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CHIMENTOS

La última foto de Adabel Guerrero con su esposo, antes del escándalo

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En el mundo del espectáculo, hay imágenes que con el paso de las horas adquieren un significado completamente distinto. Y eso es exactamente lo que ocurrió con la última foto que compartió Adabel Guerrero junto a su esposo, Martín Lamela, en medio de un escándalo que no para de crecer.

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La postal en cuestión fue tomada durante el cumpleaños de Lola, la hija de la pareja. En la imagen, se los ve juntos, sonrientes, acompañando a la nena en un momento íntimo y familiar. La escena transmite armonía: torta, festejo, complicidad y una familia unida celebrando.

Sin embargo, lo que en ese momento parecía una simple celebración, hoy se resignifica por completo.

Porque ese mismo día, mientras esa imagen circulaba en redes, en televisión ya comenzaban a instalarse versiones de crisis e incluso de una supuesta infidelidad. Fue en LAM donde Pepe Ochoa lanzó la información que encendió la mecha: la relación entre Adabel y Lamela no estaría pasando por su mejor momento.

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Lejos de quedarse en silencio, la bailarina reaccionó rápidamente. Visiblemente molesta, salió a desmentir las versiones y a intentar bajar el tono del escándalo que empezaba a crecer. Pero lo que nadie imaginaba era que, horas después, la historia daría un giro aún más fuerte.

Con el correr de los días, fue el propio Lamela quien terminó confirmando la separación a través de un comunicado en redes sociales. Allí no solo blanqueó el final del vínculo tras años de relación, sino que además lanzó una frase contundente que dejó en evidencia el quiebre: habló de decisiones que “rompieron la confianza” en la pareja.

Ese mensaje terminó de instalar el tema en agenda y reforzó las versiones que inicialmente habían sido negadas. En ese contexto, la foto del cumpleaños de Lola se convirtió en mucho más que un recuerdo familiar. Pasó a ser la última imagen pública de la pareja unida, tomada en el mismo momento en que, detrás de escena, todo comenzaba a desmoronarse.

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El contraste es tan fuerte como impactante: mientras celebraban juntos frente a cámara, el escándalo ya estaba en marcha. Y lo que parecía una postal feliz, hoy funciona como un documento incómodo de un final anunciado. En tiempos donde cada gesto se analiza y cada imagen se resignifica, esta escena resume a la perfección cómo una historia puede cambiar en cuestión de horas.

La última foto de Adabel Guerrero con su esposo Martín Lamela horas antes de que se conociera la infidelidad:

Una familia reunida, una desmentida apresurada y, poco después, una confirmación que lo cambió todo.

 

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Adabel Guerrero, Martín Lamela

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CHIMENTOS

El fuerte mensaje de Gonzalo Heredia a Brenda Gandini tras subir una foto hot en medio de su separación: la reacción del actor al osado posteo de su esposa

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Luego de una serie de días muy movilizantes donde se habló de una crisis y ruptura, Gonzalo Heredia y Brenda Gandini eligieron patear el tablero. Mientras los rumores crecían, la pareja salió a desmentir su separación y desactivó una bomba de tiempo. Una situación que escaló a niveles impensados, incluso dentro de su propio círculo íntimo.

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El sacudón se dio a mediados de esta semana cuando Pepe Ochoa aseguró en LAM que la relación entre Heredia y Gandini había llegado a su fin. El panelista reveló que “se había terminado el amor” después de casi dos décadas juntos, y esa frase fuerte y directa, provocó un ruido inmediato. Pero del otro lado, la reacción no tardó en llegar.

Antes de que el impacto siguiera propagándose, Heredia enfrentó la situación con una mezcla de sorpresa y humor. En un contacto que tuvo con Urbana Play, el galán fue contundente: “No estamos separados, nada más alejado de la verdad”. Y no quedó ahí. Explicó que el impacto de la versión fue tal que hasta sacudió a su propia familia: “Me escribió mi papá preguntándome si era cierto o no”.

Pero no quedó ahí. Gonzalo también habló de la viralización de la información, donde los supuestos o ciertos datos falsos terminan tomando mucho revuelo. No solo pasa con él, sino en general. “Te ponen en palabras cosas que vos no dijiste y que ni siquiera viviste. A mí eso me llama mucho la atención. Hoy me río, en otro momento uno se enoja”, disparó el actor.

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EL POSTEO DE BRENDA GANDINI QUE DESATÓ UNA FUERTE REACCIÓN DE GONZALO HEREDIA

Mientras tanto, en paralelo a todo este ruido mediático que se generó por estos días, en las redes sociales se contaba otra historia. Muchos usuarios empezaron a revisar movimientos, likes, silencios. Pero lo que encontraron fue completamente distinto: una interacción tan llamativa como cómplice de Heredia y Gandini. Un gesto que, en medio de los rumores, también parecía aclarar el panorama.

Todo se dio a través de una sensual producción de Brenda para su cápsula de lentes, algo que eligió compartir en su perfil de Instagram. Una serie de imágenes que no pasaron desapercibidas y que mostraron el costado más hipnótico de la modelo. Y ahí apareció Heredia, dejando un mensaje muy claro: corazones y fueguitos, en una reacción que dijo más que cualquier comunicado.

Como si fuera poco y en medio de estos rumores de ruptura, Gonzalo también reveló otra situación insólita que vivió por estos días. “El otro día me preguntaron en el colegio si Brenda estaba embarazada. Y no chicos, ya van 44 años…”, lanzó con un dejo irónico. Así, todo el revuelo que se generó alrededor de la pareja de actores, quedó apaciguado.

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Gonzalo Heredia, Brenda Gandini

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CHIMENTOS

Entre humor, ternura y reflexión, Betiana Blum y Antonio Grimau apuestan a la emoción con “El diario de Adán y Eva”

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Con química y complicidad, los actores encarnan a los míticos primeros habitantes en una puesta que rescata el humor, la ternura y los valores humanos (RSFotos)

Hay clásicos que atraviesan el tiempo y se resignifican en cada nueva versión. El diario de Adán y Eva, la obra basada en los textos de Mark Twain, vuelve a cobrar vida en la cartelera porteña de la mano de dos leyendas del teatro argentino: Betiana Blum y Antonio Grimau. Bajo la dirección de Juan Pablo Ragonese, los actores se reencuentran sobre el escenario para explorar, desde el humor y la emoción, la eterna danza de los vínculos humanos. En la previa al estreno, ambos hablaron en exclusiva con Teleshow sobre el desafío de encarnar estos personajes universales.

La pieza, que se presenta en el teatro Regina a partir de este 3 de mayo, invita al público a sumergirse en una historia tan antigua como la humanidad, pero a la vez cercana, cotidiana y profundamente actual. Blum y Grimau despliegan oficio y sensibilidad para darle voz y cuerpo a Adán y Eva, recorriendo el arco completo de una relación: el asombro del primer encuentro, la incomprensión, el aprendizaje, los desencuentros, la ternura y la nostalgia.

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Con décadas de trayectoria y una química que se percibe dentro y fuera del escenario, Blum y Grimau celebran este nuevo desafío profesional con la misma pasión que marcó sus carreras. En esta entrevista, comparten anécdotas del proceso creativo, reflexionan sobre los temas universales de la obra y revelan cómo logran conectar con el público a través de una historia que, aún después de siglos, sigue diciendo mucho sobre el amor, la convivencia y el paso del tiempo.

Betiana Blum y Antonio Grimau
Con décadas de trayectoria y una química intacta, Blum y Grimau analizan la actualidad de la pieza y el poder del teatro para reconectar a los espectadores con lo esencial

—¿Cómo se sienten antes de este estreno tan esperado por sus fans?

Betiana Blum: Estamos felices de habernos reencontrado después de tantos años y tantos trabajos en un proyecto tan lindo como lo es la obra de Mark Twain. Esta historia que como que aceptamos, no sabemos si es un cuento, qué hay de real en esto, pero bueno, es lindo contar este cuento o por lo menos imaginarnos cómo fueron estos primeros habitantes. Y toda la historia de la salida del paraíso.

Antonio Grimau: Sí, yo sabía de la obra, de la reproducción que había tenido hace años atrás y siempre fue un texto que me interesó. Por la temática, por los personajes. Lo que no esperaba era hacerlo con mi querida y admirada Betiana, por supuesto, eso no lo podía prever, pero fue una gran satisfacción cuando me convocaron para la obra, que ya tenía pensada como un trabajo posible que me entusiasmaba. Y además, la compañía de Betiana era ideal, porque yo creo que tenemos trabajado el vínculo, hay buena química, incluso una mirada común respecto del texto que nos atrae y los personajes. Es una gran historia de amor, que tiene que ver con el primer hombre, la primera mujer y todo lo que ellos han vivido a lo largo de la relación y del conocimiento del mundo, de las primeras impresiones. Es muy particular y distinto recorrer las características de estos dos personajes que están descubriendo el mundo, sobre todo mi personaje, que va un poco de la mano de Eva. Y además, se están descubriendo ellos mismos. Es muy apasionante y totalmente distinto a todo lo que uno puede haber hecho hasta ahora.

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—¿Qué creen que tiene esta obra para sea tan atemporal?

Blum: Es un misterio, cada vez que la hacemos, empiezan y son dos bichos que andan sueltos, que se miran y se preguntan “¿qué es esto que está ahí?”. Se tienen miedo. Todo el proceso, hasta llegar a tomar contacto. Y está muy bien definido lo masculino, lo femenino, pero de una manera sutil. Va apareciendo lo masculino y lo femenino. Y después, la caída, ese momento en que los echan del paraíso. Terrible. Esta definición no se da de una manera burda, sino que va apareciendo sutilmente lo masculino, lo femenino, que se rechazan, se atraen. A mí me maravilla porque en cosas muy concretas define lo masculino y lo femenino. Hay algo como que el hombre construye, tiene toda una actividad de cuidado, de construir, y como que la mujer visiona, está viendo un poquito más. Y esto está muy bien contado.

Grimau: Twain tiene un estilo muy particular porque maneja muy bien el humor, también la ironía, y es placentero recorrer las situaciones de estos dos personajes, que son entrañables y tienen una relación maravillosa. Yo creo que necesariamente tiene que interesar, porque es una obra necesaria, una obra que da una mirada de mucha ternura, de mucho amor, y de la revalorización de los valores de la humanidad, que se han ido perdiendo con el tiempo, y esta obra los rescata. Es la historia del mundo, la historia de la humanidad, el comienzo. Yo creo que sí, que tiene que haber un profundo interés por la obra.

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Betiana Blum y Antonio Grimau
Entre recuerdo y presente, los actores revelan cómo la obra los hizo reflexionar sobre el amor, la convivencia y el sentido de la vida en un mundo que, dicen, “necesita más humanidad”

—¿Cómo fue este reencuentro arriba de las tablas entre ustedes dos? ¿Encontraron cosas nuevas o maneras de trabajar que el otro no conocía?

Blum: Hay gente que cambia con el tiempo, que te la encontrás y te reencontrás con otra persona. Pero yo me encontré con que somos los mismos. Es muy lindo.

—Grimau: Es de mucho disfrute. Vos decís bien, hay un camino, sobre todo en el teatro, que nos acerca a experiencias muy parecidas. Eso hace que el encuentro sea de mucha comunicación y entendimiento, a veces casi sin palabras. Somos los mismos que alguna vez hicimos Un guapo del 900 o Soy gitano en televisión, y eso hace que sea muy feliz el reencuentro.

—¿Qué expectativas tienen a punto de estrenar?

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Blum: Yo espero siempre lo mejor. Que la gente lo disfrute, se conmueva, se recuerde a sí misma, que diga “esto ya estaba, ya estaba la semillita ahí de todo esto”. Es la vida. Cuando veo las guerras, la forma en que se mata, se destruye, los animales… Me da mucha pena. ¿Qué vamos a hacer con esto? ¿A dónde vamos? Pero después entiendo que el único camino es uno mismo. Es serenarse, hacer lo mejor que uno pueda, cuidar el vínculo con las personas, porque eso también se ha bastardeado mucho. Yo tengo la suerte de ser conocida y recibir cariño, pero no pasa lo mismo con todo el mundo. Es dura la cosa.

—Grimau: La violencia, el insulto, está a flor de piel como un uso común y corriente. No puede ser. Naturalizar ese grado de violencia es espantoso. Y justamente esta obra tiene que ver con eso, es un buen recordatorio de cómo empezamos, como eran esos dos primeros seres y cómo se fue construyendo todo. Y confío en que volvamos a reconstruir, pero eso es un trabajo diario de cada uno.

Betiana Blum y Antonio Grimau
«Estamos felices de habernos reencontrado después de tantos años», comenta Betiana ante el estreno con Grimau

—¿Creen que esto también va a ayudar a las nuevas generaciones?

Blum: Coincido. Le ponemos todo y los dos tenemos la intención de pacificar, de comprender la maravilla de este mundo y cuidarlo.

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Grimau: Sí, es un excelente recordatorio. Lo que pasa con los colegios y la violencia es espantoso. Volver la mirada a esos primeros tiempos donde el amor y la maravilla del mundo estaban comenzando es placentero. La puesta es preciosa, hay música, luces, todo aggiornado.

—¿Por qué siguen eligiendo y apostando por el teatro hoy en día, con tanta modernidad y streaming?

Blum: Toda mi carrera ha sido el teatro. Después llegó la televisión y pude hacer novelas con muchísimo éxito. Pero ahora no entiendo cómo no hay una novela en el aire. Es triste. Todo el tiempo la gente me dice: “Te estoy viendo en tal novela”. Volver a ver esas producciones es volver a lo nuestro.

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—Grimau: La respuesta del público es para agradecer. Aunque no haya ficción en televisión, nos buscan en el teatro y el cine. Hay una necesidad de ver al actor argentino, de identificarse con nuestra idiosincrasia. No las novelas turcas, que no nos pertenecen. Lo nuestro tiene que ver con darnos a conocer en el mundo, y la pérdida de trabajo es terrible.

Betiana Blum y Antonio Grimau
«Hay una necesidad de ver al actor argentino, de identificarse con nuestra idiosincrasia», comenta Grimau ante la falta de ficción en la televisión

—¿Cómo les repercute a ustedes, como otras figuras importantes del espectáculo, la muerte de Luis Brandoni?

Blum: Fue sorpresivo porque no dijeron que Beto estaba tan grave. Decían que había tenido un problema, qué sé yo, y al día siguiente nos enteramos de la muerte. A mí me impactó mucho. Yo trabajé con él desde Canal Siete. Recuerdo que Landolfo dirigió una obra muy conocida de un tren, donde los protagonistas estaban en escena y Beto y yo éramos los dos chicos que estaban en el bar, teníamos algunas escenitas ahí. Mirá de dónde lo recuerdo a Beto.

O también me acuerdo de estar esperando para grabar, también en Canal Siete, digo Canal Siete porque es lo más antiguo, cuando (Sergio) Renán dirigía unas novelas y teníamos un ensayo y Beto no llegaba. No llegó, y no llegó, y después supimos que se había tenido que ir a México porque lo estaban amenazando mucho. Tengo esos recuerdos, ¿no? Después, cuando volvió, la primera obra que estrenaron fue Convivencia, de Viale, con Lupi. Yo, la verdad, no tengo formación política, tengo formación humana, respeto los valores y, aunque coinciden, en ese momento no tenía conciencia de todo lo que pasaba. Había conversaciones como: “¿qué va a pasar cuando Luppi y Brandoni hagan una obra en el teatro? ¿Habrá balazos en la platea? ¿Qué pasará?” Y bueno, nada de eso, nos fue muy bien, fue un éxito. Después vino Esperando la carroza. Compartí con Beto muchísimas obras.

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Betiana Blum y Antonio Grimau
Con química y complicidad, los actores encarnan a los míticos primeros habitantes en una puesta que rescata el humor, la ternura y los valores humanos (RSFotos)

El día que me enteré de su muerte el teléfono explotó, pero no atendí ningún llamado. Sentí como que Beto vino a charlar conmigo… Tenía esa sensación, como si estuviera en casa, hablando conmigo. Fue muy fuerte. Para mí, una pérdida así es del corazón.

Grimau: No trabajé con él, pero siempre lo admiré. Como profesional y dirigente sindical fue una figura importantísima y una gran pérdida.

—¿Cuál es la clave para mantener un vínculo tan intacto y reencontrarse con tanto cariño y química?

Blum: Ser buena persona, tener valores, afecto y reconocimiento por el otro. El valor del otro es tan importante como el propio. Yo creo que ahí hay una posibilidad de vínculo real, positivo, amoroso. Asimismo, si el otro tiene los mismos valores que vos, entonces se vuelve maravilloso.

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Grimau: El amor por lo que hacemos y el respeto mutuo son fundamentales. La convivencia en el teatro puede ser amarga si no hay armonía y admiración, como también si no existe un mínimo de respeto y de admiración por el otro.

—¿Han tenido experiencias negativas de maltrato en el medio?

Blum: En general, trato de no trabajar con gente con mal trato o mal carácter. Ya más o menos uno sabe y trata de escaparse.

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Grimau: Ya no permito atropellos o faltas de respeto. Antes, sí, uno lo sufrió, pero con el tiempo aprendés a poner límites. Por suerte, ahora los directores y los compañeros tienen otra mirada, y eso ha cambiado para mejor.

—¿Con qué palabra o frase definirían la obra para invitar al público?

Blum: Es un recordatorio de lo masculino y lo femenino, de cómo los primeros seres se descubren y encuentran valor en lo humano. Es conmovedora y hermosa, y está contada con mucho humor.

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Grimau: Una maravillosa historia de amor, entrañable, que llega a la emoción a través del humor y la ternura.

Crédito de fotos: RSFotos.



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CHIMENTOS

Sabrina Carballo volvió a las tablas y compartió cómo es criar a su hija y actuar al mismo tiempo: “No quiero perderme nada”

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La actriz volvió a las tablas con “Mal repartidas” y desborda energía en cada función, equilibrando pasión por el escenario y los desafíos de ser mamá (Gentileza Agencia Cora)

Hay encuentros familiares que duelen, otros que salvan y algunos que, con humor y honestidad, nos enfrentan a lo que somos y a lo que dejamos sin resolver. Sabrina Carballo lo sabe bien: desde el escenario, se anima a ser testigo y parte de esos reencuentros incómodos y tiernos, donde las cuentas pendientes y las herencias son apenas la excusa para hablar de lo que realmente importa. Entre charlas, maternidad y el vértigo de lo nuevo, la actriz habló en exclusiva con Teleshow y se permitió mostrar su costado más humano detrás de la comedia.

Guiada por la pluma y la dirección de Hernán Krasutzky, como la compañía de Selene Raimundo arriba de las tablas, Sabrina se sumerge en Mal repartidas, una obra donde dos hermanas se encuentran después de años y descubren que, a veces, lo que más duele es lo que no se dice. El escenario se convierte en campo de batalla y refugio: entre enojos, risas, recuerdos y secretos, los personajes revelan que las diferencias pueden separar, pero también unir. Y, desde el pasado 23 de abril, Carballo despliega su oficio y sensibilidad en cada escena, acompañada por una compañera de ruta que, como ella misma cuenta, vive una gran experiencia en el teatro comercial.

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En este presente, Sabrina combina la intensidad del teatro con la vida cotidiana de una mamá que busca no perderse el crecimiento de su hija Caetana. Entre ensayos, horarios cambiantes y el desafío de equilibrar pasión y maternidad, la actriz reflexiona sobre la familia, el amor, el humor y la importancia de encontrar tiempo para lo esencial. Mal repartidas es la excusa perfecta para volver a mirarse, reconocerse en el espejo de los otros y, al final, salir del teatro con la certeza de que, incluso en los enredos más ácidos, siempre hay lugar para una risa y una segunda oportunidad.

Una mujer rubia con cabello largo, vistiendo una camisa a cuadros amarilla y negra abierta sobre un top negro, posa sonriendo ligeramente contra un fondo naranja liso
Dalma Maradona, la reconocida actriz e hija de Diego Maradona, sonríe ante la cámara, vestida con una camisa a cuadros amarilla y negra sobre un top oscuro, en un retrato de estudio.

—¿Qué te atrapó para volver a las tablas con este proyecto?

—Me lo propusieron en el verano. Tenía otra opción para hacer temporada, pero por diferentes motivos se pasó para más adelante y me quedé sin proyecto. El director y autor de “Nunca te fíes de una mujer despechada”, Hernán Krasutzky, me llamó con esta idea. Confío mucho en él, me gusta cómo escribe y dirige. Además, mi compañera está viviendo su primera experiencia en el teatro comercial, así que me pareció que podía estar bueno.

—¿Cómo es combinar la maternidad con un proyecto tan demandante?

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—No es muy fácil. Tengo una chica que me ayuda a veces, pero ahora estoy prácticamente 24 horas con mi hija, que solo va tres horas al jardín. Nuestro trabajo no tiene horario fijo, así que organizarme es complicado. No quiero ni puedo tener una niñera todo el día; tuve una hija para criarla yo. Mi familia vive lejos, todos tienen sus vidas y no quiero molestar a nadie. A veces coordinar los horarios es complicado y estresante. Ahora, con la función fija los jueves, es más fácil pedir ayuda puntual, pero con horarios variables todo era un lío.

—¿Sentiste culpa o agotamiento por no estar tanto con tu hija por el trabajo?

—Sí, me di cuenta de que el tiempo pasa muy rápido y no quiero perderme nada de su día a día. A veces sentía culpa y pensaba que algo estaba haciendo mal, pero después entendí que a todos los padres les pasa. Si no tenes ayuda, es imposible. Quiero aprovechar que es chiquita y disfrutarla ahora.

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Dos mujeres sentadas en un banco de madera. Una con camisa de cuadros amarilla y negra gesticula, la otra con top de ganchillo blanco en pose de oración. Fondo naranja
Dos mujeres posan en un estudio, una gesticulando con una camisa de cuadros amarillos y negros, y la otra con un top de ganchillo en posición de meditación, sobre un vibrante fondo naranja.

—La obra empieza como un trámite y termina siendo un ajuste de cuentas entre hermanas. ¿Cómo se construye esa tensión en escena?

—La obra arranca con dos hermanas que no se ven hace siete años y se reencuentran por una sucesión. Es una situación muy común y la gente se siente identificada. Al principio es el reencuentro, anécdotas, enojos guardados. El final es inesperado, todos creen que va a terminar de una forma y sorprende. La obra tiene mucha comedia, pero también partes emotivas. Fue un desafío porque es la primera vez que mi compañera hace teatro comercial y la experiencia estuvo buenísima.

—¿Cómo fue trabajar con tu compañera, Selene? ¿Te sorprendió la dinámica?

—Ella es divina, superresolutiva y muy receptiva a la dirección. Me gusta mucho dirigir actores y Hernán Krasutzky me dio lugar para conectar y colaborar. Sele es como una esponja, toma todo lo que le decimos y eso facilita el trabajo. Realmente, por momentos parecía mi hermana menor, hasta fuera de libreto. El libro es muy divertido y la gente se siente identificada.

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Una mujer sonriente abraza a una niña frente a un pastel blanco con una vela encendida, con los ojos de la niña cubiertos por corazones rojos
«No quiero ni puedo tener una niñera todo el día; tuve una hija para criarla yo», asegura la actriz en medio del éxito de su obra y su rol como mamá (Instagram)

—¿Te identificás con el vínculo de las hermanas?

—Me identifico con mi personaje, que es una laburante, sostiene a la familia y trata de llegar a fin de mes. No tanto con el vínculo: tengo un hermano y nos llevamos bien. Mora, mi personaje, siempre está para ayudar a su familia, es el sostén cuando los demás la necesitan. En eso sí me siento reflejada.

—Ambas representan caminos de vida opuestos. ¿Cómo impacta eso en el conflicto?

—Justamente, al ser tan opuestas, la obra da un vuelco y muestra que no todo lo que reluce es oro. Los que parecen estar bien quizá no lo están, y viceversa. Al final, todos terminan siendo más parecidos de lo que creen. La obra muestra que todos pasamos por lo mismo en algún momento, aunque creamos que somos diferentes.

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—¿Sentís que la obra interpela también a quienes no tienen hermanos?

—Sí, porque todos tienen que pasar por una sucesión o situaciones similares, con o sin hermanos. La soledad, la maternidad, las parejas, las relaciones: lo que le pasa a los personajes es universal. Cada uno se puede sentir identificado con las emociones y las situaciones, más allá de la historia en sí.

Maren Morris de pie, cabello rubio, sonriendo. Viste top y pantalones negros, camisa a cuadros amarillos y negros atada a la cintura, frente a un fondo naranja
La reconocida cantante Maren Morris posa con una sonrisa amigable y un atuendo casual de top negro y camisa a cuadros atada a la cintura, destacando su estilo relajado y confianza.

—Llevás muchos años de trayectoria e incluso dirigiste. ¿Qué tiene el teatro que te sigue atrapando?

—Me gustaría volver a hacer ficción en televisión, extraño eso. Pero el teatro tiene esa magia del aquí y ahora, la adrenalina que no tiene lo grabado. El escenario es un lugar mágico. Aunque estés enferma, cansada o sin voz, algo pasa arriba del escenario y todo fluye. Después, cuando bajás, volvés a la realidad, pero arriba es otra cosa.

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—¿Cómo viviste el estreno teniendo anginas y fiebre?

—No quería suspender, el show debe continuar. Me subí al escenario sin voz y todo fluyó. Es magia, algo inexplicable. El escenario tiene eso, aunque no te sepas la letra, sale igual.

—¿Cómo ves la ausencia de ficción en televisión y la migración a las plataformas?

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—Casi todo se volcó a las plataformas. No entiendo por qué no hay ficción en la televisión si la gente sigue viendo series. Hay muchos actores sin trabajo y duele. Siempre parece un momento difícil para la profesión, pero este lo es especialmente.

—¿Tenés otros proyectos además de la obra y la dirección?

—El sábado pasado estrené como directora en el Regina con Pareja imperfecta. Me ofrecieron hacer un streaming, pero no tuve tiempo aún. Quizás ahora pueda armarlo. También quiero hacer alguna otra obra con Hernán Krasutzky, que tiene libros geniales.

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Mujer rubia de pie, con camiseta negra sin mangas y jeans oscuros, brazos cruzados, mirando a la cámara sobre un fondo naranja liso
La actriz celebra el estreno y el reencuentro con el público, mientras explora nuevos roles como directora y mamá a tiempo completo (Gentileza de Agencia Coral)

—¿Qué te gustaría que se lleve el público de la obra?

—Que la pase bien y se ría. Con todo lo que pasa en el mundo, si durante una hora la gente se olvida de sus problemas y se divierte, yo ya estoy feliz. Como decía Chaplin: “Un día sin sonreír es un día perdido”.

Gentileza de fotos: Agencia Coral.



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