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POLITICA

Qué decía la carta que enviaron tras el robo de las manos de Juan Domingo Perón y por qué el caso sigue abierto

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Era un papel recortado. Parecía parte de un poema. Olía a rancio, a pasado, a humedad, a moho, a delicada mugre. El sobre contenía, además del recorte de papel, una carta enigmática, turbadora y amenazante. Si era verdad, era atroz.

El 26 de junio de 1987, hace ya 39 años, tres personas recibieron otros tantos sobres con la misma carta y un recorte diferente del que debía haber sido un poema. Y lo era. Las cartas llegaron al entonces presidente del Partido Justicialista, Carlos Grosso; al secretario general de la CGT, Saúl Ubaldini, que murió en 2006; y al senador Vicente Leonides Saadi, que murió en 1988. Horas después, cuando se unieron los tres fragmentos de papel de aroma acre, podía leerse unos versos escritos con candor colegial y literario. Decía: “Te acuerdas, Juan, / cuando tomados de la mano / recorríamos el jardín / y vos me arrancabas una flor / como prueba de tu amor (…)”.

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Era el poema que María Estela Martínez de Perón había dejado, enmarcado con esmero, sobre el ataúd del general en julio de 1974, en una cripta de la residencia presidencial de Olivos.

La carta que acompañaba el recorte contradecía con brutal descaro la inocente lírica del poema. Estaba escrita a máquina y decía: “Junio 23 de 1987. Por la presente llevo a su conocimiento que con fecha 10 del corriente mes y año, el grupo al cual represento procedió a retirar o amputar las manos de los restos de quien en vida fuera el Teniente General Juan Domingo Perón (…)”. Sus autores pedían ocho millones de dólares por devolver los restos embalsamados de Perón y ofrecían como prueba de la profanación el poema de su viuda.

La carta extorsiva mezclaba ironía, audacia, injuria y burla. Hablaba de la tumba de Perón como de “un exnicho blindado”; contenía errores ortográficos infantiles, demasiado evidentes para ser reales, eses en lugar de zetas, bes en lugar de ves, acentos en palabras que no los pedían, como si sus autores hubiesen tenido la intención de demostrar que aquello no era analfabetismo, sino vejamen y certeza de impunidad. La firma, críptica, encerraba un dilema para detectives aficionados: “Hermes Iai y los 13”.

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Juan Domingo Perón saludando durante una visita a Roma. (Foto: Reuters)

Así fue como empezó un enigma que ya lleva casi cuatro décadas sin resolver. Y ni asomo de que se resuelva. El misterio, como en los grandes crímenes políticos argentinos, ya roza casi el olvido, envuelto en una indiferencia injuriosa y en una bruma que ningún viento disipa: quiénes profanaron la tumba de Perón en el Cementerio de la Chacarita; quiénes violentaron la bóveda familiar y abrieron el ataúd; quiénes aserraron las manos embalsamadas del tres veces presidente del país; quiénes robaron su sable y el poema que su tercera esposa había dejado sobre el féretro a modo de trémulo homenaje final; quiénes y cómo lo hicieron, para qué, por qué y adónde fueron a parar los restos de ese cadáver ultrajado. Las preguntas sin respuestas rondan los polvorientos expedientes judiciales, los que no fueron robados, o yacen en las tumbas que se abrieron durante la investigación del caso, entre ellas, la del primero de los jueces que intervino y que murió en un extraño accidente de autos que todavía huele a atentado, o son respuestas que callan quienes no deberían callar.

Tres días después del misterioso mensaje, el 29 de junio, avisado de una posible profanación de la tumba de Perón, uno de sus sobrinos, Roberto García, visitó la bóveda de familiar en la Chacarita, ubicada a pocos pasos a la izquierda de la entrada del cementerio: halló una de las claraboyas rota, aunque el ataúd estaba allí abajo, al parecer intacto. Faltaban, eso sí, el sable y la gorra de teniente general de Perón. De inmediato hizo la denuncia por robo en la comisaría 29; la investigación recayó en el Juzgado de Instrucción número 27 a cargo de Jaime Far Suau. El juez decidió inspeccionar la bóveda pasada la tarde del 1 de julio, décimo tercer aniversario de la muerte de Perón, cuando hubieran terminado los actos en su homenaje,

Fue esa noche cuando la Justicia descubrió que el ataúd había sido violentado, alguien había partido el cristal que lo protegía, agujereado la caja metálica que dejaba ver ahora los brazos del general, con las muñecas seccionadas.

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Forenses y técnicos sugirieron en ese momento o luego que las manos habían sido seccionadas con una sierra de Gigli, un cable dentado flexible con dos agarraderas en los extremos que usan los cirujanos para cortar huesos. Los peritos afirmaron que la mano derecha, la más próxima al vidrio blindado, había sido cortada “en el límite superior de la muñeca, sobre el cúbito y el radio” y la izquierda había sido mutilada “por debajo del límite inferior de la muñeca, en la primera línea de los huesos del carpo”, dice el expediente.

Calcularon también que, por el “serrín cadavérico” acumulado, los cortes eran recientes. Los técnicos también determinaron que los profanadores habían usado una maza de medio kilo y una punta de hierro con forma de estrella irregular de 27 centímetros en su parte más ancha, para perforar el vidrio blindado de ocho centímetros de espesor que protegía el féretro, y una cizalla para cortar la lámina de metal que cubría el cadáver para pasar así por ese hueco la sierra de Gigli usada para amputar las manos. Habían trabajado por lo menos dos horas. Nadie los había molestado. Los investigadores hallaron también restos de velas cerca del ataúd y un dedo de goma usado para evitar cortes con la sierra. Era un trabajo de profesionales.

Perón y Eva en camino a una gala en el Teatro Colón. (Foto: Reuters)
Perón y Eva en camino a una gala en el Teatro Colón. (Foto: Reuters)

La gorra no había sido robada: estaba caída a un costado del ataúd. Faltaba el sable. Ante el cadáver mutilado de Perón, Far Suau, conmovido, pidió a quienes lo acompañaban, policías, personal de su juzgado, testigos, un minuto de silencio. El juez no lo sabía, pero ya desde la mañana los servicios de inteligencia lo estaban “caminando” para reunir información sobre su historia judicial, su vida privada, sus hábitos y costumbres, familia, pasado, fortalezas debilidades, todo lo que pudiese ser útil para ejercer un control o influencia sobre su conducta judicial: es de manual en las cloacas del Estado.

Además del peronismo, la profanación también sacudió al gobierno de Raúl Alfonsín, en especial a su ministro del Interior, Antonio Tróccoli y al jefe de la SIDE, Facundo Suárez. Aquellos eran días agitados y apenas se habían aquietado las aguas sacudidas por la primera de las rebeliones carapintadas en las Pascuas de aquel agitado 1987. Durante ese junio que llegaba casi a su fin, una serie de atentados parecía devolver al país a los violentos años 70: en sólo treinta días habían estallado treinta y tres bombas, más de una por día en promedio, en locales de la UCR, en casas de jueces, políticos y sindicalistas, en colegios y en cines, mientras el poder militar, heredero de la dictadura, dejaba trascender el descontento cuartelero por los juicios seguidos contra oficiales acusados de violaciones a los derechos humanos, una secuela del juicio de 1985 a los ex comandantes del “proceso”.

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La mañana del 2 de julio, la noticia del robo de las manos de Perón cayó en medio de un acto público que presidía Alfonsín, que sabía nada de la profanación. Los periodistas esperaban el final del acto para interrogarlo y su entonces vocero, José Ignacio López, creyó imprescindible enterarlo. Se acercó a Alfonsín mucho antes que sus colegas y le dio la noticia casi al oído, en un susurro. A unos metros de la escena, el fotógrafo de Casa de Gobierno, Víctor Bugge, olió que en ese gesto había algo e hizo lo que todo gran reportero hace: alzó su cámara y disparó. El rostro tenso de López y el gesto demudado de Alfonsín son hoy un pedazo de la historia contemporánea argentina.

Como es habitual en estos casos, surgieron infinidad de pistas falsas, demoras judiciales, yerros difíciles de explicar en los investigadores, pactos de silencio, omisiones, olvidos, medidas dilatorias, confusión, oscuridad, impunidad. Casi un ensayo general de las investigaciones que intentaron dilucidar los atentados a la Embajada de Israel de 1992, a la Amia, en 1994 y el asesinato del fiscal Alberto Nisman, en 2015, para no mencionar los numerosos suicidios dudosos que quedaron como indudables y pretendieron cerrar, y en algunos casos lo lograron, resonantes investigaciones judiciales.

Los restos de Eva Perón junto al ataúd de Juan Domingo Perón. (Foto: AP)
Los restos de Eva Perón junto al ataúd de Juan Domingo Perón. (Foto: AP)

El misterioso “Grupo de los 13” que firmaba la carta extorsiva, parecía ajeno a todo: durante el frío mes de julio insistió con varios llamados telefónicos en exigir el rescate de ocho millones de dólares, una suma que el PJ decía no albergar en sus arcas y que, de tenerlos, no estaba dispuesto a empeñar en la devolución de los restos de Perón.

Leé también: “Cinco por uno”: la historia secreta del último y más violento discurso de Perón antes de su caída en 1955

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Un año y cuatro meses después del inicio de la instrucción judicial, el 22 de noviembre de 1988, el juez Far Suau murió en un extraño accidente de autos cuando regresaba de Bariloche de visitar a su hijo. Manejaba su Ford Sierra en el que viajaba quien era entonces su mujer, Susana Guaita y el hijo pequeño de Guaita, Maximiliano, entonces de cuatro años. Far Suau había interrogado en Madrid a la viuda de Perón. Todos los detalles de aquella entrevista entre el juez y la ex presidente, viajaban con Far Suau en una carpeta negra que desapareció después del accidente.

El auto del juez volcó y se incendió de modo inexplicable en un tramo recto de la ruta, cerca de Coronel Dorrego, y quedó destrozado además de quemado; el cadáver de Far Suau, con la cabeza partida, había quedado a diez metros de los restos del Ford. El juez de Bahía Blanca que investigó el episodio nunca creyó en la teoría del accidente, tal vez por el buen estado de la ruta y por las condiciones en las que había quedado el Ford, además de por el insólito y feroz incendio que siguió al vuelco.

Junto con Far Suau murió Guaita y sólo sobrevivió el pequeño Maximiliano. Veintiocho años después, a sus treinta y un años, Maximiliano Guaita reveló que Far Suau ya había sufrido un atentado en una quinta familiar en plena investigación del robo de las manos de Perón. Dijo al diario Perfil que el día de la muerte del juez y de su madre, escuchó un estallido en el auto en momentos en que se dormía. “Fue una explosión, como si explotara el calefón de tu casa. Y no recuerdo nada más hasta que me desperté en una clínica de Bahía Blanca”. Guaita sostuvo entonces que está comprobado que el auto del juez llevaba los neumáticos cargados con gas y que no hubo un accidente, que se trató de un atentado. “¿Qué accidente? Gas en las cubiertas y toda la mafia que se movía detrás del robo de las manos de Perón. Jaime era una persona que sabía demasiado y lo querían hacer boleta”.

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Manifestación a favor de Juan Domingo Perón. (Foto: Archivo Clarín)
Manifestación a favor de Juan Domingo Perón. (Foto: Archivo Clarín)

En una fecha no precisada entre el inicio de la investigación y la primera mitad de 1988, el comisario Carlos Zunino, jefe de la seccional 29 que recibió la denuncia por la profanación, que había participado junto al juez de la inspección de la bóveda familiar la noche del 1 de julio, la noche del minuto de silencio, y que había viajado a Madrid con Far Suau para entrevistar a la viuda de Perón, salvó su vida por milagro: fue asaltado al llegar a su casa y le dispararon en la cabeza. Sobrevivió, y tiempo después pasó a retiro. Fue uno de los primeros, si no el primero, de los desplazamientos, designaciones ascensos y desplazamientos que descabezaron casi el equipo original de investigadores del caso. La causa fue cerrada por el sucesor de Far Suau, Carlos Andina Allende. Zunino murió en enero de 2004.

Uno de los serenos del cementerio, Luis Paulino Lavagno, que denunció amenazas contra su vida, fue hallado muerto “por un paro cardiorrespiratorio no traumático”, según el certificado de defunción. La autopsia determinó que había sufrido golpes antes de su muerte. Y también murió por una hemorragia cerebral causada por golpes María del Carmen Melo, una mujer que rondaba el cementerio, que llevaba a diario una flor a la tumba de Perón y que quería hablar con los investigadores para dar la descripción de un sospechoso que había visto dar vueltas alrededor de la bóveda.

En 1997 los periodistas Damián Nabot y David Cox publicaron “Perón, la otra muerte”, una minuciosa investigación sobre el caso, en el que afirmaron que el robo de las manos de Perón fue ordenado por Licio Gelli, aquel mafioso que pergeñó en Italia la logia masónica fascista “Propaganda Due”, y que en 1973, a pedido del canciller Alberto Vignes, había sido condecorado por Perón con la más alta distinción argentina: el collar de la Orden del Libertador.

Según Nabot y Cox, la firma de la carta de extorsión, “Hermes Iai” coincidía con las creencias egipcias y esotéricas que cultivaba y ejercía Gelli. También afirmaron que en el robo habían participado agentes de inteligencia argentinos en actividad, o retirados una vez recuperada la democracia, con la intención de hacer tambalear al gobierno de Alfonsín. Antes de su muerte, en 2015, Nabot entrevistó por teléfono a Gelli que negó toda relación con el robo de las manos de Perón. La Justicia en cambio, quién sabe si con alguna firme certeza, prefirió determinar, o sugerir al menos, que la firma “Hermes Iai” correspondía a la máquina de escribir, marca “Hermes”, en la que se hacía redactado la carta que pedía ocho millones de dólares para devolver los restos de Perón. Si fue así, además de una crueldad insana, hay que reconocer a los delincuentes un similar sentido del humor.

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Otro libro sobre el caso, “La profanación”, de Claudio Negrete y Juan Carlos Iglesias, sostiene el móvil político y el accionar de los servicios de inteligencia. Los autores afirman que, pese a los signos de violencia en la bóveda, los delincuentes tuvieron que usar la llave de la bóveda porque la mutilación de las manos debió hacerse con el ataúd fuera de ese recinto estrecho. Iglesias, uno de los autores de la tesis que murió en 2007, era un antiguo afiliado al radicalismo y también amigo del juez Far Suau. Si la teoría de “La profanación” es cierta, los profanadores actuaron entonces casi a cielo abierto y seguros de su impunidad.

La aparición de una copia de las llaves de la bóveda de la familia Perón, hizo que en 1994 el juez Alberto Baños reabriera la causa. Baños había sido uno de los secretarios de Far Suau y creía, como creía también Far Suau, que los profanadores tenían en su poder las llaves del vidrio blindado que cubría el ataúd, que la mutilación se había hecho con el cajón fuera de su estante y que los cristales rotos, incluida la claraboya de la bóveda, era un intento de sembrar pistas falsas.

En 2007, Baños pidió al gobierno de Néstor Kirchner que aportara información sobre medio centenar de personas, civiles y militares, relacionadas con la inteligencia de la dictadura y que aparecían ligadas al robo de las manos de Perón. Recibió muy poca información, apenas los antecedentes de una sola persona, en un papel membretado de la Jefatura de Gabinete, a cargo entonces del más tarde presidente Alberto Fernández.

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En julio de 2008 el juez trabajaba en su casa con la investigación: se había llevado del juzgado tres cuerpos de la causa. El domingo 6, un grupo comando entró a la casa del juez, en Adrogué, y se llevó los expedientes y su computadora portátil. Baños denunció el robo ante la Cámara del Crimen como una “operación de inteligencia” y justificó su sospecha con la precisión de un entendido: no le habían robado “ningún elemento de valor tales como equipos de música, instrumentos musicales, alhajas, joyas, relojes ni dinero en efectivo, aun cuando varios de esos bienes se encontraban perfectamente a disposición de los intrusos”.

Velatorio de Juan Domingo Perón. (Foto: Archivo Clarín)
Velatorio de Juan Domingo Perón. (Foto: Archivo Clarín)

Al año siguiente, Baños recibió en su despacho de Tribunales un pequeño ataúd de madera que contenía una bala y una foto suya con un punto rojo en la frente. La sutileza iba a repetirse en 2015 luego de la muerte del fiscal Nisman: su ex mujer, la jueza Sandra Arroyo Salgado, recibió la tapa de una revista con la imagen de Nisman con un círculo rojo en la frente.

Una noche de marzo de 2009, a las once y media, Baños, junto a su mujer y a dos hombres de la Federal, sorprendieron a dos desconocidos en el parque de su casa de Adrogué. Hubo un intercambio de disparos entre el juez, uno de sus custodios y los asaltantes, que escaparon por un costado que hacía frontera con las vías del ferrocarril. La investigación dijo “intento de robo”.

En 2014 el entonces abogado de María Estela Martínez, Atilio Neira, dijo que la CIA “tiene archivos en condiciones de desclasificar”, sobre el robo de las manos de Perón. Según Neira, la información de la central de inteligencia americana podría echar luz sobre la profanación y sobre la participación de agentes que “pertenecerían a los servicios de inteligencia militar” argentina, una hipótesis que en 1987 también había sostenido el jefe de la SIDE de Alfonsín, Facundo Suárez. Neira reveló que David Cox, autor con Damián Nabot del libro “Perón, la otra muerte”, se había puesto en contacto con la CIA y había recibido “una respuesta positiva”, pero que se trataba de documentación clasificada y que para requerir su desclasificación, Cox debía recurrir a los tribunales de Estados Unidos. La causa por el robo de las manos de Perón sigue abierta.

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Leé también: Juan Domingo Perón, la personalidad que cambió la historia de la Argentina

Cada 1 de julio, aniversario de su muerte, Perón es recordado con la frase con la que se despidió el 12 de junio de 1974, menos de un mes antes de su muerte: “Yo, llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino”.

Música maravillosa, sí. Pero la partitura era un espanto.

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Sumario, Perón, Peronismo

POLITICA

La delgada línea entre el milagro y la catástrofe

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Javier Milei y Axel Kicillof convivieron dos días bajo el cielo de Nueva York sin verse, pero como si se persiguieran con las palabras. Desplegaron un duelo de desmesuras ante inversores y políticos. Donde el presidente libertario ve un boom de crecimiento y consumo, una Argentina a la que “los dólares le salen por las orejas”, el gobernador peronista distingue “una catástrofe”, un desierto de empresas quebradas y desempleo masivo. Lo que dejaron fue una estela de desconfianza, acompañada por una suba del riesgo país hasta el nivel más alto desde abril.

La doble visita resultó una puesta en escena del carácter provisorio de la transformación que experimenta la Argentina. Milei ha optado por aferrarse a la polarización con el kirchnerismo, o sus herederos, y esa decisión lo expone delante de los actores económicos a los que seduce para que se lancen a invertir.

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Su lógica de empujar reformas del 50%, sin buscar mínimos puntos de consenso con una oposición a la que baña de insultos a diario, cubre su programa de un manto de incertidumbre. Lejos de ser una brújula fiable, el famoso “rumbo” queda sometido a un examen permanente de opinión pública. Preso de los resultados de corto plazo. El apego al equilibrio fiscal, la nueva legislación laboral, la apertura comercial, el incentivo a las grandes inversiones del RIGI y el alineamiento geopolítico con Estados Unidos se asumen como decisiones personales de Milei.

Axel Kicillof, en una de sus actividades en Nueva YorkGPBA

“Si aparecen pelotudos hablando por Nueva York, (el riesgo país) sube, obvio”, dijo Milei el miércoles, cuando la tasa ya superaba los 550 puntos. Aludía a Kicillof, por ahora el dirigente que lo sigue más de cerca en las encuestas de intención de voto presidencial, aunque todavía le quede un pedregoso camino para afianzarse como el candidato del peronismo. Lo llamó “enano soviético” y otras lindezas por el estilo ante auditorios que tienen un temor innato a los políticos de inclinación intervencionista.

Agitar el “riesgo kuka” es un cuchillo de dos filos. Agrupa a un sector del electorado al que le causa escalofríos el recuerdo de los gobiernos kirchneristas, pero vuelve conservadores a los que mueven el dinero. Lo sabe el ministro Luis Caputo, que por eso hace tiempo decidió declarar que, a su juicio, es imposible que en 2027 el peronismo vuelva a gobernar el país.

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Pero la tentación de culpar al enemigo es más fuerte cuando la economía no llega al lugar que el Gobierno espera. A estas alturas del año, Milei y Caputo proyectaban que la inflación habría caído por debajo del 1 por ciento mensual y que el crecimiento sería perceptible para la mayoría de la población. Tienen, en cambio, la actividad en retroceso, el empleo planchado, niveles de mora crediticia récord y movimientos de precios que aún impiden un despegue de los salarios.

Como consecuencia de este presente de estabilidad escuálida, el liderazgo de Milei en la carrera presidencial se ha vuelto difuso.

Javier Milei, en Nueva YorkGuillermo Idiart

El ministro de Economía, que llegó a imaginar las elecciones del año que viene como “un paseo por el parque” para los libertarios, se desvive por garantizar un blindaje de reservas que le permita pulsear con el mercado en la temporada de votación. El objetivo número 1 de su gestión es evitar una corrida cambiaria ante el miedo a un vuelco radical en las reglas de la economía. La estabilidad se mantiene como el mayor tesoro a cuidar. La tasa de inflación de agosto, de 1,7% y la más baja en 14 meses, lo invita a perseverar en esa dirección.

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Milei ajusta las promesas al andar. Los “mejores 18 meses” de la historia que según Caputo iban a empezar en abril se mudaron a un futuro hipotético. “Si somos reelectos, el 2028 va a ser el mejor año de la Argentina”, pontificó el Presidente el jueves. Un arquero que no para de correr el arco. Fue otra invitación a que los grandes jugadores del mercado profundicen su inclinación al “esperar y ver”.

El dilema peronista

Kicillof buscó aguarle la fiesta. En sus charlas con financistas y políticos refutó la orientación liberal y desreguladora de Milei. Se presentó como defensor de un rol fuerte del Estado en la economía, habló de una “tragedia educativa” y descalificó la doctrina trumpista de intervención en la región. A su propuesta le falta aún una definición nítida sobre cuál es la receta que lleva al crecimiento. En las últimas semanas mencionó al pasar la necesidad de “orden económico”, sin que surja aún de esas palabras un mensaje explícito contra el prejuicio muy extendido de que un triunfo del peronismo implicaría el regreso de la inflación desbocada.

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La foto con Mamdani: uno de los trofeos que fue a buscar Kicillof a Nueva YorkPrensa Kicillof

Ni él ni ninguno de los integrantes del disuelto Frente de Todos ha ofrecido una explicación concreta sobre por qué fracasó el gobierno de Alberto Fernández y qué se hizo mal para que al entregar el mando la inflación interanual fuera del 211%. Sergio Massa, el ministro de Economía que perdió contra Milei, no volvió a hablar en público sobre su gestión. Cristina Kirchner mantiene la centralidad a pesar de estar en prisión domiciliaria y se limita a recordar que ella señaló en su momento las disidencias con Fernández. Una verdad a medias, porque nunca abandonó en aquellos años la jefatura del oficialismo y el poder sobre áreas centrales de la administración.

La carencia de una autopsia del último gobierno peronista opera como un freno de mano en la renovación opositora. Contrasta con lo que hizo Mauricio Macri después de su derrota en 2019. Él se tomó un tiempo para explicar por qué no había logrado sus objetivos económicos y concluyó que, si tuviera la posibilidad, “haría lo mismo, pero más rápido”. Esa autocrítica desdibujó a Juntos por el Cambio y anticipó a Milei.

Un peronismo sin el vigor de otras épocas, desprovisto de un liderazgo claro y sometido a batallas internas destructivas, le da a Milei oxígeno para pensar cómo salir del laberinto del estancamiento económico. La imagen positiva que perdió el Presidente no engorda a sus rivales. Pero el descontento social y las expectativas menos optimistas respecto del futuro producen efectos inmediatos en el plano político.

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Sin esas condiciones, sería impensable el libertarianismo crítico que ensaya Patricia Bullrich o la candidatura en gestación del economista Hernán Lacunza desde el Pro, a pesar de que, en paralelo, Macri y la hermana del Presidente abrieron la negociación de una alianza de alcance nacional. “Tengo mucha confianza en que los argentinos van a quedarse con la versión del cambio de primera mano, no con la segunda marca o la tercera”, dijo Milei el jueves, en lo que pareció un mensaje a quienes lo desafían desde su andarivel ideológico.

Patricia Bullrich, en la cena que compartió con los integrantes de la mesa política en un restaurante de sushi de Villa Devoto

Los retrocesos de Milei

Esa rigidez narrativa contrasta a menudo con la dinámica real de su gobierno. Milei no pacta de antemano, pero suele retroceder después. Empuja reformas sin acuerdos previos y frena cuando la realidad le pone un límite. Solo lo disimula con una pose dogmática y palabras incendiarias.

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Se volvió el primer malvinero después de la oalista que se impuso a raíz del partido del Mundial entre Argentina e Inglaterra. Tardó en entenderlo y lo asumió cuando debió resignar las modificaciones a la ley de tierras que impulsaba como parte esencial de su revolución. Esta semana, ante la Asamblea General de la ONU, se presentó como el único presidente argentino dispuesto a pasar a la acción para recuperar la soberanía, pese a que su mayor gesto hasta ahora ha sido proponer una versión más dura de una ley vigente desde 2011 para sancionar a las empresas que extraen recursos en las islas y el mar circundante.

Giovani Lo Celso despliega la bandera de Malvinas después del triunfo ante Inglaterra en el Mundial; un gesto que todavía resuena en la política argentinaSHAUN BOTTERILL – GETTY IMAGES NORTH AMERICA

Otro giro sin sutilezas se dio en la discusión por el financiamiento para el área de discapacidad, al renunciar a los recortes que había impulsado la semana pasada en el texto del presupuesto 2027. La reacción política y social desató un clamor de los propios. El clima ya no está para presumir de crueldad con los más débiles, como solían hacer algunos de los libertarios más conspicuos. Aquellos que desafiaban en redes sociales a un chico autista o usaban como insulto el término “mogólico”.

Los aliados parlamentarios están menos propensos a convalidar nuevos ajustes impopulares. “Hay campo fértil para que nos toreen con leyes que amenazan el superávit fiscal. Ya pasó el año pasado antes de las legislativas”, dice uno de los integrantes de la conducción legislativa de La Libertad Avanza. Milei llama a no ceder, salvo en los casos que lo expongan a una crisis.

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El termómetro del humor social aconsejó también pasar a pérdida a Manuel Adorni, que el lunes explicó ante los tribunales que había hecho su patrimonio gracias a ganancias extraordinarias con criptomonedas que ocultó al fisco durante años. Contó que guardó en su casa casi 600.000 dólares en 2017 y vivió con disimulo, austeramente, hasta que fue designado en el Gobierno, a finales de 2023. Milei no volvió a clamar la inocencia de su amigo. En las redes sociales no hubo ni un “fuerza, Manu”. El vocero Adrián Ravier se limitó a decir que será la Justicia la encargada de determinar si la explicación del exjefe de Gabinete es cierta o no. El último hilo de cortesía con Adorni consiste en mantenerle la custodia y el auto oficial.

Manuel Adorni, cuando era jefe de los ministros, en el auto oficial que todavía usa para moverse por la ciudad

La nueva tierra prometida

El foco del Presidente estaba puesto en la visita a Manhattan. En desplegar otra vez su oferta de una nación abierta a la inversión, destinada a convertirse en un proveedor privilegiado de minerales críticos, energía y espacio físico para el desarrollo de la Inteligencia Artificial. “Argentina es la nueva tierra prometida”, anunció en Nueva York. Explicó que su problema hoy consiste en que no se aprecie más el peso ante el auge de las exportaciones. Ahí encajó su metáfora de los dólares que nos salen por las orejas. Incluso se permitió fantasear con pasiones personales, como cuando dijo que soñaba con tener un Tesla Cybertruck negro con un león dorado para pasearse por Buenos Aires.

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Milei: «Me gustaría comprarme un Tesla Cybertruck»

Pudo celebrar un acuerdo con Estados Unidos sobre proyectos de infraestructura estratégica por 7000 millones de dólares. Es otro triunfo en espera, sujeto a que el péndulo argentino no se active otra vez.

Antes de volverse, Milei describió los éxitos de lo que llama “el milagro libertario”. Refutó a los que, en línea con Kicillof, denuncian una crisis de ingresos. Dijo: “Con la baja de la inflación les devolvimos a los argentinos 100.000 millones de dólares; una inyección de dinero que se siente en el bolsillo”. Las últimas estadísticas oficiales del Indec hablan de caídas del consumo, la inversión y el empleo, y un repunte de la pobreza. Será que prendió el ejemplo de Adorni y todos decidieron guardar el dinero y vivir deliberadamente como si no lo tuvieran.




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POLITICA

Video: el baile de Mauricio Macri en el acto del PRO en Jujuy donde alternó apoyos y críticas al Gobierno de Milei

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En su viaje a Jujuy, el expresidente Mauricio Macri dejó algo más que definiciones políticas del PRO y alguna crítica leve al gobierno de Javier Milei. Segundos antes de iniciar su discurso, ensayó unos pasos de baile con un colaborador.

No es la primera vez que lo hace, de hecho fue una suerte de marca registrada durante su gobierno, y en campaña. Ahora, desde hace unos meses volvió a reeditar los bailes, en una maniobra para mostrarse cercano a la gente.

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Macri también aumentó su exposición pública, con entrevistas en redes sociales y canales de streaming; en este nuevo rol como presidente del PRO se lo ve más activo en el mundo virtual.

(Foto: PRO)

El exjefe de Estado volvió este viernes al centro de la escena política con una postal que el PRO construye desde hace meses: un acto propio, rodeado de dirigentes propios y en un marco federal, con el foco puesto en el armado rumbo a las elecciones del año que viene. La reaparición llega después de una semana en la que el partido fundado por el expresidente volvió a diferenciarse del Gobierno por el Presupuesto 2027 y el capítulo vinculado a discapacidad.

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POLITICA

Gremios, empresarios y movimientos sociales buscan articular un documento económico para la visita del Papa León XIV

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Cuando falta un mes y medio para que el papa León XIV viaje a la Argentina, gremialistas, empresarios y dirigentes de movimientos sociales iniciaron conversaciones con el objetivo de elaborar un informe crítico sobre la situación económica y social del país que aspiran a entregarle al Sumo Pontífice en el marco del encuentro que mantendrá con representantes del “mundo del trabajo” en la sede de la Universidad Católica Argentina (UCA), en Puerto Madero.

Esa reunión, que forma parte del cronograma oficial que difundió el Vaticano para la visita de León XIV al país y será organizada por la Conferencia Episcopal Argentina (CEA), genera nerviosismo en la Casa Rosada. Es que desde el gobierno de Javier Milei transmitieron a los obispos su temor de que los sindicatos o referentes sociales intenten hacer un uso político de la presencia del Papa en la UCA. La misma preocupación despierta en los despachos oficiales la recorrida que hará el Pontífice por el Cottolengo Don Orione, en Claypole, donde viven unas 400 personas con discapacidades severas. Los preparativos para el viaje papal tienen lugar en momentos en que Milei enfrenta complicaciones por los efectos del ajuste y su programa de estabilización. Según el Indec, la pobreza creció al 32,3% en el primer semestre del año y la economía retrocedió en julio un 2,9%.

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Marcelo Colombo, titular del Episcopado, y el arzobispo de Buenos Aires, Jorge García CuervaSoledad Aznarez

En la Iglesia tienen muchas expectativas puestas en el encuentro que encabezará León XIV en el auditorio San Juan Pablo II del campus universitario. Ese día, los obispos pretenden exhibir una convocatoria amplia y plural de dirigentes del mundo laboral en un ámbito académico. En la casa de estudios pontificia, planean congregar a empresarios, gremialistas, integrantes de organizaciones populares, representantes de la cultura y de universidades públicas y privadas. El Papa escuchará tres testimonios sobre la realidad de cada sector y dará un mensaje frente al auditorio.

En ese contexto, Jorge Sola, secretario general del sindicato del Seguro e integrante del triunvirato que conduce la CGT, y Osvaldo Cornide, referente de Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) y líder de la corriente de opinión Fuerza Suma, un espacio transversal y apartidario que se basa en los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, articulan un documento en el que apuestan a describir las dificultades que atraviesa la economía del país. Los equipos técnicos ya empezaron a trabajar en los borradores.

La idea de los impulsores de la iniciativa es incluir en la elaboración del informe la visión de los movimientos sociales y diversas entidades económicas. Quieren exhibir ante el Papa que existe un consenso entre los diversos sectores que conforman el mundo del trabajo en la Argentina en torno al diagnóstico de los problemas sociales y las propuestas para desarrollar la economía. En otras palabras, procuran hacer un gesto de diálogo tripartito. Es lo que pretende la Iglesia: que se priorice la construcción de consensos y evitar el conflicto entre los actores.

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En la cúpula de la CGT esperan aprovechar la visita del Papa para hacer una convocatoria al diálogo social. “Tendremos que hacer un esfuerzo para que seguramente lo acompañe el sector empresario con sus miradas. Queremos mostrar una mesa de diálogo entre el capital y el trabajo hacia una Argentina de desarrollo”, anticiparon fuentes sindicales. El documento está en una fase de construcción. No obstante, los organizadores ya tienen claros los lineamientos. Por ejemplo, prevén imprimirle un tono moderado al informe. Procuran evitar que se interprete como un intento de confrontar con el gobierno de Milei durante la visita papal y apelarán al espíritu de unidad nacional, en sintonía con el mensaje que transmite el Papa León XIV, defensor a ultranza del diálogo.

Jorge Sola, uno de los jefes de la CGT Nicolas Suarez

En concreto, aún no está definido cómo presentarán las conclusiones del trabajo. Por ahora evalúan la posibilidad de brindar una conferencia de prensa o de publicar una solicitada en los diarios entre el 8 y el 11 de noviembre, cuando el Papa estará en el país. Además, ya iniciaron consultas con la Iglesia para explorar la chance de entregarle el documento a León XIV durante la actividad que se desarrollará en la UCA. Allí, el Pontífice dará un discurso -¿alertará sobre los peligros de la IA y su efecto en el mundo del trabajo, como sospechan en el Gobierno?-. Pero no está previsto que se acerque a dirigentes sindicales, empresarios o de las organizaciones sociales que concurran a la UCA, donde se esperan unos mil asistentes. El acto es cerrado y la comisión de Pastoral Social del Episcopado está a cargo de cursar las invitaciones.

Eso marcará una diferencia con la centralidad que consiguió la CGT durante la visita de Juan Pablo II al país en 1987. En ese momento, durante la gestión de Raúl Alfonsín, Saúl Ubaldini, que estaba al frente de la central obrera, tuvo un papel protagónico durante la misa que celebró el entonces Santo Padre en el Mercado Central.

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En la cúpula de la Iglesia son cautos. En línea con el pedido del cuerpo diplomático del Vaticano, procuran que no se haga un uso político de la presencia de Robert Prevost en la Argentina. Remarcan que su visita es “pastoral” y “apostólica”. En reserva, aseguran que persisten las diferencias con el Gobierno, critican la visión económica de los libertarios y admiten su inquietud por las consecuencias del ajuste en el tejido social de los grandes conurbanos. El Gobierno, por lo pronto, definió que Milei participará de la misa que celebrará el Papa en el Monumento de los Españoles. También está planeado que el Presidente lo reciba en Aeroparque.

Gestiones reservadas

En la antesala del viaje de León XIV, gremialistas y empresarios buscaron reforzar sus vínculos con las autoridades de la Iglesia en la Argentina. Por caso, Cornide y Sola gestionaron una reunión con el arzobispo de Buenos Aires, monseñor Jorge García Cuerva, que se concretó la semana pasada. También hubo contactos con el secretario general del organismo, monseñor Raúl Pizarro, y el obispo de La Rioja, monseñor Dante Braida.

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Cornide, junto al obispo de La Rioja, monseñor Dante Braida, en Córdoba

Cornide había participado del tradicional encuentro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social en Córdoba, donde los obispos reclamaron trabajar por un país con justicia social y empatía. Previamente, el extitular de CAME se había visto con el arzobispo de La Plata, monseñor Gustavo Carrara, para analizar la marcha de la economía y las dificultades que sufren pequeñas y medianas empresas. En resumen, Cornide apuesta a que la visita de León XIV fomente el diálogo social entre los distintos sectores y permita visibilizar la situación de las pymes.

La semana pasada, Alejandro Gramajo, el titular de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP) y dirigente del Movimiento Evita, le llevó a León XIV un informe crítico de la gestión de Milei, en el que se alerta sobre pobreza y consumo, endeudamiento y los “discursos de odio”.

Alejandro “Peluca” Gramajo junto al Papa León

Gramajo le entregó el documento al Papa en una audiencia privada, después de que finalizara el IV Encuentro Sinodal Fratelli Tutti, en el que participaron organizaciones sociales y gremiales. En Roma también estuvieron Gerardo Martínez, jefe de la Unión de Obreros de la Construcción (Uocra) y secretario de Relaciones Internacionales de la CGT, y Cristian Jerónimo, otro de los jefes de la central obrera. Martínez participó como miembro de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). En el Vaticano se encontraron con el dirigente empresario Daniel Funes de Rioja, extitular de la Unión Industrial Argentina y presidente de la CEATAL en la OEA.

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En las últimas horas, antes de que viajara a París, el Pontífice volvió a toparse con una comitiva de argentinos. Después de una audiencia en el Vaticano, los senadores de Santa Fe Felipe Michlig, Alcides Calvo y Germán Giacomino y el embajador argentino ante la Santa Sede, Luis Pablo María Beltramino, entre otros, pudieron saludar al Papa y tener un breve intercambio. Le entregaron una nota sobre la gestión de Maximiliano Pullaro y hablaron sobre la situación social. “¿Argentina? Pronto voy a estar ahí”, respondió Prevost.

El Papa, junto a senadores de Santa Fe, durante una audiencia en el Vaticano



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