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Círculo rojo: definiciones electorales después del Mundial y decisiones más urgentes en el universo Milei

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El viernes, antes de volver a Estados Unidos, Dante Gebel tenía previsto reunirse con el Arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, pero la entrevista se suspendió por cuestiones de agenda. Sería el último de una larga ronda de encuentros del influencer evangélico con el círculo rojo que, en menos de una semana, incluyó a parte de la cúpula de la CGT y el sindicalismo, a intendentes y gobernadores como Martín Llaryora, y a dirigentes y empresarios de primerísima línea interesados en conocer sus planes. “Fueron reuniones de Primera A”, sintetizó una fuente.

Gebel es el candidato, o el experimento, de un sector del círculo rojo en el que conviven el movimiento obrero, algunos ex dirigentes libertarios como el legislador Eugenio Casielles, que conserva una vieja amistad con Santiago Caputo, y ex funcionarios del PRO. Quién más propicia ese ensayo es todavía un misterio, pero la lista de curiosos es larga: hasta Pablo Toviggino, el tesorero de la AFA, intercedió ante la dirigencia del club Lanús para conseguir el microestadio que se utilizó el mes pasado para el lanzamiento de Consolidación Argentina, el espacio que promueve su postulación.

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Según el propio empresario, con una fortuna envidiable y millones de seguidores en sus canales de difusión, “a Gebel lo financia Gebel”. Suficiente, dice, para costear aviones privados y la comitiva nutrida con la que se movió en estos días por Buenos Aires. Difícil creerlo. A esa incógnita se le suma una aún más importante para quienes impulsan su postulación presidencial: ¿Hay espacio para otro outsider?

Cuando llegó a la Presidencia, Javier Milei lo hizo de manera inteligente: se movió como un ciudadano común acompañado por una hermana sencilla e inexperta en aviones de línea, donó la dieta de diputado, articuló un discurso eficaz en contra de los privilegios de la “casta política”, prometió un ajuste feroz de un Estado incapaz de dar respuestas y disimuló el financiamiento opaco, y el acompañamiento, de una parte del sistema que lo apuntaló para dividir a la oferta opositora de aquel entonces. Un dirigente experimentadísimo suele decir que la política electoral está compuesta por dos instancias: “Saber ganar elecciones y elegir con quién perderlas”. “Si en el 2023 ganaba Patricia (Bullrich), tal vez varios estábamos fumando en Marcos Paz”, ejemplificó ese dirigente.

Mauricio Macri y Paolo Rocca

Para Gebel, ese discurso es mucho más confuso. No se trata de un posible candidato anti-sistema, más bien todo lo contrario: no hay dudas por sus impulsores. “Necesita que no lo confundan con un político”, aseguraron colaboradores. Algo así repitió el lunes, en la reunión con el sindicalismo. Pero más allá de los promotores, la aparición estelar del presentador, que, sin ningún plan ni definiciones concretas, agitó esta semana la conversación pública en Buenos Aires, exhibe el desconcierto y la preocupación de parte del establishment que no tiene claro qué pasará el próximo año si se dilata la recuperación de la economía real, castigada en actividad, en sectores dinamizadores del consumo. “El clima es de preocupación: si esto sigue así, no está claro el 2027″, deslizó una fuente calificada del círculo rojo que testeó el humor del sistema en la cena del pasado lunes de CIPPEC, el think tank que ahora lidera Luciano Laspina y que reunió a una interesantísima concurrencia multipartidaria.

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No es casual, en ese sentido, que se haya publicitado esta semana la comida que compartieron varias semanas atrás el empresario Paolo Rocca, enfrentado duramente al gobierno, y Mauricio Macri, igual de disgustado con la Casa Rosada por lo que considera un trato descortés del oficialismo con el PRO. En esa comida, a la que el ex presidente llegó acompañado por Fernando de Andreis y Dario Nieto, se habló de la “necesidad” de planificar una alternativa “racional” a Milei. “¿Qué quiere Rocca? Que Mauricio sea candidato, jeje”, respondió uno de los comensales a la consulta de este medio. Cerca de Macri dicen que hoy no está en sus planes. Tiene lógica: no existe, al menos por ahora, ni una sola encuesta que lo entusiasme. Sin embargo, aportan un dato: su ex pareja, Juliana Awada, era una de las que más lo disuadía de ese proyecto. Fuentes del holding empresario abundaron en que, en el listado de potenciales experimentos, se le hizo llegar a Bullrich un mensaje para averiguar sus planes a futuro.

Milei envió al Senado el proyecto de reforma política

En ese contexto tan inquietante, el Mundial de fútbol de junio-julio aparece en el horizonte como un parteaguas. El probable punto de partida de una serie de movimientos que deberían empezar a delinear el escenario electoral del 2027. Así lo definió, por ejemplo, el influencer evangélico: dijo que, una vez finalizado el campeonato mundial, volvería a volar a la Argentina para tomar una definición. Una decisión similar se espera, para ese momento, en torno a Jorge Brito, el banquero y expresidente de River que, en privado, se mostró abierto a diferentes propuestas. Es otro de los ensayos electorales de un sector del sistema político, en particular del PJ, que le pide mayor amplitud y un corrimiento hacia el centro al gobernador Axel Kicillof. Algunos de ellos estarán el próximo viernes 1 de mayo en Parque Norte, un evento del peronismo tradicional que aglutinará a legisladores, ex dirigentes y ex funcionarios. Auguran buena convocatoria. Y un objetivo: intentar emprender un proceso de “descamporización”.

Definiciones post mundialistas. A esa acumulación de incertezas en materia de oferta electoral se le agregó esta semana otro ingrediente: la incertidumbre en torno a si habrá o no elecciones primarias el próximo año, una instancia ordenadora, tras el envío del Gobierno del proyecto de reforma política que contempla, entre otras modificaciones, la eliminación de las PASO.

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El gobierno no tiene el número para avanzar en esa dirección: se necesitan mayorías especiales, y buena parte de los aliados ya manifestaron, en público y en privado, el rechazo a ese cambio. Por ejemplo, en el PRO: puertas adentro se fijó, al menos por ahora, un posicionamiento favorable a mantener las primarias. El apuro de la Casa Rosada en el despacho de esa iniciativa al Senado evidenció la necesidad del gobierno por recuperar la conversación pública, enfocada en las desprolijidades de Manuel Adorni, las internas libertarias y los datos desalentadores de la economía real.

En el Ejecutivo saben que cualquier definición tendrá lugar después de la Copa del Mundo. En algunos despachos de Casa Rosada se empezó a analizar incluso la opción de explorar un plan B: o la suspensión de las primarias o bien la posibilidad de convertir las PASO en PAS. Es decir, quitar la obligatoriedad.

A Milei no es un rubro que lo desvele, más allá de la batería de posteos que le dedicó al tema esta semana, en medio de un vendaval de publicaciones que incluyó, en un altísimo porcentaje, ataques a la prensa. Sí es un área que despierta un creciente interés en su hermana Karina, que tiene la exclusividad de la estrategia política desde que le ganó la pulseada a Santiago Caputo.

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Karina Milei y Santiago Caputo (ilustración creada con IA)

Esa relación está deteriorada por completo. No tiene vuelta atrás. Allegados muy cercanos al consultor le llegaron a plantear últimamente si no era conveniente abandonar el gobierno, un paso que el asesor presidencial no está dispuesto a dar, no solo por los resortes del poder que están bajo su administración, sino porque está convencido del daño que supondría ese movimiento, que le propinaría, al Presidente, una inestabilidad política aún mayor a la actual. Fuentes cercanas al consultor insistieron, además, en los vínculos de esa ala del gobierno con sectores ligados a la administración republicana de Donald Trump. A propósito, hay una enorme preocupación puertas adentro del gobierno por la suerte de la licitación de la hidrovía, que esta semana abrió su segundo sobre y que desde hace poco tiempo es seguida con lupa por el Departamento de Estado de Trump.

Peter Thiel, el magnate fundador de Palantir y PayPal, uno de los referentes del capitalismo digital que cuestiona el sistema democrático, visitó esta semana al presidente en Casa Rosada, pero antes mantuvo un encuentro privado con el consultor y uno de sus asesores. El viaje de Thiel despertó sospechas sobre la posible provisión de servicios al gobierno. Trascendió que se había pedido una audiencia con autoridades del Ministerio de Seguridad, una información que no fue corroborada.

En Estados Unidos, el vínculo de esos mega millonarios que controlan el negocio digital con el poder político es materia de análisis profuso y controversias en el establishment empresarial y mediático. Y se relaciona con el financiamiento partidario: según la información pública, en las elecciones norteamericanas del 2024, cien de los principales aportantes a las campañas desembolsaron USD2.600 millones, más del doble que las elecciones de cuatro años atrás. La Corte Suprema norteamericana había eliminado los límites al financiamiento político en épocas electorales. En paralelo a la eliminación de las PASO y el intento por reinstaurar el proyecto de Ficha Limpia, el gobierno introdujo en la reforma política un aumento del 2% al 35% como tope a las personas jurídicas y físicas en el financiamiento de un candidato. Es un rubro que estuvo históricamente a cargo de la Hermanísima, pero que también sedujo a Caputo a través de la fundación Faro.

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Más allá del financiamiento, un rubro mucho menos relevante cuando se tiene el monopolio del Estado, la hermana del Presidente ya empezó a diseñar la estrategia electoral. Principalmente, elevó un pedido a los gobernadores aliados para unifiquen los calendarios provinciales con el nacional. Un encargo que, por ahora, nadie puede asegurar.

Mario Ishii, intendente de José C. Paz, y el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, sostienen un encuentro para abordar asuntos de interés provincial y local. (Prensa Ishii )

Será, en todo caso, una definición que, como el resto, se empezará a decidir a partir del segundo semestre, cuando se acabe la fiebre mundialista. Un parteaguas también para Kicillof, que administra una catarata de tensiones internas: desde su relación con Cristina y Máximo Kirchner, que el viernes se ausentó en la asunción del gobernador en el PJ bonaerense para participar de una recorrida por Santa Fe -“lo tenía previsto desde hace tiempo, y está recorriendo el país”, lo excusaron-, a los reclamos de mayor autonomía y la solicitud de los intendentes, que necesitan asegurar sus territorios. La falta de consenso interno abarca todos los campos: desde el terreno social, con choques por el pedido de implementación de la emergencia alimentaria, hasta el judicial. Aún no se pusieron de acuerdo en la integración de la Corte Suprema provincial, que tiene cuatro vacantes: como en el palacio nacional de la calle Talcahuano, funciona con tres. Sergio Torres, su presidente, no está disgustado con la actual nómina como tampoco lo está Horacio Rosatti. De esas cuatro vacantes, una la reclama el gobernador, otra La Cámpora, una tercera el massismo y recién quedaría una cuarta para la oposición, en este caso para LLA. Pero sin los votos del PRO y la UCR no hay negociación posible.

En ese contexto de turbulencia partidaria, toma cada vez más temperatura la chance de que el gobernador adelante el calendario provincial para los primeros meses del 2027. Va a depender, en parte, de la decisión en torno a si habrá o no PASO. Si eso ocurre, la campaña podría empezar a partir del segundo semestre. Y comenzaría una interesante disputa por la sucesión bonaerense, que ya tiene a una lista de postulados. Entre ellos, varios intendentes del socarronamente denominado “Grupo AFA”, que despuntan el vicio en partidos de fútbol y que construyeron una relación directa con la cúpula de la asociación del fútbol local.

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Esa eventual definición con el calendario provincial apura los planes de Diego Santilli, en cuyo entorno dan por segura su candidatura a gobernador por La Libertad Avanza. El ministro tejió un nexo especial con Karina Milei. Ayer participó de un evento partidario junto a ella y Sebastián Pareja. Santilli pasó todos los testeos de lealtad solicitados por la secretaria General. En La Libertad Avanza, también en el PRO, incluso no descartan una futura afiliación partidaria. El ministro comprendió, desde el primer minuto, que la Hermanísima era la llave para ese proyecto bonaerense para el que trabaja a tiempo completo, a pesar de las ambiciones de Pareja: dicen que ya tiene equipos y hasta un probable gabinete en caso de ganar la elección. Y que, cuando triunfó en octubre pasado al frente de la boleta libertaria, caída la postulación de José Luis Espert, los hermanos Milei le confirmaron en una cena de celebración que tenía el camino allanado en Buenos Aires. Una vez terminado el Mundial, podría empezar a ofrecer definiciones más concretas en ese sentido.

Definiciones más urgentes. En medio de esas indecisiones en materia electoral, a las que Milei se volvió a adelantar esta semana cuando confirmó, otra vez, que tiene previsto “aplicar a otro mandato”, en la cúpula de La Libertad Avanza la disputa feroz y a cielo abierto entre su hermana y Caputo se espació en todas las áreas, pero se concentró en un terreno sensible: el de la Justicia.

Javier Milei y Juan Bautista Mahiques

El primer indicio de que esa pelea empezaría a librarse en el terreno judicial como su principal campo de batalla se dio cuando Karina Milei desplazó a Mariano Cúneo Libarona y a Sebastián Amerio del ministerio de Justicia y designó en ese lugar a Juan Bautista Mahiques y Santiago Viola. Significó el corrimiento del consultor estrella en un área que, hasta ese momento, había administrado a discreción. Un área sobre la cual, además, el Presidente siempre se mantuvo ajeno, al igual que con la SIDE.

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Esta semana, sin embargo, Milei tuvo un gesto protocolar pero de fuerte contenido simbólico cuando decidió embarcar en la gira por Israel a Mahiques, en una guerra que no solo exhibe el enfrentamiento entre Karina Milei y Caputo, si no que se transformó en una disputa facciosa dentro del Poder Judicial que puede tener consecuencias aún más perjudiciales para el gobierno. Mahiques se hizo cargo de Justicia por pedido de la Hermanísima, pero accedió a ese lugar sin previo aviso, cuando algunos colegas postulaban a Guillermo Montenegro. Ese movimiento dinamitó algunas relaciones.

La volatilidad de esos vínculos es muy particular porque Ariel Lijo, uno de los promotores de Montenegro, es a la vez uno de los funcionarios más fastidiados con esos movimientos, y fue hasta el año pasado uno de los dos candidatos de los Milei para la Corte Suprema. Ese nivel de interna implica, en paralelo, una pelea por la Procuración, hoy a cargo de Eduardo Casal.

Lijo es el juez que tramita las investigaciones contra Adorni -sostenido sistemáticamente por el Presidente y, en particular, por su hermana-, y delegadas en el fiscal Gerardo Pollicita. Sentimientos ambiguos para el jefe de Gabinete. El año pasado, cuando anunció el envío del pliego del juez que ahora lo investiga para la Corte, lo presentó de esta manera: “Es el único juez, en el caso de que efectivamente forme parte de la Corte, que tiene especialidad en Derecho Penal, el resto no la tiene, y es el único que ha hecho carrera en el Poder Judicial”. Y agregó: “Fueron los valores que se han puesto en el orden de aptitudes el doctor Lijo para ser uno de los dos elegidos”.

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El viernes, el ministro coordinador recibió una buena noticia, esperable, en medio de un tembladeral judicial: basado en un dictamen de la fiscal Alejandra Mangano, el juez Daniel Rafecas archivó el expediente por el viaje de Bettina Angeletti, esposa del jefe de Gabinete, en el avión oficial junto a la comitiva presidencial que viajó junto a Milei a Manhattan, con motivo de la “Argentina Week”. En privado, Adorni jura que puede explicar sus propiedades. Es más endeble la justificación por el viaje en un jet privado a Punta del Este junto a su amigo Marcelo Grandío. “Manuel no se deja ayudar”, aseguró un amigo del ministro. En Casa Rosada se menciona cada vez con más insistencia a Aimé Ayelén Vázquez, “Meme”, mano derecha del ministro.

Este miércoles, Adorni deberá presentarse en el Congreso. Será un test clave, mientras arrecian reproches internas y externos por su permanencia en el gabinete. Estará acompañado por el Presidente, y buena parte del gabinete. El martes, el ministro coordinador estuvo en Luján, en el aniversario por la muerte de Francisco, en una de las pocas apariciones públicas de este último mes, en un ámbito, el de la Iglesia, donde se perdonan los pecados. Milei se ausentó, por el viaje a Israel, y ofrendó un homenaje en ese país al Papa al que, en campaña, le dedicó durísimas críticas. Cuando lo visitó, ya como presidente, Francisco lo abrazó.

Milei en la Iglesia del Santo Sepulcro

El vínculo del Gobierno con la Iglesia no es el mejor, pero Milei podría tener, hacia fin de año, una noticia muy auspiciosa: en fuentes eclesiásticas dan como muy avanzadas las gestiones para que el Papa León XIV visite el país, junto a Uruguay y Perú, en el último trimestre.

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El “vocero amable” de Milei: el plan de Ravier para curar las heridas que deja Adorni

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Primero, incomodidad. Enseguida, indignación. Y, finalmente, enojo entre los que habían aceptado exponerse a una foto que no querían. Manuel Adorni estaba en su oficina de Casa Rosada rodeado por un grupo de senadores libertarios convocados para escuchar de primera mano sus justificaciones patrimoniales y, de paso, medir quién estaba dispuesto a bancarlo en medio del peor momento político de su carrera. No era una reunión cualquiera: en las dos cámaras del Congreso crecía la amenaza de una interpelación con moción de censura y posible remoción. Fue entonces cuando, forzando una sonrisa de ocasión y sin perder su habitual tono socarrón, el funcionario más cuestionado del país lanzó una frase tan brutal como desafiante:

-La verdad, me arrepiento de no haber evadido más.

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La sentencia venía acompañada de una explicación más larga que en ocasiones suele usar el propio Javier Milei: que los argentinos tienen “400.000 millones de dólares en los colchones” y que su “único pecado” fue no declarar lo que había juntado “antes de ingresar a la función pública”.

Ninguno de los interlocutores niega el espíritu de la escena, pero todos compartieron la misma evaluación general: “Este tipo está loco”, se dijeron al salir del palacio gubernamental. La anécdota no es un chisme de pasillo; es una postal que condensa mejor que cualquier comunicado lo lastimado que quedó el “método Adorni” después de cien días de escándalo y la dimensión del desafío que heredó Adrián Ravier incluso antes de pararse en el atril de la Vocería presidencial.

El jefe de Gabinete se mantuvo como en el foco de la polémica por varias semanas, tras comenzar a ser investigado por presunto enriquecimiento ilícito (EFE)

A pocos metros del escenario donde se producían esas confesiones, el economista pampeano afinaba los detalles de su debut ante los micrófonos y corregía el posteo en redes sociales con el que iba a anunciar sus primeros pasos. “Estaré disponible para responder las preguntas que tengan los periodistas acreditados con la transparencia, la información y el rigor técnico que el rol exige. Recibo este desafío con humildad y plena consciencia de la responsabilidad institucional que conlleva”, tipeó.

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El contraste no podía ser más marcado: mientras su jefe esbozaba otra frase para el olvido, él prometía ante la sociedad un estilo que su antecesor nunca tuvo. Es que el portavoz no llega solo a reemplazar una cara. Llega para sepultar un método. O, como admiten sin demasiada poesía en despachos oficiales, a probar si todavía es posible difundir los méritos del gobierno libertario sin que cada exposición termine convertida en un tribunal popular o un ring de boxeo. El diagnóstico es claro: en Balcarce 50 ya nadie puede pronunciar la palabra “gestión” sin que aparezcan los pormenores del affaire del ministro coordinador.

“Hacia afuera, Milei polariza y putea porque él es así. Hacia adentro, quiere cambiar la dinámica y por eso eligió a Adrián y no a otro”, resume un integrante de La Libertad Avanza que conoce los movimientos de las últimas horas. La definición parece sencilla, pero es bastante más profunda de lo que suena: si el primer mandatario hubiese querido más combustión, tenía a mano una cantera infinita de libertarios con vocación de motosierra verbal, tuiteros con sobredosis de épica, influencers de mandíbula floja y cruzados digitales listos para gritar que la casta política, empresarial, judicial y mediática no merece oxígeno. “No es que fueron a buscar al Gordo Dan o a algún fan reaccionario. Seleccionó a un académico de modales previsibles con el que tiene un vínculo ideológico fuerte”, agrega la fuente. Y destaca una promesa inicial que, dentro del ecosistema violeta, suena casi revolucionaria: escuchar, responder, ordenar y no escupir para arriba ni chicanear por deporte.

En la Rosada describen la llegada de Ravier como parte de un “lavado de cara” comunicacional, aunque esa expresión tenga una pizca de confesión involuntaria: para lavarla primero hay que admitir que está sucia. En el corazón del Gobierno están convencidos de que la caída de imagen de Milei en los últimos meses no se explica solamente por el caso Adorni, por la sospecha de enriquecimiento ilícito, por las rectificaciones de su declaración jurada o por el desgaste de haber convertido la austeridad en un sermón que terminó rebotando contra sus propias paredes. Confiesan, asimismo, que la estrategia para enfrentar la crisis fue “horrenda”. Y que hay un modelo que se agotó. “Lo que hicimos nos sirvió durante dos años, que no es poca cosa en semejante batalla cultural que estamos librando, pero hay que reconocer que hace seis meses que ya no sirve más”, sostiene, con notable autocrítica, un miembro clave de la Mesa Política.

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Adrian Ravier, el nuevo vocero presidencial, se presenta en su primer acto público en el edificio de la Casa Rosada

Otro integrante de ese órgano informal se sincera todavía más entre el trajín de su apretada agenda: “La pregunta no es solo quién es Ravier. La pregunta es qué viene a hacer Ravier. Y, más particularmente, cuánto lo vamos a dejar hacer”. El primer acercamiento a una respuesta a esa duda trascendental apareció este viernes en la presentación del portavoz ante los comunicadores acreditados, cercenados como nunca antes en sus movimientos por los pasillos del poder: con un breve monólogo escrito que todavía no permitió preguntas, delineó una hoja de ruta que buscó contrastar con la etapa anterior sin dinamitarla de manera explícita. Y si bien plantó bandera (”Nunca antes hubo una discrepancia tan grande entre los logros que tuvo un gobierno y la conversación pública”), también se mostró abierto a un cambio de clima institucional (“Voy a hacer de la Sala de Prensa un lugar de respeto y apertura al debate de ideas”).

Sin embargo, lo más disruptivo de los primeros pasos de Adrián Ravier en su nueva función llegó sobre el final de su alocución, transmitida en vivo por YouTube desde el Salón Héroes de Malvinas: “Concibo al periodismo como un eje central en la democracia de nuestro país”, leyó, consciente de que esa combinación de palabras es una bandera blanca que no flameaba desde el 10 de diciembre de 2023. ¿Adiós para siempre al lema “No odiamos lo suficiente”? En su entorno contestan sin titubear pese a lo delicado del asunto: “En la superficie puede seguir habiendo NONSALP, pero hacia abajo no. No es nuestra onda”. Traducción para no iniciados: Milei probablemente seguirá siendo Milei, con sus posteos furiosos y sus enemigos de turno, pero esa oficina buscará dejar de funcionar como una “máquina de maltratar” para convertirse en “un dispositivo de comunicación eficiente”. De hecho, como muestra de buena voluntad, juran estar pensando en la posibilidad de dar una conferencia de prensa por semana: tono firme, formas moderadas, hincapié en las “buenas noticias” y “menos tire y afloje”. Todo esto representará, si se cumple, un giro copernicano en la Argentina libertaria de 2026.

“Se te agrandó el aula, Adrián”, le dijo una alumna a Ravier después de conocida la noticia de su designación. Como una metáfora útil, él la repitió con gracia a quien quisiera oírla. “El problema es que ahora el aula tiene ministros, opositores, cámaras, discusiones feroces y un jefe investigado”, se ríe uno de sus colaboradores.

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El apellido Adorni instaló en el debate público una sensibilidad inédita sobre el patrimonio de los funcionarios. Ravier lo sabe. Presentó su primera DDJJ ante la Oficina Anticorrupción el 5 de enero, menos de un mes después de haber asumido como diputado de La Libertad Avanza y un par de meses antes de que los dólares de su antecesor comenzaran a convertirse en la novela de terror político del año. La fotografía de sus bienes suma $263.078.084, unos U$S 175.000 a la cotización actual de $1500. “Sin excentricidades con cascadas en piletas climatizadas, o viajes en vuelos privados, o criptoactivos de origen incierto”, ironiza un dirigente de La Pampa que lo conoce de toda la vida.

Un aspecto palaciego para seguir de cerca: en la reorganización del área de comunicación también se esconde una de las peleas internas más ruidosas del Gobierno. Aunque el desembarco de Ravier “fue todo de Javier”, según cuentan cerca del primer mandatario, el deslucido Triángulo de Hierro puja por no perder terreno: Karina Milei quiere preservar la estructura que orbita en torno a Adorni y a los Menem; Santiago Caputo, con sus credenciales de consultor a cuestas, resiste ante la sospecha de perder terreno en el esquema. Por eso, personas con acceso a la Quinta de Olivos confirman que “se pensó en serio” que la flamante Vocería y la nueva Secretaría de Comunicación y Prensa a cargo de Fabián Fernández tuvieran independencia en el organigrama estatal. El decreto con las designaciones y los puntos que quedan por resolver se van a conocer en el Boletín Oficial recién en las primeras horas de la próxima semana al regreso del sexto viaje del Presidente a España.

El

Un apunte sobre Fernández, que viene de seguir a sol y sombra a Horacio Marín en YPF y de coordinar la pauta publicitaria del gigante petrolero: no va a dar notas, no va a aparecer públicamente y, quizás lo que más llama la atención, ni siquiera tiene abiertas sus redes sociales.

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A propósito de las rencillas entre “El Jefe” y el “Mago del Kremlin”, a nadie en el oficialismo se le escapó el hecho de que la primera aparición pública conjunta de Milei y su renovado vocero haya sido en un evento de la Fundación Faro, el centro de estudios liderado por Agustín Laje y territorio de influencia de Caputo. La visita se gestó justo después de que la Inspección General de Justicia, conducida por un hombre de Karina, intimara a sus representantes a presentar información sobre el origen de casi $5.000 millones en aportes declarados solo durante el ejercicio contable 2024. “Fue un movimiento del tablero que en el caputismo se sintió como una señal de advertencia. Llevar a Adrián a esa gala fue, en ese contexto, una forma de descomprimir”, admiten los que estuvieron al tanto de esta decisión al parecer inocente.

Por más que aún no asumió formalmente, Ravier y su equipo chico quieren centralizar la comunicación violeta: de esta manera, todas las carteras deberán enviar sus novedades a Vocería y esperar que esa oficina evalúe cómo y cuándo se difundirá lo que tienen para decir. “No es que pesos pesados como Toto Caputo o Federico Strurzenegger van a tener que pedirnos permiso para hablar, pero necesitamos centralizar y darle prolijidad a este lío”, adelantan.

Cuando el martes a las 11 se enfrente a su primera conferencia, Adrián Ravier querrá hablar de estabilidad macroeconómica, superávit fiscal, baja en el Riesgo País, desaceleración inflacionaria, mejoramiento en una actividad que sigue corriendo a dos velocidades y posibles reformas para el futuro cercano. Pero la primera pregunta seria será, inevitablemente, sobre Manuel Adorni. En su equipo lo saben y ya tenían preparada la respuesta: que el jefe de Gabinete dio sus explicaciones, que presentó sus papeles y que todo lo demás es un show político del Congreso. La fórmula podía servir para atravesar ese contacto con la prensa. Difícilmente alcanzaba para clausurar el problema. “Manuel era tóxico. Si nos tocaba defenderlo, íbamos a bancar la parada”, se resignan, hablando en tiempo pasado, los que ya venían hartos del caso en el Gobierno.

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Adorni, mientras tanto, siguió siendo hasta el final de la semana el centro de gravedad del mundo político en Argentina y el libertario de mayor rango sentado en el banquillo de los acusados. El Presidente lo respaldó hasta último momento en público y en privado: en Madrid declaró que si la Justicia lo considera culpable lo eyecta “de una patada”, pero que hasta entonces cree en su honestidad. No alcanza: aunque parecía que iba a estar blindado eternamente, el Congreso lo venía queriendo afuera gracias al mecanismo que prevé el Artículo 101 de la Constitución reformada en 1994. De “brazos caídos” y con “convicción cero”, como define un legislador libertario, fueron jornadas en las que los tecnicismos reglamentarios del parlamento escondieron una vez más la incomodidad del oficialismo con el expediente Adorni. ¿Cómo se encaminó la negociación entre todas las facciones? Si se avanzaba con la interpelación, el número mágico se alcanzaría con dos tercios: en el Senado, 48 votos de 72 totales en caso de asistencia perfecta; en Diputados, 171 sobre 257. Son guarismos más elevados en comparación con los que buscan quienes defienden la mayoría absoluta, que se alcanza con la mitad más uno de los presentes. Todos estuvieron haciendo cuentas y no querían exponerse a derrotas prematuras, como pasó en las últimas sesiones de ambas cámaras.

Bullrich fue una de las dirigentes libertarias en hacer público su molestia por el caso Adorni (NA)

El vínculo entre Patricia Bullrich y el ahora ex portavoz presidencial merece un nuevo capítulo aparte. La jefa de bloque en el Senado empujó para suspender el informe de gestión que Adorni tenía previsto dar el 2 de julio en el recinto con una explicación que sonó más a sincericidio que a comunicado institucional: no tenía sentido hacerlo ir para que lo tuvieran ocho horas castigándolo en público o, peor, dejarlo solo y abandonado si la oposición decidía vaciar la sesión. Ante la difusión de la movida, el propio jefe de Gabinete publicó en X que estaba a disposición para presentarse ese día. En la Rosada juraron que no hubo descoordinación. En el Palacio Legislativo, Patricia puteaba a viva voz.

Sea como sea, todos en LLA saben que esta debilidad existencial alrededor de Manuel Adorni tiene frenados proyectos clave como la reforma electoral que podría eliminar o suspender las PASO y así allanar el camino de Milei a una reelección en 2027. Y atención: están freezados también los pliegos que tienen en vilo al ministro Juan Bautista Mahiques y que podrían reconfigurar el reparto de poder en la Justicia.

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Así las cosas, los rumores de que “estos sí son los últimos días de Adorni en la gestión” continuaban arreciando hasta este viernes de forma permanente. “No sobrevive al Mundial”, “se quedó sin vida” o “hasta acá llegó” son algunas de las lacónicas expresiones que salen de la boca de funcionarios bien informados.

En paralelo, el partido fundado por Mauricio Macri también quedó atravesado por su propia crisis de identidad. Por un lado, Cristian Ritondo, que comanda la tropa en la Cámara Baja, es tildado de “colaboracionista” por algunos de sus correligionarios por su postura tendiente a estirar los tiempos legislativos. “No iba a hacer nada que lastime el principio de acuerdo que hay con La Libertad Avanza para construir una alianza amplia que entronice a Diego Santilli como candidato a suceder a Axel Kicillof en la provincia de Buenos Aires”, revelan los que lo trataron durante las negociaciones por Adorni. Del otro lado, Martín Goerling Lara, el titular del bloque amarillo en la Cámara Alta, encabeza el ala combativa y hasta presentó un proyecto para que el investigado por la Justicia Federal brinde explicaciones sobre la evolución de su patrimonio, las omisiones, las inconsistencias y las falsedades reconocidas.

La renuncia de Esteban Bullrich al PRO terminó de darle un marco moral a las contradicciones amarillas. En su inesperada carta abierta, sostuvo que la protección brindada a Adorni fue el hecho que terminó de evidenciar la distancia entre los valores fundacionales del partido y sus decisiones actuales. Fernando de Andreis, mano derecha del ex presidente de la Nación, le respondió con dolor y desacuerdo, pero el golpe ya estaba dado. El “Adornigate”, que nació como una controversia patrimonial libertaria, empezó a funcionar también como espejo incómodo para los socios del cambio.

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Varios integrantes del PRO habrían recriminado a Ritondo su postura colaboracionista para con el oficialismo

Del otro lado de la grieta, el peronismo tampoco ofrece una postal de fortaleza. Máximo Kirchner volvió a cruzar a Axel Kicillof con una frase venenosa sobre quienes “hablan de unidad” pero “ni siquiera son capaces de ir a ver” a Cristina en su detención domiciliaria. Más directos todavía fueron los dardos a la gestión provincial por parte del senador K Mario Ishii, que en la primera sesión del año escupió una acusación letal mirando a los ojos a la axelista Verónica Magario con fotos de la provincia en la mano: “El conurbano se está incendiando”. La batalla no escaló porque la orden del gobernador fue no responder, pero cerca suyo dan por descontada una “realidad dramática”: están seguros que “CFK y La Cámpora preferirían que Milei gane en 2027” antes que ver a su ex ministro de Economía llegar a la Casa Rosada.

Cuando se enojan, así sea en privado, en La Plata ponen sobre la mesa munición pesada: recuerdan que Martín Insaurralde “es de ellos” y que “se tienen que hacer cargo”. Los videos con millones de dólares en efectivo en un guardarropa de lujo y el regreso del ex intendente de Lomas de Zamora a la escena judicial tuvieron impacto masivo, golpearon al peronismo bonaerense y reactivaron la causa por presunto lavado y enriquecimiento ilícito. Increíble pero real: el expediente cumple tres años sin que el hombre que se viralizó disfrutando en el yate “El Bandido” con la modelo Sofía Clerici haya sido citado a declarar. Ahora, el magistrado Luis Armella, a pedido del fiscal Sergio Mola, allanó a su ex esposa Jésica Cirio, pero llamativamente el principal señalado todavía no pisó los tribunales.

En las principales oficinas libertarias prestaron atención a un detalle que les regaló la arena digital: las mediciones que llegaron a Casa Rosada de consultoras de opinión pública como Ad/Hoc o Enter Comunicación mostraron una paridad inquietante entre el volumen de conversación online del caso Insaurralde-Cirio y el pico de menciones que tuvo la última oleada de problemas de Manuel Adorni. Un ministro que recibió esos estudios lo analizó sin escrúpulos: “En términos políticos, es una pésima noticia para nosotros en el Gobierno. El peronismo suma leña a su propia hoguera e igual se sigue hablando de nuestro quilombo. Si un placard lleno de guita verde no alcanza para tapar a tu jefe de Gabinete, el problema no es el placard: es tu jefe de Gabinete”. Con ese panorama, el final de esta historia ya estaba escrito hace rato.

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Javier Milei y sus medidas, en vivo: expectativa por la renuncia de Adorni y el regreso de España del Presidente

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MAR DEL PLATA.- Entre cumbias, cuartetos y reggaetón para la previa y cada cambio de oradores, con el rock de AC/DC como cortina para la figura esperada, el expresidente Mauricio Macri reunió de cara al mar de Playa Grande a las principales figuras del PRO y desde aquí ratificó que su partido “no destruye la confianza que necesita el cambio” y comprometió que votarán por la interpelación de Manuel Adorni en ambas cámaras legislativas.

“El cambio no está garantizado: el populismo vuelve, te destruye y te lleva diez pasos para atrás”, dijo para insistir en que “la confianza es el valor central que necesitamos”. Y en cuanto al caso Adorni, lamentó que el ruido que genera “no permite que comentemos los avances que el país tuvo con un ordenamiento que traiga progreso con confianza e inversión”.

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En agosto del año pasado, el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, compró en su cuenta de Mercado Libre un “monitor gamer” y dos proyectores para videojuegos que le costaron, en total, 5.848.589 pesos, mucho más que su sueldo de ese mes. La compra fue hecha desde la cuenta personal del funcionario, pero con tarjetas de crédito ajenas, que pertenecen a dos empleados públicos que trabajaban a sus órdenes dentro de la estructura de la Vocería Presidencial, según informaron a  fuentes oficiales con acceso a los registros.

El monitor gamer fue comprado el 19 de agosto pasado. Costó $2.184.999,05 y figura en los documentos de Mercado Libre como pagado con una tarjeta cuya titular es Laura Daniela Schiuma, directora general de Actividades Presidenciales de la Subsecretaría de Vocería y Comunicación de Gobierno de la Secretaría de Comunicación y Medios de la Presidencia, precisaron las fuentes.

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El fiscal Sergio Mola pidió la detención del exintendente de Lomas de Zamora y exjefe de Gabinete de Axel Kicillof, Martín Insaurralde, y de su exesposa Jesica Cirio en la causa que lo investiga por presunto enriquecimiento ilícito.

La medida fue solicitada al juez federal Luis Armella, que será quien decida si la concede.

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En principio, aparece como poco probable que el juez acepte el pedido, según dijeron a  fuentes judiciales, que analizaron que no se cumplirían los requisitos necesarios para ordenar la captura del exjefe comunal. En los tres años que lleva el expediente, Armella no citó ni siquiera a declarar a Insaurralde.

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Hay un detalle delicioso en la galería de imágenes del vestidor de Martín Insaurralde; detalle que, claro, debemos agradecer a la fina percepción documental de Jesica Cirio. Allí, en un estante, aparece un gorro que lleva inscripta la cara de Perón. Mi General, qué grande sos, cuánto valés. Cuánto valés como testigo, o compañía, o guardián de los millones de dólares que allí, a centímetros, atesoraba el dueño de casa. El fundador y la millonada en armoniosa convivencia, haciéndole justicia a la historia: no los ha reunido una loca pirueta del destino, sino el peronismo visceral de Martín, toro en Lomas de Zamora, torazo en la recaudación. Es ese peronismo que imprime carácter y que ya le vimos a Néstor en su célebre abrazo a una caja fuerte, a los contadores de La Rosadita, a José López en el convento. Peronismo que puede materializarse en forma de yate, de bolso, de hotel. En serio: gracias, Jesi. Tu camarita curiosa –curiosa y detallista como cuaderno Gloria– muestra el todo y muestra las partes. No todos son billetes termosellados. Perón, principio y fin, alfa y omega, irrumpe en la escena y la explica. Aparición beatífica, así en una cap como en cajones y valijas. “¿Quién ha visto alguna vez un dólar?”. Usted y su descendencia, mi General.

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A pesar de los intentos por correrlo de la escena pública y apaciguar el volcán informativo de su caso, el nombre de Manuel Adorni sigue más en el foco de la tormenta: su continuidad como jefe de Gabinete volvió a quedar en medio de fuertes dudas en la Casa Rosada y la oposición en el Congreso se prepara para retomar los pedidos para removerlo.

“La continuidad es cuestión de horas”, coincidieron distintas fuentes oficiales esta tarde. La salida del funcionario se podría concretar el domingo, luego de que Javier Milei regrese al país este sábado por la mañana, tras su viaje a España. De todos modos, fuentes oficiales no descartaron a  que el recambio se produzca mañana mismo.

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POLITICA

Peronismo roto: La Cámpora acusa a Kicillof de intentar armar un kirchnerismo sin Cristina

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La última semana de junio tuvo un eje distintivo en el peronismo. Hubo una avanzada muy potente contra Axel Kicillof por parte de distintos dirigentes del universo kirchnerista. La interna por los liderazgos y la construcción de un nuevo esquema electoral sumó un capítulo marcado por las diferencias que, a esta altura del partido, algunos dirigentes de peso consideran que son irreconciliables.

Nombrándolo o poniéndolo en la mira sin explicitar su nombre, el cristinismo lanzó un sinfín de críticas y chicanas contra el gobernador bonaerense. Todos contra Kicillof. Máximo Kirchner, Teresa García, Sergio Berni, Emmanuel González Santalla, Facundo Tignanelli y Guillermo Moreno. El Gobernador bajó la orden de no responder. Solo Carlos Bianco dijo que había algunos sectores más enfocados en criticar a los dirigentes del peronismo que a Javier Milei.

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Tal vez lo más extraño de la avanzada haya sido no tener en cuenta el preconcepto que tiene el cristinismo sobre Kicillof, al acusan de victimizarse en forma sistemática. Fue tan evidente el encadenamiento de cuestionamientos públicos que, sin quererlo, el mandatario bonaerense terminó quedando en el lugar de víctima, dentro de una interna en la que no hay triunfadores. Todos, en mayor o menor medida, salen heridos.

En el kicillofismo tiene una hipótesis que articula su estrategia en la interna. Creen que les sirve que La Cámpora y el sector más duro del cristinismo cuestionen a Kicillof. Advierten que, lejos de desgastarlo, exponen la diferencia entre el Gobernador y el sector que lidera Cristina Kirchner. Es, entonces, una buena forma de desmarcarse sin pagar el costo político de hacerlo, como sucedió cuando el año pasado decidió desdoblar los comicios provinciales de los nacionales.

Una multitud de asistentes, predominantemente mujeres, aplaude y levanta los brazos con alegría en una convención, rodeada de pancartas que promueven la diversidad.

Tras la continuidad de días afiebrados, en el cristinismo tienen una conclusión contundente sobre el proyecto político que encarna el mandatario bonaerense. “Axel quiere un kirchnerismo sin Cristina”, graficó un dirigente muy importante de La Cámpora. “Tiene una decisión tomada de construir sin Cristina. Por eso no va a visitarla”, agregó.

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En el corazón de cristinismo no tomaron bien el mensaje que Kicillof deja correr sobre el lugar que debe tener la ex Jefa de Estado en el próximo armado electoral. “Cristina no es una más. No es un dirigente más. No todo es lo mismo. La relación está cada vez más agrietada”, sostienen cerca de la ex presidenta, donde consideran una subestimación de su liderazgo los movimientos de Kicillof que incluyen su figura.

El mandatario bonaerense sostiene en privado que la ex mandataria tiene que ser parte del proyecto político del peronismo en el 2027. La objeción que pone sobre la mesa es que él no quiere ser un candidato delegado por su poder, ni quiere condicionamientos de su entorno. Kicillof entiende que aceptar esas condiciones sería repetir la historia del fracaso de Alberto Fernández en el gobierno nacional.

“¿El problema de la Argentina es Axel? ¿No es Milei? No les interesa ganar. Solo quieren destruir y lo hacen explícito», precisó un funcionario de primera línea del gobierno bonaerense y muy cercano al Gobernador, que dejó flotando en el aire una frase que advierte el complejo futuro del peronismo: “Ni Alberto Fernández, ni Héctor Cámpora. Si llegamos, vamos a llegar sin la tutela de Cristina”.

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Máximo Kirchner fue muy duro contra Axel Kicillof en el último acto público que hizo en Parque Lezama

Kicillof acepta que CFK tiene una enorme cantidad de votos sobre su espalda. Incluso, reniega de aquellos que dicen que él cree que la ex mandataria resta votos. Se mantiene lejos de la interna. No habla en público del tema. Ni de la pelea con los Kirchner ni de su futura candidatura presidencial. Los dirigentes que están a su lado son los que expresan lo que el Gobernador no quiere decir en forma explícita.

Tal vez por eso en el cristinismo sostengan que el mensaje de la legisladora porteña Berenice Iáñez, que movió el avispero kirchnerista, sea la expresión pública de lo que Kicillof piensa en privado. Aquello de que Cristina “jode bastante las pelotas” y “quiere conducir desde un balcón”. “Axel no se anima a decirlo. No se anima a explicitar por qué no la va a ver a CFK y por qué quiere armar un proyecto sin ella”, señalan cerca de la ex mandataria.

En el sector de la ex presidenta sostienen que el Gobernador no quiere asumir el costo de decir, públicamente, los motivos por los que no va a ver a Cristina Kirchner. “Él quiere construir una imagen nacional despegado de Cristina”, indicaron en el cristinismo, donde hacen tiempo remarcan que la decisión de Kicillof está desajustada en términos políticos y humanos. “Hace ocho meses que no ve a la persona que lo hizo gobernador”, sentenció un diputado nacional de ese espacio.

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Del otro lado del mostrador, en La Plata, no se sienten tocados por los cuestionamientos. Sobre todo lo que tiene que ver con lo humano. “Cuando Axel quizo saber cómo estaba la salud de Cristina, que estaba internada (en el Sanatorio Otamendi), nadie le contestó el teléfono”, afirmaron en el círculo más chico del Gobernador, donde también destacaron que estuvieron en línea con la situación gracias a la información transmitida por el ministro del Salud bonaerense y dirigente de La Cámpora, Nicolás Kreplak.

Cristina Kirchner cumplió un año presa en el departamento de San José 1111

En el camporismo le apuntan a Kicillof no solo por no visitarla en la actualidad, sino por no consultar sobre su situación personal. “No llama ni para preguntar si necesita algo”, sostienen, recordando el mensaje que Máximo Kirchner mandó el sábado pasado en el aniversario de la condena y detención de su maddre. Las relaciones internas entre los bandos están muy agrietadas. El futuro es extremandamente incierto.

“Axel ya fue a ver a Cristina. ¿Qué temas hay que hablar? Del momento en que la vió a este momento, no cambió nada. Si cambiaron las condiciones, fue de parte de ellos. No parece haber nada para hablar. Salvo que sea para dialogar sobre cuestiones del futuro del espacio», explicó un funcionario de extrema confianza de Kicillof. El camino entre La Plata y San José 1111 está cortado.

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En el círculo más chico del kicillofismo incluso sostienen que la intención de CFK es que el Gobernador se supedite a la conducción de Máximo Kirchner. En La Cámpora desmienten esa versión. “Eso es falso. Cristina nunca le pediría algo así. Nunca le dijo eso. Ni nada de eso se habló en la último reunión que tuvieron en octubre”, expresó un funcionario camporista de estrecha relación con la familia Kirchner.

Tal como contó esta semana Infobae, Kicillof proyecta competir en unas PASO con un candidato de Cristina Kirchner. En la intimidad asume que ese sector no lo va a apoyar y que deberá enfrentarlo. Lo tenía claro hace tiempo pero lo terminó de confirmar después del discurso del líder de La Cámpora en Parque Lezama. Y sino hay elecciones Primarias porque el Gobierno logra derogarlas, entonces habrá una fractura del peronismo similar a la del 2003. Listas separadas y una elección general que oficie de PASO. La unidad, hoy por hoy, no es una opción.

Cerca de CFK toman esa decisión como una postura con mala fe. “Se la pasó hablando de la unidad y ahora quiere competir con el kirchnerismo, cuando Cristina está presa y tiene las manos atadas”, sentenció, con fastidio, un dirigente que tiene una relación muy estrecha con la familia Kirchner. No hay puntos de acuerdo. No hay una mirada común. La historia sigue.

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El laberinto, por el momento, no tiene salida.

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