POLITICA
Cinco trampas de las que Milei no logra salir

Sin adversarios políticos en condiciones de disputarle poder real, el gobierno de Javier Milei atraviesa uno de sus momentos más críticos en el ingreso a la segunda y última mitad de su mandato.
Los principales problemas que afronta la administración libertaria se han convertido y se sintetizan en cinco trampas de las que no logra salir. En algunos casos porque no puede, en otros porque no sabe y en otros porque no quiere.
Ese quinteto de conflictos hoy horada parte de su capital y atenta contra los logros políticos y económicos alcanzados en los dos primeros años de gestión, muchos de ellos inimaginables para observadores neutrales y rivales.
La lista, que lejos estar de ser taxativa, está compuesta por:
La saga del AdorniGate, que durante la semana pasada alcanzó otro pico de impacto, expuso con elocuencia que la táctica de no tomar decisiones y esperar para hacerlo a que baje el interés social en el tema había fracasado.
El rating de los canales de noticias, la tasa de lectura en los portales de los medios y la preeminencia entre los temas políticos en las redes sociales expone la permanencia y el interés que despierta el caso protagonizado por al jefe de Gabinete, a raíz de su prodigioso raid inmobiliario de los últimos dos años y de los gastos suntuarios en los que incurrió. A pesar del magro salario que como vocero primero y como jefe de ministros después cobraba, al menos, hasta diciembre del año pasado.
La aparición en los medios de la singular escribana Adriana Nechevenko, que participó en las todavía más singulares operaciones de compra-venta de inmuebles, no solo no logró disipar dudas. Por el contrario, las ahondó. Especialmente cuando Nechevenko admitió que pese a conocerlo a Adorni desde hace dos décadas, sólo en los últimos dos años hizo operaciones de ese tenor. “Se le dio todo junto”, afirmó en medio de lo que no quedó claro si se trataba de una risa nerviosa o frívola.
La performance de la escribana no solo expuso la dificultad para explicar un hecho de evidente interés público, de fácil penetración en las audiencias masivas y de fuerte impacto en una sociedad para la cual el acceso a la vivienda propia se ha convertido mayoritariamente en una auténtica quimera.
Para agravar el malestar, luego se conocieron los créditos hipotecarios del Banco Nación a los que accedieron al menos cinco altos funcionarios del Gobierno, tres de ellos pertenecientes al equipo económico o con incidencia en el área financiera oficial. Se sumó que uno, el mediático polemista Federico Furiase, lo obtuvo para aumentar su acervo inmobiliario, dado que ya contaba con vivienda (o dos). Sobre llovido, mojado.
La sucesión de hechos reñidos, como mínimo, con la transparencia repone lo que algunos inquilinos del primer piso de la Casa Rosada dicen haber leído en un chat adjudicado a Santiago Caputo, en referencia a la disputa con el ala karinista: “El mayor problema no son los egos sino la voracidad por satisfacer consumos postergados”. Se remonta al último trimestre del año pasado. La duda es si, desde entonces, las cosas empeoraron o si solo se consolidó una línea de conducta.
El AdorniGate resalta, además, otra de las trampas de las que el Gobierno no logra zafarse. Es la ausencia de una política comunicacional de crisis, que golpea más por tratarse de una fuerza política que, en buena medida, accedió al poder con más rapidez que ninguna otra en las últimas cuatro décadas por su extraordinaria habilidad comunicacional para vincularse y seducir a audiencias y electores. Esa comunicación tenía por eje central la lucha contra la casta de los que utilizaban el Estado para mejorar su situación personal.
En esa debilidad cobra mayor dimensión la ausencia de voceros efectivos y respetados que padece el Gobierno, tras la sucesión de tropiezos de Adorni, que se inició hace ya un mes con la revelación de que su esposa había viajado a Nueva York en el avión presidencial. Desde entonces no solo no pararon de aparecer gastos sospechados y sospechosos del jefe de Gabinete con los que trastabilló las escasas veces que intentó aclararlos sin éxito.
También, quedaron desacomodados los demás funcionarios que trataron de justificarlo para terminar como escudo de última instancia el propio Javier Milei, quien debió poner su cara, su cuerpo y su voz para cubrirlo. El Presidente se convirtió así en el fusible de su gabinete y dejó a la vista una instalación central raquítica de protecciones.
La decisión de enviar a la escribana Nechevenko a hablar en los medios expuso la vacancia que se registra en la vocería oficial, otrora motivo de orgullo libertario, en los buenos tiempos en los que el expanelista Adorni vapuleaba a todo contradictor o interrogador incisivo. No solo la notaria terminó ridiculizada en las redes sociales. Debilitó la narrativa y la credibilidad oficial. Un duro golpe para el estreno de la moral como política de Estado. Aunque la escala moral mileísta sea tan subjetiva, como lo explicó su líder.
Del costo para la imagen presidencial y la del Gobierno por el caso Adorni, por la reinstalación del escándalo de corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad, por la permanencia del criptogate $LIBRA y por los créditos hipotecarios de funcionarios libertarios, agravado por el contexto económico, ya dan cuenta la mayoría de las encuestas realizadas en las últimas dos semanas.
En ese plano resalta el pico alcanzado en el Índice de Irascibilidad Social (IDI) que elabora la consultora Casa Tres. “En marzo, el IDI perforó el piso alcanzado en febrero: cayó cinco puntos y se ubicó en -19, el registro más bajo desde el inicio de la serie, hace dos años. Esto confirma que la crispación no solo persiste, sino que profundiza su tendencia negativa”, escribió la titular de la encuestadora, Mora Jozami, en el sitio digital Seúl.
Ya nadie tiene dudas del efecto de esos hechos adversos sobre el Gobierno. Al respecto, el director de Poliarquía, Alejandro Catterberg, anticipó el viernes pasado que en la medición en curso de esa consultora seguramente se advertirá un deterioro en la imagen oficial. La presunción cobra relevancia por el hecho de que esa encuestadora había estado en soledad (entre las respetables) cuando publicó que en su medición de marzo todavía se daba un equilibrio entre las opiniones positivas y negativas sobre Milei.
“Adorni ya se tendría que haber ido, pero lo que significa para los Milei y la creencia equivocada de que el escándalo iba a bajar lo sostuvo. Y, a eso, se suma la disputa entre Karina y Santiago [Caputo]. Por eso, el escándalo de [José Luis] Espert se resolvió más rápido. Aunque Javier lo bancaba y era él el que lo había puesto al frente de la lista de candidatos a diputados nacionales, ahí no había grietas entre Karina y Santiago. Los dos empujaban para bajarlo. Ahora eso no existe y a Javier le cuesta mucho resolverlo”, explica un conocedor de la interna libertaria.
La interna que desangra a la cúpula del poder aparece como otra de las trampas de las que Milei no puede o no sabe cómo salir. El avance vertiginoso de su hermana y el retroceso inocultable del asesor no terminaron, sin embargo, por resolver la pelea.
La crisis le volvió a dar una pequeña revancha a Caputo y retomó su rol como fuente de consulta en materia comunicacional, pero nadie cree en el mileísmo que eso devuelva la concordia ni que Milei resuelva la discordia. Los chantajes sentimentales de los contendientes sobre el Presidente gozan de una notable eficacia, para muchos inexplicable, sobre todo, en lo que al asesor se refiere.
“Este es un loop eterno, una espiral que solo se acelera sin solución. Cada vez que Karina avanza sobre Santiago, éste va y le plantea al Presidente que así no puede ni está dispuesto a seguir. Después de un rato de discusión, Javier termina pidiéndole que se quede, prometiéndole la recuperación del poder y una contención de Karina y los suyos. Y se cierra con calurosos abrazos. Pero eso dura un tiempo y vuelve a empezar. El vínculo entre ellos es demasiado peculiar”, dice con resignación un destacadísimo mileísta, que conoce como pocos la intimidad del poder libertario y de lo que alguna vez se denominó el triángulo de hierro.
En ese plano aparece la cuarta trampa que atenaza al Gobierno y es la burbuja endogámica y hermética en la que suele habitar el Presidente, reforzada a diario por la mayoría de los miembros de su gobierno y de su entorno. La impermeabilidad a cualquier opinión disonante, sobre todo en ámbitos colectivos, es absoluta.
“A solas, Javier te puede dar lugar a alguna opinión que contradiga la suya y hasta abrir paso a una discusión en la que se expongan argumentos, pero si alguien lo contradice donde hay más de tres personas presentes se le salta la térmica y el que lo hace la pasa muy mal. Hay cosas sobre las que hace mucho di mi opinión contraria a lo que se hacía, pero ya no lo hago”, dice un conspicuo integrante de la gestión mileísta.
La furia de Milei no es una actuación planificada para hacer una exhibición de poder sobre cualquier contradictor, sea empresario, periodista o dirigente político. Tampoco un rasgo que se agudizó con el estresante ejercicio de la presidencia. El chat de su camada de excompañeros del Colegio Cardenal Copello tiene varios ejemplos de sus arrestos de ira contra alguien que osó contradecirlo, aún de buenas maneras. Ninguno volvió a animarse. Menos desde que accedió a la Casa Rosada.
Por eso, a nadie extraña que en el grupo de WhatsApp que integran los miembros del gabinete no haya disonancias. “Es el show del chupamedismo. Si en X a muchos ministros no les da vergüenza competir por la adulación, como pasó después del homenaje a Adam Smith, no te podés imaginar lo que es el chat de ministros”, cuenta un estrecho allegado a un secretario de Estado, que dice haber leído algunos de esos mensajes.
Allí entra la última y tal vez la más importante de las trampas en las que el Gobierno se encuentra atrapado: la marcha de la economía.
El jueves pasado, el propio Milei despertó una brisa de ilusión respecto de que podría haber revisiones en ese terreno, después de que en los días previos él y los miembros de su equipo económico se cansaran de insultar y descalificar a cualquier economista o periodista crítico por la marcha del consumo, el empleo y la actividad económica.
Su pedido de paciencia social y, sobre todo, su inédita admisión de que algunos argentinos no están mejor con su gestión fue rápidamente matizada por el propio autor y, sobre todo, por algunos de sus más estrechos colaboradores. No sólo ratificó el rumbo en su totalidad, sino que fue una reafirmación de creencias y dogmas. Aún cuando se espera que flexibilice algunas restricciones.
“Él está convencido y cree ver que se va a cumplir lo que nos viene diciendo desde diciembre pasado. Que iban a venir tres meses duros y que en abril iba a empezar la recuperación, junto con un nuevo sendero de inflación a la baja. Su posteo fue estratégico para después poder realzar la mejora”, explicó uno de sus colaboradores. No hay lugar para agnósticos.
En la Casa Rosada, de todas maneras, admiten que hay muchos de esos que no están mejor, según el propio Milei, cuya situación tampoco mejorará en el corto plazo y difícilmente lo haga en el mediano.
“El problema más grande está en el Gran Buenos Aires, donde la actividad industrial y comercial va a seguir sufriendo, pero ese, junto con el de la seguridad, va a ser un problema de Kicillof”, dice, impertérrito, un interlocutor del Presidente. ¿Será así?
Respecto de la irritación social creciente, la consultora Mora Jozami destaca, además de los casos de corrupción o falta de transparencia, que “casi dos de cada tres argentinos declaran haber resignado consumo en el último tiempo y las expectativas sobre el futuro económico personal se deterioran”.
El mayor capital político-social de Milei hasta ahora ha estado asentado más en las expectativas de futuro que en las satisfacciones logradas, por lo que el deterioro en ese rubro podría ser un serio llamado de atención.
Tal vez la microeconomía sea, así, la más acuciante de las trampas de las que no puede, no sabe o no quiere librarse el Gobierno. El problema es que están todas interconectadas.
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Aferrados a la tabla salvadora de la economía

Entre todas las excepcionalidades que rodean al experimento libertario de Javier Milei, hay una que empezó a cristalizarse con mayor nitidez en los últimos meses y que podría sintetizarse en una pregunta: ¿puede un gobierno mantener un grado de eficacia en la gestión, y una sintonía con la sociedad, mientras al mismo tiempo evidencia un nivel tóxico de confrontación política interna? Una respuesta clásica indicaría que es inviable porque las tensiones terminan afectando la dinámica de la administración, y esa disfuncionalidad genera descontento entre los votantes.
Pero Milei parece haber disociado ambos planos para enunciar que su único y absoluto objetivo es el crecimiento económico, porque al final del día será evaluado por su capacidad para controlar la inflación, estabilizar las variables macro y generar mayor bienestar. No es una decisión estratégica, es simplemente su naturaleza de economista.
Eso lo hace manifestarse prescindente de la política, también como un signo de impotencia. Incluso si las disputas domésticas ponen en juego su capital simbólico en materia de transparencia y diferenciación de la casta. Así como puede ser enérgico y rugir indicadores económicos, se muestra incapaz de dar tres gritos para aplacar las rencillas intestinas y motorizar su gabinete. Piensa que puede garantizar lo primero sin resolver lo segundo.
“A Javier lo votaron para resolver la economía, para combatir a la casta y cambiar la política. Pero cada vez más todo queda reducido a lo económico. En el resto, nos diferenciamos cada vez menos, y así perdemos capital simbólico. Entonces la única tabla de salvación es la economía”. El razonamiento pertenece a una figura clave del Gobierno y sintetiza una percepción interna generalizada: que el Presidente sólo está dispuesto a jugarse por el rumbo de la economía, por convicción, por conveniencia, por formación.
Esto le quedó claro a uno de los ministros que esta semana conversó con Milei, muy lateralmente, sobre los últimos escándalos. “Es una locura, hay que pararlos”, fue la respuesta que escuchó del mandatario, señal de que claramente está disgustado con ese tipo de peleas. Pero en ningún momento dio indicios de que él se disponía a actuar. “Hay que pararlos”, es una frase impersonal; no es lo mismo que decir “yo los voy a parar”. En ese matiz anidan los rasgos de un liderazgo reticente.
En sólo diez días el Presidente fue desautorizado dos veces, primero por Manuel Adorni al no presentar su declaración jurada como había prometido el mandatario, y esta semana por el Gordo Dan, cuando dijo que le habían mentido sobre los mensajes de Martín Menem. Milei invirtió los roles y se convirtió en el vocero público del Gobierno que sale en defensa de su equipo, sin red ni planificación.
La paralización del Presidente frente a estos temas tiene una razón emocional. Milei fue inflexible en otros momentos de su gestión para despedir en un solo movimiento a funcionarios como Guillermo Ferraro, Osvaldo Giordano, Sonia Cavallo o Nicolás Posse. Pero no se interponía en esos casos una sensibilidad personal. Lidiar con los lazos que mantiene con su hermana Karina o con Santiago Caputo es un desafío que tiene que ver más con la psicología que con la especulación política.
El paroxismo de esta situación se dio esta semana con el cruce entre el asesor y Martín Menem, un nudo que, como no podía ser de otra manera, se gestó en el mundo virtual. Menem habló con Milei apenas estalló el escándalo el fin de semana pasado y, según dicen en su entorno, el Presidente entendió la situación y por eso salió a decir en público que le habían “prefabricado” la filtración de mensajes en contra de Caputo y su entorno.
Caputo, por su lado, habló varias veces con Milei esta semana, mucho más que en todo el período previo. En ningún momento fue reprendido por exponer en público su encono con el titular de Diputados, y cuando el Presidente habló en un streaming esta semana lo describió “como un hermano” para él.
Este episodio entre Caputo y Menem, sumado a lo de Adorni, a las tensiones entre Karina y Patricia Bullrich y a los ruidos en la mesa política, parece marcar una dinámica constante. Es decir, el Gobierno incluye como parte de su funcionamiento una dosis de desorden y de internas con el cual se está acostumbrando a convivir. No es una situación excepcional, es el estado natural. Es difícil de describir el nivel de desconfianza y rencor entre facciones.
Hay una convicción plena entre los funcionarios de que Milei no va a intervenir y de que, en consecuencia, habrá que acostumbrarse. Esto implica convivir con un Adorni devaluado, con una Bullrich disgustada (que esta semana vio partir a un funcionario clave en Seguridad como Federico Angelini, monitor del plan Bandera), con un Caputo lastimado, con una Karina implacable. El paquete viene con todos estos ingredientes. Se abandonó la posibilidad de que se pueda recuperar algún tipo de organización.
Dentro de esta desconfiguración, emerge ahora un rasgo novedoso, que es la cristalización en el universo libertario de dos bandos que exceden al núcleo duro de Karina Milei o Santiago Caputo. Ya no se trata sólo de los Menem y Sebastián Pareja, por un lado, o del Gordo Dan y las Fuerzas del Cielo, por el otro.
Por ejemplo, Nicolás Márquez, el biógrafo de Milei, sorprendió con un posicionamiento público muy crítico sobre Adorni. Lo mismo ocurrió ahora con Agustín Laje, director de la Fundación Faro, quien cuestionó a Martín Menem esta semana. En la otra vereda, Lilia Lemoine ya actúa abiertamente como ariete del ala karinista, en una línea similar a la del cineasta Santiago Oría. Es decir, se van conformando dos alineamientos paralelos como si fueran ejércitos que se preparan para una guerra superior.
Los ministros, que están a tiro de decreto, no intervienen públicamente de las rencillas. Pero se asume que Pablo Quirno, Diego Santilli, Juan Bautista Mahiques, Alejandra Monteoliva y Carlos Presti orbitan con Karina; y que Luis Caputo y Mario Lugones, sumado a los funcionarios de organismos como la SIDE y la ARCA tienen afinidades con Santiago. Después están los mileistas puros, que sólo se referencian en el Presidente, como Federico Sturzenegger y Sandra Pettovello.
El enfrentamiento queda expuesto con cualquier tema de controversia que alcance estado público. Ocurrió con el escándalo Adorni, con la filtración del perfil de Martín Menem, con la denuncia judicial de Pareja contra tuiteros celestiales, con la licitación de la Hidrovía, con la filtración de audios y las sospechas de espionaje, hasta con la controversia por José Luis Espert, que el propio Milei reflotó esta semana (la pelea con Victoria Villarruel ya es de otra era glacial). Es decir, ya no se trata solamente de visiones diferentes sobre el proyecto libertario. Están en disputa cuotas de poder, intereses, negocios. Hay un actor clave del ecosistema violeta que desde hace tiempo vaticina que “todo esto va a terminar mal en la justicia”.
Es cierto que en todos los gobiernos hubo internas feroces, a veces entre facciones del partido gobernante, como ocurrió en el radicalismo de Raúl Alfonsín, entre “La Coordinadora” y la “Línea Nacional”, y en el peronismo de Carlos Menem entre “celestes” y “rojo punzó”. También pasó con las coaliciones, desde las disputas entre el Frepaso y la UCR en la Alianza de Fernando de la Rúa hasta la guerra epistolar entre el cristinismo y el albertismo en el último Frente de Todos.
La curiosidad libertaria es que alberga agrias rencillas dentro en una fuerza política unipersonal, que posee un capital que empieza y termina en Milei, cuyo liderazgo nadie cuestiona internamente. Pero esa centralidad individual no se traduce en un mayor ordenamiento interno, porque el propio líder reniega de esa tarea, y en vez de delegarla bajo su supervisión, se desentiende.
En este contexto, el proyecto libertario queda angostado al desempeño económico. Y en este plano, después de un primer trimestre muy adverso, Milei y Toto Caputo encuentran algunos motivos para ilusionarse con una mejora de las expectativas. Así como la semana anterior los datos de inflación, de la recaudación y de empleo le dieron señales favorables, ahora hubo alicientes con el índice de actividad económica de marzo, que fue 3,5% superior a febrero; con el dato de superávit comercial de abril, que mostró un crecimiento de las exportaciones del 33,6% respecto del mismo mes del año pasado, y de la aprobación del nuevo tramo del crédito del FMI.
No alcanza para configurar un cambio de tendencia y el ingreso a una senda de repunte sostenido de la economía, pero sí para pensar que la caída puede haber encontrado un límite. Hay varios sectores empresariales, no sólo en minería, energía y agro, muy dinámicos a la búsqueda de nuevos negocios y aliados. Pero el problema mayor persiste en la economía callejera, en el consumo y el poder adquisitivo. Ahí la realidad es otra, como quedó reflejado esta semana en los datos del Indec de marzo, con caídas interanuales de ventas en supermercados (-5,1%), autoservicios (-7,2%) y shoppings (-13,3%).
Luis Caputo dejó una frase clave en su última entrevista: “Seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil”. Lo dice después de un fuerte recorte presupuestario, pero estaría indicando que no hay más remedio que crecer fuertemente para mantener el equilibrio en las cuentas. Se trata de un cambio sustancial, ya que denota un intento por pasar de la fase esencialmente fiscalista a otra más productivista, que probablemente sienta más ajena, pero más necesaria. Habrá que ver cómo lo digiere Milei, quien siempre se sintió identificado con la motosierra como símbolo de su política económica.
El ministro de Economía parece resignado a que su propuesta de un gran acuerdo político con los gobernadores para dar señales de estabilidad y previsión nunca atravesarán el filtro de Karina Milei. Por eso en su conferencia de prensa del viernes acotó sus aspiraciones a un pacto fiscal con las provincias para reducir impuestos provinciales y tasas municipales. En la mayor dependencia del éxito económico, Toto Caputo es la figura troncal del gobierno de Milei. Es el único que le puede dar insumos al proyecto de reelección presidencial. La idea de la reparación de la política, de la lucha contra la casta y de la honestidad como bandera quedaron desgarradas.
El Gobierno está especialmente entusiasmado con la idea de que el papa León XIV visite la Argentina. Generaría una expectativa positiva y le permitiría a Milei mostrarse como el primer presidente después de Alfonsín en recibir a un Sumo Pontífice. Convocaría una movilización masiva que la Casa Rosada podría capitalizar en algún modo. Pero habría que tener en cuenta que si viene al país, León traería consigo señales de amor y paz, pero también un mensaje social de prioridad a los más pobres, una apuesta por el diálogo interreligioso y su prédica contra los “delirios de omnipotencia”, con los que identificó a Donald Trump.
El Papa les ha comentado a algunos obispos argentinos sobre su intención de visitar la Argentina este año. Y hubo señales en estos días que abonaron ese camino. Uno fue la designación de Michael Banach como nuncio apostólico en el país. Inmediatamente después, el Gobierno confirmó como secretario de Culto a Agustín Caulo. Con este doble movimiento quedó normalizada la vía diplomática.
Después vino el candombe uruguayo, que empezó cuando el exembajador Carlos Enciso dijo que estaba confirmada la visita a la región y generó un revuelo que llevó a la Conferencia Episcopal de ese país a emitir una carta en la que precisaba que todavía no tenían una fecha definitiva. Quirno pareció intentar no quedarse atrás de esa movida cuando tuiteó al día siguiente: “Vine a reunirme con el Presidente Milei para darle ‘la Buena Noticia’ que hará feliz a todo el pueblo argentino. Solo resta definir la fecha… qué linda Primavera…!”.
De todos modos, en algunos sectores de la cúpula eclesiástica no cayó bien esa ansiedad por adelantarse en la noticia, porque la confirmación oficial sólo puede venir del Vaticano. Ni el Gobierno ni los obispos argentinos pueden hacerlo. Y quienes conocen los movimientos en Roma aseguran que León quiere ver el desenlace de las elecciones del 7 de junio en Perú, para terminar de definir su itinerario, no porque su decisión dependa de quién resulta ganador, sino para asegurarse de que el proceso no se enturbie. No encararía una visita a América latina sin incluir el país que lo marcó en su tarea pastoral. En la curia notan que ahora el Vaticano recuperó sus procedimientos tradicionales, lejos de las informalidades que había impuesto Bergoglio.
Quirno, junto con Pettovello, recibió el jueves en la Cancillería al presidente y al secretario general de la Conferencia Episcopal, Marcelo Colombo y Raúl Pizarro, y al arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva. Quienes estuvieron allí aseguran que no se habló de la posible visita del Papa.
Tampoco del tedeum de mañana, en el que García Cuerva buscará mostrar nuevamente su capacidad de interpelar sin confrontar, de pacificar sin conceder. El arzobispo porteño supo trabar una relación personal, y hasta cierto punto afectuosa con Milei, quien llegó a recibirlo en secreto en la Casa Rosada. Pero después el Presidente enfrió ese vínculo como el que mantiene con toda la Iglesia católica. De hecho una queja habitual de los obispos es que el mandatario nunca los volvió a recibir desde un primer encuentro protocolar que mantuvieron.
En esa reunión del jueves, Quirno se identificó como el interlocutor principal con la Iglesia a partir de ahora, ya que la secretaría de Culto está bajo su esfera. Para algunos de los que estuvieron ahí fue una señal positiva esa aclaración porque muchas veces el Gobierno los desconcierta; otros, en cambio, lo vieron como un intento excesivo de centralización.
Pero la figura más activa en ese vínculo siempre ha sido Pettovello, con quien la Iglesia ha mantenido una relación cordial y constante, aunque tengan diferencias en materia social. Este contrapunto volvió a emerger esta semana, porque los obispos plantearon su preocupación por la situación económica en los barrios populares y las carencias de las personas con discapacidad, y la ministra insistió en que no hubo una disminución en la ayuda sino una redefinición en las lógicas de asignación. Aunque nadie lo mencionó, el espíritu de la posible visita papal ayudó a entender que tanto la Iglesia como el Gobierno tienen incentivos comunes para que ese proyecto se concrete satisfactoriamente.
Hoy Pettovello parte hacia Roma para un encuentro de ministros de Iberoamérica convocado por el Vaticano. Su agenda incluye una audiencia grupal con el papa León XIV. Habrá mucha atención puesta hasta en los susurros del pontífice.
Jorge Liotti,Conforme a
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El desesperado pedido de la esposa de Giuliani a Delcy Rodríguez para que lo libere al cumplirse un año como preso político en Venezuela

Virginia Rivero, esposa del abogado argentino Germán Darío Giuliani, les pidió públicamente a Delcy Rodríguez y a Jorge Rodríguez que incluyan a su marido entre los 300 presos políticos que el gobierno de Venezuela anunció que liberará, en la semana en que se cumple un año de su detención injustificada en Caracas.
“Hoy tienen la oportunidad de ponerle fin a este sufrimiento. Tienen la oportunidad de hacer lo correcto. Tienen la oportunidad de ver cómo Germán vuelve a abrazar a su familia”, sostuvo Rivero en un video que difundió este miércoles Elisa Trotta, una de las fundadoras del Foro Argentino por la Defensa de la Democracia. “Desde el fondo de mi corazón, les pido que liberen a mi marido, que se encuentre entre esos 300 presos políticos que están por liberar”, reclamó.
La mujer, además, recordó que a principios de mayo falleció el padre de Giuliani. “No le permitieron venir a casa, no le permitieron despedirse de su papá, no le permitieron abrazarlo”, lamentó.
Giuliani fue arrestado entre el 21 y el 23 de mayo de 2025 por funcionarios de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) mientras navegaba en una embarcación alquilada en aguas del estado Anzoátegui. Al advertir su acento argentino, fue aprehendido de inmediato y luego vinculado a acusaciones de terrorismo y narcotráfico, sin que existan precisiones judiciales públicas conocidas. Desde entonces fue trasladado por al menos tres centros de reclusión —el Comando Militar de Las Acacias, Yare II y Yare III— y sus familiares desconocen hasta hoy su ubicación exacta dentro del Complejo Penitenciario de Yare.
Rivero subrayó que su marido cuenta con una boleta de excarcelación firmada desde febrero y con medidas cautelares otorgadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), y que pese a ello permanece detenido. El 27 de abril, la CIDH adoptó la Resolución 32/2026, mediante la cual exigió a Caracas que informara de inmediato el paradero exacto del abogado, su estado de salud y las condiciones de su reclusión. El organismo concluyó que Giuliani atraviesa una situación de gravedad y urgencia con riesgo de daño irreparable sobre sus derechos a la vida, la integridad y salud.
La resolución incorporó denuncias de tormentos físicos, golpizas y presuntas torturas. Según el expediente, Giuliani habría declarado que “le hicieron firmar una declaración a fuerza de golpes”. Un periodista excarcelado que compartió celda con él en el Comando Militar de Las Acacias lo vio llegar “con la mirada perdida, asustado y golpeado”, con marcas de vendas y la piel quemada. Ese mismo testigo recogió el relato del propio Giuliani: “Vine como turista y en Puerto La Cruz me secuestraron, me lanzaron contra la pared y me amarraron de manos y pies. Me golpearon para confesar delitos y como no lo hice me amenazaron con desaparecerme en el mar».
Según el expediente de la CIDH, en noviembre de 2025 Giuliani fue llevado en dos ocasiones a un cuarto de tortura denominado “El Tigrito”, donde “lo colgaron de las manos por más de tres horas y le echaban agua fría en su rostro”. Tras esos episodios regresó con “morados en sus muñecas y ojos desenfocados”. La denuncia agrega que esos castigos se producían cada vez que solicitaba atención médica o asistencia jurídica.

Las condiciones de comunicación con su familia fueron descriptas como extremas: las llamadas eran esporádicas, de no más de dos minutos, grabadas y supervisadas, y en ocasiones transcurrieron meses sin contacto alguno. El organismo alertó sobre el deterioro de su salud mental y exigió acceso inmediato a agua potable, alimentación adecuada y atención médica. El régimen venezolano no respondió el requerimiento de información que la Comisión formuló el 16 de abril. El plazo venció sin contestación oficial.
El caso adquirió nueva dimensión diplomática a principios de mayo, cuando Argentina volvió a reclamar ante el Consejo Permanente de la Organización de los Estados Americanos (OEA) la liberación de todos los presos políticos en Venezuela. El representante argentino, Carlos Cherniak, reafirmó el compromiso de Buenos Aires con “la libertad de todos los presos políticos en Venezuela” y con “la restauración de la democracia plena” en ese país, al tiempo que advirtió que una “pequeña luz” en Venezuela no equivale a una señal de tranquilidad mientras haya detenidos y desaparecidos.
El presidente de la CIDH, el comisionado Edgar Stuardo Ralón Orellana, informó ante la OEA que, a abril de 2026, 454 personas continúan detenidas en Venezuela por razones políticas, entre ellas 44 mujeres, un adolescente, 286 civiles y 186 militares. “Toda detención arbitraria debe cesar de inmediato”, afirmó Ralón Orellana, y exigió “listas oficiales de personas detenidas, procesadas y amnistiadas, con nombres y estado procesal”, al tiempo que advirtió que “la opacidad es una forma adicional de violación”.
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Alejandra Monteoliva estimó cuándo los argentinos empezarán a viajar sin visa a los Estados Unidos

La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, confirmó que Argentina avanza en el proceso para ingresar al Programa de Exención de Visa de Estados Unidos, lo que permitiría a los ciudadanos argentinos viajar al país norteamericano por turismo o negocios durante hasta 90 días sin necesidad de tramitar una visa consular.
“Nuestra expectativa y el trabajo que venimos realizando con Estados Unidos es que a inicios, comienzos, en los primeros meses del 2027, esto ya esté en funcionamiento”, sostuvo la funcionaria en LN+, en conversación con el periodista Luis Majul.
La funcionaria explicó que “no es solamente una cuestión de seguridad nacional” ya que está involucrada “Cancillería, Ministerio del Interior y el Renaper, en cuanto a datos. El proceso ya lo hemos iniciado”, agregó.
Según Monteoliva, eso “no es solamente una decisión política o administrativa, ya que hay que cumplir una serie de pasos en el cual estamos trabajando”. Y sostuvo que ayer la visitó en el Ministerio la subsecretaria de Asuntos Consulares de los Estados Unidos que lleva el adelante el caso de las visa waiver.
“Tenemos reuniones y vamos mostrando los avances en forma permanente”, sostuvo Monteoliva. Y cerró: “Hay que tener trazabilidad de procesos y en el registro de la información”.
Monteoliva resaltó que durante la reciente visita bilateral, las autoridades estadounidenses indicaron: “En Argentina es donde más le está costando al narcotráfico, al contrabando y al terrorismo”, y definió a la Argentina como el principal socio estratégico de Washington en la región.
Restricción al ingreso a estadios durante el Mundial
Además de explicar el avance del proceso de exención de visa, la ministra se refirió a la implementación del programa Tribuna Segura en el contexto del Mundial de Fútbol 2026, que se disputará en Estados Unidos, México y Canadá.
Monteoliva afirmó que el Gobierno argentino ya compartió con las autoridades estadounidenses una base de datos que reúne a cerca de 21.000 personas sujetas a restricciones de admisión en estadios, a raíz de antecedentes vinculados a la violencia en el fútbol.
A estos registros, explicó Monteoliva en LN+, se sumaron 13.000 deudores alimentarios morosos como parte de un convenio con la Ciudad de Buenos Aires, lo que eleva el total de personas excluidas del acceso a estadios durante el Mundial a 34.000. De esta manera, cualquier argentino incluido en esos listados no podrá ingresar a las sedes deportivas de la próxima Copa del Mundo.
El programa Tribuna Segura contempla un cruce permanente de información con autoridades anfitrionas para impedir la presencia de individuos con restricciones, en cumplimiento de los acuerdos bilaterales para eventos internacionales.
Agenda interna y control penitenciario
En cuanto al plano local, Monteoliva explicó el estado de las discusiones dentro del oficialismo e hizo hincapié en la cohesión del gabinete en torno al presidente Javier Milei. La funcionaria subrayó: “En el equipo de trabajo del Presidente todos gozamos de su credibilidad. Más allá de las diferencias internas, existe coincidencia plena respecto del rumbo político del Gobierno: en el norte, en el para dónde hay que ir, estamos todos de acuerdo”.
Sobre temas sectoriales, la titular de Seguridad anunció que el Gobierno trabaja en una recomposición salarial tanto para las fuerzas de seguridad como para las Fuerzas Armadas, una prioridad compartida entre los ministerios de Seguridad y Defensa.
Y destacó la mejora en la cobertura médica tras la disolución del Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas y de Seguridad (Iosfa): “Hace 15 días se adjudicó a Medicus el plan de Prefectura y Gendarmería: esto es un antes y un después”, detalló.
En referencia al sistema penitenciario, Monteoliva informó sobre los avances en el bloqueo y destrucción de teléfonos celulares en cárceles argentinas. Señaló que ya han sido destruidos más de 4.500 dispositivos en distintos operativos realizados junto a la Justicia, en un esfuerzo por impedir comunicaciones ilegales desde los centros de detención y limitar la comisión de delitos intramuros.
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