CHIMENTOS
El musical Billy Elliot se prepara para su arribo a la calle Corrientes: “Tenemos mucho talento en la Argentina”

Nadie habla, pero se oyen los pasos. El piso retumba con el movimiento de niños, adultos, órdenes breves que buscan el silencio exacto. Una pausa. El escenario se acomoda. La partitura del ensayo exige precisión: cada uno conoce su sitio, aunque la escena parezca una reunión de amigos donde chicos y grandes comparten el mismo espacio y la misma expectativa.
Entre risas y gestos de complicidad, los rostros se iluminan en el momento en que todo encaja. El director señala, pero nadie espera la instrucción para saber qué hacer. Cada uno sostiene su parte: un instrumento, una línea, un paso. La armonía se teje entre miradas atentas.
Billy Elliot, el musical, ensayos y preparativos para el estreno en Argentina
La convivencia es regla: los más chicos se cuidan entre sí y los mayores, atentos, acompañan sin invadir. La ilusión compartida no se menciona, pero está en el aire: ver nacer a Billy Elliot en el escenario argentino.
Los talentos, pequeños y enormes, se multiplican. Como Billy, cada personaje crece entre la disciplina del ensayo y el juego colectivo, la energía brota de todos los cuerpos.
Por momentos, la atmósfera recuerda a la película británica que llegó al cine en el año 2000 bajo la dirección de Stephen Daldry. El sueño se repite, pero esta vez en el escenario porteño.
El telón todavía está abajo. Detrás, voces y pies esperan la señal para empezar a dibujar la historia. Nadie enuncia deseos, pero todos los cuerpos transmiten lo mismo: la ilusión de vivir la vida de Billy Elliot.
El musical Billy Elliot llega a la cartelera de Argentina, y el elenco anticipó la propuesta con un pocket show repleto de música y emoción en el Teatro Opera ON. Entre los invitados se destaca la presencia de Elliott Hanna, conocido por haber sido uno de los primeros en interpretar a Billy en el West End de Londres.
El fenómeno que nació en el cine dio un salto trascendental al teatro musical gracias a la unión de Stephen Daldry, director del film original, y Elton John, quien, tras ver la película, pidió componer la música para su adaptación escénica. Esa alianza creativa mantuvo la esencia social de la historia, pero la enriqueció con una partitura y coreografías que amplifican el mensaje.

Foto: Jaime Olivos

La versión debutó en Londres en 2005 y, poco después, llegó a Broadway, donde cosechó ovaciones y una recepción crítica unánime. Billy Elliot se ha convertido en una plataforma para jóvenes talentos que deslumbran desde el primer salto en escena. Elliot Hanna, figura invitada en la presentación argentina, fue reconocido por la prensa británica por su capacidad de transmitir emoción y vulnerabilidad, sentando un estándar para quienes asumen este exigente papel.
A la fecha, más de 10 millones de personas han presenciado alguna de las versiones teatrales de Billy Elliot en el mundo, entre países como Japón, Canadá, Australia y varias naciones europeas. Esta cifra consolida al musical como un fenómeno internacional, capaz de conectar con públicos diversos y de mantenerse vigente en cartelera durante más de una década.
Billy Elliot y sus distintas puestas en escena han logrado combinar la emoción de la historia original con la sensibilidad de cada público local, transformando la experiencia en algo universalmente reconocible.

El estreno en Argentina busca continuar esa tradición de impacto y renovación. La versión local, a partir de mayo, suma un nuevo capítulo a esta conquista planetaria, llevando el mensaje de perseverancia y el poder transformador del arte a nuevas generaciones.

“Nunca vi tanto talento junto en esos cuerpitos tan chiquititos”, soltó Graciela Pal al salir de un ensayo de Billy Elliot, para conversar con Teleshow.
La actriz y cantante, quien interpretará a la abuela de Billy, se detuvo frente al estudio y repitió el asombro: “Vivo con la piel de gallina y conmovida de tanto talento”. La frase quedó flotando en la sala, mientras los niños del elenco cruzaban el escenario en silencio.

El musica de Billy Elliot tendrá su estreno enel mes de mayo en Argentina. Pal contó que la experiencia de compartir el escenario con niños y adultos le resulta “movilizadora”, además subrayó que el trabajo colectivo afecta a todos los involucrados, en esta hermosa obra.
—¿Qué te genera estar a punto de estrenar la obra?
—No sabés cuanto me moviliza, me estremece, todos estámos emocionados de ver a estas criaturas maravillosas. Tenemos mucho talento en la Argentina y es maravilloso, un orgullo para mí partcipar de este acontecimiento mundial.
—¿Cómo es trabajar con estos niños y con el equipo de producción?
—Con talento como decía antes, y amor. El equipo de producción y los creativos son nuestros, Rubén Szuchmacher, director general, Gaby Goldman, director musical. Y por supuesto toda la gente que trabaja en vestuario, los músicos, escenógrafos…todos y son muchísimos que lo hacen posible el trabajo.
—¿Qué te dicen los chicos al compartir escenario con vos?
—Unos chicos a veces me dicen: “Te escucho la canción y lloro”, y me emociona produndamente. Son lindos, estudiosos, profesionales, cariñosos. Es un aprendizaje permanente que el público lo merece.
—¿Cómo vivís la expectativa y los nervios antes del estreno?
—Siempre tenés ese nervio actoral, gracias a Dios. Estoy ansiosa pero a la vez estoy disfrutando mucho de esta etapa.

Pequeños grandes talentos: el santafesino elegido para interpretar a Billy Elliot
Joaquín Mondino es uno de esos grandes talentos en cuerpos chiquitos de los que hablaba Graciela Pal. El joven cantante y bailarín santafesino, de apenas doce años, también habló con Teleshow de su emoción tras ser seleccionado como Billy Elliot.
—¿Cuánto hace que te dedicás a la actuación y al canto?
—Hace más o menos seis años que esto me viene gustando mucho. Yo soy de Santa Fe, capital, y empecé a estudiar en una academia a estudiar ballet y contemporáneo. Después me fui con Chola Almirón a estudiar teatro, y con Ricardo Alfonso, seguí formándome en lo que es ballet. A mí, de grande, me gustaría mucho seguir en la parte de actoral.
—¿Cómo llegó la posibilidad de hacer el casting?
—Yo quería participar para una obra o para una publicidad. Quería hacer un casting porque yo se lo estaba pidiendo a mi mamá. Hasta que apareció lo de Billy…que a ella le llegó por una amiga que se lo mandó. Me puse a investigar, pero faltaban solo dos semanas para que termine la audición, para que no llamen a más chicos.

Fotos: Jaime Olivos

Foto: Jaime Olivos
—¿Te preparaste?
—No pude hacer nada, no tenía tiempo, a diferencia de otros chicos que estuvieron como un año y medio preparándose. Mandé un video superimprovisado desde Córdoba porque estaba de vacaciones. Lo grabé más de veinte veces, seguro. (se ríe)
—¿Y después de mandar el video?
—Me quedé, fui seleccionado, y fui pasando cada etapa, dos presenciales, hasta que nos avisaron que quedamos. Ahí quedé en la escuelita de formación de Billy Elliot.
—¿Cuántos Billy va a haber en la obra?
—Va a haber tres Billy Elliot principales y dos reemplazos. Yo soy uno de los principales y los reemplazos también hacen de otros personajes, como el hijo del carnicero, y otros…
—¿Viste la película?
—Era muy chiquito, la vi como cuatro veces. Me encantaba. Siempre me acuerdo de una escena en la que Billy estaba en la clase de danza, saltando, y esa escena me quedó grabada para siempre.
—¿Te mudaste a Buenos Aires?
—Hace más o menos una semana me mudé acá, porque todo el año pasado estuve viniendo por la escuelita de Julio Bocca, de jueves a domingo. El domingo volvía a Santa Fe y el jueves volvía a Buenos Aires. Hice eso desde mayo hasta diciembre del año pasado.

Foto: Jaime Olivos

Foto: Jaime Olivos
—¿Sentís que cumpliste un sueño?
—Yo creo que sí, que significa algo muy importante para mí. Sí, a mí me encanta lo que hago y cumplí un sueño que fue muy inesperado, pero que sabía que lo podía hacer.
—¿Qué dicen tus padres, tus hermanos?
—Mi familia todavía no se lo termina de creer. Mi mamá y mi papá, hermano, mis abuelos, mis tíos, todos me acompañan. Mi mamá tuvo que dejar el trabajo, básicamente para acompañarme a mí, y eso lo agradezco un montón.
—¿Cómo es la energía entre ustedes en la obra?
—Con todos los del elenco, porque no hay grupitos, sino que todos somos amigos de todos. Hasta con los adultos. Es muy buena la energía, genial la vibra que hay entre nosotros.
El maestro y coreógrafo Gustavo Wons cuenta a Teleshow sobre la selección entre cientos de niños y jóvenes: “Los Billy es el personaje que tiene que bailar ballet, que bailar tap, tiene que cantar y actuar. Y eso, hay varones, pero no hay tantos varones que empiecen tan chiquitos. Entonces, hicimos muchos casting y elegimos un grupo de gente y bueno, y la capacitamos. Empezamos el año pasado. No había manera de encontrar a alguien que maneje las cuatro áreas”, relató Wons, sobre el desafío de montar el musical Billy Elliot en Buenos Aires.
—¿Cómo llegaste al proyecto de Billy Elliot?
—Yo a Diego Romay lo conozco, trabajé con él en otra obra, hace muchos años. Me dijo hace un par de años que estaba detrás de esta obra y al final cuando se concretó, me llamó.

Foto: Jaime Olivos
—Inevitable hacer conexión con tu propia carrera…
—Claro, pero va más allá del bailarín, a mí me conecta porque es lo que me pasó en la vida, pero en toda profesión, es conectarse con el deseo y seguir ese deseo pese a todas las cosas que te van pasando, los inconventientes, los palos que se pongan en la rueda, las frutraciones.
—¿Cómo fue el proceso de casting y capacitación de los niños para la obra?
—Costó, más que nada los Billy, es el personaje que tiene que bailar ballet, tap, tiene que cantar y actuar. Y no hay tantos varones que empiecen tan chiquitos. Entonces, hicimos muchos casting, elegimos un grupo de gente y los capacitamos, esto empezó el año pasado.

—¿Cómo es trabajar con chicos?
—Yo nunca había trabajado con pequeños, así que no tenía la menor idea de lo que iba a pasar y estaba asustado, porque algunos venían muy flojos en un área, mejor en otra. Pero como tienen todas las condiciones, y el deseo aprendieron rápido, fue increíble como absorbieron. Fue muy loco ver el progreso que hicieron todos los chicos.
—El talento argentino en las nuevas generaciones…
—Eso me sigue sorprendiendo y eso mucha gente en la Argentina no lo sabe. Cada vez más jóvenes, tienen más pasión por el arte.
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CHIMENTOS
No sos vos: la ciencia explica por qué posponés la alarma una y otra vez y no podés levantarte

Para muchas personas, el momento en que suena la alarma es el más difícil del día. Aunque hayan dormido varias horas, levantarse se siente como una lucha interna: el cuerpo pide seguir en la cama y la mente tarda en reaccionar. Pero la ciencia tiene una respuesta clara para esto.
El principal responsable es un fenómeno conocido como inercia del sueño. Se trata de un estado de transición entre el sueño y la vigilia en el que el cerebro todavía no está completamente activo. Durante ese período, es normal sentirse desorientado, lento y con una fuerte necesidad de seguir durmiendo.
Este estado puede durar entre 30 y 60 minutos, e incluso más en algunos casos. En ese tiempo, funciones como la memoria, la atención y la toma de decisiones funcionan de manera más limitada, lo que explica por qué tareas simples parecen mucho más difíciles apenas uno se despierta.
A esto se suma otro factor clave: el momento en el que suena la alarma. El sueño no es uniforme, sino que está compuesto por distintas fases. Si el despertador interrumpe una etapa profunda, como el sueño de ondas lentas, la sensación de cansancio será mucho más intensa.
Además, el cuerpo funciona con un reloj biológico interno, conocido como ritmo circadiano. Este sistema regula cuándo sentimos sueño y cuándo estamos más alertas. Si la alarma suena en un horario que no coincide con ese ritmo, despertarse se vuelve aún más difícil.
Incluso el hábito de usar el botón snooze puede empeorar la situación. Estudios recientes muestran que más de la mitad de las personas lo usan regularmente, lo que fragmenta el descanso y prolonga la sensación de somnolencia.
Qué cosas hacen más difícil levantarte a la mañana
- Dormir menos horas de las que el cuerpo necesita
- Acostarse en horarios irregulares
- Despertarse en medio de una fase profunda del sueño
- Usar repetidamente el botón snooze
- Tener un ritmo circadiano desordenado
- Exponerse poco a la luz natural al despertar
Los especialistas coinciden en que no se trata de poner más voluntad, sino de entender cómo funciona el cuerpo. Pequeños cambios, como mantener horarios regulares, evitar pantallas antes de dormir o exponerse a la luz natural al despertar, pueden ayudar a reducir esa sensación de pesadez.
Levantarse con la alarma no es solo una cuestión de actitud. Es un proceso biológico complejo en el que el cuerpo y el cerebro necesitan tiempo para activarse. Entenderlo no solo ayuda a dejar de culparse, sino también a encontrar formas más efectivas de empezar el día con más energía.
Alarma
CHIMENTOS
Jackita: “Me cerraron puertas por mi personalidad, me trataban de conflictiva”

Jackita -nacida como Jacqueline Acosta Lera el 5 de marzo de 1988 en Ciudad de Buenos Aires-, transita la última etapa de su primer embarazo junto a su pareja, José Alegre. Esperan un hijo al que llamarán Isaac.
La cantante lleva editada más de una decena de discos, con tres trabajos nominados a los Premios Gardel (2013, 2015, 2019) en la categoría de Música Tropical, y en 2019 fue seleccionada por Spotify como referente de la cumbia latinoamericana.
Sus inicios se remontan a 2003 con “La Loza”, la banda que formó junto a su hermano Marito en el barrio San Cristóbal. Durante esa época, gestionó de manera autodidacta sus primeras presentaciones, logrando hasta 10 shows seguidos en corsos de Capital Federal tras contactar personalmente a los organizadores.
Entre 2008 y 2009 adoptó el seudónimo “Jackita La Zorra”, inspirado por su rol de justiciera y por las letras de sus canciones feministas dentro de un género predominantemente masculino, desde 2010, utiliza solo “Jackita”.
Su carrera enfrentó un episodio crítico en 2016, cuando sufrió un accidente durante una gira en Salta y Jujuy que requirió una intervención de urgencia: un desprendimiento maxilofacial le provocó 40 puntos de sutura en el rostro, a causa de no llevar el cinturón de seguridad.
Quizás una faceta desconocida de Jacki, es su trayectoria en el taekwondo con campeonatos sudamericanos, títulos en Poomsae y su reconocimiento como Miss Taekwondo Sudamericana 2004, la única argentina que ha recibido esta distinción. Además de ser instructora certificada y cinturón negro en este arte marcial, la artista también tiene un rol solidario como predicadora en el Ministerio Maná de Vida, brindando asistencia a personas en situación de calle.
Acá, los momentos más destacados de la entrevista:
—Hola, Jackita, bienvenida. Primera invitada femenina a “Nunca me faltes”.
—Qué bueno, agradecida por eso.
—¿Cómo estás? ¿En qué momento te encontramos hoy?
—Totalmente embarazada (risas). Somos dos hoy, estoy con Isaac acá, de ocho meses y algo; es mi primer hijo. Y proyectando muchas cosas. Por más que esté embarazada, no es que me tiro a descansar, mi cabeza sigue trabajando.
—De hecho estuviste en escenario hasta hace no mucho…
—Sí, hasta hace dos semanas que anduvimos en Uruguay y ahí dije “Ya está”. Porque la verdad que estaba bien físicamente, pero cuando entré en los ocho meses me cansé; como que ya no puedo caminar igual. Pero bien, la verdad que me dejó trabajar mi hijo.
—O sea, cumbiero ya desde la panza.
—Sí, ya tiene sus llantitas, las zapatillitas con resorte, va a nacer con eso (risas).
—¿Esa convivencia del escenario y el embarazo la llevaste bien?
—Súper bién porque al ser ahora mi propia productora, hoy por hoy tengo toda la carga encima del grupo, pero puedo organizarme bien con los shows y los lugares puntuales donde ir. La verdad, por mí no cortaba, pero bueno, hay que descansar.
—Y te agarra también ya con mucho más recorrido en tu carrera. ¿Qué te pasa cuando pensás en esos inicios tuyos?
—Ayer, justamente, estuve mirando las fotos en mi primer Facebook y yo le decía a mi esposo, le digo: “Guau, mirá la cantidad de años que yo estoy haciendo esto”, ya estamos cumpliendo diecisiete años.
—¿Diecisiete ya?
—Sí, y este es el momento para que yo sea madre, sinceramente. “Jackita” fue mi primer hijo en realidad, y como que cuidé mucho de mi carrera y le dediqué mucho tiempo, le dediqué mi vida y hoy estoy en una etapa donde tengo todo bajo control: me siento muy realizada, muy valorada. En otras épocas por ahí pensaba que si tenía un hijo iba a tener que parar un montón de tiempo y no era el momento. Este es el momento, así que lo disfruto mucho. Y si cuento mi primer grupo del barrio ya son más de veinte seguro.
—Y hace veinte años no era la misma escena que hoy en en un montón de aspectos, ¿no?
—Sí.
—¿Y cómo es ser mujer en el ambiente y la movida de la cumbia?
—Yo creo que los logros son triples, y más en esa época. Cada logro mío valía por tres, porque realmente era una escena que no… (piensa). Hoy, gracias a Dios, ya hay muchas artistas femeninas. Pero en aquella época, en la movida tropical había una o dos cantantes. Cuando entro yo estaba Dalila, Ángela, Karina, vigentes te hablo. Y yo venía con una propuesta diferente encima: hacer cumbia base.
—No ibas por el lado romántico…
—Claro, yo era barrio y quería cantar a favor de las mujeres. Y otro mensaje también: “Pará, no nos insultemos, vamos a levantarnos nosotras”. Yo hice una cumbia base tipo mezclado con plena uruguaya, una cosa rara. Y claro, también se lleva para el lado de la cumbia villera. Y me decían: “No, ¿qué querés con este material?” Pero vos no sabés la cantidad de lugares que yo llevaba mis CD y me decían: “No, mi amor, cantá romántico, cantás lindo, te armo la banda, te vas a Santa Fe y grabás allá. El sábado salís en el canal…” ¡Representantes grosos te hablo, ¡eh! Y yo decía: “No, está bien, si no tenés otra propuesta yo sé que se va a dar”. Dura, yo, ¿viste?, firme en mis convicciones. Y se dio en el 2009, pero tuve que esperar.
—Y todo ese momento de esperar, ¿te hizo sentir subestimada o no valorada? Una mujer en un mundo de hombres…
—Sí, todo eso, en ese orden (risas). Pero yo creía tanto en lo que hacía porque lo disfrutaba; era la música que yo escuchaba en ese entonces, yo soy fan de Leo Mattioli de toda la vida. Yo me sentía recómoda en ese estilo de cumbia. Y más con mi forma de vestir, parecía una manifestación. También me decían: “Pero vos, vestida así con lo deportivo”. Ponele, yo usaba los jeans sueltitos, los babuchas, las chombitas, la gorrita, la mochilita. Los productores me decían: “Mirá, esa onda no va. ¿Por qué no te pones unas botas, una pollera”, ¿viste? Y yo no quería saber nada con ser sexy, digamos. Quería mostrar que una también lo podía lograr sin tener que estar mostrando de más. Con eso tuve muchas guerras, muchos frentes que enfrentar realmente. Y bueno, lo logré. Pero antes me cerraron puertas por mi personalidad, me trataban de conflictiva.
—¿Cómo fue ese momento? Porque vos estás convencida en lo que ofrecés como artista y te dicen: “Che, mostrame un poco más de piel, un poco más de…” (risas)
—Me daba mucha bronca. Una vez, me acuerdo, fui a una oficina y me miran, me hicieron dar una vueltita… a ver qué ofrecía…
—Antes de escucharte cantar querían verte.
—Claro, querían ver si tenía cola, ¡Ay, Dios, pasé por muchas cosas de esas! Yo lo que tenía era fe. Si hay algo que yo tengo es fe. O sea, vos me podés decir no y yo sé que si lo tengo, yo lo veo, lo visualizo porque se va a dar. Eso me hacía no bajar los brazos ni venderme, porque era fácil venderme y salir más rápido.
—Sí, uno tiene la sensación de que tenés carácter fuerte…
—Sí, me enojé y les paré el carro por ese carácter que yo tengo de hacerme respetar y más en ese momento, ¿no? “No, esta piba es complicada”, decían. “No vas a trabajar con esta cantante, se te va a parar de manos con el tema de la plata, con la producción”. Porque es verdad, yo miraba todo. No era una pibita que estaba ilusionada nada más que con cantar. Y eso me complicó las cosas también. Pero bueno, fue porque ellos andaban en cosas raras, querían pasarme por encima, ¿viste? O tratarme como un objeto.
—¿A qué te referís con “cosas raras”…?
—Que tienen cosas para ocultar. Los productores de antes, a los artistas, nos daban dos monedas y ellos cobraban un millón de pesos. Yo siempre estuve muy atenta con esas cosas y molestaba.
—Y ahí te plantás. ¿Y cómo te lográs imponer ante eso también?

—Me costaba porque yo a su vez tenía una persona en el medio, el productor de la banda, y en realidad es como que él tenía la última palabra. Entonces yo ahí tenía mucho choque con esta persona. Pero bueno, fue cuestión de años hasta que me pude salir de todo ese sistema. Por ejemplo, trabajé tres años para dos representantes y me venía enterando que hacían mucha pero muuuuucha plata. Nos reunimos y le digo: “Chicos, me enteré que allá en Rosario se llenó el lugar y a mí me pasaron lo mínimo”. Y claro, los tipos me miraron y me odiaron. Y les digo: “Vamos a respetar la agenda hasta donde esté y después de eso ya no me vendas más”. Fue la primera vez que tuve como un encontronazo con un representante.
—¿Cómo es eso? ¿Vos te enterás que por un show que hiciste, ponele, se pagó cien y vos cobraste diez, y el resto se repartieron entre otros’?
—Entre millones de personas (risas). Había muchos intermediarios en esa época. Eran otros tiempos. Necesitabas el representante, necesitabas todo eso para poder trabajar. Y cuando les dije que me retiraba, me dijeron “Vos no vas a volver a trabajar nunca más en ninguna parte de la Argentina”. Y yo “Bueno, eso lo vamos a ver”, le digo. “Prefiero no trabajar, pero no hacerte ganar más plata a vos y yo llevarme un centavo”, porque yo me la pasaba en la camioneta.
—Entiendo…
—Yo vivía en una combi, esto fue en el 2012. Me acuerdo de que un día llego al Chaco, me bajo de la camioneta y me desmayo. Dije: “¿Qué me pasó?” Claro, llevaba tres años sin parar de verdad. Salíamos jueves, viernes, sábado, domingo y lunes, el martes llegaba a mi casa destruida y ya el jueves salíamos de nuevo. O sea, no tenía vida, ¡y tampoco tenía plata! (risas). Porque de última vos me decís: “Te estás trabajando todo pero te estás llenando de plata”. O sea, podía vivir bien pero no era la plata que yo me tenía que llevar, ¿me entendés?
Estaba siendo tratada como un producto y me estaban exprimiendo, esa es la realidad. Pasa eso, me separo de esa oficina y con mi productor propongo hacer una oficina propia. Y ahí nos hicieron ver estrellas, nos iban cerrando las puertas. Pero gracias a Dios había otro empresario que no era tan importante que dijo “Che, Jacki, vamos, vení”. Y ahí trabajé en todas las provincias. Y nos fue súper bién. Pero sí, pasé por muchas cosas de estas, de tener que defendermi grupo. O sea, te estoy contando de que antes de entrar a la movida tuve que pasar por mucho también para que se me valorara como mujer, para que se me escuchara la propuesta que yo quería hacer, que no era solamente una cantante sino que venía con una producción. Decir: “Che, yo quiero cantar este estilo y vestirme así y decir esto”.
—¿En algún momento dudás o siempre firme y plantada?
—No, firme y plantada. Prefería no ir a ningún lado y quedarme en mi casa diciendo: “Yo sé que esto es lo que yo quiero hacer”, porque yo lo veía. Dios fue muy bueno conmigo, me dio mucho más de lo que imaginé. Yo quería salir a cantar para tocar en Fantástico, Metropolis, que eran los boliches que yo iba, para mí eso ya era un montón porque ahí estaban todos mis amigos. Y todo lo que vino después fue enorme, grande en Uruguay y acá en Argentina. Como que me encontré con un universo nuevo y vi que había mucha gente detrás de la banda.
—Recién contabas esa anécdota en Chaco, desmayándote. Después pasó tu accidente, en 2016…
—Sí, eso fue en Salta. Estábamos llegando al quinto de la noche y el hombre que había armado la gira…
—¿El quinto show de la noche, decís?
—Claro, íbamos al sexto, una cosa así, y había una neblina tremenda. Y el que había armado la gira me dice “Vamos en el auto”. Entonces llegamos primero, porque era la época que en Jujuy cerraban a las cuatro de la mañana. Imaginate de lo que te hablo, cinco bailantas a las cuatro mañana habíamos metido, ¡una locura! Estaba todo blanco y el tipo aceleró. Y había una curva y era una montaña (risas). ¡Imaginate! Salimos volando, nos hicimos pelota. La que peor la pasó fui yo: se me había despegado todo esto del maxilar, me dieron cuarenta puntos en la boca.
—Te reconstruyeron la cara.
—Sí, pero gracias a Dios, fue solo piel y no hueso. Tenía la cara colgando. Llegué al hospital y le digo a los médicos: “¿Me pueden poner la gotita que yo me arreglo allá en Buenos Aires?” Se me rieron todos como diciendo: “No te ves la cara cómo la tenés. ¿no?” Me trataron bárbaro en el hospital de Orán, les mando un beso: me quedó la cara perfecta. Cuando vuelvo de ahí, yo quise parar y reorganizar las cosas, pero seguía teniendo este productor de por medio que no quería parar…
—¿Ni siquiera después del accidente?
—Sí, en un mes y medio ya estaba en la ruta de nuevo y con ataques de pánico. Me acuerdo que en la camioneta me caía agua de las manos del miedo que tenía. Me subía al escenario temblando, fue horrible. Aparte tenía la cara mal, comía papilla, la pasé re mal. Hoy me río, pero la pasé re mal.
—Pero cuando tuviste el accidente, ¿después seguías con ataque de pánico en la gira? ¿No hay un momento en el que decís “Che, hay que parar un poco”?
—Sí, me paró la pandemia (risas). Para mí fue un antes y un después. Me quedo en casa, como todo el mundo, y empecé a replantearme muchas cosas: la pandemia fue lo mejor que me pasó a nivel persona y a nivel espiritual. Ahí prácticamente me abro del productor este que tenía. Y empecé a darme cuenta de que yo sufría de ansiedad. O sea, en mi casa me doy cuenta de las cosas que padecía. Me encontré conmigo misma, digamos.
—Claro…
—Que sufría de ansiedad, que sufría de pánico, que tenía un vacío tremendo. O sea, que todas las cosas que había logrado no me servían de nada. No me llenaba. No sabía qué hacer. Pensaba: si voy a, a los premios Gardel me voy a sentir bien, iba y me sentía horrendo. Hacíamos una gira por México, llegábamos y me sentía horrible. Como que yo siempre buscaba esos premios de mi trabajo, del reconocimiento… Pero de lo que nunca me voy a quejar es de que la gente siempre explotó en todos lados. Si yo estoy sentada acá todavía es por la gente. Y cuando me encuentro a solas conmigo me doy cuenta que yo tenía una necesidad tremenda, y que me sentía muy sola.
Y ahí es donde yo hago un click. Veo una película, “Cuarto de guerra”; parece que yo laburo para esa película porque lo cuento en todos lados (risas). Ahí veo que la mujer tenía una Biblia, la empieza a leer y le cambia la vida. Al otro día empecé a buscar una Biblia por todos lados. Fui a todas las iglesias. En una iglesia me dicen: “Mirá, hoy justo hay reunión y al final damos la Biblia”; me quedé, me dan la Biblia y empecé a leerla y me cambió la vida: literal. Lo primero que me pasó fue que me encuentro con Dios en mi casa. Y con el tiempo ese vacío se va, se me va la ansiedad, se me va el miedo, o sea, fue impresionante lo que me pasó. Yo sola en mi casa. Me empecé a replantear las cosas, a darme cuenta que yo tenía puesto mi corazón en el grupo, que era lo más importante para mí. Por eso también me fallaba, porque obviamente es un trabajo, es el afán de querer cada vez más y no, no te contentás. Eso trae muchas consecuencias, porque te agarra ansiedad, porque querés más…
—¿Como que antes te pasaba que no sabías a dónde ibas?
—Sí, es que en este ambiente todos son muy competitivos. Entonces te ponen la vara muy alta. Y vos te empezás a comparar con los demás también. O decir “Che, ¿por qué yo no estoy en este circuito?» Boludeces.
—No, hoy lo ves como boludeces, pero en ese momento se te iba la vida ahí…
—Claro. Y no era de envidiosa sino porque yo amaba mucho a mi grupo y quería que crezca y que esté en todos lados. Y después que pasa eso, se me calmó todo: me ordené y pude empezar a disfrutar de mi trabajo. Antes me pasaba, en realidad, que no disfrutaba el momento. No sabía lo que era disfrutar todo lo que había logrado. Y es horrible, de verdad, que trabajaste tanto por algo, lo lográs y no lo podés disfrutar. ¿Me entendés? O sea, era, era feo para mí y eso me hacía mal, muy mal.
—Y hoy que ya atravesaste todo esto, te ves más preparada para ese proyecto familiar, personal, ¿no?
—Sí, después de la pandemia, que logro separarme de este productor, el tipo hace quinientas maldades…
—¿Cómo qué?
—Como querer bajarme todo el catálogo musical siendo que yo nunca le había firmado que él podía subir mi música a una compañía discográfica; él, por maldad, me quería borrar los quince álbumes que yo tenía. O cerrarme mi canal de YouTube, cosas así todo el tiempo… Ahí me tomé el 2022 para parar. Entendí que tenía que parar para reconstruirme. Y bueno, me puse mi productora; no tenía ni un contacto de teléfono porque esta persona manejaba todo. Empecé a subir contenido, a hacer cosas y se empezaron a comunicar. Fue maravilloso. Te digo que estos últimos tres años, ¡por lejos! fueron mucho mejor que los catorce años anteriores.

—¿En qué sentido?
—En todo. Económicamente, abismal, por lejos. Y de poder trabajar en paz, también.
—Digo, para entender la diferencia: lo que antes se tercerizaba -y mordían en cualquier show-, ahora es cien por ciento tuyo, digamos.
—Claro, ya no hay vampiros (ríe). Y te repito, empecé a trabajar en paz también: si un finde no quiero trabajar, me lo tomo. Empecé a manejar mis tiempos.
—Y hoy, ¿cómo te imaginás a Jacki mamá?
—Estoy re preparada. Es el momento perfecto porque ya vengo de estar bien organizada con mi trabajo, con mi vida personal. Siento que este es el mejor momento de mi vida. Creo que voy a ser una buena mamá; voy a hacer lo mejor que esté a mi alcance para criar a Isaac y seguir con mi trabajo también.
—Escúchame, ya vimos lo fuerte que es tu personalidad y carácter por cómo manejaste el tema productores. Como mamá, ¿crees que va a aparecer también esa personalidad?
—Sí, sí, sí, aunque igual yo quiero hacer el papel de la buena. Y que mi marido haga del malo (ríen).
—Vos aparte sos taekwondista, ¿no?
—Sí, yo era cinturón negro, y tricampeona sudamericana de taekwondo.
—Bueno, Jackita, gracias por venir. ¿Le querés decir algo Isaac, por si algún día ve esta nota?
—Que lo amo, que vino a completar esa felicidad que a mí me faltaba: ser mamá… ¡Ay, voy a llorar!
Ya vamos a volver con él… (ríe)
Fotos: Jaime Olivos
CHIMENTOS
La separación de Guido Kaczka y Flor Bertotti: la infidelidad más dolorosa de la historia y la novela maldita que marcó el final

A veces pasa.
A veces pasa la curiosidad de los apellidos que coinciden o combinan con las profesiones de sus dueños.
Por ejemplo, un neurólogo se puede apellidar Cabezas, un gomero Rueda, alguien que arregla o hace rejas Herrero, un militar Guerrero, un abogado Leyes, un arquitecto Paredes, un banquero o prestamista Cash, un árbitro de fútbol Amarilla, un bombero Cienfuegos, un nutricionista Delgado o el dueño de una inmobiliaria Casas. Sí, a veces pasa.
Cada tanto sucede, como esta vez: la historia del amante que se llama Federico Amador.
2010
Para mediados de 2010 Guido Kaczka ya pintaba para transformarse en lo que es hoy, el tipo más querido de la televisión argentina. El que mejor cae. El más simpático. El que convierte en oro (o en plata, porque ahora está segundo detrás de Gran Hermano) todo lo que toca o todos los proyectos que se pone entre manos. En la radio sí es Mister Rating, el conductor más escuchado de la FM en yunta con Santiago Del Moro. Ejem, el que le gana a la noche en la tele.
En fin, es 2010 y Guido ya se perfila como uno de los grandes proyectos de la pantalla chica. Es simpático, carismático, querible, afable, bonachón, talentoso, emprendedor y, sobre todo, laburador como pocos. O como ninguno: si hay que estar a las tres de la mañana filmando una escena, está. Si hay que grabar abajo de la lluvia no solo no dice ni mu: además, se saca la campera y se la da a una compañera para que se cubra. Si hay que salir al toro para cubrir a alguien que falta se muestra en vez de esconderse.
Igual que ahora -la gente, al fin y al cabo, no cambia- para Guido no hay primeros de mayo: todos son días buenos y oportunos para laburar. Esa presencia permanente en el candelero, esa fama de tipo bonachón y amiguero y esa pinta de hombre sencillo y padre de familia atento y ocupado lo van poniendo en carrera para volverse, en un momento dado, en un número uno indiscutido.
También lo ayuda a dar unos cuantos saltos en esa escalera rumbo al firmamento su matrimonio con Flor Bertotti, una de las más queridas de la escudería de Cris Morena, lo que es toda una definición en sí misma. Por ahí no pasa, ni mucho menos triunfa, cualquiera. Ese lugar está reservado para las elegidas: Lali Espósito, La China Suárez, Camila Bordonaba, Luisana Lopilato, Agustina Cherri. Al lado de esa «fórmula uno» Guido aceleró y avanzó un montón de casilleros.
Pero de pronto sucede lo inesperado y, para la enorme mayoría de la gente, lo inexplicable. Sin que ninguno de los dos dijera nada la información deja a todos absortos y patas para arriba: Guido y Florencia estaban separados. No era una crisis, no era algo pasajero, no era un cimbronazo y vemos, no era tomarse un tiempo ni darse un espacio. No, ruptura definitiva y a otra cosa. Cero chances para una reconciliación, para una nueva oportunidad, para una segunda vuelta. El casorio no fue para toda la vida, la ruptura sí. Para colmo, el silencio agigantó el misterio. ¿Qué pasó ahí para que la cosa se resolviera en un santiamén y de manera tan contundente?
2008
Dos años antes de ese final tan abrupto y tan intrigante, Guido siente que es momento de dar un paso más. Le hierve por la sangre el deseo de hacer algo también «atrás de cámaras». Tuvo al mejor maestro que podría haber tenido, al menos para esos menesteres. Aprendió de Gerardo Sofovich, uno de los hombres que «inventó» la televisión, y sabe que está a las puertas de convertirse en otra cosa. Ya fue un principiante, ya fue un secundón, ya fue segunda guitarra, ya fue protagonista y ahora quiere ser otra cosa. Quiere ser productor.
Guido, lo demostró su trayectoria, tiene buen ojo para las iniciativas televisivas. Pero no siempre se puede acertar. Ya dice el refrán que al mejor cazador se le escapa la liebre, y Guido no sabe que la idea que le cuenta a Flor Bertotti lo va a condenar a una de las peores experiencias de su vida, sino la más traumática. De haberlo sabido es probable que no le hubiera dicho nada, pero no lo sabe y termina convenciendo a su mujer de encarar un proyecto que sería la decisión más errada de todas, la novela Niní.

Nadie sabe bien por qué, pero para acompañar a Florencia Bertotti, que encarnará el protagónico femenino, el elegido es Federico Amador, un muchacho que venía en ascenso pero que nunca había interpretado un rol central. La principal hipótesis, aun hoy, es que querían a alguien que al menos en la previa «no le hiciera sombra» a ella, que con esa jugada de ajedrez se garantizaba ser la que recogiera (¡Ejem II!) los frutos del éxito en caso de que existiera.
El primer capítulo se emitió el 8 de setiembre de 2009 por Telefe, el mismo canal que transmitió las 137 episodios distribuidos en el curioso fixture de «de lunes a jueves de 18 a 19 horas». Hoy en día, los 19,1 puntos que promedió aquel punto de partido serían una verdadera locura. Aquella vez se celebró con un dejo medio amargón por no llegar a los 20 puntos. Igual la novela anduvo bien, hasta que, como dijo alguna vez un presidente de la Nación, pasaron cosas.
Niní finalmente fue considerada «la novela maldita» para aquellos que aun siguen atentamente los pasos de Guido y de Florencia. Llevarse «todo el trabajo a la casa» y estar prácticamente las 24 horas juntos desgastó completamente a la pareja. Los dos reaccionaron diferente frente a la abulia y el aburrimiento: a él lo hizo pensar en nueva ideas y en nuevos emprendimientos televisivos, y a ella la acercó más de lo aconsejable a Amador, que estaba casado y tenía dos hijos. Era un problema para los dos, que resolvieron de la única manera que se puede en estos casos: dejaron todo y se fueron a vivir su amor contra todo y contra todos.
La «maldición de Niní» se completó poco tiempo después, cuando Cris Morena pateó el tablero y les metió un terrible juicio por la filosa acusación de plagio sobre sus productos Chiquititas y Floricienta. Para colmo, se los ganó y logró un fallo que puede considerarse histórico. La decisión de la justicia precipitó el final de la tira, que salió al aire por última vez el 10 de abril de 2010 c un capítulo doble cuyo rating se midió en 16,1 puntos. La separación trascendió poco antes, en marzo. Más claro, imposible.
1998 Y 2006
Cris Morena. Siempre Cris Morena. En 1997 ella pensó que una novela llena de pibes podía funcionar. Algunos se le rieron y ella siguió adelante. Y con fuerza, tesón, garra y también un par de gritos armó uno de los éxitos más grandes que recuerde la televisión argentina, Verano del 98. No hay adolescente de aquella pibe que haya sido indiferente a esa novela. Para amarla o para rechazarla, para seguirla o para hacer zapping, para soñar con uno de esos galanes o para ilusionarse con encontrar a una de esas doncellas en algún lado. Avasallante.
Hubo, claro, historias de amor. Algunas furtivas, otras importantes. Y hubo una que fue más allá y llegó a convertirse en matrimonio. Guido Kaczka, medio timidón entre tantos galanes aunque ya tenía la experiencia televisiva que les faltaba ella, empezó a flirtear con una de las más bonitas del elenco. Florencia Bertotti le correspondió el interés y allí nació todo.
El noviazgo fue largo. Uno, dos, tres…siete años. El 2 de diciembre de 2006, cuando sus carreras ya habían tomado sus rumbos definitvos, se convirtieron en marido y mujer. Dos años más tarde llegó uno de los días más felices de su vida. Romeo, un hermoso bebé, hoy un prometedor adolescente, llegó al mundo para iluminarles aquellas vidas. A los pocos meses a él se le ocurrió hacer Niní.
2026
Curiosamente, Guido sigue sin hablar de aquella separación. En aquel momento prefirió no hacerlo, o no pudo, y con el correr del tiempo la historia fue perdiendo peso y presencia en los medios, que se interesaron más por las nuevas parejas de los dos, más que nada con la de Bertotti y Amador. Un tiempo más tarde él blanqueó con Soledad Rodríguez, su actual mujer, con quien tuvo tres hijas más. Con Florencia tuvo a Romeo, el mayor de sus herederos. Bertotti y Amador no tuvieron hijos pero ensamblaron su familia y con los míos y los tuyos son cinco: ella, él, el hijo de ella y los dos dos de él, Vito y Cirio.
Muy por arriba, hace unos añitos, dijo en una entrevista que «las madres de mis hijos por suerte se llevan bien y hablan por cosas de Romeo, de los chicos. La convivencia tiene que ser buena por ellos» pero jamás dijo nada de los motivos que los llevaron a separarse. Cuentan, algunos que los conocen, que le costó mucho superar lo que había pasado. Que salió adelante y «le debe todo, literalmente todo», a su actual mujer. Incluso todo lo que es hoy, adelante y atrás de cámara. Bertotti tampoco dijo mucho de la cuestión, pero en su caso se entiende un poco más. ¿Qué iba a decir? «¿Sí, lo engañé?» Difícil, ¿Verdad?
Para eso no hay apellido ni identidad que alcance. Nunca. Jamás. Antes y ahora, ayer y hoy, en el pasado y en el presente, hay dolores y situaciones que no tienen nombre.


Guido Kaczka, Flor Bertotti, Federico Amador, Niní
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