DEPORTE
Cuenta atrás para el Mundial: ‘No basta con pasar de fase de grupos, el objetivo son los cuartos de final’

Faltan apenas 50 días para que arranque el Mundial de 2026, una cita histórica que se disputará de manera conjunta en Estados Unidos, México y Canadá. Con el calendario ya en cuenta atrás, la atención se centra especialmente en el combinado estadounidense, anfitrión y protagonista de una creciente expectación que mezcla ilusión y exigencia a partes iguales.
Alfonso Mondelo, director de competición de la MLS, y Marcelo Balboa, exinternacional estadounidense y participante en el Mundial de 1994, analizaron en una reciente conferencia en la que estuvo presente SPORT, la situación actual del fútbol en el país y su evolución, poniendo el foco en la selección nacional y la ilusión que existe por el papel que pueda desempeñar en la Copa del Mundo.
Marcelo Balboa, exfutbolista estadounidense, disputó el Mundial de 1994 con la selección de Estados Unidos / EFE
Uno de los puntos clave es la calidad de la plantilla. Estados Unidos cuenta con lo que muchos consideran una ‘generación de oro’, con futbolistas asentados en grandes clubes europeos como el AC Milan o la Juventus. Un salto cualitativo evidente respecto a décadas anteriores, pero que todavía no se ha traducido en un rendimiento colectivo plenamente consolidado. «El talento está ahí, repartido por los mejores equipos del mundo, pero el reto es lograr que jueguen como un bloque y recuperen la confianza», se destacó durante la comparecencia.
No vale con pasar de fase de grupos, la presión real para Estados Unidos es alcanzar los cuartos de final
La exigencia, además, ha cambiado de dimensión. Si en anteriores ediciones superar la fase de grupos era visto como un éxito, ahora el listón es mucho más alto. Jugar en casa eleva la presión y también las expectativas. «La realidad es que ya no basta con competir. No vale con pasar de fase de grupos, la presión real para Estados Unidos es alcanzar los cuartos de final», se apuntó, reflejando el optimismo que se respira en un país que espera dar un salto en el escenario internacional.

La selección de Estados Unidos durante el último compromiso internacional / U.S. Soccer MNT
Además, la figura de Mauricio Pochettino aparece como un elemento diferencial. La llegada del técnico argentino al banquillo de ‘las Barras y las Estrellas’ supone «una inyección de ideas frescas y nuevas para el funcionamiento de la selección». «Pochettino tendrá a su disposición la plantilla con mayor profundidad de talento en la historia de la selección«, se subrayó. Sin embargo, su margen de maniobra estará condicionado por la urgencia de resultados. El objetivo mínimo es claro: superar la fase de grupos. Cualquier tropiezo prematuro será considerado como un fracaso.
La evolución del fútbol estadounidense desde los años 90 también ha sido significativa. Desde aquella selección que organizó el Mundial de 1994 hasta la actual, el crecimiento ha sido exponencial, impulsado en gran parte por el desarrollo de la MLS y la exportación de talento a Europa. Sin embargo, el siguiente paso sigue pendiente: consolidarse como una potencia competitiva en las grandes citas.
A falta de 50 días para que arranque la próxima cita mundialista, Estados Unidos se prepara para asumir un papel protagonista. La oportunidad es única, pero también lo es la presión. El Mundial en casa no solo será una celebración futbolística, sino también una prueba definitiva para medir hasta dónde ha llegado el crecimiento del deporte en el país.
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Paulo Dybala rechazó la oferta de Boca Juniors y renueva con Roma por los próximos dos años

Paulo Dybala. Foto: EFE
Se acabó la novela. Si bien era muy difícil que se dé, todos los hinchas de Boca Juniors aún tenían esperanzas de cumplir el sueño de ver a otro campeón del mundo jugando en la Bombonera, sin embargo al menos por ahora no se dará. Y es que Paulo Dybala ya tiene todo arreglado para renovar su contrato con Roma por los próximos dos años algo que será anunciado oficialmente durante la semana.
Luego de varios idas y vueltas, de varios días, semanas incluso algunos meses en los que el nombre de Pablo Dybala fue relacionado con Boca Juniors, finalmente la novela se terminó, ya que el cordobés no vendrá por ahora a jugar al fútbol argentino, puesto que decidió mantenerse en Italia.
Desde ya, se sabía que iba a ser una negociación muy difícil, pero la amistad que la Joya tiene con Leandro Paredes, además del llamado del propio entrenador de Boca Juniors, Rodolfo Arruabarrena, habían llenado de ilusión al hincha Xeneize con tener a Paulo Dybala en el equipo, más aún que desde el primero de julio había quedado en libertad.
Sin embargo, ni el llamado del DT, ni las conversaciones con su amigo Leandro, hicieron cambiar de opinión a Dybala, quien priorizó su comodidad y se mantendrá jugando en Europa.
El contrato de Paulo Dybala con Roma se extenderá hasta el final hasta el fin de la temporada 2028 y pese que el cuadro italiano le hizo una oferta con un importante reducción de su sueldo, el campeón del mundo decidió mantenerse en el equipo y jugar la próxima Champions League.
Por qué Dybala decidió quedarse en Roma y no llegar a Boca
Si bien él mismo había dicho que le gustaría jugar en Boca, finalmente Paulo Dybala decidió quedarse en Italia y renovar su contrato con Roma.
El Xeneize le había ofrecido un sueldo cercano a los 5 millones de dólares anuales, una suma cercana a lo que le ofreció Roma, con 3 millones de euros (una reducción de casi el 60% de lo que ganaba), sin embargo el futbolista priorizó la comodidad de la familia y por ahora evitarse la siempre molesta mudanza de todos a otro país, puesto que luego de tantos años en Italia, mudarse a la Argentina iba a ser un cambio muy importante para todos.
Boca Juniors,Paulo Dybala
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La lupa sobre el penal a Tagliafico que luego falló Messi en Argentina-Egipto: por qué estuvo bien sancionado

El rumbo de Argentina en el cruce contra Egipto inició torcido en Atlanta por el gol de Yasser Ibrahim en el primer cuarto de hora, pero la Albiceleste estuvo muy cerca de la reacción rápida porque a los 18 minutos recibió un correcto penal a favor por infracción sobre Nicolás Tagliafico en el área. La atajada de Mostafa Shobeir a Lionel Messi contuvo el grito del 10 en el cruce de los octavos de final del Mundial 2026.
Instantes después al grito de Ibrahim, el campeón del mundo activó su marcha en el Mercedes-Benz Stadium de la mano de Messi. El capitán le extendió un pase en profundidad a Tagliafico, quien estaba en posición ofensiva para atacar en el último tercio de la cancha. El lateral del Olympique de Lyon picó habilitado, llegó antes al balón y Haissem Hassan lo atropelló en el vértice izquierdo del rectángulo mayor. Acto seguido, el árbitro francés, Francois Letexier, cobró la pena máxima sin dudarlo.
Esta falta del extremo derecho de 24 años se trató de una acción determinante al interior del área. Se arrojó a disputar la pelota sin el control necesario y no logró llegar de manera limpia al esférico. El punto de contacto se produjo sobre la pierna izquierda de Nicolás Tagliafico, quitándole su base de apoyo e impidiéndole continuar la acción.
Desde el análisis técnico, la entrada reúne identidad de infracción: hay contacto bajo, impacto sobre el adversario y consecuencia directa en la disputa. Por ubicación y efecto, correspondía sancionar tiro penal para Argentina.
La definición de Lionel Messi concluyó en una buena atajada de Shobeir sobre su palo izquierdo. Cabe recordar que la Pulga había fallado otro tiro desde los doce pasos ante Alexander Schlager en el segundo duelo de fase de grupos ante Austria.
Este fue el octavo penal pateado en Copas del Mundo por el ocho veces ganador del Balón de Oro. A los dos de esta cita, se suman los cinco de Qatar 2022 y el pateado contra Islandia en Rusia 2018. De hecho, tiene el particular récord de ser el jugador con más fallos en tiros desde los doce pasos en Mundiales. Acumula cuatro errados repartidos ante el elenco islandés, Polonia en 2022, Austria y Egipto.
Los aciertos del rosarino se produjeron en su gran mayoría en instancias de eliminación directa del Mundial 2022 porque le anotó a Países Bajos en cuartos de final, a Croacia en semifinales y a Francia en la final disputada en el Estadio Lusail. También le anotó desde esa vía a Arabia Saudita en el debut por el Grupo C de esa edición.
Vale destacar que Lionel Messi es el máximo goleador histórico en Copas del Mundo con 20 gritos en 31 juegos y es el más anotador de la presente cita. Comparte la cima con Kylian Mbappé (Francia) y Erling Haaland (Noruega), todos con 7 anotaciones. Harry Kane (Inglaterra, 6) los sigue en la tabla.
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Por qué los clásicos argentinos son tan difíciles de predecir

Clásicos argentinos: partidos donde la lógica no siempre alcanza. Foto: Shutterstock 2756216403
Hay partidos que se pueden analizar con números, rachas y estadísticas. Y después están los clásicos argentinos. En esos 90 minutos, la tabla importa, pero no manda. El presente pesa, pero no alcanza. Y el favoritismo, por más lógico que parezca en la previa, puede quedar en segundo plano apenas empieza a rodar la pelota.
El Superclásico entre Boca y River, el clásico de Avellaneda entre Racing e Independiente, Rosario Central-Newell’s, San Lorenzo-Huracán, Estudiantes-Gimnasia o Colón-Unión tienen algo en común: son partidos cargados de historia, presión y emoción. Para el hincha, perder un clásico no es simplemente dejar puntos en el camino. Es convivir durante días, semanas o incluso meses con la cargada, la bronca y la sensación de oportunidad perdida.
Por eso, para quienes miran el fútbol desde una perspectiva analítica o vinculada a las apuestas deportivas, estos partidos merecen una lectura especial. Un clásico argentino rara vez se explica solo por la lógica del rendimiento reciente.
El factor emocional pesa más que en otros partidos
En un partido común, un equipo puede jugar con cierta libertad según su posición en la tabla, el rival o el calendario. En un clásico, todo se vuelve más sensible. Cada error se agranda, cada pelota dividida se vive como una final y cada decisión parece tener más consecuencias de lo habitual.
Ese clima modifica comportamientos. Un equipo que suele presionar alto puede salir más cauteloso. Un entrenador ofensivo puede decidir protegerse antes que arriesgar. Un jugador joven, que venía mostrando personalidad, puede sentir el peso de una cancha caliente y de una semana cargada de expectativa.
En Argentina, además, el clásico empieza mucho antes del pitazo inicial. Se juega en la televisión, en la radio, en las redes, en el trabajo, en la familia y en la calle. Las formaciones se discuten durante días y cualquier gesto se analiza de más. Para seguir el contexto previo de este tipo de encuentros, la cobertura de Futbol Argentino sobre el Superclásico muestra bien cómo estos partidos exceden lo puramente futbolístico.
La tabla no siempre dice la verdad completa
Uno de los errores más frecuentes al intentar predecir un clásico es mirar solo cómo llega cada equipo en el torneo. Es lógico hacerlo: la posición en la tabla, los goles a favor, los partidos ganados y la racha reciente son datos útiles. Pero en un clásico, esos indicadores pueden perder fuerza.
¿Por qué? Porque la distancia futbolística entre dos equipos suele achicarse cuando el partido se juega con tanta tensión. El que llega mal encuentra una motivación extra. El que llega bien puede sentir la obligación de confirmar su superioridad. Y esa obligación, muchas veces, se transforma en ansiedad.
También son partidos donde el margen de error es mínimo. Una pelota parada, un rebote, una expulsión, una mala salida o un penal pueden cambiar todo. No siempre gana el que juega mejor durante más tiempo. Muchas veces gana el que resuelve mejor una situación puntual.
Por eso, aunque la estadística ayuda, conviene no tomarla como una sentencia. En los clásicos, el contexto emocional puede alterar cualquier pronóstico razonable.
Localía, clima y presión: detalles que se agrandan
La localía en el fútbol argentino tiene una fuerza particular. No se trata únicamente de conocer el campo de juego. Es el ruido, el recibimiento, el entorno, la presión del público y la energía que se genera alrededor del estadio.
En un clásico, todo eso se multiplica. El local puede sentirse empujado por su gente, pero también obligado a ganar. La visita, por su parte, sabe que tendrá que soportar momentos incómodos y jugar con inteligencia emocional.
El estado del campo, el horario, el clima y hasta el primer tramo del partido pueden influir muchísimo. Si el equipo local no convierte rápido, la impaciencia puede crecer. Si la visita aguanta bien los primeros minutos, puede empezar a ganar confianza.
El arbitraje también entra en escena de una manera especial. No porque haya que sospechar de cada decisión, sino porque son partidos con más roces, más protestas y más jugadas límite. Un árbitro que corta demasiado puede llevar el juego a un terreno trabado. Uno que deja seguir puede darle ritmo, pero también abrir la puerta a más tensión. En ese sentido, la mirada institucional de FIFA sobre integridad y manipulación de partidos recuerda la importancia de proteger la transparencia y el desarrollo normal de las competencias.
Por qué las apuestas en clásicos piden más prudencia
Los clásicos suelen atraer mucha atención en el mundo de las apuestas deportivas porque combinan pasión, audiencia y rivalidad. Pero justamente por eso también pueden ser partidos más difíciles de evaluar con frialdad.
El hincha tiende a mirar desde el deseo. Puede sobrevalorar a su equipo, minimizar las bajas o recordar solo los antecedentes favorables. Eso es parte de la pasión futbolera, pero no siempre ayuda a tomar buenas decisiones.
La clave está en separar emoción y análisis. No es lo mismo decir “mi equipo tiene que ganar” que revisar cómo llega, qué jugadores tiene disponibles, qué estilo propone el rival y qué tipo de partido puede darse. Para quienes buscan información sobre plataformas reguladas y promociones desde una mirada orientativa, recursos como la guía de The Playoffs sobre promociones Betsson pueden servir como punto de consulta, siempre con responsabilidad y sin perder de vista que ningún clásico ofrece certezas.
En estos partidos, el entretenimiento no debe confundirse con seguridad. Un favorito puede sufrir si recibe un gol temprano. Un equipo golpeado puede reaccionar desde el orgullo. Y un empate que parecía poco probable puede terminar siendo el resultado más lógico por cómo se desarrolla el partido.
Qué datos conviene mirar antes de sacar conclusiones
Para analizar un clásico con más criterio, no alcanza con revisar los últimos cinco resultados. Hay datos más concretos que pueden ayudar a entender mejor el escenario.
Rendimiento defensivo
En partidos cerrados, defender bien suele ser tan importante como atacar mucho. Un equipo que concede pocas chances claras puede tener ventaja, incluso si no viene con grandes números ofensivos.
Pelota parada
Muchos clásicos se destraban con un córner, un tiro libre o una segunda jugada. Por eso conviene mirar qué equipo defiende mejor esas acciones y qué jugadores pueden marcar diferencias en el juego aéreo.
Bajas y regresos
La ausencia de un arquero titular, un central importante o un volante de equilibrio puede cambiar por completo el plan. También hay que tener cuidado con los regresos: un futbolista puede estar recuperado, pero no necesariamente tener ritmo competitivo.
Disciplina
Las tarjetas pesan mucho. Una amarilla temprana puede condicionar a un defensor durante todo el partido. Una expulsión puede romper cualquier análisis previo. En partidos de alta tensión, la disciplina suele ser una variable decisiva. La AFA también contempla aspectos vinculados con ética, integridad y conducta deportiva en su Código de Ética.
Contexto del torneo
No es lo mismo un clásico de fase regular que uno con clasificación a copas, descenso o eliminación directa en juego. La necesidad cambia la manera de competir. Un equipo puede estar obligado a arriesgar más, mientras el otro puede sentirse cómodo esperando.
ifografia
El historial ayuda, pero no alcanza
El historial forma parte del folclore. Para los hinchas, cada clásico trae recuerdos, goles, cargadas y rachas que se repiten en cada previa. Pero desde el análisis, hay que usar esos antecedentes con cuidado.
Un partido jugado hace diez años tuvo otros planteles, otros entrenadores y otro contexto. Puede servir para entender la rivalidad, pero no siempre para predecir lo que va a pasar ahora. Es más útil mirar antecedentes recientes con protagonistas similares, estilos parecidos o entrenadores que se conocen bien.
Aun así, la historia pesa en la cabeza. Una racha negativa puede generar ansiedad. Una positiva puede dar confianza. En el fútbol argentino, donde todo se habla y se revive, el pasado nunca desaparece del todo.
En definitiva: en un clásico no hay pronóstico fácil
Los clásicos argentinos son difíciles de predecir porque mezclan fútbol, historia, presión, orgullo y emoción. La estadística orienta, pero no define. La tabla ayuda, pero no alcanza. La localía influye, pero no garantiza nada.
Para el hincha, esa incertidumbre es parte del encanto. Para quien analiza apuestas deportivas, debería ser una invitación a la prudencia. Un clásico no se juega solo con presente futbolístico: también se juega con nervios, memoria y carácter.
Al final, muchas veces no gana simplemente el que llega mejor. Gana el que interpreta mejor el momento, controla la ansiedad y aprovecha el detalle justo. Y tal vez por eso seguimos hablando de los clásicos durante tanto tiempo: porque en el fútbol argentino, cuando se juega uno de estos partidos, casi nunca hay una respuesta obvia.
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