POLITICA
Golpeado, el Gobierno busca amparo en Macri y relaja los dogmas

El Gobierno acusó el golpe que sufrió la semana pasada, cuando vio desmoronarse en el Congreso su obsesión reformista. Karina Milei activó la vía política: reabrió el acercamiento a Mauricio Macri, ordenó emprolijar la agenda legislativa y limpió de nuevas polémicas la reforma de la Ley de Inocencia Fiscal. Antes de que el escándalo creciera, dio de baja la posibilidad de que los funcionarios puedan adherir al beneficio impositivo. Consiguió dictamen, casi sin debate. Abandonó los dogmas. En la otra vereda, el peronismo olió sangre. Por primera vez, el principal espacio opositor reaccionó rápido y salió a mostrarle a los libertarios que está vivo y en construcción de su oferta electoral. Los dos polos ratificaron sus pertenencias.
El diálogo entre Karina Milei y Macri dejó mucho más que la reunión posterior del jefe de Gabinete, Diego Santilli, con sus socios históricos, Cristian Ritondo y Fernando De Andreis. En el Pro creen que fue la admisión de que solos no pueden avanzar. Las versiones de quién marcó primero el contacto del otro difieren. Cerca del expresidente dicen que llamó Karina. En el Gobierno apuran con que Macri fue al pie. La novela dice bastante de la tensión que se mantiene. Lo cierto es que el diálogo no fue el último lunes. Fue anterior. Se fue construyendo. Arrancó antes del mundial. Fueron contactos informales. Eduardo y Martín Menem con De Andreis por un lado, Santilli y Ritondo, por el otro. “Se venían acercando y decantó en un llamado de Karina a Macri”, aportan cerca del ex presidente. Le bajan el precio a quién tomó la iniciativa. Lo central es el contenido, dicen. En lo que sí parece haber acuerdo es en la desconfianza mutua. Macri insiste. “Soy escéptico”, transmitió. Lejos del entusiasmo que pareció mostrar el Gobierno, el expresidente lo contó casi como un ultimátum. Dijo, palabras más, palabras menos, que el Pro tiene el álbum de fotos completo con La Libertad Avanza, dando a entender que ya no quiere apostar demasiado al reunionismo, pero que igual había ordenado que fueran para darle una nueva oportunidad a Milei. “Evitamos los temas sensibles”, contó uno de los actores del diálogo. Hablaba de las candidaturas y el acuerdo electoral, que nadie imagina hasta llegado fin de año.
“Si no hay acuerdo en la Capital, no hay nada”, refuerza el concepto un dirigente amarillo.
¿Eso supone mantener su alianza para que Milei logre reelegir? “Es una declaración muy lavada”, se atajan quienes promueven una alternativa. El problema de su espacio es que está partido. Uno, que camina hacia la fusión completa con los libertarios, encarnados en Ritondo; el otro, el que quiere ser una opción electoral, en el que se ubica Hernán Lacunza. El exministro ratifica su idea de mantener su candidatura presidencial. Y de hecho, alertó sobre la última medida del Gobierno para facilitar los préstamos en dólares. “Ya hicimos eso a fines de los noventa y terminamos con la pesificación asimétrica, no cometamos los mismos errores”, reclamó. Lo mismo dijo Guido Sandleris, expresidente del Banco Central, que expuso que la regulación pos derrumbe “permitió que la Argentina atravesara todas las crisis cambiarias desde 2001 sin sufrir una crisis bancaria. No fue casualidad: fue el resultado de haber aprendido una lección muy costosa”.

Al debate se sumó Andrés Neumeyer, profesor de Economía de la Universidad Torcuato Di Tella y ex economista jefe del Banco Central durante la gestión de Federico Sturzenegger. Quienes conocen ese vínculo sostienen que el ministro piensa parecido. “Somos muchos los que pensamos que este relajamiento no es una buena idea. Relajar la política crediticia en las puertas de un año electoral mientras se discute la independencia del BCRA tampoco es una buena idea”, escribió en X. “Federico se quedó conforme cuando se definió que fuera solo para las empresas”, expresó un integrante del ala política.
El problema que tendrá el macrismo es explicar, cada 15 días, qué avances tuvieron las negociaciones. Para que se cierre el acuerdo electoral falta una eternidad. Eso pactaron los interlocutores, encontrarse cada dos semanas, para armar, en principio, una agenda parlamentaria conjunta.
Ala política versus ala económica
La impaciencia por la falta de resultados económicos va tomando la discusión de la mesa política. Luis Caputo insiste que necesita tener ordenado el frente electoral para bajar la incertidumbre económica. “Por eso se reactivaron los contactos”, refuerzan los negociadores. Creen, de todas maneras, que con eso no alcanza y apuntan a la reactivación que no llega. “A contramano de lo que todos piensan, la política es lo que más ordenado está, el problema es la economía”, ratifican cerca de Santilli, empoderado tras el aval a su candidatura en la provincia de Buenos Aires por parte de los interlocutores del Pro.
El empleo tampoco muestra señales positivas. Desde la asunción de Milei se perdieron 411.613 puestos de trabajo registrados, de los cuales 70.217 se dieron en mayo.
Sobre el debate mesa política versus mesa económica, la consultora 1816, de las más leídas en el mercado, pone el dedo en la llaga en su último informe. “Los últimos datos económicos tampoco ayudan a mejorar las expectativas de los inversores con respecto a la actividad y a las perspectivas políticas de mediano plazo. No porque las cifras agregadas sean preocupantes, sino más bien porque siguen consolidando la idea de una economía muy heterogénea, con energía y minería volando y con los sectores más tradicionalmente intensivos en mano de obra sin terminar de recuperarse”, apuntó.
Caputo no muestra a la mesa política herramientas para salir del estancamiento económico en las zonas más afectadas y eso inquieta al resto del gabinete. Sólo presentó la idea de los créditos en dólares. Según Suramericana Visión, la consultora del exministro Martín Guzmán, “el sector en el que puede haber algún impacto es la construcción, no así la industria”. Y agrega: “Va creciendo el riesgo de que esas regulaciones continúen flexibilizándose y que así se empiece a construir un riesgo sistémico en el sector financiero, algo que no se registró bajo el esquema que prevaleció desde la crisis de 2001”.
La semana cerró con una nueva suba del riesgo país, que alcanzó niveles máximos desde principios de junio pasado al cerrar en 472 puntos. Lo que pasa en Estados Unidos no queda en Estados Unidos. Las mejoras en los datos de inflación y creación de empleo en el país gobernado por Donald Trump no alcanzan para despejar las dudas del mercado respecto de un aumento de tasas de la FED para este año, lo que reduce el atractivo de los bonos argentinos. La próxima reunión será el 16 de septiembre.
Ocho días en Olivos
Pasaron ocho días desde la última aparición en público de Javier Milei. Recluido en la quinta de Olivos, el Presidente no tuvo actividad en toda la semana. No sólo no se mostró, sino que tampoco estuvo en la Casa Rosada. La última vez que se lo vio fue tras su viaje por Ecuador y Colombia. Chateó con algunos funcionarios y legisladores, y recién el viernes por la noche se conoció que había estado con el economista Sebastián Galiani. El invitado lo contó en X, pero a las horas desapareció el mensaje. Decía así. “Anoche tuve el gran placer de cenar con el presidente Milei, y debo decir, sus famosas milanesas son exquisitas. Encontré al Presidente compenetrado con la gestión, convencido, como siempre, del rumbo de cambio que le está dando a la Argentina y pensando ya en muchas de las reformas que quedan pendientes para un segundo mandato. Hablamos mucho de ópera y la conversación fue muy amena. Es un guerrero, conoce bien las fuerzas de resistencia que enfrenta y, aun así, ha avanzado muchísimo. Ojalá sea reelecto”. Milei volverá a mostrarse mañana en el acto por el 17 de Agosto en Plaza San Martín, a las 15.
La cumbre del Emperador
El golpe que padeció el Gobierno en el Senado, y el cambio rotundo de la agenda parlamentaria, despertó al peronismo. La contracumbre de los sectores en disputa dejó un mensaje en claro: el compromiso de preservar la herramienta de las PASO para definir las candidaturas presidenciales. Fue una clara ratificación de pertenencias, lejos aún de los acuerdos. De la reunión participaron todos los gobernadores agrupados bajo el amplio paraguas opositor. Desde Axel Kicillof (Buenos Aires), pasando por Ricardo Quintela (La Rioja), Sergio Ziliotto (La Pampa), Gildo Insfrán (Formosa) y Gustavo Melella (Tierra del Fuego), además del senador y ex mandatario Gerardo Zamora (Santiago del Estero). El compromiso es que nadie sacará los pies del plato, que ya es mucho. La convocaron los jefes de bloque, José Mayans y Germán Martínez. Por supuesto estuvieron Sergio Massa y Máximo Kirchner. Ninguno opuso resistencia. Mayans lo habló previamente con Cristina Kirchner, a quien vio el lunes. “Me parece bien, convocá”, le dijo la ex presidenta.

El sector de Kicillof salió conforme del encuentro. Entienden que el compromiso por la interna partidaria es lo que necesitan para disputar la candidatura sin dedo. En ese escenario, el desafío se le presenta sobre todo a Cristina. ¿Quién será su candidato? ¿A quién va a apoyar en una interna que tiene de un lado a Kicillof? El candidato de Cristina es Cristina. Al menos por ahora, es lo que transmiten desde San José 1111. La posibilidad de que el comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas avale la medida cautelar que presentó por la violación de sus derechos políticos debería definirse en octubre. No tratará la cuestión de fondo, si estuvo bien o mal condenada, sino la urgencia. Cerca de la expresidenta confían en una decisión favorable, por eso mantienen la expectativa en público de que sea ella la candidata.
Esa sola posibilidad abre paso a un mundo de especulaciones porque hay algo innegociable en su historial electoral. Cristina no competirá contra nadie. “No está nada descartado, ella va a definir por lo que indique el contexto, como hizo con Scioli, Alberto y Massa”. Nadie descarta en su entorno que, llegado el momento, apoye a Kicillof. Massa cree que con Kicillof no alcanza, que hay que abrir hacia opciones de centro, donde se ubica él. Es poco probable que Cristina apoye a Massa en una interna contra Kicillof, pero todo es posible. De ahí la necesidad de tener un candidato puramente kirchnerista. “La decisión no se va a tomar por enojo, ella quiere que el peronismo gane”, insisten a su lado. También reconocen que el PJ no está en condiciones de llevar adelante una interna abierta en caso de que el Gobierno logre suspender las PASO. Esa imposibilidad se da, por un lado, por falta de recursos económicos y por otro, porque los gobernadores vaciaron el partido cuando asumió Cristina.
El próximo paso peronista
El peronismo aspira a la ruptura de los bloques del centro. Se ilusionan con un paso al costado del diputado por Misiones Oscar Herrera Ahuad, por ejemplo, que integra el bloque de Innovación Federal, los siempre aliados del Gobierno. Son cuatro los representantes de esa provincia. La pelea del gobernador Hugo Passalacqua y Carlos Rovira precipitaría consecuencias en la Cámara de Diputados. Ese es el próximo paso de la cumbre del hotel Emperador. En el Senado, el bloque Independencia, del gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, ya se desmarcó del Gobierno, igual que los misioneros. Hay legisladores que manifiestan distancia con la Casa Rosada. A lo que fue el desprendimiento de adhesiones por la ley de inviolabilidad de la propiedad privada, se suman más voces. La semana pasada, la senadora por Salta, Flavia Royón, reiteró su rechazo al FAL, el fondo de cese laboral que comenzará a regir en noviembre. Busca derogarlo y ya tiene presentado un proyecto. Para el peronismo, es cuestión de tiempo para que comiencen a maridar las agendas de esos sectores.
Patricia Bullrich está preocupada. Sabe que perdió el apoyo de los 44 senadores y que cada vez le será más difícil conseguir votos. Los dos santacruceños hasta se fueron del grupo de whatsapp. “Si articulan los peronistas, no sacás nada más”, reflexionan cerca de la jefa de bloque de los libertarios. De la última reunión de mesa política, sin foto, salió la idea de promover iniciativas que tengan que ver con temas de educación y una agenda más social. Todavía no presentaron nada. Ella reclama que la Casa Rosada arregle sobre todo con el radicalismo para poder acercarse al número que requiere la eliminación de las primarias.
El otro punto en que se concentrará la oposición es en instalar el debate por el estado de las rutas y la coparticipación del impuesto a los combustibles, que cayó el año pasado cuando los aliados de la Casa Rosada le quitaron apoyo al proyecto horas después de haberlo promovido. Pasado mañana se abrirá la comisión de Obras Públicas para empezar a debatir el tema con la participación de más de 100 intendentes de todo el país. Para la oposición, se adelantó la campaña. Para el Gobierno, se le consumió el crédito político en el Congreso.
Crece el ningunismo
En medio de los dos polos crece una corriente novedosa: el ningunismo. Son aquellas personas que no se identifican con ningún partido político, y son mayoría. El dato surge del estudio de Creencias Sociales del Observatorio Pulsar.UBA que se conocerá pasado mañana, que establece que el 42% de los consultados no se identifica con ninguna opción partidaria. En tres años alcanzó el valor más alto de la serie. El trabajo determina además que el desinterés por la política vuelve al centro de la escena. El 63% declara estar poco o nada interesado, 18 puntos más que en 2025, que ya fue un problema. Y qué pasa con el centro. Parece ser por ahora un refugio antes que una postura política moderada. En una escala de 1 (izquierda) a 10 (derecha), la sociedad argentina se ubica en un promedio de 5,3. “Los ningunistas lo hacen en 5,1. Esta posición aparece como un “no lugar” desde el cual tomar distancia de etiquetas y divisiones que generan cada vez menos identificación”, refuerza el informe.
El Gobierno sigue mostrando un descenso en las encuestas. El último sondeo de la universidad de San Andrés marca que la insatisfacción general alcanza al 69% de los encuestados. La aprobación de Milei es del 35% y la desaprobación del 61%. No recupera nada. Se estanca. Lo que muestra la encuesta es un escenario de paridad entre el peronismo (26%) y los libertarios (24%). Así se explica el impulso reunionista de ambos sectores esta semana.
El dato que surge de ese sondeo es un elevado nivel de indecisos (20%) y de quienes no quieren revelar su preferencia (5%). En ese escenario, el peronismo conserva la fidelidad del 69% del voto a Massa en 2023, mientras que LLA retiene el 61% de su voto en primera vuelta. Milei se queda con su núcleo duro, incluso reducido. La Libertad Avanza retiene solo el 38% de los votantes de Bullrich 2023, que podrían formar parte de los nuevos ningunistas. Esos a quienes los dos polos todavía no les hablan.
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La mirada de Washington sobre la Argentina: la ley de Milei que preocupa, la definición sobre Malvinas y tres escenarios para 2027

Javier Milei llegó el miércoles a Washington para encontrarse con una Argentina que entusiasma. La de los proyectos petroleros y gas en Vaca Muerta, los minerales críticos y las inversiones que prometen cambiar la escala de las exportaciones. El jueves recibió aplausos y una distinción por su defensa de la libre empresa en la Cámara de Comercio de Estados Unidos, frente al parque Lafayette, a metros de la Casa Blanca. Ese mismo día, por la tarde, frente al Congreso argentino hubo piedras, gases y enfrentamientos durante la movilización por el financiamiento universitario.
Las dos escenas condensaron la distancia entre las expectativas que despierta el país afuera y los conflictos que atraviesan su transformación adentro. Son las dos Argentinas que el Gobierno necesita acercar antes de 2027. En Washington las observan con atención: quienes celebran las oportunidades de inversión también se preguntan si el costo de la transición puede poner en riesgo la continuidad del programa.
El Presidente llevó una respuesta confiada. Calificó los resultados sociales de su gestión como un milagro, defendió la apertura aun cuando genere efectos distintos entre sectores y se mostró convencido de que los argentinos volverán a elegir su modelo. Su certeza electoral, sin embargo, no clausura el debate en los despachos políticos y financieros estadounidenses.
En los ámbitos políticos, diplomáticos y financieros de Washington, el respaldo al rumbo argentino convive con advertencias. El interés estratégico por la Argentina excede la afinidad entre Milei y Donald Trump. Pero esa alianza tiene límites, y el entusiasmo económico también depende de decisiones que se toman en Buenos Aires.
La preocupación por una ley que puede levantar barreras
En Washington, el entusiasmo por las oportunidades de inversión en la Argentina convive con una preocupación concreta: que el proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional, la denominada ley por las Malvinas termine levantando nuevas barreras para las empresas y complique los negocios que el propio Gobierno busca atraer.
El temor es que la iniciativa levante nuevas barreras en un mercado que el Gobierno busca abrir. La preocupación no se limita a una discusión diplomática: apunta al alcance económico de las sanciones vinculadas con la explotación de recursos en Malvinas y a cómo podrían afectar las decisiones empresariales.
La preocupación tiene una explicación concreta: la industria petrolera depende de una red internacional de proveedores especializados que no siempre permite separar los negocios de Malvinas de los proyectos argentinos. Las restricciones sobre esas compañías podrían encarecer servicios, demorar inversiones o dificultar campañas de exploración. El efecto podría alcanzar incluso a las operaciones de las propias empresas argentinas.
El cruce ya tiene ejemplos públicos. La firma Bluewater fabricó las monoboyas del oleoducto Vaca Muerta Sur, impulsado por un consorcio encabezado por YPF, y tiene vínculos con Sea Lion. Fugro, también investigada por sus actividades relacionadas con las islas, anunció un contrato para el proyecto Argentina LNG de YPF y sus socios.
El Gobierno exhibe como un resultado favorable que grandes proveedoras hayan descartado trabajar en Malvinas para priorizar el mercado argentino. Pero la superposición de contratos muestra el riesgo de que el endurecimiento de las sanciones termine complicando también los proyectos energéticos que busca impulsar dentro del país.
La situación es seguida con atención en distintas oficinas públicas de Washington, donde se considera que la previsibilidad de las reglas y el acceso a los mercados son condiciones centrales para sostener el interés empresarial.
Milei anunció la iniciativa el 3 de septiembre, en una cadena nacional que combinó el rechazo al avance del proyecto petrolero Sea Lion con la expectativa abierta por declaraciones de Trump sobre una posible revisión de la posición estadounidense. La elaboración del texto tuvo a Legal y Técnica en el centro de la redacción y a Santiago Caputo entre sus impulsores políticos. El proyecto incorporó, además, modificaciones en seguridad y defensa que exceden las sanciones por recursos naturales.
La iniciativa todavía debe atravesar el Congreso. El miércoles 14, el oficialismo no consiguió cerrar un acuerdo para firmar dictamen y continuó negociando cambios con los bloques aliados.
La paradoja es que la inquietud aparece en sectores que acompañan la apertura argentina y esperan avances en el Acuerdo sobre Comercio e Inversiones Recíprocos, conocido como ARTI. Durante la visita presidencial, Pablo Quirno y el representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, firmaron un protocolo adicional para habilitar el envío del entendimiento al Congreso.
El interés comercial convive con la búsqueda de garantías frente al calendario político. En ese punto, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones es valorado como una herramienta para sostener los proyectos aun durante la incertidumbre electoral.
Malvinas, el límite que no modifica la afinidad con Trump
La apuesta de Estados Unidos por profundizar la relación con la Argentina es decidida. La afinidad entre Milei y Donald Trump acelera ese acercamiento, pero el interés también responde al valor estratégico de los recursos argentinos. Ese respaldo, sin embargo, no implica un cambio de posición frente a Malvinas: en Washington no se prevé abandonar la neutralidad en la disputa por la soberanía de las islas.
El contraste pone un límite a la traducción doméstica de la cercanía con Trump. La alianza abre oportunidades, pero no supone que Washington vaya a acompañar a Buenos Aires en cada uno de sus reclamos.
¿Por qué, entonces, Trump abrió la puerta a revisar esa posición? La interpretación que circula en Washington remite a una herramienta habitual del presidente estadounidense: la ambigüedad estratégica. Sus declaraciones sobre Malvinas son leídas como una forma de presionar al Reino Unido y desequilibrar a sus interlocutores, sin comprometerse con una decisión concreta. Para la Argentina, el riesgo consiste en convertir esa ambigüedad en una promesa.
El interés de Estados Unidos, de todos modos, tiene fundamentos que van más allá de la relación personal entre los mandatarios. La energía, los minerales y la competencia con China ocupan un lugar central en esa agenda. La Argentina ofrece recursos y una posición regional que Washington considera valiosos.
En YPF proyectan que el desarrollo energético permita sumar más de US$30.000 millones anuales de exportaciones para la Argentina a partir de 2030. La compañía también estima una balanza comercial energética positiva de US$45.000 millones para 2031 y los años siguientes. Son proyecciones para el conjunto del país, que ayudan a dimensionar el valor estratégico de sus recursos.

En Pan American Energy (PAE) destacan que Southern Energy, el consorcio en el que participan, ya acordó exportar a Alemania dos millones de toneladas anuales de gas natural licuado durante ocho años, a partir de 2027. Según las estimaciones de la empresa, ese acuerdo representa más de US$7000 millones en exportaciones. La oportunidad energética argentina empieza así a traducirse en compromisos comerciales de largo plazo.
La relación también responde a necesidades estadounidenses. Milei facilita y acelera el acercamiento, mientras los recursos argentinos ofrecen razones para sostenerlo más allá de la afinidad personal entre los presidentes.
Los tres escenarios para 2027
Entre los análisis que circulan en la banca internacional hay tres hipótesis electorales: la reelección de Milei, un gobierno peronista moderado que preserve aspectos centrales del rumbo y una oposición dispuesta a revertirlo. En esa evaluación, la continuidad del Presidente sigue siendo el escenario más probable.
La segunda alternativa introduce un matiz relevante. Un cambio de signo político no necesariamente implicaría desarmar el programa. Podría aparecer un peronismo que conserve su orientación general y preste más atención al mercado interno.
El tercer escenario, que aparece con menor probabilidad en ese esquema, sería un regreso a políticas que subordinen la estabilidad de largo plazo a objetivos inmediatos. La evaluación distingue esos programas de las personas: también reconoce que en los espacios opositores hay equipos que comprenden las restricciones económicas, aunque su capacidad de influir en una eventual gestión sea otra incógnita.
En ese mapa también pesan los vínculos que Sergio Massa conserva en Washington, un activo dentro de un peronismo dividido. En la misma evaluación pesan su imagen negativa y las dificultades para reunir consensos internos. Esos contactos no equivalen a una candidatura definida ni a una preferencia estadounidense por su regreso.
Para estimar las probabilidades, el análisis también mira a los gobernadores. Muchos de los proyectos vinculados con la energía y los recursos naturales se concentran en provincias del interior. Sus mandatarios tienen incentivos para que esas inversiones avancen, aun cuando no compartan la identidad partidaria del Presidente.
Esos intereses pesan también en la composición del Congreso y en los apoyos que necesitaría cualquier intento de cambiar el rumbo. A eso se agregan las divisiones opositoras y las dificultades para construir una propuesta y un liderazgo comunes. La tesis es que existen obstáculos políticos para una reversión, incluso más allá del resultado presidencial. No que ese riesgo haya desaparecido.
Cómo administrar la transición sin perder la elección
La discusión sobre 2027 conduce a una pregunta económica inmediata: qué hacer con los sectores que soportan el costo del cambio de modelo mientras las nuevas inversiones todavía no producen un beneficio extendido.
Entre quienes siguen la economía argentina desde Washington también se discute la necesidad de introducir medidas para gestionar la transición. La preocupación alcanza a sectores que acompañan la orientación general del programa y quieren que perdure: estabilizar la economía es una condición necesaria, pero insuficiente, para transformar las oportunidades en crecimiento. En ese debate aparecen propuestas como reducir la carga de Ingresos Brutos mediante una negociación con las provincias y revisar el rechazo general a las regulaciones.
Una de las discusiones financieras reconoce el esfuerzo de estabilización y, al mismo tiempo, plantea que parte del costo del ajuste podría haberse amortiguado, especialmente en áreas como universidades y discapacidad.
La Argentina de la energía, la minería y el agro concentra expectativas de crecimiento. La de las actividades que enfrentan mayores dificultades no puede esperar indefinidamente a que esos proyectos se conviertan en empleo, ingresos y demanda. En el análisis financiero aparece una objeción concreta: el traslado de trabajadores desde los sectores que pierden actividad hacia las provincias mineras y energéticas difícilmente ocurra con la velocidad que necesita la política. El desafío político consiste en que los tiempos de una y otra no vuelvan incompatible la continuidad de las reformas con la necesidad de ganar una elección.
Milei defendió en Washington la lógica de la reasignación de recursos y sostuvo que la Argentina no tiene un problema de empleo. En los ámbitos económicos y financieros de la capital estadounidense, el debate se desplaza hacia la forma de administrar sus consecuencias. Cuánto acompañamiento hace falta, con qué instrumentos y cómo evitar que el malestar termine frustrando las inversiones que hoy despiertan entusiasmo. La expansión del crédito y de un mercado de capitales estable aparece como una vía para que los ingresos exportadores lleguen también a la construcción, los servicios y el consumo. Pero ese proceso requiere tiempo.
También aparece una duda sobre el propio Presidente: si la convicción que le permitió ejecutar el ajuste puede convivir ahora con la flexibilidad que requiere esta etapa.
Las imágenes del jueves dejaron esa distancia expuesta: los aplausos de una audiencia empresaria y, horas después, las piedras y los gases frente al Congreso. Desde Washington se apuesta por la Argentina que promete crecer. También se sigue a la que necesita llegar hasta ese crecimiento.
Javier Milei, Washington
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De cara al debate por el endeudamiento familiar, el Gobierno sostiene un discurso duro y considera que funciona para la imagen de Milei

En los últimos días la Casa Rosada vio repuntar levemente la imagen de Javier Milei, y de cara al debate de temas sensibles vinculados a la economía en el Congreso durante los próximos días mantendrán incólume el discurso duro que en la oposición consideran cruel.
Después de la batalla campal en la calle y de la pelea minuto a minuto el jueves pasado, dentro del recinto, por el DNU 70, la Cámara de Diputados volverá a ser el eje de la atención en la semana que se inicia mañana. Esta vez, para retomar la serie de proyectos controversiales cuyo debate se aplazó; donde el endeudamiento familiar aparece como principal tema que vincula el plano económico con el social y que afecta a amplios sectores.
En el oficialismo, a pesar de todo, le restan importancia.
“No es un tema”, dijeron en Economía. “No se endeudan para comer. No son grandes gastos, es que la gente administra mal el dinero”, sostienen funcionarios que analizaron los números en profundidad y atribuyen esos problemas a las compras online y a las nuevas facilidades para importar productos a bajo precio del exterior.
No obstante, hay cierto registro: saben que es políticamente incorrecto decir tal cosa en público y sólo lo manifiestan por lo bajo, aunque con total convencimiento.
El diagnóstico del Gobierno es, lisa y llanamente, que el endeudamiento es el resultado de un plan virtuoso. Por un lado, porque es una señal -como suele repetir el vocero presidencial, Adrián Ravier, en sus conferencias de prensa- de que “volvió el crédito”. Pero también, agregan en privado, porque el Gobierno “generó una cuestión de aspiración”. En la mirada de los libertarios, la mora es una señal de que hay mayor confianza. “Se generó una competencia de mercado”, justifican, con seguridad.
Con estas premisas en mente, durante los próximos días encararán el debate por los endeudados sin recalcular, a pesar de que el tema, cuentan los analistas locales, fue un problema grave para Lula da Silva en Brasil.
Milei está convencido del rumbo económico a pesar de los llamados de atención desde el ala política. Pero también desoye los pedidos de algunas voces libertarias de que al menos sus alfiles intercalen los latigazos con “caricias”, como dijo un referente violeta de vínculo directo con la cúpula y con llegada al territorio bonaerense.
Esas voces están convencidas también del rumbo económico, pero sugieren cambios en el terreno declamativo. En la mesa política, en cambio, no creen necesario matizar la narrativa tajante. Milei deslizó algún concepto conciliador hace tres semanas, cuando reconoció que “la foto es horrible”. Pero ni el jefe de Estado ni los ministros creen que haga falta algún tipo de matiz en el tema social. “Así nos quisieron, así nos quieren”, dijeron en LLA.
Mientras, Axel Kicillof aún no dio detalles de eventuales avances de la investigación que lanzó en agosto, cuando el tema se ubicó en el centro de la agenda, junto a su Secretario de Hacienda, Augusto Costa. Dijo que investigaría a entidades como Mercado Libre, en una conferencia de prensa sobre las condiciones de los créditos otorgados por billeteras virtuales y posibles abusos contra los consumidores.
Más allá de esa medida, en la oposición trabajan para que en Diputados el Gobierno sufra un revés el miércoles, tras su propio fracaso en la búsqueda del quórum para derogar el DNU 70/23. En la mesa política, en cambio, están convencidos de que la sesión del 21 -que convocaron para dar de baja la del jueves pasado- está “atada”.
“Esta semana no va a ser tan complicada. Los dictámenes ya fueron consensuados y firmados con los aliados”, dijeron.
Vienen con aires triunfalistas de la pelea contra la oposición en la Cámara baja a pesar de que en el saldo total tuvieron problemas serios, las dudas que se generaron por el operativo de seguridad en las inmediaciones del Congreso, y los incidentes con la policía. Y las encuestas que miran en la Casa Rosada son el principal sostén de la estrategia narrativa. El Presidente subió en algunas de ellas, y eso refuerza la idea de que “decir la verdad”, como lo plantean, no tiene costo para su imagen. Para el oficialismo, el electorado valora la firmeza del mensaje, incluso cuando es incómodo.
La oposición, en cambio, lee otra cosa. Sus referentes señalan que el Gobierno naturaliza una situación que golpea a miles de familias y que el discurso de que “la gente administra mal” desconoce el contexto de ingresos y consumo. De ahí la acusación sobre la “crueldad”, que se repetirá en el recinto cuando llegue el turno del proyecto de endeudamiento familiar.
Mientras en el Congreso la oposición se ilusiona con que el oficialismo sufra un nuevo revés, en la Casa Rosada creen que no ocurrirá. Con los dictámenes firmados por los aliados, la sesión del 21 es para ellos una oportunidad de demostrar que, más allá del ruido, tienen los números. Y de seguir sin recalcular el mensaje.
South America / Central America
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Batalla de Curupaytí: por qué la derrota de la Triple Alianza sigue generando debate

Curupaytí duró apenas unas horas, pero sus consecuencias todavía generan debates. Después de los avances aliados en territorio paraguayo, el ataque chocó contra una posición defensiva cuidadosamente preparada, un terreno convertido en barro por las lluvias y una cadena de decisiones militares que todavía es objeto de debate.
La pregunta central permanece abierta: ¿fue Curupaytí una derrota provocada principalmente por los errores del mando aliado o una victoria paraguaya producto de una defensa excepcionalmente preparada?
Las respuestas de los especialistas consultados por TN no son idénticas. Sin embargo, existen coincidencias: la importancia de las fortificaciones paraguayas, las dificultades del terreno, la ineficacia del bombardeo naval, los problemas de coordinación y el enorme costo humano.
Las diferencias aparecen cuando se intenta establecer cuánto de la derrota correspondió a Bartolomé Mitre, cuánto a los mandos brasileños y cuánto a una estructura de comando que ya presentaba problemas.
Once historiadores sobre Curupaytí
TN consultó a once especialistas de los cuatro países involucrados y a uno de los principales historiadores extranjeros dedicados al conflicto.
Thomas Whigham, profesor emérito de Historia de la Universidad de Georgia y autor de seis libros sobre la Guerra Guasú; Carlos Aleksy Von Horoch Benítez, miembro de la Academia Paraguaya de la Historia; Esteban Chiaradia, investigador argentino del INDEAL y director de un proyecto sobre las historiografías de la Guerra de la Triple Alianza; Carlos A. Díaz Vecino, presidente del Instituto de Historia y Cultura Militar del Uruguay; Miguel Domingo Escalante Galain, director del Museo Histórico del Ejército Argentino; y Carlos María Fraquelli, oficial de Estado Mayor argentino y magíster en Historia de la Guerra.
También participaron Pablo Palermo, abogado e investigador de la Guerra del Paraguay e integrante del Instituto Argentino de Historia Militar; Héctor Horacio Prechi, general de división retirado del Ejército Argentino y exsubjefe del Estado Mayor; Eduardo Ortíz Mereles, especialista en Historia del Paraguay; José Emilio Urdapilleta Romero, académico de la Academia de Historia y Geografía Militar del Paraguay; y Helton Costa, historiador brasileño cuyas investigaciones incluyen la Guerra del Paraguay y la prensa de los países involucrados.
Una batalla que cambió el ritmo de la guerra
Para Díaz Vecino, Curupaytí fue posiblemente el principal “punto de quiebre estratégico y político” de la guerra. Después de una sucesión de avances aliados, Paraguay obtuvo una victoria defensiva que alteró el ritmo de las operaciones y obligó a los aliados a reorganizar su conducción.
Von Horoch Benítez introduce un matiz: considera un mito afirmar que Curupaytí paralizó completamente la guerra. Según su interpretación, la derrota obligó al mando aliado a buscar otros caminos hacia Humaitá.


















