POLITICA
Círculo rojo: las mil y una discusiones por el modelo peronista y las negociaciones bonaerenses

“Hay que aprovechar el Mundial para empezar a ordenarse”, asegura un altísimo dirigente del peronismo con ambiciones presidenciales. Pareciera ser un objetivo casi tan complejo como la obtención del bicampeonato por parte del seleccionado de Lionel Scaloni, aunque con una diferencia sustancial: el liderazgo indiscutible del técnico argentino. Sin embargo, la discusión en el seno del peronismo ya no es solo por el candidato si no más bien por el modelo y, algo aún más relevante, quién lo lidera. Es decir, no solo por el DT si no por la estrategia que ejecute en la cancha de cara a las elecciones del año próximo.
Ese debate se adelantó en el feriado del 1 de Mayo, en el acto de Parque Norte encabezado por dirigentes como Juan Manuel Olmos, Victoria Tolosa Paz, Guillermo Michel e intendentes del interior y del Gran Buenos Aires, que postularon la necesidad de recuperar la doctrina de Néstor Kirchner de crecimiento sin déficit fiscal, el término maldito que Javier Milei introdujo en estos años con éxito en la agenda pública y que ahora interpela a un PJ que quiere saldar cuentas antes de la campaña del 2027 para no repetir los errores de la fallida experiencia del Frente de Todos. “Es importante ganar, pero también llegar con un plan discutido, que fue lo que no tuvimos en el 2019″, admite uno de esos dirigentes.
Esa postulación de Parque Norte se interpretó no solo como un mensaje a Axel Kicillof, que no suele ponderar en sus discursos el equilibrio de las cuentas públicas más allá de que alcanzó el superávit fiscal en la provincia de Buenos Aires hasta la irrupción de Milei en la escena nacional –“Axel no es un talibán del superávit, pero tampoco es un fanático del déficit: hay momentos en los que se puede, y momentos en los que no se puede”, respondieron desde La Plata-, sino como un aviso al kirchnerismo duro, y una señal al círculo rojo, ávido, en un sector, por una propuesta de continuidad programática con algo más de racionalidad que el esquema actual libertario. “El círculo rojo tomó nota, nos preguntan ‘¿es en serio esto del equilibrio fiscal…?’“, admitió un dirigente que encabezó el lanzamiento de Parque Norte.
La semana pasada, en una entrevista con El Destape, la diputada Paula Penacca, de La Cámpora, muy cercana a Máximo Kirchner, metió el dedo en la llaga. “Ese verso no hay que comérselo más, nos empiezan a meter en una discusión en la que nos moderan los términos, y cuando nos moderan los términos nos moderan las acciones. El peronismo no puede ser un peronismo modesto, condescendiente, que habla de equilibrio fiscal. Está bien, todos creemos que hay que tener una macro estable en la Argentina, ahora, eso no puede ser a condición de dejar para último minuto la distribución del ingreso”, dijo. Le respondió Tolosa Paz, a través de un posteo en X titulado “escuchar a Néstor, SIEMPRE”, en el que publicó un fragmento de un discurso de Kirchner en el que el ex presidente se refería al “cuidado del gasto”, y que “el equilibrio de las cuentas públicas, tanto de la nación como de las provincias, es fundamental”.
Fue Aníbal Fernández, ex jefe de Gabinete, abiertamente enemistado con La Cámpora, el que, de todos modos, ofreció durante la semana una versión mucho más audaz. Cuando Pedro Rosemblat, en su programa de Gelatina, le preguntó qué dejaría de la gestión Milei, la respuesta del ex funcionario lo tomó por sorpresa. “¿Vos querés saber si yo dejo algo de lo que hizo Milei? Todo… Todo, no toco nada, y empiezo a mirar pedacito por pedacito, porque el esfuerzo que le hicieron hacer al pueblo argentino no se puede dilapidar, no se puede dejar de costado», sorprendió. El quilmeño dijo que el peronismo no debería correr el péndulo en materia de gestión si le toca volver al poder el próximo año: “Tenés que ponerte en condiciones para saber lo que vas a hacer”.

Esa frase es la que, en parte, atraviesa al peronismo: qué modelo ofrecer a la sociedad para ser atractivos tras el fiasco del Frente de Todos, una coalición exitosa electoralmente pero muy defectuosa en términos de gestión y del programa, que terminó con el triunfo de Milei en el 2023, un outsider que llegó a la Presidencia con una inflación desbocada, un hartazgo generalizado en la “casta política” y un nuevo sujeto social que la propia Cristina Kirchner, en su rol de vicepresidenta, catalogó como “trabajadores asalariados pobres”, según remarcó, una experiencia inédita para el peronismo.
En junio del 2021, en una de sus clases magistrales en Avellaneda, en un plenario de la CTA junto al intendente Jorge Ferraresi -uno de los más entusiastas hoy en el proyecto presidencial de Kicillof-, la ex presidenta hizo una larga presentación económica en la que incluyó gráficos con información del G20 en los que se exhibía a Estados Unidos al tope de un ranking de países desarrollados en materia de desequilibrio fiscal. “Fíjense -pedía, mientras se sucedían filminas y gráficos-, Estados Unidos récord en materia de déficit fiscal total. ¿Qué quiere decir esto? ¿Qué el déficit fiscal es bueno? No, no quiere decir que es bueno. Estoy tratando de buscar las causas por las que la inflación acá es única en el mundo, por el déficit fiscal no es. El déficit, que es un concepto económico, no matemática, no necesariamente es el causante de los desmadres económicos y de la súper inflación», planteó frente a una platea que aplaudía a rabiar. Enseguida, hizo alusión a la oferta y la demanda, a los postulados de Milei, que empezaba a hacerse notar cada vez más desde el Congreso, e hizo hincapié en la supuesta evasión y las ganancias de las empresas, en la formación de activos en el exterior y en lo que denominó “festival de importaciones”, un latiguillo que hizo mucho ruido hacia adentro del gabinete de Alberto Fernández.

Según datos recopilados por la consultora Equilibra, de Diego Bossio y Martín Rapetti, el último año con superávit financiero durante el kirchnerismo fue en el 2008, en el segundo año del primer gobierno de Cristina Kirchner: el ex presidente había llegado a ese objetivo durante toda su gestión, apalancado, en buena medida, por el viento de cola del valor de los commodities como la soja. El 2009 fue el último año de superávit primario, es decir, sin incluir el pago de los intereses de la deuda pública.
Cuando Milei llegó al gobierno, colocó un ancla inflacionaria a su programa y basó toda su administración en el equilibrio de las cuentas públicas hasta convertirlo en un dogma. Era una discusión que ya se había instalado en el seno del Frente de Todos en la campaña del 2023, y que desde el equipo de Sergio Massa proponían como posible programa de gobierno, aunque desde las oficinas del propio candidato admitirían, una vez asumido Milei, que la base electoral del peronismo, y los integrantes de la coalición peronista, no hubieran tolerado un ajuste de estas magnitudes. Lo sufrió en carne propia Martín Guzmán, que no pudo aumentar las tarifas de los servicios públicos por el rechazo interno del cristinismo: el ex ministro de Economía ni siquiera pudo correr de su cargo a Federico Basualdo, que se opuso a esa decisión por sobre su propio jefe.
Massa deshoja ahora su propia margarita de cara al 2027. En su entorno se dividen las aguas, entre los que piensan que tiene “una bala más en la recamara”, en referencia a una hipotética nueva postulación nacional, y los que consideran que tiene que volver a reconstruir su vínculo con la sociedad desde una postulación a gobernador. Están, por último, los que creen que es mejor así: ejecutar la influencia que ejerce desde su oficina de Libertador, con redes en todo el círculo rojo.
El ex ministro mantiene intacta su sociedad con el kirchnerismo, y una buena relación con Kicillof. Ayer, Sergio Uñac, que se lanzó a la Presidencia, reunió a referentes del PJ en su provincia. Se postuló con el guiño de la ex presidenta, interpretado como una señal, tibia por el momento, a Kicillof.

Lo cierto es que, en el debate fiscal, dentro del propio Gobierno se inquietan ahora por el ajuste de Luis Caputo, “Toto”, que hasta él mismo cuestionó hace dos semanas, en una entrevista televisiva, cuando se sinceró: “Tenemos que recaudar más, seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil”. Más directo fue un altísimo dirigente del oficialismo, que planteó: “Es fácil tener superávit a lo ‘Toto’ si no le pagás a nadie”.
Por eso Vaca Muerta se transformó, transversal a todos los gobiernos, desde CFK -el kicillofismo saca pecho con la estatización- hasta Milei, en una política de Estado que puede ser la llave de esa disyuntiva para las próximas administraciones, con una generación de divisas fenomenal en un mundo, como el actual, que demanda energía. Algo similar sucede con la minería, en particular con el cobre: las grandes compañías a nivel global, desde Glencore y Río Tinto hasta BHP/Lundin, ya pusieron un pie en el país, con inversiones a largo plazo que, según los proyectos presentados en el RIGI, ascienden a más de USD40.000 millones. Según los expertos del sector, la minería podría convertirse, en unos 10 años, en un rubro tan trascendental para el desarrollo del país como el campo o Vaca Muerta.
El mes pasado, cuando se sancionaron en el Congreso las modificaciones a la Ley de Glaciares que reclamaban las empresas y las provincias mineras, los representantes de la cámara sectorial pidieron una reunión con Kicillof mientras se discutía el proyecto en audiencia pública. Dos días antes, la dieron de baja: la ministra de Medio Ambiente bonaerense, Daniela Vilar, de La Cámpora, expuso en el Congreso con argumentos durísimos contra la iniciativa, lo que motivó la suspensión. Fastidiados, desde el sector explicaron que les hicieron llegar el mensaje de que, por ser de La Cámpora, el gobernador no tenía herramientas para dar de baja la exposición de su ministra. Desde La Plata lo desmienten: “Axel sí la podía bajar, pero no quiso, como tampoco rosqueó con el resto de los gobernadores para que no salga la ley, más allá de algunos reparos”. En Provincia explicaron, por caso, que nunca pusieron reparos a la minería para operar en ese distrito.

PBA en el ojo de la tormenta. El debate en torno a la minería y sus eventuales implicancias ambientales es uno de los temas que divide al peronismo. Durante la discusión en el Congreso, hubo innumerables posiciones de rechazo, desde La Cámpora hasta destacadas figuras del espacio y del kicillofismo, más allá de Vilar, y definiciones a favor. La UOCRA, por ejemplo, marchó en torno al Parlamento para apoyar la iniciativa.
La posición del gobernador bonaerense, y su hipotético modelo económico, es motivo de análisis en el círculo rojo y entre los inversores, que suelen formular dos preguntas a sus interlocutores domésticos: qué posibilidades tiene Milei de ser reelecto y, por el contrario, cuántas chances reales tiene el peronismo de volver al poder. En este último caso, la figura de Kicillof genera algún tipo de alarma en algunos sectores, a pesar de que un buen número de empresarios que se entrevistaron con él en estos meses salieron mucho menos espantados de lo que preveían antes de verlo.
Pero si existe cierta preocupación en el establishment, dentro del propio peronismo, en particular en territorio bonaerense, la situación es más bien parecida a la de la guerra feroz y a cielo abierto entre las dos facciones del gobierno lideradas por Karina Milei y Santiago Caputo. En la provincia de Buenos Aires, esos dos bandos están representados por el gobernador y por Cristina y Máximo Kirchner.
El vínculo entre Kicillof y el jefe de La Cámpora no tiene retorno en términos personales, y desde lo político cada uno inició su camino. Circularon incluso en estas semanas versiones en torno a que el diputado había pedido una reunión mano a mano, pero fueron desmentidas: por el momento, no pasó ni pasará. Tampoco con la ex presidenta, a pesar de los esfuerzos de algunas figuras como Federico Otermin, el intendente de Lomas de Zamora que quiere ser gobernador, que tiene buena relación con todos los sectores y que suele aconsejarle a Kicillof que intente visitar nuevamente a CFK. “En las últimas reuniones, Cristina le pidió lo mismo: que Axel valide todas y cada una de sus decisiones con Máximo, y eso no va a pasar”, respondieron desde La Plata. En el 2021, cuando el peronismo perdió las elecciones intermedias, la ex presidenta autorizó una intervención del gabinete provincial con el desembarco de Martín Insaurralde, socio del jefe de La Cámpora. Tanto el ex intendente de Lomas como Kirchner aspiraban a quedarse con la Provincia en el 2023, cuando desde el dispositivo cristinista se le pidió al gobernador que fuera el candidato presidencial para correrlo de ese territorio. Kicillof se negó, y esa negativa terminó por dinamitar los puentes, incluso antes de que CFK fuera por el PJ, ante la falta de apoyo de su ex ministro, y de que fuera presa, y desde ese sector se le achacara públicamente al gobernador que no se pronunció de manera enfática por ella.
La disputa se trasladó más tarde al gabinete y a la Legislatura, con epicentro en el Senado, desde donde el kirchnerismo entabló una guerra despiadada contra Verónica Magario por el control de la caja y el reparto de comisiones, recién saldado. En Diputados aún hay tierra fértil para La Cámpora y para que Insaurralde, desde la clandestinidad pública, ejerza todavía una influencia decisiva.
En esa Legislatura se debate, por ejemplo, la re-reelección de los intendentes. También la postulación de los cuatro aspirantes a la Corte Suprema provincial, que funciona con tres integrantes, como la Corte nacional. Es una negociación que está empantanada. De esas cuatro vacantes, tres les corresponden, según el peronismo, a ellos, y otra a la oposición. El problema es que no hay una sola oposición, tampoco un solo peronismo. Según trascendió, sería uno para Kicillof, uno para Massa y otro para el cristinismo, aunque desde la gobernación reclamaron dos para sentarse con más aire a la mesa de negociaciones: “Si vamos con uno, terminamos con nada”.
La Justicia es un rubro al que el gobernador no le dedica demasiado tiempo, pero hay funcionarios y operadores que empezaron a abrirle algunas relaciones.
Existieron, en los últimos meses, conversaciones subterráneas con la Corte, que acumula ocho demandas millonarias de la Provincia contra Milei por transferencias interrumpidas. Tuvo lugar, además, una cumbre reservada en Avellaneda, con Ferraresi como anfitrión, que convocó a los jueces Ariel Lijo, María Servini, Jorge Rodríguez, Diego Armella y la fiscal Cecilia Incardona. El gobernador llegó con el ministro Javier Alonso y Santiago Pérez Teruel, uno de sus asesores judiciales, y no conocía el detalle de la convocatoria. No participó Juan Martín Mena, el ministro de Justicia provincial, que tiene buen diálogo con el gobernador pero responde directamente a San José 1111. Los asistentes le preguntaron a Kicillof por su visión sobre la Justicia. “No les voy a pedir nada para no deberles nada”, respondió, según sus colaboradores.

Esa displicencia en un rubro tan sensible evidencia, según algunos dirigentes del peronismo, cierta debilidad en la construcción del proyecto presidencial de Kicillof. Es algo que ahora compromete al Presidente, inmerso en un pleito judicial entre dos bandos que se dirime en Comodoro Py. En el PJ apuntan, en ese sentido, a su temperamento, y a su estilo de conducción: para algunos sectores, no conduce, aunque tenga un diálogo fluido con otros gobernadores. La independencia definitiva de Cristina Kirchner es otra de las inquietudes, igual que la herramienta para determinar al candidato: no es lo mismo con o sin PASO. Una vez culminado el Mundial comenzarán algunas revelaciones. La eliminación o no de las primarias es una de ellas. El casi seguro adelantamiento del calendario provincial también cautiva a inquietos: algunos probables postulantes trabajan con la hipótesis de una elección posible en mayo.
“Axel no tiene que ser el candidato de la rosca, tiene que ser el candidato de la gente”, aseguraron en La Plata. Cualquier candidatura, de todos modos, está atada no solo a la rosca, las negociaciones y el debate por el modelo, si no también por la situación socioeconómica bonaerense. El programa de Milei ofrece, en ese sentido, una novedad: es la primera vez, en los últimos veinte años, que Buenos Aires no es un eje central de los proyectos nacionales porque es la primera vez que la conducción provincial no coincide con el poder central. En el 2015, con el triunfo de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal, la Casa Rosada privilegió las transferencias a ese distrito, a pesar de que los tarifazos en los servicios públicos impactaron fuertemente en el Gran Buenos Aires. En el gobierno del Frente de Todos, esas transferencias se multiplicaron. En plena pandemia, Alberto Fernández recortó la coparticipación que Macri le había aumentado a la capital en el 2016 por el traspaso de la Policía y se la giró a Kicillof, presionado por un acuartelamiento de la fuerza provincial por demandas salariales. El experimento Milei, de asfixia a la principal provincia del país, pone al gobernador a prueba a diario: desde el año pasado, las cuentas bonaerenses cerraron con déficit. Una situación aún más acuciante puede tirar por la borda cualquier proyecto presidencial.
En la reunión de hace algunas semanas de intendentes del conurbano con la cúpula de la Iglesia se hizo especial hincapié en esa cuestión: “No hay explosión, pero no sabemos si mañana no puede llegar a haberla”, fue el mensaje de los jefes comunales. La jefatura eclesiástica pidió mayor cohesión en el peronismo, hasta que uno de los intendentes señaló: “Si llegó Milei es por culpa nuestra”.
La crisis en el conurbano es algo que se sigue con interés también desde la Casa Rosada, más precisamente en el despacho de Diego Santilli, que ya trabaja para ser gobernador, impulsado, según su entorno, por los hermanos Milei, que le hicieron saber de esa intención finalizadas las elecciones de octubre pasado. Sebastián Pareja, que intenta negociar con funcionarios bonaerenses por las vacantes en la Corte, ya tiene el dato.
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POLITICA
Tras el anuncio de cambios en el Banco Central, qué piensa Milei sobre su plan para dolarizar


En su carácter de libertario, el presidente Javier Milei no cree en el rol de un Banco Central. Filosóficamente, una institución de estas características no tiene lugar en la economía, porque entiende que solamente distorsionan el mercado y facilitan la inflación, especialmente cuando son utilizadas por la política para cubrir gastos excesivos.
Durante el 2023, el entonces candidato basó gran parte de la campaña en la propuesta de cerrar definitivamente la entidad e ir hacia un sistema de competencia de monedas que, según entendía, iba a derivar inexorablemente en una dolarización, parecida a la que tienen países como Panamá, Ecuador, El Salvador o Zimbabue.
Al llegar al poder, avanzó con algunas medidas en ese sentido y emitió una normativa, a partir de la cual se posibilitó hacer casi cualquier en divisa.
“Desde ahora, cada argentino va a poder comprar, vender y facturar en dólares, o en la moneda que considere; exceptuando el pago de impuestos que por ahora seguirá siendo en pesos”, anunció el jefe de Estado en cadena nacional, a finales del 2024.
Sin embargo, a pesar de las flexibilizaciones y múltiples incentivos, como el régimen de inocencia fiscal, la sociedad no terminó de adoptar el uso de los billetes estadounidense, que siguen siendo para ahorrar y no tanto para gastos.
Ante esta situación, Milei busca profundizar la independencia del Banco Central mediante la modificación de su Carta Orgánica, entre otras medidas paralelas.
En primera instancia, les pidió al titular del organismo, Santiago Bausili, y a los ministros de Economía, Luis “Toto” Caputo, y de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, que elaboren un nuevo reglamento para la entidad.
El martes pasado, luego del partido de la Selección Argentina, los funcionarios lo visitaron en la Quinta de Olivos y le acercaron el borrador con las propuestas.
Además de una nueva Carta Orgánica, también diseñaron un proyecto para prohibir por ley la emisión para cubrir el déficit fiscal y establecer el concepto de “Shutdown”, para que el Poder Ejecutivo tenga un mecanismo y deje de funcionar normalmente cuando se haya agotado el Presupuesto votado por el Congreso.

Tras participar del Tedeum por el Día de la Independencia en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, el Presidente encabezó una reunión de Gabinete en la Casa Rosada, en la que volvió a hablar sobre estos temas.
Durante el encuentro, el mandatario les brindó a los otros integrantes de su equipo los detalles sobre la reforma del Banco Central, que todavía se encuentra en elaboración y se enviará a alguna de las Cámaras próximamente.
Todavía no está totalmente definido si la iniciativa ingresará por el Senado o por Diputados, ni tampoco la fecha en la que eso ocurrirá. Se espera que esas cuestiones las analice la mesa política, que acordó reencontrarse semanalmente.
Cuando todo eso esté resuelto y el texto final esté listo, será el propio Milei el que realizará una presentación en profundidad de los alcances y objetivos de la medida.
“¿Te acordás en campaña, cuando mucho del contenido giraba en torno a la cuestión de dolarizar o no? Cuando fue electo estaba la expectativa de la competencia de monedas. Él mismo dijo siempre que lo único que no es negociable es el cierre del Banco Central y, en algún momento eso va a pasar. Ahora, cuándo va a ser, eso no lo sé“, confió un diputado libertario.

El legislador estuvo presente semanas atrás en la reunión en Balcarce 50 en la que el mandatario fijó los objetivos parlamentarios de corto y mediano plazo.
En esa oportunidad, según recuerda el dirigente, no hizo mención al cierre de la entidad monetaria, sino que se refirió en términos generales a la iniciativa para modificar la Carta Orgánica.
Puntualmente, el Gobierno quiere retrotraer a la normativa vigente hasta el 2012, cuando la entonces titular del BCRA, Mercedes Marcó del Pont, amplió las tareas del organismo.
Fue con ese cambio que a la misión de “preservar el valor de la moneda” se le agregó la de ”promover la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social”.
En el entorno de Milei consideran que la actual gestión avanzó con todas las flexibilizaciones para fomentar el uso de divisas como el dólar, pero remarcan que no van a forzar una dolarización, sino que la única forma de que suceda es que se dé naturalmente por voluntad de los individuos.
“Esto es como todo. Se me viene a la cabeza la cuestión de Aerolineas Argentinas. Yo odio cuando en las comisiones decimos que el problema es que da pérdidas, porque entonces la solución es sanearla. El argumento, en realidad, es la inconsistencia de que haya una empresa estatal“, señala un senador.
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POLITICA
La apuesta de Milei para “blindar la economía”, la nueva obsesión de Karina y las jugadas judiciales en pleno Mundial

Los ministros estaban cumpliendo el ritual que se hizo costumbre en la previa de un Tedeum, de desayunar en la Rosada antes de caminar hacia la Catedral, cuando Javier Milei, les sumó una escala más de eventos en el día de la Independencia: les propuso volver al Gobierno al final de la misa para improvisar una reunión de Gabinete en una semana donde buscaron -y hasta ahora, encontraron- una reorganización política más conducente después del escándalo Adorni.
Un paquete que encuentra ahora mucho más cómodo al Presidente, como se lo vio ayer cuando durante una hora y media explicó sus prioridades a ministros y mesa chica: la reforma de la carta orgánica del Banco Central y el coqueteo con el shutdown, esta herramienta tan propia de Estados Unidos –donde se paraliza gran parte del Gobierno cuando no se aprueba a tiempo el Presupuesto- y que ahora él quiere agregar y utilizar en caso de que se ponga en peligro la aprobación de la ley argentina que definirá ingresos y gastos para 2027. Son todos temas en su zona de confort, la que le permitió esta semana dar entrevistas eufórico sobre la selección, volver a hablar de lo que le interesa y hasta hacer públicos papers que llevaba meses escribiendo junto a Demian Reidel, el ex funcionario, economista y físico, con el que viene compartiendo horas sin sueño diseñando cálculos matemáticos que expliquen su programa de crecimiento económico.
Son documentos profundamente incomprensibles para el gran público pero que circulan por el universo académico, donde, otra vez, más disfruta el Presidente. Ya hace un par de meses, mientras Adorni colapsaba pública y judicialmente, Reidel y Milei celebraban que Kenneth Rogoff, uno de los economistas más influyentes del mundo en temas de deuda soberana, crisis financieras y política monetaria -que además es profesor en Harvard- leyó el documento y, dicen, lo consideró una “obra maestra”. El tema apasiona a un punto tal al Presidente que dedicó gran parte de una larga entrevista en radio Now a explicar -según su visión- la utilidad de esa ecuación matemática y, también replicar lo mismo que le había dicho a sus ministros sobre su entusiasmo en elaborar la reforma del BCRA con tres funcionarios que presiden o presidieron el Banco, en referencia a Sturzenegger, Caputo y Bausilli.
El proyecto de reforma de la carta orgánica del Central buscará concentrar su función en preservar el valor de la moneda y excluir la posibilidad de financiar al fisco. O sea no emitir y no prestarle al tesoro. Buscarán también cambios en la letra chica jurídica que define el sostenimiento del titular del Banco que tenga acuerdo del Senado. En la reunión de Gabinete, mientras Milei explicaba los detalles, alguien hizo un chiste obvio: “Bausilli, esta es la última vez que venís acá”. Si el BCRA sostiene su posición de autonomía e independencia -que es parte constitutiva de su existencia- el presidente del Banco, Santiago Bausilli, no debería formar parte de las mesas del Poder Ejecutivo. Si lo sabrá Macri, cuando pasó a la historia la conferencia de prensa del 28 de diciembre de 2017 en la que Caputo como ministro de Finanzas, Sturzenegger -que era presidente del BCRA-, Marcos Peña y Dujovne a cargo de Economía anunciaron todos juntos, cambios en la meta de inflación lo que terminó siendo la zona cero de la gran crisis monetaria que vino después. En la reunión en la Rosada se habló también de normalizar la situación de Bausilli mandando su pliego al Ejecutivo para que se trate en el Senado y tenga la designación formal de seis años. ¿Cambiarán las reglas de duración del cargo? También está en la conversación.
Guerra santa
En medio de este escenario todavía prematuro, el mapa político se ordena otra vez a favor o en contra de la agenda oficial. Victoria Villarruel aprovechó el viaje a Tucumán por el 9 de julio para desmarcarse una vez más: “Difícilmente podamos hablar de una verdadera libertad si nuestra agenda legislativa se limita a subordinar el diseño de nuestro marco jurídico a normativas o intereses foráneos”. Se refería claro al shutdown, entre otros items. Hoy el Presidente le contestó en la entrevista pero mucho más colorido que esta disputa pública y obvia, es lo que sigue pasando hacia adentro con ese vínculo. “Es una guerra santa”, dicen los que participan de las reuniones de mesa chica donde Karina audita el termómetro del contacto de cada funcionario con la Vicepresidenta. Se vio en el acto del Día de la Bandera a Patricia Bullrich evitando cruzar un saludo con Villarruel. Y algo de eso se habló en la larguísima reunión de la nueva mesa política de esta semana -encabezada por el nuevo jefe de Gabinete, Diego Santilli, y con la incorporación del secretario de Medios, Fabián Fernández, que duró tres horas y tuvo temas más trascendentes, pero en donde quedó claro que Karina mide personalmente los gestos con Villarruel.

Si no, que lo diga Santilli, que esa misma noche, después de la reunión de la mesa política, cuando viajó a Tucumán con el Presidente, tuvo su momento viral ignorando un saludo a la Vice. Santilli, se sabe, es un funcionario que prefiere la conciliación al conflicto. Pero hay límites. Son minucias de la vida cotidiana de un grupo político que ahora tiene un sólo objetivo aglutinante. Garantizar la reelección presidencial y por tanto la necesidad imperiosa de que no haya primarias el año que viene. Una tarea que está completa de desconfianza entre los equipos de Caputo y de Karina pero que en esta etapa se luce más equilibrada. Suspender o eliminar las PASO es una decisión en la que viene militando hace meses Santilli y por la que conversa masivamente con los gobernadores que, con Adorni afuera, respiran mucho más amablemente el oxígeno de la conversación para el año que viene.
Es una escena donde en este momento se dibuja a un Milei llegando competitivo a pelear una reelección pero con un escenario peligroso si la pelea termina en ballotage. El mapa nacional tiene mandatarios provinciales empujados por la prioridad de sus finanzas y en su amplia mayoría con reelección en sus distritos. Ideal para Milei. El nuevo jefe de Gabinete milita sobre la base de intereses mutuos con los Gobernadores que ahora gozan un poco de la picardía de tener urgencias económicas pero poder también cobrar caro el apuro oficial por retirar las PASO del año que viene. Todos saben que después de esa votación, la negociación será bastante más vulnerable para los Gobernadores.
Maximiliano Pullaro se juntó esta semana con Santilli antes de la reunión de la mesa política. La idea de las colectoras aparece ahora como una solución incómoda, incluso con el nombre que se podría utilizar en reemplazo para no llamarlas de esa manera tan relacionada con la casta. Hay una negociación histórica de Santa Fe con el Gobierno por una deuda previsional. ¿Irá la provincia en alianza con el Gobierno nacional? Lo que aglutinaría a todos los sectores que funcionan como aliados, pero que no están de acuerdo con algunas de las políticas del Gobierno, es claramente el kirchnerismo y su vitalidad o no. O sea su competitividad. Santa Fe es una de las provincias que podría pensar en armar una tercera alternativa si no ve ese escenario de polaridad. Por eso venía explorando un armado del que se viene conversando mucho con Macri, con el radicalismo y con los gobernadores de Provincias Unidas. A esta hora todo eso parece lejano. Un problema para Macri. En la Ciudad de Buenos Aires hubo quienes se preguntaron, con malicia, por qué tanto cariño repentino del Presidente con Jorge Macri en el Tedeum después del desplante de la última vez.
¿Será solo un gesto para preocupar a Mauricio? Está dado que en la Ciudad buscarán un acuerdo con el PRO. Y se sabe que la relación entre los primos está clausurada. La pregunta es, naturalmente, con quién decidirá Karina tener esa conversación. Patricia Bullrich, por su parte, la herramienta más dañina que tienen los libertarios para jugar en la Ciudad, mira de reojo. Hará esta semana alguna incursión territorial en la Ciudad, pero parece difícil imaginarla ahora como candidata. Ni hablar de lo improbable, por no decir imposible, que puede ser un diseño de La Libertad Avanza que incluya a Patricia en Ciudad y a Santilli en provincia. No pasará.
Cambios en salud
En el monopolio de la euforia mundialista, pasan mientras tanto otras cosas que no tienen que ver con la estrategia electoral de la política. Algunos movimientos mucho más intrigantes como ¿qué pasó en el ministerio de Salud con la salida intempestiva del viceministro Guido Giana? un hombre de confianza de Mario Lugones que argumentó motivos personales pero llegó y se va en medio de una crisis de financiamiento en el PAMI. Su reemplazo es Rodrigo Sbarra, alguien, cuanto menos, inquietante: se hizo famoso por “olvidarse” diez mil dólares en su despacho cuando trabajaba en el ministerio de Producción de Macri. Es plata que fue encontrada por la gestión que lo sucedió en 2020.
La causa penal se cerró en 2023. Dijo que era plata heredada. Probablemente una de las agendas más activas dentro del universo del mundial se esté dando en la Justicia. No hay sólo fallos llamativos en la previa a partidos de la Selección como pasó con el caso Libra, que tiene ahora una trampa interesante de analizar en la Cámara Electoral. Un tribunal que está en pleno proceso de reemplazo de sus integrantes porque dos de ellos, Bruglia y Bertuzzi llegaron a esa posición “trasladados” desde otro tribunal en la era Macri.
La misma condición que el padre del ministro Juan Bautista Mahiques, que sin embargo fue ratificado abrumadoramente por el Senado después de que el Ejecutivo recomendara su continuidad a pesar de haber cumplido los 75 años. Lo cierto es que Bertuzzi concursó para su puesto y ahora podría estar entre los designados por el Poder Ejecutivo. Difícil la situación en la que queda teniendo que resolver sobre el caso que más preocupa a los hermanos Milei cuando el Presidente tiene a la firma el envío de su pliego al Senado. Hay que esperar para ver. En el ámbito de las picardías de la copa del Mundo, se lo vio muy entretenido al juez federal Federico Villena en los alrededores del estadio de Miami donde Argentina jugó el partido épico con Cabo Verde. Villena, se sabe, es el juez que tenía la causa de Sur Finanzas, la financiera sospechada de ser el vehículo principal del dinero negro de la AFA. Son casualidades. Cosas que habrá que mirar después del mundial.
Javier Milei, Karina Milei
POLITICA
La Cámpora cree que Kicillof no quiere el apoyo de Cristina Kirchner y la ruptura es casi irreconciliable


El futuro es totalmente incierto. En el universo del peronismo sobrevuelan muchas hipótesis sobre lo que puede suceder en las elecciones del 2027. Hace algunos meses la que más asidero tenía era la de construir una unidad pragmática para intentar sacar a Javier Milei de la Casa Rosada. En las últimas semanas, y sobre todo en los últimos días, la que gana más peso es la que plantea un escenario donde el peronismo va terminar compitiendo dividido.
El meollo de ese cambio en los análisis de la dirigencia tiene que ver con la fractura del kirchnerismo. Axel Kicillof está de un lado. Cristina y Máximo Kirchner están del otro. Y ya nadie da muestras de querer atravesar esa línea divisoria que parece haber quedado marcada con tinta indeleble. En algún momento existió la convicción. Hoy ya no. Es imposible.
Los movimientos de cada sector van en caminos inversos. Al mismo ritmo que Kicillof decidió, junto a los suyos, utilizar el silencio como una herramienta para dejar que el tiempo pase y la interna no lo desgaste, el cristinismo aumentó la ofensiva, en términos discursivos, y empezó a poner más fuerza sobre el sello de traidor que pesa sobre la figura del ex gobernador.
Una de las últimas teorías que oscilan en el cristinismo tiene que ver con los movimientos de Kicillof en el campo político. En La Cámpora creen que el gobernador no quiere el apoyo de Cristina Kirchner. Que no le interesa su respaldo y que por eso no la visita ni busca tener contactos con sus dirigentes.
“Axel quiere despegarse todo lo posible de Cristina. No quiere estar identificada con ella. Si él quisiera eso, buscaría el modo para que suceda. Pero no lo hace y muestra lo que quiere”, indicó un dirigente muy cercano a la ex presidenta. El reproche por su decisión de no visitarla en San José 1111 sigue vigente y está latente en la conversación camporista.
En la agrupación de Máximo Kirchner justifican la falta de apoyo a Kicillof en la postura del propio gobernador. Dicen que no lo respaldan porque, en verdad, él no quiere que lo hagan. Sus gestos, sus decisiones y sus palabras tienen otra lógica que, según identifican en territorio ultra K, tiene que ver con salir a buscar el voto no kirchnerista.
“Axel tiene miedo de que le digan kirchnerista. Por eso no va a verla a San José 1111 y por eso toma distancia. La realidad es que él no quiere el apoyo de Cristina y su sector político. No quiere que el apoyo político se identifique con ella”, precisó un camporista que es parte del círculo chico de Máximo Kirchner.
El cristinismo apela a dar vuelta la carga de los hechos. El problema no son ellos que cuestionan a Kicillof, sino que es el Gobernador el que no quiere que realmente lo apoyen. En esa hipótesis el que rompe es el mandatario bonaerense y no Cristina Kirchner. Con ese cotexto, las posibilidades de una tregua son casi nulas y la unidad como una opción real para el 2027 tiene olor a utopía.

Sobre esa base, La Cámpora construye, con mayor dedicación, la idea de que la candidata a presidente del 2027 tiene que ser Cristina Kirchner. Aunque esté condenada, detenida e impedida de ejercer cargos públicos. Es ella porque es mejor que los demás que tienen posibilidades reales de competir. En ese planteo marcan con claridad que afuera de San José 1111 no hay nadie que pueda representar con solvencia y lealtad el proyecto que ellos tienen en su cabeza.
El jueves por la tarde, en Carmen de Areco, Máximo Kirchner volvió a hablar del rol que pretenden para su madre el año que viene y se refirió, como ha hecho las últimas veces, a Axel Kicillof sin nombrarlo. “Nosotros no vemos la política en términos individuales. Nunca la vimos así. Vamos a pelear contra los que tengamos que pelear”, sostuvo. A su lado lo escuchaba con atención el intendente local, Iván Villagrán, que fue el primero en promocionarlo como candidato a presidente para el año que viene.
“Agradezco el acompañamiento a Cristina. Cuando uno ve tanta dirigencia miserable y aparece el pueblo para acompañarla, me queda claro que la unidad tiene que ser con la gente y que la unidad secundaria es con los dirigentes”, precisó. Hacia adentro del peronismo la decodificación de ese mensaje tuvo varias coincidencias. La unidad, a la fuerza o por necesidad, ya no es un camino posible. Para nadie.
Entonces, empezó a florecer con más fuerza la idea de una fragmentación que quede retratada en el escenario electoral del año que viene. Cada uno por su lado. Al menos, Kicillof y los Kirchner. Los movimientos que haga el resto del peronismo aún son indescifrables. Porque faltan reglas de juego claras y unos cuántos meses por delante para que llegue el momento de las definiciones formales.
“Si mañana aparece Cristina bancando a Axel en las redes sociales, se convertiría en una mala noticia para quienes lo rodean. Nadie quiere eso. La estrategia es distanciarse, no acercarse. Axel no quiere que lo apoyemos”, reflexionó un dirigente cristinista que suele tener diálogo con la ex mandataria.

Los cuestionamientos al Gobernador alcanzan también otro tema. Frente a la posibilidad de que el gobierno nacional logre eliminar o suspender las PASO, en La Cámpora aseguran que Kicillof “no está haciendo demasiados esfuerzos para que queden en pie”. Y agregaron, con ironía: “Dicen que quieren una PASO con el candidato de CFK pero Axel no hace nada para que eso pase. Ni desde lo político ni desde lo mediático. Y es raro que un candidato a presidente del peronismo no pueda ejercer presión”.
En el fondo, lo que se preguntan es si realmente Kicillof quiere enfrentar a un candidato de la ex presidenta en una eventual elección primaria. “Axel no hace nada y quiere que las cosas sucedan. Y si no hay PASO, el principal perjudicado es él”, señalaron en el entorno de la ex mandataria. En esa afirmación reside una mirada sobre lo que viene que es preocupante para el peronismo. Si no hay PASO, las posibilidades de una fractura expuesta y de candidaturas múltiples es muy alta.
Entre tanta guerrilla política, en el cristinismo celebraron la homilía que dio el Arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, en el Tedeum del 9 de julio, pero, en especial, el mensaje que dio en una entrevista con el diario Perfil, donde aseguró: “Hay que cuidar el equilibrio fiscal, pero también es necesario un equilibrio social”.
La definición es similar a la que viene pronunciando Máximo Kirchner en los encuentros políticos que encabeza. “Es necesario construir justicia fiscal para que haya equilibrio social”, suele decir el líder de La Cámpora, en referencia al foco del proyecto económico que debe tener el peronismo si vuelve al poder el año que viene. En las palabras de García Cuerva sintieron la empatía de la Iglesia católica con las necesidades que ellos divisan en la gente y en el futuro del proyecto político. Algo de paz en el medio de una batalla que, por momentos, parece no tener final.
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