ECONOMIA
El riesgo político de estabilizar la economía argentina

Argentina atraviesa uno de esos momentos históricos en los que la economía parece debatirse entre dos tiempos distintos: el técnico de la macroeconomía, que exige disciplina fiscal, estabilidad monetaria y reformas estructurales, y el social y político de las familias y las empresas, que necesitan resultados concretos en su vida cotidiana para sostener expectativas, consumo, inversión y apoyo político.
El gobierno de Javier Milei decidió desde el inicio priorizar el ordenamiento macroeconómico como condición necesaria para cualquier recuperación futura. En términos conceptuales, la estrategia tiene fundamentos reconocidos por buena parte de la teoría económica moderna: reducción de la inflación, estabilización cambiaria, equilibrio fiscal, saneamiento del Banco Central, y disminución del peso de la deuda cuasifiscal como base para reconstruir credibilidad.
Economistas como Milton Friedman sostuvieron históricamente que “la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario”, mientras que Thomas Sargent y Robert Lucas Jr. desarrollaron la idea de que las expectativas económicas son determinantes en la dinámica inflacionaria. Bajo esa lógica, el ajuste fiscal y monetario del actual gobierno apunta a modificar expectativas y cortar con décadas de dominancia fiscal sobre la política monetaria argentina.
Los resultados iniciales en materia inflacionaria y de estabilización cambiaria muestran señales que el mercado internacional observa con atención. La desaceleración de la inflación, el superávit fiscal financiero y una mayor disciplina en las cuentas públicas representan cambios que, hasta hace pocos años, parecían políticamente imposibles en Argentina.
El desafío aparece cuando la macroeconomía choca con la percepción microeconómica de la sociedad
El desafío aparece cuando la macroeconomía choca con la percepción microeconómica de la sociedad. La economía no se mide solo en indicadores agregados: también se mide en la capacidad de una pyme de sostener ventas, pagar salarios, financiar capital de trabajo y evitar romper la cadena de pagos.
También se mide en hogares que todavía sienten pérdida de poder adquisitivo, caída del consumo y dificultades para llegar a fin de mes, aun cuando la inflación desacelera.
En economía política hay un punto central: los procesos de estabilización suelen tener costos sociales inmediatos y beneficios diferidos. John Maynard Keynes advertía que “a largo plazo estaremos todos muertos”, una frase usada para describir la tensión entre necesidades presentes y promesas futuras de los programas económicos.
El problema para el gobierno de Milei es que la sociedad vota en tiempo presente. Las empresas y los hogares no solo evalúan la dirección de la economía: evalúan su situación concreta. Una pyme puede reconocer que la inflación baja es positiva y aun así encontrarse asfixiada por caída de ventas, altas tasas reales, presión impositiva o dificultades de financiamiento.
Un trabajador puede valorar la estabilidad cambiaria y, a la vez, no registrar mejora real en su ingreso disponible
Del mismo modo, un trabajador puede valorar la estabilidad cambiaria y, a la vez, no registrar mejora real en su ingreso disponible.
Allí reside quizás el mayor riesgo político del programa económico: que el electorado comprenda intelectualmente la necesidad del ajuste, pero que emocional y materialmente no pueda sostenerlo en el tiempo. La legitimidad social de los programas de estabilización depende muchas veces de que los beneficios empiecen a percibirse antes de que el desgaste económico y psicológico erosione el capital político del gobierno.

La historia argentina ofrece antecedentes donde gobiernos atravesaron las etapas más difíciles del ordenamiento macroeconómico, pero no llegaron a capitalizar electoralmente los beneficios posteriores. El riesgo para la administración Milei es realizar el trabajo políticamente más costoso -el ajuste del gasto público, la corrección de precios relativos y el sinceramiento económico- mientras otro espacio político aprovecha en el futuro los efectos positivos sobre la actividad, el crédito y el consumo.
En términos económicos, puede existir una diferencia temporal entre la recuperación de la macro y la recuperación de la micro. La estabilización financiera puede anteceder varios trimestres a la mejora efectiva del empleo, los salarios reales y la rentabilidad empresarial. El problema es que los calendarios electorales suelen ser mucho más cortos que los tiempos de maduración de las reformas estructurales.
Las personas perciben las pérdidas con mayor intensidad que las ganancias futuras esperadas (Kahneman)
También hay un componente psicológico y social que muchas veces la teoría económica subestima. Daniel Kahneman mostró cómo las personas perciben las pérdidas con mayor intensidad que las ganancias futuras esperadas. En otras palabras, el sacrificio presente suele pesar más que una promesa racional de mejora futura.
Por eso, el desafío del Gobierno no pasa solo por ordenar variables macroeconómicas, sino también por construir una transición socialmente sostenible. La estabilidad económica necesita legitimidad política, y la legitimidad política requiere que las personas perciban algún alivio concreto en su economía diaria.
Argentina probablemente necesitaba un fuerte ordenamiento macroeconómico. Pero también necesita que ese ordenamiento se traduzca en una mejora tangible para la economía real antes de que el desgaste social transforme una eventual estabilización exitosa en una derrota política. Porque, paradójicamente, uno de los mayores riesgos para el gobierno de Milei es hacer el trabajo más ingrato de la política económica y dejarle a otro gobierno, a partir de 2028, el terreno fértil para capitalizar los beneficios de una macroeconomía finalmente estabilizada.
El autor es Analista Económico y director de la consultora Focus Market
Domestic,Politics,South America / Central America,Government / Politics
ECONOMIA
BCRA, a un paso del récord de compras por u$s10.000 M: qué prevé la City para el dólar en junio

El Banco Central está a un paso de alcanzar una marca clave: u$s10.000 millones en compras de reservas en el mercado de cambios en apenas cinco meses. El hecho implica el cumplimiento de la meta que había trazado para todo el año. A la vez, se trata de un desempeño que ni el más optimista del mercado ni del propio Gobierno imaginó a principios de año, cuando arrancó el programa de compra de reservas. En el mercado coinciden en que la buena racha se sostendrá durante las próximas semanas y el tipo de cambio seguirá relativamente estable.
La megacompra que registró el jueves llamó nuevamente la atención en el mercado: los u$s447 millones fue el segundo monto más alto del año, apenas por debajo de los u$s458 millones que anotó en las primeras jornadas de abril. Y, con las compras del viernes, el acumulado de 2026 asciende a u$s9.749 millones de compras, lo que implica casi el 97% del objetivo anual de u$s10.000 millones y en menos de la mitad del tiempo objetivo.
La transacción del jueves, además de tratarse de una cifra muy elevada, representó alrededor del 66% del volumen operado en el mercado oficial de cambios. Por la alta proporción, los analistas estiman que por lo menos una buena parte del monto provino de una compra de dólares «en bloque». Es decir, de una o un par de liquidaciones grandes que no fueron ofertadas en el mercado de cambios, sino que se pactaron de manera directa. Probablemente, estiman, vinculadas con el ingreso de dólares provenientes de una de las emisiones de deuda en moneda extranjera.
El ritmo de compras es de suma importancia para el mercado bursátil porque la recuperación de las reservas, de cierto modo, da indicios sobre la capacidad de la Nación para enfrentar los compromisos de deuda en dólares. De hecho, la activación de un plan de compras era uno de los principales reclamos que le hacían los inversores al Gobierno el año pasado. El pedido está más que cumplido porque superó todas las expectativas iniciales, pero el mercado seguirá monitoreando la dinámica muy de cerca, en un contexto en el que el Gobierno aún no decide salir a captar dólares en el mercado internacional para refinanciar la deuda y recurre a métodos «alternativos».
Se viene un «mes clave» para la oferta de dólares en el mercado
De acuerdo con Rocío Bisang, economista de GMA Capital, la expectativa es que junio exhiba una dinámica similar a la de mayo: «buen ritmo» de compra de dólares por parte del Banco Central y tipo de cambio relativamente estable, en niveles similares a los actuales. No prevé grandes modificaciones en el frente cambiario para las próximas semanas, por lo que el «veranito» financiero se extendería, por lo menos, durante un mes más.
Además, resalta Bisang, aún queda stock de la cosecha gruesa del agro, por lo que es probable que el flujo positivo de dólares en el mercado de cambios se mantenga firme y en grandes volúmenes durante las próximas semanas. Advierte que la dinámica debería revertirse durante la segunda mitad del año por la caída estacional en la oferta de dólares, por lo que «luce razonable» que el Central aproveche este momento para mantener o acelerar las compras de reservas.
Pablo Lazzati, CEO de Insider Finance, coincide en que se viene un «mes clave» para las liquidaciones de dólares en el mercado de cambios por parte de los agroexportadores, período que podría extenderse hasta principios de agosto. De no mediar algún ruido interno o shock externo, esto implicaría que la racha cambiaria debería extenderse: la continuidad de la oferta de dólares daría margen para que el tipo de cambio se mantenga relativamente calmo y la autoridad monetaria aproveche el escenario para sumar más reservas.
«El BCRA debería seguir comprando a buen ritmo. No debería bajar. Junio aún es un mes de relativa baja demanda privada de dólares y con buena oferta por la cosecha gruesa del agro, a pesar de que la oferta también genera propia demanda, en parte. Por ahora, no debería interrumpirse el flujo. Pero hay que señalar que en la segunda mitad de mayo hubo mucha compra de dólares en bloque por parte del Central. La primera mitad del mes venía floja y en la segunda metió varias compras fuertes en bloque. Se presume que estos dólares en bloque vienen vía financiera, pero no se sabe propiamente», agrega Outlier.
¿Dólar oficial estable en $1.400 o repunta tras el cambio estacional?
Santiago López Alfaro, titular de Dracma Investment, prevé que en las próximas semanas el precio del dólar seguirá «planchado» porque «no tiene a dónde ir».
Así, atribuye altas chances de que el oficial mayorista se mantenga estable, en torno a los $1.400 que marca desde hace varias semanas.
Y, hacia adelante, en caso de avanzar a la zona de $1.500 o acelerar hasta $1.600 tras la caída estacional en la oferta del agro, considera que no sería dramático e, incluso, sería «lógico»: en lo que va del año, el tipo de cambio registra una baja nominal de 3%, mientras la inflación acumula un avance de aproximadamente 15%.
«El principal riesgo hacia adelante es que, en la medida en que avance junio, la oferta estacional de los agroexportadores empiece a perder fuerza de manera gradual y aumente algo la demanda de dólares por cobertura. En ese caso, podríamos ver al tipo de cambio un poco más firme, pero dentro de una dinámica controlada. Nuestro escenario base es de continuidad en la acumulación de reservas, aunque con compras más selectivas, y un tipo de cambio oficial estable», agrega Sailing Inversiones.
De acuerdo con el bróker, para el corto y mediano plazo no se prevé una aceleración del tipo de cambio: mientras continúe el ingreso de dólares y el mercado perciba que el BCRA puede comprarlos sin generar tensiones, el precio de la divisa debería moverse de manera ordenada. Además, resalta, el oficial mayorista aún se mantiene lejos del techo de la banda de flotación (alrededor del 25%), por lo que el esquema le da margen a la autoridad monetaria para administrar la transición en la oferta estacional de dólares sin convalidar movimientos bruscos en la cotización.
«Las recientes compras abultadas de reservas por parte del Central confirman que sigue habiendo una oferta relevante de divisas en el mercado, principalmente asociada a las liquidaciones de emisiones de títulos de deuda en dólares de empresas y provincias, el saldo de la balanza comercial y un contexto en el que la demanda del sector privado todavía luce contenida. De cara a junio, creemos que el BCRA va a seguir aprovechando las jornadas de mayor oferta estacional de divisas para acumular reservas, aunque probablemente a un ritmo más irregular que el que se observó en los mejores días de mayo», advierte.
De acuerdo con la consultora 1816, el equipo económico del Gobierno ha estado enviando al mercado el mensaje de que «se siente cómodo» con el tipo de cambio actual, en torno a $1.400 en el segmento oficial mayorista, y con muy baja volatilidad. Así lo demuestra, según el análisis, con la actividad que ejerce tanto en el mercado de tasas como en el de futuros de dólar, con el objetivo de mantener el precio alrededor de este valor. Si bien desconoce hasta cuándo podría mantenerse este nivel, mientras sucede muchos inversores aprovechan la calma cambiaria para posicionarse en pesos y rendirlos con las tasas de interés.
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ECONOMIA
¿Argentina ante las puertas de su mejor década?

Argentina tiene hoy las mejores condiciones en décadas para encarar un proceso de crecimiento sostenido. Es un crecimiento sano, anclado en equilibrios externos e internos, impulsado por la inversión y las exportaciones, y no por el consumo financiado con emisión monetaria. El potencial de catch-up del país frente al mundo es amplio, luego de un contexto en el que la economía se mantuvo estancada durante más de una década.
Los datos recientes empezaron a desafiar el escepticismo sobre la capacidad de Argentina para ordenar su economía. En este escenario, los indicadores sugieren un cambio de régimen: inflación en descenso, actividad en recuperación, mejora del frente externo, consolidación fiscal y señales de revalorización del riesgo soberano. A partir de esa base, se abren condiciones para sostener un ciclo de expansión con inversión y exportaciones como motores.
A continuación, revisamos los datos que permiten sostener que el país ingresó en un ciclo virtuoso.
La inflación, principal fuente de inestabilidad económica y deterioro del ingreso real durante los últimos años, consolidó una desaceleración: el índice mensual descendió a 2,6% en abril y cortó una racha de aceleración que se inició en 2025 con la incertidumbre electoral.

Es cierto que entre marzo y abril del año pasado también se observó una fuerte desaceleración. La diferencia este año es doble: no hay un proceso electoral en curso y el contexto muestra mayor avance en recomposición de precios relativos, saneamiento fiscal y normalización monetaria.
El contexto muestra mayor avance en recomposición de precios relativos, saneamiento fiscal y normalización monetaria
Lo central es que la caída de la inflación no estuvo acompañada por un colapso persistente de la actividad. Por el contrario, distintos indicadores mostraron una recuperación robusta.

La actividad económica registró en marzo un crecimiento de 3,5% mensual y de 5,5% interanual, y alcanzó el nivel más alto de la serie histórica desestacionalizada. Desde el piso observado en abril de 2024, la economía acumuló una expansión cercana al 11 por ciento.

Al mismo tiempo, el sector externo empezó a transformarse en uno de los motores del crecimiento. En abril de 2026, las exportaciones alcanzaron USD 8.914 millones, un récord histórico mensual.

Las importaciones totalizaron USD 6.204 millones, lo que arrojó una balanza comercial positiva de USD 2.711 millones.
Este desempeño del intercambio comercial se apoya, además, en equilibrios macroeconómicos que durante años parecían inalcanzables: superávit fiscal y de cuenta corriente de la balanza de pagos en simultáneo, y una marcada reducción de la emisión monetaria para financiar al Tesoro.

Señales de normalización: riesgo país, FMI y tasas de interés a la baja
El cambio de régimen económico empezó a reflejarse también en la percepción internacional. Las calificadoras de riesgo mejoraron la perspectiva crediticia del país y el Fondo Monetario Internacional aprobó la segunda revisión del programa vigente.
El mercado comenzó a reconocer una consistencia macroeconómica que Argentina había perdido durante décadas
El mercado comenzó a reconocer una consistencia macroeconómica que Argentina había perdido durante décadas.

El punto de inflexión se vio en la caída de tasas de intderés y la recuperación del crédito. Las tasas de interés iniciaron un descenso sostenido y de carácter endógeno desde finales de febrero. Actualmente, la tasa Tamar, una de las principales referencias del sistema financiero, se mantuvo estabilizada en torno al 20% nominal anual durante más de un mes.
Este escenario de menores tasas de interés y mayor estabilidad macroeconómica empezó a mejorar las condiciones para el crédito al sector privado, cuya expansión se desaceleró durante el período electoral y ahora muestra señales de reactivación.
La estabilidad de tasas de interés también repercutió en el tipo de cambio
La estabilidad de tasas de interés también repercutió en el tipo de cambio: disminuyó la percepción de riesgo devaluatorio, visible en el mercado de dólar futuro, que pricea estabilidad del dólar en los próximos meses.

Al mismo tiempo, continuó un proceso de apreciación genuina del tipo de cambio, impulsado no por controles o intervenciones discrecionales, sino por mayor entrada de capitales orientados principalmente a sectores exportadores y a proyectos de inversión de mediano y largo plazo.
En este contexto, el Banco Central pasó de administrar la escasez de divisas a recomponer reservas internacionales de forma sostenida, en un escenario en el que la acumulación de dólares surge del nuevo equilibrio macroeconómico y no de restricciones artificiales sobre el mercado cambiario.

Con inflación descendente, menor volatilidad y tasas reales más previsibles, el crédito empezó a expandirse nuevamente y acompañó la recuperación de distintos sectores de la economía real.

Productividad y reformas: el margen de convergencia
Quizás el aspecto más relevante de esta etapa es que buena parte de las reformas estructurales implementadas recientemente todavía no desplegó plenamente sus efectos sobre la productividad y la inversión.

Las desregulaciones, la apertura gradual de sectores históricamente cerrados y la recomposición de incentivos económicos configuran un escenario distinto al de los últimos veinte años. Argentina parte, además, de niveles de capitalización, productividad y crédito bajos en la comparación internacional.
En ese marco, el potencial de catch-up es considerable. El concepto de catch-up económico refiere al proceso por el cual un país rezagado crece durante un período prolongado a tasas superiores a las de las economías desarrolladas y reduce la brecha de ingresos, productividad y nivel de vida.
Suele ocurrir cuando una economía limitada por malas políticas corrige desequilibrios y empieza a incorporar capital, tecnología y mejoras institucionales. En esos casos, el crecimiento potencial puede ser elevado porque el país parte de niveles deprimidos de productividad y de utilización de recursos.
El concepto de catch-up económico refiere al proceso por el cual un país rezagado crece durante un período prolongado a tasas superiores a las de las economías desarrolladas
Argentina sigue contando con abundantes recursos naturales, capital humano competitivo y sectores con elevada productividad potencial. Durante años, esos activos estuvieron condicionados por una macroeconomía desordenada y reglas de juego inconsistentes.
El crecimiento que empezó a observarse tiene rasgos distintos a otros episodios expansivos recientes. No se apoya en consumo financiado con emisión monetaria o atraso cambiario, sino en una combinación de equilibrio fiscal, estabilidad monetaria, inversión y expansión exportadora.
Quienes interpretan el escenario actual como un simple rebote cíclico probablemente subestimen la magnitud del cambio en curso. Los fundamentos que se consolidan sugieren algo más profundo: la posibilidad de que Argentina ingrese en un ciclo de estabilidad y crecimiento sostenido, como no se observó durante décadas.
El autor es economista, diputado por La Pampa y presidente de La Libertad Avanza La Pampa; la autora es economista y asesora en la Honorable Cámara de Diputados de la Nación
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ECONOMIA
Explotar el cobre para terminar con el Impuesto a los Ingresos Brutos

El Impuesto a los Ingresos Brutos (IIBB), junto con las retenciones, es señalado por buena parte de los economistas como una de las cargas más regresivas de la economía nacional. Sin embargo, casi no se escuchan propuestas para eliminarlo: la lógica de “necesidad mata relato” opera como consigna recurrente de un populismo que, una y otra vez, busca justificar su permanencia.
Tras la sanción del RIGI, muchas voces plantearon que esa medida de promoción -que baja 10 puntos el Impuesto a las Ganancias- debería extenderse a todo tipo de inversiones. El punto es otro: son las grandes inversiones las que vuelven viable una baja de la carga tributaria con la estabilidad necesaria para generalizarla.
La minería del cobre puede mover de manera decisiva el amperímetro del desarrollo en las provincias donde se encuentra el mineral, en el marco de los objetivos de la transición energética planteados hace 11 años en París: electromovilidad, migración a energías renovables, necesidades de transmisión eléctrica y demanda de los centros de datos donde se desarrolla la inteligencia artificial.
Demanda global y escala productiva
Para cumplir con esos acuerdos, entre 2022 y 2042 se consumiría tanto cobre como el utilizado desde el inicio de nuestra civilización, al pasar de un consumo anual de 22 a 44 millones de toneladas (t.) de cobre fino por año.
Entre 2022 y 2042 se consumiría tanto cobre como el utilizado desde el inicio de nuestra civilización
Para producir 300.000 t. de cobre fino por año (Vicuña, Pachón o Taca Taca) se deben generar más de 900.000 t. de concentrados. Para lograrlo, se deberá extraer más de 250.000 t. de roca mineralizada por día. Esa escala explica el volumen de empleo y de actividad asociada: extracción, transporte, trituración, molienda y tratamientos, además de la construcción de escombreras y diques de colas para depositar rocas sin valor económico y sobrantes del proceso.
El trabajo sobre el impacto económico y social realizado por mi equipo de la Subsecretaría de Minería de la Nación aportó datos relevantes sobre el PBG sanjuanino.

En la comparación del PBI nacional y el PBG provincial (índices base 100 = 1993 con empalme base 2004) se observó un comportamiento similar entre ambos hasta 2005, cuando comenzó la minería metalífera a gran escala.
Entre 2004 y 2015, San Juan acumuló un 146% de crecimiento de su PBG versus 49% de aumento del PBI del país. En 2015, el sector minas y canteras produjo un aporte directo de 7,8% al PBG, y el efecto indirecto (demanda intermedia, construcción y consumo) representó 10,2%. El aporte total del sector minas y canteras fue de 18% en 2015: casi un quinto del PBG sanjuanino, en un año con precios internacionales de los metales preciosos por debajo del promedio de años anteriores y con un contexto macroeconómico que dificultó la actividad, especialmente en exploración.
El aporte total del sector minas y canteras fue de 18% en 2015: casi un quinto del PBG sanjuanino, en un año con precios internacionales de los metales preciosos por debajo del promedio
Dos proyectos de cobre significarían un aporte por inversión extranjera directa durante los tres primeros años -construcción de infraestructuras, planta de procesos, aperturas del yacimiento, alojamientos con más de 2.500 camas en cada mina, oficinas, talleres, polvorines, laboratorios, comedores y otras dependencias— de USD 2.030 millones por año. De esa inversión extranjera directa para dos proyectos, USD 1.911 millones quedarían en San Juan: cinco veces más que el aporte actual de la minería en la provincia.
A partir del cuarto año se exportarían 520.000 t. de cobre fino por año: USD 6.240 millones, de los cuales unos USD 3.000 millones de esas ventas quedarían en San Juan, con indicadores económicos y sociales que cuadruplicarían los aportes de la minería del oro.
Hoy hay que entender que se parte del 100% de cero, y así será hasta que se inicien las construcciones de los grandes emprendimientos de cobre. La producción de cobre requiere la mejor competitividad económica posible, además de confianza en las instituciones políticas.

Para lo primero, no cobrar IIBB a los proveedores de bienes y servicios puede acelerar decisiones de inversión. El fenómeno económico que se produciría en la economía provincial —vía poder de compra de los trabajadores y reinversiones de proveedores— ayudaría, en un futuro cercano, a eliminar el IIBB de toda la economía provincial.
Sin IIBB, el resto de las actividades industriales y económicas de la provincia también mejoraría su competitividad, y San Juan podría ser la primera provincia en salir de un sistema pensado solo para recaudar y competir en un mundo donde los precios finales de las mercaderías no se pueden esquivar.
El autor es Ex Subsecretario de Minería de la Nación Ex Diputado Nacional y Provincial
Workforce,South America / Central America
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