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Entre humor, ternura y reflexión, Betiana Blum y Antonio Grimau apuestan a la emoción con “El diario de Adán y Eva”

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Con química y complicidad, los actores encarnan a los míticos primeros habitantes en una puesta que rescata el humor, la ternura y los valores humanos (RSFotos)

Hay clásicos que atraviesan el tiempo y se resignifican en cada nueva versión. El diario de Adán y Eva, la obra basada en los textos de Mark Twain, vuelve a cobrar vida en la cartelera porteña de la mano de dos leyendas del teatro argentino: Betiana Blum y Antonio Grimau. Bajo la dirección de Juan Pablo Ragonese, los actores se reencuentran sobre el escenario para explorar, desde el humor y la emoción, la eterna danza de los vínculos humanos. En la previa al estreno, ambos hablaron en exclusiva con Teleshow sobre el desafío de encarnar estos personajes universales.

La pieza, que se presenta en el teatro Regina a partir de este 3 de mayo, invita al público a sumergirse en una historia tan antigua como la humanidad, pero a la vez cercana, cotidiana y profundamente actual. Blum y Grimau despliegan oficio y sensibilidad para darle voz y cuerpo a Adán y Eva, recorriendo el arco completo de una relación: el asombro del primer encuentro, la incomprensión, el aprendizaje, los desencuentros, la ternura y la nostalgia.

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Con décadas de trayectoria y una química que se percibe dentro y fuera del escenario, Blum y Grimau celebran este nuevo desafío profesional con la misma pasión que marcó sus carreras. En esta entrevista, comparten anécdotas del proceso creativo, reflexionan sobre los temas universales de la obra y revelan cómo logran conectar con el público a través de una historia que, aún después de siglos, sigue diciendo mucho sobre el amor, la convivencia y el paso del tiempo.

Betiana Blum y Antonio Grimau
Con décadas de trayectoria y una química intacta, Blum y Grimau analizan la actualidad de la pieza y el poder del teatro para reconectar a los espectadores con lo esencial

—¿Cómo se sienten antes de este estreno tan esperado por sus fans?

Betiana Blum: Estamos felices de habernos reencontrado después de tantos años y tantos trabajos en un proyecto tan lindo como lo es la obra de Mark Twain. Esta historia que como que aceptamos, no sabemos si es un cuento, qué hay de real en esto, pero bueno, es lindo contar este cuento o por lo menos imaginarnos cómo fueron estos primeros habitantes. Y toda la historia de la salida del paraíso.

Antonio Grimau: Sí, yo sabía de la obra, de la reproducción que había tenido hace años atrás y siempre fue un texto que me interesó. Por la temática, por los personajes. Lo que no esperaba era hacerlo con mi querida y admirada Betiana, por supuesto, eso no lo podía prever, pero fue una gran satisfacción cuando me convocaron para la obra, que ya tenía pensada como un trabajo posible que me entusiasmaba. Y además, la compañía de Betiana era ideal, porque yo creo que tenemos trabajado el vínculo, hay buena química, incluso una mirada común respecto del texto que nos atrae y los personajes. Es una gran historia de amor, que tiene que ver con el primer hombre, la primera mujer y todo lo que ellos han vivido a lo largo de la relación y del conocimiento del mundo, de las primeras impresiones. Es muy particular y distinto recorrer las características de estos dos personajes que están descubriendo el mundo, sobre todo mi personaje, que va un poco de la mano de Eva. Y además, se están descubriendo ellos mismos. Es muy apasionante y totalmente distinto a todo lo que uno puede haber hecho hasta ahora.

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—¿Qué creen que tiene esta obra para sea tan atemporal?

Blum: Es un misterio, cada vez que la hacemos, empiezan y son dos bichos que andan sueltos, que se miran y se preguntan “¿qué es esto que está ahí?”. Se tienen miedo. Todo el proceso, hasta llegar a tomar contacto. Y está muy bien definido lo masculino, lo femenino, pero de una manera sutil. Va apareciendo lo masculino y lo femenino. Y después, la caída, ese momento en que los echan del paraíso. Terrible. Esta definición no se da de una manera burda, sino que va apareciendo sutilmente lo masculino, lo femenino, que se rechazan, se atraen. A mí me maravilla porque en cosas muy concretas define lo masculino y lo femenino. Hay algo como que el hombre construye, tiene toda una actividad de cuidado, de construir, y como que la mujer visiona, está viendo un poquito más. Y esto está muy bien contado.

Grimau: Twain tiene un estilo muy particular porque maneja muy bien el humor, también la ironía, y es placentero recorrer las situaciones de estos dos personajes, que son entrañables y tienen una relación maravillosa. Yo creo que necesariamente tiene que interesar, porque es una obra necesaria, una obra que da una mirada de mucha ternura, de mucho amor, y de la revalorización de los valores de la humanidad, que se han ido perdiendo con el tiempo, y esta obra los rescata. Es la historia del mundo, la historia de la humanidad, el comienzo. Yo creo que sí, que tiene que haber un profundo interés por la obra.

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Betiana Blum y Antonio Grimau
Entre recuerdo y presente, los actores revelan cómo la obra los hizo reflexionar sobre el amor, la convivencia y el sentido de la vida en un mundo que, dicen, “necesita más humanidad”

—¿Cómo fue este reencuentro arriba de las tablas entre ustedes dos? ¿Encontraron cosas nuevas o maneras de trabajar que el otro no conocía?

Blum: Hay gente que cambia con el tiempo, que te la encontrás y te reencontrás con otra persona. Pero yo me encontré con que somos los mismos. Es muy lindo.

—Grimau: Es de mucho disfrute. Vos decís bien, hay un camino, sobre todo en el teatro, que nos acerca a experiencias muy parecidas. Eso hace que el encuentro sea de mucha comunicación y entendimiento, a veces casi sin palabras. Somos los mismos que alguna vez hicimos Un guapo del 900 o Soy gitano en televisión, y eso hace que sea muy feliz el reencuentro.

—¿Qué expectativas tienen a punto de estrenar?

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Blum: Yo espero siempre lo mejor. Que la gente lo disfrute, se conmueva, se recuerde a sí misma, que diga “esto ya estaba, ya estaba la semillita ahí de todo esto”. Es la vida. Cuando veo las guerras, la forma en que se mata, se destruye, los animales… Me da mucha pena. ¿Qué vamos a hacer con esto? ¿A dónde vamos? Pero después entiendo que el único camino es uno mismo. Es serenarse, hacer lo mejor que uno pueda, cuidar el vínculo con las personas, porque eso también se ha bastardeado mucho. Yo tengo la suerte de ser conocida y recibir cariño, pero no pasa lo mismo con todo el mundo. Es dura la cosa.

—Grimau: La violencia, el insulto, está a flor de piel como un uso común y corriente. No puede ser. Naturalizar ese grado de violencia es espantoso. Y justamente esta obra tiene que ver con eso, es un buen recordatorio de cómo empezamos, como eran esos dos primeros seres y cómo se fue construyendo todo. Y confío en que volvamos a reconstruir, pero eso es un trabajo diario de cada uno.

Betiana Blum y Antonio Grimau
«Estamos felices de habernos reencontrado después de tantos años», comenta Betiana ante el estreno con Grimau

—¿Creen que esto también va a ayudar a las nuevas generaciones?

Blum: Coincido. Le ponemos todo y los dos tenemos la intención de pacificar, de comprender la maravilla de este mundo y cuidarlo.

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Grimau: Sí, es un excelente recordatorio. Lo que pasa con los colegios y la violencia es espantoso. Volver la mirada a esos primeros tiempos donde el amor y la maravilla del mundo estaban comenzando es placentero. La puesta es preciosa, hay música, luces, todo aggiornado.

—¿Por qué siguen eligiendo y apostando por el teatro hoy en día, con tanta modernidad y streaming?

Blum: Toda mi carrera ha sido el teatro. Después llegó la televisión y pude hacer novelas con muchísimo éxito. Pero ahora no entiendo cómo no hay una novela en el aire. Es triste. Todo el tiempo la gente me dice: “Te estoy viendo en tal novela”. Volver a ver esas producciones es volver a lo nuestro.

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—Grimau: La respuesta del público es para agradecer. Aunque no haya ficción en televisión, nos buscan en el teatro y el cine. Hay una necesidad de ver al actor argentino, de identificarse con nuestra idiosincrasia. No las novelas turcas, que no nos pertenecen. Lo nuestro tiene que ver con darnos a conocer en el mundo, y la pérdida de trabajo es terrible.

Betiana Blum y Antonio Grimau
«Hay una necesidad de ver al actor argentino, de identificarse con nuestra idiosincrasia», comenta Grimau ante la falta de ficción en la televisión

—¿Cómo les repercute a ustedes, como otras figuras importantes del espectáculo, la muerte de Luis Brandoni?

Blum: Fue sorpresivo porque no dijeron que Beto estaba tan grave. Decían que había tenido un problema, qué sé yo, y al día siguiente nos enteramos de la muerte. A mí me impactó mucho. Yo trabajé con él desde Canal Siete. Recuerdo que Landolfo dirigió una obra muy conocida de un tren, donde los protagonistas estaban en escena y Beto y yo éramos los dos chicos que estaban en el bar, teníamos algunas escenitas ahí. Mirá de dónde lo recuerdo a Beto.

O también me acuerdo de estar esperando para grabar, también en Canal Siete, digo Canal Siete porque es lo más antiguo, cuando (Sergio) Renán dirigía unas novelas y teníamos un ensayo y Beto no llegaba. No llegó, y no llegó, y después supimos que se había tenido que ir a México porque lo estaban amenazando mucho. Tengo esos recuerdos, ¿no? Después, cuando volvió, la primera obra que estrenaron fue Convivencia, de Viale, con Lupi. Yo, la verdad, no tengo formación política, tengo formación humana, respeto los valores y, aunque coinciden, en ese momento no tenía conciencia de todo lo que pasaba. Había conversaciones como: “¿qué va a pasar cuando Luppi y Brandoni hagan una obra en el teatro? ¿Habrá balazos en la platea? ¿Qué pasará?” Y bueno, nada de eso, nos fue muy bien, fue un éxito. Después vino Esperando la carroza. Compartí con Beto muchísimas obras.

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Betiana Blum y Antonio Grimau
Con química y complicidad, los actores encarnan a los míticos primeros habitantes en una puesta que rescata el humor, la ternura y los valores humanos (RSFotos)

El día que me enteré de su muerte el teléfono explotó, pero no atendí ningún llamado. Sentí como que Beto vino a charlar conmigo… Tenía esa sensación, como si estuviera en casa, hablando conmigo. Fue muy fuerte. Para mí, una pérdida así es del corazón.

Grimau: No trabajé con él, pero siempre lo admiré. Como profesional y dirigente sindical fue una figura importantísima y una gran pérdida.

—¿Cuál es la clave para mantener un vínculo tan intacto y reencontrarse con tanto cariño y química?

Blum: Ser buena persona, tener valores, afecto y reconocimiento por el otro. El valor del otro es tan importante como el propio. Yo creo que ahí hay una posibilidad de vínculo real, positivo, amoroso. Asimismo, si el otro tiene los mismos valores que vos, entonces se vuelve maravilloso.

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Grimau: El amor por lo que hacemos y el respeto mutuo son fundamentales. La convivencia en el teatro puede ser amarga si no hay armonía y admiración, como también si no existe un mínimo de respeto y de admiración por el otro.

—¿Han tenido experiencias negativas de maltrato en el medio?

Blum: En general, trato de no trabajar con gente con mal trato o mal carácter. Ya más o menos uno sabe y trata de escaparse.

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Grimau: Ya no permito atropellos o faltas de respeto. Antes, sí, uno lo sufrió, pero con el tiempo aprendés a poner límites. Por suerte, ahora los directores y los compañeros tienen otra mirada, y eso ha cambiado para mejor.

—¿Con qué palabra o frase definirían la obra para invitar al público?

Blum: Es un recordatorio de lo masculino y lo femenino, de cómo los primeros seres se descubren y encuentran valor en lo humano. Es conmovedora y hermosa, y está contada con mucho humor.

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Grimau: Una maravillosa historia de amor, entrañable, que llega a la emoción a través del humor y la ternura.

Crédito de fotos: RSFotos.



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Flavio Mendoza, el creador y artífice de sus sueños, estrena La Cúpula: “Mi pasión es coleccionar espectáculos”

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Con un domo y una cúpula, Flavio Mendoza inaugura su nuevo espectáculo donde reúne todas sus pasiones: el teatro, el circo, la tecnología y el cine. «No quiero un rótulo para el show», afirmó (Gastón Taylor)

Desde cuadras a la redonda, una cúpula blanca se erige imponente entre el cielo gris del sur de la ciudad de Buenos Aires. A simple vista parece una carpa de circo, pero apenas se traspasa el estacionamiento del Casino Buenos Aires la estructura toma otro ritmo. Un domo da forma a La Cúpula, el nuevo sueño hecho realidad de Flavio Mendoza.

Se percibe un clima de fiesta, de trabajo, de guías metálicas que se arman a todo ritmo bajo la atenta mirada del artífice de la mega producción que combinará teatro, circo, música en vivo, tecnología y cine en un mismo espectáculo.

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Junto a su hijo Dionisio, Flavio recorre y muestra a Teleshow su proyecto que en agosto abrirá las puertas al público. Príncipe feliz príncipe dorado surge entre andamios y metales, en ese rincón inusual de la ciudad. Allí, entre operarios que ajustan guías y perfiles y voces que se mezclan con el ruido de herramientas, Flavio camina con paso firme, atento a cada detalle, a cada giro de grúa, a cada decisión de último momento. Dionisio, de ocho años, explora el lugar con la energía de quien acompaña a su padre en cada aventura, especialmente ahora, en vacaciones de invierno. En ese escenario, tan real y tan onírico a la vez, el arte y la familia se entrelazan como si nunca hubiesen estado separados.

Entrevista a Flavio Mendoza
En medio de una estructura que sostiene una carpa blanca, se destaca el domo con su cúpula, el centro del nuevo show de Flavio Mendoza

Flavio se detiene y mira la cúpula a medio terminar. Hay algo en su expresión que combina orgullo y vulnerabilidad, la certeza de quien conoce la dificultad de crear algo único y la emoción de estar cerca de lograrlo. La elección de ese espacio, lejos de los teatros tradicionales, responde a una necesidad profunda: el deseo de libertad, de no ponerle límites a la imaginación, de no encerrar sus sueños en una caja cuadrada, de no resignar una idea por una regla ajena. “Cuando logré un espacio propio, sentí que podía dar a la gente lo que tenía en la cabeza”, explica y comienza a compartir su nuevo espectáculo.

—¿Qué esperás de este show, qué lo diferencia de tus otros proyectos?

—Es una megaproducción distinta, pero con algo que se repite: la escala, el sueño grande. Amo el teatro, pero muchas veces no deja hacer lo que uno imagina. El teatro limita, salvo que te dejen romper y después poner todo como estaba, y eso casi nunca pasa. Por eso la carpa. No es un circo, aunque tiene esa raíz. No tiene un rótulo porque no quiero que lo tenga. Quiero que el público entre y viva algo nuevo. No es mejor que nada, sino diferente a todo,

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—¿Con qué se van a encontrar los espectadores?

—El hall de entrada no es solo un lugar de espera: es parte del espectáculo. Juegos, propuestas lúdicas para grandes y chicos, todo gratuito. El hall es gigante, y quiero que la experiencia empiece desde el primer paso.

Entrevista a Flavio Mendoza
En medio de una estructura que sostiene una carpa blanca, se destaca el domo con su cúpula, el centro del nuevo show de Flavio Mendoza

—Vi que la carpa es 360 y que tiene un escenario giratorio, algo muy novedoso

—Sí, es la primera vez que se monta una carpa colgante así, sin columnas que molesten la visión. El escenario gira, sube y baja, tiene curvas. Todo es última tecnología, no existió nada igual en el país. El techo se llena de imágenes, mapping total, todo lo diseñamos en familia. Hasta la reja de la entrada la pensamos nosotros. No hay nada comprado sin sentido, cada detalle tiene nuestra marca.

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Cada respuesta de Flavio revela un proceso colectivo y, a la vez, profundamente personal. El espectáculo surge de una suma de talentos y afectos: la familia participa, se involucra, acompaña y apoya. En cada rincón de la carpa se siente esa energía de clan, de grupo que apuesta y se arriesga junto.

—¿Vas a participar en escena?

—No, esta vez no voy a estar sobre el escenario. Es que no puedo estar en todos lados. Tengo que viajar a China, armar cosas allá, después volver y trabajar en el show de verano. Este año van a estar tres megaespectáculos en distintos puntos del país: Ánima en Neuquén, La Cúpula en Córdoba, y uno nuevo en Mar del Plata. No doy abasto. Pero igual estoy en todo, en la producción, en las decisiones, en la familia.

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Mientras Flavio responde, Dionisio acompaña a su tía por detrás, saluda y se pierde en el clima de trabajo y juego, una convivencia natural entre lo cotidiano y la excepción.

Entrevista a Flavio Mendoza
La estructura del domo que creó Flavio Mendoza, la trajo de Italia y en el país comenzó el proceso de ensamblado

—Siempre trabajás con tu familia, ¿es una necesidad para vos?

—Sin ellos no podría. Soy un desastre con los números. Mis tías, mis tíos, mis hermanas hacen todo lo que yo no sé hacer. Yo solo pido y sueño. Tener esta estructura en Argentina es engorroso, problemático, pero con ellos es posible.

La conversación avanza y la palabra “diferente” aparece una y otra vez. Flavio la usa para describir lo que busca, pero también para definir lo que ya encontró: un modo de hacer, una manera de pensar el arte, una relación con el público que excede lo comercial. Para él, la excelencia es la meta, el motor, el deseo.

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—¿Por qué seguir invirtiendo tanto, en vez de apostar por fórmulas probadas?

Porque creo que Argentina da para más. No hay techo. Hay mucha gente talentosa acá. Yo no produzco para ganar, primero busco la excelencia y después que eso me devuelva algo. Es mi pasión. Otros ganan más, pero yo invierto mucho. Es como quien colecciona autos, a mí me gusta coleccionar espectáculos. Me mantiene vivo.

Su mirada se ilumina cuando habla de Dionisio. La paternidad es un capítulo aparte, pero atraviesa todo.

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—Quiero que mi hijo vea lo que hago, que entienda la pasión. Que no se quede quieto. Yo era bailarín y si me quedaba quieto, hoy estaría dando clase en una escuela de danza. No me quedé, armé escuelas, armé espectáculos, genero competencias, aunque no den nada, porque creo que hay que hacerlo.

—¿Dionisio tiene inclinación artística?

—Juega al fútbol, sufrió mucho con el Mundial, ¡y yo con él!. Hace acrobacia, canta. No le exijo que sea artista. Le digo que aproveche, que entrene, que disfrute, que aprenda, pero que no sienta presión. Si después no quiere, está bien. Lo importante es que sea feliz.

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Llega el tema del mundial y la emoción se hace visible. Flavio cuenta que Dionisio ama a Celia, la mamá de Messi, y que la familia de Leo los recibió con cariño.

Entrevista a Flavio Mendoza
Flavio Mendoza ideó el nuevo espectáculo, La Cúpula, donde puso en marcha una mega producción de arte y diseño (Gaston Taylor)

—Terminó el partido con Inglaterra y él me pidió que le escribiera a Celia, que le diga que aunque perdiéramos en la final, nosotros los amamos igual. Messi es así, generoso, humilde. Su familia tiene gestos que te muestra el tipo de gente que es.

—¿Qué sentiste con las críticas a los argentinos que surgieron con este Mundial?

—No les doy bolilla. No le presto atención a eso. Siempre hay gente buena y mala en todas partes. No hay que meter a todos en la misma bolsa. Las redes agrandan todo, los haters solo están para molestar.

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—Volviendo a Dionisio, ¿cómo fue tu deseo de ser papá?

-Mi hermana me impulsó. Primero quise acomodar a mi familia, que mi mamá estuviera bien. Y recién después pensé en mí. No es fácil ser papá solo. Es una responsabilidad gigante, el amor más grande. Lo busqué, lo quise, y cuando sentí que podía, lo hice.

—¿Cómo es la crianza siendo un papá solo?

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—Tiene ventajas y desventajas, ¿no? Como todo. Pero a veces cuando veo los quilombos de los padres separados con los hijos, yo digo: “Uy, qué suerte que soy papá solo, que todas las decisiones las tomo yo”. Las buenas y las malas. Y él va a tener una vida sana en ese aspecto. Sana mentalmente. No va a sufrir esa cosa de los padres separados, que un día estoy con uno y otro con el otro. Nunca quise eso. Hasta cuando estuve en pareja y hubo propuesta, seguí pensando igual. Porque cuando estás en el idilio, en el amor eterno, vos decís ”sí, quiero tener veinte hijos» y después decís no, porque hay una personita y hay que ser responsable.

—Qué bueno que tenés eso tan claro.

—Bueno, yo fui papá de más grande también. Cuando te pasa la edad también creo que te pasan muchas cosas. Tenés más experiencia y no tenés esa cosa más alocada de decir “bueno, vamos con todo ahora”. Yo creo que para mí ser padre y madre hay que buscarlo, tenés que quererlo. Es una gran responsabilidad ser papá o mamá.

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—¿Cómo te llevás con los límites?

—Soy de poner límites. Dionisio, por ejemplo, no sabe lo que es el celular. No lo toca. A veces vamos en un viaje largo y él ni siquiera me pide para hacer un jueguito, porque sabe que el celular es de adulto. Tiene limitada su tablet donde ve un rato las cosas de niños. Hay cosas que le limité porque no quiero que las vea. Si bien yo le explico todo, porque no es que le digo que nacimos de un repollo. Jamás. Pero no me gusta tanto el teléfono porque puede generar adicción. Me parece que no está bueno. Está bueno el deporte. Entonces soy de ponerle límites en esas cosas, pero nunca tuve que poner un límite donde él me hizo un berrinche. Jamás me hizo un berrinche.

—¿Cómo es Dionisio?

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—Es sensible. Y es muy generoso. Da todo, todo lo que tiene lo da. Eso me parece maravilloso. En mi casa casi no hay un juguete, porque todos los dio. Y todos los años yo le digo que hay que regalar cosas, pero si es por él regala todo. A veces me quedo con algún juguete de recuerdo, porque me da lástima, pero a él ni siquiera le importa. Él es de regalar todo. Si viene un compañero o una compañera y le dice que le gusta tal cosa, Dionisio viene y me pregunta: “Ay, papá, lo quiere, ¿se lo doy?”. Y yo lo apruebo. Entonces, eso es muy lindo de él. Muy lindo.

La entrevista termina y Flavio posa para la sesión de fotos. No escatima gestos, sus movimientos encienden la tarde. La cúpula, todavía desnuda, promete convertirse en refugio de fantasía y asombro. En ese espacio, la pasión por crear y el impulso por innovar encuentran su mejor escenario. Flavio Mendoza ha regresado. Príncipe feliz, príncipe dorado y la expresión del artista en estado puro.

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La Joaqui y Luck Ra al borde de la separación: la escandalosa crisis que vive la pareja

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La Joaqui y Luck Ra quedaron en el centro de todas las miradas después de que en LAM revelaran que la pareja estaría atravesando una fuerte crisis. Aunque ninguno de los dos salió a confirmar ni desmentir la información, en el ciclo de Ángel de Brito aseguraron que el vínculo ya no sería el mismo y que la distancia entre ambos lleva varias semanas.

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Las primeras señales aparecieron en las redes sociales. Los fanáticos advirtieron que las últimas fotos juntos fueron publicadas en mayo, algo que llamó especialmente la atención porque hasta hace poco ambos solían compartir con naturalidad distintos momentos de su relación. Ese llamativo silencio virtual no hizo más que potenciar las especulaciones.

«Ellos están en una crisis muy profunda. No están juntos. Ya hace casi un mes y pico, mes y medio. Obviamente, tal vez salgan a negarlo, pero no están bien», aseguraron al aire en el programa de América TV, donde sostuvieron que el presente de la pareja sería mucho más delicado de lo que trascendió hasta ahora.

Según contaron en el ciclo, la decisión de tomar distancia habría partido de Luck Ra. «Él quiere otra cosa para su vida. Ella está muy enamorada y no lo puede entender», revelaron, dejando entrever que existiría una diferencia de sentimientos entre ambos. Incluso, agregaron que eligieron manejar la situación con absoluta reserva para evitar una mayor exposición mediática. «Tomaron la decisión de guardarse mediáticamente en este momento para que ella pueda estar un poco más fuerte para cuando quieran anunciar este tema», explicaron.

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LA JOAQUI Y LUCK RA CERCA DE LA SEPARACIÓN

Como si fuera poco, desde LAM remarcaron que esta no sería la primera crisis que enfrenta la pareja. «Ponele que hace seis meses tuvieron una crisis también. Lograron reflotar, salir adelante. Pero bueno, hay un montón de cosas en el medio», contaron, deslizando que el vínculo ya había atravesado momentos de tensión antes de este supuesto distanciamiento.

Entre los indicios que alimentan las versiones también mencionaron algunos cambios en la rutina de Luck Ra. Según relataron, el cantante continuó compartiendo encuentros con su grupo de amigos, mientras que La Joaqui habría dejado de participar de esas reuniones. «Él tiene un grupo con los traperos conocidos donde ella nunca más fue a ninguna juntada. Ese grupo salía a bailar, él hacía mucho asado y ella nunca más apareció», señalaron.

Otro episodio que despertó sospechas ocurrió durante un reciente streaming que Luck Ra realizó en España. Allí, el chat se llenó de preguntas sobre la supuesta separación, pero el artista eligió no responder. En cambio, según revelaron en LAM, La Joaqui sí dejó entrever una referencia al cantante en el programa que comparte con Flor Jazmín Peña. «Ella, nobleza obliga, lo nombró en su último programa del sábado pasado… Como que habló de él, pero dio pistas», cerraron.

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Darío Barassi contó cuál es la pregunta que más le hacen las señoras mayores en la calle

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El conductor aprovechó la anécdota y les mandó un saludo a todas sus “viejis”

Desde aspectos personales a charlas íntimas, Darío Barassi suele revelar todo tipo de intimidades al aire de su programa. Así las cosas, fiel a su estilo, este viernes el conductor explicó cuál es la pregunta que más le hacen las señoras mayores al verlo en la vía pública.

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Todo sucedió durante la emisión especial de Ahora Caigo (Eltrece), la cual alcanzó los 100 programas al aire. Para celebrarlo, Darío Barassi invitó a participar a concursantes que, a lo largo del año, lograron destacarse y liderar el juego en diferentes emisiones, aunque ninguno de ellos llegó a la gran final. La jornada tuvo un tono particular, atravesada por el reconocible humor de Barassi y también por su sinceridad respecto a los problemas de salud que experimenta desde el inicio del ciclo, en especial las molestias vinculadas al dolor ciático.

En uno de los momentos del programa, Barassi presentó a Vander, un joven de 32 años que trabaja en el ámbito de la estadística deportiva. Fiel a su estilo, el conductor aprovechó para sentarse y descansar las piernas, una costumbre que adoptó desde el comienzo del ciclo a raíz de sus dolores físicos.

En medio de una conversación con Vander, Barassi no dudó en compartir cómo se sentía: “Estoy cansado, me duele todo el cuerpo, sobre todo la espalda, y es viernes. Siento que se me está por abrir una herida. Luli me dijo que estoy panzón, así que no quiero gente joven, prefiero gente como el participante 3, el 2, el 10, que me hacen sentir bien conmigo mismo. Venís vos con tu juventud y me hacés mal”.

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Darío Barassi se sinceró sobre su salud en “Ahora Caigo” y dejó una frase que explotó al aire

Instantes antes de que comenzara el duelo entre dos concursantes, Barassi se refirió a una situación que se repite fuera de cámara y que involucra a su público más fiel. “Todas las señoras mayores me paran en la calle y me preguntan: ‘¿Por qué hacés el programa sentado?’”, relató el conductor, visibilizando el interés y la cercanía de ese sector del público. Barassi aprovechó el comentario para enviarles un saludo: “Les mando un beso a mis viejis”, expresó, antes de retomar la conducción del ciclo.

La anécdota sirvió para mostrar el vínculo que Barassi mantiene con su audiencia y cómo, incluso en medio de un programa en vivo, el conductor encuentra espacio para referirse con humor y naturalidad a los detalles de su vida cotidiana y a las inquietudes de quienes lo siguen.

Días atrás, Barassi volvió a causar impacto en los participantes del programa. En medio de una dinámica del ciclo, Darío jugaba a “La escondida” junto a Martín, el líder ocasional del programa, y una participante apodada Luchi. Todo transcurría con normalidad hasta que una consigna aparentemente simple tomó un giro distinto. El conductor leyó: “Así es la madera contrachapada”, y Martín debía descubrir qué palabra escondía el término “Acredita”. El tiempo avanzaba y el participante no lograba dar con la respuesta.

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Un percance para Darío Barassi

La tensión aumentó cuando el propio Barassi reconoció: “No la sé”. Justo sobre el final, Martín acertó al decir “terciada”. Ante la confirmación, el alivio fue evidente y Barassi no dudó en compartir lo que le acababa de ocurrir: “Ay, se me acaba de salir pis a mí”, expresó entre risas, provocando la reacción inmediata del público y los presentes en el estudio.

El episodio se viralizó rápidamente y sumó una más a la lista de situaciones desopilantes que suele protagonizar el conductor. En ese segmento del programa, la espontaneidad y el humor volvieron a ser los protagonistas, consolidando el estilo que caracteriza al ciclo nocturno de El Trece.

El momento de Barassi quedó registrado como uno de los más recordados de la emisión, debido a la naturalidad con la que el conductor afrontó el percance y su capacidad para reírse de sí mismo frente a las cámaras. La escena ilustra cómo el humor genuino puede surgir en los instantes de mayor tensión, logrando conectar con la audiencia.

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