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CHIMENTOS

Tres cartas de despedida en el bolsillo, la humillación que marcó sus últimos días y el enigma que sigue abierto: la tragedia de Leonardo Simons

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Barbie Simons tenía 15 años y estaba en el primer recreo cuando sintió la urgente necesidad de llamar a su papá, Leonardo Simons. Algo quería decirle, no sabía qué. El pálpito se encendió en su cuerpo y pasó. Hasta que apareció la directora del colegio y, sin darle razones, la mandaron de inmediato para su casa. En el taxi ya sabía que algo malo había ocurrido. El recuerdo del día en el que su vida se partió en dos, aquel 15 de octubre de 1996, la persigue hasta hoy.

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“Siempre me quedé con esa sensación de qué hubiera sido si yo lo hubiera llamado a su celular y le hubiera dicho: ‘Te amo, papá, acá estoy’. Quizás la historia hubiese sido distinta, no lo sé”, contó Barbie, con lágrimas rodando por las mejillas, en PH, al recordar la mañana de ese martes en que su papá se suicidó. El conductor tenía 49 años y se lanzó al vacío desde el piso 13, donde estaba su oficina en un edificio sobre Avenida Córdoba. ¿Por qué lo hizo? Ni Barbie ni nadie podría haberlo anticipado. 

“¡Las notas háganselas a Carlos en la cárcel!”, fue el grito seco de Ruth Kisielnicki a los cronistas en cuanto se supo que su esposo se había matado y las preguntas le llovían, enloquciéndola, en horas de shock total. Carlos era su cuñado, el exjuez Juan Carlos Wowe. Tres meses antes, el hombre había caído preso en Caseros por cohecho, por intentar coimear al por entonces periodista más famoso de la tele, Bernardo Neustadt, y por tenencia de armas de guerra. El apellido Simons —su verdadero nombre era Leonardo Simón Wowe— empezó a aparecer seguido en los noticieros y en la primera plana de los diarios junto a la cara del conductor.

Esa era la punta visible del calvario que torturó a Simons en sus últimos días. Una depresión profunda que escondía detrás de su impecable sonrisa, que era la marca de su éxito. Un estado anímico en picada que lo fue hundiendo en el pantano más oscuro en cuestión de semanas. Había adelgazado, se veía decaído y gastado, debajo de su aura de permanente profesionalismo. ¿El escándalo de su hermano lo había acorralado al punto de pensar en quitarse la vida? Solo él lo sabía: con nadie lo habló. Si lo tenía todo: familia, amor, amigos, dinero, reconocimiento. Y sin embargo, algo dentro suyo se quebró. 

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El conductor en un parate de Ta-Te-Show, su último éxito.

SIMONS, EL HOMBRE INTACHABLE

“Nos convertimos en modelos que podemos ser imitados, por eso nuestras actitudes tienen que ser dignas y respetables”, decía Simons sobre su profesión en los medios. Su amigo Silvio Soldán, quien venía de embarrarse como nadie tras protagonizar la mediática y escandalosa separación de Silvia Süller, llegó a contar: «Una vez él me dijo: ‘Si a mí me llega a pasar lo que te pasó a vos, me mato’. Esto te lo pinta de cuerpo entero”.

Cuentan también que la sombra que perseguía a Simons se agudizó cuando le detectaron hipertensión ocular, un diagnóstico controlable que, sin embargo, lo aterraba. Los miedos dejaron de tener bordes y nublaron toda lógica. Dicen quienes lo conocían que temía quedarse ciego y convertirse en una carga para los suyos. En tiempos en los que la salud mental era un tema tabú, la muerte del conductor quedó envuelta en el silencio y el desconcierto, teñida de secreto.

“Leonardo Simons murió por vergüenza y de vergüenza, y también hizo gala, en el final de su vida, de una dignidad poco común, algo que, precisamente, no abunda en los tiempos que corren. Quiero recordar con estas pocas palabras a este compañero de 30 años”. Esto fue lo que dijo Fernando Bravo el sábado siguiente a la muerte del conductor, en el durísimo pase de Siglo XX Cambalache con Soldán, quien le puso el cuerpo a una tarea titánica: reemplazar a su amigo en el exitoso ciclo de juegos Ta-Te-Show.

Locutor egresado del ISER, Leonardo Simons tenía una trayectoria tan brillante como sus ojos claros, con miles de horas en estudios de televisión al frente de tanques como Feliz Domingo (con el propio Soldán), Sábados de la bondad y Finalísima, un programa que alcanzó picos de 43 puntos de rating. Podía conducir de memoria cualquier programa. 

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EL ESCÁNDALO QUE HUNDIÓ A LEONARDO SIMONS

“Este muchacho, en un país donde nadie se pega un tiro por todo, se suicidó por nada”, diría Neustadt, lapidario, meses después de la tragedia, al contar que Simons lo había llamado pidiéndole disculpas por lo que había hecho su hermano. Se excusó, abochornado, el hombre que repartía miles de pesos cada fin de semana desde hacía décadas, y que estaba acostumbrado a llevar alegría y entretenimiento a su público familiar. Con juegos y pruebas, como la icónica Cabina del millón, que en los 80 desafiaba a las señoritas a agarrar la mayor cantidad de australes con sus vestidos, mientras los billetes volaban alrededor.

La famosa «Cabina del millón» de Finalísima.

“Mi viejo entró en una depresión los últimos 15 días. No era mi papá, el de siempre: carismático, divertido, que le gustaba ir a trabajar. Estaba medicado. Fue un cambio brutal para mí”, contaría Barbie años más tarde, sobre cómo registró de adolescente ese feroz desmoronamiento puertas adentro de su casa. Mientras Simons seguía con su rutina, grababa el programa en Telefe, saludaba a la gente que lo reconocía en la calle. Sonreía. Agradecía. Por dentro, podemos imaginar que la foto de su hermano preso le pesaba como un yunque y aparecía en su mente en cada apretón de manos que daba.

“No hablaba del asunto, se esforzaba por mantener el buen humor. Pero nosotros sabíamos que estaba mal”, dijo Eugenio Gorkin, el entonces director de piso del ciclo, a la revista Gente, tras aquel martes trágico. ¿Tenía planeado lo que iba a hacer? Imposible saberlo. En las tres cartas de despedida que encontraron en su pantalón, Simons explicó a medias su drama, con una letra dificultosa. “Mi bocho explotó y necesita paz”, escribió en una de ellas, la que destinó a sus amigos. 

El mensaje de puño y letra que Simons le dejó a su esposa Ruth, una de las tres cartas de despedida que encontraron tras su muerte.

La que redactó para su mujer llevaba fecha del 9 de octubre, casi una semana antes del día de su muerte. Decía: “Las personas que más quiero en la vida son mis hijas Vanesa y Bárbara. Vos me diste 10 años de felicidad. Recordá que juraste por tu hijo que las vas a seguir protegiendo por el resto de sus vidas. Te quiero mucho, Ruth. Leonardo”. 

EL ÚLTIMO ACTO DE LEONARDO SIMONS

La noche del sábado 12 de octubre Simons condujo durante dos horas Ta Te Show. Se despidió de todos y se fue. Nunca más lo verían con vida.

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El martes 15 de octubre Simons entró a su productora ubicada en la zona de Tribunales, decidido. Saludó al encargado, pidió dos diarios, subió hasta el piso 13 y avanzó firme, como siempre. Pero esta vez, se sentó en el borde de una ventana. Un segundo después, intentó dejarse caer. Dos empleadas, desesperadas, alcanzaron a tomarlo del pantalón mientras le gritaban que no, que no lo hiciera, que recapacitara, que todo estaría bien. “¡No me agarren!”, gritó Simons, y se desabrochó el cinturón, cayendo al vacío.

“Esta mañana lo vi pasar un poquito bajoneado, con la cabeza gacha. Cuando lo saludé, me sonrió un poco”, diría una persona a uno de los móviles que se acercaron al edificio en cuanto se supo que era Simons el NN que, decían en el noticiero, se había matado. La gente empezaba a arremolinarse, curiosa, en torno al centro de la tragedia.

El relato de Crónica estremece: “Según comentaron vecinos del cuarto piso, los efectivos de la Comisaría 17ª y de bomberos, encontraron el cadáver tendido en calzoncillos, camisa y saco, en tanto los pantalones habían quedado colgados en una saliente ubicada en un entrepiso, luego de caer lentamente acompañando la humanidad de su dueño”.

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El conductor junto a su hija Barbie, poco antes de hundirse en la depresión y terminar con su vida arrojándose desde un piso 13.

“Papá prefirió tomar esta actitud que cree valiente, porque se me reventó la cabeza y es mejor que ser una carga de por vida para ustedes, estando en un manicomio. Las amo como a nadie amé en este mundo”, leyeron Vanesa y Bárbara, las hijas que Simons tuvo con la locutora Alicia Gorbato, con el dolor insoportable de una cirugía sin anestesia.

«Me acuerdo que fue un martes», diría Barbie mucho después. Y contaría entonces que jamás pudo olvidar el último gesto de su padre, que le quedó grabado en el cuerpo: «El día anterior mi papá me abrazó muy fuerte pero muy fuerte, como nunca me había abrazado en su vida”.

Treinta años después, Barbie sigue aferrada a esa expresión de amor para sentir más cerca al hombre de mirada luminosa que se llevó consigo las respuestas a la eternidad.

Postal de familia: Simons junto a su primera esposa, Alicia Gorbato, y sus dos hijas, Vanesa y Bárbara.

Fotos: Archivo Paparazzi
Busqueda de material de archivo: Gustavo Ramírez

 

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Leonardo Simons; Barbie Simons

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Sabrina Rojas confesó cómo es su complicado vínculo con Luciano Castro: «No nos podemos ni ver y…»

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Sabrina Rojas protagonizó uno de los momentos más emotivos en PH: Podemos Hablar (Telefe), al recordar su lado más vulnerable que fue la de la separación de Luciano Castro. Durante la consigna «El espejo», la conductora recordó lo difícil que fue asumir que su matrimonio estaba roto y que debía alejarse de la persona que amaba. Al borde del llanto, la mujer reconoció que fue una lucha que lleva consigo hasta el día de hoy.

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“Deshacer mi familia fue una culpa. Un día entendés que cuando no se puede, no se pued y hay que elegirse como mujer. Todo se acomoda y sus hijos van a estar bien”, comenzó a decir Rojas. Allí, se refirió a cómo es su vínculo con el padre de Esperanza y Fausto, quien en estos últimos años atravesó relaciones amorosas muy mediáticas. A pesar de que la separación fue hace un tiempo, entre ellos, siempre existió una complicada relación.

En este sentido, reconoció: “Fueron batallas de contradicciones y de muchas cosas. Hemos tenido nuestros momentos, somos una montaña rusa de emociones. Tenemos cotidianidad, tenemos momentos en que no podemos ni ver, en otros nos abrazamos”. Sabrina aseguró que ella acepta sus diferencias y que entiende que la situación no va a cambiar. “Nuestro vínculo siempre va a ser siempre así….ahora estamos en un lindo momento porque él está bien y me siento orgullosa”, aclaró.

Consultada por el conductor sobre qué le diría a ella misma, la modelo fue contundente y reconoció que no había podido separarse por la culpa que sentía por sus niños. “No podía salir de un amor que no me hacía bien. Le diría que no aguante tanto. ¡Andate de ahí!, redondeá esa relación, tus hijos van a estar bien”, dijo, muy emocionada. Sobre el final, añadió que tiene mucha más confianza en sí misma yq eu ya no tiene miedo al qué dirán.

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SABRINA ROJAS CONTÓ QUÉ PASÓ CON PEPE CHATRUC

Durante el mismo programa, Sabrina reconoció que la historia con Pepe Chatruc no está cerrada y que podría regresar a su lado. «Faltó pasión», confesó la conductora, ante la sorpresa del resto de los invitados. Allí explicó que Roja necesita otro tipo de relación con más detalles, más romanticismo y que el exfutbolista no le brindaba lo que quería ya que era más relajado.

Sobre su supuesta reconciliación, la mujer negó que haya regresado y descartó la versión que circularon en los medios de comunicación. Sin embargo, aseguró que hay una buena relación pero que no lo consideraba un «ex» ya que habían estado solo unos cinco meses. De esta manera, abrió la puerta para un nuevo romance con Chatruc.

 

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Sabrina Rojas, Luciano Castro

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Lali volvió a hacer historia y brilló en su tercer River: Tini vestida de novia, lágrimas y un guiño a Fito Páez

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Lali llegó a su tercer River del año sabiendo que, esa noche, cerraba algo grande. No lo dijo al principio del show, pero lo repitió varias veces sobre el final: ocho estadios en poco más de un año, tres de ellos en el Monumental, agotados todos.

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El 26 de septiembre fue la última fecha de “No vayas a atender cuando el demonio llama” y, como suele pasar con los cierres de gira, funcionó como un resumen de todo lo que la artista viene construyendo desde hace un año y medio: pop de estadio, humor, un poco de escándalo calculado y, esta vez, un momento de una honestidad poco habitual en un show masivo.

Lali Espósito cerró su gira con un tercer show en el estadio de River Plate y completó ocho estadios agotados en poco más de un año (Crédito: RS Fotos)

Toda la semana se había hablado de la posibilidad de lluvia para la noche del show, algo que generaba dudas entre los fanáticos que ya tenían la entrada comprada. Finalmente no sucedió, y Lali no dejó pasar el dato apenas salió al escenario, pasadas las 21: “La buena noticia, entre muchas esta noche, es que no llueve. Vean este clima”. El Monumental, sold out, la recibió con velos de novia improvisados con guirnaldas de luces entre el público (un adelanto de lo que iba a pasar más tarde) y el clásico “ole ole ole, Lali, Lali” que la acompaña desde hace rato.

El show abrió con “Lokura”, bailarines de negro marchando y Lali con un tapado de plumas que se sacó a los pocos segundos. Le siguieron “Sexy”, “Mejor que 2 son 3”, “Tu Novia II” y “N5”, con una coreografía que hizo subir la temperatura desde temprano. Fue un bloque de estética muy cuidada: fuego en la pasarela, pantallas en blanco y negro y unos quince bailarines en escena todo el tiempo. Cuando terminó, corte de luces para el primer cambio de vestuario.

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Lali en River
La cantante despidió la gira No vayas a atender cuando el demonio llama ante un Monumental lleno

Después de un interludio instrumental con cuerdas y vientos, Lali volvió con jean, musculosa blanca y un cinturón de brillos con caída de flecos, en un guiño a la estética dosmilera. Cantó “Obsesión” y “Diva”, más despojada, sin bailarines al principio.

El momento más inesperado del bloque llegó cuando aparecieron el bandoneonista Nicolás Perrone y el cantor Cucuza Castiello para interpretar el tango “Pasional”, de Osvaldo Pugliese, mientras Lali tomaba agua sentada en la escalinata. “Gracias por darle lugar al tango, muchas gracias”, les dijo. Después arrancaron juntos “Morir de amor”, se sumaron dos bailarines de tango y la banda completa, y Lali cerró con un simple “gracias, Buenos Aires” antes de meterse de lleno en “Amor es Presente”.

El tercer bloque cambió completamente de tono. Sonó un teléfono, la voz de Moria Casán preguntó “¿quiénes son?” y Lali apareció detrás de un diario gigante, con un saco de brillos, para cantar entre bailarines vestidos de traje. Dejó que los propios fans cantaran el icónico verso “que si vivo del Estado” de la canción, y entre risas tiró, al pasar, una frase con humor: “Ya me enojé, esta canción me enoja, estoy para una peleíta, eh”. Bajó al pasillo, le dio un beso al escudo de River en la camiseta de un fan y volvió al escenario transformada en boxeadora para “KO”, con guantes, carteles de “round” y una coreografía de golpes coreografiados. El bloque siguió con “Baum Baum” (y el estadio entero saltando) y terminó con Lali sacándose la corbata y abriendo la camisa para mostrar un corpiño negro con strass, después de que el público le gritara que tenía “mucha ropa”.

Lali en River
El público coreó consignas políticas y acompañó a la artista en un bloque temático que incluyó la voz de Moria Casán

Con la luz de todo el recinto apagada y solo el sonido de su voz, Lali reapareció desde una plataforma que subió desde abajo del escenario, vestida de blanco (con el detalle, visible para quien miraba de cerca, de que no había llegado a abrocharse bien el vestido por atrás) para cantar “Boomerang”. Antes de “Incondicional” hizo una pausa larga para hablar: presentó al Cuarteto Divergente, la banda de violines, viola y cello que la acompaña en este tramo del show, y definió la canción como una forma de explicar lo inexplicable: “¿Cómo explicamos ocho estadios en un poquito más de un año? ¿Cómo explicamos tres River en un mismo año? Solo la incondicionalidad, el sentido de amor, de lo colectivo, puede hacer algo así. Yo no lo entiendo, lo vivo, pero no lo entiendo del todo”. En el medio, también aprovechó para saludar el cumpleaños de su baterista Tomi Luján y presentar a la otra baterista, Caro Cohen.

Lo que vino después fue, probablemente, el corazón emocional del show. “Perdedor” bajó la energía con un solo de violín al cierre. Antes de “Ego” (uno de los temas más coreados de la noche) Lali habló de la idea de que cada show deja un momento que la banda y el público “se llevan” para siempre. Pero el quiebre real llegó con “No Hay Héroes”: la presentó diciendo que la escribió pensando en “pasar los 30” y sentirse “adulto y a veces solo”, pidió que el público prendiera las linternas de los celulares y terminó cantándola arrodillada en la pasarela, llorando, con el rostro apoyado en el escenario mientras el Monumental coreaba su nombre.

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El clima cambió otra vez con la aparición de Miranda! para cantar “Mejor Que Vos”. El dúo fue presentado a través de una emisión de “Lali TV”, el formato humorístico y conceptual que Lali usó en sus redes desde el arranque de esta era para anunciar novedades del álbum y la gira (cambios de fecha, venta de entradas, etc.). Le siguieron “Histeria” y “A Bailar” con Lali ya vestida con un body de la Selección Argentina. Pero el momento más viral de la noche llegó minutos después: Lali volvió a aparecer desde la plataforma vestida de novia junto a Tini Stoessel, también de blanco, para cantar juntas “Like a Virgin”. A la escena se sumó Marilina Bertoldi con su guitarra y terminaron las tres con un beso.

Lali Espósito y Tini Stoessel impactaron a sus fans en River Plate
Tini Stoessel compartió el escenario con Lali para cantar Like a Virgin y 1AMOR vestidas de novias ante miles de fanáticos

La puesta en escena recreó, de manera bastante literal, la apertura de los MTV Video Music Awards de 2003, cuando Britney Spears y Christina Aguilera salieron vestidas de novias a cantar “Like a Virgin” y Madonna, disfrazada de novio, las besó a las dos arriba del escenario. El chiste tuvo, además, una segunda lectura: tanto Lali (comprometida con Pedro Rosemblat desde enero) como Tini (que anunció en agosto su casamiento con Rodrigo De Paul) se casan antes de que termine el año.

Arriba del escenario, Tini le agradeció el gesto a Lali. Tomó el micrófono y dijo: “Hola, Buenos Aires, ¿cómo están? Qué hermosura estar acá. Gracias por haberme invitado, por darme tu espacio en tu gran fiesta del pop. Para mí es un gran honor estar acá. Lali, te vimos crecer todos los argentinos, fuiste parte de mi casa, de mi living, de mis meriendas. Me acompañaste en muchos momentos desde que soy muy chiquita, y es un honor estar al lado tuyo, cantando con vos, viendo todo lo que lograste. Realmente es una locura, así que muchas gracias”.

Lali le respondió, emocionada: “Sos preciosa. Esta invitación, como nos dijimos en privado, es por las niñas que fuimos, pero sobre todo por las mujeres en las que nos convertimos”, antes de tirar otra histórica de sus frases: “Nos enamoramos, taradas”. Después cantaron juntas “1AMOR”, no sin antes sacarse los vestidos en el escenario y quedar con poca ropa.

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Sin Tini, Lali definió el momento con un “el demonio está sacado hoy, eh” y encadenó “Sola” (sin bailarines ni banda, solo con la pista) con “Motiveishon” y “Como Tú”, el tramo más bailable del bloque, que cerró con fuegos artificiales a los costados del escenario.

Lali en River
Dillom subió al escenario para interpretar la canción 33 junto a la cantante en el tramo de mayor pogo del recital

Antes de “Soy”, un video con drag queens invitadas habló sobre la comunidad LGBT+ y el derecho a “festejar y divertirse” en un contexto hostil. Lali salió a cantar rodeada de unas quince drags, con banderas del orgullo en pantalla. En simultáneo, parte del público aprovechó los cortes del show para entonar cánticos con contenido político dirigidos al gobierno de Javier Milei, algo que ya viene siendo habitual en los shows masivos de artistas pop este año, y más con la historia de idas y vueltas entre la cantante y el presidente.

El cierre del show fue el más “rockero”. Antes de “Fanático”, Lali contó que la fecha no era casual: el 26 de septiembre se cumplían exactamente dos años del lanzamiento de esa canción, “la más importante del álbum”, y definió el cierre como una forma de celebrarlo “en el último River, atendiendo al demonio por última vez”.

Le siguió “Plástico” y después “33” junto a Dillom, con uno de los pogos más grandes de la noche: ambos bajaron a abrazar al público y se fundieron en un abrazo arriba del escenario mientras Lali le decía “te amo, gordo, gracias”.

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Antes de tocar “Ciudad de Pobres Corazones” (un cover de Fito Páez que nunca había cantado en un show propio), Lali hizo una pausa larga para hablar de un tema que no suele aparecer en un show de pop de estadio: “Estoy nerviosa porque no la canté nunca en un show, pero se me apareció pensando en este momento. Porque las últimas semanas estuve leyendo, igual que muchos seguramente, una noticia que me inquietó y me entristeció un montón: que Argentina, que tiene tantos récords bárbaros en el deporte y en el arte, tiene uno que no es nada bueno y es muy doloroso”.

Y continuó: “En los últimos años, y en este momento en particular, la Argentina tiene la mayor tasa de suicidios entre personas de 15 y 34 años, que es la edad de muchos de los que estamos acá. Es muy increíble, porque hoy esa es la principal causa de muerte en los jóvenes. Antes eran los accidentes viales, por ejemplo, y ahora es el suicidio. Y obviamente uno se pregunta qué estamos haciendo como sociedad, y qué están haciendo las autoridades con esta problemática tan dolorosa. Hace dos meses yo perdí a una persona muy, muy querida que se suicidó. Hoy no está acá: en el último River estuvo, y hoy no está acá. Y es muy doloroso que nuestro país esté, lamentablemente, en este ranking del mal. Pensando en esto se me cruzó esta canción tan preciosa, de un artista precioso, y la vamos a hacer para las familias de las personas que lo están pasando mal en esto y en un montón de otras cosas. Por ejemplo, la familia que tiene gente con discapacidad y que se siente muy sola. Así que, desde este escenario, humildemente, le mandamos un beso a las familias que han perdido a alguien que sufrió mucho y que no pudo, y a las personas que están sufriendo todos los días con la dolencia de un ser querido. Para ellos”. El estadio, que un rato antes estaba en pleno pogo, escuchó en silencio.

Después de “Pendeja” y “Payaso”, Lali se despidió con un discurso largo en el que agradeció a la producción, habló de cuánto le “cambió la vida” hacer ocho estadios en un año y cerró con “No Me Importa”, que generó, probablemente, el pogo más grande de la historia del pop nacional argentino, con un guiño final al “Ji ji ji” de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. El video que cerró la noche en pantalla dejó una frase pensada para generar ruido. Con el logo de Lali TV, se vio un televisor antiguo con el símbolo de la gira en la pantalla y al audio: “Aún no sabemos si Lali es la heroína que demanda la era o la mayor delincuente de la que se tenga memoria… y una cosa más, la más importante…”, cortada justo ahí, a propósito.

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La desgarradora despedida de Baby Etchecopar a González Oro: «Momentos y luchas terribles»

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La muerte del Negro González Oro generó una profunda conmoción entre sus colegas y amigos de toda la vida. Una de las despedidas más emotivas fue la de Baby Etchecopar, quien recurrió a X para recordar al histórico periodista. A través de un extenso mensaje, destacó la relación que construyeron durante cuatro décadas. Además, habló del fuerte vínculo que los unió junto a otros integrantes de Radio 10.

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“Negro querido, no sé qué te pasó. Pero a mí los 40 años me pasaron de largo”, comenzó el conductor en su publicación. El conductor reconoció que todavía le cuesta asimilar la partida de quien consideraba mucho más que un compañero. Con palabras cargadas de emoción, explicó que algunas personas terminan formando parte de una familia elegida. Para él, González Oro ocupaba justamente ese lugar.

Baby también recordó los momentos compartidos durante tantos años dentro de la radio. “Me provocaste las mejores carcajadas de mi vida”, escribió en uno de los pasajes más sentidos de su despedida. El periodista destacó aquellas risas que compartieron y que quedaron grabadas en su memoria. Al mismo tiempo, remarcó que esa historia también estuvo atravesada por momentos difíciles y grandes desafíos.

El vínculo entre ambos nació en Radio 10 y se fortaleció con el paso del tiempo. Etchecopar mencionó a Eduardo Feinmann, Daniel Hadad y otros compañeros que formaron parte de aquella etapa profesional. Según explicó, existía entre ellos un sentimiento difícil de comprender para quienes no vivieron esa experiencia. “El amor de la familia, eso es: lisa y llanamente, el amor de la familia”, expresó.

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ASÍ RECORDÓ BABY A GONZÁLEZ ORO

En su mensaje, Baby Etchecopar hizo referencia a las distintas etapas que atravesaron juntos. No solamente hubo risas y momentos inolvidables, sino también enfrentamientos, luchas y situaciones especialmente complejas. “Y también esta familia nos provocó momentos terribles, luchas terribles, enfrentamientos terribles”, escribió. Sin embargo, destacó que mantenerse unidos les permitió superar aquellas circunstancias.

El conductor también reflexionó sobre el paso del tiempo y utilizó una conocida frase para dimensionar lo vivido junto a González Oro. “¿Quién dijo que 40 años no es nada?”, planteó. Para Baby, esas cuatro décadas representaron una parte fundamental de su historia personal y profesional. La partida de su amigo, por eso, significó mucho más que la pérdida de un colega del medio.

Etchecopar aseguró que aquella generación de periodistas construyó un vínculo que trascendió el trabajo cotidiano. En su relato aparecen nombres como Eduardo Feinmann y Daniel Hadad, pero también muchos otros integrantes de aquella recordada etapa de Radio 10. El periodista definió a ese grupo como una verdadera familia elegida. Una familia atravesada por alegrías, conflictos, desafíos y una enorme cantidad de recuerdos.

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Sobre el final de su publicación, Baby dejó una de las frases más fuertes de su homenaje al Negro González Oro. “Porque para nosotros el triunfo es esto: perder media vida al perder a un hermano como vos”, escribió. Luego aseguró que la familia del periodista lo recordará siempre con amor. Así, Etchecopar despidió públicamente a quien durante 40 años fue mucho más que un compañero de trabajo.

 

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