ECONOMIA
El Banco Central volvió a comprar dólares y suma casi USD 6.000 millones en 2026

El Banco Central de la República Argentina (BCRA) sumó 68 jornadas seguidas comprando dólares, tanto en el mercado oficial como por otras vías. Este jueves adquirió USD 75 millones y el total anual superó los 5.900 millones de dólares.
Con el nuevo esquema monetario vigente desde enero, la entidad ya acumuló USD 5.925 millones, superando largamente la mitad de la meta para 2026. El viernes anterior, el Central adquirió USD 457 millones, la segunda cifra más alta bajo la presidencia de Javier Milei, solo superada por la compra del 4 de abril, que alcanzó 468 millones de dólares.
Aunque el Banco Central ya cubrió el 59% del objetivo de compras de todo el año, la acumulación de reservas internacionales estuvo condicionada por los pagos de deuda externa realizados por el Tesoro, que le compró al BCRA parte de esos dólares, lo que limitó el aumento neto de los activos extranjeros.
Para mantener el ritmo de compras, el BCRA emitió pesos sin utilizar instrumentos de esterilización, mientras que el Tesoro absorbió liquidez mediante la emisión de títulos en moneda local, con la intención de contener la expansión monetaria y evitar presiones sobre el dólar y los precios.
Las proyecciones oficiales indican que, según la demanda de pesos y la disponibilidad de divisas, el saldo neto de compras podría situarse entre USD 10.000 y USD 17.000 millones en 2026. Santiago Bausili, presidente del Banco Central, señaló que el desempeño de las adquisiciones estará determinado principalmente por estos factores.
Al finalizar la última rueda, las reservas internacionales se ubicaron en USD 45.631 millones, registrando una suba diaria de cuatro millones de dólares. En febrero, las reservas habían tocado un máximo de USD 46.905 millones, el mayor valor desde 2018 y un récord en la gestión actual. Los últimos movimientos reflejan tanto pagos de deuda en moneda extranjera como variaciones en la valuación de activos como oro y bonos, condicionados por el contexto internacional.
El dólar mayorista retrocedió un peso y terminó la jornada en $1.358 para la venta, en un mercado contado que movió USD 401,7 millones, cifra que representa más de USD 100 millones menos que en la rueda previa.
Según Nicolás Merino, operador de ABC Mercado de Cambios, tras “marcar mínimos de los últimos días en $1.345″, la cotización “logró estabilizarse y operó durante gran parte de la rueda en torno a $1.350. En el tramo final, y faltando pocos minutos para el cierre, se observó un rebote repentino que permitió recortar prácticamente toda la baja intradiaria, finalizando en $1.358, muy cerca de los niveles del día previo”.
Gustavo Quintana, de PR Corredores de Cambio, señaló: “Con solo una rueda por delante para terminar esta semana el tipo de cambio mayorista acumula una baja de 12 pesos, menos que la caída de 24 pesos registrada en la semana anterior”.
El Banco Central fijó para la jornada una banda superior para el tipo de cambio en $1.680,65, lo que ubicó al dólar oficial a 322,65 pesos o un 23,8% por debajo de ese techo.
En cuanto al dólar minorista, el precio al público cerró sin cambios en $1.380 en el Banco Nación, piso que se mantiene desde el 13 de octubre. El promedio informado por el BCRA entre bancos fue de $1.379,34 para la venta y $1.328,44 para la compra.
En paralelo, el Central anunció este jueves una modificación en las “normas de efectivo mínimo” con la intención de dar a los bancos más margen para gestionar su liquidez de corto plazo y así favorecer una baja de las tasas de interés para reactivar el crédito.
La Comunicación A 8423 formalizó esta medida, que avanza en la normalización de los encajes bancarios tras las distorsiones provocadas por la menor demanda de dinero durante la segunda mitad del año pasado.
Con la nueva disposición, que entra en vigencia el 17 de abril de 2026, la integración mínima diaria en pesos no podrá ser menor al 65 por ciento. Esta actualización profundiza las flexibilizaciones iniciadas en noviembre de 2025, cuando el piso se había reducido de 95% a 75 por ciento. El propósito central de este cambio es que los bancos dispongan de un rango operativo más amplio para el manejo diario de sus fondos, lo que colabora en la reducción de la volatilidad de las tasas de interés en el mercado mayorista.
El efectivo mínimo o encaje bancario es la porción de los depósitos que los bancos deben mantener sin uso, ya sea en cuentas del BCRA o en activos autorizados, como medida de seguridad. Permitir una integración diaria de hasta el 65% otorga a las entidades mayor flexibilidad para destinar excedentes al mercado o atender requerimientos puntuales de liquidez sin violar las normas regulatorias.
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ECONOMIA
Caputo anunció que las exportaciones y la balanza comercial marcaron un récord histórico en mayo

La balanza comercial registró un nuevo saldo histórico en mayo. Así lo informó el INDEC y lo replicó el ministro de Economía Luis Caputo en sus redes sociales.
El ministro sostuvo que «en mayo las exportaciones de bienes y la balanza comercial registraron un nuevo récord histórico».
Luis Caputo celebró el «récord histórico» en las exportaciones
Según publicó Caputo, «en el mes de mayo, las exportaciones de bienes ascendieron a u$s9.537 millones, registrando un crecimiento de 34,4% interanual y alcanzando un nuevo récord histórico. Las importaciones sumaron u$s6.033 millones, y la balanza comercial registró un superávit de u$s3.504 millones, el mayor valor mensual de la historia».
«Todos los grandes rubros de las exportaciones registraron crecimiento respecto a mayo del año pasado, con subas de 167,1% en Combustibles y Energía, 22,5% en Productos Primarios, 20,5% en Manufacturas de Origen Agropecuario y 20,1% en Manufacturas de Origen Industrial», sostuvo el ministro.
Y detalló: «Las exportaciones de Combustibles y Energía registraron un máximo histórico, en tanto las de Manufacturas de Origen Industrial alcanzaron el segundo valor más alto de la historia para un mes de mayo».
«En los primeros 5 meses del año, las exportaciones ascendieron a u$s40.359 millones (+24,3% en relación a igual período de 2025), y la balanza comercial acumuló un superávit de u$s11.783 millones. Asimismo, las exportaciones de Manufacturas de Origen Industrial sumaron u$s10.964 millones, el mayor valor de la historia para el período enero-mayo», resaltó.
«La balanza comercial energética registró el mayor saldo positivo de toda la serie, con un superávit de u$s1.543 millones, producto de exportaciones por u$s1.745 millones (+167,1%) e importaciones por u$s202 millones (-32,9%)», concluyó el mensaje del ministro.
Las proyecciones para las exportaciones mineras y de energía
Semanas atrás, el secretario coordinador de Energía y Minería, Daniel González, anticipó que el país podría alcanzar en los próximos cinco años una balanza comercial combinada de energía y minería cercana a los u$s60.000 millones. La estimación se apoyó en la expansión de inversiones impulsadas por el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y en el nuevo esquema económico vigente.
Las declaraciones se dieron en el marco del capítulo energético de la AmCham Summit 2026, el encuentro anual que reúne a empresas estadounidenses con presencia en la Argentina. El evento contó con análisis sobre infraestructura, exportación de hidrocarburos y competitividad del sector, aparte de la participación de referentes privados como Juan Martín Bulgheroni (PAE), Fernando Bonnet (Central Puerto) y Ana Simonato (Chevron), con la presencia previa del ministro de Economía, Luis Caputo
En su exposición, González sostuvo que la principal transformación en curso es de carácter estructural. «El cambio más importante es la vuelta de la Argentina al capitalismo, eso hace que sea un país donde los inversores digan, ‘acá quiero estar’«, destacó al iniciar su alocución, al afirmar que la confianza del capital privado es un factor esencial en la etapa actual del país
En ese sentido, remarcó la necesidad de estabilidad macroeconómica como condición para atraer capitales, y destacó un escenario de menor presión tributaria e inflación descendente. También se refirió a las reformas normativas recientes vinculadas a hidrocarburos, gas y el sistema eléctrico, que —según explicó— redefinen el rol del Estado y priorizan la eficiencia del mercado.
El funcionario puso el foco en el desempeño del RIGI, al que definió como una herramienta clave para acelerar proyectos energéticos y mineros. «El RIGI hasta ahora fue una historia de éxito. Extendimos el régimen un año más, y en simultáneo incluimos el desarrollo del upstream«, señaló.
Además, explicó el impacto operativo del esquema: «El RIGI permite que dentro del campo puedas desarrollar pozos o áreas que no tenías previsto desarrollar, porque los economics eran muy justos». En esa línea, proyectó una aceleración de inversiones en petróleo y gas: «… porque este régimen está vigente hasta julio del 2027. Vamos a ver un aumento de inversiones en el sector de petróleo y gas fortísimo en los próximos 18 meses».
González afirmó que la Argentina podría alcanzar una balanza energética y minera de u$s60.000 millones hacia 2030, y aclaró: «No estamos hablando del potencial de los recursos, sino que estamos hablando de proyectos concretos en 5 años».
En su argumentación, destacó el crecimiento de la producción petrolera, que alcanzó niveles récord cercanos a los 890.000 barriles diarios, con la posibilidad de superar el millón en el corto plazo. En gas natural, proyectó una expansión significativa vinculada al desarrollo de infraestructura de licuefacción y exportación.
Por último, defendió la estrategia de no intervención estatal directa en precios internos del mercado energético. «No instalamos un barril criollo ni intervenimos artificmente en los precios. Las empresas se autorregularon, y solas decidieron en qué medida hacían el pass through a precios, sin ninguna intervención del gobierno», concluyó.
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ECONOMIA
El dólar sigue subiendo, supera a la inflación del mes y se frena el proceso de apreciación cambiaria

La nueva suba del dólar, que ayer cerró a $1.470 para la venta en el mercado oficial, representa un cambio de tendencia respecto a lo que venía ocurriendo en los primeros meses del año. El tipo de cambio acumula con este ajuste un incremento de 2,7% en el mes y supera la inflación proyectada para junio, que podría perforar el 2 por ciento.
La cotización oficial había cerrado mayo a $1.430, en un mes que había mostrado récord de compra de dólares por parte del Banco Central de la República Argentina (BCRA). Sin embargo, el billete verde casi no se había movido.
En junio, la dinámica cambiaria es bastante diferente. El Central sigue comprando pero a un ritmo mucho menor al del quinto mes del año. A modo ilustrativo, en la última jornada la autoridad monetaria adquirió USD 70 millones y casi todos los días viene por debajo de ese nivel. A pesar de que hubo una menor demanda oficial, igual el tipo de cambio viene operando en alza.
Las opciones son dos: bajó la oferta de divisas o bien aumentó la demanda. Es posible que se estén dando ambas situaciones a la vez. Además, con el pago del medio aguinaldo también se estarán inyectando más pesos en las cuentas de los empleados y es probable que parte de ese dinero termine canalizándose hacia el dólar.
En los meses anteriores, la compra de dólares por parte de las personas se mantuvo relativamente alta, en el orden de los USD 2.300 millones mensuales. Esto significa que aún con un tipo de cambio muy planchado el público igual prefiere comprar. De hecho, alrededor de 1,5 millones de argentinos adquieren divisas por mes.
En los cinco primeros meses del año, el dólar oficial se apreció alrededor del 10%. En otras palabras, la economía argentina se encareció en dólares de manera bastante rápida. Ahora, al menos en lo que va de junio, se frenó este proceso y proyecta lo que podría ocurrir en el segundo semestre de 2026.
De acuerdo a los datos que surgen del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) divulgado por el Banco Central, los analistas esperan que en lo que resta del año el dólar se mueva muy parejo con la evolución de la inflación. Esto implica que el tipo de cambio finalizaría el año levemente por debajo de los 1.700 pesos.
Sin embargo, algunas consultoras, como el caso de Invecq que dirige Esteban Domecq, piensan que el dólar podría acelerarse en relación a la evolución de la dinámica inflacionaria. Esto implica que habría una reversión parcial en el proceso de apreciación cambiaria, respondiendo a quienes advierten que el encarecimiento en dólares de la economía resulta peligroso.
La suba del tipo de cambio también se produjo en el contado con liquidación, que ayer trepó hasta 1.511 pesos. La brecha con el oficial se mantiene en niveles inferiores al 3 por ciento.
Pese a la apreciación cambiaria de los últimos meses, Argentina registró en mayo de 2026 un superávit comercial récord de USD 3.504 millones, sumando así 30 meses consecutivos con saldo positivo en la balanza. Este resultado sin antecedentes se logró gracias a la combinación de exportaciones récord y una caída en las importaciones
Las exportaciones alcanzaron la cifra histórica de USD 9.537 millones (un crecimiento interanual del 34,4%) impulsadas principalmente por combustibles, energía y productos del agro.
En tanto, las importaciones cayeron un 7% interanual, hasta USD 6.033 millones. Con estos números, el acumulado de los primeros cinco meses del año alcanzó un superávit cercano a los USD 11.800 millones, superando ya el total positivo de todo el año 2025.
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ECONOMIA
El FMI pone la mira en el Monotributo y propone un cambio que afectará a millones de contribuyentes

Cuando el monotributo nació, en 1998, el techo máximo para quedarse en el régimen era de $144.000 anuales. En plena convertibilidad, eso equivalía a u$s144.000. Hoy, ajustados por la inflación acumulada en Estados Unidos durante esos 27 años, esos mismos dólares representarían aproximadamente u$s270.000. Sin embargo, la categoría más alta del monotributo vigente en junio de 2026 permite facturar hasta $108 millones anuales, poco más de u$s74.000 al tipo de cambio oficial. Es decir: el techo real del régimen se redujo a menos de la mitad de lo que era cuando fue creado.
Esa brecha no es un accidente. Es el resultado de décadas de actualizaciones insuficientes que fueron comprimiendo el régimen hacia abajo, empujando en teoría a los contribuyentes de mayores ingresos hacia el régimen general. Lo que ocurrió en la práctica fue otra cosa: millones de trabajadores independientes permanecen inscriptos en el monotributo según los últimos datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) a febrero de 2026, una cifra que los propios técnicos reconocen podría estar subestimada dado que ARCA, el organismo recaudador, no publica estadísticas desagregadas por categoría. Nadie sabe con certeza cuántos monotributistas están acumulados en las categorías superiores, facturando cerca del techo y evaluando cada año si les conviene pasarse al régimen general o seguir en el gris.
Ahora el Fondo Monetario Internacional (FMI) pone el tema sobre la mesa y propone reformarlo en el documento técnico que acompaña a la segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas firmado con Argentina.
El diagnóstico de partida es contundente. El sistema tributario argentino es, según el texto del FMI, «complejo, altamente distorsivo e inestable, y pesa sobre el crecimiento y la competitividad». Con una presión fiscal equivalente al 27% del PBI en 2025, Argentina no tiene un problema de recaudación insuficiente sino de recaudación mal construida: más de 155 impuestos, tasas nominales elevadas y una base imponible estrecha por la proliferación de regímenes especiales.
Dentro de ese mapa, el Monotributo ocupa un lugar destacado. El FMI estima que el régimen genera un gasto tributario de aproximadamente 1 punto porcentual del PBI, lo que lo convierte en la segunda fuente de erosión de la base imponible después del IVA. El organismo reconoce sus virtudes: «simplifica el cumplimiento, promueve la formalización y amplía la cobertura de salud y jubilación». Pero al mismo tiempo señala sus problemas estructurales.
El primero es la brecha de carga fiscal. El Monotributo «impone una carga efectiva mucho menor que el régimen general, lo que genera fragmentación de empresas y limita el crecimiento de los negocios». El segundo es el efecto escalón: «la estructura de pagos fijos crea saltos bruscos en la obligación tributaria entre categorías que desincentivan el pasaje a tramos superiores de facturación». En criollo: el sistema premia quedarse quieto.
La recomendación del FMI es directa. Cualquier reforma del monotributo debería:
- Reducir los efectos de umbral
- Alinear las tasas efectivas y las contribuciones a la seguridad social con el régimen general
- Aprovechar las herramientas digitales para simplificar el cumplimiento
Y pone número a la apuesta: alinear el Monotributo con el sistema general del Impuesto a las Ganancias podría generar una ganancia fiscal de 1 punto porcentual del PBI.
El mapa de los contribuyentes
El monotributo tiene once categorías. Las primeras siete funcionan como debería funcionar un régimen simplificado: una carga fiscal modesta, entre el 3 y el 5% de la facturación, para trabajadores independientes de ingresos bajos y medios. El problema empieza cuando se llega a las categorías superiores, donde el régimen revela su verdadera tensión con el sistema general.
Tomemos el caso de un profesional independiente, un contador, un arquitecto, un desarrollador de software, que factura cerca del techo de la categoría H: $70 millones anuales, unos u$s48.000 al tipo de cambio oficial de junio de 2026. En el monotributo, ese profesional paga una cuota mensual de $447.346 si presta servicios, lo que representa una carga anual del 7,7% sobre su facturación. Si en cambio ese mismo año su facturación supera el techo y queda obligado a pasarse al régimen general, la carga estimada salta al 42%. De un año al otro, la presión fiscal se multiplica por cinco y medio.
La categoría K, la más alta del régimen, hace la diferencia aún más elocuente. Un contribuyente que factura hasta 108 millones de pesos anuales, equivalentes a 74.000 dólares, paga en el monotributo el 15,3% si presta servicios, o apenas el 6,7% si vende bienes. Frente al 45% del régimen general, la brecha llega a casi 40 puntos porcentuales.
Esos números explican por sí solos por qué millones de trabajadores independientes permanecen en el monotributo según los datos del SIPA a febrero de 2026, y por qué muchos de ellos hacen lo imposible por no cruzar el umbral. Pero hay un factor adicional que el debate público casi nunca menciona y que termina de cerrar la trampa: quien supera el techo del monotributo y pasa al régimen general no puede volver hasta que transcurran tres años calendario completos, contados desde el primero de enero del año siguiente a la exclusión. Tres años pagando el 42 o el 45% antes de poder solicitar el regreso.
La categoría K del monotributo, la más alta del régimen, hace la diferencia aún más elocuente
Las propuestas del FMI a la luz de la historia
El régimen nació en 1998 con una lógica de emergencia social. La Argentina de los 90 había expulsado del mercado laboral formal a miles de trabajadores: las privatizaciones, el achicamiento del Estado y la reconversión productiva volcaron al cuentapropismo a una generación que anteriormente era asalariada. Gente que había perdido la corresponsabilidad del patrón y necesitaba urgente una jubilación y una obra social a bajo costo. El monotributo fue, en ese contexto, menos un instrumento fiscal que una política de inclusión social con forma de impuesto.
Esa matriz de origen explica buena parte de sus resistencias actuales a cualquier reforma. Cada vez que el sistema fue modificado, la lógica dominante fue la de ampliar la cobertura, no la de acercarlo al régimen general. La reforma de 2004 incorporó a las cooperativas de trabajo y a las sociedades de hecho. La de 2009 elevó los topes de facturación. La de 2016 le sumó asignaciones familiares y recategorización de oficio. En ninguna de esas instancias se abordó la brecha de carga fiscal entre el monotributo y el régimen general como un problema en sí mismo. Se la administró, se la contuvo, pero nunca se la discutió de frente.
El resultado, visto desde 2026, es un régimen que cumplió sus objetivos originales de formalización e inclusión pero que creció en una dirección que sus creadores no habían previsto del todo: se convirtió en el techo contributivo para millones de trabajadores independientes que, ante la alternativa de pagar el 42 o el 45% en el régimen general, encontraron en el monotributo no un escalón hacia la formalidad plena sino un destino permanente. Lo que el FMI llama «fragmentación de empresas y limitación del crecimiento de los negocios» es, visto desde adentro, la respuesta racional de contribuyentes que aprendieron que crecer fiscalmente en Argentina tiene un costo prohibitivo.
El costo político y la viabilidad de la reforma
Reformar el monotributo es, en términos políticos argentinos, un ejercicio de equilibrismo sobre un cable sin red. Los millones de contribuyentes inscriptos en el régimen no son solo un dato estadístico: son votantes, son familias, son el tejido productivo de barrios y ciudades del interior que identifican al monotributo no como un privilegio fiscal sino como el único puente que los conecta con la salud y la jubilación. Tocar ese puente tiene un costo electoral que ningún gobierno desde 1998 estuvo dispuesto a pagar de manera frontal.
El FMI lo sabe. Y su propuesta, leída con atención, no es una reforma de shock sino una hoja de ruta gradual. El Selected Issues Paper no pide eliminar el monotributo ni fusionarlo abruptamente con el régimen general. Pide tres cosas más acotadas: reducir los saltos bruscos entre categorías, alinear progresivamente las tasas efectivas y las contribuciones a la seguridad social con el régimen general, y aprovechar las herramientas digitales para mantener la simplicidad del cumplimiento durante la transición. La ganancia fiscal estimada de 1 punto del PBI no es el punto de llegada de una reforma inmediata sino el horizonte de una convergencia gradual.
El problema es que en Argentina lo gradual tiene una historia propia. Cada vez que un gobierno intentó actualizar los topes del monotributo por debajo de la inflación real, lo que ocurrió fue exactamente lo contrario de lo que pretendía la política: no hubo migración ordenada al régimen general sino profundización de la zona gris. Contribuyentes que dividieron su facturación entre familiares, que postergaron obras, que dejaron de emitir comprobantes por encima del umbral. La presión descendente sobre los topes, lejos de empujar hacia arriba, empujó hacia los costados.
La administración Milei enfrenta este desafío en un momento peculiar. Por un lado, tiene el mandato político más sólido en años para avanzar en reformas impositivas de fondo: el propio Staff Report celebra la aprobación de la Ley de Blanqueo Fiscal y la Ley de Modernización Laboral como señales de capacidad legislativa. Por otro lado, cualquier reforma del monotributo que se perciba como un aumento de la carga para trabajadores independientes choca de frente con el discurso libertario de reducción impositiva que es la columna vertebral de la identidad política del gobierno. Subir la presión fiscal sobre millones de monotributistas, aunque sea gradualmente y aunque el objetivo declarado sea acercarlos al régimen general, es difícilmente vendible como una baja de impuestos.
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