CHIMENTOS
Yanina Latorre sigue la guerra contra Mauro Icardi por el amante de la China Suárez: «Estás muy desesperado y…»

La guerra Yanina Latorre– Mauro Icardi suma un nuevo capítulo y se vuelve cada vez más picante. Este fin de semana, el jugador decidió responderle a la conductora de SQP tras ventilar la noticia del supuesto amante de la China Suárez. Por su parte, la ex angelita no dudó en seguir echando leña al fuego y lapidarlo.
A través de Instagram stories, Latorre le respondió el descargo publicado horas antes en esa misma red social. «Maurito, ¿no estás jugando el Mundial? ¿Tenés vida?», expresó haciendo referencia a su no convocatoria para la selección argentina. Este gesto deja en evidencia que al futbolista del Galatasaray le molesta no haber sido considerado para el torneo.
«El lunes te contesto; ahora estoy con amigos. Me gusta que me extrañes y que estés pendiente. Si estás muy desesperado, hablame por WhatsApp», continuó. En esta frase provocadora, la conductora dejó claro que no le importa las provocaciones y que piensa en continuar con esta pelea mediática contra la pareja.
Finalmente, Yanina señaló un error gramatical en el posteo de Icardi al referirse a ella como «Aruzza», en lugar de Arruza. Si bien fue un detalle que pudo haber pasado desapercibido, quiso destacar que la información que maneja Mauro no es del todo verídica y que no conoce bien a la ex angelita. Así, en pocos minutos, su publicación comenzó a llamar la atención de los seguidores.
EL EXPLOSIVO POSTEO DE MAURO ICARDI CONTRA YANINA LATORRE
Mauro Icardi no tardó en responder a Latorre luego de que la panelista difundiera una versión sobre una supuesta infidelidad de la China Suárez. A través de sus redes sociales, el futbolista publicó un mensaje cargado de ironía y críticas, en el que cuestionó las pruebas que, según él, presentó la conductora.
«Pobrecita la Aruzza tikitita… Prometiste fuegos artificiales y tus ‘pruebas’ fueron dos chispitas de pólvora mojada y una tuerca de rosca floja que palanquean. ¿Se te apagó la mecha o qué pasó? Hablaste mucho y demostraste poco. Pensé que estabas para más», publicó el deportista.
Con esas palabras, el delantero volvió a profundizar su enfrentamiento con Latorre, quien había asegurado que Suárez le habría sido infiel con el piloto Franco Deambrosi. Sin embargo, hasta el momento, la actriz no se pronunció sobre esta fuerte acusación en su contra.

Yanina Latorre
CHIMENTOS
Jonás ´El Galgo´Gutiérrez nos abre las puertas de su museo deportivo: “La jabulani está usada porque me traje del mundial”

Tras llegar a una dirección cuyo nombre de por sí ya remite a fútbol, más precisamente al querido y recordado Diego Maradona, el ex jugador abrió las puertas de su casa ubicada en la calle Havana. Sí, esa misma en la que, alguna vez, en el cruce con Segurola, El Diez habitó.
Escoltado con uno de sus tantos perros, Jonás Gutierrez (42) invitó al equipo de Paparazzi a entrar a la vivienda y tras caminar por un pasillo se llegó al tan valioso y destacado museo personal, ese en el que colecciona y guarda detalles importantes que hacen a su carrera deportiva tanto en el país como en el exterior.
“Calculo que tengo alrededor de 400, 500 camisetas”, comenzó El Galgo, como lo apodan, mostrando el cuarto en cuestión. Sin embargo, eso no es todo. En otro sector del piso en el que vive hay un mueble con más casacas, medallas y fotos. ¡Pero aún hay más!.
En el living del departamento, donde elige pocos muebles y decoración escasa, Jonás le dio prioridad a cuadros en los que enmarcó lo que para él son sus camisetas más valiosas. Entre ellas, aparece la que usó cuando jugó en la Selección Nacional, la que le dieron Lio Messi, Roberto Carlos, Carlos Tévez, entre otros.
“Las que tengo colgadas tienen un valor más especial, pero después hay un montón que hoy no podría dejarla de lado, como son la del Kun, la del Pipa, o la de Ever”, comenzó el futbolista que actualmente trabaja en la Tv Pública y agregó: “Creo que las que puse en un cuadro fueron porque también es alguien que admiraba”.
-En las paredes colgadas en cuadros está Messi, Pires, Tevez… y vos
-Y sí, si no me las pongo yo… Sí, sí, sí, obviamente que hay algunas mías, pero Carlito fuera de serie, ni hablar de Leo, bueno, del Kun. Es imposible ponerlas a todas en un cuadros. La realidad que a mí me gustó mucho el tema de, por ahí, los jugadores donde yo me sentía más identificado, como es el caso de Pires, o del Pupi, o de Roberto Carlos. Por un estilo mío de juego, pero si no, pondría a todas. Esto, una vez que termina el partido, se lava todo, y a partir de ahí ya la tenés que cuidar. Es más, a veces se te pegan los números. Por eso le tenés que dar un respiro, un aire, porque si no, se te pega.
-Tuviste la suerte de conocer a Diego Maradona, que te dirija. ¿Tenés algo de él?
-Del Diego no tengo muchas cosas, porque siempre fui muy de que me costaba pedir cosas. Sí tengo por ahí la camiseta del Mundial, firmada por todos, donde está el Diego. Y después una foto de cuando él vino a dar una charla en mi habitación, y la tengo en una computadora, pero no es que tengo cosas firmadas por él. También, la realidad es que una vez que uno está con el Diego todos los días, o sea, es un ser humano como todos, nos cuesta sacarlo de ahí. La verdad que me tocó vivir cosas muy lindas con él y disfrutarlo como persona y sabiendo que tiene los mismos líos que tenemos todos.
-¿Hay alguna remera tuya en particular que tenga un significado, ya sea porque la usaste en algún partido o con la que hiciste un gol especial?
-Yo tengo un par. Para mí hay un par, entre ellas, obviamente mi debut en Vélez. Por lo que significaba. Esa está ahí en un cuadro, la del debut. La del último partido mío en Newcastle también es muy significativa por todo lo que fue, o sea, mi etapa ahí, por lo que me quiere la gente, la ciudad, todo. Y la del debut de la selección. Son cosas que me han marcado como también el debut de la Copa del Mundo que para nosotros, para cada jugador, es algo máximo. Entonces creo que ahí andaría mis camiseta más importantes.
-¿Alguna de esas está alguna por ahí?
– No, estas no. Las otras las tengo en cuadro.
-Ah, pero acá tenemos al Kun. ¿Esa se la sacó y te la dio?
-Sí, siempre cambié con los argentinos. El Kun era terrible, terrible, ¿viste? Yo siempre tengo una anécdota que le cuento siempre, que estábamos en un córner, yo lo marcaba a él de atrás y me dice, Jonás, mira lo que pasó. Cuando me dice así, yo giro y él arranca. Entonces, claro, ¿qué pasó? Me la hizo bien, rencontra bien. Ahora después todos los córneres que había, yo lo apoyaba al Kun, lo apoyaba, y le decía así, y me sentía así al lado del Kun y no le gustaba. Pero es un jugador de la puta madre, un tipazo y que haya podido coincidir con él es algo increíble.
-Elegínos dos más
-Es que esta no te la puedo no elegir. Esta del Pipita. Y esta, la de Carlitos. Unos tipos superlativos, que han marcado una época en el fútbol. Creo que, por ahí, haber ganado títulos con la selección, que por ahí no se le dio, pero han marcado una época y son tipos superlativos.
-¿Qué significa el botín qué tenés en uno de los estantes?
-Este es un premio que le daban al mejor jugador del partido, en la Premier League, la verdad que no tiene mucho de emotivo, sí es algo lindo que a uno lo distingan por eso. Pero cuando uno está en el club quiere ganar y a veces, por ahí, siendo el mejor jugador del partido, no ganas de partido. Entonces, siempre es una distinción y es lindo saber que te reconocen.
-Hay dos medallas, ¿esas qué son?
-Copa Sudamericana. Nosotros ganamos con Independiente la Copa Sudamericana y perdimos, creo que es la Recopa. La verdad que nos hubiese gustado tener la otra, perdimos por penales, pero un ciclo muy lindo. Yo tuve un año muy lindo en Independiente. La verdad que siempre lo reconozco y tuve un año solamente y me hubiese gustado estar más.
-¿Y la cinta de capitán?
-Y algo que me marcó mucho. La verdad que en una ciudad y en un club donde me aman, me dan siempre mucho cariño. Para mí significa mucho el hecho de haber llevado la cinta. Un lugar donde siempre, siempre, siempre yo le voy a estar agradecido por todo el cariño que me dan y me dieron y me siguen dando. Entonces, creo que es especial, más allá de ser capitán o no, pero llevar la cinta significa algo más para lo que es.
-Y para el club también, porque hiciste un gol en ese momento importante.
-Sí. Entonces creo que es algo único que yo siempre respeto y sobre todo agradecido.
-Por último, veo que las pelotas están como usadas, que estuvieron en cancha, ¿qué significado tienen?
– Esto es de la Liga Profesional en un momento, otra es la Jabulani oficial del Mundial.
– ¿Pero te la trajiste de la cancha?
– Esta y esta sí, sí, sí, sí.(se ríe). Obviamente que tener la de la Liga Profesional es algo que, jugando acá al fútbol argentino, a uno le gusta. ¡Y ni hablar de Jabulani que para mí es algo muy importante!.

Jonás Gutiérrez, La casa de los campeones
CHIMENTOS
Mirtha Legrand recordó a Ernestina Pais tras su muerte: “Qué tristeza, se podría haber evitado”

El jueves 26 de junio, a las 19.25, Ernestina Pais murió tras ser embestida por una formación del Tren de la Costa en un paso a nivel de San Isidro. La actriz y periodista de 54 años conducía un Honda City cuando intentó cruzar las vías en la intersección de las calles Sáenz Peña y El Cano con la barrera baja. Se dirigía al teatro para hacer una nueva función de El divorcio del año, la obra de José María Muscari que protagonizaba. Una semana después, Mirtha Legrand y Diego Ramos —integrante del elenco— recordaron a la conductora.
Ramos se había sumado al elenco poco antes del accidente, como reemplazo. Esa noche esperaban a Ernestina para la función cuando el tiempo empezó a pasar sin noticias. “La estábamos esperando para la función y nunca llegó”, dijo el actor frente a Mirtha. Explicó que nadie la apuraba: había salido desde San Isidro a las 19.30 con destino a Tigre, un trayecto de entre 20 y 25 minutos. “Ella llegaba con mucho tiempo, nadie la estaba apurando ni nada por el estilo”, remarcó. Y agregó: “Cuando vivís cerca es cuando más tarde llegás, te confiás que llegás”.
La primera señal llegó desde afuera. Una periodista le envió un mensaje a Muscari preguntando si sabía algo de un accidente de Ernestina con el tren. A partir de ese momento, el elenco comenzó a rastrear información en Twitter e Instagram y a hacer llamados. “Empezamos a ver desde Twitter, Instagram, llamando gente, a ver, al hijo fundamentalmente”, recordó Ramos. Muscari, que esa noche estaba en otro teatro, empezó a llamarla sin obtener respuesta.
El foco se puso en el hijo de Ernestina. Lo llamaron para saber si tenía novedades. El joven fue hasta la casa de su madre a verificar si estaba allí y se encontró con la policía esperándolo en la puerta. Los agentes le pidieron que los acompañara a la casa de su abuelo paterno. Cuando Ramos se enteró de ese detalle, sacó sus propias conclusiones: “Por un choque común y corriente nadie te va a buscar a tu casa. Ya nos imaginamos lo peor”.
El accidente había ocurrido a las 19.25, pero en el teatro recién empezaron a atar cabos cerca de las 20.30. “En realidad esto pasó a las siete y veintipico”, precisó Ramos. “A las ocho y media, ahí la empezamos a llamar y ahí nos empezamos a enterar”. Durante ese intervalo, el elenco no tenía certezas y el público ya esperaba en la puerta para entrar.

Fue el propio Ramos quien salió a comunicar la suspensión de la función. “Salir a decirle a la gente que estaba esperando para entrar que la función se suspendía, sin dar demasiados detalles, porque tampoco los teníamos”, explicó. Mirtha le preguntó directamente si había sido él quien le explicó la situación al público. “Yo le expliqué”, confirmó. Y agregó algo que marcó el tono de toda la conversación: “De hecho, hay mucha gente, familiares muy cercanos, que se han enterado por los medios. Hoy llega la noticia mucho más rápido, por las redes, por todos lados”.
El intercambio cerró con una aclaración que Ramos consideró necesaria. Ante la versión que circuló en redes de que el elenco había presionado a Ernestina para que llegara a tiempo y que eso la llevó a cruzar con la barrera baja, el actor fue terminante: “Mucha gente piensa que la estábamos apurando desde el teatro y por eso cruzó. No, no, no, al contrario”. Mirtha lo respaldó de inmediato: “No es cierto, no es cierto”. “Nosotros no sabíamos qué estaba pasando. Eran las ocho de la noche”, cerró Ramos.
CHIMENTOS
Las Primas: del furor de los ’80 al fenómeno que desafió al tiempo y convirtió sus canciones en himnos bailables

Hay canciones que parecen inmunes al paso del tiempo. No importa cuántas décadas transcurran, cuántas modas musicales nazcan y desaparezcan o cuánto cambien las costumbres: basta con que suenen los primeros acordes para que una pista de baile vuelva a llenarse. Ocurre en casamientos, cumpleaños de 15, fiestas familiares, carnavales cariocas, despedidas de fin de año y hasta en esos karaokes improvisados cuando la madrugada ya hizo perder la vergüenza.
Entonces alguien canta Saca la mano, Antonio y, casi sin proponérselo, varias generaciones terminan compartiendo el mismo estribillo. Lo mismo sucede con Lo nene con lo nene, Dame una alegría o Tocame el piripipí, canciones que atravesaron cuarenta años de historia argentina sin perder vigencia. Detrás de ese fenómeno popular está la historia de Las Primas, un grupo femenino que nació al calor de la televisión de los años 80, vendió más de un millón y medio de discos, conquistó América Latina, compartió pantalla con Alberto Olmedo y Jorge Porcel y terminó convirtiéndose en parte del ADN festivo de los argentinos.
Para entender semejante fenómeno hay que viajar hasta fines de 1985. La democracia todavía daba sus primeros pasos, la televisión abierta atravesaba uno de sus momentos de mayor influencia y un puñado de programas tenía la capacidad de convertir cualquier canción en un éxito nacional de un día para el otro. No existían las redes sociales ni las plataformas digitales; la pantalla era el gran escenario donde nacían las figuras populares. En ese contexto apareció un grupo que entendió como pocos qué era lo que buscaba el público: canciones pegadizas, humor, picardía, coreografías simples y un espíritu festivo que invitaba a cantar desde la primera escucha.
La idea surgió del productor Oscar Beis junto con Carlos Gallego, quienes apostaron por una propuesta diferente dentro de una escena dominada por el pop, el rock y los solistas. La primera formación estuvo integrada por Mariana Colombatti, Josefina Stella, Liliana Barovero, Mónica Garimaldi y Daniela Mori. Cada una aportaba una personalidad distinta, pero juntas construían una imagen fresca, descontracturada y absolutamente reconocible para la televisión de la época.
Su debut llegó en enero de 1986 en Sábados de la Bondad, por Canal 9. Apenas comenzaron a aparecer frente a las cámaras quedó claro que había algo distinto. Las canciones eran simples, directas y estaban pensadas para ser recordadas de inmediato. La televisión hizo el resto. Gracias a un contrato de exclusividad con la emisora comenzaron a participar prácticamente de toda la programación del canal y muy pronto también se incorporaron al exitoso ciclo humorístico Hiperhumor, donde terminaron de consolidar una popularidad que crecía semana tras semana.
La imagen también jugó un papel fundamental. Las integrantes condensaban toda la estética de los años 80: vestidos de lentejuelas, minifaldas, calzas fluorescentes, polainas, hombreras, peinados inflados a fuerza de brushing y litros de laca. Sobre el escenario desplegaban coreografías sencillas que el público podía imitar y una energía contagiosa que convertía cada presentación en una verdadera fiesta. Eran tiempos en los que la televisión fabricaba ídolos familiares y ellas pasaron rápidamente a formar parte de ese universo.
El éxito del primer disco homónimo fue inmediato, aunque la verdadera explosión llegó con “Saca la mano, Antonio”. El tema rompió todos los pronósticos. Sonaba en radios, discotecas, clubes, fiestas privadas y programas de televisión. Su estribillo se instaló con una naturalidad pocas veces vista y terminó convirtiéndose en una de las canciones más populares de la década.
Blas Eduardo es el artista chileno que inventó en 1975, en México, el tema que fuera ícono de la agrupación. Y sí, era la historia real de su amigo Antonio con su pareja, Lupita. Pero no, ella no era su prima, fue sólo una licencia poética. Es más, Blas Eduardo y Antonio fueron amigos en su juventud y después se reencontraron en México. Con Lupita tuvieron dos hijos, Antonio y Rodrigo, de quien el compositor es el padrino.
Per volviendo a las protagonistas de nuestra historia, por el comienzo de la canción, el grupo se iba a llamar Las Primas de Antonio. Después quedó solo en Las Primas.
El fenómeno fue tan grande que incluso Alberto Olmedo y Jorge Porcel decidieron incorporarlo en tono de parodia dentro de Rambito y Rambón, primera misión, la exitosa película dirigida por Enrique Carreras. En aquellos años, ingresar a ese universo equivalía a recibir una especie de certificado definitivo de popularidad.
El vínculo entre los humoristas y Las Primas no terminó allí. Un año después fueron convocadas para participar de Los colimbas al ataque, donde interpretaron “Dame una alegría”, uno de los grandes éxitos de su segundo álbum, luciendo los característicos vestidos brillantes que ya eran parte de su identidad artística. Más tarde regresarían al cine en Las locuras del extraterrestre, compartiendo elenco con Emilio Disi, Javier Portales y Gianni Lunadei, donde presentaron “El gitano picarón”. Aquellas participaciones terminaron de consolidarlas como figuras omnipresentes del espectáculo argentino de fines de los años 80.
Mientras la exposición mediática aumentaba, también lo hacían las ventas. Los discos comenzaron a acumular certificaciones de oro y platino hasta superar el millón y medio de copias vendidas, una cifra extraordinaria para cualquier artista argentino de la época. El fenómeno rápidamente cruzó las fronteras. Las Primas emprendieron extensas giras por América Latina, desembarcaron en México de la mano de Televisa y llegaron al histórico programa Siempre en Domingo, conducido por Raúl Velasco, el ciclo musical más importante del continente. También realizaron presentaciones para la comunidad latina en Estados Unidos, donde sus canciones encontraron un público que seguía con entusiasmo todo lo que llegaba desde la Argentina.

Pero su fenómeno iba mucho más allá de la música. También conquistaron al público infantil gracias a su participación junto al entrañable Topo Gigio, con quien compartieron programas de televisión y luego el espectáculo teatral Las Primas del Topo Gigio, presentado en la calle Corrientes. Era la confirmación de que el grupo había logrado un alcance poco habitual: mientras los adultos bailaban sus canciones cargadas de picardía, los más chicos también las adoptaban como propias gracias a la televisión y al teatro. En muy poco tiempo, se habían convertido en una de las marcas más exitosas del entretenimiento argentino.
Como suele ocurrir con los grandes fenómenos populares, el éxito también trajo cambios. La maquinaria de Las Primas funcionaba a un ritmo frenético. Había presentaciones en televisión, giras por el interior, viajes al exterior, grabaciones, teatro y hasta una agenda que, en determinados momentos, obligaba a realizar varios shows en una misma noche. Mantener ese ritmo no era sencillo y las primeras modificaciones en la formación comenzaron a llegar cuando el grupo todavía se encontraba en la cima de su popularidad.
La primera en alejarse fue Liliana Barovero. Poco después, en mayo de 1987, durante una emisión de La noche del domingo, el programa que conducía Gerardo Sofovich, Josefina Stella y Daniela Mori se despidieron públicamente del grupo. En sus lugares ingresaron Lilit y Fabiola Alonso, mientras Liana quedó como reemplazante. Para el público, sin embargo, el cambio pasó casi inadvertido. La marca Las Primas ya había adquirido una identidad propia que trascendía los nombres de sus integrantes.
Detrás de esa continuidad había una estrategia muy clara. Carlos Gallego entendía que el grupo debía sostener su presencia sin importar las modificaciones internas. Años más tarde recordaría que la figura central era Mónica Garimaldi, la integrante más joven de la formación original, que apenas tenía dieciséis años cuando comenzó la aventura.
“Mónica era la más jovencita, era muy bonita, muy voluptuosa y rápidamente se convirtió en la imagen que más cautivó. Las otras podían cambiar, pero mientras estuviera ella, el público seguía sintiendo que eran Las Primas”, recordaría el productor. Aquella decisión terminó marcando buena parte de la historia del grupo. Mientras las formaciones se modificaban, Garimaldi permanecía como el rostro más reconocible de una marca que seguía llenando teatros y escenarios.
La apuesta, sin embargo, ya no se limitaba a la Argentina. Gracias a la relación que Gallego mantenía con Televisa por sus producciones junto al Topo Gigio, Las Primas desembarcaron en México y el resultado volvió a superar todas las expectativas. Allí también se armó una formación propia encabezada por Fabiola Alonso, que terminó convirtiéndose en la imagen del grupo para el público mexicano.
“En México pasó exactamente lo mismo. Fabiola terminó siendo la cara conocida allá. Mientras una formación trabajaba en la Argentina, otra recorría México. Después incluso hubo un intento en España. La idea era que Las Primas siguieran creciendo como una marca internacional”, recordaría Gallego sobre un proyecto que, para fines de los años ochenta, funcionaba prácticamente como una franquicia artística.
La intensidad del trabajo era enorme. Las giras se multiplicaban y los escenarios también. En paralelo seguían apareciendo nuevos discos que intentaban renovar el repertorio sin abandonar la fórmula que había convertido al grupo en un fenómeno masivo. Más divertidas que nunca, Somos terribles, Invencibles —grabado junto a Ricky Maravilla—, Haceme zaza-zaza, De fiesta y Ponete el sombrero mantuvieron vivo al proyecto durante buena parte de los años noventa, aunque sin repetir el impacto cultural de aquella primera explosión.

Sin embargo, incluso esa etapa menos rutilante dejó una de las curiosidades más llamativas de la música popular argentina. En el álbum De fiesta, publicado en 1991, una joven cantante llamada Miriam Alejandra Bianchi participó realizando coros. En ese momento era apenas una artista que buscaba abrirse camino. Años después, el país entero la conocería con el nombre artístico que la convertiría en leyenda: Gilda.
Mientras el grupo seguía reinventándose, otra de sus integrantes históricas comenzaba a recorrer un camino completamente distinto. Josefina Stella nunca había abandonado del todo su verdadera vocación. En paralelo al fenómeno de Las Primas continuaba desarrollando una sólida carrera dentro de la música lírica y llegó un momento en que ambas actividades se volvieron incompatibles. La exigencia física y artística de sostener las giras, los shows y las grabaciones terminó inclinando la balanza hacia el camino que realmente deseaba seguir.
El recambio continuó durante los primeros años de la década siguiente hasta que, en 1993, se produjo una salida simbólica. Mónica Garimaldi, la última integrante original que permanecía en el grupo, decidió ponerle punto final a esa etapa de su vida. Con su partida se cerraba definitivamente el capítulo fundacional de Las Primas.
Muchos años después, ya completamente alejada del ambiente artístico, Garimaldi volvería a hablar públicamente sobre aquella decisión en una extensa charla con José María Muscari. Para entonces llevaba décadas trabajando como abogada dentro del Poder Judicial y su vida era radicalmente distinta a la de aquella adolescente que recorría el país bailando sobre un escenario.

“Yo hace muchísimo que no estoy en Las Primas. Soy abogada y trabajo para la Justicia. Dejé hace muchos años todo lo que tenía que ver con ‘Saca la mano, Antonio’”, contó con absoluta naturalidad.
Lejos de cualquier escándalo, explicó que nunca existió una decepción con el ambiente artístico. Simplemente descubrió que su verdadera vocación estaba en otro lado.
“Empecé a los dieciséis años. A los veinticuatro me enamoré, quedé embarazada y sentí que era el momento de cerrar esa etapa. Mientras hacía Las Primas seguía estudiando Derecho. La pasé muy bien, viajé muchísimo, conocí lugares increíbles y nunca tuve una mala experiencia, pero cantar nunca fue lo que imaginé hacer toda la vida”.
Su relato también permitió comprender la magnitud económica que había alcanzado el fenómeno durante los ‘80: “Era otra Argentina. Llegábamos a hacer diez, once o doce shows en una sola noche. Arrancábamos en un casamiento en San Isidro y terminábamos a las ocho de la mañana en una bailanta de Merlo. Se trabajaba muchísimo y sí, ganábamos muy bien”.
Con el paso del tiempo, la distancia con el mundo del espectáculo nunca borró el cariño por aquella experiencia. Garimaldi confesó que todavía hoy se sorprende cuando sus hijos regresan de una fiesta y le cuentan que todos terminaron bailando “Saca la mano, Antonio”.
“No lo puedo creer. Me emociona muchísimo. También me sigue pasando que la gente me reconoce. Después de tantos años todavía hay personas que se acercan para decirme que se disfrazaban como yo o que crecieron escuchando nuestras canciones. Eso me sigue sorprendiendo.”
Aun así, descartó cualquier posibilidad de regresar a los escenarios: “Fue una etapa hermosa, pero ya pasó. No volvería. Estoy feliz con la vida que construí. Guardo los mejores recuerdos y no tengo ningún sinsabor. Simplemente entendí que mi camino era otro.”
Su historia resume, de alguna manera, el recorrido de todo el grupo: un fenómeno gigantesco que marcó una época, cambió la vida de sus protagonistas y dejó una huella mucho más profunda de la que cualquiera hubiera imaginado en aquellos años de lentejuelas, coreografías y televisión en vivo.
La historia de Las Primas no terminó cuando las luces de los programas de televisión dejaron de enfocarlas ni cuando la renovación musical de los ’90 desplazó a muchos de los grandes fenómenos de la década anterior. Como suele suceder con los artistas que logran instalarse en el corazón del público, el verdadero legado comenzó mucho después de que pasara el momento de mayor exposición. Porque mientras infinidad de éxitos quedaron atrapados en la nostalgia de una época, ellas encontraron una forma mucho más poderosa de sobrevivir: convertirse en parte de las celebraciones de los argentinos.
No hubo ranking, plataforma digital ni campaña de marketing que explicara ese fenómeno. Simplemente ocurrió. “Saca la mano, Antonio”, “Lo nene con lo nene”, “Dame una alegría”, “Tócame el piripipí” o “El gitano picarón” dejaron de pertenecer exclusivamente a quienes las habían visto nacer, para ser adoptadas por nuevas generaciones que nunca las habían visto en televisión. Las canciones comenzaron a transmitirse de manera casi natural. Pasaron de padres a hijos, de hermanos mayores a menores, de una pista de baile a otra. El trencito del carnaval carioca terminó convirtiéndolas en un clásico absoluto y, cuatro décadas después, siguen apareciendo exactamente en el mismo momento de cada fiesta: cuando la formalidad ya quedó atrás y sólo importa divertirse.
Esa vigencia volvió a quedar demostrada en 2013, cuando varias de las integrantes históricas se reunieron nuevamente sobre un escenario en Córdoba. Más de quince mil personas asistieron a aquel espectáculo que funcionó como una inesperada prueba de cariño. No era simplemente un recital. Era el reencuentro entre un público y un grupo que había acompañado una parte importante de su vida. Los años habían pasado, pero apenas comenzaron a sonar los primeros acordes volvió a producirse el mismo fenómeno de siempre: miles de personas cantando de memoria canciones grabadas treinta años antes.
El vínculo con el público volvió a renovarse en 2020, durante la pandemia de coronavirus. Mientras el mundo entero buscaba maneras de atravesar el aislamiento, algunas exintegrantes decidieron adaptar aquellos viejos clásicos al nuevo contexto sanitario. Así nacieron versiones humorísticas como “Lava tus manos, Antonio” y “Lo nene en cuarentena”, demostrando que aquellas melodías seguían conservando una capacidad única para conectar con la gente incluso en uno de los momentos más difíciles de la historia reciente.

Entre un acontecimiento y otro también hubo nuevos intentos por mantener viva la marca. A comienzos del año 2000, Norberto Marcos, asociado nuevamente con Carlos Gallego, impulsó otra formación de Las Primas con la intención de relanzar el proyecto. Como había sucedido desde finales de los años ochenta, el nombre continuó atravesando distintas etapas, con nuevas cantantes que mantuvieron vivo un repertorio que ya era patrimonio de la música popular argentina.
Por sus filas pasaron decenas de artistas. Algunas continuaron luego carreras vinculadas al espectáculo; otras eligieron caminos completamente distintos. Entre ellas estuvieron Fabiola Alonso, años más tarde esposa del humorista Miguel Ángel Cherutti, y Karina Ranni, quien también integró una de las formaciones posteriores del grupo, además de Fátima Flórez. Pero, más allá de los nombres propios, Las Primas siempre funcionaron como algo mucho más grande que la suma de sus integrantes. Eran una marca, un estilo, una manera de entender el entretenimiento que logró atravesar generaciones.
Quizá por eso resulte tan significativo escuchar hoy a Mónica Garimaldi hablar de aquella etapa sin nostalgia ni arrepentimientos. La mujer que durante años fue la cara más reconocible del grupo construyó una carrera completamente distinta como abogada, formó una familia y dejó definitivamente atrás el universo del espectáculo. Sin embargo, hay algo que todavía la emociona.
Cada vez que alguno de sus hijos vuelve de una fiesta y le cuenta que sonó “Saca la mano, Antonio”, siente que aquellas noches interminables de escenarios, viajes y camarines siguen teniendo sentido. Lo mismo ocurre cuando alguien la reconoce en la calle y le cuenta que de chico imitaba sus coreografías o soñaba con vestirse como ella. Son pequeños gestos que confirman que el verdadero éxito nunca estuvo solamente en los discos vendidos ni en los programas de televisión.

Porque las cifras fueron extraordinarias. Más de un millón y medio de placas comercializadas, discos de oro, discos de platino, giras internacionales, participaciones en películas, presencia permanente en la televisión argentina y actuaciones en algunos de los escenarios más importantes de América Latina. Pero, con el paso del tiempo, todo eso terminó convirtiéndose apenas en una parte de la historia.
Lo verdaderamente excepcional fue otra cosa.
Fue haber logrado que una canción dejara de pertenecer a una época para transformarse en una tradición. Son pocos los artistas que consiguen semejante privilegio. Porque la fama suele ser pasajera, los rankings cambian y las modas se renuevan. Pero cuando una canción logra convertirse en parte de los recuerdos compartidos de un país, deja de pertenecer únicamente a quienes la grabaron.
Y eso fue exactamente lo que consiguió Las Primas. Sin proponérselo, aquellas cinco jóvenes que irrumpieron en la televisión argentina con vestidos brillantes, coreografías simples y melodías irresistibles terminaron escribiendo una de las páginas más populares del espectáculo nacional. Cuatro décadas después, su nombre sigue despertando sonrisas, sus canciones continúan reuniendo generaciones enteras alrededor de una pista de baile y su historia demuestra que algunos fenómenos culturales nunca desaparecen: simplemente encuentran nuevas maneras de seguir sonando.
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