POLITICA
El fino equilibrio de Bullrich: diferenciarse de Milei sin poner en duda su pertenencia a La Libertad Avanza

Desde hace algunas semanas, Patricia Bullrich comenzó a manifestar públicamente sus diferencias con el Gobierno sobre algunos temas clave y a mostrar una agenda propia que generó cierto conflicto con la Casa Rosada. La tensión fue escalando y en los últimos días llegó a su pico máximo, pero entonces ambas partes acordaron bajar la espuma y mostrar unidad.
Todos los sectores del oficialismo coinciden en que la senadora, a pesar de ser la jefa del bloque en la Cámara Alta, tiene cudal político por sí misma, lo que le permite tomar determinadas decisiones sin consultarle al resto de la cúpula.
Sin embargo, es esta misma autonomía la que muchas veces trajo rispideces con los integrantes más antiguos del espacio, quienes sí siguen las órdenes directas de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.
Al respecto, no son pocos los miembros del Gabinete que reconocen que “Bullrich te llama cuando necesita algo, pero después se mueve sola”, aunque aclaran que es algo que todos aceptan y que generalmente no trae problemas.
Un ejemplo de un caso en el que esta dinámica sí incomodó fue el proceso de acuerdos con la oposición por los principales lugares en las comisiones parlamentarias luego del recambio legislativo tras las elecciones del 2025.
El titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, coordinó con el Poder Ejecutivo las vacantes que iba a negociar, priorizando aquellas a las que se suponía que irían los proyectos de ley más importantes que estaban en carpeta.
En el Senado no habría pasado lo mismo y allí la ex ministra de Seguridad consensuó el reparto de las comisiones siguiendo criterios propios. Si bien la elección que hizo estuvo acertada, en Balcarce 50 hubo algunos reparos por la falta de trabajo en equipo.
Más recientemente, Bullrich empezó a impulsar una agenda paralela, primero muy vinculada a la ciudad de Buenos Aires, donde se especula con que sea candidata el año que viene, y luego con cuestiones más sensibles.
Durante una reunión de Gabinete, según trascendió, el presidente Javier Milei la habría frenado con tono firme cuando intentó explicar su opinión respecto de la situación de Manuel Adorni, a quien previamente le había reclamado que presentara la declaración jurada lo antes posible.
En plena disputa, fue la secretaria general la que la convocó el miércoles pasado a su oficina en la Casa Rosada para conversar a solas y hacer una foto que luego se difundió por las redes sociales.

El gesto se dio justo cuando las relaciones estaban en su momento de mayor estrés, luego de que Bullrich anticipara que no iba a votar en contra del pliego de la jueza María Verónica Michelli, como pretendía el Poder Ejecutivo.
El equipo que asesora a la senadora redactó un mensaje con el objetivo de generar el ruido exacto dentro del partido, el suficiente como para marcar su pensamiento, pero no tan fuerte como para fomentar una ruptura.
En ese texto, remarcó que expresar sus principios “también forma parte de la responsabilidad” que tiene como dirigente, pero ratificó que sigue siendo parte “de este proyecto” y apoya “con convicción la transformación histórica que está impulsando el Presidente”.
“Por eso hablé con él. Para que esta decisión sea tomada en su justa dimensión. En una gestión que avanza por una verdadera autopista de aciertos, una diferencia en un tema puntual no debilita el rumbo: lo fortalece”, resumió en ese posteo.
Sin embargo, unas horas más tarde se filtró un dato que no tenía previsto que se conociera: que durante el diálogo con Javier Milei, le había puesto a disposición la renuncia como cabeza de la bancada.
Fue la propia Bullrich la que confirmó luego este dato, aunque aclarando que “cualquier persona de bien” hubiera actuado de la misma forma, ya que le estaba diciendo al máximo mandatario que no iba a seguir sus órdenes.

En el entorno de la ex ministra, en tanto, primero negaron las versiones y, cuando se supo que efectivamente había ocurrido eso, insistieron con que se trató únicamente de una cuestión protocolar y que no tenían la intención de dar un paso al costado.
En el armado porteño de La Libertad Avanza indican que estas situaciones no afectaron el vínculo, pero insisten con que todavía no está definido quién va a competir por le Jefatura de Gobierno.
La semana próxima podría haber una nueva reunión de la mesa política, de la que también participan los protagonistas de la principal interna que tiene el Gobierno prácticamente desde que llegó al poder: Karina Milei y el asesor presidencial, Santiago Caputo.
De todas formas, en ese ámbito se trata solamente la estrategia legislativa y, más allá de algún comentario puntual en alguno de estos encuentros, habitualmente sus miembros actúan como si no hubieran diferencias y no se discuten los conflictos de fondo.
Después de la sesión en la que se sancionaron los pliegos de jueces, incluido el de Michelli, y la autorización para el pago de la deuda a los holdouts, la senadora enfrentará un nuevo desafío con la reforma política.
El oficialismo no contaría con los votos como para aprobar uno de los puntos más importantes de esa iniciativa, que es la eliminación de las PASO, por lo que se espera que sea una discusión intensa con el resto de los bloques hasta el tratamiento de la medida.
POLITICA
Por qué Karina Milei no rompe con Patricia Bullrich: cinco razones detrás de una paz incómoda

Karina Milei dibuja en su boca una sonrisa visible pero medida, de esas que no regala fácilmente ni siquiera cuando busca transmitir calma. Patricia Bullrich, de espaldas a la cámara que retrata la escena, inclina su cuerpo hacia la mesa con su puño izquierdo levantado, como si todavía estuviera explicando las razones de su última rebeldía. Todo parece estar en calma en esa oficina cargada de rosca en el primer piso de la Casa Rosada, aunque esa reunión laboral programada con antelación escondía demasiadas diferencias entre las dos mujeres fuertes del oficialismo. La imagen, que minutos más tarde iba a ser difundida por el propio primer mandatario y por el equipo de comunicación de Presidencia, coreografiaba una convivencia forzada: la secretaria general recibía en su territorio a una senadora que acababa de plantarse una vez más, desafiar una orden de la cúpula del Gobierno, poner a disposición su renuncia y salir caminando con más poder del que tenía al entrar al conflicto. En otro momento, “El Jefe” hubiera mandado a buscar la guillotina; en esta ocasión, tragó saliva y eligió volver a fingir demencia. Por todo eso, la instantánea fue cuidadosamente amable y políticamente incómoda.
La foto llegó después de la sublevación, pero antes de la derrota. O, en definitiva, cuando en el palacio gubernamental ya intuían que la pulseada por María Verónica Michelli se había escapado de las manos. La historia es popular en el Círculo Rojo: Michelli es la abogada propuesta para ocupar un lugar como jueza del Tribunal Oral Federal Nº 3 de La Plata, cuyo pliego ya había sido enviado al Senado por el propio Ejecutivo antes de que Javier Milei decidiera retirarlo al advertir un parentesco que lo volvió intolerable: la mujer es la cuñada de Hugo Alconada Mon, periodista de investigación especializado en incomodar a los gobernantes de turno. La postulación había pasado por el Consejo de la Magistratura, había tenido audiencia pública, había reunido firmas en la Comisión de Acuerdos y, aun así, quedó atrapada en una maniobra de castigo que terminó dejando en un pantano al ecosistema libertario.
Un detalle menos conocido: nadie niega la leyenda de que fue Santiago Caputo, rival interno de la hermana presidencial, el que acercó el dato a la Quinta de Olivos. Fue una manera tan sutil como efectiva de marcar la “impericia” en el accionar del karinista Juan Bautista Mahiques, el ministro de Justicia encargado de cubrir el dramático 37% de vacantes de magistrados que se extiende por todo el país. “Si los nombres los aportábamos nosotros, esto no pasaba ni en pedo. Este quilombo fue absolutamente evitable”, se jactan en el ala del asesor sin cartera. “Los candidatos que elegimos son los que elevó la administración de Alberto Fernández. Avanzar con los pliegos era hasta acá una deuda enorme con la sociedad porque con tantos juzgados sin titular se genera una crisis institucional que puede ser peligrosa”, se defienden del otro lado. Una guerra subterránea siempre activa aunque algo más disimulada en estos días.

Bullrich leyó antes que otros el costo político e institucional de la jugada alrededor de Michelli. Por eso anunció su “objeción de conciencia” y obligó a Milei a elegir entre echarla o tragarse el desplante. Con el revuelo ya desencadenado, la jefa del bloque libertario volvió al recinto, justificó ante el micrófono su accionar y vio cómo la oposición, con el empuje envenenado del kirchnerismo y el acompañamiento de otros bloques, aprobaba sobre tablas el expediente de la polémica por 44 votos a favor, 18 en contra y apenas 2 abstenciones.
En esas horas frenéticas, La Libertad Avanza intentó refugiarse en la lectura del vaso medio lleno y hasta el propio Presidente celebró la aprobación de 74 pliegos judiciales como “EL INICIO DE LA RECONSTRUCCIÓN DE LA JUSTICIA”, con todo el simbolismo que las mayúsculas indican en la red social X. “Fue la sonrisa del boxeador que acaba de recibir un golpe en la mandíbula”, se mofaba un peronista de vasta trayectoria que scrolleaba la ex Twitter desde su banca. Hay otra lectura evidente que nadie quiere agitar demasiado: algunos de los hombres y mujeres que sobrevivan a este largo proceso serán los encargados de definir los destinos de expedientes sensibles para los violetas como el de Libra, el de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) y el presunto enriquecimiento ilícito de un Manuel Adorni que sigue estirando los tiempos de la presentación de su declaración jurada patrimonial.
Un paréntesis necesario: entre los gritos e insultos de una sesión picante debe haber habido tintineo de copas llenas de champagne. Es que finalmente pasaron todos los filtros personas como Emilio Rosatti, hijo del presidente de la Corte Suprema; María Julia Sosa, secretaria del juez federal Julián Ercolini; y Ana María Juan, esposa de otro magistrado federal como Marcelo Martínez de Giorgi.
Ahora toda la responsabilidad quedó en el Sillón de Rivadavia: Milei, que llamativamente jamás le prestó atención a los nombres en danza, deberá resolver si firma o no el decreto de designación de Michelli. Ese es el último paso del proceso constitucional para confirmar un nuevo cargo judicial. Ante ese panorama, ya circula un argumento de repliegue: que el Senado habilita pero no obliga, lo que es lo mismo que decir que la Rosada no descarta intentar ganar con la lapicera lo que no pudo ordenar con su músculo en el Congreso. Poco parece importarles que esa decisión los termine asemejando a sus enemigos naturales: la única vez que un mandatario hizo algo parecido desde la Reforma Constitucional de 1994 fue Cristina Kirchner cuando evitó de todas las maneras posibles rubricar el nombramiento de Juan Manuel Yalj en la Cámara Federal de San Martín. El antecedente tenía una explicación: Yalj había ordenado detener al gremialista Rubén “Pollo” Sobrero, en aquel entonces de buen trato con la dirigente.
Ante este contexto político complicado, la duda del millón: ¿por qué Karina no ataca a Patricia? La pregunta empezó a circular con fuerza entre libertarios de todas las facciones. No es un interrogante menor y desvela a los integrantes de la mesa chica mileísta porque la hermana presidencial no suele ser contemplativa con los soldados propios que deciden jugar por fuera de la línea oficial. A algunos los corre, a otros los enfría, a varios los condena al purgatorio de los llamados sin respuesta y a los más distraídos directamente les apaga la luz. Pero con Bullrich, por ahora, eligió otro método. No porque la haya perdonado. Tampoco porque la considere inofensiva. Al contrario: entendió que “Pato” no es una rebelde cualquiera. Infobae reconstruyó, a partir de una decena de fuentes con acceso privilegiado a la intimidad presidencial, cinco factores que fuerzan la paz pese a las internas.
● 1) La primera razón es simple, brutal y bastante incómoda para una fuerza política que todavía intenta ordenar sus jerarquías internas: Bullrich tiene poder propio.
La ex ministra de Seguridad de la Nación no llegó a LLA como una funcionaria subalterna, ni como una dirigente territorial inventada por la lapicera de Karina, ni como una pieza descartable del armado violeta. Tiene apellido político, recorrido, electorado, traiciones y enemigos propios, canales de conversación con empresarios, diálogo con sectores del PRO, vasos comunicantes con la UCR y un nivel de reconocimiento que no necesita de Balcarce 50 para existir. En términos libertarios, es una anomalía. Una figura política que está adentro, pero no nació adentro. Una aliada que acompaña, pero no pide permiso para respirar. Una jefa de bloque que puede incomodar al Presidente sin terminar convertida, al minuto siguiente, en otra baja del ejército de expulsados.
Karina pudo ser implacable con dirigentes que no tenían volumen por sí solos, terminales territoriales, protección mediática, historia electoral o capacidad real de daño. Bullrich, en cambio, tiene algo que en la Casa Rosada se respeta incluso cuando se lo disimula: autonomía.
● 2) La segunda razón por la que Karina no la ataca es que Bullrich representa una porción del electorado que Milei todavía necesita.
Para muchos votantes antikirchneristas, republicanos, duros en seguridad pero sensibles a ciertas formas institucionales, la senadora nacional funciona como garantía de que el experimento libertario no va a convertirse en una administración familiar sin contrapesos. Puede defender a Milei y acompañar la motosierra, pero no suicidarse por cada capricho de Olivos. Ese equilibrio la vuelve incómoda pero también útil, según admiten a regañadientes cerca de la secretaria general. Si Karina la empuja demasiado, no solo lastima a una dirigente que no dudó en afiliarse a su partido: puede irritar a un segmento del voto que llegó a La Libertad Avanza por rechazo al peronismo y sus variantes.
Este punto es central para entender la cautela de El Jefe: Bullrich fue candidata presidencial de Juntos por el Cambio y por ende rival electoral de los libertarios, fue la máxima autoridad del PRO, fue de las primeras aliadas cuando hasta Mauricio Macri dudaba de la profundidad del vínculo con Javier Milei, fue ministra de mano dura y pocos piquetes y ahora miembro clave y con pretensiones propias de la cámara alta.
El poder central puede burlarse de la casta, pero sabe que sin una porción de esa casta no llega muy lejos. Puede odiar la intermediación, pero necesita intermediarios dispuestos a embarrarse. Puede soñar con obediencia vertical, pero no olvida que gobierna en minoría. En ese mapa, Bullrich no es cómoda: es necesaria.
“Pato es brava pero la prefiero en mi equipo. Eso sí: siempre hay que cuidarse de Carolina Serrano”, dice con ironía un miembro de la mesa política violeta equidistante entre Karina y Santiago Caputo, que no se olvida del nombre de guerra que el peronismo revolucionario de la década del 70 le atribuyó siempre a Bullrich en sus años de juventud.
Se dibuja en el aire, de esta manera, una de las paradojas más difíciles de administrar para la hermana presidencial: Patricia es peligrosa cuando se mueve, pero también es peligrosa si se va. Si la dejan adentro, condiciona. Si la empujan afuera, puede ordenar un espacio propio y convertirse en una especie de seguro político para los que imaginan escenarios de recambio, sucesión o simple supervivencia si la experiencia libertaria llegara a perder volumen. Por eso en la Rosada la miran con fastidio, aunque también con cálculo. No la aman; la miden.
● 3) La tercera razón es todavía más elemental: Bullrich mide.
En un oficialismo que empezó a encontrar límites en la opinión pública, su imagen aparece mejor ubicada que la de varios nombres centrales del esquema gobernante.
Algunos ejemplos relevantes: en el último relevamiento de Hugo Haime & Asociados, la senadora alcanza un 41,7% de evaluación positiva, por encima del propio Javier Milei, que se posiciona con 36,7%, y muy lejos de Karina Milei, que registra 26,4%, y de Manuel Adorni, que queda en 25,9%. La comparación duele porque ordena el tablero con una crudeza que muchos prefieren mirar de reojo: la dirigente que acaba de desobedecer al Presidente mide mejor que el Presidente, que la hermana presidencial y que el jefe de Gabinete que todavía intenta recomponer autoridad pública. Bullrich no está sobrada, ya que en paralelo carga una imagen negativa del 55%, pero en una etapa de desgaste general conserva algo que la lapicera no siempre fabrica: espalda, conocimiento, electorado y una marca política que no depende exclusivamente de la bendición de “El Jefe”.
Otros sondeos confirman la tendencia. El más reciente estudio de Management & Fit también ubicó a Bullrich como la persona del oficialismo con mejor imagen positiva de Argentina: 36,3%, de nuevo por encima del propio Milei, que se ubica cinco puntos más abajo. Números similares tiene en mayo el reporte internacional de AtlasIntel/Bloomberg.
Karina puede enojarse con una dirigente que se planta, pero no puede ignorar que esa misma dirigente conserva un volumen propio nada deleznable en los tiempos que corren. “No le dispara a Patricia porque sabe que, al menos por ahora, es una batalla que puede perder. A nosotros nos gusta hervir en agua a las ranas de a poco, sin que se den cuenta: es lo que hicimos con Ramiro Marra en la Legislatura o con Victoria Villarruel en la vicepresidencia. Quién te dice en el momento menos pensado se queda afuera de las reuniones de la mesa política o le damos la orden a la militancia digital para que la cocinen”, amenaza una de las personas que tiene más visitas al despacho de la secretaria general.
● 4) La cuarta razón que explica la convivencia entre Karina y Patricia es el Senado.
Bullrich ocupa un lugar sensible en una Cámara en la que el Gobierno no tiene margen para aventuras: cada dictamen, cada sesión, cada ley, y ahora también cada pliego judicial, exige paciencia, cálculo y muñeca. En ese sentido, el paso por el recinto del caso María Verónica Michelli dejó una dura enseñanza para la Casa Rosada: el oficialismo no siempre controla el tablero parlamentario y puede perder incluso cuando cree tener una orden clara bajada desde arriba. La sesión expuso desorden, acusaciones cruzadas, lecturas contradictorias y un problema de conducción.
En ese lugar donde tallan fuerte los gobernadores, y en el que Villarruel juega a reglamento sin tirarles centros a sus ex compañeros, se impone una matemática que no se conmueve demasiado con los gritos de Olivos. Así, atacar a Bullrich podría ser un lujo caro: la senadora puede no juntar siempre todos los votos, pero conoce la dinámica del recinto y conversa asiduamente con actores que los violetas puros y sin experiencia no saben seducir.

● 5) La quinta y última razón es personal, pero no menor: Karina sabe que convertir a Bullrich en enemiga explícita sería agrandarla.
El método de la confrontación directa le funcionó con otros dirigentes porque el castigo ordenaba el sistema. Con Bullrich, en cambio, puede producir el efecto contrario. En eso coinciden todas las fuentes consultadas por Infobae.
Una pelea frontal le permitiría a la senadora hacer exactamente lo que mejor sabe hacer: victimizarse poco, endurecerse mucho, agitar la bandera de la coherencia y recordarle al público que ella ya estaba en la política cuando varios libertarios todavía buscaban usuario disponible en redes sociales. En ese contexto, un ataque de Karina podría ofrecerle el escenario perfecto para relanzar su marca: la mujer que acompaña a Milei, pero no se arrodilla ante nadie.
Esa es la diferencia central con Victoria Villarruel. La vicepresidenta quedó atrapada en un limbo institucional donde tiene cargo, visibilidad y muy poco margen real de maniobra dentro del oficialismo. Bullrich mira ese espejo y saca conclusiones; de hecho, cerca suyo lo dicen sin vueltas: la vicepresidencia no es una opción. “Patricia jamás se va a convertir en una figura decorativa. No está en su esencia. Ella tiene vocación de poder. O, al menos, quiere conservar la posibilidad de ejercerlo. Por eso cada gesto suyo tiene una doble lectura: ratifica pertenencia, pero marca autonomía; acompaña al Gobierno, pero cuida su marca; se sienta con Karina, pero no entrega todas las llaves”, dice un colaborador que la conoce hace décadas.
En la intimidad bullrichista aseguran con énfasis que no hay una ruptura en marcha. Nadie imagina, por ahora, a Patricia Bullrich cruzando la avenida y armando una oposición anticipada a la gestión que todavía integra. Su cálculo es más sofisticado y hasta acá bastante más eficaz: permanecer adentro, levantar la mano cuando lo considera necesario, diferenciarse en temas que rozan su identidad política y recordarle al mileísmo que la lealtad no es sinónimo de obediencia ciega.
Y en este punto aparece nuevamente el caso de la jueza Michelli: Bullrich no fue la única responsable de la derrota, pero sí quedó como la dirigente que abrió la puerta. A Karina no se le escapa el hecho de que la chispa inicial fue encendida por su ex ministra cuando se negó a acompañar el retiro del pliego. Ahí estuvo su verdadera victoria: no quedarse sola, no quedar como traidora y no pagar el precio político de su desobediencia. La foto entre ambas fue, entonces, mucho más interesante que su estética: no mostró cariño sino necesidad. “El Jefe no convocó a Patricia porque había una coincidencia estratégica: lo hizo para evitar que la diferencia siguiera creciendo a cielo abierto. Y seamos sinceros: Bullrich tampoco fue para pedir disculpas de rodillas, sino para demostrar que seguía adentro aun después de haber marcado un límite. Las dos necesitaban la imagen”, analiza un testigo de esa escena.
Karina Milei conserva el control formal del dispositivo libertario. Nadie en la Casa Rosada duda de su influencia sobre el Presidente ni de su capacidad para ordenar candidaturas, filtrar ingresos, bendecir armados y cerrar puertas. Bullrich, con su estilo inconfundible, acaba de recordar algo que en el oficialismo a veces prefieren olvidar: también existe el poder que no nace de la cercanía familiar. “Trabajando siempre juntas por las transformaciones que lidera el Presidente”, exageró la senadora en el texto que acompañaba la postal que simbolizó la bandera blanca entre las dos. Así se firmó, sin tinta indeleble, un acuerdo de convivencia entre mujeres que se necesitan, se desconfían y saben que todavía no les conviene romper.
POLITICA
El Gobierno celebra una leve mejora de los indicadores económicos, pero no logra cerrar su interna

Junio comenzó con una serie de indicadores que el Gobierno interpreta como señales alentadoras para la marcha de la economía. La inflación de mayo habría cerrado en torno al 2,2%, lo que la convertiría en la más baja desde octubre.
La recaudación tributaria creció 1,7% interanual en términos reales y el martes el riesgo país descendió hasta los 488 puntos, cerca de su nivel más bajo desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia.
A esos datos se suman otros números que la Casa Rosada considera favorables. La liquidación de divisas del sector agropecuario creció 7% y el Banco Central ya compró más de 10.000 millones de dólares, con la expectativa de superar los 20.000 millones hacia fin de año.
En materia de inversiones, Chevron anunció que destinará 13.800 millones de dólares a Vaca Muerta si prospera su pedido para incorporarse al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Chevron e YPF fueron las primeras compañías en establecerse en esa región. Además, el titular del Banco Central, Santiago Bausili, viajará a China para negociar la renovación del swap de monedas por 19.000 millones de dólares.
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También hubo novedades para los contribuyentes. El Gobierno eximió del pago del Impuesto a las Ganancias a la compraventa de inmuebles y a los contratos de alquiler por las sumas devengadas desde el 1° de enero de 2026. A eso se sumó una nueva rebaja de retenciones para el agro y la reglamentación de la ley de Modernización Laboral.
El panorama parece favorable para el oficialismo. Sin embargo, en paralelo comenzaron a encenderse algunas luces de alerta.
Inflación, alimentos y una luz amarilla para el Gobierno
Durante el Congreso Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas, tanto Milei como el ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvieron que la inflación continúa descendiendo. Los datos disponibles respaldan esa afirmación: distintas consultoras estimaron que el índice de mayo será inferior al de abril.
Sin embargo, algunos analistas observan con atención la evolución de los alimentos y bebidas. Según distintas mediciones privadas, ese rubro se aceleró hacia el final del mes y habría cerrado con una variación cercana al 3%, con estimaciones que oscilan entre el 2,7% y el 3,2%.
La advertencia no altera la tendencia general de desaceleración inflacionaria, pero introduce un elemento de cautela en un componente especialmente sensible para el consumo cotidiano.
El conflicto político que expuso diferencias dentro del oficialismo

La principal señal de alarma de la semana no surgió de la economía sino de la política. El eje estuvo en la discusión por el pliego de la jueza María Verónica Michelli y en la nueva diferenciación pública de Patricia Bullrich respecto de la posición adoptada por Milei.
Según el texto, el Presidente había ordenado retirar el pliego del Senado, pero Bullrich se negó a ejecutar esa decisión. La senadora habló con Milei y le ofreció su renuncia como jefa de bloque, aunque el Presidente evitó avanzar en esa dirección.
Finalmente, el Senado aprobó el pliego de Michelli con los votos de la oposición y de sectores aliados. La decisión fue interpretada por muchos legisladores como una forma de fijar un límite al Presidente. Bullrich optó por abstenerse. No votó en contra de la posición de Milei, pero tampoco acompañó el rechazo impulsado por el oficialismo.
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El resto del bloque de La Libertad Avanza sí siguió la instrucción presidencial y votó contra el pliego. De ese modo, la oposición consiguió imponerse sin que Bullrich quedara identificada como la responsable directa del resultado.
Desde el punto de vista institucional, el debate gira alrededor de las atribuciones presidenciales. Si el Presidente puede impulsar la designación de un magistrado, también podría retirar el pliego o incluso no firmar el decreto correspondiente. El nombramiento de jueces constituye un acto complejo que involucra tanto al Poder Ejecutivo como al Senado.
En esa línea, el ministro de Justicia, Juan Mahiques, sostuvo que la aprobación legislativa habilita al Presidente a concretar la designación, pero “no lo obliga” a hacerlo.
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Sin embargo, el impacto político parece más relevante que la discusión jurídica. Según el análisis planteado en el texto original, Bullrich conserva niveles de imagen positiva comparables a los de Milei y representa una figura importante de cara al proceso electoral de 2027.
La ex candidata presidencial mantiene influencia sobre un segmento de votantes provenientes del PRO que valoran especialmente la defensa de las instituciones republicanas. Se trata de electores que respaldaron a Milei y acompañan el ajuste económico, aunque no necesariamente forman parte de su núcleo duro.
En los últimos días, Bullrich y Karina Milei difundieron una fotografía conjunta con un mensaje de armonía política. Sin embargo, quedaron abiertas varias preguntas. Entre ellas, cómo impactó la votación en la relación de Bullrich con el resto del bloque libertario y si Karina Milei estaría dispuesta a promoverla en el futuro como compañera de fórmula presidencial o como candidata a la jefatura de Gobierno porteña.
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Según el texto, Bullrich dejó trascender que no se considera una empleada política de los Milei sino una socia dentro del proyecto oficialista. Aunque está afiliada a La Libertad Avanza, aspiraría a que el peso de sus votos sea reconocido como el de una integrante de una coalición de gobierno. Una visión que, según la misma interpretación, no necesariamente comparten los hermanos Milei.
De esta manera, el Gobierno vuelve a quedar atrapado en una dinámica de tensiones internas. Con una oposición que aparece fragmentada y sin capacidad inmediata para amenazar el liderazgo presidencial, las principales dificultades parecen surgir dentro del propio espacio oficialista.
Milei enfrenta el desafío de preservar la cohesión con dirigentes como Bullrich, Victoria Villarruel y Mauricio Macri. Aunque poseen diferentes niveles de intención de voto, todos representan sectores del electorado de centroderecha que el Presidente necesitará conservar si aspira a una reelección en primera vuelta.
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Mientras tanto, Macri continúa desarrollando actividades políticas propias. Esta semana estuvo en Entre Ríos y Santa Fe.
Más allá de la controversia por los pliegos judiciales, el Gobierno tiene otra prioridad estratégica. El verdadero objetivo político del Ejecutivo sigue siendo avanzar con la derogación de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO).
Para lograrlo, el oficialismo busca reunir apoyos entre los gobernadores. Diego Santilli, mencionado en el texto como ministro del Interior, mantiene conversaciones permanentes para construir los consensos necesarios. Esta semana se reunió con mandatarios provinciales del norte del país y difundió una fotografía del encuentro, aunque también continúa desarrollando negociaciones reservadas.
En el Gobierno consideran que el tiempo juega en contra. A medida que avance el calendario electoral, los gobernadores podrían mostrarse menos dispuestos a aceptar modificaciones en las reglas de juego. Por eso, no descartan acelerar la estrategia política e intentar resolver el debate cuanto antes.
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Ni Karina Milei ni Santiago Caputo: la dirigente que desafió a Javier Milei y sorprendió al Gobierno

Al Presidente lo aburre y lo abruma el Poder Judicial. Es, por decirlo de alguna manera, una facultad que delega en otros. Inicialmente en Santiago Caputo, quien administraba esta área del poder, pero posteriormente, como se sabe, es Karina Milei con la designación del ministro de Justicia Juan Bautista Mahiques – a quien Milei conoció el día de su asunción- y de su mano derecha, Santiago Viola los que ejercen ese poder. Sobran anécdotas del plot twist que significó en la interna del Gobierno este cambio de mando en la política judicial.
Es un estado de situación que expone una guerra bastante salvaje entre Caputo y Karina por demostrar quién influye con eficiencia sobre un sector que tarde o temprano, definirá el destino penal del núcleo chico de este Gobierno en causas como Libra, ANDIS y ni hablar del affaire Adorni. Fue Karina la que entonces llevó al oído del Presidente la oferta de Mahiques de ayudar en esa preocupación que tan personalmente la contiene. Punto para ella. Ahora, cuando Mahiques mandó al Senado los largos listados de candidatos para cubrir las vacantes, el Presidente ni miró la lista ni le prestó atención, hasta que Santiago Caputo, en una de sus largas conversaciones semanales y presenciales, le dijo: “Te fijaste que Mahiques puso a la cuñada de Alconada?”. Se refería a María Verónica Micheli, candidata a jueza federal en La Plata y cuñada del periodista de investigación. El asesor es experto en gatillar el interés de Milei y no hay nada más magnético en este momento que su conflicto con los periodistas. Y para Caputo no hay nada más magnético que dejar expuesto a Mahiques.
El episodio, obviamente, escaló: la Rosada presionaba sin disimulo para retirar el pliego, el Presidente defendió personalmente la decisión, Patricia Bullrich volvió a protagonizar esta semana una fuertísima escena de autonomía negándose a retirar el pliego de Micheli y promoviendo un dictamen de comisión para que su postulación se trate en el recinto. Ayer, cuando el Gobierno creía tener el control de daños resuelto previo a la sesión en el Senado donde se tratarían las candidaturas de los funcionarios judiciales, Bullrich protagonizó una sesión ruidosa que derivó en la aprobación de los 74 pliegos que tenía la Cámara Alta por tratar. Incluida, se sabe, Micheli. Son personas que atravesaron el pantanoso proceso de concursar en el Consejo de la Magistratura, que su terna llegue al Ejecutivo, que el Ejecutivo elija y los mande al Senado, que la comisión correspondiente del Senado firme un dictamen, que después se apruebe en el recinto y vuelva a la Rosada para la firma de un decreto del Presidente de la Nación quien, a esta hora, hizo comunicar que no ratificará a la candidata a jueza de la Plata.
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De concretarse, es una decisión que tiene un solo antecedente desde la reforma de la Constitución en 1994: fue cuando Cristina Fernández de Kirchner recibió el pliego del juez Juan Manuel Yalj para firmar su designación como camarista, pero como a la entonces presidenta le molestó que en su rol de magistrado hubiera detenido al gremialista ferroviario, “el pollo” Sobrero, decidió dejar el decreto de su designación sin firma para siempre, según contó el periodista Rodis Recalt. “No puede ser que los jueces le pasen información a los periodistas”, se quejó Milei frente a Bullrich. Es una afirmación asombrosa que muestra, mayormente, su desconocimiento sobre la tarea periodística y sobre todo en los derechos que amparan la protección de las fuentes de información.
Tuit borrado
El miércoles sucedió una pequeña anécdota que ilustra esta confusión: en el medio del debate público por Micheli, el Presidente reposteó a Silvana Giudici en un tuit donde la diputada libertaria explicaba las garantías constitucionales que protegen la confidencialidad de las fuentes como algo que ningún juez puede desconocer.
Era un cuestionamiento a la explosiva carta al Presidente de Casación firmada por el camarista Coco Mahiques quien es padre del ministro de Justicia, tiene 75 años y acaba de lograr su continuidad como juez recién prorrogada por cinco años a propuesta del ejecutivo y aval abrumador del Senado. En esa carta, entre otras cosas, propone sancionar éticamente a jueces que compartan información con los periodistas. ¿Había moderado su opinión Milei respecto de la tarea periodística avalando los derechos constitucionales? No. Se había confundido. Alguien le avisó y retiró el posteo.
Laberinto
Desde su asunción, Mahiques y Viola avanzan con una velocidad envidiable para el resto de la gestión libertaria, en la estratégica tarea de cubrir el 37% de vacantes de jueces que habían llegado a límites que ponían en riesgo el sistema. Sin contar fiscales y otros cargos. Una tarea que había estado literalmente detenida desde que asumió Milei y aún antes, en el Gobierno de Alberto Fernández que no podía conseguir número para aprobar nada. Curiosamente, Mahiques dibuja un círculo perfecto: promueve candidatos que, en muchos casos, había motorizado él mismo un largo tiempo atrás cuando era representante del Ejecutivo de Mauricio Macri en el Consejo de la Magistratura y se abrieron los concursos que ahora llegaron al Senado.

Es, literalmente, una misión que definirá un mapa nuevo en la justicia y que quedará en pie por los próximos veinte años al menos. Una oportunidad histórica. Parte de ese paquete de 74 son los que ayer tuvieron aprobación. Vendrán cien más pronto y en el Consejo se aceleran concursos estratégicos. Es comprensible que todo este poroteo resulte una trama difícil de seguir pero las decisiones que se están tomando, definirán cuestiones relevantes, como por ejemplo: ¿quién investigará al poder en los tribunales de Comodoro Py?
El miércoles que viene habrá plenario en el Consejo de la Magistratura y se elegirán los candidatos para cubrir dos vacantes en la Cámara Federal, el tribunal de apelaciones de, por ejemplo, todas las causas de corrupción. Atención ahí: el candidato cantado es Pablo Yadarola, el juez de las valijas que no fueron controladas por la aduana en Aeroparque del avión del empresario Leonardo Scatturice. Una causa que todavía espera resultados de pericias telefónicas claves. En el otro puesto ¿quedará Pablo Bertuzzi, el camarista actual que estaba designado por traslado y ahora concursó? Ese resultado será una señal. El fuero que investiga la corrupción de funcionarios públicos tiene 12 juzgados, 4 están vacantes. A pesar de la masiva operación de aceleración de la designación de magistrados, el Gobierno prefiere no completar las de los juzgados de primera instancia de Comodoro Py. Lo mismo con la Cámara de Casación que está incompleta o el puesto que dejará ahora Martín Irurzun -que se jubila con 75 años y el Gobierno no quiso pedir la prórroga- en la Cámara Federal. ¿Por qué? “mejor negociar con menos gente”, dice alguien al tanto de estas decisiones.
Las cripto de Adorni
En esos mismos pasillos, hay intriga por el timing de Manuel Adorni que prometió presentar su declaración jurada pero no aparece. Las razones las encontró su abogado en estos días en la intensiva consulta sobre las pruebas que acumula el expediente. Los últimos informes que recibieron los investigadores tienen que ver con el uso de las criptomonedas. Habría que ir reteniendo el concepto de “cool wallet”, un vocabulario propio de los que conocen las inversiones en estas monedas virtuales y que en este caso podrían funcionar como un tesoro escondido que revelaría el jefe de Gabinete.
Como sea, la gran encrucijada de sus abogados es que una vez que presenten la declaración jurada, no tendrán posibilidad de contener nuevas revelaciones patrimoniales. Y el asunto de las cripto es su trazabilidad: ¿Cuándo las adquirió? ¿Con qué fondos, de qué banco, con qué cuenta? ¿Cómo se movió esa cotización? ¿Cuándo se vendieron, adónde fue la plata? A esta hora, estarían escriturando la venta del departamento original de Adorni y su familia, el de la calle Asamblea, mucho más modesto que las viviendas a las que se fue mudando desde que asumió. ¿Quién es su comprador? Mucha intriga alrededor de ese nombre. De todos modos, el jefe de Gabinete se muestra más confiado que nunca en la intimidad de la Rosada. Nadie tiene claro si sabe algo que el resto desconoce o es negación. Lo cierto es que el expediente tendrá cierta calma en este tiempo porque ahora la fiscalía de Gerardo Pollicita, que tiene a cargo la investigación espera un dictamen de la Dirección General de Asesoramiento Económico y Financiero en las Investigaciones (DAFI) para cerrar el escrito que detalle pormenorizadamente todo lo que no se puede explicar sobre su evolución patrimonial.
Sorpresa
El Gobierno respira además porque empiezan los días donde el mundial tomará la atención general del país. Todos saben que a la salida de ese evento indiscutible, se iniciará menos solapadamente la carrera electoral. Aunque falte una eternidad, es impactante el recorrido por los personajes impensados que empiezan a reconocer en voz alta que sienten que en 2027 la fragmentación es tan grande que cualquiera puede intentarlo.
Hay dirigentes políticos inimaginables -por falta de potencia electoral-, exóticos como el pastor Dante Gebel -que ya lo hicieron público- y está creciendo sutilmente el movimiento de un empresario. Un jugador sorpresivo, inaudito, intrigante que por ahora no revela en público su inquietud. Pero empezó a filtrarlo y fuerte en privado.
Javier Milei, Patricia Bullrich, Manuel Adorni, Juan Bautista Mahiques
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