ECONOMIA
Mundial 2026: 5 aspectos del juego y del evento bajo la lupa de la economía, según un estudio del Deutsche Bank

¿La teoría económica tiene algo que decir sobre los grandes eventos deportivos? Ciertamente que sí, fue la respuesta del Deutsche Bank Research Institute, que en un trabajo encabezado por la economista alemana Marion Laboure, que ha analizado el desarrollo bitcoin, las criptomonedas en general y otros mercados en su momento incipientes). En un trabajo publicado durante el desarrollo del Mundial 2026, aplicó el análisis económico a fenómenos del evento y del juego, de los cuales acá seleccionamos cinco.
Para el Mundial 2026, FIFA implementó por primera vez un sistema de precios dinámicos algorítmicos para la venta de entradas, similar a la tarifa variable de Uber, en la que el costo depende de la demanda en tiempo real. El impacto fue inmediato: por ejemplo, a febrero de 2026, el precio mediano de reventa en SeatGeek alcanzó USD 1.291, y para el partido inaugural de Estados Unidos contra Paraguay superó los USD 3.200. Los asientos premium para la final en el MetLife Stadium, con un valor nominal de USD 6.730, fueron triplicados por FIFA hasta llegar a USD 32.970 en mayo. Incluso el presidente Donald Trump declaró públicamente que no pagaría esos precios.
Posteriormente, la demanda se enfrió y los precios para la fase de grupos descendieron 28% hasta USD 928 de mediana, pero volvieron a subir cuando los resultados cobraron importancia. Tras la victoria de Estados Unidos sobre Paraguay, los boletos para el partido siguiente del equipo local subieron 65% en solo 48 horas. A mediados de junio, el 84% de los partidos había experimentado alzas en los precios de reventa.

Este fenómeno se describe como el “efecto Tinkerbell”: el producto (el asiento) no cambia, pero la creencia y la narrativa sí, y eso basta para modificar el precio. FIFA aprovechó esto con un mercado oficial de reventa, cobrando una comisión del 15% al comprador y al vendedor. En el extremo opuesto, partidos como Jordania vs Argelia o Curazao vs Costa de Marfil ofrecieron entradas por menos de USD 450.
La experiencia también mostró que, aunque se esperaba un impacto positivo en la economía de las ciudades sede, los efectos reales fueron limitados. El aumento estimado del PBI estadounidense fue de sólo 0,05%, y la mayoría de las ganancias proyectadas no se materializó, en línea con investigaciones previas que muestran que 12 de los últimos 14 mundiales generaron pérdidas netas para las regiones anfitrionas. En Canadá, por ejemplo, los costos de organización fueron de cerca de 1.070 millones dólares canadienses, lo que muestra que el evento se orienta más al prestigio que al estímulo económico directo.
Los aficionados no valoran activos, sino emociones. Un ejemplo: tras la victoria de EEUU sobre Paraguay, los boletos para el siguiente partido subieron 68% en apenas 48 horas. Los precios para el partido EEUU vs Turquía crecieron 105% en pocos días. El producto es el mismo, pero la narrativa y el contexto reciente alteran drásticamente la disposición a pagar. Esto responde a la teoría de Daniel Kahneman (Premio Nobel de Economía 2002, por sus aportes a la economía del comportamiento), quien demostró que las valoraciones humanas dependen de referencias recientes e información inmediata.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
A su vez, el comportamiento de los fans refleja los sesgos descritos por Richard Thaler (Nobel de Economía 2017). Quienes poseen entradas para partidos en los que su equipo ya no compite enfrentan el dilema del costo hundido: prefieren asistir antes que vender a pérdida, ya que evitar una pérdida tangible pesa más que maximizar el valor. Así, el llenado de estadios no siempre obedece a un aumento real del valor marginal del asiento, sino a la inercia conductual y la aversión a la pérdida.
En contraste, la transmisión televisiva escala casi sin costo marginal, permitiendo que FIFA capture valor no solo del comprador de entradas, sino de cada espectador adicional, lo cual demuestra que en este mercado el precio refleja tanto la psicología como la escasez.
El diseño de las reglas del torneo influye de forma determinante en el comportamiento de los equipos. El ejemplo histórico citado es el partido entre Alemania Occidental y Austria en 1982, en el que ambos sabían que un resultado específico los clasificaba, por lo que jugaron para ese objetivo, dejando fuera a Argelia. Como respuesta, FIFA dispuso que los partidos finales de grupo se jueguen en simultáneo para evitar este tipo de colusión racional.
En 2026, el formato de 12 grupos de cuatro equipos, con ocho mejores terceros que avanzan, genera situaciones donde conviene más asegurar resultados que maximizar el rendimiento. Por ejemplo, Cabo Verde logró clasificar con tres empates, algo inédito desde 1998. En la primera fase, no perder vale tanto como ganar.
Este diseño influye en la estrategia de los equipos. Ghana, tras ganar su primer partido, jugó por el empate ante Inglaterra para asegurar su clasificación. Noruega, ya clasificada, alineó suplentes para ahorrar energías de cara a la siguiente ronda.
Sin embargo, hay límites a los modelos de incentivos: Turquía, ya eliminada, venció a Estados Unidos en tiempo de descuento en un partido sin impacto en la clasificación, motivada por orgullo y la oportunidad de mostrarse para futuros contratos. Esto demuestra que, aunque los incentivos económicos son importantes, no explican todos los comportamientos en el fútbol.
En las rondas finales, la diferencia de calidad entre equipos se reduce y el resultado depende en gran medida de la toma de decisiones individuales bajo presión extrema. Los penales institucionalizan este mecanismo. En los últimos 10 mundiales, cuatro campeones superaron al menos una tanda de penales en su camino al título. Así, una parte significativa de los resultados se decide por un evento de alta varianza, influido por sesgos conductuales.
Estos episodios ilustran la aversión a la pérdida y el equilibrio mixto predicho por la teoría de juegos. Los jugadores prefieren disparos considerados “seguros” aunque una estrategia imprevisible sería más exitosa, porque el costo reputacional de fallar es mayor que el beneficio de marcar. La diferencia en la tasa de acierto es clara: la conversión de penales en tandas del mundial ronda el 70%, contra el 80% en penales durante el juego regular o tiempo extra, una brecha atribuida a la carga psicológica y no a la técnica o distancia. En la Premier League, la conversión es del 80% en contextos de menor presión.

La preparación de los arqueros ha incorporado análisis de datos detallados, lo que obliga a los ejecutores a diversificar sus tiros, acercando el resultado a un equilibrio donde ninguna parte puede sostener una ventaja sistemática. En definitiva, el penal es un examen de resiliencia psicológica, más que de habilidad técnica. Un caso muy conocido fue el de Jordan Pickford, el arquero inglés, que en la Eurocopa 2024 le atajó un penal decisivo en un desempate a Manuel Akanki, jugador de Suiza, por dos razones: demoró lo suficiente para ponerlo nervioso y tenía en su botella de agua, que consultó segundos antes de la ejecución del penal, hacia donde pateaba habitualmente Akanji. “Dive left” (zumbullite a la izquierda) decía la instrucción, así lo hizo e Inglaterra ganó la definición.
Pickford es habitué de las “instrucciones en la botella de agua”, como comprobaron los jugadores de la selección argentina tras eliminar al equipo inglés y encontrar en el arco que en el segundo tiempo había defendido Pickford una botella con instrucciones de cómo proceder ante cada ejecutor argentino en caso de ir a penales, instancia a la que no se llegó porque Argentina revirtió el resultado sobre el final del partido.
Los mercados financieros no valoran resultados, sino expectativas: ante un evento inesperado, como una crisis geopolítica, los precios se ajustan instantáneamente. Los mercados de predicción aplican esa lógica al fútbol: cada contrato refleja una probabilidad implícita actualizada de modo continuo, y cualquier evento —una tarjeta roja, un cambio o un penal fallado— provoca una repriorización inmediata.
Durante el Mundial 2026, el tráfico en apuestas alcanzó picos de 100.000 jugadas por minuto en partidos clave. Plataformas como FanDuel, DraftKings y BetMGM ofrecieron apuestas para todo el torneo, pero lo más interesante es el auge de los mercados de predicción como Kalshi y Polymarket, que duplicaron el volumen de negociación del Super Bowl en las primeras 48 horas del certamen. A diferencia de las casas de apuestas tradicionales, estos mercados permiten comprar y vender posiciones de forma continua, funcionando como mercados secundarios líquidos sobre resultados probabilísticos.
El caso de Argentina ilustra este fenómeno: los campeones defensores comenzaron con una probabilidad implícita de 9% para ganar el torneo, reflejando incertidumbre por la edad de Messi y un cuadro competitivo. Tras una fase de grupos perfecta, esa probabilidad subió a 13%. Pero lo más relevante ocurrió tras el sorteo de octavos: la probabilidad trepó al 21% sin que Argentina hubiera jugado, solo porque el sorteo le ofreció un camino más accesible hasta semifinales. No cambió la calidad del plantel, sino el “mapa probabilístico” hacia el título.
El Mundial funciona así como un mecanismo de descubrimiento de precios en tiempo real, con 104 partidos, USD 50.000 millones en apuestas abiertas y un flujo de información continuo que desafía la anticipación de los participantes. La conclusión del informe es que la lógica económica domina: precios más altos, fuertes ingresos y un fútbol globalizado y consolidado como motor de un enorme negocio.
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ECONOMIA
Cuánto debería rendir un plazo fijo tradicional por mes para no perder plata

l nuevo dato de inflación, que confirma una tendencia a la baja, todavía no «le alcanza» al plazo fijo tradicional para mostrar una tasa positiva y pasar a ser ganador. De esta forma, economistas de la City detallan cuánto debería pagar hoy una colocación bancaria para seducir a los ahorristas a volver a invertir en los depósitos en pesos.
Cabe recordar que a mitad de mes, el Indec difundió el índice de precios al consumidor (IPC) registrado en junio, que fue del 1,9% mensual; una cifra que sería similar en julio, según las proyecciones de mercado.
«Después de la baja de la inflación al 2,1% en mayo, el dato de junio parece traer más alivio y continuar a la baja, donde pasaron ciertos factores estacionales que afectaron en los primeros meses del año y también ayuda el dólar calmo. De ese modo, las dudas sobre si conviene apostar al plazo fijo se renuevan, ya que también se espera que en julio la inflación se ubique en torno al 1,8%», detalla a iProfesional Roberto Geretto, co-jefe de portfolio manager en Adcap.
Al respecto, las tasas en pesos que pagan los plazos fijos tradicionales —que en el mejor de los casos llegan hasta el 21% nominal anual (TNA) en algún banco líder, como el Provincia— representan una renta del 1,72% a 30 días, el período mínimo de encaje de los fondos requerido por el sistema financiero.
Es decir, un porcentaje negativo para el ahorrista debido a que se encuentra por debajo de la inflación registrada, lo que provoca una pérdida de poder de compra. Incluso, algunos bancos líderes están pagando en sus plazos fijos un mínimo del 16% de TNA, lo que equivale a una ganancia del 1,3% mensual.
En este escenario, el precio del dólar se encuentra estable en todo julio, por lo que, desde ese aspecto, tampoco seduce al inversor.
En resumidas cuentas, en el camino de desinflación de la economía, «una baja o suba de la inflación puede ir acompañada con un movimiento de tasas, siendo necesario calcular mes a mes estas variables», grafica Geretto sobre cómo se debe tener en cuenta la renta ofrecida por el plazo fijo de acá en adelante.
A ello suma Isabel Botta, product manager de Balanz: «La desaceleración de la inflación empieza a configurar un nuevo escenario para las inversiones en pesos. Con expectativas más contenidas para los próximos meses, la selección de instrumentos cobra mayor relevancia y vuelve a poner el foco en el horizonte de inversión y las necesidades de liquidez de cada inversor».
Cuál es la tasa ideal de un plazo fijo, según los analistas
Para determinar qué tasa de interés para el plazo fijo tradicional debería ser seductora para el ahorrista, se debe tener en cuenta, en primera medida, cuál es la inflación prevista para los próximos meses.
De acuerdo al último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), la encuesta que realiza el Banco Central entre unos 44 economistas, se proyecta que la inflación podría ubicarse en un nivel similar a la informada para junio, ya que el estimado es del 2% para el corriente julio, aunque para varios economistas privados puede llegar a ser del 1,8%.
Las proyecciones del REM para los próximos meses son las siguientes:
- Para agosto se aguarda una suba del IPC del 1,8% mensual
- Para septiembre también se proyecta un 1,8% mensual
- Para los próximos 12 meses, el relevamiento del BCRA aguarda una inflación del 22,3%
«Si anualizamos el proyectado dato de IPC del 1,80% que tenemos para julio, arroja una tasa efectiva anual (TEA) del 23,90%. Por lo tanto, con una tasa de plazo fijo a 30 días en 21,60% de TNA, se produce la misma TEA», justifica Geretto a iProfesional.
En consecuencia, indica que si se le agrega una prima de riesgo del 0,5% mensual, la tasa nominal anual (TNA) del plazo fijo «sube a 27,60%» para incorporar dicha prima.
«Por lo tanto, si se observa la tasa Tamar (Tasa Mayorista de Argentina), que es el interés promedio que pagan los bancos por depósitos a plazo fijo mayoristas en pesos en torno al 22% (y las tasas minoristas se ubican en menos), se puede ver que esta tasa es casi neutra en términos reales», dice Geretto.
Sin embargo, aclara que dicha tasa del 22% de TNA «ya no es negativa como ocurría en los primeros meses del año. De todos modos, actualmente la tasa de plazo fijo no parece brindar un retorno real y menos otorgar una prima de riesgo», concluye.
En concreto, una TNA del 22% representa una renta mensual del 1,8%, el nivel mínimo previsto para la inflación del corriente julio.
Factores clave que influyen en el rendimiento del plazo fijo
En resumidas cuentas, salvo un puñado acotado de bancos chicos que llega a pagar hasta el 23% de TNA —y apenas igualan la inflación registrada en junio pasado—, en general, el plazo fijo brinda una renta apenas negativa. Este hecho invalida este instrumento como una opción atractiva para los ahorristas.
«La tasa actual del plazo fijo en torno al 22% de TNA no remunera totalmente la inflación si se mantiene en los niveles actuales, pero si la inflación baja se puede volver positiva en términos reales. La clave también va a ser si la actual tasa que pagan los bancos se mantiene constante o no. También, en la comparación mes a mes, parecería incorporar poca prima de riesgo por sorpresas inflacionarias, aunque este es un factor subjetivo y dependerá de cada inversor», completa Geretto.
Adicionalmente, acota que el Banco Central, en su afán de absorber los pesos emitidos por la compra de reservas, «vende bonos dólar linked o el Tesoro renueva más del 100% de su deuda, dando más volatilidad a las tasas de mercado. Entonces, en el mes a mes, no solo va a importar la inflación, sino también la cantidad de pesos que se inyecten o absorban por estas vías».
Finalmente, Geretto advierte que también es importante que se reactive la intermediación crediticia para que los bancos puedan subir las tasas pasivas. Es decir, si sube la demanda de préstamos por parte de individuos y empresas, las entidades financieras van a necesitar captar más pesos en el mercado, por lo que deberían subir la renta que pagan por las colocaciones de los plazos fijos tradicionales para seducir a los ahorristas.
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ECONOMIA
Boom exportador: prevén que el superávit comercial sumará USD 7.000 millones en la segunda mitad del año

El comercio exterior argentino volvió a mostrar una performance excepcional en junio. El país registró un superávit comercial de USD 2.194 millones, casi tres veces superior al del mismo mes del año pasado, impulsado por un fuerte crecimiento de las exportaciones y una recuperación mucho más moderada de las importaciones.
Con este resultado, el saldo positivo acumulado en el primer semestre alcanzó los USD 13.923 millones, una cifra que ya supera el superávit obtenido durante todo 2025. Se trata de una señal de la fortaleza que mantiene el frente externo de la economía, en un contexto en el que las ventas al exterior siguen batiendo récords.
“Las perspectivas para el segundo semestre siguen siendo favorables. Si bien podría observarse una recuperación gradual de las importaciones a medida que avance la actividad económica, el fuerte dinamismo de las exportaciones permitiría cerrar 2026 con ventas externas cercanas a los USD 100.000 millones y un superávit comercial próximo a los USD 21.000 millones, casi el doble del registrado el año pasado”, indicaron desde la consultora Abeceb.
Esto significa que dos tercios del superávit de la balanza comercial se obtuvieron en el primer semestre. Por lo tanto, en la segunda parte del año quedarían unos USD 7.000 millones. De esto se deduce que la oferta de dólares, al menos derivado del saldo del comercio exterior, será sensiblemente menor en los meses venideros.

Esta proyección lleva a consultoras como Invecq a calcular un dólar oficial cercano a los $1.800 para fin de año contra $1.500 actuales. El salto sería mayor a la inflación, es decir que el tipo de cambio real se depreciaría levemente en los próximos meses.
En lo que va de julio, sin embargo, el tipo de cambio mostró tranquilidad total, en un escenario de buena liquidación todavía del campo e ingreso de divisas por la colocación de ON por parte de empresas y bancos en el exterior.
Las exportaciones crecieron 24,5% interanual hasta los USD 9.055 millones, sostenidas tanto por un aumento de los precios internacionales como por un incremento en los volúmenes embarcados. El principal motor volvió a ser el complejo sojero: los derivados industriales de la soja explicaron alrededor de un tercio del aumento de las exportaciones del mes. También tuvieron un aporte decisivo el petróleo crudo, favorecido por los elevados precios internacionales de la energía, y los productos químicos.
El desempeño exportador reflejó además la continuidad del impacto que tuvo el conflicto en Medio Oriente sobre las cotizaciones internacionales de la energía y otras materias primas, fenómeno que sigue mejorando los términos del intercambio para Argentina.
Del lado de las importaciones, el crecimiento fue considerablemente más moderado. Las compras externas aumentaron 7,3% interanual hasta los USD 6.861 millones, aunque el incremento respondió casi exclusivamente al encarecimiento de los precios internacionales.
De hecho, las cantidades importadas retrocedieron 3,8% respecto de un año atrás, reflejando que la demanda interna todavía muestra cierta debilidad.
La caída fue especialmente marcada en las importaciones vinculadas al sector automotor y a los bienes de capital, mientras que el mayor incremento se observó en combustibles y lubricantes, producto del alza internacional del petróleo.
De confirmarse estas proyecciones, 2026 se consolidará como uno de los mejores años para el sector externo argentino de las últimas décadas, con el comercio exterior convirtiéndose nuevamente en uno de los principales pilares de la estabilidad macroeconómica.
ECONOMIA
Cuáles son las pocas inversiones seguras que le ganan a la inflación en Argentina

Tras la reciente difusión del dato oficial de inflación, que fue del 1,9% en junio según el Indec, los ahorristas buscan conocer cuáles son las inversiones recomendadas por los expertos que le ganan en poder de compra al índice de precios al consumidor (IPC). Es que, con una cotización del dólar que se mantiene estable en el corriente mes, el billete estadounidense pierde frente a la variable mencionada. Lo mismo ocurre con las tasas en pesos de los plazos fijos tradicionales, que pagan menos del 1,6% mensual.
El dato al que prestan atención los analistas es el último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM), la encuesta que realiza el Banco Central entre unos 44 economistas, en el que se proyecta que la inflación podría ser similar en el corriente julio, mes para el cual se estima un 2%. En tanto, para agosto y septiembre se aguarda una suba de precios del 1,8% mensual.
Además, el índice de precios al consumidor (IPC) esperado por el REM a 12 meses es del 22,3%.
En base a estas proyecciones, diferentes analistas de mercado empiezan a proponer -más allá del obvio plazo fijo UVA- letras y bonos en pesos a corto y mediano plazo. También suman algunos títulos en dólares.
«La desaceleración de la inflación empieza a configurar un nuevo escenario para las inversiones en pesos. Con expectativas más contenidas para los próximos meses, la selección de instrumentos cobra mayor relevancia y vuelve a poner el foco en el horizonte de inversión y las necesidades de liquidez de cada inversor», contextualiza Isabel Botta, product manager de Balanz.
En qué invertir en pesos: las alternativas recomendadas por los analistas
En resumidas cuentas, los expertos de la City consultados por iProfesional detallan cuáles son las inversiones que están recomendando en este momento para ganarle a la inflación.
«Luego del dato de inflación de 1,9% en junio, se abre una buena oportunidad para analizar alternativas. Para quienes buscan obtener un rendimiento superior al ritmo de aumento de los precios, en el mercado local, el Tesoro ofrece bonos ajustados por CER, que es el índice que calcula el BCRA en función de la inflación, que, según el plazo de vencimiento, pueden rendir hasta 9% anual por encima del IPC«, resume Milo Farro, analista de Rava Bursátil.
Al respecto, suma Andrés Repetto, analista de mercado y fundador de Andy Stop Loss: «Lo único que le gana a la inflación de manera segura son los bonos CER, ya que te pagan un interés por encima de la inflación, por lo que siempre le ganás. Por ejemplo, sucede con el bono Discount en pesos (DICP) o el Par, también en moneda nacional (PARP)».
En cuanto al resto de las alternativas, sostiene: «No te aseguran ganarle a la inflación porque no son activos que pretendan hacerlo. Algunos instrumentos te van a proteger de la suba del dólar, como por ejemplo los bonos soberanos en moneda estadounidense, como los emitidos al 2035 (AL35), al 2038 (AE38) o alguna obligación negociable (ON), como la Clase XXXIV de YPF (YM34D), que es un bono corporativo en dólares con vencimiento en enero de 2034, que paga una tasa fija anual del 8,25% (cupón)».
Desde la cobertura realizada por Gustavo Neffa, economista y director de Research for Traders (RfT), indica, en base a una inflación a 12 meses esperada en 22,3% por el REM:
- Lecap a noviembre de 2026 (S13N6) que rinde 23,7% anual
- Boncap a abril de 2027 (T30A7) que promete un rendimiento del 24,76%
- Boncap a mayo de 2027 que rinde 24,86% anual
- Boncer cero cupón a diciembre de 2027 (TZXD7), que ofrece un rendimiento del 6,78% más inflación
- Boncer cero cupón a junio de 2028 (TZX28), que rinde 7,94% más inflación
- Boncer cero cupón a septiembre de 2028 (TZXS8), que promete un retorno del 8,09% más inflación
- Boncer cero cupón a marzo de 2029 (TZXM9), que rinde 8,13% más inflación
También Farro destaca, en el tramo medio de la curva, el TZX28, y, en el tramo largo, el Discount en pesos (DICP), que presenta un retorno del 8,4% anual sobre el IPC, aunque «al vencer en 2033 suele mostrar una mayor volatilidad. Para ambas alternativas se recomienda un horizonte de inversión mínimo de seis meses, con el objetivo de atravesar eventuales movimientos de precio», subraya.
Para el manejo de la liquidez, Botta detalla: «Seguimos favoreciendo los instrumentos CER de corto plazo, donde los vencimientos hasta julio operan prácticamente como alternativas a tasa fija, en un contexto de expectativas de inflación más contenidas para ese período. Dentro de este segmento, destacamos el emitido al 30 de septiembre de 2026 (X30S6)«.
Bonos CER y Lecaps: opciones con cobertura frente a la inflación
En resumidas cuentas, las recomendaciones generalizadas por los analistas de mercado relevados por iProfesional giran en torno a los instrumentos de renta fija que ajustan por CER (inflación) más un plus, aunque también se suman otras opciones.
«La mejor alternativa son los bonos o las letras CER. En mi caso, compraría letras CER que venzan antes de diciembre, porque en los años electorales el dólar suele subir más que la inflación, por lo que creo que para el perfil de riesgo promedio de los argentinos tendrá más sentido tener ONs en dólares en 2027 que bonos en pesos», resume Leonardo Guidi, analista de AN Conectar Bursátil.
Y completa: «Concretamente, compraría los bonos CER TZXO6 y TZXD6, que vencen en octubre y diciembre de este año, respectivamente, y rinden un 0,1% y 0,3% mensual por arriba de la inflación, en cada caso. Teniendo en cuenta que la inflación va en descenso, también tiene sentido comprar Lecaps con vencimiento durante este año. Como son más riesgosas al darte tasa fija, rinden un poco más que las letras CER. Me refiero a la que vence en noviembre que viene (S30N6), que es la que más me gusta porque rinde 1,9% mensual, donde se supone que la inflación será menor cada mes a ese nivel el resto del año».
Asimismo, Farro indica que, dentro de las opciones más recientes, también se destacan los bonos duales CER-TAMAR, que «pagan el mayor rendimiento entre la inflación y la tasa variable. En este segmento, uno de los instrumentos más atractivos es el TXMJ8, con vencimiento en junio de 2028».
En la misma sintonía, Botta propone otro bono dual: «Dentro de la curva en pesos, seguimos priorizando instrumentos que combinen rendimiento y cobertura frente a distintos escenarios. En este marco, mantenemos nuestra preferencia por el TXMJ0, que vence el 28 de junio de 2030 y ofrece protección ante una eventual suba de las tasas de corto plazo y frente a distintos escenarios económicos posteriores a 2027, sin resignar rendimiento respecto de los bonos CER comparables».
Por último, para quienes busquen capturar un rendimiento adicional por encima de la inflación, Farro advierte: «Pueden destinar una parte de su cartera de largo plazo a acciones del sector energético, como Vista e YPF. En este caso, el potencial de retorno es mayor«.
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