POLITICA
Comenzó el debate del Super RIGI en Diputados: un funcionario desligó al magnate Peter Thiel de la iniciativa

Un plenario de comisiones comenzó a debatir este miércoles en la Cámara de Diputados el proyecto denominado Super RIGI que tiene como objetivo incentivar las inversiones de más de USD 1.000 millones en las “industrias del futuro”. Desde el Gobierno destacaron que el RIGI incluido en la Ley Bases fue “sumamente exitoso” y por eso ahora es momento de “pensar en el siguiente paso de la Argentina”.
La presentación del proyecto, en un plenario de las comisiones de Presupuesto, Ciencia e Industria, estuvo a cargo de Daniel Gonzalez, secretario coordinador de Energía y Minería, quien aclaró que “no hay absolutamente ningún lobby” detrás de la iniciativa y también negó conocer a Peter Thiel, el magnate tecnológico que fundó empresas como PayPal o Palantir, y recientemente se radicó en la Argentina.
La aclaración hacía referencia a la acusación de la oposición, que denunció que el empresario estadounidense podría ser uno de los interesados en conseguir condiciones especiales para desarrollar data centers para procesar información con Inteligencia Artificial. Thiel se reunió hace dos semanas con Luis Caputo y otros funcionarios de Economía.

Al inicio de su exposición, el funcionario del Ministerio de Economía planteó que el Super RIGI viene a continuar el espíritu del RIGI, que vence el año que viene. “Consideramos que sería un error intentar extender ese régimen porque fue posicionado como régimen excepcional y muchos proyectos se apuraron para llegar antes del vencimiento. Como ha sido exitoso, creemos que es momento de pensar en el siguiente paso de la Argentina, que incluye el aprovechamiento de los recursos naturales y la infraestructura que movió el RIGI”, explicó.
En ese sentido, detalló que actualmente “hay 39 proyectos presentados en el RIGI que representan USD 138 millones de dólares de inversión y 179 mil empleos, y cuando todos estén en operación representarán USD 49 mil millones en exportaciones”.
Por otro lado, apuntó contra las críticas de la oposición por el costo fiscal que representan los beneficios otorgados a las empresas, por ejemplo la alícuota reducida del 15% del Impuesto a las Ganancias. “Es imposible que esto tenga costo fiscal porque son proyectos que no existían. En todo caso, habría que pensar el costo fiscal de no haber hecho nada durante tantos años”, señaló.
“Pusimos la alícuota en 15% porque es lo mínimo que nos permiten las normas de la OCDE. Estamos compitiendo con jurisdicciones de todo el mundo. Estos proyectos se hacen en algún lugar, tenemos que estar al tope de la lista”, dijo.

Las principales críticas de la oposición giraron en torno a la recaudación que el Estado dejará de percibir pero también a la energía necesaria para el funcionamiento de los proyectos. “ El artículo 73 dice que el Estado tiene que garantizar la operatoria de los VPU sin interrupciones, entonces si hay que dejar sin energía a la mitad del país para que sigan desarrollando estos proyectos, lo vamos a tener que hacer. Porque si no, nos llevan al CIADI. Ni siquiera nos guardamos que intervenga un juez con DNI argentino», lamentó la camporista Luciana Potenza.
Desde el oficialismo esperan poder dictaminar el proyecto la semana que viene, lo que permitiría convocar a una sesión especial el 18 de junio. En caso de que se necesite más tiempo para lograr consensos, apuntarán al 24 de junio como fecha máxima. En esa sesión también se incluirá la nueva ley de Lobby, tratados internacionales y el pago a los holdouts (si llega a tiempo con media sanción del Senado).
El Super RIGI define “nuevas industrias” o “industrias del futuro” como aquellas actividades que constituyen “nuevas actividades económicas”. Según el texto, esto comprende todo desarrollo industrial, tecnológico o de prestaciones de servicios vinculadas a infraestructura tecnológica y digital estratégica, con impacto transformador en la estructura productiva nacional.
Para que un proyecto califique como una “nueva actividad económica” debe cumplir con estas condiciones: no debe desarrollarse, producirse ni prestarse en el país a la fecha de entrada en vigencia de la ley, o bien su grado de desarrollo debe ser experimental o piloto; también quedan excluidos los proyectos que impliquen ampliación, modernización, adecuación, reconversión, reorganización o reutilización de instalaciones preexistentes.
¿Qué beneficios obtienen los proyectos incluidos en el Super RIGI?
- Impuesto a las Ganancias reducido al 15% para los Vehículos de Proyecto Único (VPU) adheridos.
- Amortización acelerada para inversiones en bienes muebles y obras de infraestructura.
- Deducción de quebrantos sin límite temporal.
- Alícuota reducida del 3,5% sobre dividendos y utilidades.
- Certificados de Crédito Fiscal para cancelar IVA sobre inversiones en activos computables.
- Exención de derechos de importación y exportación para los bienes del plan de inversión y productos obtenidos bajo el proyecto.
- Contribuciones patronales reducidas: alícuota única del 10% para nuevas relaciones laborales generadas a partir de la adhesión.
- Libre disponibilidad progresiva de los cobros de exportación: 20%, 40% y 100% a lo largo de tres años desde la primera exportación.
- Sin obligación de ingresar ni liquidar divisas correspondientes a aportes de capital, financiamiento y servicios vinculados al proyecto.
- Estabilidad normativa en materia tributaria, aduanera, de seguridad social y cambiaria durante 30 años desde la adhesión.
- Plena disponibilidad sobre los productos del proyecto, protección contra actos confiscatorios o expropiatorios y acceso irrestricto a la justicia.
- Posibilidad de someter controversias con el Estado Nacional a arbitraje internacional.
- Compatibilidad con otros regímenes promocionales, siempre que los incentivos no sean de la misma naturaleza y no se superpongan.
- Transferencia libre de acciones, cuotas o participaciones sociales del VPU sin autorización previa.
- Exención de restricciones, prohibiciones o cupos para importar y exportar los bienes necesarios para el proyecto.
- Los incentivos pueden ser utilizados exclusivamente respecto del proyecto adherido y no para otras actividades.
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Axel Kicillof cerró un acto con olor a candidatura y un mensaje a la interna: “No me interesa una construcción a control remoto”

El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, cierra este sábado el acto del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) en Avellaneda con una convocatoria a organizar una alternativa nacional frente al gobierno de Javier Milei y dejó una definición dirigida hacia la discusión interna del peronismo: “No me interesa una construcción a control remoto”.
Ante militantes y dirigentes llegados desde distintos puntos del país, Kicillof buscó mostrar al MDF como una estructura en expansión territorial y con capacidad para articular debates programáticos. “Este no es un acto convencional. Hoy no vinimos solamente a hablar. Vinimos miles y miles de compañeros y compañeras a escucharnos, a reflexionar y a darnos fuerza. Hoy vinimos a construir”, afirmó.
El encuentro se realizó en la sede de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN) de Villa Domínico y reunió a dirigentes y militantes de distintas provincias. Kicillof es el orador de cierre de una jornada que comenzó con diez plenarios temáticos y que el MDF presentó como un encuentro federal, con el objetivo de ampliar su despliegue fuera de la provincia de Buenos Aires.
La actividad tuvo lugar en medio de nuevas tensiones dentro del Partido Justicialista bonaerense. En los días previos, la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, había cuestionado a Kicillof y lo acusó de dividir al PJ.
Según relató, esos encuentros estuvieron colmados de participantes y expresaron una voluntad de construir desde las bases. “Después de tanta sospecha, era más simple: las nuevas canciones se componen colectivamente”, dijo, antes de añadir que ese proceso debe desarrollarse “de abajo para arriba”.
Kicillof recordó el lanzamiento del espacio en Los Hornos y explicó el sentido del nombre elegido. Señaló que el término “movimiento” remite a una tradición de luchas, derrotas y triunfos del peronismo, mientras que la palabra “derecho” refiere a los derechos que, según planteó, están en riesgo bajo la actual administración nacional.
También mencionó la creación de espacios sectoriales del MDF y de un centro de estudios llamado Derecho al Futuro. “Cientos y cientos de reuniones, de encuentros. Y esto, compañeros y compañeras, recién empieza”, sostuvo.

El gobernador reivindicó las recorridas por otras provincias
En uno de los tramos centrales de su discurso, Kicillof enumeró sus visitas recientes a Tierra del Fuego, Chaco, Corrientes, La Pampa, Córdoba y Misiones. El objetivo, indicó, fue reunirse con estudiantes, trabajadores, empresarios, productores, comerciantes, dirigentes políticos y organizaciones sociales.
El gobernador afirmó que encontró inquietudes similares en cada distrito: economías regionales afectadas, obras detenidas, comercios cerrados, sectores productivos sin horizonte y administraciones provinciales condicionadas por la falta de asistencia nacional.
“Para construir una alternativa nacional primero hay que escuchar a la Argentina”, afirmó Kicillof. En ese sentido, planteó que el encuentro de Avellaneda tuvo una impronta federal y cuestionó la idea de que cada provincia pueda resolver por sí sola problemas de alcance nacional.
“No me interesa una construcción a control remoto”
Kicillof vinculó las recorridas territoriales con la necesidad de elaborar una propuesta política con presencia en todo el país. “Una alternativa nacional no se construye desde una oficina”, sostuvo ante los asistentes.
Luego lanzó una frase que concentró buena parte de la lectura política del acto: “No me interesa una construcción a control remoto. Tenemos que escuchar, tenemos que sumar, tenemos que organizar en todos los rincones de nuestra República Argentina”.
El gobernador bonaerense sostuvo que una propuesta opositora requiere planificación, participación y respaldo mayoritario. “No se va a salir de esta situación tan dramática ni con jugadas mágicas ni con improvisaciones”, expresó.

“Cuenten conmigo”
En el tramo final de su discurso, Kicillof sostuvo que la oposición debe ofrecer una salida política frente al deterioro económico y social que atribuyó al Gobierno. Planteó que el desafío no consiste únicamente en enumerar los problemas, sino en construir una propuesta que convoque a quienes todavía no encuentran una opción.
El gobernador afirmó que esa alternativa debe evitar “el odio” y “la nostalgia” y recuperar expectativas, en particular entre los jóvenes. Mencionó demandas como empleo, ingresos suficientes, acceso a los estudios, vivienda y la posibilidad de desarrollar un proyecto de vida. También pidió revisar las frustraciones que, según dijo, llevaron a parte de ese electorado a respaldar a Milei.
Kicillof definió al peronismo como la “columna vertebral” de esa construcción, aunque consideró que deberá sumar a sectores sociales y políticos ajenos a esa tradición. Rechazó que esa mayoría pueda surgir de acuerdos entre dirigentes y remarcó que debe construirse “desde abajo”, con participación pública.

Al referirse a una eventual reelección de Milei, advirtió sobre las consecuencias de otros cuatro años de su gestión y llamó a no esperar que el malestar económico resuelva por sí mismo el escenario político. “No cuenten conmigo para esperar sentado”, afirmó.
Luego reforzó esa definición con una frase que funcionó como señal de proyección nacional: “Cuenten conmigo para que el año que viene la Argentina tenga una alternativa que nos deje terminar con este modelo, pero sobre todo, que nos permita empezar una etapa distinta”.
Críticas al programa económico de Milei
El mandatario centró buena parte de su intervención en críticas al gobierno de Javier Milei, al que acusó de desatender a las provincias y de aplicar un programa que afecta a la producción, el empleo, la obra pública, la educación y la salud.
“Con Milei la Argentina no solo no va bien, es exactamente al revés. En Argentina se está produciendo una verdadera catástrofe”, afirmó. También sostuvo que el país atraviesa un proceso de mayor precarización, endeudamiento de los hogares y deterioro de las condiciones de vida.
Kicillof cuestionó el discurso oficial sobre el equilibrio fiscal y la estabilidad. “No hay estabilidad si las familias no llegan a fin de mes. No hay orden si los hogares están tapados de deuda”, planteó.
El gobernador advirtió, además, sobre el impacto social de la crisis y mencionó el crecimiento de los suicidios como un indicador que, según afirmó, no debería naturalizarse. En ese marco, describió al modelo libertario como “ignorante, entreguista e insensible”.
Hacia el cierre, dirigió un mensaje a pequeños y medianos empresarios, comerciantes e industriales afectados por la caída de la actividad. “El problema no sos vos, el problema es Milei”, concluyó.
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Axel Kicillof criticó duramente a Milei y aseguró que el desafío será cambiar el rumbo económico

Al canto “¡Axel presidente!» el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof, lanzó su proyecto federal de cara a las elecciones presidenciales de 2027 con fuertes críticas a Javier Milei y aseguró que el principal desafío para el futuro será “cambiar el rumbo económico”.
“Con Milei a la Argentina no solo no le va bien, se está produciendo una verdadera catástrofe. El desafío que tenemos por delante es el de cambiar el rumbo económico”, manifestó Kicillof en el marco del plenario federal de Movimiento Derecho al Futuro que se llevó a cabo en Avellaneda.
“Hablan del equilibrio, de la estabilidad y el orden, pero no hay estabilidad si las familias no llegan a fin de mes, no hay orden si los hogares están tapados de deudas y no hay estabilidad si los negocios están vacíos y al trabajador le aumenta todo menos el ingreso. Con Milei el país está cada vez más desequilibrado, con menos derechos, menos trabajo y más endeudamiento y especulación”, afirmó el gobernador bonaerense.
A su vez, el mandatario provincial le apuntó al Presidente por no recorrer las provincias ni inaugurar a lo largo de su gestión ni “una obra, ni una escuela, ni un hospital”.
“Es un gobierno nacional que abandonó a las provincias, a su gente. Abandonó la idea misma de una Argentina integrada. Estamos acá porque nosotros pensamos y hacemos exactamente lo contrario”, sumó Kicillof, mientras la militancia presente cantaba “¡el que no salta votó a Milei!“.
Además, resaltó que si bien el orden económico y social es importante, el país no se puede ordenar mediante la destrucción del aparato productivo, del sistema científico, y la educación y salud pública.
“Este modelo que aplican desespera, angustia y desintegra y esa desintegración está golpeando en todos lados: en los barrios familias, escuelas y trabajos”, señaló. Y agregó: “Este modelo está rompiendo los lazos sociales. Tanta desprotección está haciendo crecer el peor problema de todos: está haciendo crecer los suicidios. Nadie puede permanecer indiferente, nadie puede acostumbrarse a esa situación”.
Por otro lado, y en un mensaje enviado a la interna peronista, aseguró que no le interesa una construcción dirigida a “control remoto”.
“No puede haber una solución provincial a una tragedia nacional, por eso, no me interesa una construcción a control remoto. Tenemos que escuchar, sumar y organizar en todos los rincones de nuestra República Argentina”, afirmó.
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Advierten que la ley por Malvinas incluye amenazas a la libertad de expresión y riesgos de censura

El proyecto de Ley de Defensa de la Soberanía Nacional que el gobierno de Javier Milei envió al Congreso generó cuestionamientos por las posibles limitaciones a la libertad de expresión y de prensa y los riesgos de censura que podrían derivarse de algunos de sus artículos. La iniciativa incorpora nuevos delitos vinculados con la “desinformación masiva”, la “manipulación de la opinión pública”, la influencia extranjera y las operaciones clandestinas, con penas que parten de cinco años de prisión y, en algunos casos, llegan hasta 20. Constitucionalistas y dirigentes de la oposición consultados por Infobae advirtieron sobre tipos penales abiertos, márgenes de discrecionalidad y un eventual efecto intimidatorio que podría favorecer la autocensura.
“Hay riesgos claros de censura previa a través de lo que se llama el efecto intimidante”, afirmó el constitucionalista Andrés Gil Domínguez, quien cuestionó la combinación entre definiciones que considera indeterminadas y sanciones penales elevadas. “El miedo a un tipo penal de estas características. Vos empezás a cuidar lo que vas a decir”, explicó.
El principal punto de controversia está en el artículo 111 del proyecto, que propone incorporar un nuevo artículo 225 bis al Código Penal. La norma establece entre cinco y doce años de prisión para quien, actuando por cuenta, orden o financiamiento total o parcial de un Estado extranjero, una organización o un agente extranjero, procure alterar procesos electorales o “manipular la opinión pública mediante campañas coordinadas de desinformación masiva”. La pena aumenta a ocho a quince años cuando la conducta se comete mediante amenazas, sobornos, coerción o utilización de estructuras criminales.
La discusión sobre la libertad de expresión también abarca el artículo 88, que contempla como infracción contra la Seguridad Nacional determinadas conductas vinculadas con un Estado u organización extranjera que interfieran, mediante medios “clandestinos, engañosos o coercitivos”, en el proceso decisorio de las autoridades argentinas. El artículo 90 convierte al Consejo de Seguridad Nacional en autoridad de aplicación de ese régimen y el artículo 97 le permite tomar medidas urgentes frente a una amenaza considerada “grave e inminente”, incluso antes de que se inicie formalmente un procedimiento sancionatorio.
Desde el Gobierno aclararon que la aplicación de esos artículos solo apunta respecto de “quien actúa por cuenta y orden de un Estado u organización extranjera para generar campañas de desinformación masivas en el territorio” y resaltaron que la iniciativa “no tiene nada que ver con perseguir al periodismo”.
“Se deberá demostrar que la campaña fue masiva, y que se actuó por cuenta y orden de un Estado extranjero o con su financiamiento”, destacaron.

Las dudas sobre la definición de desinformación
Más allá de las aclararciones oficiales, el cuestionamiento central apunta a quién determinará qué constituye “desinformación”, cuándo una campaña busca “manipular la opinión pública”, qué convierte un mecanismo de comunicación en “engañoso” y cuáles serán los parámetros para definir una amenaza a la Seguridad Nacional. Esas preguntas adquieren relevancia por la escala de las sanciones: una interpretación sobre esos conceptos puede abrir una investigación por delitos cuyo mínimo es de cinco años de prisión.
La figura del artículo 111 exige expresamente una conexión con el exterior. El imputado debe actuar por cuenta, orden o con financiamiento total o parcial de un Estado, organización o agente extranjero. Ese elemento restringe el universo de conductas alcanzadas. Sin embargo, para los especialistas consultados por Infobae, la norma no define qué condiciones convierten información falsa o controvertida en una “campaña coordinada de desinformación masiva” ni qué elementos permiten demostrar que una persona procuró “manipular la opinión pública”.
Gil Domínguez señaló que esa falta de precisión entra en tensión con uno de los principios centrales del derecho penal.
“Es un tipo penal abierto, indeterminado, que va en contra de lo que es el principio de legalidad penal, que los tipos penales tienen que ser taxativos, cerrados”, sostuvo.
El constitucionalista cuestionó además la relación entre la conducta descripta y la magnitud de la pena prevista.
Penas previstas y efecto intimidatorio
“Esto de manipular la opinión pública a través de desinformación masiva, con un nivel de penas muy elevado, es casi la misma pena que el homicidio”, señaló.
La comparación requiere una precisión. El homicidio simple tiene actualmente una escala de ocho a 25 años de prisión. La figura agravada incluida en el proyecto tendría entre ocho y 15 años. Ambas comparten, por lo tanto, un mínimo de ocho años, aunque sus máximos son diferentes. El Código Penal vigente establece, además, entre cinco y 10 años para la extorsión y entre cinco y 15 para el secuestro extorsivo. Las comparaciones permiten dimensionar las escalas de castigo, aunque se trate de delitos de naturaleza distinta.
Para Gil Domínguez, el problema constitucional excede la proporcionalidad de las penas.
“Me parece que es un tipo penal que desde el punto de vista formal es inconstitucional. Y desde el punto de vista sustancial, afecta a lo que es la libertad de expresión de un sistema democrático”, afirmó a Infobae.
Su principal advertencia está relacionada con el efecto que una norma penal puede producir antes de cualquier condena. “No es porque te está prohibiendo expresarte, sino porque te genera el daño a expresarte. El daño a criticar. El daño a ser opositor”, sostuvo.
El constitucionalista identifica ese fenómeno como un efecto intimidatorio: la posibilidad de enfrentar una investigación o una pena modifica anticipadamente aquello que una persona está dispuesta a decir, investigar o publicar.
De allí surge su referencia directa a la censura previa. “Es censura previa, a través de lo que se llama el efecto intimidante”, insistió.
Para un medio o un periodista, el interrogante tiene una dimensión particular. La actividad periodística supone recibir información de fuentes de distinta procedencia, mantener contactos internacionales, publicar investigaciones que pueden afectar intereses políticos, económicos o diplomáticos y difundir datos cuya veracidad puede ser controvertida por las personas involucradas. La discusión jurídica que abrirá el Congreso será hasta dónde puede llegar una figura penal relacionada con la desinformación sin condicionar esas actividades.
El constitucionalista Félix Lonigro, también consultado por Infobae, planteó una advertencia en la misma dirección. “Es grave porque, leyendo un proyecto de ley que tiene que ver con la defensa de soberanía nacional, uno se encuentra con esta sorpresa que pareciera nada que ver con el tema de la soberanía”, sostuvo.
Lonigro cuestionó la posibilidad de que una autoridad determine qué información desinforma.
“¿Entonces a quién se pretende castigar? A los que de pronto, con algún tipo de información o simplemente el que critica, dando datos que al Gobierno le parece que desinforman”, afirmó. “Por ese motivo te podrías ligar una denuncia penal por incumplimiento de este artículo”, agregó.
Para Lonigro, el problema reside en “una descripción insólita, de una conducta ambigua” que puede otorgar al Gobierno “un instrumento para perseguir, para condicionar la libertad de expresión”.
El constitucionalista relacionó además esa preocupación con la evolución de las garantías de expresión frente al poder político en la Argentina y recordó la eliminación de la figura del desacato. “Eso es un retroceso”, afirmó.
También cuestionó la graduación de las penas: “Que a este proyecto de figura delictiva le pongan una pena de cinco a doce años […] es una cosa inexplicable”.
Durante la conversación con Infobae, Lonigro comparó esa escala con la prevista para la defraudación contra la administración pública. Esa figura establece actualmente una pena de dos a seis años de prisión, mientras que el delito propuesto para las campañas de desinformación tendría un mínimo de cinco. Y recordó que Cristina Kirchner, por en la causa Vialidad, recibió ese máximo.
El capítulo incorpora además otros delitos relacionados con información y operaciones de inteligencia extranjera.
El artículo 109 prevé entre cinco y 15 años para determinadas conductas relacionadas con la transmisión o entrega de secretos a un Estado extranjero, un servicio de inteligencia extranjero o una persona que actúe por cuenta de ellos. La escala se eleva a ocho a 20 años durante un conflicto armado, una agresión extranjera o cuando la conducta se realice en beneficio directo de un Estado enemigo.
El artículo 110 establece entre tres y 10 años de prisión para quien, con conocimiento de su naturaleza y finalidad, proporcione deliberadamente recursos, documentación, identidades, instalaciones, medios técnicos u otro apoyo material relevante a una operación clandestina de inteligencia desarrollada por cuenta de un Estado extranjero.
Esas figuras contienen requisitos específicos que las diferencian del ejercicio periodístico: exigen conocimiento sobre la operación clandestina, colaboración material y vinculación con actividades de inteligencia extranjera. Sin embargo, la inclusión en el mismo capítulo de una figura construida alrededor de la “desinformación” y la “manipulación de la opinión pública” reforzó las advertencias sobre la necesidad de delimitar con precisión cada conducta.
Otro de los constitucionalistas consultados por Infobae, Diego Armesto, se refirió al uso reiterado de la palabra “amenaza” en el proyecto.
“Hay cosas que hacen ruido, porque con la modificación del Código Penal se permite un cierto grado de discrecionalidad al funcionario o al Ejecutivo”, sostuvo. “La amenaza es un concepto muy ambiguo. ¿Qué es amenaza para un funcionario, para un abogado o para un periodista?”, agregó.
Armesto marcó una diferencia con la noción de “agresión”, que considera más concreta y susceptible de comprobación objetiva.
“La agresión es más concreta. Vos la podés comprobar. Acá habla mucho de amenazas”, afirmó a Infobae.
Para el especialista, la cuestión adquiere importancia porque la determinación inicial quedará dentro del Poder Ejecutivo.
“Queda en cabeza del funcionario o el Poder Ejecutivo o del organismo que crean como órgano de aplicación. Entonces eso abre un cierto margen de discrecionalidad que puede afectar otros derechos”, advirtió.

Ese organismo es el Consejo de Seguridad Nacional, que el proyecto convierte en órgano rector del nuevo sistema y cuya presidencia corresponderá al Presidente. La iniciativa le concede facultades para requerir información de organismos públicos y le asigna la aplicación del régimen sancionatorio del Título IV.
Las sanciones administrativas incluyen multas de entre 30.000 y 180.000 UVA, revocación de autorizaciones, permisos, habilitaciones, concesiones o contratos, impedimentos para contratar con el Estado, pérdida de beneficios fiscales e inhabilitación para intervenir en sectores vinculados con la Seguridad Nacional.
Además, ante una amenaza “grave e inminente”, el artículo 97 permite restringir operaciones de cambio, transferencias y pagos, bloquear temporalmente activos, suspender permisos y concesiones y adoptar otras medidas antes de la apertura formal del procedimiento sancionatorio.
El proyecto establece mecanismos de defensa y revisión judicial. El investigado deberá poder conocer los hechos esenciales de la imputación, presentar un descargo, ofrecer pruebas y obtener una resolución fundada. La norma admite restricciones de acceso cuando exista información clasificada o cuando su difusión pueda comprometer la Seguridad Nacional, derechos de terceros o investigaciones en curso.
Las sanciones y medidas urgentes podrán ser recurridas judicialmente. Sin embargo, la interposición de esos recursos no suspenderá automáticamente los efectos del acto impugnado.
Las objeciones también fueron planteadas en el Congreso.
El diputado Nicolás Trotta (Unión por la Patria), vicepresidente de la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara baja, expresó a Infobae su preocupación por el alcance del proyecto y advirtió que la amplitud y falta de precisión del nuevo tipo penal podría transformarlo en “una herramienta de censura y persecución” contra opositores, periodistas y medios de comunicación. Cuestionó además que esas disposiciones hayan sido incorporadas dentro de una iniciativa vinculada con Malvinas y sostuvo que podrían derivar tanto en “censura previa” como en mecanismos posteriores de “persecución e intimidación”.
Trotta anticipó que trabajará para que esos artículos sean rechazados durante el debate parlamentario y adelantó que buscará que la Comisión de Libertad de Expresión analice específicamente el capítulo. Señaló que la comisión, presidida por La Libertad Avanza, sólo realizó este año su reunión constitutiva y que la oposición ya organizó encuentros informales con entidades periodísticas. “Vamos a pedirle primero a la presidencia que convoque” para discutir estas disposiciones y, si eso no ocurre, los diputados opositores impulsarán una nueva reunión por su cuenta, afirmó.
La diputada Mónica Frade, de la Coalición Cívica y que también integrante de la Comisión de Libertad de Expresión de la Cámara baja, cuestionó la iniciativa en declaraciones realizadas a Infobae.
“El proyecto encubre intereses que nada tienen que ver con el título del Proyecto, ni la soberanía, ni la defensa de Malvinas. Introduce un nuevo tipo penal, el de la ‘desinformación’, además de resultar un instrumento de control político, profundizará la autocensura en un contexto de ataque sistemático a periodistas y opositores”, afirmó.
Frade vinculó además sus objeciones con el artículo 18 de la Constitución: “Sus tipos penales vagos y abiertos afectan la garantía de defensa. Es un proyecto inconstitucional”.
La palabra utilizada por la diputada, “autocensura”, coincide con una de las consecuencias que los constitucionalistas consultados observan ante la amenaza de sanciones penales elevadas: la decisión de limitar preventivamente una expresión para evitar la posibilidad de ser investigado.
A esas objeciones se sumaron públicamente otros dirigentes opositores. El diputado de la Coalición Cívica Maximiliano Ferraro advirtió que la norma podría convertirse en una herramienta penal de “persecución política” y cuestionó la amplitud del nuevo delito relacionado con la desinformación. El radical Pablo Juliano también expresó reparos sobre la posibilidad de que acusaciones políticas sobre operaciones o intentos de desestabilización puedan transformarse, a partir de una interpretación amplia de la nueva figura, en denuncias penales.

El Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) planteó una advertencia institucional sobre el artículo. La organización reclamó una delimitación taxativa de expresiones como “manipular la opinión pública” y “desinformación”, y pidió incorporar garantías específicas para proteger opiniones, informaciones y críticas comprendidas dentro de la libertad de expresión.
Frente a esos cuestionamientos, fuentes oficiales explicaron a Infobae que el proyecto fue diseñado dentro del funcionamiento institucional previsto por la Constitución y que las decisiones que adopte el Poder Ejecutivo o el Consejo de Seguridad Nacional estarán sujetas al control judicial. En el Gobierno rechazan que el nuevo organismo pueda actuar como un poder independiente o sin límites y sostienen que las medidas previstas forman parte de un régimen administrativo sancionatorio, con procedimientos, derecho de defensa y posibilidad de revisión ante la Justicia. La posición oficial es que, en última instancia, será el Poder Judicial el que podrá controlar y eventualmente revertir las decisiones que adopte la administración.
Las mismas fuentes señalaron que las facultades incorporadas al proyecto buscan responder a amenazas externas que cambiaron de naturaleza y que ya no se limitan a una agresión militar convencional. Según explicaron, los nuevos riesgos incluyen operaciones clandestinas, acciones de influencia extranjera y otras amenazas denominadas “no cinéticas”, que pueden afectar decisiones estratégicas, procesos institucionales o intereses nacionales sin recurrir a un enfrentamiento armado. Para el Gobierno, ese cambio obliga a actualizar las herramientas legales disponibles y a establecer mecanismos de coordinación entre distintos organismos del Estado.
Desde la Casa Rosada sostienen además que esas atribuciones deben analizarse junto con los controles democráticos e institucionales vigentes. Señalan que las medidas administrativas podrán ser discutidas judicialmente, que el Congreso tendrá la posibilidad de modificar y precisar el proyecto durante su tratamiento y que varias de las herramientas incorporadas tienen antecedentes en legislaciones de otros países, particularmente en materia de seguridad nacional.
El proyecto se encuentra ahora en manos del Congreso, que deberá definir el contenido definitivo de esas figuras. El debate incluirá la precisión con la que quede definido el concepto de desinformación, los requisitos para acreditar una campaña coordinada, la prueba del vínculo con un Estado, organización o agente extranjero, la proporcionalidad de las penas, las facultades del Consejo de Seguridad Nacional y las salvaguardas para evitar afectaciones sobre periodistas, medios, dirigentes y ciudadanos.
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