó otro remedio, y me fui a estudiar Políticas”, relata Alberto para describir el milagro de cruzarse con su alma gemela: “Y ahí la encontré a ella, que empezaba”, revela entre suspiros. “Por eso, fue el destino, porque si yo hubiera empezado un año antes no la hubiera conocido”.

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Hacía tres meses que la miraba en silencio. “Ahí la conocí y le eché el ojo, pero tardé en acercarme”, dice volviendo 56 años atrás con la mirada. Le gustaba cómo hablaba, cómo se reía, cómo se acomodaba el pelo mientras tomaba apuntes. Ella nunca había tenido novio. Y él tampoco. “Yo no tenía experiencia de novia, tenía algunos arrimes que había hecho, pues ya tenía casi 20 años. Claro. Pero nada más. La vida era muy distinta en aquella época”, detalla con su tono pintoresco.

Ese día, sin pensarlo demasiado, se dio vuelta de golpe y soltó lo primero que le salió: “Petisa, ¡me gustás una barbaridad!”. Noelia lo miró sorprendida y respondió, casi riéndose: “¡No digas disparates!”.

Durante el noviazgo, buscaban cualquier excusa para verse. La biblioteca de la casa de Noelia fue escenario de muchos de sus momentos más íntimos. (Foto ilustrativa generada con IA).

Pero el disparate ya había empezado. “Desde ese día no pudimos dejar de vernos”, recuerda Alberto, hoy de 75 años. “Nos escapábamos ‘teóricamente’ para estudiar juntos en la casa de ella. En realidad estudiábamos poco. Como al mes caí en la cuenta de que ella no le había dicho a la madre y al padre que éramos novios. Y nos escondíamos en la biblioteca de la casa y chapábamos como unos locos, mientras pensaban que estábamos estudiando”, cuenta con una picardía que a su edad se siente una obra de arte.

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Hasta tenían una técnica para que no los descubran: la madre de Noelia iba a chequearlos “tupido”, vivían en una típica casa antigua y cuando se acercaba podían percibirla: “Usaba tacos la vieja. Entonces taconeaba en el piso de pinotea. Claro. Y la escuchábamos, entonces nos separábamos”, relata haciendo la mímica con sus manos, y con la misma cara de niño desentraña: “Pero bueno, hasta que un día nos descubrieron”.

“Ella era preciosa”, dice y apurado se retracta: “Ahora sigue siendo bonita con 74 años, tiene un año menos que yo”. Y de repente, se desata con una catarata de elogios, de aquí y del más allá: “Es del mismo signo que yo; soy de Sagitario y ella también. Nacimos con 10 días de diferencia. Pero es preciosa. Realmente era preciosa. A mí me gustaba mucho. Mucho. Era simpática. Noooo, era muuuy agradable. Cantaba como los dioses, tocaba la guitarra como los dioses, todavía lo hace, ¿eh?”, y en lo que resta del cuento termina casi todas sus frases con su adorable “¿eh?”, como quien habla de lo obvio conocido.

Noelia se vestía con minifaldas en una época en la que eso llamaba la atención. “Hay un acontecimiento en el servicio militar. Me fue a ver, y fue con un vestido muy corto. Y claro, la alegría que me dio a mí, la abracé en el medio del playón y la di vuelta y todo el mundo le vio el culo”, recuerda con una tierna carcajada. El servicio militar puso un paréntesis a la relación. Pero todos los sábados Noelia obligaba al padre a llevarla a la visita en el cuartel.

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“Luego de cuatro meses, me trasladaron a una unidad equidistante entre mi casa y la de ella (solo unas cuadras) y todo recuperó la intensidad habitual”. Alberto, hijo de un exmilitar devenido comerciante, sentía que no podía creer que una chica así estuviera enamorada de él. Y así, el sentimiento creció de modo exponencial. Más allá de ir a clase, no había modo de que no pasaran un día sin verse.

“En mi familia causó sensación. Creo que mi padre la quiso más que yo”, exagera Alberto. En cambio, en la de Noelia no lo vivían con felicidad. “No era lo que ellos querían para la nena. Tenía que meterse con un tipo de otro target. Yo era un ‘hijo de milico’”, cuenta con mucho de orgullo y algo de decepción. “Esperaban a alguien de otro nivel social, a uno más importante. Yo era un pibe común”.

Nunca les prohibieron la relación de frente. Fue peor: la desgastaron lentamente. No los dejaban quedarse solos, vigilaban los horarios, encontraban excusas para interrumpirlos. “El padre era un viejo vago, ¿eh? Pero cuidarle a la nena era otra cosa”, se descarga Alberto. Aun así, el vínculo crecía. Porque ningún encuentro es casualidad, las almas saben reconocerse. La vida es mucho más mágica de lo que percibimos.

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Una discusión aparentemente menor terminó exponiendo diferencias más profundas. El miedo al cambio y las presiones familiares marcaron el final de la relación. (Foto ilustrativa generada con IA).
Una discusión aparentemente menor terminó exponiendo diferencias más profundas. El miedo al cambio y las presiones familiares marcaron el final de la relación. (Foto ilustrativa generada con IA).

No hacía falta tener sexo para sentir que estábamos profundamente unidos”, asegura Alberto. “Ella era muy religiosa. Había prometido que su primera vez iba a ser después de casarse. Y yo la respeté”, explica con ternura. “Jamás nos dejaron solos, nunca, nunca, nunca. Para evitar que nos despidieramos en el zaguán, me llevaban a mi casa”. Hasta que recuerda el momento de más unión: “La vez que estuvimos más tiempo juntos fue cuando me fui de vacaciones con ellos a Mar del Plata. Juntos es una forma de decir, porque ella dormía en la habitación de los padres y yo en el living, por supuesto”. Nunca tuvieron intimidad. Y por más amor verdadero, Alberto se sincera: “Una sola vez corrimos un riesgo en Mar del Plata que nos dejaron solos en el departamento por accidente. Y nos apretamos muchísimo pero pudo más la promesa que habíamos hecho. No pasó nada. En algún momento habíamos hablado de eso, porque estábamos los dos muy calientes en serio. Pero ella por inclinación, por educación, qué sé yo, había dicho que su primera noche después de casada se la dedicaba a la Virgen”. Y con la esperanza de la juventud perdida dice: “Si se supone que nos quedaban juntos 50 años más, ¿cuál era el problema?”.

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El noviazgo duró poco más de dos años. “Veinticinco meses clavados”. Hasta que una discusión mínima hizo explotar todo. El 31 de julio de 1972, la madre de Noelia criticó una ropa que Alberto se había comprado. Ella, que lo había acompañado a comprarla y elegido con él, por no enfrentarla, dijo que también le parecía horrible. “Fue una pavada, pero yo venía acumulando bronca”, reconoce. “Me di cuenta de que siempre iba a elegir no enfrentarlos”.

Esa noche habló con su padre y le pidió permiso para que Noelia se fuera a vivir con ellos. Cuán audaz se pone uno cuando tiene la certeza de que es amado. “Mi viejo me dijo: ‘Que venga. Dormirá con tus hermanas hasta que se casen’”. Al día siguiente, Alberto fue a buscar a su novia lleno de ilusión. Mientras caminaba hacia la casa de Noelia, no podía creer que la vida sea tan generosa con él: su mundo era perfecto. Le propuso irse juntos. Empezar otra vida.

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Pero Noelia no pudo. “Tuvo miedo”, resume Alberto en dos palabras que parecen un réquiem. “Y me fui, lisa y llanamente”. Así se terminó.

Alberto lloró toda la noche. Dejó la facultad para no verla todos los días. Se fue de su casa una semana. Entró en una tristeza que, según cuenta, le cambió la vida. “Yo seguí funcionando, trabajando, haciendo cosas. Pero nunca dejé de amarla”.

Pasaron los años. Conoció a otra mujer, se puso de novio, construyó una casa, se casó y tuvo un hijo. Aprendió otro oficio. Armó una vida. Pero Noelia seguía apareciendo, inesperadamente, en pequeños gestos cotidianos. “Muchas veces levantaba el teléfono para llamar a alguien y marcaba automáticamente el número de ella”, relata dejando ver otros tiempos que parecen imposibles: cuando nos sabíamos los números de memoria.

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Pasaron más de dos décadas sin verse. “En el ’95 ya el recuerdo me rompía todo”, acepta con nostalgia. Hasta que un día de 1996 ya no soportó la incertidumbre. Esperó el cumpleaños de Noelia y llamó a la escuela donde imaginaba que trabajaba. “No, hoy no viene porque es el cumpleaños”, respondieron del otro lado. Alberto no podía estar más feliz: ya sabía dónde estaba.

Tuvo que esperar otro año entero para volver a tener una excusa. ¿Por qué la razón busca pretextos? ¿Acaso no sabe que el amor no entiende de orgullo? “Pues yo no sabía si ella conservaba el sentimiento, si conservaba muchos recuerdos, no sabía si se había casado, si no se había casado, no sabía nada”, se redime Alberto. A veces hay que actuar sin saber. Luego el corazón te guía.

Esperé todo un año más, pero las ganas eran las mismas: “Quería saber qué había pasado con ella, necesitaba las cosquillas en el estómago”. La segunda vez sí atendió. Noelia se quedó helada, hizo un silencio terrible. “Cuando escuché su voz fue un terremoto”, declara.

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Tras más de dos décadas sin verse, volvieron a encontrarse. Ambos habían formado otras familias, pero descubrieron que sus sentimientos seguían intactos. (Foto ilustrativa generada con IA).
Tras más de dos décadas sin verse, volvieron a encontrarse. Ambos habían formado otras familias, pero descubrieron que sus sentimientos seguían intactos. (Foto ilustrativa generada con IA).

Hablaron “cuatro palabras” porque ella estaba trabajando, estaba tomando examen. Alberto la volvió a llamar dos días después y coordinaron encontrarse un día en la semana.

La cita fue unos días después. “Fue un golpe”. Se veían recién después de 26 años. Ella estaba casada, tenía dos hijos y “un matrimonio que no le daba nada”. Él seguía casado también. Pero apenas se vieron entendieron que nada había cambiado. “Sentí exactamente lo mismo que a los 20”, cuenta con melancolía. “Y ella tenía una tristeza en la cara que me destruyó”.

Empezaron a verse a escondidas. Primero para hablar. Después para besarse. “Y tanto fue el cántaro a la fuente que al final nos encontramos con el tiempo suficiente”, explica Alberto, hasta que deja a un lado sus metáforas: “Una vez que nos encontramos, chau, se pudrió todo”, dice para describir que, finalmente, tuvieron la intimidad que nunca habían podido tener de jóvenes. Sus cuerpos se conocieron desnudos por primera vez. “Fue lo más hermoso que nos pasó”, se abre Alberto. “Y ya no pudimos dejarlo”. Tenían 46 y 45 años.

Durante años sostuvieron una relación clandestina. Hoteles alejados, bares discretos, caminos secundarios, códigos por teléfono. “La tristeza la perdió a partir del momento en que nos empezamos a encontrar. Y después que nos dimos el primer beso, fue mejor todavía. Ya no volvió a ponerse triste. Y después que empezamos a tener sexo menos”, manifiesta con ganas de seguir redoblando la apuesta infinitamente. Ella borraba los mensajes. Él aprendía a interpretar si estaba sola según cómo contestaba. “Lo más frecuentemente que lo hicimos fue una vez por mes. Y lo máximo que estuvimos juntos seguidos fueron cuatro horas”, se queja. “Siempre corriendo, siempre escondidos”.

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El deseo contenido era tal que Alberto afirma sin pudor: “Gastamos todos los hoteles alojamientos”. El remordimiento no tardó en llegar, aunque no de manera rotunda: “Lo que me daba culpa era saber que yo quería a alguien que no era mi mujer. Eso me daba mucha pena”, confiesa. “Durante varios meses nos vimos en lugares escondidos de miradas indiscretas. Ambos estábamos en falta”.

Cuando la esposa de Alberto encontró una carta de amor en el bolsillo de un pantalón, la verdad explotó. “Me preguntó qué significaba y yo le dije: ‘A vos te quiero mucho. Pero a ella la amo’”. La verdad sin empatía es crueldad.

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Llegó la separación. “Me fui al día siguiente. Un domingo”. Pero no fue el comienzo de la vida que soñaba. Fue otro laberinto. Al otro día, desde su trabajo, llamó a Noelia y le confirmó que se había ido. Ella no creía que lo haría. Y como, en algún momento Alberto le había dicho que cuando estuviera solo iría a su casa, golpearía la puerta y le contaría todo al marido, sucedió lo inesperado. “Dejó de hablarme”.

Ella nunca dejó a su marido. “Pensé que cuando me separara ella iba a animarse. Pero desapareció”, se lamenta sin poder disimular algo de bronca. “Tenía miedo de que yo fuera a contarle todo al esposo. Terror al cambio”, define Alberto.

Volvieron a encontrarse tiempo después. Y siguieron. Siempre a medias. Siempre siguen. “Desde aquel momento han pasado 24 años. Recuperamos nuestro contacto. La madre, que me había odiado, ahora nos sirvió de pantalla mientras vivió. Me pidió perdón por su conducta pasada. Comprendió”. Alberto trató de todo para que Noelia se separara. Ya no sabe más qué hacer: “Nunca intenté hablar con el esposo. Tengo la idea de que, si lo hiciera, ella me negaría como Pedro negó a Jesús. Y él, que supone la verdad, aceptaría lo que la esposa dijera, solo por jodernos a los dos”, sentencia. Noelia quiso cortar con Alberto varias veces. Por culpa. Por religión. Por miedo. Por costumbre. No lo logra. “Es como si su culpa fuera superior al amor y deseo”, se lamenta él, y explota con otra de sus analogías: “No pongo en duda su amor… Pero nunca entendió que no se puede hacer una buena tortilla sin romper algunos huevos. Amar es jugarse, es valor, es coraje. Resulta más fácil ser cobarde y permanecer quejándose en un lugar que no la hace feliz”.

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Alberto intentó rehacer su vida con otras mujeres. Tuvo parejas largas. Pero ninguna logra ocupar el lugar de Noelia. “Ella es el gran amor de mi vida”, dice sin dudar. “La mujer que más quise… y quiero”.

Hoy, con más de 70 años, siguen hablando todos los días. Entre mates, recuerdos y conversaciones interminables, mantienen vivo un amor que nunca terminó de irse. (Foto ilustrativa generada con IA).
Hoy, con más de 70 años, siguen hablando todos los días. Entre mates, recuerdos y conversaciones interminables, mantienen vivo un amor que nunca terminó de irse. (Foto ilustrativa generada con IA).

Hoy hablan todos los días. A veces se ven para tomar mate. A veces discuten. A veces se ríen como dos adolescentes. Él asegura que sigue enamorado como aquel primer día en la facultad.

Noelia ya no quiere tener relaciones sexuales. Dice que siente el pecado en su espalda. Que están grandes. Que él merece otra oportunidad. Pero tampoco puede dejarlo ir. Alberto estalla de frustración: “Y yo, ¿qué catzo hago con mi amor?”.

Hace poco, en medio de una de esas conversaciones eternas, él volvió a preguntarle por qué seguían haciendo todo tan difícil. Noelia no respondió. Entonces él entendió algo que le dolió y lo alivió al mismo tiempo: hay amores que no saben vivir juntos, pero tampoco sobreviven separados.

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Y desde hace 56 años, el de ellos sigue siendo uno de esos.

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Escribinos y contanos tu historia: amoresverdaderos@artear.com

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@cynthia.serebrinsky

Amores Verdaderos es una serie de historias reales, contadas por sus protagonistas. En algunas de ellas, los nombres serán cambiados para proteger su identidad y las fotos, ilustrativas.

Sumario, Amores verdaderos, Pareja, Amor

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Sin abrigo y a 20 grados bajo cero: el emocionante festejo de un docente en la Antártida tras el triunfo de la Selección

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La pasión por la Selección argentina llegó hasta uno de los rincones más inhóspitos del planeta. Un docente de la Escuela Provincial N° 38 de la Base Esperanza, en la Antártida Argentina, llevó a cabo un emocionante festejo tras la victoria por 2-1 ante Inglaterra.

En un video que se difundió en las últimas horas, se puede ver cómo el hombre sale al exterior con la camiseta albiceleste, una bandera argentina y sin abrigo, pese a que la temperatura era de más de 20 grados bajo cero.

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El momento fue compartido en redes sociales por una usuaria y rápidamente se volvió viral. En las imágenes se observa al docente enfrentando las fuertes ráfagas de viento y la nieve mientras sostiene con firmeza la bandera argentina, que logra flamear con fuerza en medio de las extremas condiciones climáticas.

El emocionante festejo del docente de la Antártida Argentina que salió al exterior con más de 20 grados bajo cero con la bandera albiceleste. (Foto: captura de video)

¡Vamos Argentina, carajo!”, grita con entusiasmo el maestro mientras celebra el pase del equipo de Lionel Scaloni a la final del Mundial, en una escena que conmovió a miles de usuarios.

Según trascendió, el protagonista del video es Gustavo Olivera, docente de la Escuela Provincial N° 38 “Presidente Raúl Ricardo Alfonsín”, el centro educativo más austral del mundo. El mismo funciona en la Base Esperanza, una de las instalaciones permanentes de la Antártida Argentina donde también viven familias y asisten chicos a clases durante todo el año.

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El singular festejo se sumó a las multitudinarias celebraciones que se vivieron en distintos puntos de la Argentina y del mundo.

Desde el Obelisco hasta ciudades como Roma, Punta del Este y Madrid, miles de hinchas salieron a las calles para celebrar la clasificación a una nueva final.

Selección argentina, Mundial 2026, Antártida Argentina

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Las impactantes imágenes de la multitud que festejó la victoria de la selección argentina en el Obelisco

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La Selección Argentina protagonizó otra actuación memorable en Estados Unidos para superar 2-1 a Inglaterra en el Estadio Atlanta con los tantos de Enzo Fernández y Lautaro Martínez, ambos con asistencias de Lionel Messi, tras quedar en desventaja por el gol de Anthony Gordon. El campeón del mundo hizo valer su condición y, con determinación, empuje y coraje, dio vuelta el marcador para obtener el segundo pasaje a la final del próximo domingo desde las 16:00 ante España en el MetLife de Nueva Jersey.

Luego de la épica victoria que consiguió la selección liderada por Lionel Scaloni, la gente en la Ciudad de Buenos Aires salió a festejar. Si bien se coparon varios puntos, el núcleo del encuentro fue en el Obelisco, como lo es tradicionalmente.

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Allí, los hinchas se juntaron con banderas, bombos y hasta se vieron fuegos artificiales en el cielo. Los hinchas cantaron por la Selección y pidieron por una nueva consagración en la Copa del Mundo.

Antes del partido, el himno inglés fue recibido con silbidos. Ya con el juego en marcha, el primer tiempo quedó condicionado por las decisiones erráticas de Ismail Elfath en materia disciplinaria. El árbitro priorizó la fluidez que caracteriza a esta Copa del Mundo por encima del rigor reglamentario, y dejó pasar situaciones que merecían sanción.

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El Obelisco reunió a los hinchas argentinos en Buenos Aires tras la victoria de la Selección y el pase a la final (EFE)

En el plano estrictamente futbolístico, las ocasiones de peligro fueron escasas. La pelota rodó principalmente entre líneas, con un leve dominio de Inglaterra, cuya única llegada real fue un cabezazo desviado de John Stones tras un tiro libre. Por el lado argentino, Enzo Fernández avisó con un disparo desde fuera del área que se marchó por encima del travesaño.

Enzo Fernández y Lautaro Martínez marcaron los goles de Argentina, ambos con asistencias de Lionel Messi (EFE)

Tras el descanso, el vigente campeón del mundo tomó el control del partido, aunque recibió un golpe en su mejor momento: Anthony Gordon se filtró por detrás de Nahuel Molina y puso en ventaja a los europeos al minuto 54.

A pesar del tanto encajado, el equipo de Lionel Scaloni no se dejó intimidar. La entrada de Nicolás González por Leandro Paredes aportó mayor presencia ofensiva, con el delantero metiéndose en el área rival en repetidas ocasiones desde su ingreso.

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Argentina enfrentará a España el domingo a las 16:00 en el MetLife de Nueva Jersey por la final de la Copa del Mundo (REUTERS)

Después de varias atajadas destacadas de Jordan Pickford, la resistencia inglesa cedió al minuto 85. Lionel Messi se abrió hacia la banda derecha, tal como lo hizo frente a Egipto, y desplegó su mejor versión. Desde una pelota parada, el 10 encontró a Enzo Fernández, quien se perfiló con la zurda y conectó un derechazo cruzado para restablecer la igualdad.

Desde ese instante, Argentina aplastó a su rival, que recurrió a pérdidas de tiempo con la esperanza de forzar la prórroga, y mantuvo el cerco sobre el arco inglés hasta que el mejor jugador del mundo volvió a inclinar la balanza.

Anthony Gordon abrió el marcador para Inglaterra al minuto 54 tras filtrarse por detrás de Nahuel Molina (AFP)

Tras un remate al palo de Mac Allister, Messi desbordó por la derecha y mandó un centro al segundo palo que Lautaro Martínez empujó para completar la remontada. En los compases finales, Inglaterra salió a buscar el empate sin argumentos y deberá conformarse con el partido de este sábado a las 18:00 (hora argentina) ante Francia en Miami para disputar el tercer y cuarto puesto.

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Tras el pitazo de Elfath, los jugadores de la Albiceleste desplegaron una bandera durante los festejos con la afición, en la que se leía: «Las Malvinas son argentinas».

Gaston TaylorAFPGaston TaylorGaston TaylorGaston TaylorRS Fotos

South America / Central America,Soccer,Sport

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Pokémon GO: Tras los fallos en el evento de Times Square, el Mewtwo exclusivo ya se revende por miles de dólares en eBay – Nintenderos

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Traemos novedades relacionadas con Pokémon GO. Después de conocer los detalles de sus nuevas formas de monetización y los despidos en Niantic después de que vendiera este y otros juegos, ahora hemos conocido detalles.

Se trata de información de la nueva temporada, conocida como Forever Forward (Siempre Adelante) y que durará desde el 2 de junio hasta el 8 de septiembre de 2026. Esta vez hemos conocido que el Mewtwo exclusivo que Scopely repartió durante el evento de Times Square ya está apareciendo a la venta en eBay por miles de dólares, generando indignación entre la comunidad de jugadores.

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La polémica se suma a las numerosas quejas que ha recibido el evento debido a diversos problemas técnicos y de organización, lo que ha aumentado el malestar de los fans al ver que, encima, este contenido supuestamente exclusivo termina comercializándose de forma especulativa en el mercado secundario. Recordad que ya hay compensaciones anunciadas, aunque muchos fans las ven insuficientes.

No lo olvidéis, tenéis todos los códigos que funcionan actualmente aquí. ¿Qué os ha parecido esta información que nos ha llegado hoy mismo a la web? Si estáis interesados, podéis echar un vistazo a nuestra cobertura completa sobre GO en este enlace. Para terminar, os dejamos con nuestra guía completa y actualizada de Pokémon GO.

Fuente.

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