POLITICA
El Gobierno celebra una leve mejora de los indicadores económicos, pero no logra cerrar su interna

Junio comenzó con una serie de indicadores que el Gobierno interpreta como señales alentadoras para la marcha de la economía. La inflación de mayo habría cerrado en torno al 2,2%, lo que la convertiría en la más baja desde octubre.
La recaudación tributaria creció 1,7% interanual en términos reales y el martes el riesgo país descendió hasta los 488 puntos, cerca de su nivel más bajo desde la llegada de Javier Milei a la Presidencia.
A esos datos se suman otros números que la Casa Rosada considera favorables. La liquidación de divisas del sector agropecuario creció 7% y el Banco Central ya compró más de 10.000 millones de dólares, con la expectativa de superar los 20.000 millones hacia fin de año.
En materia de inversiones, Chevron anunció que destinará 13.800 millones de dólares a Vaca Muerta si prospera su pedido para incorporarse al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). Chevron e YPF fueron las primeras compañías en establecerse en esa región. Además, el titular del Banco Central, Santiago Bausili, viajará a China para negociar la renovación del swap de monedas por 19.000 millones de dólares.
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También hubo novedades para los contribuyentes. El Gobierno eximió del pago del Impuesto a las Ganancias a la compraventa de inmuebles y a los contratos de alquiler por las sumas devengadas desde el 1° de enero de 2026. A eso se sumó una nueva rebaja de retenciones para el agro y la reglamentación de la ley de Modernización Laboral.
El panorama parece favorable para el oficialismo. Sin embargo, en paralelo comenzaron a encenderse algunas luces de alerta.
Inflación, alimentos y una luz amarilla para el Gobierno
Durante el Congreso Anual del Instituto Argentino de Ejecutivos de Finanzas, tanto Milei como el ministro de Economía, Luis Caputo, sostuvieron que la inflación continúa descendiendo. Los datos disponibles respaldan esa afirmación: distintas consultoras estimaron que el índice de mayo será inferior al de abril.
Sin embargo, algunos analistas observan con atención la evolución de los alimentos y bebidas. Según distintas mediciones privadas, ese rubro se aceleró hacia el final del mes y habría cerrado con una variación cercana al 3%, con estimaciones que oscilan entre el 2,7% y el 3,2%.
La advertencia no altera la tendencia general de desaceleración inflacionaria, pero introduce un elemento de cautela en un componente especialmente sensible para el consumo cotidiano.
El conflicto político que expuso diferencias dentro del oficialismo

La principal señal de alarma de la semana no surgió de la economía sino de la política. El eje estuvo en la discusión por el pliego de la jueza María Verónica Michelli y en la nueva diferenciación pública de Patricia Bullrich respecto de la posición adoptada por Milei.
Según el texto, el Presidente había ordenado retirar el pliego del Senado, pero Bullrich se negó a ejecutar esa decisión. La senadora habló con Milei y le ofreció su renuncia como jefa de bloque, aunque el Presidente evitó avanzar en esa dirección.
Finalmente, el Senado aprobó el pliego de Michelli con los votos de la oposición y de sectores aliados. La decisión fue interpretada por muchos legisladores como una forma de fijar un límite al Presidente. Bullrich optó por abstenerse. No votó en contra de la posición de Milei, pero tampoco acompañó el rechazo impulsado por el oficialismo.
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El resto del bloque de La Libertad Avanza sí siguió la instrucción presidencial y votó contra el pliego. De ese modo, la oposición consiguió imponerse sin que Bullrich quedara identificada como la responsable directa del resultado.
Desde el punto de vista institucional, el debate gira alrededor de las atribuciones presidenciales. Si el Presidente puede impulsar la designación de un magistrado, también podría retirar el pliego o incluso no firmar el decreto correspondiente. El nombramiento de jueces constituye un acto complejo que involucra tanto al Poder Ejecutivo como al Senado.
En esa línea, el ministro de Justicia, Juan Mahiques, sostuvo que la aprobación legislativa habilita al Presidente a concretar la designación, pero “no lo obliga” a hacerlo.
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Sin embargo, el impacto político parece más relevante que la discusión jurídica. Según el análisis planteado en el texto original, Bullrich conserva niveles de imagen positiva comparables a los de Milei y representa una figura importante de cara al proceso electoral de 2027.
La ex candidata presidencial mantiene influencia sobre un segmento de votantes provenientes del PRO que valoran especialmente la defensa de las instituciones republicanas. Se trata de electores que respaldaron a Milei y acompañan el ajuste económico, aunque no necesariamente forman parte de su núcleo duro.
En los últimos días, Bullrich y Karina Milei difundieron una fotografía conjunta con un mensaje de armonía política. Sin embargo, quedaron abiertas varias preguntas. Entre ellas, cómo impactó la votación en la relación de Bullrich con el resto del bloque libertario y si Karina Milei estaría dispuesta a promoverla en el futuro como compañera de fórmula presidencial o como candidata a la jefatura de Gobierno porteña.
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Según el texto, Bullrich dejó trascender que no se considera una empleada política de los Milei sino una socia dentro del proyecto oficialista. Aunque está afiliada a La Libertad Avanza, aspiraría a que el peso de sus votos sea reconocido como el de una integrante de una coalición de gobierno. Una visión que, según la misma interpretación, no necesariamente comparten los hermanos Milei.
De esta manera, el Gobierno vuelve a quedar atrapado en una dinámica de tensiones internas. Con una oposición que aparece fragmentada y sin capacidad inmediata para amenazar el liderazgo presidencial, las principales dificultades parecen surgir dentro del propio espacio oficialista.
Milei enfrenta el desafío de preservar la cohesión con dirigentes como Bullrich, Victoria Villarruel y Mauricio Macri. Aunque poseen diferentes niveles de intención de voto, todos representan sectores del electorado de centroderecha que el Presidente necesitará conservar si aspira a una reelección en primera vuelta.
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Mientras tanto, Macri continúa desarrollando actividades políticas propias. Esta semana estuvo en Entre Ríos y Santa Fe.
Más allá de la controversia por los pliegos judiciales, el Gobierno tiene otra prioridad estratégica. El verdadero objetivo político del Ejecutivo sigue siendo avanzar con la derogación de las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO).
Para lograrlo, el oficialismo busca reunir apoyos entre los gobernadores. Diego Santilli, mencionado en el texto como ministro del Interior, mantiene conversaciones permanentes para construir los consensos necesarios. Esta semana se reunió con mandatarios provinciales del norte del país y difundió una fotografía del encuentro, aunque también continúa desarrollando negociaciones reservadas.
En el Gobierno consideran que el tiempo juega en contra. A medida que avance el calendario electoral, los gobernadores podrían mostrarse menos dispuestos a aceptar modificaciones en las reglas de juego. Por eso, no descartan acelerar la estrategia política e intentar resolver el debate cuanto antes.
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POLITICA
La muerte del Indio Solari generó incomodidad en el Gobierno y lo forzó a mostrar predisposición con la familia

Ayer fue una jornada incómoda para el Gobierno. Distanciado ideológicamente del Indio Solari, Javier Milei omitió todo tipo de homenaje y no ofreció la Casa Rosada ni el Congreso para velar sus restos, pero quiso mostrar predisposición para la familia de una de las figuras más importantes del arte argentino, cuya influencia atravesó y atraviesa décadas, gobiernos, edades y clases sociales.
Más allá de algunas intervenciones sutiles en las redes de figuras de rango bajo del ecosistema violeta, ni Milei ni los ministros salieron a hablar del fallecimiento leyenda de la música nacional durante el día, públicamente (excepto Martín Menem, para aclarar que el Congreso no sería el lugar del velorio).
Mientras, ante las consultas de Infobae sobre si se habían comunicado con la familia, en Balcarce 50 como en los ministerios omitían todo tipo de definición al respecto o, directamente, aseguraban que no estaban habilitados para hablar.
Por la noche, cerca de las 20, cuando la plaza de Mayo se encontraba colmada de seguidores del Indio, la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, salió a aclarar que “desde la mañana”, tanto ella como la propia secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, y el jefe de Gabinete, Manuel Adorni, habían intentado comunicarse con el círculo íntimo del músico, pero no habían recibido respuesta. Lo dijo en vivo, en el programa de Eduardo Feinmann en A24, pero sin dar indicios de molestia.

Antes, la Presidencia de la Cámara de Diputados, en la voz del líder violeta Martín Menem, se había visto obligada a aclarar que, por cuestiones de seguridad, el velorio no podría realizarse en el Congreso como habían pedido desde la oposición los diputados de Unión por la Patria y el radical Pablo Juliano. Y el Ministerio de Seguridad había debido activar todos los radares para evitar disturbios en el aluvión de seguidores del Indio que se lanzaban a la Plaza de Mayo para recordarlo.
También se generaron roces y fastidio puertas adentro del mundillo libertario. Referentes mileistas de Las Fuerzas del Cielo miraron de reojo y con molestia a los referentes del sector de Karina Milei que salieron a ensalzar su faceta musical y a deleznar al kirchnerismo. “Por una cuestión de ego, salen a decir que tienen todos los discos del Indio. Y ¿qué c… tiene que ver la grieta K con eso y su muerte?“, dijeron. La decisión estratégica del área de Santiago Caputo, que se jacta de su manejo del área comunicacional, había sido exactamente lo contrario de salir a confrontar con la muerte del Indio como excusa.
Se referían a Santiago Oría, el realizador audiovisual soldado de Karina Milei, que había escrito en X: “Tengo todos los discos de los Redondos. De adolescente era fanático. A partir del 2008 con la crisis de la 125, el kirchnerismo creó la grieta en la sociedad: un nivel de virulencia visceral y polarización que no existía antes entre los argentinos. Si, los músicos tenían sus ideas e ideologías, pero la cosa no estaba partidizada, ni nadie estaba obligado a definirse por CFK o no. El kirchnerismo le hizo un inmenso daño al arte, la cultura y la posibilidad de disfrutarla todos en paz. Indio QEPD”.

Para contrarrestar, Leonardo Cifelli, secretario de Cultura, también identificado con Karina Milei, publicó un mensaje conservador y protocolar: “Su obra perdurará para siempre en la historia del rock nacional. QEPD”, sostuvo en un tuit que citaba la noticia de la muerte del ídolo popular. Lilia Lemoine, espada tuitera de los Milei, se limitó a escribir “QEPD”. Santiago Santurio, del grupo de Santiago Caputo, tuiteó la letra de una canción: “Ya sufriste cosas mejores que estas, y vas a andar esta ruta hoy cuando anochezca”.
Mientras, referentes libertarios sin cargo pero con ascendencia sobre el mundillo libertario salieron directamente a criticar con dureza al artista. Uno de los biógrafos de Milei, Nicolás Márquez, llamó al Indio Solari “magnate de los pobres”“ y dijo que era un ”empresario que le vendía rebeldía a las masas primitivas».
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POLITICA
Por qué Karina Milei no rompe con Patricia Bullrich: cinco razones detrás de una paz incómoda

Karina Milei dibuja en su boca una sonrisa visible pero medida, de esas que no regala fácilmente ni siquiera cuando busca transmitir calma. Patricia Bullrich, de espaldas a la cámara que retrata la escena, inclina su cuerpo hacia la mesa con su puño izquierdo levantado, como si todavía estuviera explicando las razones de su última rebeldía. Todo parece estar en calma en esa oficina cargada de rosca en el primer piso de la Casa Rosada, aunque esa reunión laboral programada con antelación escondía demasiadas diferencias entre las dos mujeres fuertes del oficialismo. La imagen, que minutos más tarde iba a ser difundida por el propio primer mandatario y por el equipo de comunicación de Presidencia, coreografiaba una convivencia forzada: la secretaria general recibía en su territorio a una senadora que acababa de plantarse una vez más, desafiar una orden de la cúpula del Gobierno, poner a disposición su renuncia y salir caminando con más poder del que tenía al entrar al conflicto. En otro momento, “El Jefe” hubiera mandado a buscar la guillotina; en esta ocasión, tragó saliva y eligió volver a fingir demencia. Por todo eso, la instantánea fue cuidadosamente amable y políticamente incómoda.
La foto llegó después de la sublevación, pero antes de la derrota. O, en definitiva, cuando en el palacio gubernamental ya intuían que la pulseada por María Verónica Michelli se había escapado de las manos. La historia es popular en el Círculo Rojo: Michelli es la abogada propuesta para ocupar un lugar como jueza del Tribunal Oral Federal Nº 3 de La Plata, cuyo pliego ya había sido enviado al Senado por el propio Ejecutivo antes de que Javier Milei decidiera retirarlo al advertir un parentesco que lo volvió intolerable: la mujer es la cuñada de Hugo Alconada Mon, periodista de investigación especializado en incomodar a los gobernantes de turno. La postulación había pasado por el Consejo de la Magistratura, había tenido audiencia pública, había reunido firmas en la Comisión de Acuerdos y, aun así, quedó atrapada en una maniobra de castigo que terminó dejando en un pantano al ecosistema libertario.
Un detalle menos conocido: nadie niega la leyenda de que fue Santiago Caputo, rival interno de la hermana presidencial, el que acercó el dato a la Quinta de Olivos. Fue una manera tan sutil como efectiva de marcar la “impericia” en el accionar del karinista Juan Bautista Mahiques, el ministro de Justicia encargado de cubrir el dramático 37% de vacantes de magistrados que se extiende por todo el país. “Si los nombres los aportábamos nosotros, esto no pasaba ni en pedo. Este quilombo fue absolutamente evitable”, se jactan en el ala del asesor sin cartera. “Los candidatos que elegimos son los que elevó la administración de Alberto Fernández. Avanzar con los pliegos era hasta acá una deuda enorme con la sociedad porque con tantos juzgados sin titular se genera una crisis institucional que puede ser peligrosa”, se defienden del otro lado. Una guerra subterránea siempre activa aunque algo más disimulada en estos días.

Bullrich leyó antes que otros el costo político e institucional de la jugada alrededor de Michelli. Por eso anunció su “objeción de conciencia” y obligó a Milei a elegir entre echarla o tragarse el desplante. Con el revuelo ya desencadenado, la jefa del bloque libertario volvió al recinto, justificó ante el micrófono su accionar y vio cómo la oposición, con el empuje envenenado del kirchnerismo y el acompañamiento de otros bloques, aprobaba sobre tablas el expediente de la polémica por 44 votos a favor, 18 en contra y apenas 2 abstenciones.
En esas horas frenéticas, La Libertad Avanza intentó refugiarse en la lectura del vaso medio lleno y hasta el propio Presidente celebró la aprobación de 74 pliegos judiciales como “EL INICIO DE LA RECONSTRUCCIÓN DE LA JUSTICIA”, con todo el simbolismo que las mayúsculas indican en la red social X. “Fue la sonrisa del boxeador que acaba de recibir un golpe en la mandíbula”, se mofaba un peronista de vasta trayectoria que scrolleaba la ex Twitter desde su banca. Hay otra lectura evidente que nadie quiere agitar demasiado: algunos de los hombres y mujeres que sobrevivan a este largo proceso serán los encargados de definir los destinos de expedientes sensibles para los violetas como el de Libra, el de la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS) y el presunto enriquecimiento ilícito de un Manuel Adorni que sigue estirando los tiempos de la presentación de su declaración jurada patrimonial.
Un paréntesis necesario: entre los gritos e insultos de una sesión picante debe haber habido tintineo de copas llenas de champagne. Es que finalmente pasaron todos los filtros personas como Emilio Rosatti, hijo del presidente de la Corte Suprema; María Julia Sosa, secretaria del juez federal Julián Ercolini; y Ana María Juan, esposa de otro magistrado federal como Marcelo Martínez de Giorgi.
Ahora toda la responsabilidad quedó en el Sillón de Rivadavia: Milei, que llamativamente jamás le prestó atención a los nombres en danza, deberá resolver si firma o no el decreto de designación de Michelli. Ese es el último paso del proceso constitucional para confirmar un nuevo cargo judicial. Ante ese panorama, ya circula un argumento de repliegue: que el Senado habilita pero no obliga, lo que es lo mismo que decir que la Rosada no descarta intentar ganar con la lapicera lo que no pudo ordenar con su músculo en el Congreso. Poco parece importarles que esa decisión los termine asemejando a sus enemigos naturales: la única vez que un mandatario hizo algo parecido desde la Reforma Constitucional de 1994 fue Cristina Kirchner cuando evitó de todas las maneras posibles rubricar el nombramiento de Juan Manuel Yalj en la Cámara Federal de San Martín. El antecedente tenía una explicación: Yalj había ordenado detener al gremialista Rubén “Pollo” Sobrero, en aquel entonces de buen trato con la dirigente.
Ante este contexto político complicado, la duda del millón: ¿por qué Karina no ataca a Patricia? La pregunta empezó a circular con fuerza entre libertarios de todas las facciones. No es un interrogante menor y desvela a los integrantes de la mesa chica mileísta porque la hermana presidencial no suele ser contemplativa con los soldados propios que deciden jugar por fuera de la línea oficial. A algunos los corre, a otros los enfría, a varios los condena al purgatorio de los llamados sin respuesta y a los más distraídos directamente les apaga la luz. Pero con Bullrich, por ahora, eligió otro método. No porque la haya perdonado. Tampoco porque la considere inofensiva. Al contrario: entendió que “Pato” no es una rebelde cualquiera. Infobae reconstruyó, a partir de una decena de fuentes con acceso privilegiado a la intimidad presidencial, cinco factores que fuerzan la paz pese a las internas.
● 1) La primera razón es simple, brutal y bastante incómoda para una fuerza política que todavía intenta ordenar sus jerarquías internas: Bullrich tiene poder propio.
La ex ministra de Seguridad de la Nación no llegó a LLA como una funcionaria subalterna, ni como una dirigente territorial inventada por la lapicera de Karina, ni como una pieza descartable del armado violeta. Tiene apellido político, recorrido, electorado, traiciones y enemigos propios, canales de conversación con empresarios, diálogo con sectores del PRO, vasos comunicantes con la UCR y un nivel de reconocimiento que no necesita de Balcarce 50 para existir. En términos libertarios, es una anomalía. Una figura política que está adentro, pero no nació adentro. Una aliada que acompaña, pero no pide permiso para respirar. Una jefa de bloque que puede incomodar al Presidente sin terminar convertida, al minuto siguiente, en otra baja del ejército de expulsados.
Karina pudo ser implacable con dirigentes que no tenían volumen por sí solos, terminales territoriales, protección mediática, historia electoral o capacidad real de daño. Bullrich, en cambio, tiene algo que en la Casa Rosada se respeta incluso cuando se lo disimula: autonomía.
● 2) La segunda razón por la que Karina no la ataca es que Bullrich representa una porción del electorado que Milei todavía necesita.
Para muchos votantes antikirchneristas, republicanos, duros en seguridad pero sensibles a ciertas formas institucionales, la senadora nacional funciona como garantía de que el experimento libertario no va a convertirse en una administración familiar sin contrapesos. Puede defender a Milei y acompañar la motosierra, pero no suicidarse por cada capricho de Olivos. Ese equilibrio la vuelve incómoda pero también útil, según admiten a regañadientes cerca de la secretaria general. Si Karina la empuja demasiado, no solo lastima a una dirigente que no dudó en afiliarse a su partido: puede irritar a un segmento del voto que llegó a La Libertad Avanza por rechazo al peronismo y sus variantes.
Este punto es central para entender la cautela de El Jefe: Bullrich fue candidata presidencial de Juntos por el Cambio y por ende rival electoral de los libertarios, fue la máxima autoridad del PRO, fue de las primeras aliadas cuando hasta Mauricio Macri dudaba de la profundidad del vínculo con Javier Milei, fue ministra de mano dura y pocos piquetes y ahora miembro clave y con pretensiones propias de la cámara alta.
El poder central puede burlarse de la casta, pero sabe que sin una porción de esa casta no llega muy lejos. Puede odiar la intermediación, pero necesita intermediarios dispuestos a embarrarse. Puede soñar con obediencia vertical, pero no olvida que gobierna en minoría. En ese mapa, Bullrich no es cómoda: es necesaria.
“Pato es brava pero la prefiero en mi equipo. Eso sí: siempre hay que cuidarse de Carolina Serrano”, dice con ironía un miembro de la mesa política violeta equidistante entre Karina y Santiago Caputo, que no se olvida del nombre de guerra que el peronismo revolucionario de la década del 70 le atribuyó siempre a Bullrich en sus años de juventud.
Se dibuja en el aire, de esta manera, una de las paradojas más difíciles de administrar para la hermana presidencial: Patricia es peligrosa cuando se mueve, pero también es peligrosa si se va. Si la dejan adentro, condiciona. Si la empujan afuera, puede ordenar un espacio propio y convertirse en una especie de seguro político para los que imaginan escenarios de recambio, sucesión o simple supervivencia si la experiencia libertaria llegara a perder volumen. Por eso en la Rosada la miran con fastidio, aunque también con cálculo. No la aman; la miden.
● 3) La tercera razón es todavía más elemental: Bullrich mide.
En un oficialismo que empezó a encontrar límites en la opinión pública, su imagen aparece mejor ubicada que la de varios nombres centrales del esquema gobernante.
Algunos ejemplos relevantes: en el último relevamiento de Hugo Haime & Asociados, la senadora alcanza un 41,7% de evaluación positiva, por encima del propio Javier Milei, que se posiciona con 36,7%, y muy lejos de Karina Milei, que registra 26,4%, y de Manuel Adorni, que queda en 25,9%. La comparación duele porque ordena el tablero con una crudeza que muchos prefieren mirar de reojo: la dirigente que acaba de desobedecer al Presidente mide mejor que el Presidente, que la hermana presidencial y que el jefe de Gabinete que todavía intenta recomponer autoridad pública. Bullrich no está sobrada, ya que en paralelo carga una imagen negativa del 55%, pero en una etapa de desgaste general conserva algo que la lapicera no siempre fabrica: espalda, conocimiento, electorado y una marca política que no depende exclusivamente de la bendición de “El Jefe”.
Otros sondeos confirman la tendencia. El más reciente estudio de Management & Fit también ubicó a Bullrich como la persona del oficialismo con mejor imagen positiva de Argentina: 36,3%, de nuevo por encima del propio Milei, que se ubica cinco puntos más abajo. Números similares tiene en mayo el reporte internacional de AtlasIntel/Bloomberg.
Karina puede enojarse con una dirigente que se planta, pero no puede ignorar que esa misma dirigente conserva un volumen propio nada deleznable en los tiempos que corren. “No le dispara a Patricia porque sabe que, al menos por ahora, es una batalla que puede perder. A nosotros nos gusta hervir en agua a las ranas de a poco, sin que se den cuenta: es lo que hicimos con Ramiro Marra en la Legislatura o con Victoria Villarruel en la vicepresidencia. Quién te dice en el momento menos pensado se queda afuera de las reuniones de la mesa política o le damos la orden a la militancia digital para que la cocinen”, amenaza una de las personas que tiene más visitas al despacho de la secretaria general.
● 4) La cuarta razón que explica la convivencia entre Karina y Patricia es el Senado.
Bullrich ocupa un lugar sensible en una Cámara en la que el Gobierno no tiene margen para aventuras: cada dictamen, cada sesión, cada ley, y ahora también cada pliego judicial, exige paciencia, cálculo y muñeca. En ese sentido, el paso por el recinto del caso María Verónica Michelli dejó una dura enseñanza para la Casa Rosada: el oficialismo no siempre controla el tablero parlamentario y puede perder incluso cuando cree tener una orden clara bajada desde arriba. La sesión expuso desorden, acusaciones cruzadas, lecturas contradictorias y un problema de conducción.
En ese lugar donde tallan fuerte los gobernadores, y en el que Villarruel juega a reglamento sin tirarles centros a sus ex compañeros, se impone una matemática que no se conmueve demasiado con los gritos de Olivos. Así, atacar a Bullrich podría ser un lujo caro: la senadora puede no juntar siempre todos los votos, pero conoce la dinámica del recinto y conversa asiduamente con actores que los violetas puros y sin experiencia no saben seducir.

● 5) La quinta y última razón es personal, pero no menor: Karina sabe que convertir a Bullrich en enemiga explícita sería agrandarla.
El método de la confrontación directa le funcionó con otros dirigentes porque el castigo ordenaba el sistema. Con Bullrich, en cambio, puede producir el efecto contrario. En eso coinciden todas las fuentes consultadas por Infobae.
Una pelea frontal le permitiría a la senadora hacer exactamente lo que mejor sabe hacer: victimizarse poco, endurecerse mucho, agitar la bandera de la coherencia y recordarle al público que ella ya estaba en la política cuando varios libertarios todavía buscaban usuario disponible en redes sociales. En ese contexto, un ataque de Karina podría ofrecerle el escenario perfecto para relanzar su marca: la mujer que acompaña a Milei, pero no se arrodilla ante nadie.
Esa es la diferencia central con Victoria Villarruel. La vicepresidenta quedó atrapada en un limbo institucional donde tiene cargo, visibilidad y muy poco margen real de maniobra dentro del oficialismo. Bullrich mira ese espejo y saca conclusiones; de hecho, cerca suyo lo dicen sin vueltas: la vicepresidencia no es una opción. “Patricia jamás se va a convertir en una figura decorativa. No está en su esencia. Ella tiene vocación de poder. O, al menos, quiere conservar la posibilidad de ejercerlo. Por eso cada gesto suyo tiene una doble lectura: ratifica pertenencia, pero marca autonomía; acompaña al Gobierno, pero cuida su marca; se sienta con Karina, pero no entrega todas las llaves”, dice un colaborador que la conoce hace décadas.
En la intimidad bullrichista aseguran con énfasis que no hay una ruptura en marcha. Nadie imagina, por ahora, a Patricia Bullrich cruzando la avenida y armando una oposición anticipada a la gestión que todavía integra. Su cálculo es más sofisticado y hasta acá bastante más eficaz: permanecer adentro, levantar la mano cuando lo considera necesario, diferenciarse en temas que rozan su identidad política y recordarle al mileísmo que la lealtad no es sinónimo de obediencia ciega.
Y en este punto aparece nuevamente el caso de la jueza Michelli: Bullrich no fue la única responsable de la derrota, pero sí quedó como la dirigente que abrió la puerta. A Karina no se le escapa el hecho de que la chispa inicial fue encendida por su ex ministra cuando se negó a acompañar el retiro del pliego. Ahí estuvo su verdadera victoria: no quedarse sola, no quedar como traidora y no pagar el precio político de su desobediencia. La foto entre ambas fue, entonces, mucho más interesante que su estética: no mostró cariño sino necesidad. “El Jefe no convocó a Patricia porque había una coincidencia estratégica: lo hizo para evitar que la diferencia siguiera creciendo a cielo abierto. Y seamos sinceros: Bullrich tampoco fue para pedir disculpas de rodillas, sino para demostrar que seguía adentro aun después de haber marcado un límite. Las dos necesitaban la imagen”, analiza un testigo de esa escena.
Karina Milei conserva el control formal del dispositivo libertario. Nadie en la Casa Rosada duda de su influencia sobre el Presidente ni de su capacidad para ordenar candidaturas, filtrar ingresos, bendecir armados y cerrar puertas. Bullrich, con su estilo inconfundible, acaba de recordar algo que en el oficialismo a veces prefieren olvidar: también existe el poder que no nace de la cercanía familiar. “Trabajando siempre juntas por las transformaciones que lidera el Presidente”, exageró la senadora en el texto que acompañaba la postal que simbolizó la bandera blanca entre las dos. Así se firmó, sin tinta indeleble, un acuerdo de convivencia entre mujeres que se necesitan, se desconfían y saben que todavía no les conviene romper.
POLITICA
El fino equilibrio de Bullrich: diferenciarse de Milei sin poner en duda su pertenencia a La Libertad Avanza

Desde hace algunas semanas, Patricia Bullrich comenzó a manifestar públicamente sus diferencias con el Gobierno sobre algunos temas clave y a mostrar una agenda propia que generó cierto conflicto con la Casa Rosada. La tensión fue escalando y en los últimos días llegó a su pico máximo, pero entonces ambas partes acordaron bajar la espuma y mostrar unidad.
Todos los sectores del oficialismo coinciden en que la senadora, a pesar de ser la jefa del bloque en la Cámara Alta, tiene cudal político por sí misma, lo que le permite tomar determinadas decisiones sin consultarle al resto de la cúpula.
Sin embargo, es esta misma autonomía la que muchas veces trajo rispideces con los integrantes más antiguos del espacio, quienes sí siguen las órdenes directas de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.
Al respecto, no son pocos los miembros del Gabinete que reconocen que “Bullrich te llama cuando necesita algo, pero después se mueve sola”, aunque aclaran que es algo que todos aceptan y que generalmente no trae problemas.
Un ejemplo de un caso en el que esta dinámica sí incomodó fue el proceso de acuerdos con la oposición por los principales lugares en las comisiones parlamentarias luego del recambio legislativo tras las elecciones del 2025.
El titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem, coordinó con el Poder Ejecutivo las vacantes que iba a negociar, priorizando aquellas a las que se suponía que irían los proyectos de ley más importantes que estaban en carpeta.
En el Senado no habría pasado lo mismo y allí la ex ministra de Seguridad consensuó el reparto de las comisiones siguiendo criterios propios. Si bien la elección que hizo estuvo acertada, en Balcarce 50 hubo algunos reparos por la falta de trabajo en equipo.
Más recientemente, Bullrich empezó a impulsar una agenda paralela, primero muy vinculada a la ciudad de Buenos Aires, donde se especula con que sea candidata el año que viene, y luego con cuestiones más sensibles.
Durante una reunión de Gabinete, según trascendió, el presidente Javier Milei la habría frenado con tono firme cuando intentó explicar su opinión respecto de la situación de Manuel Adorni, a quien previamente le había reclamado que presentara la declaración jurada lo antes posible.
En plena disputa, fue la secretaria general la que la convocó el miércoles pasado a su oficina en la Casa Rosada para conversar a solas y hacer una foto que luego se difundió por las redes sociales.

El gesto se dio justo cuando las relaciones estaban en su momento de mayor estrés, luego de que Bullrich anticipara que no iba a votar en contra del pliego de la jueza María Verónica Michelli, como pretendía el Poder Ejecutivo.
El equipo que asesora a la senadora redactó un mensaje con el objetivo de generar el ruido exacto dentro del partido, el suficiente como para marcar su pensamiento, pero no tan fuerte como para fomentar una ruptura.
En ese texto, remarcó que expresar sus principios “también forma parte de la responsabilidad” que tiene como dirigente, pero ratificó que sigue siendo parte “de este proyecto” y apoya “con convicción la transformación histórica que está impulsando el Presidente”.
“Por eso hablé con él. Para que esta decisión sea tomada en su justa dimensión. En una gestión que avanza por una verdadera autopista de aciertos, una diferencia en un tema puntual no debilita el rumbo: lo fortalece”, resumió en ese posteo.
Sin embargo, unas horas más tarde se filtró un dato que no tenía previsto que se conociera: que durante el diálogo con Javier Milei, le había puesto a disposición la renuncia como cabeza de la bancada.
Fue la propia Bullrich la que confirmó luego este dato, aunque aclarando que “cualquier persona de bien” hubiera actuado de la misma forma, ya que le estaba diciendo al máximo mandatario que no iba a seguir sus órdenes.

En el entorno de la ex ministra, en tanto, primero negaron las versiones y, cuando se supo que efectivamente había ocurrido eso, insistieron con que se trató únicamente de una cuestión protocolar y que no tenían la intención de dar un paso al costado.
En el armado porteño de La Libertad Avanza indican que estas situaciones no afectaron el vínculo, pero insisten con que todavía no está definido quién va a competir por le Jefatura de Gobierno.
La semana próxima podría haber una nueva reunión de la mesa política, de la que también participan los protagonistas de la principal interna que tiene el Gobierno prácticamente desde que llegó al poder: Karina Milei y el asesor presidencial, Santiago Caputo.
De todas formas, en ese ámbito se trata solamente la estrategia legislativa y, más allá de algún comentario puntual en alguno de estos encuentros, habitualmente sus miembros actúan como si no hubieran diferencias y no se discuten los conflictos de fondo.
Después de la sesión en la que se sancionaron los pliegos de jueces, incluido el de Michelli, y la autorización para el pago de la deuda a los holdouts, la senadora enfrentará un nuevo desafío con la reforma política.
El oficialismo no contaría con los votos como para aprobar uno de los puntos más importantes de esa iniciativa, que es la eliminación de las PASO, por lo que se espera que sea una discusión intensa con el resto de los bloques hasta el tratamiento de la medida.
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