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CHIMENTOS

El musical Billy Elliot se prepara para su arribo a la calle Corrientes: “Tenemos mucho talento en la Argentina”

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El fenómeno internacional de Billy Elliot se consolida en el país con una producción de alto nivel

Nadie habla, pero se oyen los pasos. El piso retumba con el movimiento de niños, adultos, órdenes breves que buscan el silencio exacto. Una pausa. El escenario se acomoda. La partitura del ensayo exige precisión: cada uno conoce su sitio, aunque la escena parezca una reunión de amigos donde chicos y grandes comparten el mismo espacio y la misma expectativa.

Entre risas y gestos de complicidad, los rostros se iluminan en el momento en que todo encaja. El director señala, pero nadie espera la instrucción para saber qué hacer. Cada uno sostiene su parte: un instrumento, una línea, un paso. La armonía se teje entre miradas atentas.

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Billy Elliot, el musical, ensayos y preparativos para el estreno en Argentina

La convivencia es regla: los más chicos se cuidan entre sí y los mayores, atentos, acompañan sin invadir. La ilusión compartida no se menciona, pero está en el aire: ver nacer a Billy Elliot en el escenario argentino.

Los talentos, pequeños y enormes, se multiplican. Como Billy, cada personaje crece entre la disciplina del ensayo y el juego colectivo, la energía brota de todos los cuerpos.

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Osvaldo Laport, parte del elenco del musical. La convivencia entre niños y adultos en el escenario de Billy Elliot crea una atmósfera única de trabajo y amistad
Billy Elliot llega a Buenos Aires
El musical Billy Elliot destaca por el crecimiento de los niños protagonistas y la disciplina colectiva en cada ensayo

Por momentos, la atmósfera recuerda a la película británica que llegó al cine en el año 2000 bajo la dirección de Stephen Daldry. El sueño se repite, pero esta vez en el escenario porteño.

El telón todavía está abajo. Detrás, voces y pies esperan la señal para empezar a dibujar la historia. Nadie enuncia deseos, pero todos los cuerpos transmiten lo mismo: la ilusión de vivir la vida de Billy Elliot.

Billy Elliot, fue interpretada por el actor y bailarín británico, Jamie Bell, la película que se estrenó en el año 2000

El musical Billy Elliot llega a la cartelera de Argentina, y el elenco anticipó la propuesta con un pocket show repleto de música y emoción en el Teatro Opera ON. Entre los invitados se destaca la presencia de Elliott Hanna, conocido por haber sido uno de los primeros en interpretar a Billy en el West End de Londres.

El fenómeno que nació en el cine dio un salto trascendental al teatro musical gracias a la unión de Stephen Daldry, director del film original, y Elton John, quien, tras ver la película, pidió componer la música para su adaptación escénica. Esa alianza creativa mantuvo la esencia social de la historia, pero la enriqueció con una partitura y coreografías que amplifican el mensaje.

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Billy Elliot - Teatro Opera
El musical Billy Elliot llega a la cartelera de Argentina, y el elenco anticipó la propuesta con un pocket show repleto de música y emoción en el Teatro Opera ON
Foto: Jaime Olivos
Un grupo de diez personas, incluyendo adultos y niños, sonríe a cámara. Todos llevan camisetas negras con el logo de 'Billy Elliot el Musical' sobre un fondo rojo con luces bokeh
El elenco de Billy Elliot el musical, incluyendo jóvenes bailarines y actores experimentados, posa sonriente para la cámara en Argentina, celebrando la llegada de la aclamada producción

La versión debutó en Londres en 2005 y, poco después, llegó a Broadway, donde cosechó ovaciones y una recepción crítica unánime. Billy Elliot se ha convertido en una plataforma para jóvenes talentos que deslumbran desde el primer salto en escena. Elliot Hanna, figura invitada en la presentación argentina, fue reconocido por la prensa británica por su capacidad de transmitir emoción y vulnerabilidad, sentando un estándar para quienes asumen este exigente papel.

A la fecha, más de 10 millones de personas han presenciado alguna de las versiones teatrales de Billy Elliot en el mundo, entre países como Japón, Canadá, Australia y varias naciones europeas. Esta cifra consolida al musical como un fenómeno internacional, capaz de conectar con públicos diversos y de mantenerse vigente en cartelera durante más de una década.

Billy Elliot y sus distintas puestas en escena han logrado combinar la emoción de la historia original con la sensibilidad de cada público local, transformando la experiencia en algo universalmente reconocible.

Un joven salta sobre un escenario con el elenco del musical Billy Elliot, incluyendo niños en tutús y adultos, bajo el título rojo "BILLY ELLIOT"
La compañía de Billy Elliot el musical se presenta en escena, marcando su esperado estreno en Argentina

El estreno en Argentina busca continuar esa tradición de impacto y renovación. La versión local, a partir de mayo, suma un nuevo capítulo a esta conquista planetaria, llevando el mensaje de perseverancia y el poder transformador del arte a nuevas generaciones.

Billy Elliot llega a Buenos Aires
La reconocida actriz y cantante expresa sorpresa y emotividad al presenciar los ensayos con niños. Resalta el ambiente de compañerismo, la energía conmovedora y la profesionalidad que emergen en cada función del elenco teatral

“Nunca vi tanto talento junto en esos cuerpitos tan chiquititos”, soltó Graciela Pal al salir de un ensayo de Billy Elliot, para conversar con Teleshow.

La actriz y cantante, quien interpretará a la abuela de Billy, se detuvo frente al estudio y repitió el asombro: “Vivo con la piel de gallina y conmovida de tanto talento”. La frase quedó flotando en la sala, mientras los niños del elenco cruzaban el escenario en silencio.

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Billy Elliot llega a Buenos Aires
La artista, comparte la emoción constante experimentada en cada ensayo. Explica cómo la obra inspira orgullo y despierta sentimientos profundos en quienes participan junto a nuevas generaciones

El musica de Billy Elliot tendrá su estreno enel mes de mayo en Argentina. Pal contó que la experiencia de compartir el escenario con niños y adultos le resulta “movilizadora”, además subrayó que el trabajo colectivo afecta a todos los involucrados, en esta hermosa obra.

—¿Qué te genera estar a punto de estrenar la obra?

—No sabés cuanto me moviliza, me estremece, todos estámos emocionados de ver a estas criaturas maravillosas. Tenemos mucho talento en la Argentina y es maravilloso, un orgullo para mí partcipar de este acontecimiento mundial.

Billy Elliot llega a Buenos Aires
Graciela Pal destaca la calidad y el compromiso de los niños del elenco de Billy Elliot durante los ensayos

—¿Cómo es trabajar con estos niños y con el equipo de producción?

—Con talento como decía antes, y amor. El equipo de producción y los creativos son nuestros, Rubén Szuchmacher, director general, Gaby Goldman, director musical. Y por supuesto toda la gente que trabaja en vestuario, los músicos, escenógrafos…todos y son muchísimos que lo hacen posible el trabajo.

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—¿Qué te dicen los chicos al compartir escenario con vos?

—Unos chicos a veces me dicen: “Te escucho la canción y lloro”, y me emociona produndamente. Son lindos, estudiosos, profesionales, cariñosos. Es un aprendizaje permanente que el público lo merece.

—¿Cómo vivís la expectativa y los nervios antes del estreno?

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—Siempre tenés ese nervio actoral, gracias a Dios. Estoy ansiosa pero a la vez estoy disfrutando mucho de esta etapa.

Billy Elliot - Teatro Opera
Joaquín Mondino, el santafesino de 12 años elegido para interpretar a Billy Elliot Crédito: Jaime Olivos

Pequeños grandes talentos: el santafesino elegido para interpretar a Billy Elliot

Joaquín Mondino es uno de esos grandes talentos en cuerpos chiquitos de los que hablaba Graciela Pal. El joven cantante y bailarín santafesino, de apenas doce años, también habló con Teleshow de su emoción tras ser seleccionado como Billy Elliot.

—¿Cuánto hace que te dedicás a la actuación y al canto?

—Hace más o menos seis años que esto me viene gustando mucho. Yo soy de Santa Fe, capital, y empecé a estudiar en una academia a estudiar ballet y contemporáneo. Después me fui con Chola Almirón a estudiar teatro, y con Ricardo Alfonso, seguí formándome en lo que es ballet. A mí, de grande, me gustaría mucho seguir en la parte de actoral.

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—¿Cómo llegó la posibilidad de hacer el casting?

—Yo quería participar para una obra o para una publicidad. Quería hacer un casting porque yo se lo estaba pidiendo a mi mamá. Hasta que apareció lo de Billy…que a ella le llegó por una amiga que se lo mandó. Me puse a investigar, pero faltaban solo dos semanas para que termine la audición, para que no llamen a más chicos.

Billy Elliot - Teatro Opera
El proceso de audiciones y capacitación de los niños en Buenos Aires incluyó castings rigurosos y formación integral en baile, canto y actuación
Fotos: Jaime Olivos
Billy Elliot - Teatro Opera
La ilusión de vivir la historia de Billy Elliot une a niños y adultos en el escenario argentino
Foto: Jaime Olivos

—¿Te preparaste?

—No pude hacer nada, no tenía tiempo, a diferencia de otros chicos que estuvieron como un año y medio preparándose. Mandé un video superimprovisado desde Córdoba porque estaba de vacaciones. Lo grabé más de veinte veces, seguro. (se ríe)

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—¿Y después de mandar el video?

—Me quedé, fui seleccionado, y fui pasando cada etapa, dos presenciales, hasta que nos avisaron que quedamos. Ahí quedé en la escuelita de formación de Billy Elliot.

—¿Cuántos Billy va a haber en la obra?

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—Va a haber tres Billy Elliot principales y dos reemplazos. Yo soy uno de los principales y los reemplazos también hacen de otros personajes, como el hijo del carnicero, y otros…

Billy Elliot llega a Buenos Aires
El mensaje de perseverancia y transformación artística de Billy Elliot llega a nuevas generaciones en Argentina

—¿Viste la película?

—Era muy chiquito, la vi como cuatro veces. Me encantaba. Siempre me acuerdo de una escena en la que Billy estaba en la clase de danza, saltando, y esa escena me quedó grabada para siempre.

—¿Te mudaste a Buenos Aires?

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—Hace más o menos una semana me mudé acá, porque todo el año pasado estuve viniendo por la escuelita de Julio Bocca, de jueves a domingo. El domingo volvía a Santa Fe y el jueves volvía a Buenos Aires. Hice eso desde mayo hasta diciembre del año pasado.

Billy Elliot - Teatro Opera
El musical Billy Elliot estrena en mayo en Argentina con un elenco de talentos infantiles y adultos, apostando por la emoción y la excelencia artística
Foto: Jaime Olivos
Billy Elliot - Teatro Opera
La adaptación argentina de Billy Elliot mantiene la esencia de la historia británica y suma identidad local
Foto: Jaime Olivos

—¿Sentís que cumpliste un sueño?

—Yo creo que sí, que significa algo muy importante para mí. Sí, a mí me encanta lo que hago y cumplí un sueño que fue muy inesperado, pero que sabía que lo podía hacer.

—¿Qué dicen tus padres, tus hermanos?

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—Mi familia todavía no se lo termina de creer. Mi mamá y mi papá, hermano, mis abuelos, mis tíos, todos me acompañan. Mi mamá tuvo que dejar el trabajo, básicamente para acompañarme a mí, y eso lo agradezco un montón.

—¿Cómo es la energía entre ustedes en la obra?

—Con todos los del elenco, porque no hay grupitos, sino que todos somos amigos de todos. Hasta con los adultos. Es muy buena la energía, genial la vibra que hay entre nosotros.

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Billy Elliot llega a Buenos Aires
El coreógrafo y bailarín narra la exigencia y el singular proceso de formación de los intérpretes jóvenes. Comparte su experiencia innovadora preparando a los niños protagonistas para un espectáculo de alto nivel internacional

El maestro y coreógrafo Gustavo Wons cuenta a Teleshow sobre la selección entre cientos de niños y jóvenes: “Los Billy es el personaje que tiene que bailar ballet, que bailar tap, tiene que cantar y actuar. Y eso, hay varones, pero no hay tantos varones que empiecen tan chiquitos. Entonces, hicimos muchos casting y elegimos un grupo de gente y bueno, y la capacitamos. Empezamos el año pasado. No había manera de encontrar a alguien que maneje las cuatro áreas”, relató Wons, sobre el desafío de montar el musical Billy Elliot en Buenos Aires.

—¿Cómo llegaste al proyecto de Billy Elliot?

—Yo a Diego Romay lo conozco, trabajé con él en otra obra, hace muchos años. Me dijo hace un par de años que estaba detrás de esta obra y al final cuando se concretó, me llamó.

Billy Elliot - Teatro Opera
Gaby Goldman, director musical, Rubén Szuchmacher director general y Gustavo Wos, coréografo
Foto: Jaime Olivos

—Inevitable hacer conexión con tu propia carrera…

—Claro, pero va más allá del bailarín, a mí me conecta porque es lo que me pasó en la vida, pero en toda profesión, es conectarse con el deseo y seguir ese deseo pese a todas las cosas que te van pasando, los inconventientes, los palos que se pongan en la rueda, las frutraciones.

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—¿Cómo fue el proceso de casting y capacitación de los niños para la obra?

—Costó, más que nada los Billy, es el personaje que tiene que bailar ballet, tap, tiene que cantar y actuar. Y no hay tantos varones que empiecen tan chiquitos. Entonces, hicimos muchos casting, elegimos un grupo de gente y los capacitamos, esto empezó el año pasado.

Billy Elliot El musical llega a Argentina
Gustavo Wons, coreógrafo del musical, resaltó el desafío de encontrar jóvenes que dominen danza, canto y actuación para interpretar a Billy

—¿Cómo es trabajar con chicos?

—Yo nunca había trabajado con pequeños, así que no tenía la menor idea de lo que iba a pasar y estaba asustado, porque algunos venían muy flojos en un área, mejor en otra. Pero como tienen todas las condiciones, y el deseo aprendieron rápido, fue increíble como absorbieron. Fue muy loco ver el progreso que hicieron todos los chicos.

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—El talento argentino en las nuevas generaciones…

—Eso me sigue sorprendiendo y eso mucha gente en la Argentina no lo sabe. Cada vez más jóvenes, tienen más pasión por el arte.



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Sofía Solá relató el accidente que sufrió en Barcelona: “Por primera vez sentí la soledad”

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La hija de Maru Botana relató el hecho ocurrido en la ciudad española y manifestó su soledad (Video: TikTok

Hace poco menos de un mes, Sofía Solá se instaló en Barcelona para probar suerte en el terreno profesional. La hija de Maru Botana reparte el tiempo entre el trabajo en una agencia de modelos y el local que su madre tiene en la ciudad condal y desde allí mantiene informados a sus seguidores de sus actividades. Como el accidente que sufrió en las últimas horas, que no tuvo mayores secuelas en lo físico pero sí en lo sentimental.

“Seguí caminando y quería contarle a alguien lo que me había pasado. Y no podés. En el fondo, nadie sabe lo que le pasa al otro. Y a mí recién me habían atropellado, sola.” Con esa frase, Sofía resumió en TikTok lo que sintió horas después de que una moto la golpeara mientras andaba en bicicleta por las calles de Barcelona.

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El accidente fue menor en lo físico. Usaba una de las bicicletas de alquiler de la ciudad cuando el impacto la sorprendió. La policía llegó rápido, las heridas visibles se redujeron a dos raspones y el único daño que persistió fue un gemelo tensionado por la descarga de adrenalina. Después fue ella sola a la farmacia: calmantes, cremas, todo lo que encontró.

Pero lo que la descolocó no fue el dolor sino la sensación que vino con él. “Creo que fue la primera vez en todo este viaje en la que realmente sentí un nivel de susto, soledad y de necesito a mi madre”, dijo. Quiso contarle a alguien lo que había pasado y no tuvo a quién llamar en ese momento. El resto del día lo cargó con lo que ella misma llamó “muy mal feeling”, que recién cedió entrada la noche.

Sofía Solá, hija de Maru Botana, expuso detalles sobre su residencia en Barcelona y sus actividades laborales

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Hasta ese episodio, los meses en Barcelona habían transcurrido sin ese tipo de fisuras. Las bicicletas de alquiler eran parte de esa rutina nueva: una forma de moverse por el barrio, de conocer la ciudad a su ritmo y de sentirse, aunque sea en lo pequeño, parte de un lugar que todavía está aprendiendo a habitar.

También mostró el lado más mundano de vivir afuera. Combina las actividades con la agencia de modelos que la convocó, con turnos en el local que su madre tiene en la ciudad. No es la imagen glamorosa que algunos esperarían de alguien que se fue a probar suerte en el modelaje europeo: es una agenda partida entre castings y mostrador, entre fotos y trabajo de local. Esa combinación generó preguntas entre sus seguidores. Algunos cuestionaron que se presentara como modelo sin una carrera consolidada en el rubro. Sofía no esquivó esos comentarios: reconoció que está en un momento inicial y que construir algo en ese mundo lleva tiempo.

La decisión de mudarse no fue impulsiva ni repentina. El año anterior había estado a punto de irse, pero algo no cerraba. “Me di cuenta que me estaba yendo de Buenos Aires por un sentido de escapatoria… me quería ir buscando una nueva experiencia y nada peor que irte a un viaje en busca de nada”, explicó. Ese freno fue, paradójicamente, lo que terminó empujándola hacia adelante.

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La joven influencer comenzó un nuevo camino en su vida en la ciudad española y compartió con sus seguidores sus primeras horas (Video: Tik Tok)

El proceso tuvo un sostén concreto: la terapia. Desde ese trabajo personal empezó a encontrar en las redes y en el modelaje algo que la apasionaba de verdad. “Cuando empecé a estar más en lo que es el trabajo de influencer y modelo, me di cuenta que era todo un trabajo que a mí me encanta y me fascina”, contó.

La oportunidad concreta llegó en enero, cuando una agencia de modelos de Barcelona la convocó a una reunión. Fue seleccionada y decidió mudarse por unos meses para probar suerte. Viajó con miedo y con entusiasmo a partes iguales, consciente de que no tenía garantías de nada. Y la realidad se lo demuestra día a día.

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Lo que el accidente dejó al descubierto fue algo más cotidiano que la fragilidad: que elegir irse y sostener esa decisión con convicción no cancela los momentos en que la distancia pesa de una forma que no tiene con quién repartirse. “Estoy viva”, escribió casi para recordárselo a sí misma. Ese día, la única compañía disponible fue un bolso con calmantes y cremas. Y alcanzó.

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Qué significa que una persona necesite tener siempre la última palabra, según la psicología

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Hay personas que no pueden dejar una discusión abierta. Aunque el tema sea mínimo, necesitan sumar una frase más, corregir un detalle, responder una ironía o cerrar el intercambio con una frase definitiva. Desde afuera, esa actitud suele verse como orgullo, terquedad o ganas de ganar. Sin embargo, en muchos casos, detrás de esa conducta hay algo más profundo que una simple manía, según la psicología.

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La necesidad de tener siempre la última palabra puede estar vinculada con una fuerte búsqueda de control. Para algunas personas, que otro cierre la conversación se vive como una pérdida de poder, una señal de derrota o una sensación incómoda de quedar expuestas. Por eso, aunque el intercambio ya no aporte nada nuevo, necesitan intervenir una vez más para sentir que recuperan el mando de la situación.

También puede aparecer cuando alguien se siente cuestionado. Ante una crítica, una diferencia de opinión o una observación incómoda, ciertas personas reaccionan a la defensiva. No necesariamente porque tengan razón, sino porque interpretan el desacuerdo como un ataque personal. En ese punto, la última palabra funciona como una especie de escudo: sirve para proteger la imagen propia, evitar la vergüenza o no quedar en un lugar vulnerable.

Otra clave es la dificultad para tolerar la incertidumbre. Hay quienes necesitan que todo quede ordenado, explicado y cerrado según su propia mirada. Si la otra persona no acepta su punto de vista, sienten que la conversación quedó mal terminada. Entonces insisten, repiten argumentos o buscan una frase final que les dé alivio momentáneo.

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El problema es que esa necesidad puede desgastar los vínculos. Cuando una charla se convierte en una competencia por ver quién cierra mejor, deja de haber escucha real. La otra persona puede sentirse invalidada, cansada o poco tenida en cuenta. Y lo que empezó como una diferencia común termina transformándose en una pelea de poder.

Tener la última palabra, entonces, no siempre significa tener seguridad. Muchas veces puede mostrar lo contrario: miedo a perder lugar, dificultad para aceptar otros puntos de vista o una necesidad intensa de sentirse reconocido.

Qué señales pueden aparecer en una persona que siempre necesita cerrar la discusión

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  • Interrumpe o responde rápido cuando siente que la contradicen.
  • Le cuesta aceptar que otra persona piense distinto.
  • Repite el mismo argumento aunque la conversación ya esté agotada.
  • Confunde desacuerdo con ataque personal.
  • Necesita corregir detalles menores para no “perder” la charla.
  • Usa frases finales tajantes para marcar superioridad.
  • Se incomoda cuando el otro decide no seguir discutiendo.
  • Busca tener razón más que entender lo que pasa en el vínculo.

La última palabra puede parecer una muestra de carácter, pero muchas veces habla más de una incomodidad interna que de una verdadera fortaleza. Aprender a retirarse de una discusión sin cerrar todo a la fuerza también es una forma de seguridad emocional: no siempre hace falta ganar una conversación para conservar el propio lugar.

 

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El desafío de abrir un teatro en la Argentina: Almagna, la apuesta de Gastón Cocchiarale en tiempos adversos

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Gastón Cocchiarale (centro), flanqueado por Juan José Campanella (izquierda) y Eduardo Blanco (derecha), celebra la apertura de su nuevo espacio cultural, el Teatro Almagna

Hay proyectos que nacen como una necesidad artística. Y hay otros que parecen responder a algo más profundo: una forma de resistir, de dejar una huella, de construir un refugio para quienes todavía creen que el teatro puede cambiar una vida. En medio de un tiempo áspero para la cultura argentina, el actor, director y maestro de actores Gastón Cocchiarale decidió dar un paso que combina riesgo, pasión y convicción: abrir las puertas de Almagna, una nueva sala teatral en el corazón de Almagro, uno de los barrios donde el teatro independiente todavía late como un corazón obstinado.

Ubicada sobre Guardia Vieja 3783, entre Bulnes y Mario Bravo, aparece como una declaración de principios en una Buenos Aires donde cada persiana que se levanta para hacer arte parece desafiar la lógica de la época. La sala, con capacidad para cien espectadores, no es únicamente un teatro: es también un espacio cultural con salas de ensayo, un punto de encuentro para artistas y la nueva casa de “Creer es Crear”, la escuela de formación actoral fundada por Cocchiarale, que hoy reúne a más de 250 alumnos.

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La inauguración tuvo un gesto cargado de simbolismo y emoción: Guillermo Francella participó del evento y le dio nombre a la sala principal. No fue un homenaje casual. Para Cocchiarale, Francella representa mucho más que un colega admirado. “Fue quien me generó el deseo de ser actor”, confesó en una charla íntima con Teleshow, con una mezcla de gratitud y emoción que atraviesa toda su historia.

“Emprender ya es difícil. Emprender en este país es todavía más difícil. Y emprender en el arte en este país es triplemente costoso”, resumió al recordar los trece meses de obra ininterrumpida que demandó levantar Almagna junto a su socio, Jorge García. Pero detrás del cansancio aparece algo que en su relato se repite como una pulsión constante: la pasión. “Cuando uno tiene vocación y está enamorado de lo que hace, ningún obstáculo termina de derrotarlo”, sostuvo.

Dos hombres, Guillermo Francella con abrigo gris y bufanda negra junto a Gastón Cocchiarale con traje negro, sonríen frente a una puerta oscura
Gastón Cocchiarale posa junto a Guillermo Francella en la inauguración de Almagna, el nuevo espacio teatral de Argentina que desafía la situación cultural.

Las palabras no suenan vacías. Durante más de un año, el actor convivió con albañiles, planos, ensayos, clases, producción y funciones mientras seguía sosteniendo su carrera actoral. “Tuvimos una línea muy clara de lo que queríamos y cómo lo queríamos”, explicó sobre el proceso que comenzó hacia fines de 2024 y terminó convirtiéndose en un nuevo polo teatral dentro del circuito independiente porteño.

“Tuvimos la fortuna de que entre los dos hicimos un gran equipo y en base a eso pudimos tener trece meses de obra en construcción desde fines del 2024, que empezamos el proyecto, hasta marzo de este año, que inauguramos de alguna manera, primero con clases de mi escuela y de a poquito se fueron incorporando las obras, las funciones que ahora, si Dios quiere, durante todo el mes de mayo y junio terminaremos de tener toda la programación ya instalada y en cartel para que la gente pueda venir a disfrutarla”, destacó

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Pero detrás del entusiasmo también aparece la preocupación por el presente cultural argentino. Cocchiarale no esquivó el tema. “Es un momento muy frágil de la cultura en la Argentina”, dijo. Y fue más allá: “Tenemos un Gobierno que ataca de manera agresiva a la cultura, al teatro, al cine y a todo lo que tiene que ver con nuestro ecosistema cultural”. Lejos de quedarse únicamente en la crítica, imaginó otro escenario posible: “Creo que el Estado, el sector privado y los sindicatos podrían trabajar en equipo para reconstruir una industria audiovisual grande como la que tuvimos durante tantos años”.

Sin embargo, incluso en ese contexto, eligió apostar. Y esa decisión tiene raíces profundas en su propia identidad artística. Desde muy joven, mientras trabajaba en producciones masivas y populares, nunca abandonó el circuito independiente. “Nunca me gustó depender del mercado ni de la industria”, aseguró. “Desde los veinte años acompañé mi recorrido comercial con mis propias obras, escribiendo, dirigiendo y produciendo”.

Interior de un teatro pequeño con butacas vacías de color vino tinto, escaleras centrales y un escenario oscuro con telones negros y luces superiores
Vista interior del teatro Almagna, la nueva propuesta cultural de Gastón Cocchiarale, listo para recibir a su público

Almagna aparece entonces como una especie de culminación natural de ese recorrido. Un lugar donde puede desarrollar proyectos sin pedir permiso. “Tener una sala propia no me limita a la hora de pensar qué quiero hacer”, explicó. Y en esa frase parece condensarse gran parte de su filosofía artística.

Cuando habla del futuro de la sala, evita pensar en términos elitistas. Su deseo es construir un espacio donde convivan prestigio y popularidad. “A mí me interesa muchísimo combinar lo prestigioso con lo popular”, afirmó. Y mencionó como referencias a salas emblemáticas del circuito como Timbre 4, El Camarín de las Musas y Dumont 4040.

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En su mirada, el teatro independiente todavía arrastra una deuda pendiente: salir de la lógica endogámica. “Muchas veces los teatristas hacemos teatro para los teatristas”, reflexionó. Y enseguida marcó su deseo de romper con eso: “Me gustaría construir un teatro independiente más masivo, que logre llegar al gran público”.

La idea de Almagna parece apoyarse justamente sobre esa búsqueda. Que pueda convivir una figura reconocida con alumnos de la escuela. Que un espectador habituado al teatro experimental comparta butaca con alguien que simplemente busca salir una noche a ver una buena obra en el barrio. “Quiero que la gente sepa que puede gustarle más o menos lo que vea, pero que siempre se va a encontrar con estándares de excelencia”, explicó.

Tres hombres sonríen y posan juntos en un escenario oscuro con focos de luz; uno de ellos sostiene un cartel que dice "SALA Guillermo Francella"
Gastón Cocchiarale celebra la apertura de Almagna, su nuevo teatro, posando con Guillermo Francella y Jorge García, su socio.

Detrás de esa estructura hay un entramado humano enorme. Cocchiarale habla de sus equipos con la misma pasión con la que habla del escenario. Nombra a Juli de Moura como su “mano derecha” en la escuela, a Thea Contreras como pieza fundamental en la producción de ALMAGNA, a Natalia Proto y Jorge García en la administración cotidiana, a Maru Blanco —su pareja— al frente de los proyectos audiovisuales y a otros colaboradores que sostienen el funcionamiento diario de cada área.

“Soy un actor que se puso un teatro”, sintetizó en una definición que parece explicarlo todo. Porque aunque hoy dirija, produzca, enseñe y gestione, sigue pensando su vida desde el lugar más íntimo: el del intérprete. “La raíz de todo esto es mi parte actoral. Y eso no pienso perderlo bajo ninguna circunstancia”.

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Mientras inaugura la sala, además, continúa girando por el país con “Empieza con D… siete letras”, la obra de Juan José Campanella que comparte junto a Eduardo Blanco, Vicky Almeida y Maru Zapata. Rosario, Mar del Plata, Mendoza, La Plata, Quilmes y Ramos Mejía son algunas de las ciudades que recorrerá en las próximas semanas.

Pero si hay un nombre que atraviesa emocionalmente toda la historia de Cocchiarale es el de Guillermo Francella. La admiración comenzó cuando era apenas un chico que veía una y otra vez películas como Extermineitors o Los bañeros más locos del mundo. Más tarde llegó la posibilidad de compartir set en El Clan, donde interpretó a uno de los hijos del clan Puccio.

Guillermo Francella sonriente y saludando con la mano levantada, sostiene un cartel que dice 'SALA Guillermo Francella' junto a Gastón Cocchiarale en un escenario oscuro
Guillermo Francella saluda al público junto a Gastón Cocchiarale en la inauguración de la Sala que lleva su nombre en el teatro Almagna, un nuevo espacio cultural en Argentina.

“Yo tenía 21 años y estaba trabajando con alguien que había sido mi gran inspiración”, recordó. De aquel rodaje nació una relación cercana que con el tiempo se transformó en mentoría. “Cuando no quedaba en un casting, él siempre tenía palabras de aliento. Y cuando me iba bien también”, contó emocionado.

Años después, el propio Francella lo recomendó para integrar el elenco de El Encargado. “Que Guillermo haya pedido por mí fue un voto de confianza enorme para mi carrera”, reconoció. Por eso, cuando llegó el momento de bautizar la sala principal de Almagna, no hubo dudas. “Fue alguien absolutamente transversal a mi carrera y a mi vida”.

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Quizás el momento más íntimo de toda la conversación apareció al final, cuando pensó en aquel chico de Ramos Mejía que soñaba con actuar. “Imaginaba poder vivir de actor. Pero jamás todo esto”, confesó. A los 34 años, Cocchiarale no solo logró consolidarse en televisión, cine y teatro: también construyó una escuela, dirigió decenas de proyectos y abrió su propia sala teatral.

Eduardo Blanco, hombre de cabello y barba gris, ríe mientras abraza por el cuello a Gastón Cocchiarale, de espalda con barba oscura
Eduardo Blanco abraza a Gastón Cocchiarale con una carcajada, celebrando la inauguración del Teatro Almagna

«Creo que ese niño que deseaba ser actor no se imaginaba ni por casualidad a esta edad haber cumplido tantos sueños y tantos deseos. Y me tiene muy feliz eso, obviamente, porque sé que es una carrera muy difícil, que es para pocos, que poder vivir de lo que uno ama es un privilegio enorme. Entonces disfruto permanentemente todo lo que me va pasando, el paso a paso de mi recorrido, de mi carrera, y estar hoy donde estoy la verdad que me llena de una enorme felicidad», explicó al mirar hacia su propio pasado.

Entonces hizo una pausa y dejó una frase que parece resumir toda su historia: “Creo que ese niño que alguna vez fui debe estar orgulloso de todo lo que fue logrando el Gastón adulto de que nunca abandoné su sueño, que contra viento y marea siempre traté de respetármelo».



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