ECONOMIA
Cambio de tendencia en el IPC y alivio para Caputo: rubro alimentos ahora juega a favor
El Gobierno no sólo puede festejar el quiebre de la tendencia ascendente del IPC. Acaso más importante, se confirmó que el sensible rubro de alimentos, que en los últimos meses había sido uno de los de mayores incrementos, está ahora relativamente estable.
El desglose de los datos del Indec marca que la inflación promedio de 2,6% de abril estuvo empujada, sobre todo, por la suba de combustibles y tarifas de servicios públicos, así como por otros rubros de aumentos típicamente estacionales, como la educación y la vestimenta. En cambio, los alimentos apenas tuvieron un incremento de 1,5%.
Es, probablemente, una situación que Toto Caputo esté interpretando como una confirmación de que estuvo en lo correcto al negarse a actualizar la canasta de relevamiento de precios. En la canasta «vieja» -la que se sigue aplicando, y que refleja patrones de consumo del año 2004- se asigna a los servicios públicos una ponderación de apenas 9,4% del presupuesto familiar, mientras que la frustrada canasta actualizada que había diseñado Marco Lavagna, esa ponderación subía a 14,5%.
En otras palabras, el IPC de abril habría dado más alto, ya que las subas tarifarias no se ven reflejadas en su real impacto sobre el gasto familiar. En contraste, el rubro de alimentos sigue sobre-estimado, al aplicarse una ponderación de 26,9%, en vez del 22,8% que estaba previsto en la canasta actualizada.
La consecuencia es que, así como el IPC se vio perjudicado en los últimos meses, sobre todo por la disparada en el precio de la carne, ahora resultó minimizado, gracias a la estabilización en los precios de alimentos.
Un alivio en la canasta alimentaria
La celebración se justifica aun más cuando se analiza la evolución de la canasta básica alimentaria, la que marca la línea a partir de la cual se ingresa en la categoría de indigencia. Entre octubre y febrero, esa canasta se había encarecido más que el IPC, lo que indica un probable empeoramiento en los índices de indigencia.
La tendencia se quebró en marzo, cuando frente a un IPC de 3,4%, la canasta se encareció un 2,2%. Y en abril se repitió la situación: frente a un 2,6% de inflación promedio, la canasta básica sólo aumentó un 1,1%.
Hablando en plata, se necesita $665.053 para que una familia tipo, de dos adultos y dos niños en edad escolar, puedan mantener una dieta sana que permita reponer nutrientes a diario.
Según el último censo de pobreza del Indec, un 4,8% de la población sigue debajo de la línea de indigencia. Se trata de una cifra alentadora, si se tiene en cuenta que en el primer semestre de 2024 la medición había dado un impactante 13,6%, que viene bajando aceleradamente.
El interrogante ahora es si el próximo dato de pobreza e indigencia, que se publicará en septiembre y reflejará la situación social del primer semestre de 2026, sostendrá esa baja o si, por incidencia del encarecimiento de alimentos ocurrida en verano, habrá un nuevo retroceso.
El «factor carne» cambia de signo
El «factor carne» había sido uno de los fenómenos imprevistos por Caputo a inicios de año. La presunción del ministro era que, como ocurre todos los veranos, los precios en las carnicerías se estabilizarían después del clásico pico de consumo findeañero. Sin embargo, se constataron subas que no estaban en los planes, y que le «pegaron» al IPC en el rubro alimentos, que el gobierno creía iba a compensar por los aumentos tarifarios.
Eso fue lo que explicó los altos índices de enero, febrero y marzo: los alimentos aumentaron por encima del promedio de la inflación general -en realidad, hubo una saga de seis meses, que recién se cortó en abril-.
Y el motor de esos aumentos fue la carne vacuna, que en marzo marcó un incremento de precios de 6,9%, después de haber aumentado 7,2% en febrero, 4,4% en enero y 7,3% en diciembre. Por fin, en abril se registró una mínima variación negativa.
La anomalía de esta situación llevó a varios analistas cercanos al gobierno a proponer un índice inflacionario «descarnado», con el argumento de que, en realidad, la inflación «real» se encontraba casi un punto por debajo de lo que reflejaba el índice del Indec.
Y lo paradójico de la situación es que si Toto Caputo hubiese aceptado la aplicación del nuevo IPC que había preparado el renunciado Lavagna, el impacto de la carne vacuna habría sido mucho menor. Ocurre que el actual IPC le sigue asignando hoy la misma ponderación en el presupuesto familiar que la que tenía en el año 2004, a pesar de que hoy el nivel de consumo es de 49,9 kilos anuales per capita, un 35% menos que los 63,9 kilos que se consumían en 2004.
Qué pasa en las carnicerías
¿Por qué se produjo en verano ese inesperado pico en las carnicerías? Por un abrupto descenso – más de un 10%- de la oferta de animales para faena, lo cual llevó al mercado de hacienda de Cañuelas a que se pagara hasta $5.300 por kilo de novillito de hasta 390 kilos, algo que superó todas las expectativas del sector.
La retracción ocurrió por un cambio en la actitud de los ganaderos, que después de años de haber enviado a faena a animales en edad reproductora, ahora quieren aprovechar los buenos precios para recomponer el stock de animales, que cayó debajo de los 50 kilos de cabezas, el número más bajo de los últimos 15 años.
A diferencia de lo que ocurrió en los últimos años, ahora es más negocio engordar un animal hasta más de 480 kilos, en vez de mandarlo al matadero con 300 kilos. Y ese cambio en la ecuación del negocio ocurre por el abaratamiento relativo del maíz, el principal insumo para el engorde del vacuno.
Puesto en números, ahora para comprar 10 kilos de maíz se necesita apenas medio kilo de novillo, cuando el costo histórico era de un kilo. Esto ocurrió no sólo por el aumento en el precio de la carne, sino además por la excelente campaña maicera, que aportará un volumen de 60 millones de toneladas.
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ECONOMIA
La morosidad en los créditos de bancos y billeteras tiene su foco principal en los menores de 25 años
Los jóvenes precarizados concentran el impacto más duro de la morosidad en los créditos: un estudio del Centro de Estudios de la Ciudad con apoyo de la Fundación Friedrich Ebert ubicó en 17,4% la tasa de mora de las deudas de personas físicas en junio de 2026 y mostró que el atraso en los pagos crece con más fuerza entre menores de 35 años, en las áreas metropolitanas y en las zonas urbanas más desiguales.
Uno de los hallazgos centrales del informe es la “juventud endeudada”. Las personas menores de 35 años muestran tasas de mora superiores al 25% y, según el tipo de acreedor, alcanzan picos de hasta el 50%.
El trabajo atribuye ese patrón a la informalidad laboral que desplaza a muchos jóvenes del sistema bancario tradicional. Como resultado, el 36% de los deudores jóvenes concentra sus compromisos en billeteras digitales.
“La tasa de mora es más alta entre menores de 25 años: 38,2%. Sin embargo, el mayor volumen de personas con deuda se concentra en el grupo de 36-45 años”, señaló el informe.
Otra de las causas que impulsaron ese fenómeno, según la investigación, es la desregulación financiera iniciada a principios de 2024 por las que las plataformas y el sistema financiero en general elevaron con fuerza las tasas de interés de los préstamos. El informe sostiene que llegaron a cobrar hasta 100 puntos porcentuales más que la banca tradicional.
Mora en aumento
El relevamiento, plasmado en la herramienta “Mapa de la Deuda”, también registró un contraste territorial marcado. En la Ciudad de Buenos Aires, el 81% de la población adulta tiene deudas, pero solo el 11,5% está en mora, mientras que en el Área Metropolitana de Buenos Aires los mayores índices de atraso rondan el 25%, frente a entre 10% y 15% en el resto del territorio bonaerense.
Según el estudio, desde comienzos de 2026 el volumen de crédito otorgado en términos reales dejó de crecer, pero el monto de la deuda en mora siguió en aumento. Ese desfasaje llevó los niveles de atraso a récords históricos mes tras mes.
El Centro de Estudios de la Ciudad añade otro factor sobre ese segmento: el uso de algoritmos de microsegmentación y predicción de comportamiento para influir en las decisiones de consumo de una población especialmente vulnerable al endeudamiento.
Las provincias con más retraso
El “mapa de la deuda” permite observar el fenómeno a escala nacional y provincial. Según el informe, la mora es más alta en provincias como La Rioja, San Luis, Catamarca, Santa Cruz y San Juan.
A nivel provincial, las mayores tasas de mora sobre el monto adeudado corresponden a La Rioja con 23,9%, San Luis con 22,2%, Santa Cruz con 21,9%, Catamarca con 21,5% y San Juan con 20,5%. En el extremo opuesto aparecen La Pampa con 9%, la Ciudad de Buenos Aires con 11,7%, Entre Ríos con 13,3%, Santa Fe con 14,3% y Córdoba con 15%.
La desigualdad también se repite dentro de cada distrito. En la Ciudad de Buenos Aires, los barrios del sur rondan el 20% de mora, mientras que en los del norte se mueve entre 8% y 10%.
Una dinámica similar se observa en Santa Fe y Córdoba, donde el atraso golpea con más fuerza en los cordones que rodean a Rosario y a Córdoba capital. El informe interpreta esas diferencias como parte de las asimetrías del tejido urbano y regional.
Los proveedores no financieros rozan el 48% de mora
El ecosistema de deuda cambia de manera drástica según quién otorga el crédito. Los Proveedores No Financieros de Crédito exhiben el índice de mora más alto del mercado con 47,8%, seguidos por las tarjetas no bancarias con 33,27% y las billeteras digitales con 23,34%.
La banca tradicional presenta niveles más bajos. El atraso llega a 18,61% en bancos privados y a 10,13% en bancos públicos, donde además continuó creciendo el monto de los créditos otorgados.
El informe señala que las compañías financieras, en especial las vinculadas con terminales automotrices que ofrecen préstamos prendarios, muestran la tasa más baja del país. Ese segmento registra un nivel de mora de 4,88%.
Con información de NA
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ECONOMIA
El BCRA renovó el swap con el Banco Popular de China por 5 años, dos más que en los acuerdos anteriores
El Banco Central de la República Argentina (BCRA) y el Banco de la República Popular de China (PBoC) renovaron este miércoles su acuerdo bilateral de swap de monedas por RMB 130.000 millones (aproximadamente USD 19.000 millones), con una novedad respecto a los acuerdos anteriores: el plazo de vencimiento se extendió de tres a cinco años, lo que otorga mayor previsibilidad a una herramienta que ambas instituciones sostienen desde 2009.
El tramo activado por RMB 35.000 millones (USD 5.000 millones), puesto en marcha a comienzos de 2023 para respaldar la estabilidad financiera y el comercio bilateral, permanece vigente.
La renovación se produce al cumplirse 17 años del primer acuerdo firmado entre ambos bancos centrales y llega tras semanas de negociaciones en las que el presidente del BCRA, Santiago Bausili, había confirmado la intención de extender el mecanismo. El swap, que funciona como una disponibilidad contingente de divisas —sin generar intereses mientras los fondos no son utilizados—, ha sido renovado y ampliado en sucesivas ocasiones desde su creación, y pasó de los RMB 70.000 millones originales a los actuales RMB 130.000 millones tras la incorporación de un acuerdo suplementario firmado en 2018.
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ECONOMIA
Las exportaciones agroindustriales a la Unión Europea alcanzaron los USD 2.500 millones en el primer semestre


- La pesca, especialmente el langostino congelado, se beneficiará por la eliminación gradual de aranceles.
- El complejo manisero podría aumentar valor agregado con la desgravación arancelaria en productos industrializados.
- La miel, con fuerte demanda europea, tendrá acceso preferencial con arancel cero dentro de un cupo, aunque la distribución interna aún está en negociación.
- El sector foresto-industrial enfrenta el desafío de diversificar su oferta para aprovechar la reducción arancelaria en nuevos productos.
- El vitivinícola mejora acceso y protección de indicaciones geográficas, pero enfrentará competencia creciente de vinos europeos en Mercosur.
- El sector lácteo tendrá acceso preferencial limitado por cupos y competencia con productos europeos además de la protección de indicaciones geográficas, con ciertas excepciones.
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