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El “respiro frágil” de Milei: el oficialismo finge demencia, abraza la interna y se ilusiona con la economía

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Javier Milei apareció en el balcón más famoso de la Casa Rosada con cara sonriente, semblante relajado y ya sin el saco que lo había acompañado durante la celebración del 25 de Mayo. No se lo anticipó a ninguno de sus colaboradores más estrechos, pero estaba a punto de encarar una misión política compleja que nada tenía que ver con saludar a los seguidores que se habían acercado a Plaza de Mayo. Primero buscó a Santiago Caputo. Después a Martín Menem. Los rodeó con los brazos, los acercó a su cuerpo y les regaló, en cuestión de segundos, un respaldo público que iba a dar que hablar. Fue una escena breve, pero cargada de sentido. El Presidente no tenía que abrazar a dos de sus más importantes dirigentes; tenía que abrazar una interna. Eso sí: a cada uno lo palmeó por separado y no hubo ni un intento de generar una charla compartida; aunque venían de una celebración religiosa en la Catedral Metropolitana, ni Dios le otorga ciertos milagros a La Libertad Avanza y sus problemas de familia.

Desde un rincón del Salón Eva Perón, que funciona como el punto de acceso directo al espacio que vio nacer el “Día de la Lealtad” y a Diego Maradona levantar la Copa del Mundo, uno de los ministros que observó los movimientos de Milei, Caputo y Menem desde otra perspectiva visual compartió una reflexión espontánea a otro miembro del oficialismo. “Está todo roto y va a seguir estando todo roto, pero esto va a ayudar a bajar un poco los decibeles”, le dijo. Sin hacer ninguna mueca extraña para no despertar suspicacias, su interlocutor asintió con la cabeza y buscó su silla para encarar la reunión de gabinete que arrancaba en ese mismo instante y que se iba a extender durante una hora. Como era de esperar, ese día no hubo ninguna referencia a peleas intestinas.

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Con su gesto del feriado patrio, Milei no estaba forzando una reconciliación: simplemente estaba agitando una bandera blanca. Venía de jornadas extenuantes en las que los roces en el corazón del poder no solo habían pasado el umbral de lo razonable sino que habían tapado todos los intentos de retomar el control de la agenda. El asesor sin cartera con sus “fuerzas del cielo” y los karinistas hermanos Menem se habían tirado misiles teledirigidos y convertido cada tuit, cada declaración y cada filtración en una intensa batalla por la botonera violeta. Por eso, el mandatario puso orden a su manera. “Si se tienen que matar, no lo hagan delante de las cámaras ni tan a la vista de todos en las redes sociales”, fue el mensaje que pareció decodificar el ecosistema libertario. ¿Cuándo puede estallar el próximo conflicto? Misterio.

Javier Milei, Santiago Caputo y Karina Milei, el Triángulo de Hierro reeditado

Con el tono que se dejó seteado el lunes y las aguas más calmadas, el Presidente tuvo una semana menos mala, pero no necesariamente buena. El Gobierno, admiten en el primer piso de Rosada, consiguió un “respiro frágil pero táctico”: gestualidad de unidad, señales económicas algo más amigables, una nueva tanda de encuestas que sugieren que la caída en la aprobación popular podría haber encontrado un piso, una oposición dispersa y menor ruido mediático. Aun así, en los sótanos del liberalismo siguen crujiendo los problemas y desafíos. “Debajo, la máquina sigue haciendo ruido. En el medio, continuaremos practicando el gran deporte nacional: fingir demencia”, analiza un dirigente.

Paréntesis necesario: LLA recibió con incomodidad las sentencias filosas de la homilía del arzobispo de Buenos Aires, que el propio Jorge García Cuerva amplió en una entrevista con Infobae en vivo: “Algunas situaciones de violencia que son habilitadas por los dirigentes”. La inminente confirmación de la visita del Papa León XIV a la Argentina alcanzó para mantener a raya cualquier vocación de conflicto.

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Segundo paréntesis necesario: lo que se vio en esas horas de aniversario de la Revolución de Mayo fue tan importante como lo que no se mostró. La transmisión oficial del Tedeum fue cuidadosa con algunas presencias e implacable con otras ausencias televisivas. Patricia Bullrich estuvo, pero casi no apareció y no tuvo acceso al Cabildo. Santiago Caputo tampoco fue parte del álbum posterior difundido por Presidencia. En Balcarce 50 todos saben leer esas señales.

El otro foco que quedó en pausa, pero sigue lejos de estar resuelto, es Manuel Adorni. El jefe de Gabinete atravesó este último período con bajo perfil y menor presión judicial, situación que se explica en parte por los propios tiempos del expediente por presunto enriquecimiento ilícito que tiene como juez a Ariel Lijo y por una licencia con aviso que transitó el fiscal federal Gerardo Pollicita. Con su lengua filosa enrollada, sonrió para la selfie de la “Mesa Política” pero es consciente de que está aislado y sin posibilidades reales de levantar demasiado la cabeza.

Manuel Adorni

La declaración jurada aparece ahora como el próximo punto de tensión. Adorni se tomó su tiempo: pasaron 80 días desde el inicio del escándalo y más de 20 desde que Bullrich reclamó sus números en un estudio de televisión. La Oficina Anticorrupción prorrogó hasta el 31 de julio el plazo para que los funcionarios presenten los detalles de sus patrimonios, pero cerca del golpeado vocero juran que habrá novedades antes del inicio del Mundial. Al interior del oficialismo hay más expectativas por esa presentación que por La Scaloneta: esa DDJJ podría incluir herencias varias y, una novedad, ahorros no blanqueados en criptomonedas. Si así fuera, Adorni podría acogerse al novedoso régimen de inocencia fiscal y asumir que no había puesto sobre el escritorio todo lo que tenía ahorrado antes de volcarse a la política: un relato con flancos débiles que podría liberarlo de algunas eventuales complicaciones en Comodoro Py pero que difícilmente lo ayude a recuperar aprobación popular.

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Sea como sea, Manuel Adorni no duerme de corrido: fuentes tribunalicias de primera línea dejaron trascender, acaso como un mensaje perturbador, que ya hay prueba suficiente para llamarlo a declarar antes de la feria del 20 de julio. “Incluso lo pueden indagar más de una vez si la prueba se va ampliando”, sostienen. Ese movimiento, el paso previo a un procesamiento, es desmentido por actores clave del Ministerio de Justicia. “Lijo no va a jugar tan fuerte”, dicen, sin rodeos, para que la frase llegue al magistrado.

En paralelo, el caso del coordinador de los ministros empieza a chocar con una advertencia incómoda que llegó desde el lugar menos pensado: el Fondo Monetario Internacional. Como paso previo al desembolso de los USD 1.000 millones que dejaron las reservas del Banco Central en su punto máximo desde 2019, el organismo publicó un documento en el que incluyó un apartado sobre gobernanza y anticorrupción. Si bien subraya los méritos libertarios desde diciembre de 2023 como la consolidación fiscal, la desregulación y la reducción de intermediarios en programas sociales, el FMI recordó que Argentina figuró en el puesto 36 sobre 100 en el índice de percepción de corrupción de Transparency International. Y dejó escrito un párrafo letal: “Los regímenes de declaraciones patrimoniales presentan verificación limitada, baja transparencia, publicación demorada y aplicación desigual. Los regímenes de conflicto de intereses siguen limitados por reglas poco rigurosas y una débil capacidad de control”. Los técnicos que responden a Kristalina Georgieva no tuvieron la necesidad de mencionar el apellido “Adorni”, pero el párrafo le calza como saco a medida.

Mientras tanto, el oficialismo mira de cerca la rosca infinita detrás de la sesión del 4 de junio en el Senado para avanzar con los primeros 73 pliegos para cubrir vacantes en la Justicia. Sin embargo, terminó metiéndose en un nuevo terreno delicado: el pedido de retiro de la postulación de María Verónica Michelli para integrar el Tribunal Oral Criminal Federal 3 de La Plata encendió una alarma política e institucional. La candidata había superado las instancias del Consejo de la Magistratura, había sido incluida en la terna y su nombre había sido enviado por el propio Gobierno. El problema no apareció en su currículum sino en su árbol familiar: es cuñada de Hugo Alconada Mon, periodista que La Libertad Avanza ubica, sin demasiado disimulo, dentro del 95% de su lista negra.

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Patricia Bullrich será determinante en el Senado mientras su nombre suena en el círculo rojo pensando en 2027 (Comunicación Senado)

“Fue una orden directa de Karina a Juan Bautista Mahiques”, reconocen en la Cámara alta. El episodio puso en pie de guerra a aliados del PRO, de la UCR y de partidos provinciales. “La trayectoria de la jueza, de más de 30 años, es intachable. Por eso esta decisión nos llama la atención”, dijo Martín Goerling Lara, jefe de bloque de los amarillos. Se avizoran tensiones y un final demasiado abierto que requerirá pericia por parte de Patricia Bullrich.

“Hay que ver lo que hace Pato, porque en definitiva siempre juega su propio partido”, temen en Olivos. Y no exageran: por más que desmintió con ironía versiones sobre una postulación presidencial en 2027, sabe a la perfección que su nombre circula en conversaciones privadas del Círculo Rojo, reuniones con empresarios, dirigentes de distintos espacios y consultores variopintos. Es eso o la jefatura de Ciudad de Buenos Aires, juran los bullrichistas. Y agregan que la vicepresidencia no es una opción: “Miren a Victoria Villarruel; no le sirvió de nada”.

Mauricio Macri también volvió a dejar señales. Su “voy a volver a cantar” durante un encuentro con dirigentes del espacio que comanda fue una broma que dejó abierta la chance de una candidatura. Algo parecido, aunque desde otro lugar, intenta Sergio Massa: en el peor de los casos, subirse el precio para cobrar caro cualquier acuerdo.

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La Casa Rosada, en este contexto, se aferra a dos datos que le permiten respirar. El primero es político: algunas encuestas sugieren que durante mayo se interrumpió el deterioro de los indicadores de opinión pública vinculados al Gobierno. No hay euforia, pero sí una sensación de piso después de varios meses de caída. Un ejemplo: según el estudio recién salido del horno de Atlas Intel, consultora internacional que tuvo aciertos precisos en las elecciones 2023 y 2025, la aprobación de Milei rebotó 4,4 puntos porcentuales en mayo para quedar en 39,9% (el mes anterior había sido de 35,5%) con una desaprobación de 58,3% (antes 63%). El primer mandatario recibió también los números actualizados de Aresco, de Federico Aurelio, con guarismos similares y misma tendencia.

Mauricio Macri, cada vez más activo

El segundo dato relevante es económico: el desembolso del FMI, la mejora de reservas, algunos indicadores de actividad y la inflación en una senda nuevamente descendente le permiten a Milei insistir con la idea de que la economía terminará ordenando la política. El inconveniente es que el “alivio” todavía no se siente de forma pareja en la vida diaria. En el último sondeo de Synopsis, de Lucas Romero, la preocupación por los salarios bajos (47,1%) y la caída del empleo (18,7%) aparece por encima del Índice de Precios al Consumidor como angustia cotidiana. Ese reporte incluye otra arista a monitorear: el descenso pronunciado del “núcleo duro” libertario; solo un 12,4% asegura que “le gusta todo” del Presidente, aunque hay que sumar otro 29,3% que no está completamente conforme con su gestión pero no ve una alternativa mejor.

¿Cambia la estrategia libertaria? “Tenemos que recaudar más; seguir generando superávit vía ajuste ya es muy difícil”, fue una de las frases de Luis Caputo que no pasó de largo entre los hombres y mujeres que caminan los pasillos del poder. Traducción política: la motosierra ya no corta como antes; o, al menos, cada nuevo corte tiene más costo social.

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Así las cosas, Milei está ciegamente convencido de que la economía le terminará dando la razón. “Si hacemos un buen gobierno, vamos a lograr la reelección. Y si hacemos un gobierno que no merece ser reelecto, no seremos reelectos”, dijo en estos días, con una mezcla de fatalismo liberal y desapego electoral que desespera a quienes viven midiéndose los músculos. En esa pelea, el mandatario parece estar más allá: es, o intenta ser, un líder político distinto, también en ese nivel. Cuando escucha ese tipo de reflexiones, en cambio, Karina Milei se agarra la cabeza.

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A quince meses de las elecciones, Milei abrió la campaña: discurso repetido y toque nacionalista

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A quince meses de las elecciones, Javier Milei acaba de abrir la campaña oficialista con un compacto de consignas. El paquete de proyectos encabezado por la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central y el DNU sobre política migratoria -con el pretexto de enfrentar una “campaña antiargentina”- describen el ensayo inicial: vuelta al dañado discurso “anticasta” y un toque de nacionalismo a explotar sin miramientos. Un conjunto que, a la vez, reproduce el intento de ganar los primeros renglones de la agenda política, más allá de internas, con la necesidad de salir del empantanamiento en el Congreso y de correr el foco de la economía.

No es poco, como está a la vista, lo que proyecta como prueba para el oficialismo. De entrada, expone lo lejos que quedaron las especulaciones que se hacían trascender desde el propio Gobierno sobre un posible cambio de humor social. Se especulaba con una mezcla de hechos ajenos y propios, es decir, el Mundial y el reacomodamiento de gestión, después de la salida de Manuel Adorni y el reemplazo por Diego Santilli. El Presidente acaba de dejar un mensaje también en este terreno: ratificó su gesto hacia el caído funcionario y lo hizo en los umbrales del reinicio de la actividad judicial, que podría reponer el tema.

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Es probable que el Gobierno haya advertido el desvanecimiento de la referida idea sobre el clima postmundialista, acompañado por una serie de datos económicos al menos preocupantes -actividad general, consumo- apenas pasada la difusión del índice inflacionario a la baja en junio. Puede que no se haya tratado de pasos alineados de manera planificada, pero resultó evidente el hilván electoral que unió el DNU mencionado y la cadena nacional sobre el proyecto para el Banco Central.

En el inicio de la semana, Milei había producido una fuerte carga de descalificaciones contra Lula da Silva que sacudió la relación diplomática con Brasil. Ese pico de tensión se fue atenuando, aunque tuvo una estribación para la narrativa local. El Presidente ya había empezado a escribir otro capítulo, con la peor letra dejada por el Mundial, la de la “campaña” externa contra el país. Dijo que Brasil era uno de los principales motores de esa movida internacional -en rigor, lamentables declaraciones de algunas figuras del espectáculo y expresiones en algunos medios y redes- y, como a la pasada, incluyó en la misma línea a México, que le respondió con prudencia pero de manera expresa.

El hilo fue retomado sin demora. El Gobierno dispuso un DNU para modificar la ley de Migraciones: medidas apuntadas a extranjeros que expresen mensajes de odio contra argentinos o directamente contra el país. Podría impedir ingresos o decidir expulsiones. Por supuesto, antes que debatir sobre la puerta que podría abrir un texto de esta naturaleza -impreciso-, los cuestionamientos hicieron centro en el dictado de un decreto de esta naturaleza sin que existan condiciones excepcionales que lo justifiquen. Tema para el Congreso y posiblemente para la Justicia. Tal vez lo que haya interesado es el título en los medios.

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Se verá cómo sigue y si hay debate o si la norma queda al costado del camino por algún recurso judicial. De todas maneras, es un elemento asociado a lo que dentro del oficialismo suelen mencionar como “batalla cultural” y que, de hecho, asoma como una pincelada de inicio de campaña para el plan reeleccionista. Más preciso resultó el mensaje presidencial sobre el proyecto de reforma de la Carta Orgánica del Banco Central. El oficialismo se entusiasma con las chances de la iniciativa en el Congreso. Antes, más allá de ese trámite y de las consideraciones de fondo sobre el texto, Milei se encargó de retomar el discurso de batalla política.

Victoria Villarruel, en sesión del Senado. La semana que viene vuelve la actividad

El Presidente estuvo acompañado por el equipo económico y político: Luis Caputo, Santiago Bausili, Karina Milei, Diego Santilli, Martín Menem, Patricia Bullrich, entre otros. Y más allá de la postal esperable, buscó darle de entrada un sentido fundacional al proyecto, algo que no es novedoso en el oficialismo ni resulta original en política.

Dijo que las reformas impulsadas por el Gobierno son las “más importantes de los últimos 91 años”. De hecho, tomó el tiempo transcurrido desde la creación del Banco Central, pero le dio un giro más amplio. Forzó un común denominador para casi un siglo, que incluye gobiernos democráticos y dictaduras, gestiones conservadoras, populistas de diferente sello, progresistas, regresivas. Milei busca mostrarse también así como algo nuevo, que da vuelta la historia. Lo dicho: pretensión fundacional.

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Atado a ese giro, retomó el discurso “anticasta”, dañado en más de dos años de gestión por diferentes razones y no sólo por el caso Adorni. Milei dijo entre otras cosas que el proyecto sobre el Banco Central “viene a poner fin a la estafa de falsificar dinero para financiar la alta política”. Lo repitió en otros párrafos de su mensaje, hablando de estafa o robo, siempre como juego del poder político.

El Presidente trató de colocarse así como ajeno a “la” política y refundador nacional. Hubo, además, un tercer elemento que completó el tono de campaña: la confrontación con Cristina Fernández de Kirchner. Apuntó contra Mercedes Marcó del Pont y dijo que junto a CFK le “robaron” al Banco Central unos 10.000 millones de dólares. Se supone que aludió al endeudamiento. Y resultó claro que no buscaba discutir enfoques, sino sumar una pincelada de campaña.

El proyecto en cuestión ya fue enviado a Diputados. Se suma unos días después de haber sido girada la segunda entrega de Inocencia Fiscal, un complemento especialmente reclamado por Economía. El Senado no recibió nuevas iniciativas. Tiene bastante con su acumulado: inviolabilidad de la propiedad privada, reforma electoral, recorte de subsidios al gas en zonas frías, RIGI II, etiquetado frontal, entre otras.

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La primera y repetida prueba será la semana que viene con propiedad privada. Lleva varios fracasos del oficialismo y no está claro aún si tiene número, en especial para el punto de la venta de tierras a personas o empresas extranjeras. Existen reparos de algunos dialoguistas como la UCR. Y nadie desconoce la crítica particularmente dura de la Iglesia Católica, por intermedio de la Pastoral Social.

El Gobierno necesita revertir el cuadro de demoras y hasta de freno a sus proyectos. Durante meses, ese estancamiento fue atribuido a las tensiones y malestar generados por el caso Adorni. El tema, al menos en ese plano, no cuenta ahora. Las negociaciones consideradas cruciales, con gobernadores y espacios aliados, mezclan cada vez más recursos y planes electorales. El paso del tiempo pudo haber modificado aquel paño de juego, pero suma cartas costosas.

No ayudan las internas, las del círculo más cercano a Olivos y las del Congreso. La serie suma en estas horas el áspero cruce entre Santilli y Victoria Villarruel. Más allá de las aclaraciones hechas desde el oficialismo -hubo apuro por transmitir que no se trata de algo planificado, y definitivo-, suma el ingrediente institucional a la cocina libertaria. No es normal que un jefe de Gabinete le sugiera que renuncie a la vicepresidenta.

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Guerra entre el Gobierno y Villarruel: una escalada no planeada en la que Santilli tiene el respaldo de Milei

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En el Gobierno nadie salió a repetir o bancar ayer el pedido de renuncia que le hizo públicamente Diego Santilli a Victoria Villarruel, pero puertas adentro todos coincidían en que dijo lo que muchos piensan y no se animaban a decir en voz alta.

El jefe de Gabinete pidió que la vicepresidenta “dé un paso al costado” si no está de acuerdo con Javier Milei. Y la frase terminó corriendo el eje de la agenda oficial en un día que el Gobierno había diseñado para hablar de otra cosa: la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, anunciada por el propio Presidente en cadena nacional, y los anuncios de inversiones de Pampa Energía.

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La conversación, en cambio, terminó centrada sobre Villarruel, quizá la principal enemiga política de Milei hoy.

El conflicto con la vice viene de larga data, y no hay marcha atrás desde hace varios capítulos. Pero ayer, con las palabras de Santilli, escaló a un nivel inusual, que no se había planeado.

En Gobierno dicen que el ministro coordinador se mandó solo y que nadie le había pedido ni había autorizado que planteara la renuncia de la vicepresidenta. De hecho —remarcan— si hubiese sido una decisión política, la habrían intentado aplicar mucho antes. “No fue algo planeado, lo dijo porque se lo preguntaron“, reconocieron en Balcarce 50, donde no van a insistir con el planteo o llevarlo a la acción, pero tampoco van a desautorizar a Santilli.

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De hecho, deslizaron, el recientemente nombrado jefe de ministros tiene el respaldo tácito de Javier y Karina Milei en esta cruzada.Ella (por Villarruel) es anti democrática diciendo que el Presidente está loco”, sostuvieron en el entorno del jefe de Estado.

Diego está en su rol de defender al Presidente y Villarruel salió a dudar de su salud mental”, lo justificaron en la Jefatura de Gabinete. “Lo antidemocrático es que la vicepresidenta conspire contra la investidura presidencial. Si hay alguien que no puede hablar de lo democrático es ella… menos con los personajes que la rodean”, agregaron.

En el Gobierno reconocen que la frase de Santilli no estaba en ningún libreto y que la narrativa estaba planeada en torno a instalar la reforma del Banco Central como el primer capítulo de la campaña 2027.

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El desvío de agenda fue para varios funcionarios el verdadero costo de las declaraciones de Santilli. Que, si bien expresó un consenso implícito dentro del oficialismo, puesto en palabras de un funcionario de su peso generó una imagen negativa en torno al respeto a la institucionalidad. El histórico problema de Milei es que, como él, Villarruel fue electa por mandato popular. Por lo que la gravedad de pedirle la renuncia equivale a la de pedirle que renuncie al Presidente.

Además, el exabrupto de Santilli le dio a la vicepresidenta algo que hasta ahora no tenía: la marca de víctima. Con Villarruel ya posicionada como una referente opositora para la Casa Rosada de cara a 2027, la posibilidad de que apareciera como blanco de un pedido de renuncia le regaló, sin que nadie lo planificara, el rol de damnificada frente a un Poder Ejecutivo que la ataca. Un lugar que, hasta el jueves, no tenía.

La respuesta de Villarruel llegó horas más tarde, sin mencionar a Santilli por su nombre pero con destinatario inequívoco. “Uno de los exponentes de la casta política a la que nos enfrentamos en el 2023 y le ganamos, pretende causar daño a la institucionalidad y conspirar contra el orden republicano de nuestra Patria”, escribió en X. Y agregó: “Ésta fue una fórmula mixta que surgió espontáneamente para quebrar la hegemonía de estos parásitos. Sea democrático y respete el voto popular”. El posteo confirmó, en los hechos, el diagnóstico que circulaba puertas adentro del Gobierno horas antes: lejos de retroceder, Villarruel usó el mismo lenguaje que Milei suele reservar para sus adversarios —“casta”, “parásitos”— para devolverle la acusación a quien se la había hecho, y volvió a instalarse en el lugar de la que responde a un ataque, no la que lo provoca.

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Con el respaldo de la cúpula, lejos de bajar el tono, ya entrada la noche del viernes Santilli redobló la apuesta. Repitió su frase de la mañana y agregó: “Que arme su partido y compita”.

En la “Santineta”, donde ya no ocultan el entusiasmo por la candidatura bonaerense en 2027, algunos temen que su jefe se ensucie en el barro de la política libertaria y lamentan que tenga que desperfilarse hacia las formas poco sutiles de La Libertad Avanza.

Santilli ya había tenido un aparente gesto de rechazo con Villarruel, que quedó capturado en video en el acto el 9 de julio en Tucumán, durante la vigilia, donde pareció evitar saludarla adrede. En su entorno lo exculparon y aseguraron que no lo había hecho adrede. “Él no haría una cosa así, no es su estilo”, aseguraron.

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Esta vez, no hay dudas de que Santilli arremetió con artillería pesada contra la vicepresidenta a conciencia. De hecho, sus declaraciones contrastaron con los habituales cuidados a la hora de referirse a PRO o con la orden que bajó a su equipo de que eviten a toda costa meterse en la interna entre Karina Milei y Santiago Caputo.

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Un proyecto de Sturzenegger busca eliminar organismos en provincias aliadas y podría afectar la relación en el Congreso

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El Gobierno se prepara para enviar al Congreso un nuevo paquete de leyes para desregular y suprimir leyes relacionadas a la actividad económica y productiva.

Desde que asumió como ministro de Desregularización, Federico Sturzenegger ha tenido en la mira la eliminación de los diferentes institutos de promoción. Así fue que el gobierno de Javier Milei avanzó sobre una amplia cantidad de institutos y organismos vinculados a esta actividad mediante el DNU 70/23, la Ley Bases y decretos. Y ahora va por más con el argumento de reducir la intervención estatal y fomentar la competencia en sectores como la energía, la cultura y el agro.

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En el nuevo megaproyecto que prepara el ministro al que Milei apodó “el coloso” y que llegaría al Congreso de la Nación, el funcionario vuelve a apuntar a los institutos de promoción y desarrollo entendiendo que los mismos atentan contra la liberalización del mercado económico local. El problema que va a enfrentar es que en este caso impacta en institutos que operan en provincias gobernadas por aliados a la Casa Rosada, lo que podría complicar que esos gobernadores que hasta ahora dieron los votos de sus diputados y senadores acompañen en este caso.

En esta nueva edición de los megaproyectos —algo que desde el Congreso supuestamente rechazan tratar pero que el oficialismo tiene como estrategia parlamentaria desde que asumió— incorpora ahora la derogación de la Ley 26.020, Régimen de la Industria y Comercialización de Gas Licuado de Petróleo (GLP); la Ley 23.149 que creó mecanismos de promoción y control vinculados a la actividad vitivinícola; la Ley 25.849, que creó la Corporación Vitivinícola Argentina (COVIAR), encargada de ejecutar el Plan Estratégico Vitivinícola y financiada mediante aportes obligatorios del sector. La derogación implica además la liquidación de la corporación.

También deroga parte de la Ley 25.507, Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), eliminando parte del sistema de financiamiento obligatorio del instituto, incluyendo los artículos 16 y 17.

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El instituto nacional de vitivinicultura, con fuerte presencia en Mendoza, perdería el financiamiento.

La derogación implica, además, la liquidación de la corporación, medida que marca un antes y un después en la organización interna del sector.

Estas medidas que se esperan ingresen junto a un paquete que incluye la eliminación de otras normas —como la Ley 25.542, de Defensa de la Actividad Librera y la Ley 23.316, de Doblaje— en un megaproyecto de 349 artículos, se suman a otras medidas tomadas en los últimos dos años.

En total, entre julio de 2024 y julio de 2025 el gobierno disolvió, fusionó o reformuló 101 organismos públicos, según el propio Ministerio de Desregulación. La cifra no incluye las medidas tomadas antes de ese período ni las previstas en el anteproyecto de desregulación enviado al Congreso en 2026.

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Hasta ahora, el Gobierno eliminó el Instituto Nacional de Semillas (INASE), el Instituto Nacional de la Agricultura Familiar, Campesina e Indígena (INAFCI), la Agencia Regulatoria de la Industria del Cáñamo y del Cannabis Medicinal (ARICCAME), Régimen de promoción industrial (Ley 21.608); Programa Nacional para el Desarrollo de los Parques Industriales; Programas de promoción PyME (incluyendo agencias regionales de desarrollo productivo, programas de certificación de calidad, apoyo tecnológico y exportación); Programa Nacional de Apoyo al Empresariado Joven y los Regímenes de promoción sectorial agropecuaria — derogados los de ganadería ovina, llamas, gusano de seda, actividad caprina, ganadería bovina en zonas áridas, búfalos de agua y producción algodonera.

Hasta el momento, se suman numerosas instituciones que fueron eliminadas, fusionadas o reformuladas en el marco de la política de desregulación.

A este grupo se le suma otro que fue desfinanciado o que se le eliminó la capacidad de mediar entre los diferentes sectores, como el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y el Instituto Nacional de Yerba Mate, entre otros.

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