ECONOMIA
Las ventas de autos 0 km se derrumbaron 25% y mayo es el peor mes de 2026

La cautela que los empresarios del sector automotor mostraron en los últimos días respecto a un cierre de mes “difícil que ojalá llegue a las 46.000 unidades” tenía fundamentos. Los clásicos patentamientos de último momento, muchos de ellos inducidos por las propias marcas a su red de concesionarios para lograr números competitivos, fueron menores a lo habitual, y los casi 4.000 autos diarios que se suelen registrar en los días finales del mes, no llegaron ni siquiera a 3.000.
Este viernes a última hora, la Asociación de Concesionarios de Automotores (ACARA) dio a conocer las cifras oficiales finales de mayo, y las cifras son más desalentadoras aún de lo imaginado. La caída interanual del quinto mes del año fue del 25,6% ya que apenas se patentaron 41.921 autos 0 km en total contra 56.319 de 2025, entre automóviles de uso particular, y vehículos comerciales livianos y pesados.
La recorrida por la evolución durante el año tampoco es positiva porque en la comparación con abril, las ventas también fueron menores en un 12,2%, lo que convirtió a mayo en el tercer mes de retroceso de operaciones de 2026. Febrero era previsible porque el primer mes del año siempre es el de mayores patentamientos por la acumulación de las ventas del mes y las de diciembre postergadas para registrar los autos con el nuevo modelo/año.

Marzo había mostrado una interesante recuperación del 16,5% que parecía equilibrar las cuentas, cerrando el primer trimestre apenas un 3,1% por debajo de 2025. Pero abril volvió a caer un 3,3% nuevamente, y ahora, con el 11% de mayo, la diferencia se profundiza aún más.
Con cinco meses computados, el acumulado del año alcanza a las 247.187 unidades, que también es un número preocupante porque representa una caída de ventas del 9,7%, ya que entre enero y mayo de 2025 se habían registrado 273.819 patentamientos.
“El mercado automotor continuó en mayo con una clara desaceleración interanual, la demanda se mantiene con cautela y muy selectiva al momento de concretar las operaciones”, reconoció Sebastián Beato, presidente de ACARA en un comunicado oficial.
El empresario adjudica parcialmente este comportamiento a un cambio del mercado ante la nueva y variada oferta de vehículos importados.
“Ha cambiado la composición del mercado con la llegada de nuevas marcas y modelos que hoy despiertan la atención del público y han generado una oferta muy amplia y competitiva”.

Sin embargo, los problemas estructurales que limitan el acceso a un auto 0km son el argumento principal de este difícil momento para el sector. Beato los detalla diciendo que son tres variables: “La carga impositiva, que sigue siendo mayor al 50% del costo de un vehículo, las tasas de financiación, que necesitamos que sigan a la baja, y los costos bancarios, que inciden mucho en las operaciones”
Finalmente, en ese escenario, el presidente de ACARA dice que es un muy buen momento para comprar gracias a las bonificaciones y descuentos que se pueden encontrar en los concesionarios. “Quisiera insistir a que la gente aproveche este momento porque va a encontrar en los concesionarios oficiales promociones muy convenientes y estímulos para poder capitalizarlas”, completó.
Entre las marcas Toyota fue la que más autos vendió en mayo con 5.760 unidades, seguida por Volkswagen con 4.954, Fiat con 4.607, Ford 4.030 y Chevrolet con 3.438. En el acumulado del año, la marca alemana sigue liderando pero por poco margen sobre la japonesa. Volkswagen acumula 32.317 y Toyota 31.711 unidades.
Entre los modelos, la pickup Toyota Hilux prevaleció con 2.309 patentamientos, seguida por Ford Ranger con 1.672, Fiat Cronos con 1.627, Ford Territory, que cayó del tercer lugar en las últimas horas y alcanzó las 1.589 unidades, y en quinto lugar quedó el Peugeot 208, que dejó de ser el auto de uso particular más vendido de cada mes como había ocurrido desde enero a abril, aunque todavía sigue primero en el acumulado del año.
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ECONOMIA
Licitación clave: el Gobierno consiguió otros USD 309 millones para pagar la deuda y no liberó pesos al mercado

El gobierno de Javier Milei consiguió otros USD 309 millones para robustecer el programa financiero diseñado con el objetivo de cubrir todos los compromisos hasta 2027 y no liberó pesos al mercado en la licitación clave de deuda que tuvo lugar este miércoles.
La Secretaría de Finanzas informó que la subasta resultó en una adjudicación total de $12,21 billones, tras recibir ofertas por 13,98 billones de pesos. Este resultado implica un rollover del 144,53% respecto a los vencimientos del día, que ascendían a 8,5 billones de pesos.
El bono AO29, denominado en moneda estadounidense y con vencimiento el 31 de octubre de 2029, captó USD 309 millones tras recibir ofertas por 366 millones de dólares. La tasa de corte se ubicó en 8,33% TIREA (8,02% TNA).
Este instrumento, que tiene un tope de USD 2.000 millones, tuvo su debut a mediados de julio. En la primera licitación, el pasado 15 de este mes, la demanda del título resultó muy elevada y la oferta alcanzó los USD 1.046 millones, luego de que se informara que el límite máximo para la adjudicación sería hasta completar el cupo establecido.
No obstante, Finanzas optó por colocar USD 470 millones en la primera ronda y USD 150 millones extra al día siguiente, por lo que el monto total se elevó a 620 millones de dólares. En la última licitación de julio, celebrada hoy, no solo cayó el monto adjudicado sino también el ofertado.
El AO29 es clave para la estrategia financiera del ministro de Economía, Luis Caputo. El fin último de estas colocaciones es fortalecer la posición del Tesoro en dólares para hacer frente a los vencimientos de deuda que quedan para el resto de 2026.
Por otra parte, la licitación en pesos mostró una fuerte participación en los instrumentos a tasa fija. En el caso de las Lecap y Boncap con vencimiento el 16 de octubre de 2026 (S16O6), se adjudicaron $4,61 billones, con una tasa efectiva mensual de 2,05% y una tasa interna de retorno efectiva anual de 27,57 por ciento.
Además, se presentó, por primera vez, un bono dual que actualiza su valor según la TAMAR (la tasa mayorista utilizada como referencia) o el tipo de cambio Dólar Linked, abonando al inversor la rentabilidad más elevada entre ambas alternativas.
Este nuevo título, un cupón cero con vencimiento el 31 de enero de 2028, permite optar por el ajuste más conveniente: ya sea la tasa mayorista para depósitos superiores a $1.000 millones o la evolución del dólar oficial. En tal sentido, el TMVE8 sumó $4,72 billones, con un margen de 6,64% sobre la tasa dual.
En los bonos ajustados por CER/TAMAR, el TXMD8 (vencimiento el 15 de diciembre de 2028) captó $0,87 billones, con una TIREA CER de 5,40 por ciento. En el segmento de instrumentos dólar linked, el D30S6 (vencimiento el 30 de septiembre de 2026) recibió $0,67 billones, con una TIREA de 7,25%, mientras que el D15E7 (vencimiento el 15 de enero de 2027) alcanzó los $1,33 billones, con una TIREA de 5,51 por ciento.
“Ante vencimientos por $8,5 billones, la demanda se concentró fuertemente en el nuevo Dual TAMAR/DLK (novedoso siendo el primer instrumento en moneda dual emitido por esta gestión) que colocó VN USD 3.467 millones aún dejando afuera posturas por VN USD 560 millones y en la LECAP (a 77 días, la de menor plazo ofrecida desde el 28/04/2026); representaron el 39% y el 38% de la colocación, respectivamente”, analizó el economista Federico García Martínez.
Por su parte, García Martínez interpretó que la demanda de cobertura en instrumentos atados a la evolución del dólar se mantuvo “más que firme” con USD 1.610 millones ofertados en conjunto, de los cuales se adjudicaron USD 1.364 millones, excluyendo el TMVE8.
Noticia en desarrollo…
ECONOMIA
Si comprás en el súper con promociones, otros consumidores financian tu ahorro sin darse cuenta

Cada vez que pagás menos por algo —un miércoles de cine, un pasaje sacado con meses de anticipación, una compra con la tarjeta correcta el día de la promoción— alguien más está abonando, en algún lugar de la cadena, la diferencia. No es magia ni generosidad de la empresa, es un mecanismo con nombre propio en economía: el subsidio cruzado.
La lógica es simple. Las empresas saben que no todos sus clientes son iguales: algunos organizan sus compras según las promociones —van al cine un miércoles, sacan el pasaje con seis meses de anticipación, comparten la cuenta de streaming con la familia—. A esos clientes, la empresa les baja el precio a cambio de asegurarse su compra. Pero para no perder plata, en algún punto necesita compensarlo: subiendo (o simplemente no bajando) el precio a quienes no entran en esa lógica.
El resultado, el que paga «de más» no lo nota, porque nunca ve el descuento del otro. Pero está ahí, financiándolo.
El changuito del súper que cambia de precio según el día que elijas
Pensá en una compra de $30.000 en el supermercado. Si la hacés un miércoles, pagando con MODO y tarjeta del Banco Nación, te devuelven el 30% —hasta $12.000 por semana—. Esa misma compra, hecha un jueves cualquiera con otra tarjeta o en efectivo, sale $9.000 más cara. El producto es el mismo, el changuito es el mismo: lo único que cambió fue el día y el medio de pago. Alguien financia esa diferencia, y no es el supermercado —es el cliente que no organiza su semana en función de la promo.
Una entrada de cine en sala 2D cuesta $18.800 cualquier día de la semana. Ese mismo asiento, para la misma película, en el mismo horario, sale $9.400 si vas un miércoles: exactamente la mitad. No hay ningún cambio en el producto —la butaca, la pantalla, la sala son idénticas—. Lo único que se ajustó fue el precio, para captar al espectador que puede elegir cuándo ir. El que va un sábado paga el doble por lo mismo.
Un pasaje Buenos Aires–Bariloche, en la tarifa más económica, cuesta $139.360 si lo comprás con seis meses de anticipación. Comprado una semana antes del vuelo, el mismo asiento en el mismo avión sale $413.018 —un 66% más—. Las aerolíneas saben que el que planifica con meses de anticipación suele ser más sensible al precio, mientras que el que compra a último momento generalmente necesita viajar sí o sí y puede pagar lo que haga falta. Por eso arman el precio así: le cobran barato a uno para asegurarse el asiento ocupado, y caro al otro para sostener el negocio.
Si pagás la suscripción individual de Spotify, pagás $3.299 por mes por tu cuenta, sin compartirla con nadie. Si en cambio la compartís en un plan Familiar (hasta 6 personas) por $5.499, cada integrante termina pagando apenas $916,50 —un 72% menos que el que paga solo—. Y todavía hay un escalón más: la versión gratuita, con anuncios, no paga nada. Ese usuario no financia nada de forma directa, pero tampoco es gratis para la empresa: Spotify lo sostiene con la publicidad y, en definitiva, con lo que pagan los que sí eligen un plan pago.
Si organizás tus compras, podés ahorrarte más de $334.000 en un mes
Si se contabilizan todos estos rubros, un consumidor que planifica sus compras —elige el día del súper, va al cine un miércoles, comparte el streaming con su familia y directamente usa la versión gratuita de varias aplicaciones freemium— puede llegar a ahorrar más de $334.000 en un solo mes, simplemente por organizar sus decisiones de consumo alrededor de las promociones y planes gratuitos disponibles.
La siguiente tabla resume, caso por caso, cuánto paga ese consumidor «elástico» frente al precio de lista, y cuánto es, en pesos y en porcentaje, lo que se ahorra.
Para ahorrar, es clave organizar las decisiones de consumo
La teoría económica detrás del descuento que obtenés pero le hacen pagar a otro
Todo este mecanismo se apoya en una idea bien simple que la microeconomía llama elasticidad de la demanda: mide qué tan sensible es la gente al precio de algo. Si un producto tiene muchos sustitutos —otra marca, otro cine, otra aerolínea— alcanza con subirle un poco el precio para que el consumidor se vaya a comprar a otro lado: es una demanda elástica. Si en cambio no hay alternativas cercanas, la gente sigue comprando casi igual aunque el precio suba: es una demanda inelástica.
Como explica el economista Hal Varian, uno de los autores de referencia en microeconomía, esta distinción no es solo teórica: define directamente qué le conviene hacer a una empresa con sus precios. Cuando la demanda es elástica, bajar el precio puede aumentar el ingreso total, porque el mayor volumen de ventas compensa el menor margen por unidad. Cuando es inelástica, ocurre lo contrario: subir el precio aumenta el ingreso, porque casi nadie deja de comprar.
Ahí está el porqué del subsidio cruzado: en vez de fijar un único precio para «el consumidor promedio» —que en los hechos no existe—, la empresa separa a sus clientes según su elasticidad y le cobra a cada uno lo que ese segmento está dispuesto a pagar. Al cazador de ofertas (elástico) le baja el precio para no perderlo. Al cliente fiel o apurado (inelástico) le sostiene el precio pleno, porque sabe que de todos modos va a comprar.
¿Qué pasa cuando las empresas calculan mal y el sistema se derrumba?
Todo este esquema funciona mientras la empresa acierte en su lectura de cuáles clientes son realmente inelásticos. El problema aparece cuando se equivoca —o cuando deja de acertar con el paso del tiempo—.
Martín Zemborain y Guillermo D’Andrea, profesores del centro CLEMER (IAE), lo plantean en el contexto argentino actual: durante años de alta inflación funcionó la estrategia de subir precios «porque el consumo lo permitía», pero ese margen de maniobra desaparece cuando baja la inflación y el consumidor recupera capacidad de comparar y elegir. En ese escenario, tratar a todos los clientes igual —sin descuentos segmentados, sin marcas «de batalla», sin precios diferenciados por día u horario— tiene un costo concreto: el cliente que la empresa daba por «cautivo» empieza a migrar hacia segundas marcas o hacia las marcas propias de las cadenas, que suelen ser más baratas.
Ese es, en definitiva, el riesgo central de todo el sistema: el subsidio cruzado no depende de que existan dos tipos de clientes, sino de que uno de ellos —el inelástico— siga comportándose como tal. Si la empresa da por sentado que un segmento va a pagar precio pleno sin chistar, y ese segmento en realidad tenía más alternativas de las que la empresa suponía, el cálculo se rompe: caen las ventas del segmento que se pensaba «seguro», cae el margen que financiaba las promociones del segmento elástico, y la empresa termina resignando ingresos por los dos lados a la vez.
Segmentar bien a los clientes, entonces, no es solo una táctica para vender más: es la condición para que el propio subsidio cruzado se sostenga en el tiempo.
En definitiva, cada vez que alguien elige el día del súper, la anticipación del pasaje o el plan familiar del streaming, no solo está ahorrando: está participando, sin saberlo, de un sistema de precios pensado para que ese ahorro exista. Y ese sistema tiene un límite claro. Funciona mientras haya suficientes clientes dispuestos a pagar precio pleno para sostenerlo. El día en que ese equilibrio se rompe, no hay changuito, ni butaca, ni asiento de avión que alcance para cubrir la diferencia. La próxima vez que un precio te parezca sorprendentemente bajo, vale la pena preguntarse: ¿quién lo está pagando por mí?
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ECONOMIA
El Banco Central retomó la compra de dólares y las reservas superaron los USD 49.000 millones

Tras no intervenir en el mercado cambiario ayer por segunda vez en el año, el Banco Central de la República Argentina (BCRA) retomó la compra de divisas al adquirir USD 36 millones este miércoles. Además, las reservas internacionales volvieron a superar los 49.000 millones de dólares.
Desde el comienzo de la cuarta fase del programa monetario y cambiario, la autoridad monetaria sumó 13.164 millones de dólares. El equipo económico había establecido como meta anual para 2026 un rango de entre 10.000 y 17.000 millones de dólares.
Cabe destacar que la autoridad monetaria había permanecido al margen del Mercado Libre de Cambios (MLC) ayer, sin intervenir de forma directa ni dentro ni fuera de él. Se trató de la segunda vez en el año en que no realizó compras de divisas, algo que también ocurrió el pasado 2 de enero de 2026.
Fuentes del organismo liderado por Santiago Bausili señalaron que hubo “compras fuertes del sector de energía“. A pesar de esto, resaltaron que en julio el promedio diario de compras asciende a USD 116 millones, superando los USD 97 millones que promedia el año.
Al mismo tiempo, en dicha jornada se realizó el “fixing” de la D31L6, una letra del Tesoro atada al dólar y con vencimiento el 31 de julio de 2026. Este mecanismo establece el valor oficial del dólar en una fecha determinada y lo publica como referencia para distintas operaciones financieras. En el caso del vencimiento de una letra o un bono vinculado a la dinámica cambiaria, ese valor fijado determina el tipo de cambio que se utilizará para calcular el pago en pesos a los tenedores del instrumento.
En concreto, si el tipo de cambio oficial seguía creciendo, el Ministerio de Economía iba a tener que destinar más recursos al honrar el compromiso con los tenedores de la D31L6. Con un dólar más bajo, se aligeró la carga de los pesos a pagar por parte de la cartera económica.
En paralelo, el segundo día de la semana marcó la primera ocasión en 135 ruedas en que el Banco Central se abstuvo de comprar divisas. Fue una de las tres mejores rachas de compras de los últimos veinte años, apuntalada por los dólares del agro, la minería, la energía y las colocaciones de deuda empresarial y provincial en los mercados internacionales.
Entre enero y julio de 2026, el ingreso de divisas aumentó debido a las liquidaciones de los sectores agropecuario, energético y minero, así como a la colocación de deuda en los mercados internacionales por parte de empresas y gobiernos provinciales. Estos flujos permitieron que la autoridad monetaria captara una parte importante de los dólares que se volcaron al mercado.
Durante junio, el Banco Central decidió moderar su participación con el objetivo de disminuir la presión sobre el tipo de cambio. En ese período, la demanda de dólares subió y el precio mayorista avanzó más de un 5%, superando la inflación por primera vez desde octubre de 2025.
En cuanto a las compras oficiales de junio, sumaron USD 1.418 millones, por debajo de los USD 2.596 millones registrados en mayo y solo por encima del monto de enero, que fue el más bajo del año. En julio, hasta ahora, las adquisiciones llegan a USD 1.999 millones, por encima de lo acumulado en junio.
El Central ya cumplió con el objetivo de acumulación de reservas previsto para 2026. Durante el primer trimestre, el principal desafío estuvo asociado a las necesidades de financiamiento del Ministerio de Economía.
Para sostener el ritmo de compras, la entidad incrementó la emisión de pesos sin utilizar mecanismos de esterilización. Asimismo, el Tesoro absorbió parte del excedente de liquidez mediante la colocación de deuda en moneda local, con el propósito de mantener la estabilidad cambiaria y controlar la suba de precios.
Al cierre de este miércoles, las reservas internacionales se ubicaron en USD 49.200 millones, tras una suba diaria de 269 millones de dólares. Este ascenso se debió, en gran medida, a la suba en la valuación de algunos activos del BCRA, como el oro.
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