CHIMENTOS
¡Cuernos y escándalo! La crisis que sufre el marido de Adabel Guerrero tras la separación por infidelidad: “Lo único que me importa es Lola, nuestra hija”, reveló Martín Lamela

El final llegó de golpe y con un mensaje que dejó poco margen para las dudas. Después de días de versiones cruzadas y rumores que crecían minuto a minuto, Martín Lamela, el esposo de Adabel Guerrero, decidió confirmar lo que hasta entonces se había negado. A través de un posteo en sus redes, blanqueó la separación de la pareja tras más de 17 años de relación y una hija en común.
La bomba que ya se venía gestando terminó de explotar en un posteo donde dejó en claro por qué salió a romper el silencio. Si bien es cierto que Adabel ya había hablado con antelación y negado su ruptura, ahora Lamela contó otra historia. “No soy una persona de los medios pero a raíz de la información que circula en la prensa, quería aclarar la situación de mi familia”, comenzó escribiendo.
En ese mismo mensaje, el marido de Adabel fue más allá y dejó entrever los motivos del quiebre. “En los últimos meses ella tomó decisiones que no comparto y que rompieron la confianza de nuestra pareja”, lanzó. Esto fue un detonante, posiblemente la frase más fuerte de su comunicado. Sincero, fuerte y al medio, exponiendo que la actriz fue la culpable de la ruptura.
Sin embargo, más allá del final como pareja, Lamela puso el foco en lo que realmente le interesa por estas horas. “No vamos a dejar de ser una familia porque ella sigue siendo la mamá de Lola, que es lo único que me importa”, sostuvo. “Les pido a todos que por favor respeten nuestra privacidad y eviten amplificar información que solo va a lastimar a mi hija”, sentenció.
ENTRE LA INFIDELIDAD Y EL AMOR CLANDESTINO: EL ESPOSO DE ADABEL GUERRERO CONFIRMÓ SU SEPARACIÓN
Tras estas fuertes palabras, Guerrero quedó en el ojo de la tormenta y ahora comienzan a dispararse otras teorías. Por un lado, el rumor que trascendió hace semanas donde se habló de una infidelidad de la bailarina con su esposo, diciendo que tuvo un affaire con un vecino del barrio privado donde viven y que terminó en escándalo con sus vecinos.
Si bien Adabel negó que esto fuese cierto, ahora con el comunicado de Martín -un tanto enigmático en los motivos pero tajante en la separación- la historia toma otro color. Y las dudas vuelven a aparecer. Por si fuera poco, por estas horas la bailarina sumó una terrible versión sobre su vida sentimental: estaría viviendo un nuevo romance.
Pampito contó este viernes en Puro Show que Adabel estaría de novia desde hace ya casi dos meses con un hombre llamado Rodrigo Alenaz. La bailarina conoció a esta persona mediante Valeria Archimó, quien se encargó de presentarlos a ambos, y desde entonces ambos se frecuentan mucho. De hecho, se dice que todas las noches se van juntos de Sex, la obra que ella protagoniza.
Así las cosas, el nombre de Adabel Guerrero quedó nuevamente en el ojo de la tormenta. Ahora ya no es por un nuevo rumor o trascendido, sino por la palabra de su esposo y formas que, a pesar de no estar muy claras, apuntan contra ella como culpable de la separación. ¿Saldrá la bailarina a hablar de este nuevo escándalo? ¿Cuál será el siguiente paso en esta rebuscada historia de traiciones?
Adabel Guerrero, Martín Lamela
CHIMENTOS
“Billy Elliot, el musical”: todo por un sueño

Preparen los pañuelos…
La llegada de Billy Elliot, el musical al Teatro Opera representa una puesta en escena marcada por el conflicto personal y social en la Inglaterra industrial de 1984. El estreno local, impulsado por la música de Elton John y una producción que prioriza la potencia teatral, se apoya en un contexto real: la huelga minera que enfrentó al sindicalismo británico con el gobierno de Margaret Thatcher y que redefinió las relaciones laborales y debilitó al movimiento sindical en el Reino Unido, además de disparar —junto a las políticas de Ronald Reagan gobernando Estados Unidos— el neoliberalismo que hoy predomina en el mundo entero.
Desde el inicio, la obra sitúa al público en ese contexto sociopolítico. Un fugaz fragmento documental de La Thatcher domina el escenario, acompañada de un noticiero audiovisual que menciona la industrialización británica y anuncia la huelga minera de 1984 a 1985. La imagen arranca algunos (pocos) silbidos en el Opera, sin duda apoyados por todo lo que acaba de generar el reciente triunfo de la Selección argentina contra Inglaterra en el Mundial, con el trapo de Malvinas como ingrediente central.

En ese marco, Billy Elliot —hijo y hermano de mineros en la ciudad de Durham— descubre su pasión por el ballet, un arte que su entorno asocia a la feminidad y rechaza como camino viable para un varón.
La narrativa de la obra —con dirección general de Rubén Szuchmacher— se construye sobre dos frentes de conflicto para el protagonista: el personal, al enfrentarse a sus propios prejuicios y deseos, y el social, al desafiar la tradición familiar y el mandato masculino del colectivo minero.
El padre de Billy —Osvaldo Laport— encarna la resistencia y la dureza de una época atravesada por la crisis, mientras que la profesora de ballet —Alejandra Perlusky, uno de los puntos altos del elenco— se presenta como la figura que impulsa y contiene a un niño que busca un lugar para su talento. “El ballet no es de mariquitas”, se repite como consigna en una sociedad donde los prejuicios y la discriminación sin matices le daban vigencia a los estigmas de género.

Pero uno de los mayores placeres de sentarse en las butacas del Opera es disfrutar el gran trabajo del protagonista absoluto, Joaquín Mondino Formichelli como Billy. Este pibe santafecino de 12 años —¡todo un actor ya!— la rompe en (casi todas) las coreografías, y brilla aún más a la hora de actuar y cantar. Sin dudas, un nombre para recordar. No suena arriesgado anticiparle una gran carrera y que, de aquí en más, en las notas periodísticas que vendrán, será un lugar común eso de “aquel chico que mostró todo su talento desde su aparición como Billy Elliot”.

El texto no elude la crudeza del lenguaje ni la violencia simbólica que atraviesa la vida de Billy Elliot. Frases como “¡no soy p…!” aparecen sin filtro, algo que suma realismo aunque pueda incomodar a parte de la platea. El uso del lenguaje callejero, propio del ambiente proletario, refuerza la autenticidad del contexto.
Entre los personajes secundarios, también brilla el amigo de Billy —Lautaro Muro López—. Su papel introduce una visión actual y desprejuiciada sobre la orientación sexual, permitiendo que la obra dialogue con el presente y ponga en cuestión los mandatos de género. La naturalidad con que se aborda el tema de la diversidad sexual contrasta con la hostilidad que enfrenta el protagonista, y evidencia la tensión entre la tradición y los cambios culturales.
Y hablando de comedia musical, cómo no mencionar la música compuesta por Sir Elton John, emblema del pop británico y más allá, otro de los pilares de la puesta. La decisión de ofrecer música en vivo —bajo la dirección orquestal de Gaby Goldman— crea un clima emocional que potencia los momentos de mayor intensidad dramática, algo que difícilmente se lograría si la banda sonora estuviera grabada.

Otro gran acierto de la puesta —si uno piensa en la película y el protagonismo del ballet clásico— es la preminencia en los cuadros de baile del tap. El zapateo transmite una fuerza inmediata que arranca aplausos unánimes en la sala, especialmente en la escena de los maniquíes, con gran lucimiento de Billy y su amigo. En el rubro clásico, sin dudas, el climax emotivo llega cuando Billy más que bailar, “vuela”, acompañado por Braian Mansilla (el Billy ya adulto), provocando otra ovación inevitable. Se dijo, preparen los pañuelos…
Pero siempre hay un pero…, y en este caso es la extensión del musical, que supera las dos horas y media con intervalo, como un posible obstáculo para mantener la tensión dramática. El intento de abordar múltiples líneas temáticas puede dispersar el foco narrativo. Eso sí, la apuesta por una estructura de musical adulto —y no infantil— permite profundizar en los dilemas existenciales y sociales de los personajes.

Billy Elliot, el musical tuvo más de 12 millones de espectadores en sus versiones de Madrid, Londres y Broadway, y su éxito radica en la capacidad de interpelar a públicos diversos. La puesta local refuerza esta vigencia y plantea, como destacó el prestigioso diario británico The Guardian tras su estreno en el West End londinense, “un interrogante incómodo para cualquier época: ¿qué sucede cuando un sueño desafía el lugar y el entorno en el que nace?”. La historia se convierte así en un espejo para quienes enfrentan vidas predeterminadas por el origen, la tradición o la expectativa familiar, y explora la posibilidad de abrir una grieta para el deseo y la autodeterminación.
El público presente en el Opera que ya lleva soplando más de cincuenta velitas, si es que en la primavera alfonsinista frecuentaba el Parakultural —cumbre del under porteño en esos días—, puede que asocie el mensaje clave de Billy Elliot, el musical a aquel grito de guerra del genial grupo de teatro experimental Las Gambas al Ajillo: “¡Sé tu mismo!“, exhortaban las enormes Verónica Llinás, Alejandra Flechner y María José Gabin.

O sea, más allá de los molinos de viento (sociales, familiares y un largo etc.), seguí tus sueños. Ese es el combustible indispensable para transformarse en lo que uno aspira. De eso va esta historia, que en el año 2000 fue película multipremiada y exitosa. Y que ahora, con una gran producción a cargo de los hermanos Diego y Omar Romay (claro, los hijos del Zar de la tele, don Alejandro, dueño del Canal 9, el de la palomita), digna de Broadway o Londres, se puede disfrutar en la calle Corrientes. Extrañamente, por la cifra millonaria que implica, por no muchos días más: hasta el 8 de agosto, ya que el Opera está reservado luego de esa fecha, aclaran los productores.

La última imagen del cronista es esta: tras otro gran momento, esa coreo colectiva repiqueteada a puro tap antes de que caiga el telón, el público aplaude, aplaude, no deja de aplaudir.
Fotos: Ale Palacios
CHIMENTOS
Los cuatro signos del horóscopo chino que contarán el impulso para cambiar su destino a fines de julio, según Ludovica Squirru

Los últimos días de julio llegan con una energía de expansión para algunos signos del horóscopo chino. Según las enseñanzas de Ludovica Squirru, será un período favorable para concretar acuerdos, fortalecer relaciones y aprovechar oportunidades que podrían abrir un nuevo panorama antes de comenzar agosto. La clave estará en confiar en el trabajo realizado durante las últimas semanas y animarse a dar el siguiente paso.
Ludovica sostiene que este tramo del mes premiará a quienes sepan combinar prudencia con iniciativa. Habrá espacio para cerrar negocios, planificar viajes, reforzar amistades y avanzar en proyectos de largo plazo. En cambio, será conveniente postergar decisiones apresuradas relacionadas con mudanzas o inversiones importantes hasta contar con un panorama más claro.
Chancho
El Chancho será uno de los signos más favorecidos en el cierre de julio. Recuperará la confianza para avanzar con proyectos que habían quedado en pausa y encontrará apoyo en personas que resultarán fundamentales para alcanzar sus objetivos. Los encuentros y las conversaciones sinceras abrirán puertas inesperadas.
Dragón
El Dragón vivirá días ideales para potenciar su crecimiento profesional. Las negociaciones, los acuerdos y las nuevas propuestas tendrán grandes posibilidades de prosperar si actúa con paciencia y estrategia. También será una etapa positiva para fortalecer vínculos familiares.
Tigre
Después de un mes de mucho movimiento, el Tigre encontrará el equilibrio que venía buscando. Será un excelente momento para consolidar relaciones, ampliar su red de contactos y tomar decisiones con mayor seguridad. La serenidad será su principal fortaleza.
Conejo
El Conejo cerrará julio con una sensación de alivio y estabilidad. Habrá oportunidades para disfrutar de reuniones con seres queridos, organizar proyectos a futuro y recuperar la motivación. Si evita actuar por impulso, llegará a agosto con un escenario mucho más prometedor.
Ludovica Squirru, horóscopo chino
CHIMENTOS
Flavio Mendoza, el creador y artífice de sus sueños, estrena La Cúpula: “Mi pasión es coleccionar espectáculos”

Desde cuadras a la redonda, una cúpula blanca se erige imponente entre el cielo gris del sur de la ciudad de Buenos Aires. A simple vista parece una carpa de circo, pero apenas se traspasa el estacionamiento del Casino Buenos Aires la estructura toma otro ritmo. Un domo da forma a La Cúpula, el nuevo sueño hecho realidad de Flavio Mendoza.
Se percibe un clima de fiesta, de trabajo, de guías metálicas que se arman a todo ritmo bajo la atenta mirada del artífice de la mega producción que combinará teatro, circo, música en vivo, tecnología y cine en un mismo espectáculo.
Junto a su hijo Dionisio, Flavio recorre y muestra a Teleshow su proyecto que en agosto abrirá las puertas al público. Príncipe feliz príncipe dorado surge entre andamios y metales, en ese rincón inusual de la ciudad. Allí, entre operarios que ajustan guías y perfiles y voces que se mezclan con el ruido de herramientas, Flavio camina con paso firme, atento a cada detalle, a cada giro de grúa, a cada decisión de último momento. Dionisio, de ocho años, explora el lugar con la energía de quien acompaña a su padre en cada aventura, especialmente ahora, en vacaciones de invierno. En ese escenario, tan real y tan onírico a la vez, el arte y la familia se entrelazan como si nunca hubiesen estado separados.

Flavio se detiene y mira la cúpula a medio terminar. Hay algo en su expresión que combina orgullo y vulnerabilidad, la certeza de quien conoce la dificultad de crear algo único y la emoción de estar cerca de lograrlo. La elección de ese espacio, lejos de los teatros tradicionales, responde a una necesidad profunda: el deseo de libertad, de no ponerle límites a la imaginación, de no encerrar sus sueños en una caja cuadrada, de no resignar una idea por una regla ajena. “Cuando logré un espacio propio, sentí que podía dar a la gente lo que tenía en la cabeza”, explica y comienza a compartir su nuevo espectáculo.
—¿Qué esperás de este show, qué lo diferencia de tus otros proyectos?
—Es una megaproducción distinta, pero con algo que se repite: la escala, el sueño grande. Amo el teatro, pero muchas veces no deja hacer lo que uno imagina. El teatro limita, salvo que te dejen romper y después poner todo como estaba, y eso casi nunca pasa. Por eso la carpa. No es un circo, aunque tiene esa raíz. No tiene un rótulo porque no quiero que lo tenga. Quiero que el público entre y viva algo nuevo. No es mejor que nada, sino diferente a todo,
—¿Con qué se van a encontrar los espectadores?
—El hall de entrada no es solo un lugar de espera: es parte del espectáculo. Juegos, propuestas lúdicas para grandes y chicos, todo gratuito. El hall es gigante, y quiero que la experiencia empiece desde el primer paso.

—Vi que la carpa es 360 y que tiene un escenario giratorio, algo muy novedoso
—Sí, es la primera vez que se monta una carpa colgante así, sin columnas que molesten la visión. El escenario gira, sube y baja, tiene curvas. Todo es última tecnología, no existió nada igual en el país. El techo se llena de imágenes, mapping total, todo lo diseñamos en familia. Hasta la reja de la entrada la pensamos nosotros. No hay nada comprado sin sentido, cada detalle tiene nuestra marca.
Cada respuesta de Flavio revela un proceso colectivo y, a la vez, profundamente personal. El espectáculo surge de una suma de talentos y afectos: la familia participa, se involucra, acompaña y apoya. En cada rincón de la carpa se siente esa energía de clan, de grupo que apuesta y se arriesga junto.
—¿Vas a participar en escena?
—No, esta vez no voy a estar sobre el escenario. Es que no puedo estar en todos lados. Tengo que viajar a China, armar cosas allá, después volver y trabajar en el show de verano. Este año van a estar tres megaespectáculos en distintos puntos del país: Ánima en Neuquén, La Cúpula en Córdoba, y uno nuevo en Mar del Plata. No doy abasto. Pero igual estoy en todo, en la producción, en las decisiones, en la familia.
Mientras Flavio responde, Dionisio acompaña a su tía por detrás, saluda y se pierde en el clima de trabajo y juego, una convivencia natural entre lo cotidiano y la excepción.

—Siempre trabajás con tu familia, ¿es una necesidad para vos?
—Sin ellos no podría. Soy un desastre con los números. Mis tías, mis tíos, mis hermanas hacen todo lo que yo no sé hacer. Yo solo pido y sueño. Tener esta estructura en Argentina es engorroso, problemático, pero con ellos es posible.
La conversación avanza y la palabra “diferente” aparece una y otra vez. Flavio la usa para describir lo que busca, pero también para definir lo que ya encontró: un modo de hacer, una manera de pensar el arte, una relación con el público que excede lo comercial. Para él, la excelencia es la meta, el motor, el deseo.
—¿Por qué seguir invirtiendo tanto, en vez de apostar por fórmulas probadas?
—Porque creo que Argentina da para más. No hay techo. Hay mucha gente talentosa acá. Yo no produzco para ganar, primero busco la excelencia y después que eso me devuelva algo. Es mi pasión. Otros ganan más, pero yo invierto mucho. Es como quien colecciona autos, a mí me gusta coleccionar espectáculos. Me mantiene vivo.
Su mirada se ilumina cuando habla de Dionisio. La paternidad es un capítulo aparte, pero atraviesa todo.
—Quiero que mi hijo vea lo que hago, que entienda la pasión. Que no se quede quieto. Yo era bailarín y si me quedaba quieto, hoy estaría dando clase en una escuela de danza. No me quedé, armé escuelas, armé espectáculos, genero competencias, aunque no den nada, porque creo que hay que hacerlo.
—¿Dionisio tiene inclinación artística?
—Juega al fútbol, sufrió mucho con el Mundial, ¡y yo con él!. Hace acrobacia, canta. No le exijo que sea artista. Le digo que aproveche, que entrene, que disfrute, que aprenda, pero que no sienta presión. Si después no quiere, está bien. Lo importante es que sea feliz.
Llega el tema del mundial y la emoción se hace visible. Flavio cuenta que Dionisio ama a Celia, la mamá de Messi, y que la familia de Leo los recibió con cariño.

—Terminó el partido con Inglaterra y él me pidió que le escribiera a Celia, que le diga que aunque perdiéramos en la final, nosotros los amamos igual. Messi es así, generoso, humilde. Su familia tiene gestos que te muestra el tipo de gente que es.
—¿Qué sentiste con las críticas a los argentinos que surgieron con este Mundial?
—No les doy bolilla. No le presto atención a eso. Siempre hay gente buena y mala en todas partes. No hay que meter a todos en la misma bolsa. Las redes agrandan todo, los haters solo están para molestar.
—Volviendo a Dionisio, ¿cómo fue tu deseo de ser papá?
-Mi hermana me impulsó. Primero quise acomodar a mi familia, que mi mamá estuviera bien. Y recién después pensé en mí. No es fácil ser papá solo. Es una responsabilidad gigante, el amor más grande. Lo busqué, lo quise, y cuando sentí que podía, lo hice.
—¿Cómo es la crianza siendo un papá solo?
—Tiene ventajas y desventajas, ¿no? Como todo. Pero a veces cuando veo los quilombos de los padres separados con los hijos, yo digo: “Uy, qué suerte que soy papá solo, que todas las decisiones las tomo yo”. Las buenas y las malas. Y él va a tener una vida sana en ese aspecto. Sana mentalmente. No va a sufrir esa cosa de los padres separados, que un día estoy con uno y otro con el otro. Nunca quise eso. Hasta cuando estuve en pareja y hubo propuesta, seguí pensando igual. Porque cuando estás en el idilio, en el amor eterno, vos decís ”sí, quiero tener veinte hijos» y después decís no, porque hay una personita y hay que ser responsable.
—Qué bueno que tenés eso tan claro.
—Bueno, yo fui papá de más grande también. Cuando te pasa la edad también creo que te pasan muchas cosas. Tenés más experiencia y no tenés esa cosa más alocada de decir “bueno, vamos con todo ahora”. Yo creo que para mí ser padre y madre hay que buscarlo, tenés que quererlo. Es una gran responsabilidad ser papá o mamá.
—¿Cómo te llevás con los límites?
—Soy de poner límites. Dionisio, por ejemplo, no sabe lo que es el celular. No lo toca. A veces vamos en un viaje largo y él ni siquiera me pide para hacer un jueguito, porque sabe que el celular es de adulto. Tiene limitada su tablet donde ve un rato las cosas de niños. Hay cosas que le limité porque no quiero que las vea. Si bien yo le explico todo, porque no es que le digo que nacimos de un repollo. Jamás. Pero no me gusta tanto el teléfono porque puede generar adicción. Me parece que no está bueno. Está bueno el deporte. Entonces soy de ponerle límites en esas cosas, pero nunca tuve que poner un límite donde él me hizo un berrinche. Jamás me hizo un berrinche.
—¿Cómo es Dionisio?
—Es sensible. Y es muy generoso. Da todo, todo lo que tiene lo da. Eso me parece maravilloso. En mi casa casi no hay un juguete, porque todos los dio. Y todos los años yo le digo que hay que regalar cosas, pero si es por él regala todo. A veces me quedo con algún juguete de recuerdo, porque me da lástima, pero a él ni siquiera le importa. Él es de regalar todo. Si viene un compañero o una compañera y le dice que le gusta tal cosa, Dionisio viene y me pregunta: “Ay, papá, lo quiere, ¿se lo doy?”. Y yo lo apruebo. Entonces, eso es muy lindo de él. Muy lindo.
La entrevista termina y Flavio posa para la sesión de fotos. No escatima gestos, sus movimientos encienden la tarde. La cúpula, todavía desnuda, promete convertirse en refugio de fantasía y asombro. En ese espacio, la pasión por crear y el impulso por innovar encuentran su mejor escenario. Flavio Mendoza ha regresado. Príncipe feliz, príncipe dorado y la expresión del artista en estado puro.
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