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Estados Unidos busca un acuerdo rápido, pero Irán se resiste

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Al tratar con Irán durante las últimas seis semanas, Donald Trump ha descubierto que se enfrenta a una nación que se enorgullece de su resistencia y su capacidad de hacer que las negociaciones tomen tiempo. Y nunca ha quedado tan claro como en días recientes, cuando Trump intentó presionar a Irán sosteniendo que ya se había rendido –que “aceptaron todo”, afirmó el viernes, incluso entregar su “polvo nuclear”–, solo para describir que esa labia no surte efecto con los funcionarios iraníes, que recurrieron a las redes sociales para decir que todo era una invención del presidente estadounidense.

Así que en los próximos días, suponiendo que el vicepresidente JD Vance viaje a Islamabad este martes para intentar por segunda vez alcanzar un “marco” para un acuerdo, los dos enfoques están a punto de entrar en colisión directa. Si no estuviera tanto en juego –la perspectiva de nuevos combates en Medio Oriente, la escasez mundial de energía y la posibilidad muy real de que los dirigentes iraníes supervivientes salgan convencidos de que necesitan un arma nuclear más que nunca–, sería un caso de estudio clásico sobre estilos de negociación.

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“Trump es impulsivo y temperamental; los dirigentes iraníes son testarudos y tenaces”, dijo Robert Malley, quien negoció con los iraníes en el periodo previo al acuerdo nuclear de 2015 y de nuevo en un esfuerzo fallido del gobierno de Biden.

“Trump exige resultados inmediatos; los dirigentes iraníes apuestan por una estrategia a largo plazo”, continuó Malley. “Trump insiste en un resultado llamativo, que acapare titulares; los dirigentes de Irán se esfuerzan por cada detalle. Trump cree que la fuerza bruta puede obligar a la obediencia; los dirigentes iraníes están dispuestos a soportar un enorme sufrimiento antes que ceder en intereses fundamentales”.

Hay una razón por la que la última gran negociación, concluida hace 11 años, se llevó la mayor parte de dos años, y pasaba de conversaciones secretas con quien entonces era el nuevo presidente iraní de tendencia pragmática a una negociación a gran escala que implicó decenas de reuniones.

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El acuerdo final constaba de más de 160 páginas, incluidos cinco anexos técnicos que definían los límites de las actividades nucleares de Irán, el ritmo del alivio de las sanciones y, lo que es más importante, las obligaciones de Irán de cumplir las inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica. Cada página, y la mayoría de las disposiciones, desencadenaron una discusión; justo cuando se resolvían viejas cuestiones y parecía haber algún tipo de acuerdo, los negociadores iraníes llegaban con nuevas exigencias.

Los iraníes tienen sus propias quejas sobre los estadounidenses. El acuerdo que en 2015 finalmente se alcanzó –no se firmó, porque no era un tratado formal– fue anulado por Trump en 2018. Desde entonces, los iraníes han señalado que no tiene sentido negociar con un presidente si el siguiente va a desechar el acuerdo resultante.

Más recientemente, funcionarios iraníes han señalado que dos veces consecutivas, en junio de 2025 y de nuevo este febrero, Trump ha ordenado ataques contra Irán en medio de negociaciones diplomáticas. Los iraníes tacharon esto de perfidia, prueba de que Trump no es un interlocutor fiable.

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Y la desconfianza desembocó en fuego cruzado durante el fin de semana, cerca del estrecho de Ormuz. Barcos iraníes abrieron fuego contra dos cargueros que, según dijeron, se estaban saltando el estricto control del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica sobre quién puede, y quién no, navegar por el Estrecho. El domingo, la Marina estadounidense disparó contra la sala de máquinas de un enorme buque portacontenedores con bandera iraní, que la Marina ahora ha incautado. Trump señaló que el barco había sido sancionado por el Departamento del Tesoro en 2020, al final de su primer mandato, por un “historial previo de actividad ilegal”.

“¡Tenemos la custodia total del barco y estamos viendo lo que hay a bordo!”, escribió Trump en las redes sociales.

Una forma de interpretar estos movimientos es que son esfuerzos por dar forma a las sesiones de negociación, igual que los generales intentan dar forma al campo de batalla. Los iraníes están demostrando que, pase lo que pase o renuncien a lo que renuncien, podrán controlar el comercio a lo largo del estrecho y cobrar millones de dólares por el paso. El gobierno de Trump está demostrando que está dispuesto a reabrir las hostilidades si fracasan las negociaciones.

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Trump reforzó ese punto el domingo, cuando escribió que un buen acuerdo está sobre la mesa.

“Espero que lo acepten porque, si no lo hacen, Estados Unidos va a derribar todas y cada una de las centrales eléctricas y todos y cada uno de los puentes de Irán. BASTA DE SER UN BUEN TIPO”.

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Fue el ejemplo más reciente de cómo Trump ha pasado de elogiar a los nuevos dirigentes de Irán, que sustituyeron a los que murieron en los ataques que comenzaron el 28 de febrero y a quienes calificó de “más razonables” que sus predecesores, a advertirles que se avecinan más actos de violencia si no se sale con la suya.

Pero aunque este es un elemento nuevo en las conversaciones, no lo es la división cultural en la forma de negociar.

El primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif, recibió al presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, y el ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, antes de las conversaciones de paz entre Estados Unidos e Irán en Islamabad el 11 de abril. (Foto de la Oficina del primer ministro de Pakistán / AFP)

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Esa división era evidente hace 11 años, en los salones dorados del hotel Beau-Rivage Palace, de 160 años de antigüedad, en Lausana, Suiza, donde el secretario de Estado John Kerry y sus homólogos de otros cinco países se esforzaron por cerrar un acuerdo preliminar con Irán. Era, quizás, el análogo más cercano a lo que se está desarrollando ahora en Islamabad.

Cada día la delegación estadounidense hablaba sobre cuántas centrifugadoras había que desmontar y cuánto uranio había que enviar fuera del país. Sin embargo, cuando los funcionarios iraníes –incluido Abbas Araghchi, actual ministro de Asuntos Exteriores— salían de las elegantes salas con lámparas de araña para informar a los periodistas, la mayoría de las preguntas sobre esos detalles eran desechadas. Los iraníes hablaron de preservar el respeto de sus derechos y la soberanía de Irán.

“Recuerdo que finalmente conseguimos que los parámetros se acordaran en el hotel”, dijo el lunes Wendy Sherman, la principal negociadora estadounidense en aquel momento. “Y unos días después, el líder supremo salió y dijo: ‘En realidad, se requerían unos términos muy diferentes’”.

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Sherman, quien llegó a ser vicesecretaria de Estado en el gobierno de Biden, acudía a estas negociaciones con un gran pelotón. A menudo tenía al principal experto en Irán de la CIA en la sala, o cerca de ella. También estaba el secretario de Energía, Ernest Moniz, experto en diseño de armas nucleares. Las propuestas planteadas por los iraníes se enviaban a los laboratorios nacionales estadounidenses, donde se diseñan y prueban las armas, para que los expertos analizaran si los acuerdos que se estaban discutiendo mantendrían a Irán al menos a un año de distancia de una bomba.

Pero el equipo negociador de Trump viaja ligero, sin séquito de expertos y con pocos informes. Jared Kushner y Steve Witkoff, el yerno del presidente y el enviado especial, aprendieron sus habilidades negociadoras en el sector inmobiliario de Nueva York y afirman que un acuerdo es un acuerdo. Dicen que se han sumergido en los detalles del programa iraní y lo conocen bien.

Por otra parte, incluso si las cuestiones que tienen delante son muy similares a las que enfrentaron los negociadores del gobierno de Obama, Kushner y Witkoff consideran que tiene poco sentido dedicar horas a desmenuzar los antecedentes diplomáticos, especialmente teniendo en cuenta lo que Trump ha dicho del acuerdo que surgió de esas negociaciones.

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Pero Trump es claramente sensible ante las comparaciones que se avecinan. “El ACUERDO que estamos haciendo con Irán será MUCHO MEJOR que el JCPOA”, dijo, usando las siglas en inglés del Plan de Acción Integral Conjunto, el nombre formal del pacto de 2015. “Era un camino garantizado hacia un arma nuclear, algo que no ocurrirá, ni puede ocurrir, con el acuerdo en el que estamos trabajando”.

Y con eso, Trump fijó el criterio con el que será evaluada su propia negociación, si tiene éxito.

*Por David E. Sanger, periodista que cubre el gobierno de Donald Trump y una amplia gama de temas relacionados con la seguridad nacional. Ha sido reportero del Times durante más de cuatro décadas y ha escrito cuatro libros sobre política exterior y retos de seguridad nacional.

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The New York Times, Donald Trump, Irán

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Ucrania lanzó el mayor ataque sobre Moscú en dos años: bombardeó una refinería clave por segunda vez en una semana

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Ucrania lanzó este jueves su mayor ataque con drones contra Moscú en los dos últimos años, lo que provocó incendios en la capital rusa y sus alrededores. La ofensiva, que incluyó el golpe a una refinería clave, dejó cientos de vuelos demorados y puso en alerta a toda la región.

Varios drones impactaron en la refinería MNPZ, ubicada en el distrito de Kapotnia, al sur de Moscú. El propio alcalde de la ciudad, Seguéi Sobianin, calificó el hecho como un ataque “a gran escala”, aunque no detalló el alcance de los daños.

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Reporteros en la zona vieron grandes columnas de humo negro sobre la periferia sur de la capital, mientras las llamas se apoderaban de la refinería.

El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, justificó la ofensiva y la definió como “una respuesta plenamente justificada a los ataques rusos contra nuestras ciudades”.

La refinería de Kapotnia, al sureste de la capital rusa, se incendió en las últimas horas debido a un ataque masivo de drones ucranianos contra Moscú. (Foto: AFP).

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El ataque coincidió con una reunión del presidente Vladimir Putin con líderes del sudeste asiático en la ciudad de Kazán, a unos 700 kilómetros de Moscú. El mandatario ruso evitó referirse al tema en su intervención inicial.

No es la primera vez que Kiev lanza una ofensiva de este tipo durante un evento internacional en Rusia: a principios de junio, un ataque similar golpeó la zona de San Petersburgo durante un importante foro económico.

Aeropuertos cerrados y vuelos demorados

El ataque obligó a cerrar los principales aeropuertos de Moscú durante horas. El más importante, Sheremétievo, evacuó a los pasajeros a “lugares seguros” y recién reabrió cerca de las once de la mañana.

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Otro dron se estrelló contra un edificio de departamentos en la zona de Zhukovski, mientras que los restos de otro aparato provocaron un incendio en un centro comercial cercano, según informó el gobernador regional, Andréi Vorobiov.

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Cerraron aeropuertos rusos por el ataque ucraniano contra Moscú. (Foto: AFP).

El martes, la misma refinería MNPZ ya había sido blanco de otro ataque ucraniano, que provocó un incendio y daños en una planta que cubre más de un tercio de las necesidades de combustible de Moscú.

Según el alcalde Sobianin, las defensas antiaéreas abatieron 180 drones que se acercaban a la capital. El Ministerio de Defensa ruso aseguró haber interceptado más de 500 drones ucranianos en todo el país durante la madrugada.

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“Sanciones de largo alcance” y represalias cruzadas

En la región sureña de Rostov, otro ataque ucraniano con drones dejó un muerto y dos heridos, según el gobernador local. En los últimos meses, Kiev intensificó sus ofensivas contra refinerías de petróleo, consideradas un activo clave para el esfuerzo de guerra ruso, mientras las negociaciones diplomáticas siguen estancadas.

Zelenski calificó estos ataques como “sanciones de largo alcance” y reclamó: “Es hora de que la guerra termine, y de que Rusia tome los pasos necesarios a nivel diplomático”.

Por su parte, Rusia respondió con más de 200 drones y varios misiles balísticos contra Ucrania entre la noche del miércoles y la mañana del jueves, según la fuerza aérea ucraniana. En Kiev, la gente corrió a los refugios ante la amenaza de nuevos bombardeos.

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Un drone ucraniano impactó contra un edificio de viviendas en Moscú. (Foto: Reuters).

Un drone ucraniano impactó contra un edificio de viviendas en Moscú. (Foto: Reuters).

Restricciones y clima de tensión en Moscú

A pesar de las represalias y el impacto social y económico de la guerra, Putin intentó mostrar normalidad con la cumbre en Kazán, que reunió a los primeros ministros de Tailandia, Vietnam, Camboya, Laos, Malasia y Singapur, además del presidente de Filipinas, Ferdinand Marcos.

Sin embargo, los ataques obligaron a tomar medidas concretas: tras el golpe al Foro Económico de San Petersburgo, Putin prometió reforzar las defensas antiaéreas y la autoridad federal de aviación prohibió el sobrevuelo de drones y aparatos ligeros civiles en el espacio aéreo de Moscú. Además, las autoridades restringieron la publicación de fotos y videos de los lugares atacados.

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En la cumbre del G7 en Francia, el presidente estadounidense Donald Trump insistió en que Moscú debe aceptar “un acuerdo” para terminar el conflicto y advirtió que podría restablecer “pronto” las sanciones al petróleo ruso.

Putin, por su parte, se niega a reunirse cara a cara con Zelenski y mantiene como objetivo tomar el control total de la región ucraniana del Donbás.

La ofensiva rusa, lanzada en febrero de 2022, ya es el conflicto más sangriento en Europa desde la Segunda Guerra Mundial y dejó cientos de miles de muertos.

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Ucrania, Moscú, Rusia

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From #MeToo to Maine? Dem experts weigh in on how Platner’s rise tests party standards: ‘Pulling the plug’

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NEWYou can now listen to Fox News articles!

Maine Democratic Senate candidate Graham Platner’s scandal-plagued rise is causing rifts within the Democratic Party, and several Democratic strategists who spoke to Fox News Digital warned of the long-term implications of the party embracing him.

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«Anyone paying attention to the intersection of culture and politics knows that my party pushed #MeToo well beyond the bounds of common sense long before Graham Platner’s rise,» Michael LaRosa, former press secretary to first lady Jill Biden, said about whether the #MeToo movement rings hollow within the party now that top Democrats have rallied behind Platner.

«But the reflexive partisan instinct to circle the wagons around him is the political equivalent of pulling the plug on whatever credibility Democrats had left as the self-appointed champions of women.»

«If the standards disappear the moment they’re politically inconvenient, they were never standards at all.»

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JONATHAN TURLEY: WHEN JOURNALISTS WHINE ABOUT #METOO, THEY DON’T MEAN PLATNER, TOO

Graham Platner, Democratic Senate candidate for Maine, speaks at a primary election night event at the Blue Hill YMCA in Blue Hill, Maine, on June 9, 2026. Platner won the party’s Senate primary after a campaign marked by accusations of past misbehavior and voter concerns. (Graeme Sloan/Bloomberg via Getty Images)

Former adviser to President Bill Clinton and Democratic strategist Doug Schoen argued that Democrats are choosing power and Senate control over serious concerns about Platner’s past, and that could hurt them in 2028.

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«In the short term, for some Democrats, those on the progressive left, it’s the right decision, a practical decision,» Schoen said. «To me, it’s a very sad one and certainly undermines the moral legitimacy of the Democratic Party as a whole.»

«Certainly, I think they’ve left themselves vulnerable vis-à-vis Platner’s extreme left-wing positions, his toxicity as a person, the issues with relationships, arguably lying about his Nazi tattoo,» Schoen said. «I certainly think this creates issues for the Democrats where none needed to exist.»

Platner has denied allegations from former girlfriends who told The New York Times that he discussed rape fantasies, drank heavily and had violent episodes, while also facing mounting criticism over sexually explicit messages allegedly sent to women shortly after getting married, a Nazi-linked tattoo and online comments mocking a Purple Heart veteran.

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Despite new controversies emerging days before Maine’s Democratic Senate primary, Graham Platner won with more primary votes than any Democrat in state history. 

Democratic strategist Mally Smith told Fox News Digital he doesn’t believe that the Platner campaign is necessarily the «death» of the #MeToo movement, but that Democrats who have «more fully embraced» his campaign are «going to have some trouble when it comes to making the case on the Epstein files or any general claims of believe all women.»

«So maybe Democrats don’t have the advantage on the issue anymore, but I would say that it’s not like Republicans have an advantage either,» Smith added. «I think voters are just gonna say, well, both parties are willing to live with the baggage of their candidates.»

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Looking ahead to 2028, LaRosa said that Democrats could be haunted by their ties to Platner for years.

«If he wins, you’ll still have to explain why you stood with him,» LaRosa said. «If he loses, you’ll have nothing to show for it except the association. Either way, he’s someone you’ll be answering for.»

Smith explained Platner’s rise by citing voters that are «unhappy with the status quo» to the point where there’s an «element, whether it’s Republican voters supporting President Donald Trump or Democratic voters supporting Graham Platner in Maine, where they say these elites attacking him is actually evidence that he’s on the right track.»

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For others, the controversies are still too big for voters to ignore. LaRosa said that voters «reward guts, not willful blindness» when judging a candidate with Nazi imagery tattooed on his chest, adding that the Democratic leaders are lacking that same «courage.»

DEMOCRATS BREAK WITH SCANDAL-PLAGUED GRAHAM PLATNER, WARN OF ‘CIVIL WAR’ IN PARTY

Bernie Sanders stands with Senate candidate Graham Platner at campaign event.

Sen. Bernie Sanders, I-Vt., and Democratic U.S. Senate candidate Graham Platner stood together during a «Fighting Oligarchy» tour stop at the Collins Center for the Arts on the University of Maine campus on May 24, 2026, in Orono, Maine. (Joe Raedle/Getty Images)

«We look pretty vapid, unprincipled and hypocritical to look the other way when it comes to any candidate accused of any level of violence against women just because it is politically inconvenient,» LaRosa said. «Never again should voters trust us or take our moral arguments seriously. Principles only mean something when they’re applied across the board, even when it’s politically uncomfortable.»

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For over a decade, Democrats have used the «Nazi» attack line against President Donald Trump, but have nevertheless mostly rallied around Platner, despite the Nazi imagery tattooed on his body for 18 years.

«They’re seeing all of these lunatics, like the guy in Maine…for ten years they’ve been calling me a ‘Nazi,’ and now they have a Nazi running. He’s got a tattoo on him,» President Trump said during a Thursday news conference.

Schoen argued Democrats have now weakened their case against Republican scandals, pointing to Texas Attorney General and Senate candidate Ken Paxton.

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«For every criticism that they level at Ken Paxton in Texas, they will be greeted by criticism of Graham Platner in Maine, which to me makes their job more difficult,» Schoen said.

Smith made a similar point, saying both parties are dealing with candidates causing «their own version of heartburn» that can be used against them politically.

Trump-backed Paxton prevailed in the primary against incumbent Sen. John Cornyn, R-Texas, after he was impeached by the Texas House, a federal investigation into allegations that he abused his office to aid a donor and cheating allegations.

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LaRosa said the «uncomfortable truth» is that Democrats have reduced Platner to a simple political equation, viewing him as «just another number, another vote, another seat, another data point on a spreadsheet» instead of focusing on whether he is the right person for the job.

PLATNER CONTROVERSIES FUEL SPECULATION ABOUT LITTLE-KNOWN MAINE BALLOT REPLACEMENT PROVISION

Ken Paxton standing and speaking at a runoff election night event in Plano, Texas.

Texas Attorney General Ken Paxton speaks during a runoff election night event in Plano, Texas, on May 26, 2026. (Antranik Tavitian/Bloomberg via Getty Images)

November may provide a clearer test, Schoen said. He said Platner’s victory does not mean he shed his political baggage, adding Platner has left the party to grapple with problems «where none needed to exist.»

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«With Graham Platner, there are literally immediate, multiple sources of concern that are ongoing, and it isn’t clear to me that he will necessarily survive and succeed,» Schoen said.

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Ultimately, Smith said that Maine voters will be focused on the economy and that concerns about Platner will likely only be a major issue within the state rather than nationwide.

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«Voters are unhappy with the economy, and I think most people are going to be voting on whether they believe the economy is better than when Trump was inaugurated, and the answer to that is a resounding no,» Smith said. «So I think as much as news stations like to talk about Graham Platner and what this means for Democrats overall, or vice versa, Ken Paxton and Republicans overall, most voters are not going to think about Graham Platner’s Nazi tattoo outside of Maine. So I think this is more of a localized Maine problem.»

Fox News Digital reached out to the Platner campaign for comment.

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Tanto nadar para morir en la orilla

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sube al Air Force One en el aeropuerto de Ginebra tras la cumbre del G7 (REUTERS)

Todas las miradas se dirigían a Bürgenstock, el histórico complejo hotelero sobre el lago de Lucerna, donde Audrey Hepburn se casó y donde Sean Connery protagonizó su heroica lucha contra el malvado Goldfinger. En ese ressort exclusivo propiedad de Katara Hospitality, el fondo soberano de Qatar, se había celebrado en junio de 2024 la Cumbre por la Paz en Ucrania, un esforzado intento de 90 países (sin China, ni Rusia), que se quedó en un mero documento de apoyo. Y debía ser aquí, en ese hotel de lujo suspendido en un acantilado de 500 metros, donde estaba previsto celebrar la ceremonia oficial de firma física del MOU, el memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán, que dará por concluida la guerra iniciada hace 110 días con la Operación Fúria Épica. Sin embargo, por la premura de la situación, por la repentina influencia de Macrón o, más bien por el amor desatado de Trump por la majestuosidad y la grandilocuencia, al final el presidente norteamericano ha estampado su firma del MOU en el Palacio de Versailles, el mismo lugar donde, en 1783, Gran Bretaña, Francia y España pusieron fin a la Guerra de independencia de Estados Unidos, y donde se firmó en 1919 el tratado de paz de la primera guerra mundial. Rodeado, pues, de tanta carga històrica, y con Petain rondando en el escenario, Trump ha dado por acabada la guerra.

Silenciados los misiles, es el tiempo de analizar un acuerdo que se larbó con demesiada premura por parte de Trump, azuzado por sus errores estratégicos y sus intereses internos. Y el análisis provisional dispara muchas alarmas. La primera alarma arrastra al resto: ¿El acuerdo de Donald Trump con Irán será peor que el pésimo acuerdo nuclear (JCPOA) que firmó Barack Obama en 2015 en el Palais Coburg de Viena? Recordemos sus consecuencias. De entrada, el acuerdo no impidió la carrera nuclear iraní, solo la congeló supuestamente, pero con unas restricciones tan severas a las inspecciones de la OIEA, que sirvieron para que el régimen llegara a acumular 9.000 quilos de uranio enriquecido en diferentes niveles de pureza, 400 de ellos enriquecido al 60%, suficientes para fabricar 10 bombas nucleares. Además, Irán inyectó más de 100.000 millones en activos liberados que sirvieron para rearmar a sus proxys, desde Hezbollah, hasta Hamás y los houthis, y desestabilizar a Oriente Medio. Para rematar, el acuerdo permitió el desarrollo de miles de mísiles balísticos entre alto y corto alcance. Es decir, con Obama, el régimen se mantenia fuerte, no cejaba en su carrera nuclear, creaba un basto arsenal de misiles y armaba a sus proxys terroristas.

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¿El acuerdo de Trump cambia esa situación? No solo no lo parece, sino que hay motivos para pensar que deja la situación peor. De entrada, el régimen de Irán estaba, antes de la guerra, en su situación más crítica, acababa de asesinar a miles de manifestantes, su economía entraba en pre colapso, había perdido a su aliado sirio, Hezbollah había sufrido la decapitación de su cúpula y Hamas estaba siendo severamente diezmada por Israel. En este sentido, el objetivo anunciado de la guerra de hacer caer al régimen (“la ayuda está en camino”, escribió Trump en su red Truth Social un mes antes), parecía pausible, pero partió de un gran error de cálculo: no considerar que el régimen llegaría hasta el límite para garantizar su superviviencia, y que poseía el arma más poderosa de la guerra, la capacidad de crear una crisis energética mundial con el dominio del estrecho de Ormuz. Si el régimen estaba débil antes de febrero, después de resistir a la guerra se ha reforzado, con el agravante que ahora lo dirigen los sectores más duros y más radicalizados de la Guardia Revolucionaria. Con ello han conseguido una doble posición de fuerza: han resistido al ejército más poderoso del mundo, y han demostrado que pueden dañar seriamente a la economía de todo Oriente Medio. Lo cual conlleva otra consecuencia desastrosa: Estados Unidos sale debilitado ante los ojos de los países de la región, porque ya no es el paragüas que impedía que fueran atacados. Por ello, es de prever que muchos de estos países inicien ahora una aproximación pragmática con el régimen de los ayatolás, como escudo defensivo para próximas ofensivas.

Además, si Obama liberó 100.000 millones, Trump ha comprometido 300.000 millones para reconstruir el país y la descongelación de los activos iraníes, de manera que el régimen recibirá una inyección ingente de dinero que lo reforzará ile tempore.

Una cena con altos representantes de Francia en el Palacio de Versalles, en París, fue testigo de la firma del acuerdo entre Estados Unidos e Irán

Con todo sumado, aún quedan los aspectos más delicados, dónde tampoco parece que Trump haya conseguido ningún éxito creïble: el tema nuclear queda relegado a 60 días de negociaciones, lo cual, en lenguaje iraní, significa que sigue abierto. El tema de los misiles ha desaparecido en la fase uno, y también se pospone a negociaciones posteriores, que partirán de cero. Y lo más punzante es el tema del Líbano, punto en el que Israel ha sido apartado de la decisiones. El acuerdo parece, de entrada, santo: alto el fuego total. Sin embargo, ¿qué significa ello en el Líbano? ¿como puede tomarse esa decisión, sin el acuerdo explícito de Israel, que és el país que sufre la agresión terrorista de Hezbollah? Y, ¿como puede plantearse sin ningún atisbo de seguridad -y menos de paz- sin el desarme completo del grupo terrorista? ¿Como se consigue un Líbano que pueda vivir con seguridad, si se permite la permanente ingerencia iraní y el secuestro de la política libanesa por parte de Hezbollah? El hecho es que con un Hezbollah que acumula miles de misiles y cuyo único objetivo es la destrucción de Israel, el acuerdo es un papel mojado, inútil para la paz e hiriente para el estado hebreo. Al final, la conclusión és clara: el MOU da por hecho que Irán tiene decisión sobre el futuro del Líbano, y ello es un permanente bomba de tiempo.

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Finalmente, aunque no menor, la heroica oposición de la ciutadania persa, que esperaba la ayuda prometida, desaparece de todas las ecuaciones, completamente abandonada por quien aseguró que iría a su rescate. Trump ha usado, ha manipulado y ha abandonado a la lucha del pueblo persa.

Visto lo visto, ninguno de los objetivos que prometió Trump han sido conseguidos. No hay “victoria total y completa”, no existe ninguna “rendición incondicional”, no se ha desenterrado el uranio enriquecido, el Libano continúa secuestrado por Hezbollah, el régimen iraní no ha caído y se reforzará económicamente, no se ha conseguido que Irán deje de apoyar a sus proxys terroristas, los países de la región se han sentido vulnerables y Qatar refuerza su posición estratégica. ¿Qué ha conseguido, pues? ¿Abrir el estrecho de Ormuz? Ergo, ha vuelto al punto de partida sin alcanzar ninguno de los objetivos que había prometido. Estratégica, política y militarmente Trump ha sido humillado por una tiranía perversa a la que prometió derrotar. Para el régimen criminal iraní, es una victoria sin paliativos. Para Estados Unidos, una muestra de vulnerabilidad inimaginable. Y para Israel, una situación alarmante que lo deja solo ante los retos terroristas que lo amenazan. Trump abrazó a Israel durante mucho tiempo. Ahora cabe preguntarse si en realidad su abrazo fue el abrazo del oso.

X: @RaholaOficial

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