CHIMENTOS
Tres cartas de despedida en el bolsillo, la humillación que marcó sus últimos días y el enigma que sigue abierto: la tragedia de Leonardo Simons

Barbie Simons tenía 15 años y estaba en el primer recreo cuando sintió la urgente necesidad de llamar a su papá, Leonardo Simons. Algo quería decirle, no sabía qué. El pálpito se encendió en su cuerpo y pasó. Hasta que apareció la directora del colegio y, sin darle razones, la mandaron de inmediato para su casa. En el taxi ya sabía que algo malo había ocurrido. El recuerdo del día en el que su vida se partió en dos, aquel 15 de octubre de 1996, la persigue hasta hoy.
“Siempre me quedé con esa sensación de qué hubiera sido si yo lo hubiera llamado a su celular y le hubiera dicho: ‘Te amo, papá, acá estoy’. Quizás la historia hubiese sido distinta, no lo sé”, contó Barbie, con lágrimas rodando por las mejillas, en PH, al recordar la mañana de ese martes en que su papá se suicidó. El conductor tenía 49 años y se lanzó al vacío desde el piso 13, donde estaba su oficina en un edificio sobre Avenida Córdoba. ¿Por qué lo hizo? Ni Barbie ni nadie podría haberlo anticipado.
“¡Las notas háganselas a Carlos en la cárcel!”, fue el grito seco de Ruth Kisielnicki a los cronistas en cuanto se supo que su esposo se había matado y las preguntas le llovían, enloquciéndola, en horas de shock total. Carlos era su cuñado, el exjuez Juan Carlos Wowe. Tres meses antes, el hombre había caído preso en Caseros por cohecho, por intentar coimear al por entonces periodista más famoso de la tele, Bernardo Neustadt, y por tenencia de armas de guerra. El apellido Simons —su verdadero nombre era Leonardo Simón Wowe— empezó a aparecer seguido en los noticieros y en la primera plana de los diarios junto a la cara del conductor.
Esa era la punta visible del calvario que torturó a Simons en sus últimos días. Una depresión profunda que escondía detrás de su impecable sonrisa, que era la marca de su éxito. Un estado anímico en picada que lo fue hundiendo en el pantano más oscuro en cuestión de semanas. Había adelgazado, se veía decaído y gastado, debajo de su aura de permanente profesionalismo. ¿El escándalo de su hermano lo había acorralado al punto de pensar en quitarse la vida? Solo él lo sabía: con nadie lo habló. Si lo tenía todo: familia, amor, amigos, dinero, reconocimiento. Y sin embargo, algo dentro suyo se quebró.
SIMONS, EL HOMBRE INTACHABLE
“Nos convertimos en modelos que podemos ser imitados, por eso nuestras actitudes tienen que ser dignas y respetables”, decía Simons sobre su profesión en los medios. Su amigo Silvio Soldán, quien venía de embarrarse como nadie tras protagonizar la mediática y escandalosa separación de Silvia Süller, llegó a contar: «Una vez él me dijo: ‘Si a mí me llega a pasar lo que te pasó a vos, me mato’. Esto te lo pinta de cuerpo entero”.
Cuentan también que la sombra que perseguía a Simons se agudizó cuando le detectaron hipertensión ocular, un diagnóstico controlable que, sin embargo, lo aterraba. Los miedos dejaron de tener bordes y nublaron toda lógica. Dicen quienes lo conocían que temía quedarse ciego y convertirse en una carga para los suyos. En tiempos en los que la salud mental era un tema tabú, la muerte del conductor quedó envuelta en el silencio y el desconcierto, teñida de secreto.
“Leonardo Simons murió por vergüenza y de vergüenza, y también hizo gala, en el final de su vida, de una dignidad poco común, algo que, precisamente, no abunda en los tiempos que corren. Quiero recordar con estas pocas palabras a este compañero de 30 años”. Esto fue lo que dijo Fernando Bravo el sábado siguiente a la muerte del conductor, en el durísimo pase de Siglo XX Cambalache con Soldán, quien le puso el cuerpo a una tarea titánica: reemplazar a su amigo en el exitoso ciclo de juegos Ta-Te-Show.
Locutor egresado del ISER, Leonardo Simons tenía una trayectoria tan brillante como sus ojos claros, con miles de horas en estudios de televisión al frente de tanques como Feliz Domingo (con el propio Soldán), Sábados de la bondad y Finalísima, un programa que alcanzó picos de 43 puntos de rating. Podía conducir de memoria cualquier programa.
EL ESCÁNDALO QUE HUNDIÓ A LEONARDO SIMONS
“Este muchacho, en un país donde nadie se pega un tiro por todo, se suicidó por nada”, diría Neustadt, lapidario, meses después de la tragedia, al contar que Simons lo había llamado pidiéndole disculpas por lo que había hecho su hermano. Se excusó, abochornado, el hombre que repartía miles de pesos cada fin de semana desde hacía décadas, y que estaba acostumbrado a llevar alegría y entretenimiento a su público familiar. Con juegos y pruebas, como la icónica Cabina del millón, que en los 80 desafiaba a las señoritas a agarrar la mayor cantidad de australes con sus vestidos, mientras los billetes volaban alrededor.
“Mi viejo entró en una depresión los últimos 15 días. No era mi papá, el de siempre: carismático, divertido, que le gustaba ir a trabajar. Estaba medicado. Fue un cambio brutal para mí”, contaría Barbie años más tarde, sobre cómo registró de adolescente ese feroz desmoronamiento puertas adentro de su casa. Mientras Simons seguía con su rutina, grababa el programa en Telefe, saludaba a la gente que lo reconocía en la calle. Sonreía. Agradecía. Por dentro, podemos imaginar que la foto de su hermano preso le pesaba como un yunque y aparecía en su mente en cada apretón de manos que daba.
“No hablaba del asunto, se esforzaba por mantener el buen humor. Pero nosotros sabíamos que estaba mal”, dijo Eugenio Gorkin, el entonces director de piso del ciclo, a la revista Gente, tras aquel martes trágico. ¿Tenía planeado lo que iba a hacer? Imposible saberlo. En las tres cartas de despedida que encontraron en su pantalón, Simons explicó a medias su drama, con una letra dificultosa. “Mi bocho explotó y necesita paz”, escribió en una de ellas, la que destinó a sus amigos. 
La que redactó para su mujer llevaba fecha del 9 de octubre, casi una semana antes del día de su muerte. Decía: “Las personas que más quiero en la vida son mis hijas Vanesa y Bárbara. Vos me diste 10 años de felicidad. Recordá que juraste por tu hijo que las vas a seguir protegiendo por el resto de sus vidas. Te quiero mucho, Ruth. Leonardo”.
EL ÚLTIMO ACTO DE LEONARDO SIMONS
La noche del sábado 12 de octubre Simons condujo durante dos horas Ta Te Show. Se despidió de todos y se fue. Nunca más lo verían con vida.
El martes 15 de octubre Simons entró a su productora ubicada en la zona de Tribunales, decidido. Saludó al encargado, pidió dos diarios, subió hasta el piso 13 y avanzó firme, como siempre. Pero esta vez, se sentó en el borde de una ventana. Un segundo después, intentó dejarse caer. Dos empleadas, desesperadas, alcanzaron a tomarlo del pantalón mientras le gritaban que no, que no lo hiciera, que recapacitara, que todo estaría bien. “¡No me agarren!”, gritó Simons, y se desabrochó el cinturón, cayendo al vacío.
“Esta mañana lo vi pasar un poquito bajoneado, con la cabeza gacha. Cuando lo saludé, me sonrió un poco”, diría una persona a uno de los móviles que se acercaron al edificio en cuanto se supo que era Simons el NN que, decían en el noticiero, se había matado. La gente empezaba a arremolinarse, curiosa, en torno al centro de la tragedia.
El relato de Crónica estremece: “Según comentaron vecinos del cuarto piso, los efectivos de la Comisaría 17ª y de bomberos, encontraron el cadáver tendido en calzoncillos, camisa y saco, en tanto los pantalones habían quedado colgados en una saliente ubicada en un entrepiso, luego de caer lentamente acompañando la humanidad de su dueño”.

“Papá prefirió tomar esta actitud que cree valiente, porque se me reventó la cabeza y es mejor que ser una carga de por vida para ustedes, estando en un manicomio. Las amo como a nadie amé en este mundo”, leyeron Vanesa y Bárbara, las hijas que Simons tuvo con la locutora Alicia Gorbato, con el dolor insoportable de una cirugía sin anestesia.
«Me acuerdo que fue un martes», diría Barbie mucho después. Y contaría entonces que jamás pudo olvidar el último gesto de su padre, que le quedó grabado en el cuerpo: «El día anterior mi papá me abrazó muy fuerte pero muy fuerte, como nunca me había abrazado en su vida”.
Treinta años después, Barbie sigue aferrada a esa expresión de amor para sentir más cerca al hombre de mirada luminosa que se llevó consigo las respuestas a la eternidad.
Fotos: Archivo Paparazzi
Busqueda de material de archivo: Gustavo Ramírez
Leonardo Simons; Barbie Simons
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Murió Sol Varacalli, la fan de María Becerra que recibió ayuda de la cantante para costear su tratamiento

Sol Varacalli, la joven de 28 años oriunda de Ramos Mejía que se hizo conocida en las redes sociales por su lucha contra un melanoma ocular y por el gesto solidario que tuvo con ella María Becerra, falleció tras meses de tratamiento. Su familia comunicó la noticia a través de las redes sociales con un mensaje que resumió el espíritu con el que Sol atravesó cada etapa de su enfermedad: “Ella peleó hasta lo último. Vamos a llevarla para siempre en nuestros corazones”.
El anuncio llegó a través de la cuenta de Instagram de la propia Sol, donde su familia publicó una historia con fondo negro y letras blancas: “Con profundo dolor queremos comunicarles el fallecimiento de Solcito. Les queremos agradecer de todo corazón cada apoyo en todo este tiempo, le dieron una esperanza de vida”. Horas después, compartieron un flyer con su foto y los datos del velatorio, fijado para el jueves 9 de julio en la Avenida Eva Perón 250, Buenos Aires, de 9 a 13 horas.

La historia de Sol había llegado a miles de personas meses atrás, cuando ella y su familia iniciaron una campaña solidaria para reunir los fondos necesarios para una radioembolización, un procedimiento de alta complejidad indicado para tratar los tumores que habían derivado de su diagnóstico inicial. El melanoma ocular había avanzado con compromiso hepático y los tratamientos previos no habían logrado frenar su progresión. El costo del procedimiento, que requería una medicación importada especialmente para cada paciente, rondaba los 55 millones de pesos argentinos, una cifra imposible de afrontar sin ayuda externa.
Fue en ese contexto que María Becerra vio el video de Sol en redes y decidió involucrarse de manera directa. La cantante no se limitó a una donación virtual: se contactó personalmente con la joven, le ofreció cubrir el costo del tratamiento y, en un gesto que amplificó el impacto de la historia, se presentó en su casa de sorpresa para conocerla. Las imágenes de ese encuentro —abrazos, risas, canciones compartidas— se viralizaron en pocas horas. “De un día para otro cambió todo mi mundo”, escribió Sol en ese momento, todavía conmovida. “Vino a conocerme a mi casa de sorpresa, todavía no caigo. Sos increíble María, fue un momento único, voy a agradecerte toda mi vida lo que hiciste por mí y por mi familia”, agregó.
El acompañamiento de Becerra no terminó con la visita. Cuando Sol debió internarse en el Hospital Italiano de Buenos Aires para la intervención, la cantante también estuvo presente. Desde la habitación, Sol publicó una imagen junto a ella con una sonrisa que contrastaba con la tensión del momento. Antes de entrar al quirófano, había escrito una sola frase: “En tus manos Dios”. Horas después, el alivio: “Ya salí de la operación. Salió todo bien”, informó, con un corazón rojo. La foto final del posteo la mostraba rodeada por el equipo médico y por la artista. “Gracias al Hospital Italiano y su equipo. Los amo, gracias por tanto amor”, escribió.
La operación fue exitosa, pero la enfermedad no cedió del todo. Las complicaciones reaparecieron y Sol debió continuar con tratamientos médicos que exigían nuevos esfuerzos económicos y físicos. Su comunidad de seguidores, que había crecido a partir de su historia, sostuvo el acompañamiento a lo largo de todo ese proceso. La lucha se extendió durante meses hasta que su cuerpo no pudo más.

Sol tenía 28 años y era madre. Entre los mensajes que su familia y amigos dejaron tras conocerse la noticia, uno de los más leídos fue el de una amiga que la despidió con una promesa: “Fuiste madre hasta tus últimos minutos, me comprometo honradamente a estar en cada detalle como si tu hijo fuera el mío. De madre a madre. Te amo y fuiste muy fuerte”. Otro mensaje, de quienes la acompañaron desde las redes durante meses, resumió lo que muchos sintieron: “Gracias por la hermosa persona que fuiste, por tu fuerza. Te vamos a recordar siempre con mucho amor”.
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Yanina Latorre contó un dato desconocido de Antonela Roccuzzo tras la victoria en el Mundial: “Se fue a…”

Las emociones se multiplicaron en ese estadio moderno, y repleto de almas argentinas, tras el sonido del pitazo final. La atmósfera de ese lugar se caracterizó por un estallido de felicidad, la que configuró la Selección Argentina con la épica remontada ante Egipto.
Dentro de las miles de personas que se sumergieron en sentimientos indescriptibles se encontraba Antonela Roccuzzo, quien sufrió ese inolvidable partido y que festejó con todo al lado de sus tres hijos. Respecto a los movimientos de la rosarina después de ese triunfo se refirió Yanina Latorre.
La famosa posee un acceso a información calificada y por eso consiguió un dato de la intimidad de la esposa del mejor futbolista del planeta. En el desarrollo de su programa de radio, la blonda describió el mecanismo de Anto para retornar de Atlanta a Miami, donde reside su familia.
Yanina contó con mucha seguridad, en base a su data certera, los movimientos de Roccuzzo. “Anto terminó el partido anoche y se tomó el avión y se fue a su casa. Ella tiene un avión privado y te lleva a la casa en el momento, como si fuese un Uber para nosotros”, narró.
Latorre profundizó en ese diálogo directo con la mujer de La Pulga y especificó el contenido del intercambio por privado con el que cosechó esta dinámica de viaje. «Yo le pregunté y me dijo ‘voy al partido y me vuelvo’. Es otro nivel», aseguró.
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María Becerra recordó la violencia que la rodeó cuando era adolescente: “No le tenía miedo a nada”

En una entrevista con Los 40 durante una gira de prensa por España, María Becerra abrió una puerta que rara vez había entreabierto: la de su infancia en un barrio de clase media-baja, las amistades que terminaron en tragedias y el carácter violento que, según ella misma reconoció, definió sus vínculos durante años. La cantante habló sin eufemismos sobre una etapa que marcó su forma de relacionarse con el mundo y que solo pudo procesar con el tiempo y la terapia.
“Me crié en un contexto donde no estuve nunca rodeada de algodones. Caminé la calle desde que soy muy chica”, arrancó Becerra al repasar su historia. Nacida en el partido bonaerense de Quilmes, en un barrio de clase media-baja, con un colegio público a pasos de un monoblock y a cinco cuadras de la villa, la artista describió esa geografía como su normalidad de entonces: calles de tierra, realidades diversas y una familia que atravesaba distintos estratos sociales. “Viví todas las realidades, todas las situaciones que te puedas imaginar”, sintetizó.
A los 14 años, dijo, su conducta era la de alguien que no medía consecuencias. Repetía de año, se juntaba en la esquina con distintos grupos y actuaba más por impulso que por convicción. “Era más de inconsciente que de otra cosa, como que no le tenía miedo a nada”, explicó. Esa falta de miedo no era valentía calculada sino la despreocupación propia de quien todavía no dimensiona el peso de lo que lo rodea.
Pero el entorno tenía un costo real. La cantante recordó que algunos de los amigos de aquella época desaparecieron de la manera más brutal: “Me juntaba con un amigo de la esquina y a los dos años no lo veíamos más porque le metieron un tiro por salir a robar y lo mataron. Esas cosas pasaban”. La naturalidad con la que lo contó no le quitó peso a la frase; al contrario, subrayó cuánto de esa violencia circundante se había normalizado para ella durante esos años.
Fue esa misma exposición la que, según su propio análisis, moldeó su manera de vincularse. “Siento que siempre, de chica, yo era muy violenta”, afirmó sin rodeos. Esa violencia no quedó circunscripta al barrio sino que se trasladó a sus relaciones personales: “Tenía relaciones violentas, tóxicas, controlaba, era muy posesiva, era muy de enseguida reaccionar con bronca”. La descripción fue precisa y sin atenuantes, con la distancia que da el tiempo y el trabajo terapéutico.
“Me costó mucho… pero terapia. Pasar por personas a las que lastimé, lamentablemente, personas que me lastimaron también, y crecer”, cerró ese tramo del relato. La mención a quienes lastimó antes que a quienes la lastimaron a ella no pasó inadvertida: Becerra asumió su parte en esa historia sin trasladar toda la responsabilidad al contexto.
La entrevista en Los 40 no se limitó a ese capítulo autobiográfico. La cantante también habló sobre la escena musical argentina y su vínculo con Tini Stoessel, en un momento en que las especulaciones sobre una grieta entre Tini y Emilia Mernes todavía generaban ruido en la industria. Becerra fue directa sobre su posición: “La amo. Es una de las mejores personas que he conocido en mi vida. Se maneja con moral en su vida”. Y fue más allá al describir el rol que siente que le toca: “Si algo le pasa, enseguida voy y la defiendo. Soy muy así”.
Sobre el ambiente musical en general, la artista reconoció tensiones que van más allá de las amistades personales. “Es un ambiente donde se juega mucho el ego, hay mucha envidia”, señaló, y admitió que la escena argentina está fragmentada por géneros, estilos y también por lealtades. “Hay gente con la que no compro, se lo digo en la cara. Si no me gusta cómo actúa, lo que le hizo a tal persona, yo me paro del lado de esa persona”, afirmó, sin mencionar nombres pero con una claridad que dejó poco margen para la ambigüedad.










