POLITICA
Qué decía la carta que enviaron tras el robo de las manos de Juan Domingo Perón y por qué el caso sigue abierto

Era un papel recortado. Parecía parte de un poema. Olía a rancio, a pasado, a humedad, a moho, a delicada mugre. El sobre contenía, además del recorte de papel, una carta enigmática, turbadora y amenazante. Si era verdad, era atroz.
El 26 de junio de 1987, hace ya 39 años, tres personas recibieron otros tantos sobres con la misma carta y un recorte diferente del que debía haber sido un poema. Y lo era. Las cartas llegaron al entonces presidente del Partido Justicialista, Carlos Grosso; al secretario general de la CGT, Saúl Ubaldini, que murió en 2006; y al senador Vicente Leonides Saadi, que murió en 1988. Horas después, cuando se unieron los tres fragmentos de papel de aroma acre, podía leerse unos versos escritos con candor colegial y literario. Decía: “Te acuerdas, Juan, / cuando tomados de la mano / recorríamos el jardín / y vos me arrancabas una flor / como prueba de tu amor (…)”.
Era el poema que María Estela Martínez de Perón había dejado, enmarcado con esmero, sobre el ataúd del general en julio de 1974, en una cripta de la residencia presidencial de Olivos.
La carta que acompañaba el recorte contradecía con brutal descaro la inocente lírica del poema. Estaba escrita a máquina y decía: “Junio 23 de 1987. Por la presente llevo a su conocimiento que con fecha 10 del corriente mes y año, el grupo al cual represento procedió a retirar o amputar las manos de los restos de quien en vida fuera el Teniente General Juan Domingo Perón (…)”. Sus autores pedían ocho millones de dólares por devolver los restos embalsamados de Perón y ofrecían como prueba de la profanación el poema de su viuda.
La carta extorsiva mezclaba ironía, audacia, injuria y burla. Hablaba de la tumba de Perón como de “un exnicho blindado”; contenía errores ortográficos infantiles, demasiado evidentes para ser reales, eses en lugar de zetas, bes en lugar de ves, acentos en palabras que no los pedían, como si sus autores hubiesen tenido la intención de demostrar que aquello no era analfabetismo, sino vejamen y certeza de impunidad. La firma, críptica, encerraba un dilema para detectives aficionados: “Hermes Iai y los 13”.
Así fue como empezó un enigma que ya lleva casi cuatro décadas sin resolver. Y ni asomo de que se resuelva. El misterio, como en los grandes crímenes políticos argentinos, ya roza casi el olvido, envuelto en una indiferencia injuriosa y en una bruma que ningún viento disipa: quiénes profanaron la tumba de Perón en el Cementerio de la Chacarita; quiénes violentaron la bóveda familiar y abrieron el ataúd; quiénes aserraron las manos embalsamadas del tres veces presidente del país; quiénes robaron su sable y el poema que su tercera esposa había dejado sobre el féretro a modo de trémulo homenaje final; quiénes y cómo lo hicieron, para qué, por qué y adónde fueron a parar los restos de ese cadáver ultrajado. Las preguntas sin respuestas rondan los polvorientos expedientes judiciales, los que no fueron robados, o yacen en las tumbas que se abrieron durante la investigación del caso, entre ellas, la del primero de los jueces que intervino y que murió en un extraño accidente de autos que todavía huele a atentado, o son respuestas que callan quienes no deberían callar.
Tres días después del misterioso mensaje, el 29 de junio, avisado de una posible profanación de la tumba de Perón, uno de sus sobrinos, Roberto García, visitó la bóveda de familiar en la Chacarita, ubicada a pocos pasos a la izquierda de la entrada del cementerio: halló una de las claraboyas rota, aunque el ataúd estaba allí abajo, al parecer intacto. Faltaban, eso sí, el sable y la gorra de teniente general de Perón. De inmediato hizo la denuncia por robo en la comisaría 29; la investigación recayó en el Juzgado de Instrucción número 27 a cargo de Jaime Far Suau. El juez decidió inspeccionar la bóveda pasada la tarde del 1 de julio, décimo tercer aniversario de la muerte de Perón, cuando hubieran terminado los actos en su homenaje,
Fue esa noche cuando la Justicia descubrió que el ataúd había sido violentado, alguien había partido el cristal que lo protegía, agujereado la caja metálica que dejaba ver ahora los brazos del general, con las muñecas seccionadas.
Forenses y técnicos sugirieron en ese momento o luego que las manos habían sido seccionadas con una sierra de Gigli, un cable dentado flexible con dos agarraderas en los extremos que usan los cirujanos para cortar huesos. Los peritos afirmaron que la mano derecha, la más próxima al vidrio blindado, había sido cortada “en el límite superior de la muñeca, sobre el cúbito y el radio” y la izquierda había sido mutilada “por debajo del límite inferior de la muñeca, en la primera línea de los huesos del carpo”, dice el expediente.
Calcularon también que, por el “serrín cadavérico” acumulado, los cortes eran recientes. Los técnicos también determinaron que los profanadores habían usado una maza de medio kilo y una punta de hierro con forma de estrella irregular de 27 centímetros en su parte más ancha, para perforar el vidrio blindado de ocho centímetros de espesor que protegía el féretro, y una cizalla para cortar la lámina de metal que cubría el cadáver para pasar así por ese hueco la sierra de Gigli usada para amputar las manos. Habían trabajado por lo menos dos horas. Nadie los había molestado. Los investigadores hallaron también restos de velas cerca del ataúd y un dedo de goma usado para evitar cortes con la sierra. Era un trabajo de profesionales.
La gorra no había sido robada: estaba caída a un costado del ataúd. Faltaba el sable. Ante el cadáver mutilado de Perón, Far Suau, conmovido, pidió a quienes lo acompañaban, policías, personal de su juzgado, testigos, un minuto de silencio. El juez no lo sabía, pero ya desde la mañana los servicios de inteligencia lo estaban “caminando” para reunir información sobre su historia judicial, su vida privada, sus hábitos y costumbres, familia, pasado, fortalezas debilidades, todo lo que pudiese ser útil para ejercer un control o influencia sobre su conducta judicial: es de manual en las cloacas del Estado.
Además del peronismo, la profanación también sacudió al gobierno de Raúl Alfonsín, en especial a su ministro del Interior, Antonio Tróccoli y al jefe de la SIDE, Facundo Suárez. Aquellos eran días agitados y apenas se habían aquietado las aguas sacudidas por la primera de las rebeliones carapintadas en las Pascuas de aquel agitado 1987. Durante ese junio que llegaba casi a su fin, una serie de atentados parecía devolver al país a los violentos años 70: en sólo treinta días habían estallado treinta y tres bombas, más de una por día en promedio, en locales de la UCR, en casas de jueces, políticos y sindicalistas, en colegios y en cines, mientras el poder militar, heredero de la dictadura, dejaba trascender el descontento cuartelero por los juicios seguidos contra oficiales acusados de violaciones a los derechos humanos, una secuela del juicio de 1985 a los ex comandantes del “proceso”.
La mañana del 2 de julio, la noticia del robo de las manos de Perón cayó en medio de un acto público que presidía Alfonsín, que sabía nada de la profanación. Los periodistas esperaban el final del acto para interrogarlo y su entonces vocero, José Ignacio López, creyó imprescindible enterarlo. Se acercó a Alfonsín mucho antes que sus colegas y le dio la noticia casi al oído, en un susurro. A unos metros de la escena, el fotógrafo de Casa de Gobierno, Víctor Bugge, olió que en ese gesto había algo e hizo lo que todo gran reportero hace: alzó su cámara y disparó. El rostro tenso de López y el gesto demudado de Alfonsín son hoy un pedazo de la historia contemporánea argentina.
Como es habitual en estos casos, surgieron infinidad de pistas falsas, demoras judiciales, yerros difíciles de explicar en los investigadores, pactos de silencio, omisiones, olvidos, medidas dilatorias, confusión, oscuridad, impunidad. Casi un ensayo general de las investigaciones que intentaron dilucidar los atentados a la Embajada de Israel de 1992, a la Amia, en 1994 y el asesinato del fiscal Alberto Nisman, en 2015, para no mencionar los numerosos suicidios dudosos que quedaron como indudables y pretendieron cerrar, y en algunos casos lo lograron, resonantes investigaciones judiciales.
El misterioso “Grupo de los 13” que firmaba la carta extorsiva, parecía ajeno a todo: durante el frío mes de julio insistió con varios llamados telefónicos en exigir el rescate de ocho millones de dólares, una suma que el PJ decía no albergar en sus arcas y que, de tenerlos, no estaba dispuesto a empeñar en la devolución de los restos de Perón.
Leé también: “Cinco por uno”: la historia secreta del último y más violento discurso de Perón antes de su caída en 1955
Un año y cuatro meses después del inicio de la instrucción judicial, el 22 de noviembre de 1988, el juez Far Suau murió en un extraño accidente de autos cuando regresaba de Bariloche de visitar a su hijo. Manejaba su Ford Sierra en el que viajaba quien era entonces su mujer, Susana Guaita y el hijo pequeño de Guaita, Maximiliano, entonces de cuatro años. Far Suau había interrogado en Madrid a la viuda de Perón. Todos los detalles de aquella entrevista entre el juez y la ex presidente, viajaban con Far Suau en una carpeta negra que desapareció después del accidente.
El auto del juez volcó y se incendió de modo inexplicable en un tramo recto de la ruta, cerca de Coronel Dorrego, y quedó destrozado además de quemado; el cadáver de Far Suau, con la cabeza partida, había quedado a diez metros de los restos del Ford. El juez de Bahía Blanca que investigó el episodio nunca creyó en la teoría del accidente, tal vez por el buen estado de la ruta y por las condiciones en las que había quedado el Ford, además de por el insólito y feroz incendio que siguió al vuelco.
Junto con Far Suau murió Guaita y sólo sobrevivió el pequeño Maximiliano. Veintiocho años después, a sus treinta y un años, Maximiliano Guaita reveló que Far Suau ya había sufrido un atentado en una quinta familiar en plena investigación del robo de las manos de Perón. Dijo al diario Perfil que el día de la muerte del juez y de su madre, escuchó un estallido en el auto en momentos en que se dormía. “Fue una explosión, como si explotara el calefón de tu casa. Y no recuerdo nada más hasta que me desperté en una clínica de Bahía Blanca”. Guaita sostuvo entonces que está comprobado que el auto del juez llevaba los neumáticos cargados con gas y que no hubo un accidente, que se trató de un atentado. “¿Qué accidente? Gas en las cubiertas y toda la mafia que se movía detrás del robo de las manos de Perón. Jaime era una persona que sabía demasiado y lo querían hacer boleta”.

En una fecha no precisada entre el inicio de la investigación y la primera mitad de 1988, el comisario Carlos Zunino, jefe de la seccional 29 que recibió la denuncia por la profanación, que había participado junto al juez de la inspección de la bóveda familiar la noche del 1 de julio, la noche del minuto de silencio, y que había viajado a Madrid con Far Suau para entrevistar a la viuda de Perón, salvó su vida por milagro: fue asaltado al llegar a su casa y le dispararon en la cabeza. Sobrevivió, y tiempo después pasó a retiro. Fue uno de los primeros, si no el primero, de los desplazamientos, designaciones ascensos y desplazamientos que descabezaron casi el equipo original de investigadores del caso. La causa fue cerrada por el sucesor de Far Suau, Carlos Andina Allende. Zunino murió en enero de 2004.
Uno de los serenos del cementerio, Luis Paulino Lavagno, que denunció amenazas contra su vida, fue hallado muerto “por un paro cardiorrespiratorio no traumático”, según el certificado de defunción. La autopsia determinó que había sufrido golpes antes de su muerte. Y también murió por una hemorragia cerebral causada por golpes María del Carmen Melo, una mujer que rondaba el cementerio, que llevaba a diario una flor a la tumba de Perón y que quería hablar con los investigadores para dar la descripción de un sospechoso que había visto dar vueltas alrededor de la bóveda.
En 1997 los periodistas Damián Nabot y David Cox publicaron “Perón, la otra muerte”, una minuciosa investigación sobre el caso, en el que afirmaron que el robo de las manos de Perón fue ordenado por Licio Gelli, aquel mafioso que pergeñó en Italia la logia masónica fascista “Propaganda Due”, y que en 1973, a pedido del canciller Alberto Vignes, había sido condecorado por Perón con la más alta distinción argentina: el collar de la Orden del Libertador.
Según Nabot y Cox, la firma de la carta de extorsión, “Hermes Iai” coincidía con las creencias egipcias y esotéricas que cultivaba y ejercía Gelli. También afirmaron que en el robo habían participado agentes de inteligencia argentinos en actividad, o retirados una vez recuperada la democracia, con la intención de hacer tambalear al gobierno de Alfonsín. Antes de su muerte, en 2015, Nabot entrevistó por teléfono a Gelli que negó toda relación con el robo de las manos de Perón. La Justicia en cambio, quién sabe si con alguna firme certeza, prefirió determinar, o sugerir al menos, que la firma “Hermes Iai” correspondía a la máquina de escribir, marca “Hermes”, en la que se hacía redactado la carta que pedía ocho millones de dólares para devolver los restos de Perón. Si fue así, además de una crueldad insana, hay que reconocer a los delincuentes un similar sentido del humor.
Otro libro sobre el caso, “La profanación”, de Claudio Negrete y Juan Carlos Iglesias, sostiene el móvil político y el accionar de los servicios de inteligencia. Los autores afirman que, pese a los signos de violencia en la bóveda, los delincuentes tuvieron que usar la llave de la bóveda porque la mutilación de las manos debió hacerse con el ataúd fuera de ese recinto estrecho. Iglesias, uno de los autores de la tesis que murió en 2007, era un antiguo afiliado al radicalismo y también amigo del juez Far Suau. Si la teoría de “La profanación” es cierta, los profanadores actuaron entonces casi a cielo abierto y seguros de su impunidad.
La aparición de una copia de las llaves de la bóveda de la familia Perón, hizo que en 1994 el juez Alberto Baños reabriera la causa. Baños había sido uno de los secretarios de Far Suau y creía, como creía también Far Suau, que los profanadores tenían en su poder las llaves del vidrio blindado que cubría el ataúd, que la mutilación se había hecho con el cajón fuera de su estante y que los cristales rotos, incluida la claraboya de la bóveda, era un intento de sembrar pistas falsas.
En 2007, Baños pidió al gobierno de Néstor Kirchner que aportara información sobre medio centenar de personas, civiles y militares, relacionadas con la inteligencia de la dictadura y que aparecían ligadas al robo de las manos de Perón. Recibió muy poca información, apenas los antecedentes de una sola persona, en un papel membretado de la Jefatura de Gabinete, a cargo entonces del más tarde presidente Alberto Fernández.
En julio de 2008 el juez trabajaba en su casa con la investigación: se había llevado del juzgado tres cuerpos de la causa. El domingo 6, un grupo comando entró a la casa del juez, en Adrogué, y se llevó los expedientes y su computadora portátil. Baños denunció el robo ante la Cámara del Crimen como una “operación de inteligencia” y justificó su sospecha con la precisión de un entendido: no le habían robado “ningún elemento de valor tales como equipos de música, instrumentos musicales, alhajas, joyas, relojes ni dinero en efectivo, aun cuando varios de esos bienes se encontraban perfectamente a disposición de los intrusos”.
Al año siguiente, Baños recibió en su despacho de Tribunales un pequeño ataúd de madera que contenía una bala y una foto suya con un punto rojo en la frente. La sutileza iba a repetirse en 2015 luego de la muerte del fiscal Nisman: su ex mujer, la jueza Sandra Arroyo Salgado, recibió la tapa de una revista con la imagen de Nisman con un círculo rojo en la frente.
Una noche de marzo de 2009, a las once y media, Baños, junto a su mujer y a dos hombres de la Federal, sorprendieron a dos desconocidos en el parque de su casa de Adrogué. Hubo un intercambio de disparos entre el juez, uno de sus custodios y los asaltantes, que escaparon por un costado que hacía frontera con las vías del ferrocarril. La investigación dijo “intento de robo”.
En 2014 el entonces abogado de María Estela Martínez, Atilio Neira, dijo que la CIA “tiene archivos en condiciones de desclasificar”, sobre el robo de las manos de Perón. Según Neira, la información de la central de inteligencia americana podría echar luz sobre la profanación y sobre la participación de agentes que “pertenecerían a los servicios de inteligencia militar” argentina, una hipótesis que en 1987 también había sostenido el jefe de la SIDE de Alfonsín, Facundo Suárez. Neira reveló que David Cox, autor con Damián Nabot del libro “Perón, la otra muerte”, se había puesto en contacto con la CIA y había recibido “una respuesta positiva”, pero que se trataba de documentación clasificada y que para requerir su desclasificación, Cox debía recurrir a los tribunales de Estados Unidos. La causa por el robo de las manos de Perón sigue abierta.
Leé también: Juan Domingo Perón, la personalidad que cambió la historia de la Argentina
Cada 1 de julio, aniversario de su muerte, Perón es recordado con la frase con la que se despidió el 12 de junio de 1974, menos de un mes antes de su muerte: “Yo, llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino”.
Música maravillosa, sí. Pero la partitura era un espanto.
Sumario, Perón, Peronismo
POLITICA
La Justicia ordenó investigar transferencias de la FIFA y Camioneros a Chiqui Tapia y levantó el secreto bancario de su exesposa

El juez federal Ariel Lijo ordenó nuevas medidas para reconstruir el patrimonio de Claudio “Chiqui” Tapia en la causa por presunto enriquecimiento ilícito vinculada con su paso por la CEAMSE. La resolución, firmada este viernes, incluye pedidos de información sobre sus declaraciones juradas, cuentas comitentes, vehículos y pagos de la AFA, la FIFA y el Sindicato de Choferes de Camiones.
Además, el magistrado dispuso levantar los secretos fiscal, bancario, bursátil y financiero de Paola Moyano, exesposa del presidente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA), y ordenó requerir información para reconstruir su situación patrimonial y económica.
Entre las medidas dirigidas a Tapia, Lijo pidió a la Ciudad de Buenos Aires que informe cómo acceder a las declaraciones juradas que presentó entre 2016 y 2022, incluidos sus anexos reservados. También solicitó al CEAMSE que precise si se encontraron los registros laborales correspondientes a marzo y diciembre de 2006.
La resolución requiere, además, que el Registro de la Propiedad Automotor informe en qué vehículos Tapia estuvo autorizado a operar desde 2016 y remita los legajos de cuatro rodados, entre ellos un BMW X4 adquirido en junio de 2020. El juez también pidió informes sobre causas judiciales anteriores que puedan aportar datos sobre bienes, sociedades, deudas, activos financieros y productos bancarios del dirigente.
POLITICA
El juez Lijo ordenó un exhorto a Suiza por transferencias de US$190.000 de la FIFA a Claudio “Chiqui” Tapia

El juez federal Ariel Lijo ordenó una batería de medidas para reconstruir el patrimonio de Claudio “Chiqui” Tapia.
Las medidas incluyen un exhorto a Suiza para que la FIFA explique por qué le giró casi 190.000 dólares, un pedido a la AFA para que informe quién autorizó las tarjetas de crédito a su nombre y el levantamiento de los secretos fiscal, bancario y bursátil de su exesposa, Paola Moyano, hija del dirigente camionero Hugo Moyano.
La resolución, firmada este viernes, responde a un pedido del fiscal Gerardo Pollicita en la causa en la que Tapia está investigado por presunto enriquecimiento ilícito.
El juez dejó por escrito que la información servirá para conocer “de una manera más acabada” el patrimonio del dirigente, “cuyo incremento resulta materia de investigación”.
Una de las medidas más llamativas es el exhorto internacional a la Confederación Suiza para que la FIFA, con sede en Zúrich, informe el concepto y la causa de tres transferencias que hizo a favor de Tapia: US$49.585 en diciembre de 2018, US$124.583 en junio de 2019 y US$15.408 en marzo de 2020.
Las dos primeras se acreditaron en una caja de ahorros en dólares del Banco Credicoop y la tercera se liquidó en pesos en otra cuenta del mismo banco. En total suman unos US$189.577.
Lijo también le pidió a la FIFA el detalle de todos los pagos, honorarios, dietas y viáticos que le abonó a Tapia desde 2016, con los cargos o comisiones que los justificaron y las cuentas de destino.
A la AFA, el juez le exigió las actas, resoluciones o normas internas que autorizaron la emisión a nombre de Tapia de tarjetas adicionales Visa y Cabal de cuentas de la asociación, además de tarjetas American Express Corporate. Pidió los límites, la política de uso y las rendiciones de gastos con comprobantes.
Lijo quiere saber, además, si la AFA imputó esos consumos como remuneración, retribución en especie o anticipo a cargo de Tapia.
Y pidió que explique el concepto de cinco transferencias a sus cuentas del Credicoop entre 2020 y 2023 —la mayor, de $1.251.000, en abril de 2023— y cómo se liquidaron los $30 millones en viáticos que Tapia declaró haber cobrado de la entidad.
El juez ordenó que el Sindicato de Choferes de Camiones informe el concepto de 37 depósitos por un total de $1.494.678 que hizo entre enero de 2016 y enero de 2019 en una cuenta sueldo de Tapia en el Banco Provincia.
Pidió su legajo, los cargos que ocupó en el gremio, los recibos de haberes y las fechas de alta y baja.
La resolución levanta los secretos fiscal, bursátil, bancario y el que protege la información de la Unidad de Información Financiera respecto de Paola Moyano, exesposa de Tapia e hija de Hugo Moyano.
A ARCA le pidió que reconstruya “de manera integral” su situación fiscal y patrimonial: declaraciones juradas de Ganancias y Bienes Personales, bienes en el país y el exterior, deudas y préstamos, facturación, participaciones societarias, alquileres, cuentas en billeteras virtuales y criptoactivos, e información de intercambio internacional sobre cuentas en el exterior.
También deberá informar si tuvo vínculos con contribuyentes de la base APOC, es decir, emisores de facturas apócrifas, y si declaró ingresos o egresos de dinero por la Aduana.
Lijo pidió además que el Banco Central circularice a todas las entidades financieras para detectar cuentas, cajas de seguridad, tarjetas y giros al exterior a nombre de Moyano, y que la Caja de Valores y Coelsa informen sus cuentas comitentes y transferencias.
En otro punto, el juez le pidió a ARCA que informe si Tapia y Moyano adhirieron al régimen de regularización de activos o al régimen especial de Bienes Personales de la ley 27.743, el blanqueo de 2024, y en ese caso qué bienes, monedas y valores declararon y qué pagos hicieron.
Lijo ordenó al Registro de la Propiedad Automotor que informe de qué vehículos Tapia figuró como “autorizado” desde 2016 y que remita los legajos de cuatro autos a su nombre, entre ellos una BMW X4 comprada en junio de 2020.
Pidió al Credicoop y al Banco de Servicios y Transacciones todos los movimientos de dos cuentas comitentes de Tapia, abiertas en 2017 y 2021 y las cuentas desde las que entró y salió el dinero.
Los bancos Nación, Ciudad, Coinag y Galicia tienen 72 horas para informar cualquier producto que Tapia tenga o haya tenido en cualquier carácter.
El juez le dio 72 horas a la Oficina de Integridad Pública del gobierno porteño para que diga dónde y cómo se guardan las declaraciones juradas de Tapia de 2016 a 2022, con sus anexos reservados, y quién está a cargo de esa documentación.
A la Ceamse le preguntó si aparecieron los registros laborales de Tapia de marzo y diciembre de 2006.
También pidió a los colegios de escribanos porteño y bonaerense que informen si Marisa Galarza ejerce como escribana y qué registro tiene a su cargo.
Lijo pidió certificar el estado de siete expedientes en los que aparece Tapia o la AFA (en los juzgados en lo Penal Económico 2, 5, 7 y 8, en dos juzgados criminales y correccionales y en el juzgado federal de Campana) y que le envíen copias de todo lo vinculado con su patrimonio desde 2016. Varias de esas causas fueron impulsadas por el empresario Guillermo Tofoni.
Por último, el juez reiteró los pedidos de información que había hecho el 16 y 17 de septiembre a la CNV, la UIF, la IGJ, el INAES y el Registro de la Propiedad Inmueble bonaerense, a 16 plataformas de criptoactivos (entre ellas Binance, OKX y Ualá) y a remesadoras como Banco Piano y Western Union local, que todavía no respondieron.
La investigación fue impulsada por el fiscal Pollicita a partir de una denuncia de Tofoni, y quedó en manos de Lijo después de que la Cámara Federal porteña resolviera un conflicto de competencia entre distintos juzgados.
Es el cargo de Tapia en la Ceamse, y no la presidencia de la AFA, lo que permite investigarlo por enriquecimiento ilícito, un delito que solo pueden cometer funcionarios públicos.
patrimonio,un exhorto a Suiza,Hernán Cappiello,Conforme a
POLITICA
Lilia Lemoine: "Me agradaría una fórmula Bullrich-Milei"

Con un claro mensaje hacia la interna y los desacuerdos en la cúpula del oficialismo, la diputada libertaria Lilia Lemoine sostuvo que le “ilusionaría” una fórmula presidencial encabezada por Javier Milei y la senadora Patricia Bullrich para las elecciones de 2027. Por otro lado, apuntó contra el “adoctrinamiento” en las universidades tras la Marcha Federal que se realizó en el Congreso, y cuestionó a quienes “querían tirar el DNU 70/23” para “dañar al Gobierno”.
En una entrevista con Infobae al Amanecer, donde dialogó con Nacho Girón, Luciana Rubinska y Maia Jastreblansky, Lemoine expresó su respaldo a una oferta electoral Milei-Bullrich para asegurar la continuidad de La Libertad Avanza, a pesar de la tensiones internas por lo movimientos de la exministra de Seguridad. “Me agradaría una formula. A mi me gustaría, me ilusionaría una fórmula así”, dijo.
Consultada por la movilización de docentes, trabajadores y alumnos universitarios, la legisladora se refirió al episodio que vivió en las inmediaciones de Congreso, que quedó registrado en video. Entre otros puntos, recordó que caminaba con la diputada mendocina Mercedes Llano cuando comenzaron las agresiones verbales. “Estábamos esperando en la esquina. Obviamente, a mí me reconocen. Se acerca una chica y me empieza a insultar”, reconstruyó sobre el incidente que registró con su teléfono.
La diputada diferenció a quienes participaron de manera pacífica de otros grupos que, según afirmó, se acercaron a la zona con una dinámica organizada. “Había una parte pacífica de la marcha”, dijo, antes de cuestionar la presencia que observó en las inmediaciones. “Empezaban a llegar personas de municipalidades, que salieron organizadas de los consejos deliberantes y algunas universidades de la provincia de Buenos Aires. Yo la verdad vi muy poco estudiante ahí”, planteó.
Lemoine también mencionó algún hecho puntual donde hubo estudiantes que afrontan presiones políticas dentro de las universidades. Citó un caso en la Universidad del Sur, de Bahía Blanca, donde aparentemente un docente -según su versión- pidió una foto de asistencia a la marcha para aprobar la materia. “Eso es extorsión a los alumnos. Adoctrinamiento político”, expresó.
Ante la observación de que esos casos no necesariamente describen la totalidad del sistema universitario, Lemoine aseguró que sería atacada si ingresara a una facultad. “A mí me tirarían piedras adentro de la universidad (pública). Te lo apuesto”, agregó. “El asco que me tienen la feministas y la izquierda es tan grande, y son tan violentos y tan cobardes, que cuando están en grupo son extremadamente agresivos”, afirmó.
La diputada consideró que detrás de la movilización y del debate parlamentario había un propósito político contra el Poder Ejecutivo. “Ayer querían tirar el DNU 70/23 no porque estaban preocupados por la educación pública o la soberanía, todo eso es mentira”, dijo, e insistió que el objetivo era desestabilizar al oficialismo. “Querían subir el riesgo país, querían ver si tiraban un muerto, querían ver si podían dañar al gobierno”, enumeró, sin presentar pruebas durante la entrevista.
El rumbo del Gobierno: “Podría estar mejor”
Por otro lado, Lemoine reconoció dificultades en la situación económica, aunque aseguró que el Gobierno atraviesa una recuperación después de la crisis profunda de 2023. “Podría estar mejor. Estamos saliendo de una crisis muy profunda que podría haber terminado en una hiperinflación”, sostuvo, y consideró que resolver en dos años los efectos de los gobiernos anteriores era imposible. “Es fantasioso si alguien pensó en algún momento que se podían resolver veinte años de populismo y de miseria en dos años”, agregó.
En ese marco, afirmó que la baja de la inflación es un indicador central. “Este es el primer presidente desde la vuelta de la democracia que va a entregar el gobierno con menos inflación de la que tenía cuando empezó”, sostuvo, al destacar la eliminación de restricciones cambiarias. “No hubo plan Bonex, no hubo corralito, se quitó el cepo”, enumeró.
Sobre la actividad comercial y el consumo, planteó que existen problemas derivados del retiro de subsidios y de las políticas aplicadas durante dos décadas. Y también defendió que el cambio de la composición del empleo sea con contrataciones precarias. “Ser monotributista no es algo malo, no es un insulto. Yo soy monotributista, no he tenido problemas con eso”, afirmó. Tras ser consultada por el cierre de empresas, respondió con interrogantes sobre nuevos emprendimientos e inversiones. “¿Y cuántas abrieron y cuántas migraron? ¿Y cuántas inversiones llegan?”, planteó.
Más allá de las dificultades, Lemoine aseguró que el Gobierno debe mantener su programa económico. “Hay que seguir avanzando en lo que estamos haciendo, porque lo que estamos haciendo ha dado sus frutos”, afirmó.
En el cierre, pidió apoyo electoral para el mandatario libertario. “Javier Milei es el primer presidente que hace lo que dice que va a hacer. No hay sorpresas. Con este presidente vos tenés previsibilidad, tenés un camino de libertad por delante”, concluyó.

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